Temporada I. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 20

Bill cree que puede provocarme más de lo que ya lo hizo. Cuanto se equivoca…

—No hasta que me convenzas, Precioso— le digo al romper el beso y bajarlo de mí.

Memirasincomprendermispalabras.Lemuestrounasonrisamaliciosaysalgodelcubículodespués de arreglarme la ropa. Bill me sigue de cerca. Localizo a mis colegas y nos unimos a ellos.

Me pido una copa de vino, Amara sabe lo que significa, pero no lo dice.

Bill intenta llamar mi atención y le hago creer que sus esfuerzos dan resultado cuando su mano se posa sobre la mía y aprieta su agarre de una manera sugerente. Me mira, suplica que lo tome, o que le mire como él me mira; con deseo. Le tiento, me acerco a él pretendiendo buscar sus labios, le enciendo al acercarme a su oído y susurrarle algo verdaderamente excitante, retiro su cabello a un lado y poso por escasos segundos mis labios sobre su cuello. Bill se vuelve a mí, busca mis labios y me retiro al instante, pero toma mi rostro entre sus manos y susurra:

—Te convenceré…

—Ya lo veremos.

—Lo haré— asegura y me mira detenidamente.

—Primero consensuamos y después vemos si es cierto lo que dices.

Suelta una sonrisa triunfante y se separa de mí—. Soy tu debilidad, Tom. Me vas a tomar, yo lo sé. Niego con la cabeza a modo de burla y me levanto de mi asiento.

—Por favor— me muevo para que todos me miren y me convierto en el centro de atención—. Bill, mi precioso compañero, está deseoso por jugar, pero más que juego es un castigo a sus provocaciones y cuestionamientos hacia mis reglas. ¿Por qué no consensuamos de una vez?

A todos les brilla la mirada, ensanchan las sonrisas y miran a Bill durante segundos. Él está que no lo cree.

—Yo le dije lo que iba a pasar, así que espero ustedes acepten lo siguiente: invitaré a todos a tomarlo al mismo tiempo, yo tan sólo miraré y lo tocaré si es que considero que es apropiado.

—Tu castigo predilecto— me dice Amara en medio de un ronroneo y le dedico un asentimiento leve.

—¿Se unen a una orgía para degustar a mi precioso Bill?

Noa se levanta con su compañera de esta noche, Jace y Amara los secundan y es entonces cuando aceptan.

Levanto mi copa en dirección a Bill y después le doy el último sorbo.

—Vamos, Precioso, que serás el centro del deseo esta noche— me acerco para tomarle del brazo y ayudarle a levantarse—. Convénceme y terminaremos en un apartado solos, decepcióname y te tocaré hasta nuevo aviso— le doy un guantazo en el trasero para que se mueva y entonces avanza tras los pasos de los demás.

Tomo la botella de vino que yace en la mesa y sigo a Bill muy de cerca. Avanzamos hasta el final de la estancia, seguimos por un pasillo y le digo que se detenga. El resto de mis colegas han entrado a la habitación 3-1, indico a Bill que entre a la habitación 3-2 y lo hace. Una gran cama circular yace casi al centro de la habitación iluminada, sus sábanas son blancas y hay un par de cojines grises, un antifaz y una fusta. Cerca del muro hay una mesita alta y una silla acojinada, las acerco a donde creo que hay mejor visibilidad y me muevo hasta la cama para tomar la fusta y el antifaz.

—¿Por qué hay una puerta al final de la habitación?

—Porque por ahí entrarán quienes van a jugar contigo.

—Amara y la compañera de Noa…

—Bill— le corto de inmediato—, quiero ver como esas mujeres juegan contigo y con los demás. Ahora ven aquí y desnúdate— termino por exigirle cuando sirvo un poco más de vino en mi copa, me quito el saco y subo las mangas de la camisa hasta debajo de mis codos.

Tomo asiento y se acerca con nerviosismo. Me da un subidón por la manera en la que me mira y al beber vino me invade un calorcito excitante.

—Desnúdate— repito con dureza y asevero la mirada.

—Hazlo tú.

