
«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 1
Un cazador no debe ser protegido, un cazador debe proteger a los demás.
Mi espalda chocó contra la pared, me quejé de inmediato. En el pasadizo que conectaba las salidas traseras de los edificios con la calle más cercana, yo no podía pedir auxilio. Con todas mis fuerzas trataba de frenar ese intento por aniquilarme, sostenía sus hombros y lo mantenía lejos de mi cuello, estaba luchando contra un demonio succionador de sangre. Me había estado siguiendo y yo lo percibí de inmediato, mi olfato nunca me fallaba, ya podía usar el don tanto como quería.
Podía ver como se le hacía agua la boca, y el color azul que poseían sus ojos al ver carne fresca. Eran los mismos que había visto aquella noche en mi habitación cuando era un adolescente de secundaria. Ahora me había convertido en un hombre que peleaba por defender a los humanos de esos vampiros que iban en contra de las reglas. Solo los de clase A y B no se acercaban a los humanos, el resto no podía ser controlado por sus instintos y quería beber la sangre de cualquiera que se le cruzara.
Pero este vampiro sabía que yo no era cualquier humano, yo tenía sangre de cazador, por lo cual, no descansaría hasta sacarme la última gota roja de mi cuerpo. El arma estaba lejos de mi alcance, apenas podía ver que estaba a unos cinco pasos de mí, su rostro estaba muy cerca, no se rendía con facilidad. La adrenalina recorría mi organismo con tanta velocidad, que empezaba a sudar debido a que evitaba ser mordido, habían sucedido escenas en las que ellos tuvieron la suerte de morderme, pero la clase D de vampiros, en adelante, no podían matarme, ya que no eran vampiros de nacimiento, sino que había sido mordidos o rasguñados por los de clase C, que eran mitad humanos y vampiros.
Aunque era cierto eso de que los vampiros tomaban forma humana, se podían distinguir con tan solo medir la belleza de uno. Los vampiros eran irresistibles, a menudo oíamos de mujeres jóvenes que desaparecían, y luego eran encontradas en bosques o lugares fuera de la ciudad: desnudas y con marca de colmillos sobre su cuello. Los insaciables les quitaban la sangre hasta que ya no quedara más.
Tomé todo el valor, y junto con ello la fuerza, logrando empujarlo para separarlo de mí. Corrí y me tiré al suelo, agarrando el arma y apunté directo al corazón del vampiro enloquecido, que justo se me abalanzaba sin compasión. Fruncí las cejas y jalé del gatillo. El arma emitió un sonido satisfactorio para mis oídos, la bala fue disparada con tanta intensidad que el vampiro cayó un metro atrás desde su lugar. Su cuerpo se quedó tendido en el suelo, por lo menos ya sabía que lo único muerto ahí era un humano.
Me quedé mirando un poco por donde se encontraba el cuerpo, exhalé el aire y permanecí acostado en el suelo por un rato, mirando la noche. Estaba nublado, esas nubes rojas advertían de que en cualquier momento se largaría a llover. Bien, tenía que seguir con el plan de deshacerme del vampiro, ahora humano, para que nadie pudiera encontrarlo.
— ¿Llegué a tiempo? —escuché esa voz y decidí levantar la cabeza. Cerca del muerto, estaba Riza, quién me miraba con una sonrisa en el rostro, se acercó a mí y me tendió la mano. Yo la tomé y ayudó a levantarme. Me acomodé la ropa y los dos miramos al cadaver. —Los de clase D se están propagando demasiado rápido, ¿Cómo puedes con todos?
—No solo soy yo, Riza —me sobé la nuca. —Hay más.
—Tú eres el único en este país. Viajas de un lado a otro constantemente. —Caminó hasta situarse del lado de la cabeza del muerto. —Vamos, te ayudaré.
No hablamos más y nos pusimos en marcha. Tomé de las piernas y salimos del pasadizo, no había nadie por las calles, era de madrugada y jamás podía dormir a esas horas, porque era cuando más atacaban los vampiros. Tiramos el cuerpo dentro de la camioneta, Riza se quedó con el cadaver atrás y yo me metí a la cabina para conducir lejos de la ciudad; debíamos quemar el cuerpo y enterrar sus cenizas para que no quedara su rastro.
