Nota: Bien, en este capítulo se viene la primera narración de Bill, sé que lo identificarán en su momento.
Por cierto, cuando haya capítulos en los que narre Bill, puede que aparezca la frase «Precioso cambio» antes de los capítulos.
Temporada I. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 17
Tentarle y hacerle pensar que cada ocasión en la que me acercaba sólo para que él acortara aún más la cercanía y yo me retirara inmediatamente, resultaba jodidamente delirante.
Bill no aguantaba las ganas de unir nuestros labios. Su desesperación crecía cada vez más y yo estaba dispuesto a complacer sus peticiones… «Bésame. Tócame. Fóllame» Se trataba de nuestro placer, ¿cómo negarme ante el deseo y ante él?
Había seguido el ritmo frenético, sin dejar a un lado la mezcla de furia y pasión. Hacía mucho tiempo que no tenía sexo con ese tipo de sentimiento recorriéndome dentro. Resulta deliciosa la manera en que la excitación me latiguea desde adentro. Me están matando las inmensas ganas que tengo por follarlo de una puta vez. Quiero hacerle escuchar mis jadeos y quiero que su cuerpo termine exhausto bajo el mío.
Casi le arranco la ropa para poder probar su cuerpo. Esta vez me pasaré por absolutamente cada rincón de él, contando cada uno de sus deliciosos lunares, acariciando sus tatuajes con mi lengua e incluso dejando pequeñas marcas en él cuando su excitación incremente la mía y sintiendo las texturas de su piel, como se eriza cuando mis labios vayan por su espalda y terminar al final de su columna.
Mi cuerpo está presionado bajo el suyo cuando intenta por unos segundos tomar las riendas del juego, pero no hace nada, se queda ahí, estático y mirándome fijamente. Rodeo su espalda con mis brazos y giramos en la cama para invertir las posiciones. La sensación de sus uñas clavarse en mi espalda, su pecho juntarse con el mío y su miembro sacudirse muy cerca de mi abdomen, lo hacía todo jodidamente delicioso. No era igual que las veces anteriores. Se sentía tan bien porque era diferente.
Los sonidos de placer mezclados con el dolor por la furia provocada, habían sido parte vital para no querer parar. Me sentía incapaz de detenerme. Quería más. Mucho más.
Una cosa es clara: mi necesidad por poseerlo es insaciable.
&
La mañana siguiente lo pasamos vagando en París, disfrutando de un almuerzo en una cafetería típica y haciendo algunas compras caprichosas. Por la noche llegamos al Hotel Imperial.
Pasan de las ocho y el lobby luce como todo un caos gracias a la mala organización en la reunión de los miembros del club que, me han dicho, es dentro de un par de horas en la sala de eventos del hotel. Confirmo mi asistencia después de hacer el check-in.
Bill, como siempre, parece maravillado, pero intenta ocultar su reacción detrás de una mueca. A mí no puede engañarme y lo sabe.
Cuando un botones lleva nuestras pertenencias y las compras que recién hemos hecho hasta la Master Suite, intento organizar el tiempo mentalmente, pero son sólo dos horas, estoy seguro de que no haré todo en el tiempo límite. Al entrar a la suite, el pensamiento de inseguridad que tengo sobre estar aquí, vuelve a aparecer. Comienzo a impacientarme. Sé que voy a toparme con toda esa gente que ya había visto antes e incluso habían conocido a Alina.
—¡Nos dejaron champaña!
Bill se acerca a mí y me hace reaccionar. El botones se ha marchado y las valijas están en las habitaciones, supongo.
—¿Siempre pides champaña?
—Es una cortesía del Hotel. Soy un huésped importante— alardeo y sigo sus pasos.
—Esta suite es diferente. Esperaba algo más acorde a la fachada del hotel, tú sabes…, algo que diga «es una suite de Francia» pero me recuerda a tu penthouse.
—Sí, supongo…
—¿Todo bien? Estabas pensativo mirando hacia la estancia y me tomé la libertad de escoger mi habitación.
—Está bien— le lanzo una sonrisa para que se relaje, y de paso yo también.
—De acuerdo— curiosea hasta que nos dirigimos al final de la estancia, me mira y dice: —Las cortinas siempre ocultan algo— me rodea de manera sugerente y va hasta una de las esquinas para recorrerlas—. ¡Mira esto!
El amplio balcón aparece frente a él junto con la vista del mar y las tonalidades oscuras del cielo. La tranquilidad que Bill me transmite logra relajarme. Dejo mis pensamientos a un lado, regreso para servir dos copas y después volver para hacer un brindis.
—¿Bill? —le llamo y se vuelve despegándose del antepecho.
—¡¿Ya viste qué tan arriba estamos?! ¡Todo se ve tan perfecto! —acepta la copa que le doy—. Me encanta la vista, ¿no te parece grandiosa? —le dedico un asentimiento de cabeza e intenta darle un sorbo a su copa.
—No lo hagas, aún no hemos brindado— le detengo acortando la distancia.
—¿Debemos hacerlo? —cuestiona con diversión.
—¡Por supuesto! Brindemos por lo que sucederá esta noche— choco nuestras copas y por fin Bill le da un sorbo a la suya. El aire logra moverle unos cabellos, pero yo los aplaco de inmediato llevando mi mano a su cabeza.
Le miro a los ojos, estoy absorto en él y en una chispa de deseo que destella en su mirada.
—¿Cuál es el plan? ¿Vamos a jugar? —levanta una ceja. Ahí va de nuevo ese gesto sugerente que tanto me da gracia.
