«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Prólogo (P.3)
No sabía como era que había llegado a esas circunstancias; estaba amarrado a una silla con las manos detrás, bien sujetadas con una soga o algo parecido. No veía con claridad a mi alrededor, con la habitación a oscuras, solo podía estar seguro de una sola cosa: no estaba solo. Ponía mis cinco sentidos en alerta, tanteando lo que me sujetaba las muñecas, tratando de agudizar mis oídos, mirando de un lado a otro por donde intuía que había algo o alguien, aunque estaba más seguro de lo último.
Recordaba lo que Riza me decía con respecto a olfatear el entorno, para ella era muy fácil hacerlo ya que era una mujer lobo, pero a mí se me complicaba bastante debido a que solo era un estúpido humano, tan corriente y torpe. Cerré los párpados, al tiempo que arrugaba la nariz mientras olía lo que me rodeaba, tenía que concentrarme al ciento por ciento para poder conseguir una pista.
Imaginaba algo frío, al principio era como un cubo de hielo derritiéndose sobre una mesa de mármol. Fruncí las cejas tratando de captar mejor ese aroma; ahora se transformaba en otra cosa, tomaba una extraña sombra, poco a poco aparecían diminutos puntos azules en la parte superior, entonces parecía ser la figura de un ente. Moví un poco la cabeza para la derecha, siguiendo ese aroma, estaba sorprendido de poder captar algo como eso, aunque dudaba de mis capacidades mentales; yo no era un ser inmortal, o un animal, ni tampoco sabía sobre hechizos, pero me estaba envolviendo tanto en mi nuevo don que no podía dejar el rastro.
La figura comenzaba a tonificarse, ya no era una sombra, sino que tenía forma humana. Los puntos azules se volvieron unos ojos con ese color, y vi un rostro familiar. Me estaba sonriendo. Me enseñó sus dientes, pero acompañado de eso distinguía unos colmillos que sobresalían, volviendo más tentador su mirar. Inspiré profundo, un sudor frío brotaba desde mi nuca, y era tan raro porque estábamos en invierno.
Tan pronto como le reconocí, comenzó a abrir su boca, al tiempo que empezaba a moverse en dirección a mí. Con una velocidad indescriptible, se abalanzó y yo pegué el grito, porque al segundo de estar sobre mí, sentí sus manos posarse sobre mis hombros, sus piernas sobre las mías, y una aterradora cara que me hacía tener pavor.
Abrí los ojos de inmediato, el olfato me había llevado a imaginarme algo tan horripilante que comenzaba a asustarme de mi propia imaginación.
—No sabía que lo descubrirías tan pronto. —esa voz… Me giré, observando para todos lados en la penumbra, no sabía exactamente de donde venía. Logró desorientarme por completo y ya había perdido esa intuición especial que había podido desarrollar con la mera concentración. —Sin duda alguna, eres una larva todavía.
¿Larva? ¿A qué se refería con eso? Bajé la mirada, trataba de encontrarle el significado a esa denominación, pero me sentía algo mareado por el esfuerzo que había ejercido momentos atrás. La cabeza se fue para atrás dejando al descubierto mi cuello, mostrando la nuez de Adán. Podía sentir una corriente helada que iba y venía por el mismo, no me importaba. Miré con determinación y vi que alguien estaba parado detrás de mí. Reconocí su figura, era el vampiro.
Levanté un poco la cabeza para encontrarme con su rostro, sus ojos parecían brillar al ver mi cuello desnudo. No obstante, por mi cuerpo se paseaba una ola de calor incontrolable, era como si se me amortiguara el mismo, la repetida sensación de cuando lo tenía sobre mí en la habitación, y cuando estábamos en la calle.
Posó su dedo sobre el lado derecho y lo recorrió con lentitud, mi piel se erizó ante el contacto y tragué saliva. Miraba como sus colmillos se apoyaban sobre su labio inferior y hacían algo de presión, aguantándose las ganas de morderme, yo no tenía miedo, no sabía si estaba haciendo algo con mi cuerpo que no reaccionaba como aquella noche. Sus ojos no paraban de brillar, era como si hubiera descubierto un tesoro y estaba fascinado por el mismo.
Se alejó de repente dándome la espalda, llevando su mano al rostro. No podía ver que sucedió después, mi cuerpo comenzó a captar mis señales y me puse derecho, volteé para ver por sobre mi hombro y vi que paseaba su dedo por sus labios, luego succionaba el mismo para beber su propia sangre.