La diferencia entre los vampiros sin control, y los de clase A y B, era que los primeros debían ser cremados, ya que era como un veneno vampírico que recorría por su organismo y tomaba control absoluto de sus movimientos y cerebro. En cambio, los últimos, al ser purasangre, desaparecían al instante. Era raro, se pensaba que era al revés, que los mitad humanos y mitad vampiros desaparecían al instante de dispararles al corazón, pero resultaba que no era cierto.
Di marcha con el vehículo, Riza golpeó la ventanilla trasera, que conectaba la cabina con la carga. Corrí el vidrio a un costado por medio de una perilla y asomó su rostro, concentré mi vista en la calle.
— ¿Cómo va todo? No nos hemos visto en meses. —me decía con ánimo. Yo solo sonreí pero dudaba de que me viera hacerlo.
—Maravilloso, no he dormido bien en tres días, tengo un humor de perros pero puedo manejarlo. —doblé para dirigirme hacía la autopista. — ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido en el sur?
—Pude relajarme, pero tengo un apetito voraz que me tiene inquieta. —decía algo molesta. De seguro estuvo viajando sin parar, una mujer lobo como ella siempre se desplazaba por los lugares convirtiéndose en lo que era, porque parecía ser que era más fácil llegar a destino.
Me hablaba de su jauría, con frecuencia tenían encuentros con los vampiros nobles, que eran los de clase B por la tregua que tenían. En el pasado habían sido enemigos por un asesinato de ambos bandos pero todo parecía haberse solucionado, y esperaba a que eso se mantuviera por un largo período.
La camioneta se movió, miré por el espejo retrovisor y Riza se mostraba alerta ante el cuerpo, le pregunté si sucedía algo pero cuando quiso contestarme, las manos de ese vampiro la tomaron por sorpresa y yo me preocupé, ¿De verdad era de clase D? Estaba por detener el vehículo y tomar el arma para volver a disparar, pero ella me decía que siguiera, que iba a poder con eso. Su gruñir me advirtió de que se iba a convertir, entonces no fijé más por el espejo y apreté el pedal del acelerador para llegar rápido al descampado más cercano.
El vehículo tenía sus brusquedades, pero todo era porque Riza zamarreaba al vampiro con sus dientes filosos y fuertes. Era una mujer lobo ahora y no me impresionaba de verla así, ya me había acostumbrado desde hacía tiempo, así que era usual verla en esas condiciones. Permaneció su mandíbula sobre el cuerpo por unos quince minutos, yo me salí de la carretera al ver que ya no estábamos tan cerca de la ciudad. Había puro campo agricultor y doblé por un camino de tierra.
Avancé unos kilómetros hasta reconocer el lugar donde siempre llevaba a los vampiros.
Bajé con rapidez y fui hacía el sector de carga. Miré a Riza, sus ojos salvajes me miraban con determinación, poco a poco empezaba a soltar sus dientes de la carne y me acerqué para acariciarle detrás de la oreja, a lo que ella aceptó con sumo gozo y meneó la misma. No podía evitar la sonrisa, la felicité por ser buena chica y después tomé el cuerpo; lo arrastré por el suelo hasta alejarlo a unos metros de la camioneta.
Volví a la misma y busqué un frasco de alcohol, me acerqué al cuerpo y lo rocié con el líquido. Luego saqué el encendedor y prendí fuego su ropa. Las llamas empezaban a crecer, y yo tenía el entrecejo fruncido, me sumergí en todas las veces que había terminado quemando a un vampiro. No podía saber con certeza a cuantos había cremado, pero eran más de treinta en lo que llevaba del año.
—Todavía sigo odiando esto de convertirse en lobo. —Riza estaba a mi lado, pero no me atreví a mirarla. Sabía que estaba desnuda, cuando se convertía su ropa se rasgaba y rompía; ella no podía controlar ese instinto animal, cuando sabía que había peligro cerca ella se transformaba. Me quité la chaqueta de cuero, se la tendí, ella lo aceptó sin decir nada. Al oír el sonido de la cremallera, me di cuenta de que ya había tapado su desnudez y volteé a mirarla. —Gracias.
