«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Prólogo (P.2)
Mi cabeza resbaló de ambas manos, y de forma estúpida, mi cara golpeó el pupitre. Fue tan repentino que logró despabilarme de inmediato, escuché una risa y levanté la cabeza un poco, encontrándome con que todos nos miraban, tanto a mi compañera de banco como a mí. El profesor nos dio un regaño y siguió con la clase. Estaba tan dormido que me di cuenta tiempo después del terrible golpe en la frente.
—Menuda fiesta te has montano anoche, ¿Verdad? —me preguntó aún conteniéndose de la risa. Mi cara de mal gusto permanecía pero no le afectaba en absoluto.
—Anoche tuve una serie de pesadillas que no había experimentado antes —sobé la frente. Ya casi se acercaba el atardecer, y era aquí cuando todo se tornaba peligroso. A duras penas podía entender el tema de lógica que estaba explicando el profesor, mi mente estaba absorto en esos momentos de anoche. Todo había sido tan extraño.
En un mundo donde convivíamos con esos seres, era normal que tuvieras esas experiencias, pero se decía que siempre que tenías dichas experiencias, acababas desapareciendo de la faz de la tierra, o volviéndote uno de ellos. Aclaré mi garganta y apreté las yemas de los dedos contra el pupitre, no podía imaginarme algo como eso, estaba fuera de mi alcance desaparecer. Solo ha sido parte de mi imaginación, una tonta alucinación.
—De seguro andas con una chica haciendo esas cochinadas. —se cruzó de brazos. —Desde aquí huelo lo zorra que puede ser.
Riza, la muchacha proveniente de filipinas. Había sido mi compañera desde el primer año y desde entonces nos habíamos vuelto buenos amigos, y a pesar de que estaba estrictamente prohibido mezclar hombres lobo, vampiros y brujas con los humanos en las escuelas; ella era la única, creo yo, que iba en contra de eso. Era una mujer lobo, ¿Raro, verdad? Hasta para mí era imposible de creer el día que me enteré, aún seguía pensado que tal vez me morí mientras dormía y estaba en un coma profundo e inventando este mundo paralelo al verdadero.
—Y recuerden, una conjunción es verdadera solo si ambas premisas son verdaderas. —Luego de eso el timbre sonó y todos los estudiantes del último año empezaban a guardar sus cosas para retirarse a sus hogares. Había un toque de queda para los humanos, excepto los fines de semana, ellos podían ser libres mientras que los fenómenos debían encerrarse en sus casas y tratar de no cometer un disparate.
— ¡Eh, Tom! —Riza me golpeó la espalda dando un manotazo, fue tan fuerte que casi me quedaba sin médula. Ella se volvió a reír. —Regresemos juntos a casa, ¿O tienes que ir a entrenar?
—Puedo acompañarte a casa, luego voy a entrenar. —me puse de pie y empecé a guardar mis cosas. Luego de aquel incidente, he decidido tomar clases de boxeo para poder tener con qué defenderme la próxima vez que alguien decidiera atacarme.
Todos salimos del instituto, Riza iba muy animada como siempre. Constantemente me pedía que fuéramos juntos a casa debido a que en estos últimos días un grupo de chicos la seguía, porque al parecer les gustaba ella. No podía negar eso, tenía su encanto, además de que era copa B, sus rasgos asiáticos la convertían en un sueño para todos aquellos pervertidos.
Su casa no quedaba tan lejos después de todo, caminamos de forma pacífica mientras me preguntaba si había alguna tarea para mañana, a lo que le contestaba que no sabía una mierda porque me había dormido en todas las clases. Cuando llegamos a su casa, el sol caía por el horizonte, ya faltaba poco para que anocheciera y comenzara el toque de queda. Por suerte había conseguido clases de boxeo cerca de mi hogar.
—Bueno, te veré mañana. —se acercó a mí y depositó un beso en la mejilla. —Hablando en serio, ¿No te revolcaste con alguien anoche? Tienes olor a…
Su nariz emitía ese sonido que los perros hacían cuando olfateaban. Se quedó quieta al oler mi cuello y yo no entendía absolutamente nada, jadeó y poco a poco empezó a apartarse de mí, al tiempo que me observaba algo preocupada. Eso me ponía alerta, ya que ella percibía mejor las cosas que un humano, debido a que tenía esas habilidades que sus ancestros le habían otorgado.
—Ten mucho cuidado, Tom. —me decía apenada. —No deberías entrenar hoy, de hecho, no deberías entrenar en época de invierno cuando el sol se oculta más temprano.