Niego con la cabeza y me acerco para poder murmurar junto a su oído: —Ansío presentarte ante todo el mundo.
—Bromeas, ¿no es así? —no me cree, eso lo hace divertido—. ¿Entonces no bromeas…? —le niego con la cabeza y me acerco solo un poco más para dejarle contra el antepecho—. ¿Y cómo vas a presentarme?
—Mmm…
—¡Ya sé! —se bebe la champaña de golpe, hace una mueca para después entregarme su copa y sigo sus pasos hasta la habitación, entonces él se da un clavado en la inmensa cama—. «Te presento a Bill, el delicioso y magnífico compañero de juegos que jamás haya tenido»— hace una pésima imitación de mi voz y se revuelve en la cama aun mirando el techo.
—¡Ahg! Eso suena muy estúpido— le digo entre carcajadas y él me mira de una manera divertida.
—Tengo otra— se aclara la garganta y recuesta sobre su costado—. «¿Ya conoces a Bill? Es el chico más increíble con quien jamás haya follado»— no termina por imitar mi voz nuevamente cuando rompe la frase a carcajada limpia.
—Fantaseas con que realmente te llame así, pero eso no sucederá— me burlo. Dejo las copas en la mesita de noche y subo a la cama acechando a Bill.
—¡Tengo otra frase en mente!
—Calla…— le pido, pero me ignora.
—¡Escucha! ¡Escucha! —deja de reírse y se pone serio—. «Éste jovencito alemán…»
—No lo digas— juego con la situación. Subo a horcajadas hasta que dejo caer mi peso suavemente sobre su cuerpo y antes de que pueda tomarme del rostro llevo sus manos arriba de las almohadas.
—«…es mi sensual, irresistible y jodidamente precioso compañero de juego»
—Con quien deseo follar de mil y un maneras diferentes— completo su frase.
Su mirada se enciende. Suelta el aire que ha contenido y cierra los ojos cuando me acerco. Sus labios se entreabren y siento lo tibio de su boca.
—Jugar no está en mis planes ahora— pongo distancia y me mira confuso.
—¿Lo haremos después?
—No.
—¿Cuándo?
—Estás muy ansioso, Bill— me burlo y él de inmediato invierte las posiciones.
—No lo estoy.
—Lo estás— giramos en la cama y él vuelve a quedar bajo mi cuerpo—. Créeme, yo también lo estoy.
—Mientes— sonríe burlonamente.
—¿Te parece que lo hago? —pregunto con diversión y él me responde con una mirada pícara. Me tienta. Sé lo que quiere. Lo quiero también y no puedo negarme.
—Desde que te vi por primera vez he deseado este momento, no te atrevas a decir que miento, Precioso— mis labios van en búsqueda de los suyos—. Ya quiero presentarte ante mucha gente y jugar contigo y con otros. Quiero ver cómo te desean y me piden tocarte.
—¿Desearme como tú?
—No, Precioso— dirijo mi mano a la punta de su barbilla para acercarle un poco más—. Nadie te va a desear tanto como yo. ¿Entendido?
Sus labios esbozan una sonrisa junto a los míos y reclamo su boca con fuerza.
&
Había sido algo intenso a pesar de que dijo: «Jugar no está en mis planes ahora».
Me besó, acarició e hizo creer que podríamos llegar a algo más, pero tan solo me dejó ahí tendido en la cama con el corazón al mil y tan excitado que solo deseaba poder entregarme a él como anoche. Había sido increíble la manera en que su enojo y el mío aumentaban la excitación en ambos. Jamás me había sentido tan deseado y eso me gustaba. Era como si yo sólo existiera para él en ese momento y todo el placer fuese dirigido únicamente a nosotros. Me hacía sentir que no existía persona en el mundo que tuviese lo que yo; a él. Todo se resumía en eso.
El morbo cada vez podía conmigo, así como él. Pero cómo no hacerlo si Tom sabía cómo seducirme. No podía negarme, y sé que cuando le miraba inocentonamente, él tampoco podía negarse a mí, como hago justo ahora. Le estoy mirando desde el reflejo en las puertas del ascensor, él me sonríe con arrogancia y parece que la intensidad de su mirada aumenta sin haberme dado cuenta. Viste algo tirando a la formalidad. Me encanta. Presenta sensualidad, una mirada misteriosa e insaciable.
Verle así me prende.
Quiero que me tome, pero eso sucederá porque no sé cómo acercarme sin hacer notar la necesidad que tengo de él en este momento. Me estoy limitando. ¡Mierda! No debería limitarme. No con él.
Miro la pequeña pantalla, vamos en el cuarto piso y el ascensor se detiene, las puertas se abren y un par de personas entran. Tom se acerca y a medida que eso pasa, el corazón me late desbocadamente, su mano se dirige a mi espalda, atrayéndome a él, sus labios se acercan a mi oído para susurrarme algo y una corriente eléctrica me recorre por completo hasta erizar mi piel.
—Ellos lucen bien para jugar, ¿te apetece?
Todo en mi interior se hace nudos. Cuando se separa de mí y me mira con esa sonrisa burlona, sé lo que intenta. Me está probando solamente, lo peor de todo es que ya comenzaba a pensar en alguna fantasía con él.
Las puertas del ascensor se abren para mostrarnos el lobby. Aquellas dos personas salen sin siquiera mirarnos y Tom me palmea el trasero para que reaccione y salga junto con él.
—Veamos… Yo tenía que decirte algo antes de ir a la reunión— se detiene frente a mí, luego me hace caminar hasta uno de los muros y sus brazos me acorralan.