—No— intento sonreír con malicia.

Me mira y me mira durante segundos. Su respiración se vuelve un tanto irregular y se lame los labios al mirarme provocativamente. Dejo la copa en la mesita junto a mí, Bill se quita la chaqueta y se saca los zapatos. Una a una comienza a sacar sus prendas sin romper el contacto visual.

Me carbonizo en estos momentos. Siento que la sangre me hierve y necesito un trago más, pero me abstengo. Está a punto de bajarse la ropa interior y revelarme su excitación, cierro el puño con fuerza en el extremo de la fusta y miro su estrella. Estoy tentado, quiero besarla, quiero lamer los bordes de su tatuaje y chupar su piel, pero me limito.

—Alto— le digo y miro de pies a cabeza—. Date la vuelta y termina por desnudarte.

Bill traga con pesadez, mira la fusta y a mis ojos alternadamente hasta que se gira. Sus pulgares se introducen por el elástico de la prenda y comienza a bajarlos con lentitud.

—¿Cuántos azotes merecerás por cuestionar las reglas?

—No, Tom…— se detiene y se vuelve a mirarme.

—No recuerdo haber dicho que pararas— le recrimino con la mirada y se vuelve. Baja su ropa interior hasta que estos se deslizan por sus piernas—. No te gires, levanta tu prenda y dámela.

Lo hace. Cuando se agacha con lentitud aprovecho y le doy un azotito. Su nalga queda roja y él se curvea.

—Te recuerdo, Precioso, que dijiste estarías dispuesto a lo que fuera— siseo.

—Dijiste que no me lastimarías.

—En efecto, pero recuerdo haberte dicho que no te lastimaría al grado de romperte— sonrío entre dientes—. ¿Sabes…? Me gusta ver tu culito rojo— él intenta volverse, pero con la punta de la fusta le detengo y entonces vuelve a darme la espalda.

—Pica— intenta llevar su mano hasta atrás, pero lo impido al darle otro azotito.

—¿Deberé esposarte también? —me niega con la cabeza y continúo: — Dame tu prenda.

Suspira, se agacha para recogerla y entregármela. Esta vez no le doy un azote. Le tiendo el antifaz y le digo que se lo ponga. Mientras lo hace, con la punta de la fusta, me paseo por sus hombros y desciendo por su columna, veo cómo se eriza su piel y continúo delineando su costado. Desciendo, acaricio sus piernas hasta llegar detrás de las rodillas, voy por el centro y subo por la cara interna de sus muslos, le pido que separe las piernas y lo hace. Me paseo por su hendidura y sus nalgas. Estoy tentado y quiero darle otro azotito.

—Date la vuelta— le pido y obedece.

La punta pasa por su estrella, después a su ombligo y subo hasta su pecho suavemente en línea recta. Su pecho sube y baja, voy al aretillo en su pezón y juego con él hasta que se pone duro. Desciendo por su costado, acariciando las letras de su tatuaje hasta llegar a su oblicuo. Bill suelta un jadeo y se lame los labios.

—Me gusta ver lo excitado que estás, Precioso— le digo cuando la punta de la fusta recorre su longitud una y otra vez—. Querías jugar, ¿no es así?

Él asiente ligeramente con la cabeza. No me va su respuesta, le tomo de la muñeca y hago que se gire sobre su costado para darle otro azotito. Gime, respinga e intenta llevarse la mano hasta su nalga para aminorar el dolor, no le permito hacerlo.

—No intentes tocarte, Precioso, si lo haces, tu culito quedará más que rojo. Por mí no hay problema, me gusta como se ve.

—Apuesto que te gustaría más ver tu mano marcada en mí— me tienta.

—Ah, ¿sí? Bueno Bill, como veo que te sientes deseoso por jugar, dime algo… ¿Podrás convencerme?

—No dudes de mí, Tom…

Sus palabras suenan como una advertencia. Eso me hace sonreír. Bill se siente peligroso y eso me carboniza.

—En un minuto ellos entrarán por la puerta al final de la habitación, van a jugar contigo y tú debes hacer un gran papel para que pueda tomarte— digo al ponerme de pie y rodearlo a paso lento.