—Deberías llevar contigo un cambio de ropa, a lo sumo ropa interior. —me burlé de ella. Soltó un gruñido y me reí por eso. Vimos que por el cielo color bordo, unos destellos blancos cayeron al horizonte, era señal de que la tormenta se desataría en cualquier momento, y no sería tiempo suficiente para que el cuerpo se quemara en su totalidad.
El silencio luego del estruendo tomó lugar, observaba como ese amarillo, rojo y naranja se ensalzaban para concretar su destino, al mismo tiempo, no dejaba de pensar en los ojos azules. En todo este tiempo había aprendido mucho sobre los vampiros, así como también, aprendía de mis capacidades para atraparlos. Claro que no pude hacerlo solo, me habían ayudado a cómo enfrentarlos.
Y aunque no era correcto cazar vampiros, como yo suponía, se podían cazar a los que no lo eran del todo: los de clase D hasta F, porque ya no había más clasificación de ellos. Los de dicha clase eran los que no tenían idea de donde estaban parados y terminaban con todo lo que había a su alcance, convertían a otros en los de su clase y se quedaban cuerdos, sin saber a donde ir, sin un propósito en concreto; tan solo matar y alimentarse.
—Ah… Tom. —la voz de Riza me desconcertó del pensamiento, emití un sonido con la garganta para avisarle que la estaba escuchando. — ¿Recuerdas que te dije que iba a decirte algo cuando volviera del sur?
Yo asentí, ella estaba actuando raro conmigo y decidió irse con su jauría hacía el sur. Aunque sabía que necesitaba estar un poco con los de su linaje, ya que ella perdía un poco del control cuando andaba rodeada de humanos. Ella prefería la compañía de lobos a los mundanos.
—Bueno, yo quería decirte que —levanté la mirada, fijé los ojos entre los arbustos que se mecían de forma extraña, pronto los que estaban cerca empezaron a hacer lo mismo. Fruncí las cejas, mi concentración se desató. Comencé a oler algo familiar, Riza dejó de hablar cuando, al parecer, sintió lo mismo. —Mejor, vámonos.
Me tomó de la mano, se aferró a la misma con fuerza y me jaló. Mi brazo quedó estirado, más no me movía del lugar, seguía inspeccionando ese aroma que me transmitía vía ondas una descarga eléctrica y una sensación acalorada. Sentí el tirón de Riza y volteé a verla. Mi campera le cubría hasta por debajo de su trasero, sus piernas desnudas resaltaban con la luz que las llamas provocaban. Su cabello estaba revuelto y me observaba con cierta pena.
Ese aroma no dejaba de fastidiarme, tragué saliva.
Ese aroma solo le pertenecía a alguien. Ese aroma, solo le pertenecía… A él.
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Un cazador… Debe proteger… A los demás.
Me exalté y me senté de repente en la cama. El sol ya estaba fuera del horizonte, las cortinas impedían que los rayos del mismo entraran en su totalidad a la habitación. Miré a los pies, Riza estaba acurrucada como un cachorro que no quería abandonar a su dueño, llevaba una ropa interior mía y una remera que le había prestado. Me levanté como podía, ya que sus manos estaban aferradas a mis piernas y no quería molestarla.
Cuando lo conseguí, me di una ducha rápida y fui a preparar algo para desayunar. A Riza le daría un trozo de carne ya que era bastante salvaje con el tema de la comida; mientras preparaba café, miraba por la ventana. Anoche el entorno se sentía extraño, sabía que él estaba con nosotros en ese momento, sin embargo, prefería ocultarse a dar la cara, aún no comprendía porqué. Y no era la primera vez que lo detectaba, la mayoría de las veces rondaba cerca pero nunca se mostraba, tampoco le hablaba porque sabía que no me respondería.