— ¿Sabes que la sangre de un cazador es un banquete para los vampiros? —preguntó, yo negué con la cabeza. Enseñó una sonrisa que me hizo dar escalofríos y me moví en mi lugar meneando los hombros debido a la sensación.
—Entonces estás con la persona equivocada. —acoté en mi defensa. Solo era un humano, uno normal. No recordaba pertenecer a ningún bando, era solo yo.
—No estés tan seguro, Thomas Jörg Trümper. — Me conocía bastante al parecer, pero yo no. No lo había visto en mi puta vida. —Sabes perfectamente porqué estoy aquí.
Estaba totalmente desconcertado, no sabía quién era, ni siquiera sabía su nombre. ¿Porqué estaba él aquí? ¿Había algo que yo no sabía? Intentaba recordar algo, algún indicio que me condujera a su comentario, alguna… Alguna respuesta que pudiera entender.
—Mira, yo no sé a quién estás buscando, pero no soy yo. —él me miró con toda su atención, se cruzó de brazos. Sus ojos eran color miel, siempre miel, nunca azules. —Creo que te estás confundiendo con alguien más, déjame ir. El toque de queda para los humanos ya habrá comenzado.
—Tranquilo —intentó calmarme. —Yo no permitiré que te hagan algún tipo de daño, conmigo estarás a salvo.
Detectaba un grado de coqueteo en sus palabras, no sabía la razón de ello; tampoco comprendía que una parte de mí confiara en sus palabras. No dejaba de mirarme como si fuera un trozo de carne, pero no me inmutaba por ello; más me preocupaba el verdadero motivo de estar aquí. Un vampiro me hablaba de algo que no sabía, había algo que no cuadraba en todo eso, y ese algo era que no podía recordar mucho de mi infancia ni de mi adolescencia. ¿Eso tenía que ver?
Se oyó un golpe brusco seguido de una lluvia de cristales. Ambos miramos hacía la misma dirección y vimos a Riza, quién se ponía de pie mientras los trozos de vidrio caían al suelo, me sentía aliviado al tener a alguien cercano a mi lado. Ella miró con recelo al vampiro y caminó hasta ponerse detrás de mí, comenzando a desatar el nudo de la soga.
—Es de buena educación pedir permiso primero. —habló el vampiro con serenidad.
—No estoy para educación, purasangre. —le decía molesta. Cuando sentí la libertad, me puse de pie de inmediato, Riza me tomó de la mano y empezamos a ir tras la puerta, que a duras penas podía verla en la oscuridad.
— ¿Piensas que alejándolo de mí, lograrás tenerlo bajo tu dominio? —esa pregunta fue muy provocadora, Riza apretó mi mano con cierta fuerza y yo aguanté la misma. Se giró, con las cejas fruncidas, emitió un gruñido que sonaba aterrador en una mujer; estaba claro que se convertiría en lobo en cualquier momento. —No puedes cambiar su destino.
— ¡No lo voy a cambiar! ¡Solo quiero protegerlo! —le gritó, yo no entendía una mierda. ¿Protegerme de qué? ¿Cambiar el destino de quién? ¿De qué narices iba todo esto? Riza se puso delante de mí, como intentando cubrirme con su cuerpo. El vampiro permanecía parado, en una posición un tanto refinada, con sus ojos claros tan tiernos y cálidos, con una sonrisa que derrochaba algo de sensualidad.
—Un cazador no debe ser protegido, un cazador debe proteger a los demás.
¿Cazador? ¿CAZADOR DE QUÉ? Con cada segundo que pasaba todo se tornaba difuso y necesitaba las respuestas, habían demasiadas preguntas en mi cabeza. Había una tensión intensa en la habitación, quería alejar a Riza pero en su estado no era conveniente, podía saltarme encima convertida en lobo y no iba a ser fácil después.
— ¡Deja de decir eso! —lucía nerviosa. —Mejor vete, no lo vuelvas a buscar más.
—No hará falta, él volverá a mí por sus propios medios.
Dicho eso, empezó a caminar hacía la ventana que tenía los vidrios rotos, volteó a mirarme y me sonrió, eso provoco que el piso temblara bajo mis pies y luego, saltó y no lo volví a ver jamás.
Continúa…
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