Trago pesadamente al sentir el deseo removerse dentro de mí.
—¿Qué cosa? —me acomodo un mechón de cabello, pero Tom también quiere hacerlo y le dejo. El contacto es sutil, pero electrizante.
—¿Crees alarmarte ante miradas deseosas?
—¿Eso va a pasar?
¡Joder!
—Sí. Todo el tiempo— la comisura de su labio se levanta en una media sonrisa bastante sugerente—. Vinimos aquí a conocer gente, si nos gusta y consensuamos, iremos a la suite después de la reunión.
—¿Con cuántas personas quieres consensuar esta noche? —casi se me atora la saliva en la garganta después de hablar.
—Creo que esa pregunta es para ti, Precioso— acorta aún más la distancia y su rostro queda muy cerca del mío—. ¿Estás nervioso o excitado?
—Un poco de ambos— logro responder.
Cierro los ojos ante la cercanía y su aliento oscila cerca de mis labios. Quiero que me bese. Me encanta cuando sus labios se unen a los míos.
—Es tu primera vez, así que lo entiendo.
—¿Estabas nervioso en tu primera vez?
—No— responde con superioridad y añade: —Tranquilo, hoy sólo conoceremos gente y jugaremos un poco, mañana empieza lo interesante.
Justo antes de que me atreviera a inclinarme hacia enfrente y poder besarle, juega con la situación y termina por apartarse de mí.
Me jode cuando hace eso. No soporto que primero me tiente y después me esquive. No sé si sentir rabia o deseo hacia esa táctica suya por tenerme en sus manos.
Siento mis mejillas arder en una mezcla de excitación por la cercanía de hace unos instantes, la rabia por caer en su estúpido juego y el deseo que crece en mi interior.
Siento que me acaloro. Intento no pensar en nada y relajarme.
Me toma de la muñeca y hace caminar a su costado un par de metros hasta que me suelta. Recorremos dos pasillos elegantes, Tom me mira fugazmente en ocasiones y también me sonríe.
Estoy nervioso y excitado, lo confieso. No sé qué clase de gente está involucrada en esto, pero ansío mezclarme entre ellos. No sé cómo será el lugar a donde vamos o si la gente va a mirarme con deseo, justo como dijo Tom, pero ya quiero estar ahí. Mis ideas se disparan y la sonrisa de millón de dólares que Tom me dirige solo logra ponerme al borde de la ansiedad.
Tom me lleva un paso a la delantera, intento seguirle y me apresuro. Vamos codo a codo, su mano rosa la mía y recuerdo ese momento cuando enganché mi meñique al suyo. No quiero que se dé cuenta de que estoy sonriendo ante ese recuerdo y desvío la mirada aún caminando por el inmenso pasillo donde al final hay dos grandes puertas que dejan salir un sin fin de voces y una melodía suave. El estómago se me hace nudos cuando nos detenemos frente a una persona y ésta nos pregunta nuestros nombres para confirmar que estemos en la lista. Soy incapaz de decir cómo me llamo.
—¿Bill? —su voz capta mi atención y nuestras miradas conectan. La intensidad con la que me mira incluye una mezcla de confusión y placer.
Me siento totalmente perdido y ansioso. Estamos a punto de entrar y me presente ante todas esas personas y sólo puedo pensar en cómo será eso posible, dudo por momentos en que realmente conozca a todos ahí dentro.
—¿Todo bien?
Levanta una ceja. Intento verme confiado y no parecer nervioso.
—Sí, bien.
—Vamos, Precioso, no tengas miedo.
Cruzamos las puertas y miro por todos lados. Me siento algo conmocionado por el lujoso salón donde nos encontramos. Los colores marfil, rojo y dorado resaltan en su totalidad. La gente que nos ha visto entrar me miran de pies a cabeza y me dedican sonrisas sugerentes. Siento algo distinto en el ambiente, algo que me empieza a gustar.
Intento girarme y ver más a mí alrededor porque todo es tan elegante y me agrada, pero él toma mi mano y nuestras miradas conectan rápidamente.
—No me sueltes, ¿entendido?
—¿Por qué? —no puedo evitarlo, se me sale una sonrisa tonta.
¡Me está tomando de la mano! ¡Mierda, lo está haciendo!
—Porque eres mío, porque quiero que todo el mundo lo sepa y porque no quiero perderte entre tantos tiburones.
Sus palabras hacen que el interior me dé un vuelco arrasador y de pronto en mí no hay pizca de nerviosismo. Él me está sujetando, no defino si en gesto protector o posesivo, pero me gusta.
¡Joder, me encanta!
¡Que no me suelte! ¡Soy de él! ¡Lo ha dicho y quiere que todos lo sepan! Esto logra ponerme al cien.
—Andando, Precioso, conozcamos algunos tiburones— me dice y lanza un guiño. El corazón se me acelera. Siento que mi mirada se enciende aún más y lo sigo.
Comienzo adaptarme al ambiente que hay aquí y la forma de conocer a las personas. Me dejo llevar por Tom. No hay señales de insinuaciones o algo por el estilo por parte de nadie a quien vea, creo que todos hacen sus citas de juego de manera diferente. No sé cómo piense Tom hacerlo, pero tengo curiosidad.
Todo se vuelve natural. No sabía que él hablara francés, me presentó así ante la primera pareja de personas que se nos había acercado. Les ha dicho mi nombre a todos, incluso a un grupo de personas les dijo que yo era su mayor joya y ellos me miraron creyendo ciegamente en sus palabras. Me miraban con deseo, incluso él me miraba así, y eso me excitaba.