— ¿Qué estas diciendo? No me pasará nada. —Sonreí. — ¡Nos vemos mañana, enana!
— ¡Enana tu abuela! —se despidió y yo volví por donde habíamos venido. Miraba el cielo, distrayéndome con las nubes, recordé entonces las circunstancias de anoche. Esos ojos azules, esos dedos largos, delicados y fríos, esos colmillos peligrosamente afilados, el tono de su piel. Moví la cabeza de izquierda a derecha constantemente, tratando de olvidar aquello, solo había sido un sueño, nada de otro mundo.
Un vampiro había estado en mi cuarto, ¡No, no podía ser verdad! ¿Porqué había soñado eso? Bueno, no creía que fuera un sueño, había sido algo real. Sus roces eran reales, todo era real. Exhalé el aire, cansado por el día, aún debía ir a entrenar y estaba agotado, no tenía energía necesaria; mágicamente se me había agotado cuando oí lo que ese ser había dicho. ¿Porqué nos íbamos a volver a ver? ¿De qué iba todo esto? Me golpeé la frente repetidas veces con la palma de la mano para despabilarme, era absurdo pensar en otro encuentro, aunque me hubiera gustado preguntarle porqué estaba ahí, ¡¿Pero qué estaba diciendo!? ¿¡Solo era un sueño!?
— ¿Por qué crees que fue un sueño? —preguntaron detrás de mí. Me quedé quieto, no avancé más. Miré hacía adelante, ¿Había escuchado bien? Lentamente, y juraba que era así, comencé a voltear la cabeza para la derecha, por el rabillo del ojo veía una figura, entonces no di más vueltas. Volteé por completo y me encontré con alguien.
No, no podía ser cierto. ¡No podía ser que estuviera aquí! ¡Ahora, a unos pasos de distancia!
Sus ojos no eran azules, eran color miel. Tan tiernos como los de un niño pero también, eran hipnóticos, te trasmitían algún tipo de sedante que te hacía sentir relajado; eso estaba provocando en mí, por lo que no me sentía sorprendido, asustado, o muerto. Llevaba ropa totalmente indiscreta, portaba una chaqueta de cuero, unos jeans que le apretaban y un pañuelo negro que rodeaba su cintura, dejando que el resto cayera a un costado y se meciera por el viento. Sus ojos estaban delineados, sus brazos estaban cruzados.
Empezó a caminar, viniendo a mí, yo no podía hacer mucho. Sentía que el corazón iba a salir de mi cuerpo y desaparecería de mi vista en segundos, no sabía si era de los nervios u otra cosa, pero esa sensación me recordaba lo que había pasado anoche. Pronto una corriente helada de invierno empezó a invadirnos, mi cuerpo tiritó pero eso no detuvo sus pasos, ese ser se paró frente a mí. Me miraba, me examinaba con esos ojos color miel que lucían tan normales, como los de cualquier ser humano. ¿Cómo había pasado eso? ¿Acaso lo de anoche no era un sueño? ¿Porqué tenía otro color de ojos? ¿¡Qué demonios estaba pasando aquí!?
La tensión aumentaba, al tiempo que un calor indescriptible comenzaba a sentir por todo el cuerpo. Respiré profundo cuando su rostro se acercó directamente al mío, dejando un corto espacio entre nuestros labios. Su mano derecha se posó sobre mi mejilla, mis ojos se abrieron más de lo normal, sorprendido por la frialdad de la misma. Más sedante para mí, más calma y más sensaciones estúpidas emergían. Estaba claro que algo estaba haciendo conmigo, no era normal que sintiera tantas cosas hacia su persona con un solo roce.
Pronto mi mente empezó con las obscenidades, y para joderla más, sentí una de sus piernas acomodarse entre las mías, logrando tocar mi entrepierna. Emití un jadeo pero se cortó cuando sentí que su rostro estaba muy cerca del mío, no podía pestañear, no podía moverme. Aquel movimiento que estaba efectuando me hacía hundir más en la lujuria, ¡Y todo estaba sucediendo en la calle!
—Te dije que nos volveríamos a ver. —Nos miramos a los ojos, me perdí en ellos, en ese color miel tan cálido, pero sus manos no lo eran. Su piel era el invierno. — ¿Sabes lo que eso significa?
Mi fin. Mi fin había llegado, seguramente por eso había dado esa visita nocturna, para advertirme de que mi fin llegaba y que empezara a despedirme de los seres queridos. ¿Pero como iba a saber yo que eso era verdad?
Continúa…
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