Sus mejillas están ruborizadas, se muerde el labio con nerviosismo y rasguña ligeramente sus muslos, tentado en ir a sus nalgas. Apuesto que aún siente un hormigueo.

Me lo pienso muy bien al detenerme frente a él y acariciar su cabello. Voy a alentarlo para que pueda convencerme porque en realidad dudo que logre hacerlo.

Me pongo en cuclillas frente a él y le miro desde abajo. Alcanzo a dejar la fusta sobre la cama y mis manos tocan suavemente sus tobillos.

—Esto es nuevo para ti, pero ansío ver como reaccionas ante este tipo de deseo— subo delicadamente hasta sus rodillas, ahora son las puntas de mis dedos las que acarician la piel de sus muslos—. Lo que debes hacer es pensar que las manos que estarán sobre tu cuerpo y acariciarán tus tatuajes en realidad son las mías. Debes pensar que soy yo quien acaricia tu piel con mi aliento.

Dejo escapar el calor de mi boca sobre su glande y subo un poco más, mi labio inferior acaricia su ombligo. Él lleva las manos al frente para intentar hallar mi rostro, pero le sentencio al poner ambas manos a sus costados. Mi nariz roza su piel mientras voy subiendo a su pecho, voy al aretillo en su pezón y sonrío.

—Los dientes que jugarán con este aretillo tuyo no serán otros más que los míos, ¿entiendes? —quedo de pie frente a él y llevo atrás sus cabellos para después tomarle de los hombros.

—Entiendo.

Escucho un suave golpeteo en la puerta y sonrío con malicia.

—Es hora— le indico.

Lo rodeo hasta llegar a su espalda, ajusto el antifaz y me quito la liga que sujeta mi cabello para hacerlo con el suyo. Quiero ver su rostro en todo momento. Quiero ver sus muecas de placer y deleitarme hasta que llegue al orgasmo. Beso su hombro, acaricio por última vez su piel, descendiendo por sus brazos, soltando el calor de mi boca junto a su oído, centrando mi diestra en su cuerpo para que las puntas de mis dedos acaricien apenas perceptiblemente su miembro. Me deleito. Repito la acción hasta que su piel se eriza.

—Compláceme, y te daré lo que esperas…— murmuro para descolocarlo, se estremece ante ello y sonrío satisfactoriamente.

Le guío hasta la cama para que se posicione justo en medio. Tomo la fusta, y sostengo la punta de su barbilla con ésta.

—¿Recuerdas todas las reglas?

—Sí.

—Los besos están prohibidos. Tus labios me pertenecen y eso es lo único que no compartiré con nadie.

—Lo sé.

Responde de inmediato entre una sonrisa y entonces pongo distancia. Voy hasta la puerta y a medida que me acerco acomodo mis cabellos hasta que mis colegas entran uno a uno y llegan hasta la cama.

No necesito indicarles el momento que deben empezar. Están deseosos.

Noa y Amara hacen que Bill se incorpore y lo dejan en medio de sus cuerpos. Las manos de Amara empiezan por acariciar la espalda y hombros de Bill. Me acerco a la silla y tomo asiento para después tomar la copa de vino con la otra mano.

Las manos de Amara reconocen el esbelto cuerpo frente a ella, acaricia el tatuaje en su costado mientras le besa el cuello. Noa estimula a Bill al tomar su miembro, lame, muerde su pezón y jalonea su aretillo. Amara termina por ayudar a Noa y también le toma del miembro para hacer una doble masturbación. Junta su pecho a la espalda de Bill y se determina a jugar con el lóbulo de su oreja.

Jace y Nahomi, la acompañante de Noa, rodean aquellos tres. La morena toma una de las manos de Bill e incita a estimular a Jace, lo hace, sujeta de su miembro y lo recorre de arriba hacia abajo. Su diestra se mantiene inerte en el hombro de Noa hasta que deja escapar un gemido por lo bajo y sus uñas descienden por el pecho de él hasta dejarle una marca.