No había persona alguna a quien Tom no saludara y no me presentara ante ellos. Todos eran agradables. Bromeaban y charlaban con nosotros, pero no entendía más de la mitad de lo que decían. Si ellos reían, lo hacía también, aunque no lo entendiera. Creo que Tom se dio cuenta un par de ocasiones, pero no me ha dicho nada, supongo le ha hecho gracia.
No podía dejar de admirarle. El saber que las personas que había conocido y que me miraron con morbo, hacían que él me mirara de la misma manera también, y me daban ganas de salir de aquí sin siquiera consensuar con alguien, por muy tentador que pareciese. Sólo me apetecía un juego entre nosotros justo ahora.
Tom saluda a mucha gente, pero todos, sin excepción alguna, le dicen que no esperaban verle aquí. No entiendo por qué lo dicen, él no responde ante el comentario y cada vez estoy más tentado en saber. Debe ser por aquella mujer con quien había venido y antes de que vaya hacia un grupo de personas que lo esperan, le llevo a la terraza con el pretexto de tomar aire. La playa está cruzando una rejilla a la derecha de la terraza y siguiendo un camino un tanto largo. El sonido de las olas calma un poco la confusión que tengo.
Tom se me acerca y me mira sonriente, pero yo no sé cómo dirigirme a él. Estoy halagado por cómo ha hablado de mí ante esas personas, pero quiero saber por qué han dicho que no esperaban verle aquí. Para mi mala suerte, antes de que pueda preguntarle, una voz llama su atención y pone distancia.
—¿Tom? Tom Kaulitz ¡¿Eres tú?! Creí que no vendrías este año ¡Cómo te va! Nuevamente aquel comentario: «Creí que no vendrías».
Estoy en blanco ante ello.
Creo que conoce muy bien a Tom porque no sólo se dan un apretón de manos, sino también se abrazan.
El muy bien parecido pelinegro de ojos azules. Viste tan elegante que no puedo apartar mi mirada de él hasta que me pesca haciéndolo.
—¡Andrew! Es bueno volver a verte— dice Tom cuando ambos se separan y él se posiciona a mi derecha—. Encantado de verte, Sam.
La mujer de cabello castaño y vestido azul que acompaña al dichoso Andrew —ni siquiera la había notado—, saluda a Tom con dos besos en las mejillas y a mí me lanza un guiño.
—Tanto tiempo sin verte, Tom.
—En realidad no ha sido tanto— se encoge de hombros y se vuelve a mirarme—. Estoy bien ahora.
—¿Y él es…? —el oji azul me mira de pies a cabeza cuando se acerca a mí.
Aquí viene el momento. Tom va a presentarme por enésima vez e intento tragarme la ilusión que me hace. Parece imposible porque el interior me burbujea.
—Andrew, Sam… Les presento a Bill Trümper, mi acompañante.
La sonrisa se me borra y, aunque estoy halagado por la forma en que Andrew me saluda, no me van las palabras de Tom. Había dicho mi nombre ante varias personas de una manera más que perfecta y ahora… ¿Qué es lo que sucede? El que me llame «acompañante» justo ahora, no me va. Definitivamente no.
—Es un placer conocerte, cariño— la mujer se me acerca y besa mis mejillas.
No digo nada. Me limito a mirar a Tom y él medio frunce el entrecejo porque no comprende mi actitud.
—¿De dónde eres, Bill? —inquiere el hombre y me veo en la obligación de contestar. Antes de que pueda decir alguna palabra, alguien se acerca a Tom para saludarle.
—¡Kaulitz! ¿Tú aquí? No será un chiste, ¿verdad? —reconozco esa voz.
El nerviosismo me ataca con brutalidad y me quedo inmóvil. Ese ese hombre, aquel rubio de ojos verdes a quien Tom invitó a tomarme. Noa Collins.
Intento ver en otra dirección, pero su mirada clara se une a la mía y me da un subidón repentino. Trago pesadamente y en instantes desearía poder desaparecer.
—Precioso…— su voz se vuelve un poco grave al mencionar aquella palabra y Tom lo mira de mala gana, casi cuestionándole el atrevimiento que tuvo al llamarme así.
No sé qué decir.
¡Demonios! ¿Cómo espera que lo salude cuando ya me ha visto desnudo?
¡Cómo!
Sigo inmóvil, se me acerca y toma de mi mano para llevarla hasta él y después besar la cara interna de mi muñeca. No entiendo que significa esto, tampoco entiendo por qué todos se nos han quedado mirando con asombro. Si es bueno o es malo, no quiero saberlo.
—No creí que podría verte aquí— me dice cuando deja mi mano libre y tan solo puedo encogerme de hombros.
—Tom jamás menciona nada— dice una voz femenina y busco con la mirada a la persona que lo ha dicho.
—Nunca cambia— añade otro hombre.
Son ellos, los colegas de Tom, aquellos que me presentó en nuestra primera noche en Las Vegas.
—Hola— saluda Tom y de repente estoy rodeado por todos ellos. Me siento tan pequeño.
—No pareces sorprendido— Noa lo codea y se posiciona en medio de nosotros—. Pero él sí— su brazo me abraza por detrás sólo unos segundos hasta que me suelta porque Tom se lo pide.
—Es porque es nuevo— reconozco a la mujer, se llama Amara y se acerca a saludarme—. ¿Cómo estás, cielo?
—Yo…
¿Cielo? ¿Me ha dicho «cielo»?
—Te acuerdas de mí, ¿verdad?