Juraba que desde esa vez que tuvimos un contacto profundo en aquella habitación, soñaba con esa frase. Estaba consciente de que era un cazador, sabía que mi padre lo era, que mi abuelo también, y su padre, y así sucesivamente. De todos modos, esa frase seguía retumbando, David me decía que solo debía proteger a los humanos, a nadie más, entonces… ¿Porqué seguía recordando esa frase todas las noches? Yo pensaba que tenía que ver con que quería encontrarme con él de nuevo, preguntarle porqué había llegado hasta a mí, ya que por él me había enterado de que era cazador y a lo largo de estos años aprendí a convivir con ello.
—Huelo a carne —me di la vuelta, Riza lucía espléndida por la mañana, cabía destacar que era puro sarcasmo. Le llevé el plato con su alimento fresco, crudo, sin ningún condimento. Lo dejé sobre la mesa y ella saltó como lo que era: una loba. Yo me serví el café cuando estuvo listo y me senté frente a ella.
La miraba mientras clavaba sus dientes con total bestialidad, estaba jugosa, la sangre se quedaba sobre la comisura de sus labios y pronto sus dedos se mancharon también. Ella se dio cuenta del hambre que tenía y me miró, tironeando un poco el trozo de carne, bajó la misma y podía ver que, en esa circunstancia, también podía parecer un vampiro.
— ¿Desde hace cuanto que no comes? —le pregunté con curiosidad, ella bajó la mirada, parecía sentirse avergonzada de comer así frente a mí. Ahora que recordaba, ella tenía algo qué decirme anoche pero mi olfato había logrado que eso no se concretara. Debía saberlo. — ¿Qué querías decirme anoche?
—Ah… bueno, yo —miró hacía la entrada de la cocina con alteración. También lo hice y ella solo volteó sus ojos en mi dirección. —Georg está en la puerta.
Luego de eso, la puerta se cerró y yo me puse de pie. Hagen ingresó con una seriedad indescriptible, aunque así era su cara la mayoría del tiempo, me refería ahora a que estaba mucho peor: parecía estar enojado. Riza aprovechó eso y se tiró sobre sus brazos, él la tomó con firmeza y con su mala cara le observó.
—Hola, cazador. ¿Me extrañaste?
Sospechaba que, no, no sospechaba, estaba claro que a ella le gustaba Hagen. Pero era demasiado raro ver algo como eso, digo, un amor carnal entre un lobo y un cazador, me hacía mucha gracia. Ella se esforzaba por intentar seducirlo, y él, más cargaba con la culpa de la muerte de sus padres, nunca se lo perdonaría. Tal vez por eso se había vuelto quien era, porque no encontraba motivación para estar contento; sí había pensado en la posibilidad de quitarse la vida, pero siempre encontraba la excusa para no hacerlo, y eso era el rostro de su madre en la mente que le decía que no lo hiciera, que siguiera por ella.
—Yo no te extrañaría ni aunque fueras el único perro en la tierra.
Bueno, con eso estaba claro los sentimientos de Georg hacia ella. Ella se alejó de él malhumorada y volvió a la mesa para seguir comiendo su trozo de carne, no me gustaba que fuera tan frío con ella, yo siempre intentaba darle ánimos con respecto a eso.
—Necesito hablar contigo un momento. —me dijo sin más, se dio la vuelta y se fue por donde había venido. Yo suspiré y fui tras él; ambos salimos hacía el jardín trasero de la casa, la mañana era perfecta, corría una brisa de otoño tan armoniosa que daban ganas de quedarse en la cama todo el día.
Esperé paciente a que él comenzara a hablar, estaba seguro que tendría algún mandado para mí con respecto a aniquilar vampiros. Su cabello peinado hacía atrás, dejaba al descubierto esa mirada pálida, con los ojos verdes que no demostraban absolutamente nada, con las cejas levemente fruncidas, me daban la clara sensación de que esta vez era grave. Hagen jamás recurría a mí si no había algo complicado de por medio, parecía que esta vez había algo grande.
—Al Norte hay un nido de murciélagos, clase F. —habló con determinación. —Al parecer no son tan idiotas después de todo, están empezando a juntarse para atacar en grupo.