Bill ladea la cabeza, es presa del deseo y la excitación que le hacen sentir y la que él les brinda a ellos. Es mutuo.

Le doy un pequeño sorbo a mi copa de vino y el calorcito que se aloja en mi garganta se extiende por todo mi cuerpo, logrando que me carbonice. El corazón me late con irregularidad y entonces aflojo un poco mi corbata.

Veo cómo se dan placer, como las manos de ellos pasean por el cuerpo de Bill y viceversa. Las chicas se estimulan, juegan con sus pechos y pasean sus dedos por su sexo. Jadean, sueltan suspiros y esa sinfonía de sonidos de placer provoca en Bill algo intenso, tanto que su piel se eriza. Ponen distancia, luego se acercan y restriegan sus cuerpos unos contra otros, hacen lucir aquella fricción sumamente deliciosa. Tentadora. Caliente.

Me muerdo el labio y dejo escapar el aire que he contenido.

Vaya que es mi castigo predilecto. Recuerdo mis palabras y sé que Bill piensa en mí mientras le estimulan y hacen sentir deseado. Le conozco, soy su amo. Sé que repite mi nombre dentro de su cabeza y se deja llevar por el encuentro. Por las caricias profundas y los sonidos de placer que erizan su piel. Se deja llevar para demostrarme que puede llegar a convencerme. Me lo pienso, estoy tentado y quiero jugar con él, pero le haré pagar. Quiero ver de qué es capaz. Quiero ver si puede soportar el hecho de que no lo voy a tomar hasta nuevo aviso. Debió pensar las cosas antes de corresponder siquiera una mísera sonrisa a Leo Morgan. Debió pensar en qué pasaría si se dejaba llamar «Precioso» por otra persona.

Quiero que le hagan tocar lo inalcanzable y quiero que él gima y suplique por mí, para que sea yo quien le haga llegar al orgasmo.

No lo voy a tomar. No me importa que llegue a quitarse el antifaz, voy a declinar ante su deseosa mirada castaña. Voy a negar siquiera a mirarle como él me mire. Es su castigo y no le voy a tomar hasta que me apetezca.

Tendrá que venir a por mí con lo mejor que tenga, entonces, quizás pueda considerar el siquiera besarle.

Él dice que es mi debilidad, quizás lo sea, pero en esta ocasión no olvido el sentimiento que cruzaba por mi pecho cuando alguien más le llamaba, miraba y sonreía en una manera tan mía.

No se lo perdonaré a Leo, y tampoco le perdonaré a Bill el hecho de hacerme sentir algo así. En mi vida esa despreciable sensación me había atacado como hoy lo había hecho.

Me pongo paranoico. Las palabras de Leo, su estúpida sonrisa, su invitación, la manera en que se dirigía a Bill y su mirada de superioridad se proyectan en mi mente. La manera en que Bill le miró y después me miró a mí, el cómo le sonrió y me provocó antes de venir aquí me enferma. Las imágenes juegan en mi cabeza haciéndome vernos a los tres en un apartado y Bill disfruta más con él que conmigo que soy su amo.

¡Joder! Que estoy enloqueciendo gracias a ese detestable momento y la puta provocación de Bill.

¿Qué mierda pasó por su cabeza? ¿Le gustó él?

Suspiro con frustración. Todo se mezcla; la ansiedad por escucharle gemir mi nombre muy alto, la ira acumulada por cómo empezó nuestra velada, el vacío que me ha dejado esa sensación de escuchar y ver a alguien dirigirse a Bill en una manera tan mía, la culpa por dejarle solo unos segundos y dejar que Leo creyera que había ganado. La excitación que sentí ante la provocación de Bill y la misma excitación que me consume al ver como lo poseen, como le hacen desear que sea yo quien se acerque y tome las riendas del juego entre ellos.

Siento que me falta el aire cuando veo aquella escena: Amara se recuesta en la cama, hace que Noa ponga a Bill a horcajadas y mientras ella se estimula lame con avidez el miembro de Bill. Su culito alzado aún luce un tanto rojizo a causa de los azotes. Jace está frente a él y le guía hasta su miembro. Lo hace. Apuesto lo que fuera a que Bill recuerda el momento en que su boca me brindó tanto placer en ese encuentro con Noa.