Respondo con un asentimiento leve y me dedica una sonrisa.
Amara intenta relajarme, pero sus intentos son en vano y entonces todos hablan de mil cosas que me es difícil seguirles la pista. Su conversación me marea de repente y me siento extraño, como si ya no encajara aquí, mucho menos con Tom.
Todos me miran fugazmente y no sé cómo interpretarlo. Agradezco que Noa me separe de Tom, no quiero mirarle de momento.
El corazón comienza a latirme con fuerza cuando uno de ellos habla sobre reunirnos después. Creo que aquí viene la invitación de juego. Todos comparten miradas hasta que Sam —la pareja de Andrew— y Amara, se separan del grupo.
Me quedo plantado junto a Noa. No sé si mirarle o no. Siento algo de vergüenza. Levanto la vista y Amara me hace una señal para que la acompañe. No lo dudo y voy tras sus pasos porque siento que el rubio me come con la mirada.
—¿De verdad querías quedarte ahí a escuchar la sorpresa? —su gesto pícaro me hace mirarle con asombro.
—¿Qué sorpresa? —le pregunto y me dedica una sonrisa.
—¡Es tan excitante que seas nuevo en esto! —me toma del brazo y nos alejamos un poco más—. Te explico; ellos van a consensuar, nosotros nos retiramos unos momentos hasta que ellos se acercan y aceptamos o rechazamos.
—¿Siempre?
—Ellos lo hacen así y a mí me gusta. En lo personal, me siento halagada cuando Jace me pregunta si acepto o no. Tom te preguntará lo mismo— se encoge ligeramente de hombros.
—Ni siquiera me dijo cómo sería consensuar.
—Bueno, tal vez quería que crearas expectativas.
Se encoge de hombros y guarda silencio. Me siento algo incómodo con ella aquí, tal vez pueda irme hacia la terraza principal porque ella no deja de sonreír y mirarme detenidamente.
—Tengo curiosidad por saber quién fue, ¿Andrew o Noa? —suelta de repente y me quedo en blanco.
—¿Cómo?
—Con quién han jugado, ¿con Andrew o Noa? Esta mujer tiene un sexto sentido muy fuerte.
—¿Por qué lo dices?
Más nervioso no puedo estar.
—Porque vi tu rostro cuando nos acercamos, por como actúas justo ahora y… Fue Noa, ¿cierto? —desvía la mirada y se muerde el labio.
Me vuelvo y mi mirada conecta con la de Tom. Una oleada de éxtasis me recorre desde dentro y noto que también Noa me está mirando, pero él lo hace con morbo. Trago pesadamente. Aún no me acostumbro a que alguien que no sea Tom me mire con deseo.
—Fue Noa, lo sé porque te está mirando justo ahora—regreso la vista hacia ella y siento mi cara arder—. ¡Pero que excitante! Ya tienes ventaja, eh. Tom te mira con intensidad y Noa te desnuda con la mirada.
—Ajá.
—También vi cómo te saludó.
Ella se ve divertida, sospecho que aquello podría significar algo de… ¿juegos?
—¿Tú sabes lo que…?
—¿Lo que significa? Sí. ¿Tom no te lo ha dicho? ¿Siquiera se ha dirigido a ti con ese gesto?
—Sí lo ha hecho, pero no sé lo que…
—Bueno, me encantaría decirte, pero estoy segura que le gustará decírtelo en persona— dice con una sonrisa bastante amplia, pero de rato chasquea la lengua y se cruza de brazos—. Cariño, ya quita esa cara.
—Es inevitable ¿Cómo puedo estar cerca de él cuando ya hemos…? ¡Aff! No sé si me pone nervioso o…
—O te excita— completa la oración antes de que yo lo haga, entonces le digo que sí y continúa hablando—. Créeme, te acostumbrarás a ver las cosas así; lo que pasa en la habitación de juegos no saldrá de ahí, en el exterior todos seguimos siendo colegas y nada va a cambiar de plano— lo dice tan fácil, a que ella lleva tiempo en esto—. Aunque no creí que Tom le buscara. Mmm… a mí
también me buscó para jugar contigo, ¿no lo recuerdas? Inolvidable la primera vez en la habitación de juegos, eh. Y ahora llegas a «las grandes ligas»— termina por lanzarme un guiño.
—¿Tú? ¿Cuándo es que…?
Estoy indignado. Esta mujer dice que Tom la ha invitado a jugar conmigo la primera vez que sucumbí ante él.
—¿No te lo dijo? ¡Vaya imbécil! Siempre me hace lo mismo…, me pide que me una a uno de sus juegos para darles placer a su pareja y a él, y jamás comenta de mi presencia ¡No me creo el que lo haya hecho otra vez! —está enfadada, pero me mira en calma una vez que se toma un respiro—. No tienes la culpa y lamento el que te enteraras de esta manera. Por una razón no quiso llegar al sado y me lo dijo antes de que tú llegaras a la habitación, fue porque lo ha dejado. Pero, ¿con Noa tocaron el sado?
—¿Lo dejó? ¿Cómo lo sabes? —pregunto porque tengo curiosidad y además no puedo responder a su última pregunta.
—Somos amigos desde hace años, más o menos desde la adolescencia, y prácticamente yo lo involucré en este estilo de vida y míralo ahora— levanta la barbilla en dirección a él y me vuelvo a mirarle fugazmente—. Lo conozco muy bien, pero sé que ante cualquier persona siempre dirá que somos colegas, no verdaderos amigos. Vaya idiota— le critica.
—Me dijo que eran colegas.