¿Los de clase F podían hacer eso? ¡Era absurdo! esos últimos eran calificados como… unos zombies prácticamente, todavía los de clase D y E eran más inteligentes, podía ser que alguien los estuviera incentivando, no creía posible la teoría de que ellos mismos pudieran organizarse por su propia cuenta. Empezaba a sospechar de que alguien los ayudaba.
—No llegaste a pensar que…
— ¿Los ayudan? Por supuesto —me miró como si le estuviera haciendo un chiste, estaba hablando con el cazador con más experiencia, se me había olvidado. —Es uno de clase C, mujer para ser preciso.
¿Mujer? Empezaba a recordar a los de clase C, podían manipularlos por medio de la telequinesis: ella podía meter ideas y objetivos en su cabeza, logrando que hicieran lo que ella les pedía. Entendía el enojo de Hagen, tal vez quería llegar a ella pero sus vampiritos hacían lo posible porque eso no sucediera. En esas situaciones, dos cazadores eran mejor que uno.
—Saldré al atardecer, si quieres puedes traer a tu mascota. —comenzó a tantear los bolsillos de aquel camperón que le llegaba por las rodillas.
—No le digas así. —en ocasiones me disgustaba su comportamiento hacía ella, ¿Por qué la trataba de esa manera?
—Ah, se me olvidaba. Tienes una relación amorosa con ese perro.
—Que no es así, ¡Deja de decir estupideces! —Él encendió su cigarrillo y liberó el humo segundos después. —Te veré más tarde, tengo que preparar todo el equipo.
Volví a entrar a la casa, no soportaba la actitud de Hagen a veces, era demasiado tóxico para las personas. Y aún así, la gente le agradecía cuando les salvaba el culo, hasta se había rumoreado que tenía un club de fans. No se tomaban nada en serio el peligro que corrían de hacer eso. Mientras pensaba en eso, ingresé a la cocina y Riza estaba tomando un poco de agua, su plato estaba vacío, ¿Una relación amorosa? No, ella siempre me trataba como su hermano mayor y yo, como la pequeña hermana que nunca tuve. Era totalmente inaceptable que se pasara a otra fase, jamás sucedería.
—Si no tienes nada que hacer, más tarde hay trabajo. —le decía mientras iba a por mi taza de café, le di un sorbo y estaba frío. Lo escupí dentro de la taza e hice una mueca.
—Iré, tengo un mal presentimiento de todo eso. —se levantó y se fue, lucía malhumorada también, ¿Qué había pasado?
Me senté en la silla pensando en lo que Georg había comentado. Vampiro de clase C, no era común que eso surgiera de la nada, quiero decir, esos eran pacíficos y no se ponían molestos a menos que se sintieran amenazados. Era por eso que vivían en los bosques, lejos de la ciudad, preferiblemente al Norte de país donde nadie los fastidiaba; pero que una mujer lograra dominar un grupo, no era para nada buena su intención.
Eran esos momentos, en los que necesitaba más respuestas que preguntas. Jamás podía vivir satisfecho de lo que me rodeaba, tenía dudas e hipótesis pero nunca algo concreto de lo que quería saber. Se suponía que los cazadores sabían todo, mi caso era especial, no sabía la mitad de mi vida, tampoco sabía como funcionaba todo este mundo. De tanto pensar en eso, cerré mis párpados y me apoyé bien en el espaldar de la silla para sentirme más cómodo; pronto comencé a relajarme.
—No te asustes… Solo quiero cerciorarme de que estés bien.
Abrí los ojos de repente, él estaba cerca, cada que recordaba alguna de sus pocas palabras que me había dicho era porque lo tenía a pasos de distancia. Aún así yo no le pedía que se presentara, ni tampoco había intentado volver a él porque él lo hacía primero. Y era que estaba con hartas ganas de volver a verlo que me acobardaba al segundo de llamarlo, no sabía si su presencia me hacía sentir nervioso o era porque no quería que Riza se pusiera en plan de hermana defensora. Ella no quería que ningún vampiro se acercara a mí, porque decía que eran traicioneros y que podían manipularme para poder sacarme la sangre que llevaba dentro de mí.