Tomo la fusta con fuerza y doy un golpe al aire, fantaseando con el culito alzado de Bill. Quiero darle otro azote. Quiero que lo penetren con fuerza, que muerdan y saboreen su piel.

¡Quiero ver como todo se vuelve intenso!

Bill entreabre los labios y deja escapar un jadeo.

Me bebo el vino de golpe y dejo la copa sobre la mesita. Me levanto y rodeo la cama para deleitarme desde cualquier punto. Jace penetra en la boca de Bill, él lo hace en la boca de Amara, Nahomi estimula a Noa y viceversa, y él introduce sus dedos en Bill para que no esté estrecho a la hora de recibirlo.

Tomo la fusta con tanta fuerza que mi brazo tiembla ligeramente. Llevo la punta hasta la espalda baja de Bill y termino en su hombro. Se separa de Jace y sus labios pronuncian mi nombre. No, aún no me convence. Un fuego abrasador me consume y la excitación me latiguea desde adentro provocándome un subidón incomparable. Mi miembro palpita ansioso porque sea la boca de Bill quien me tome. Ahora son Amara y Nahomi quienes están debajo de Bill y Noa separa sus nalgas y juega con su hendidura. Me acerco de inmediato, él me permite jugar también y paseo la punta de la fusta entre sus nalgas hasta llegar a sus testículos. Bill jadea mi nombre. Noa lo penetra. El ritmo se vuelve frenético. Lo disfrutan. Me carboniza el hecho de que Bill sea tomado por ellos y se deje llevar por el encuentro.

Las muecas de Bill lo son todo. Me deleitan. Me hacen sentir su deseo.

Me desato la corbata y desabotono mi camisa hasta el pecho. Me acerco. La boquita abierta de Bill me hace querer sentir sobre mi piel lo caliente que está. Quiero sentir su humedad. Llevo la punta de la fusta hasta su labio inferior para tentarle y gime mi nombre. Le da un lengüetazo a la punta de la fusta y se muerde el labio cuando aparto ésta.

Me incita…

Retrocedo dos pasos, se separan de Bill y queda tendido en la cama boca arriba, sus manos arriba de su cabeza se aferran a las sábanas y se deja tomar por ellos. Ver a Bill disfrutar era de lo más exquisito. Estaba absorto en él, en las manos que paseaban por su cuerpo y sus propios sonidos de placer. Jalonea el aretillo en su pezón y le miro detenidamente con extrañeza cuando sonríe y se lame los labios, veo que estos se mueven para deletrear mi nombre.

¡Joder!

Se muerde el labio inferior en medio de una sonrisa, se arquea, gime por lo bajo y su dedo índice va hasta su estrella para dibujar algo. Me muevo para ver más de cerca. Araña su piel y cuando la marca se vuelve rojiza puedo notar una «T» marcada sobre su tatuaje.

Miro su rostro, sigue sonriendo.

Me provoca. De verdad que sí. No quiero acceder, no quiero que me traicionen los impulsos. Quiero hacerle desear más el hecho de tomarlo.

Gime cuando Noa lo penetra con fuerza y sigue el ritmo. Bill se arquea deliciosamente y le miro desde arriba, con superioridad.

Noa sale de él por escasos segundos, le hace ponerse de rodillas en la cama y nuevamente Bill deja su culo al aire. Rodeo la cama para apreciar cuando Noa se inserte en él y ver sus muecas, pero en lugar de eso, el rubio le echa una mirada a Jace justo antes de tomar a su mujer.

Tomo la fusta con ambas manos y la doblo con fuerza hasta lanzarla al suelo. Eso sí que no… Nadie penetrará doblemente a Bill si no soy yo uno de quienes lo hacen.