—¡A eso me refiero! —con una mueca, se me acerca para poder hablar, casi como diciéndome un secreto—. En realidad, Tom cree que entregaría mucho de sí mismo si es que declara cualquier tipo de relación; tú entiendes, ya sea amigos como él y yo, amantes o algo más. No está acostumbrado a formalizar nada, tiene sus razones, pero a mí me parecen… bueno, no puedo juzgarlo.
—No sabía, bueno, de hecho, no sé mucho de Tom y no me va que…
—Espera… ¿Dijo que eras su acompañante?
—Sí— digo extrañado por cómo pudo adivinarlo—, y no lo entiendo.
—A Tom no le gusta formalizar ningún tipo de relación, te lo he dicho. Pero…, ¿sabes qué? Creo que contigo será diferente.
Parece entusiasmada, pero yo no lo estoy.
—Disculpa, pero no te creo. Además, la gente le ha dicho que no esperaban verle aquí, ¿tú sabes por qué?
—Lo sé todo de él, pero si Tom no te lo ha mencionado, no puedo decir nada. Ya he arruinado las cosas al contarte sobre mi presencia en tu primer juego— me dirige un gesto de disculpa, pero insisto.
—Me dijo que había venido antes con una mujer, ¿la conociste?
—Conocí a todas las personas que han estado con él.
—¿Cómo se llamaba ella? ¿Quién era la persona anterior a mí?
—Pues…
—Tú vienes conmigo— siento como alguien me toma del brazo y hace caminar hasta la terraza nuevamente.
Tom me dirige una mirada furibunda cuando mis ojos conectan con los suyos y al llegar, recorre las puertas para que nadie se acerque.
—¿Qué cosas le preguntaste? —cuestiona.
Está enojado. Se ve peligroso y hasta me siento algo intimidado.
—Nada.
—¡No mientas! Te escuché. Preguntaste por la persona anterior a ti. Dime entonces, Bill, qué más preguntaste— me acorrala contra el antepecho.
Está muy cerca de mí, agitado y furioso. Eso comienza a tocarme los nervios.
—Si escuchaste, no debo repetirlo— respondo con altanería e intento alejarlo de mí, pero no puedo.
—No lo voy a preguntar una vez más…
—¡Entonces no lo hagas!
Me toma con fuerza por los codos y me hace mirarle.
—Aquello no te incumbe. Ignóralo.
—¡Me incumbe! —no sé cómo lo hice, pero me solté de su agarre y avancé dos pasos lejos de él. A mí no me va a dominar como seguramente lo cree—. Llegamos aquí y me dices que habías traído a una mujer…
—Tus celos no me van, Bill.
Aquello patea mi orgullo. Si son celos o no, sus palabras despectivas me pinchan en lo más profundo.
—Acepté tu petición sobre conocernos, pero dije que te limitarías a saber lo que estaría dispuesto a decir.
—¿Eso también implica decirme con quien jugamos y con quién no? —me cruzo de brazos y le reto con la mirada—. Amara me lo ha dicho, ¿cuándo pensabas hacerlo tú? ¿O el plan era que jamás me enterara?
—No veo el problema, lo disfrutaste ¿Qué más da?
—¡Ese no es el punto!
—Entonces dime cuál es— espetó.
Me quedo mudo.
No podía reclamarle nada porque él jamás me daría la razón, mucho menos se disculparía.
Me trago el coraje y desvío la mirada para calmarme. Mi cara arde totalmente por el enojo y tengo unas ganas inmensas de largarme de aquí. Le escucho bufar y como camina de un lado para otro.
Guardamos silencio, sólo se escucha la tenue música tras la puerta corrediza, las voces de todas aquellas personas disfrutando de la reunión y el ir y venir de las olas a mis espaldas.
¡Joder! Esto me está matando. La tensión se puede cortar con un cuchillo.
—Regresemos a la suite— dice minutos después y me vuelvo a mirarle.
—No pienso ir— levanto la barbilla, desafiándole.
Por mucho que su gesto demandante me provoque, sigo el consejo de mi orgullo y a fin de cuentas me determino en llevarle la contra porque sé que eso le pondrá más furioso y, lo confieso, me puede verle así.
—No te pregunté si querías o no. Dije que…
—¡Pues no me va!
Me muevo hacia la rejilla para brincarla y seguir a paso veloz por un camino entre arbustos.
—¡Vuelve aquí!
Me ordena, pero le ignoro y acelero el paso.
—¡Bill!
—¡Vete a la mierda!
La playa no está muy lejos.
Camino rápidamente entre los arbustos, las ramas salidas me arañan ligeramente la ropa hasta que llego a unas escaleras, las bajo y continúo por una vereda corta hasta que toco la arena.
—No sabes a dónde vas— le escucho decir detrás de mí.
Me ha seguido, me vuelvo ligeramente a mirarlo, pero le llevo ventaja.
—Sé que voy lejos de ti.
Suspiro con frustración y sigo caminando. Es difícil ir rápido.
—Vas a perderte, no conoces el lugar— gruñe.
—Como si fuese difícil hallar el Hotel Imperial.
—Lo es si no hablas francés— me jode. No le doy respuesta, así que insiste—. No me hagas usar la fuerza para traerte.
—Entonces regresa o haz lo que quieras.
Ni yo mismo entiendo por qué mierda le respondo.
Aquella sensación no desaparece, me ataca con más intensidad por las últimas palabras de Tom. Mi mente crea una escena donde él me toma para subirme a su hombro y hacerme volver a la fuerza. Los pensamientos vuelan y entonces fantaseo con que me tome, pero de otra manera.