Lo peor no era llamarlo, podía hacerlo, pero no sabía su nombre. Tantos sueños y susurros tuve en estos años que jamás pude saber cómo se llamaba, ni siquiera podía imaginarme uno, porque pensaba que no quedaría bien con su imagen, así que me guardaba las opciones. Esperaría al día en el que decidiera aparecerse frente a mí, en vez de seguirme los pasos para ver qué hacía. De todas formas, me sentía a gusto que lo hiciera, porque por lo menos no me encontraba solo.
Pensaba que no era un vampiro a veces, sino que en realidad era un ángel que vigilaba mis movimientos. Luego recordaba sus colmillos y los ojos azules, por lo que caía en la cuenta de que solo era un ángel disfrazado, debajo de esa apariencia inofensiva se ocultaba un purasangre. Riza nunca quiso decirme a qué clase pertenecía, yo sospechaba que sabía sobre él, desafortunadamente jamás pude conseguir algún tipo de información. Se negaba.
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Mis manos estaban lastimadas de tanto trabajo, por suerte ya había terminado y me daba tiempo para prepararme y juntarme con Hagen para ir hacía el Norte. La verdad era que no estaba para nada entusiasmado con eso, ¿Quién lo estaría? Solo íbamos a terminar con otro vampiro más, ese era nuestro destino en esta vida. Solo debíamos seguir el camino que nos habían dejado desde el primer día que llegamos al mundo.
—Déjame limpiar eso. —Riza apareció en la habitación con gazas, vendas y un poco de alcohol para desinfectar. Yo me encontraba sentado en la cama y ella se acomodó en el suelo, cruzando sus piernas una sobre otra, soltando una sonrisa amistosa. —Deberías usar guantes para armar las balas-estacas.
—Sabes que lo detesto, me siento incómodo, ya hemos tenido esta conversación por años. —le decía mientras colocaba la palma de la mano hacía arriba, ella vertió el líquido sobre la gaza y comenzó a limpiarla, me aguantaba el ardor y solo me limitaba a apretar los dientes. Acariciaba mi piel con el material mientras que yo no dejaba de mirar la concentración que tenía al hacerlo.
—Lo sé, pero me gusta recordártelo. —me observó con burla, me sacó la lengua y yo me reí por eso. —Quisiera ayudarte con eso pero soy demasiado torpe, lo sabes, ¿Recuerdas esa vez que quise cortar un pequeño tronco y me enojé al no conseguirlo como se debía?
A Riza no le podía pedir que las cosas se hicieran de forma adecuada, ella siempre hacía todo a lo salvaje, rompiendo todo, destrozando por completo lo que tenía a su alcance. Pero era gracioso verla molesta con lo que no podía lograr, ya que lucía como un cachorro; no, no era mi mascota, se había convertido en mi hermana menor, y yo debía protegerla, aunque la mayoría del tiempo era al revés. Yo debía asegurarme de que no le lastimaran el corazón, porque intuía de que estaba enamorada, y que era de Georg, pero él no la veía de esa manera, solo como un perro que intentaba defender a su amo.
— ¿Podrás soportar el viaje al lado de Hagen? —le pregunté, ella ya me estaba vendando la mano.
— ¿Y por qué no? No me molesta en absoluto, y entiendo que me trate como lo que soy… —se quedó en silencio por un momento. Suponía que había metido la pata. Su mano que sujetaba la mía hizo algo de presión y yo me incliné un poco más para verle de cerca. —Ah… Necesito decirte algo importante, y espero que no salgas corriendo.
Asentí, la distancia la manteníamos y parecía que se estaba poniendo algo nerviosa por eso, bajó la mirada y continuó limpiando la mano que faltaba. Por ninguna circunstancia volvió a mirarme, yo solo esperaba que me dijera esa cosa tan importante que tenía guardado; probablemente tendría que ver con su jauría, o tal vez me pediría ayuda para que Hagen no sea tan grosero con ella.