Con dos dedos toco el hombro de Noa y Jace. Me miran y miran el cuerpo de Bill, como se estremece de placer y arquea cuando las manos de las chicas pasean por su cuerpo y la boca de Amara se detiene sobre el aretillo en su pezón. Me acerco a ellas, hago lo mismo y toco sus hombros con dos dedos. Acabó el juego para todos, les dejaré continuar sin él.

Subo a la cama, Bill se gira hacia mi cuerpo, lo tomo en brazos y llevo hasta la habitación de junto. Está sonriente, se quita el antifaz y le bajo de mis brazos.

—Dime qué fue. ¿Los jadeos o tu inicial en mi estrella?

—Fue el hecho de que Noa y Jace iban a penetrarte— respondo tensando la mandíbula.

—¿Ah, ¿sí? Les hubieses dejado hacerlo.

—Así no son las cosas, Bill— respondo con dureza.

—Déjame adivinar, se te acaba de ocurrir esa regla sólo para interrumpir el juego, pero lo cierto es que deseabas tomarme porque te he convencido— toma de mi corbata para acercarme, junta su cuerpo al mío y deja escapar un suave suspiro.

—Sólo los débiles se dejarían convencer por lo que tú has hecho— le lanzo una sonrisa fingida de superioridad, cortando su coquetería y le retiro de mí—. Y solo los verdaderos idiotas ignorarían el placer.

—Entonces no me ignores… tómame, Tom. Hazlo.

—No— me separo repentinamente y voy hasta el sofá junto al muro para dirigirle una mirada profunda cuando mi vista lo recorre de pies a cabeza. Apoyo los codos en mis rodillas, me inclino al frente y entrelazo los dedos en la espera de que se acerque.

—Tu mirada me excita— dice al avanzar frente a mí—. Cuando tu mirada se vuelve profunda, sé que me deseas aún más— se pone de rodillas frente a mí. Me quita la corbata, la coloca en su cuello y pone los extremos a mi alcance—. Interrumpiste el encuentro, ¿significa que viene algo mejor?

—Así es…— siseo y tiro de la corbata para acercarle—. Nos vamos al hotel.

—Fanfarroneas…

—No lo hago— intensifico mi mirada sobre él.

Se ve exquisito. Está arrodillado frente a mí, deseoso por jugar, excitado y fantasea con un orgasmo. Quiero ver que es capaz de hacer justo ahora.

Luce delicioso. Me encanta. Me excita.

—Entonces la pregunta «¿Estás dispuesto a todo?» realmente iba dirigida a ti, no a mí. Se cree listo al echarme en cara.

—Sé que quieres, Tom— me guía hacia atrás, provocándome. Sube a mis piernas y llevo las manos a sus muslos.

Mis labios están entre abiertos, le miro de arriba abajo, me detengo sobre su erección, trago pesadamente y muerdo el interior de mi labio inferior. Quiero friccionarme contra él. Mi cuerpo reacciona ante sus provocaciones.

—Sé que quieres castigarme, dejar tu marca en mi piel y llevarme al exceso— susurra junto a mi oído.

Sus manos van hasta mi camisa y la desabotona. Sus dedos acarician mi pecho. Le miro detenidamente. La piel se me eriza, se me seca la garganta y mi miembro se sacude ante su fricción.

—Castígame— dice junto a mis labios.

Me separo de él y entonces accedo. Placer para mí. Castigo para él.

—Desearás no haberle dirigido la mirada a Leo Morgan…

Le quito la corbata del cuello, de un movimiento rápido la llevo hasta sus muñecas y las sujeto con fuerza. Suelta un leve gemido de dolor cuando la tela pellizca su piel. Le tomo con fuerza y tumbo en el sofá para subir a horcajadas sobre él.

—Y como lo viste directamente a los ojos, tú no me verás a mí. Es tu castigo— me levanto, voy a por el antifaz y se lo pongo—. Le sonreíste…, entonces mis labios no irán a los tuyos— muerdo su labio inferior con saña y lo jaloneo hasta que escapa de entre mis dientes—. Te dijo «Precioso» …

—No, Tom…— se remueve bajo mi cuerpo.

—Sí— digo de inmediato y él niega con la cabeza—. Olvídate de que te llame así.

Continúa…

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