Sacudo la cabeza para negar todo aquello e intento ir más a prisa porque lo siento venir muy cerca de mí, pero las piernas me pesan al caminar porque me hundo paso a paso. Casi estoy cerca de la orilla, ahí la arena es más firme. Hay unas grandes rocas a unos metros de distancia, quiero llegar hasta ahí.
—Bill…
—Déjame.
—No sabes a dónde vas— repite.
¡Mierda! Por un segundo quiero volverme y encararle, pero no lo hago. Quiero tranquilizarme, pero la idea de que casi me alcanza no abandona mi mente.
Joder, necesito un respiro.
Justo cuando me acerco a las rocas, me vuelvo e inmediatamente Tom me lleva contra éstas para acorralarme.
Forcejeamos. Intento apartarle, pero es más fuerte que yo y esta vez el ser escurridizo no me salva. Lleva mis manos a la altura de mi cabeza y presiona su cuerpo contra el mío. No tengo escapatoria.
—¿Quién te has creído para hablarme así?
Exasperado, volteo a la derecha para no sucumbir ante su mirada profunda, pero busca mi mirada hasta que le pongo atención.
—Nadie. Al parecer soy eso, ¡idiota! Mira que presentarme ante todos de una manera más que perfecta y terminar diciendo que soy solo tu acompañante…— decirlo remueve mi orgullo herido—. No importó que hayas dicho…
—Tienes razón, no importa. Lo que en verdad importa es que eres mío y se lo dije a todo el mundo— me interrumpe—. «MI» más preciada joya. «MI» increíble alemancito. «MI» acompañante.
¿Entiendes? Realmente no importaba como lo dijera, importaba el que supieran que eres mío, y ahora lo saben, Precioso. Así que todos tus reclamos no valen.
Su rostro se junta al mío, siento sus labios rozar mi mejilla y al hacer más presión contra mi cuerpo, siento su erección friccionarse contra mí.
Me da un subidón tremendo. No sé si creerle o no. No sé si dejar que mi cuerpo responda ante eso o reprimir lo que había estado deseando desde hace tiempo.
—Verte ansioso e ilusionado me hizo la noche, pero fue tu rebeldía lo que más me fascinó— murmura agravando la voz y cierro los ojos cuando la piel se me eriza y él se acerca a mi oído—. Mi enfado te provoca, ¿cierto? Vamos, Precioso, admítelo porque eso me pone. El idealizarte como alguien indomable me puede.
¡Que no siga diciendo esas cosas porque…!
—He esperado tanto tiempo por ti, ¿y para qué? ¿Para qué nos jodieran la noche? Eso no me va. Me mira intensamente ¡Dios! No puedo con eso y comienzo a deshacerme por dentro.
—Y no voy a disculparme por nada.
—No esperaba que lo hicieras— medio frunzo el entrecejo, pero él se mofa de mí.
—Precioso, tú siempre vas a esperar disculpas por mi parte.
¡Me vale una mierda!
Me remuevo en su agarre, intento alejarlo con una patada, me impulso hacia adelante para alcanzarle y morderle con fuerza. Es la única manera que tengo para desquitarme, pero no alcanzo a hacerlo.
Se acerca para poder maniobrar conmigo y ahora le muerdo los labios. Afloja un poco su agarre y se separa de mí —seguro me ha tomado por salvaje—, miro su labio medio hinchado y él me escanea fugazmente. Reconozco el brillo en sus ojos. El corazón me sube hasta la garganta, se cae a mi estómago, o no sé, no lo siento en su lugar. Me toma con posesión por el culo y me impulsa hacia arriba, abrazo las piernas a su cintura porque me hace hacerlo y la fricción me parece deliciosa. Mis manos están en sus hombros, Tom actúa rápido y me besa.
No pasa ni un minuto cuando siento los labios irritados y cómo él me muerde en gesto recriminante por todo lo ocurrido.
El ritmo frenético altera mi respiración y necesito una bocanada de aire con urgencia, pero Tom me lo impide. Se me escapan jadeos entre besos y gimo sofocadamente cuando me muerde con más fuerza. Le atraigo hacia mí sujetándole de la nuca e inclinándome un poco a la izquierda para que nuestros labios encajaran mejor.
—¿Qué se siente sucumbir ante mí, Precioso? Dice cuando nos separamos. No le respondo.
Mi piel comienza arder. Estoy realmente excitado, siento que mi erección crece en mi ropa interior. Deseo. Ira. Pasión…, todo se mezcla.
Quiero embriagarme de aquella sensación. Quiero que me tome con fuerza y que las caricias sean profundas. Quiero temblar de placer entre sus brazos y quiero que mi piel se erice al sentir sus labios en mi cuerpo.
Soy un idiota que se deja manejar a su antojo con el simple hecho de darme a probar algo del placer que podría sentir con él. Sí, soy un idiota. Uno al que le puede mucho cuando Tom se acerca con esas intenciones. Y no puedo decirle que no. No puedo negarme ante algo así.
Me libera y sus manos se dedican a quitarme la chaqueta y la camiseta con rapidez. Acaricia mi piel, toma el aretillo en mi pezón entre sus dedos y lo jalonea. Su otra mano recorre mi estrella hasta que ambas manos me desabrochan los jeans e intento retroceder, pero mi espalda choca contra la frialdad de la roca, mi piel se eriza y eso le gusta a Tom.
Cierro los ojos, pero la idea de que estamos en la playa me hace removerme entre sus brazos.
—¿Qué? ¿Temes a que alguien nos vea?