—Mira, durante un tiempo he llegado a considerarte alguien importante en mi vida —Suspiró y yo no estaba entendiendo nada de lo que me decía. —Tom, me gus…
— ¡¿Están aquí?! —La puerta se abrió de todo, Hagen ingresaba con una mochila al hombro y un bolso en su mano, ¿Acaso nos íbamos de campamento o algo? Me puse de pie de inmediato, alejando mi mano de la de Riza, la venda colgaba, ella no había terminado de cubrirla con la misma. —Ah, ¿Estaban en algo importante?
—Ah, claro que no. Solo me estaba vendando la mano. —le sonreí pero él no me devolvió la acción, parecía estar apenado por algo. —Muy bien, ¿Nos vamos?
El temperamento de Hagen variaba según los días, a veces podía ser pacífico y otras se portaba como el diablo que era. Al final, no pude oír lo que Riza quería decirme, ya que en el momento en que lo estaba diciendo, Hagen había interrumpido la ocasión. Los dos salimos de la habitación y bajamos las escaleras, después tendría tiempo de hablar con ella, ahora teníamos que enfocarnos en ir hacía el Norte, donde nos esperaba un grupo de chupasangres y la abeja reina que los manipulaba.
Hagen y yo estábamos en la cabina, Riza iba detrás porque prefería estar sola, no entendía ese cambio de actitud tan repentino. Todo era silencioso en el trayecto, yo más me sumergía en los recuerdos y en mantener el vehículo en la carretera, a mi lado Georg leía un libro, se rehusaba a utilizar las gafas siempre, así que solo se las colocaba cuando debía leer algo. Yo miraba por el espejo retrovisor, de vez en cuando, a Riza. Ella estaba cruzada de brazos en el sector de carga, su cabello se movía debido al brusco viento, se encontraba seria, parecía estar pensando en algo. Me gustaba más cuando ella sonreía, porque realmente se la veía muy linda.
— ¿No te encontraste con el vampiro? —la pregunta de Hagen me hizo poner atención hacía adelante, le contesté que no y él cerró el libro. — ¿No crees que es muy raro que se te haya aparecido de la nada, y ahora ni siquiera se digna a hacerse presente?
—Tendrá sus razones. —él siempre me preguntaba por el vampiro, con constancia quería saber quién era, y aunque yo le había dado una descripción física exacta, él quería verlo con sus propios ojos. Yo no sabía si pensaba que ese sujeto podría ser el causante de su fría actitud, sabía que sus padres habían muerto cuando intentaban protegerlo de pequeño, pero no creía que él fuera el autor de la pérdida de su familia. —No parece de los lunáticos.
—Oh, claro. Pero te persigue a todas partes. —volteó a mirarme. — ¿Estás seguro que era un vampiro? Porque puede ser que hayas estado ebrio y en realidad es una mujer obsesionada por acostarse contigo.
—No digas tonterías, no era una mujer — ¿Lo era? Bueno, podía ser que tenía algún aspecto andrógino, pero estaba seguro de que era un hombre.
—Y creería que no es la única mujer que anda tras de ti. —ahora adoptaba nuevamente la seriedad. Sabía que no tenía tiempo para una relación, y que no tenía un club de fans como él, ¿Porqué decía eso? —No te hagas el idiota, Riza está pisándote los talones desde que les conozco.
Me eché un carcajada, ¿Cómo podía imaginarse algo así? La confusión y la relación de hermanos adoptivos que tenía, podía ser que haya influido en su hipótesis, pero no era cierto lo que decía. Dejé de reírme instantes después porque parecía un idiota. ¡Era imposible eso!
—Hagen, ella solo es como una hermana para mí, jamás me vería como alguien más que eso.
Dicho eso, seguí conduciendo durante unas dos horas, el hambre empezaba a ganar lugar en todos nosotros y Riza ya empezaba a ponerse molesta. Nos detuvimos en un parador que casualmente estaba cerca, todos descendimos y decidimos comer un poco ya que debíamos seguir con el trayecto. No había tiempo para dormir esta noche.
Continúa…
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