Pregunta mientras reparte besos en mi cuello, desciende a mi hombro y muerde mi piel ¡Mierda! Que lo haga de nuevo, se sintió tan bien.
Que alguien nos mire no me atemoriza, en estos momentos sólo puede excitarme. No entiendo cómo es que dice lo que pasó por mi mente.
—¿Debo recordarte que es una playa nudista? Lo mucho que pueda pasar es que alguien nos vea e intente acercarse para jugar con nosotros.
Busco su mirada y le veo fijamente. Le quito el saco y desabrocho su camisa con desesperación. Mis manos van inmediatamente sobre sus músculos poco torneados y me deshago por dentro al tocarlos. Quiero sentir su fuerza. Lo entiende porque se lo digo con la mirada y retoma el ritmo frenético.
Estamos desnudos. Se fricciona contra mí. Me besa. Me acaricia. Mi diestra va hasta su erección para recorrerla de principio a fin y siento mi pene palpitar en su mano cuando él me toma con fuerza.
Jadeo. Me estremezco.
Es tan intenso que siento las mejillas calientes y mi piel se vuelve sensible ante su tacto, tanto que cuando me toca, mi piel arde aún más en esas zonas. Vuelve a impulsarme y abrazo las piernas a su cintura. Sin soltarme se mueve para rodear las rocas y llevarme hasta el mar.
Un mechón de cabello resbala por su rostro haciéndolo ver jodidamente irresistible. Le tomo de la nuca y le beso desesperadamente para saciar mi necesidad de él. Introduciendo mi lengua en su boca; rozando su lengua, recorriendo sus labios, dándole lametones y mordiscos a su labio inferior, demostrándole que puedo besarle como él me besa.
El agua está fría, pero nosotros calientes y esa fusión me encanta. Siento como una de sus manos va hasta mis nalgas, su dedo recorre mi hendidura y me separo de él cuando lo introduce en mí.
—Voy hacer real tu fantasía, Precioso…
¡Joder! Va a penetrarme. Lo hará en verdad y se correrá dentro de mí.
Me acomoda en su agarre, le ayudo al dirigir su miembro a mi entrada y lo hace. Se introduce en mí, cierro los ojos y encajo las uñas en sus hombros. Duele, no me preparó para recibirle, pero si dejo de pensar en ello, todo será placentero.
Me sujeta con fuerza. Sus dedos se encajan en mi piel, mi miembro se sacude al friccionarse contra su cuerpo y llevo mi mano hasta él y termino por aumentar las sensaciones. Mis fuerzas escasean por momentos, así como las suyas. Suelta su agarre, estoy frente a él y me pide que me dé la vuelta.
Lo hago. Vuelve a penetrarme, una de sus manos se aferra a mi cadera y se impulsa deliciosamente dentro de mí, mientras que con la otra mano me masturba.
Me curveo ante ello. Mi diestra va a su nalga para alentarle a seguir los movimientos. Mi nuca descansa en su hombro, su boca está junto a mi oído y escucho sus jadeos roncos. Las piernas me tiemblan. Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo, así como la sangre me quema por dentro igual que un fuego líquido.
Quiero más.
¡Me gusta! ¡Es intenso! ¡Es excitante y me enloquece!
La manera en la que me posee, me hace sentir cada vez más deseado. Existo para él en este momento. Lo complazco, y él me complace.
¡Soy suyo y lo siento así!
Me giro un poco a la derecha y acerco su rostro al mío con ayuda de mi mano y compartimos un beso desesperado que me deja sin un suspiro.
Lo siento cerca después de que el tiempo pasa y el placer ha crecido incontrolablemente. Mi pene se sacude entre la mano de Tom y me da un gran espasmo de placer hasta que logro correrme. Gimo entre el último beso que nos damos, cierro los ojos con fuerza y entreabro los labios. Tom jadea. Me sigue masturbando, lo hace con fuerza, duele y no puedo con ello. Las sensaciones son tantas que no podré soportarlo un minuto más. Siento como si estuviese ardiendo y deshaciéndome con rapidez. Siento que mis fuerzas escasean, es como si me deslizara fuera del agarre de Tom.
Me quedo estático, fuera de todo y ni siquiera puedo escuchar nada. Tom ha descargado un gemido triunfal cerca de mi oído. Me duele la última estocada, siento una increíble presión dentro de mí y se siente caliente. ¿Se ha corrido? Ahora solo puedo ser capaz de sentir como las olas nos mueven. Tom lanza un suspiro, sale de mí y nos quedamos así unos momentos hasta que me vuelvo a verle. Una ola nos arrastra un poco más profundo y trato de llegar hasta él. Sus brazos me alcanzan, rodea mi cuerpo y mis brazos rodean su cuello. Sonrío exhausto. Tom me imita y pone distancia. Unos mechones se adhieren a su rostro empapado y mis manos van hasta la liga que sujeta su cabello y se la quito. Las puntas se mojan con el agua y hace que ambos nos sumerjamos, cuando volvemos a la superficie estamos escurriendo. Aplaca mis cabellos y hago lo mismo con él, después sus brazos me sujetan con fuerza.
—Eres mío, Precioso— murmura. Mis mejillas arden cuando se acerca a besarme. Me alza en brazos y salimos del agua, se tumba a mi lado en la arena y dice: — Solo mío.
Continúa…
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TOM ESTAS ENRREDANDOTE EN TU PROPIO JUEGO 😈LUEGO NO HAY RETORNO BILL JUGARA MEJOR QUE TU
ya no quiero leer más, siento que todo acabará muy mal 😭