«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki

Capítulo 8 (P.1)

— ¡Tom! —Al escuchar eso, me levanté del rincón en donde me encontraba acurrucado. Desorientado corrí hacia la entrada del refugio, golpeando con todo lo que había en mi camino, importándome poco si se rompía o algo, este lugar no era mi hogar de todas formas.

Me choqué bruscamente contra la puerta, efectuó un sonido estúpido acorde a mi tropiezo, volví a escuchar el grito pronunciando mi nombre y reaccioné por segunda vez en menos de un minuto. Abrí la puerta y me encontré con una helada acribillante, la mañana del veinte de Diciembre nos azotaba sin pudor; castigando a todo ser vivo, y otros no tanto, que transcurriera por las tierras. El frío que me envolvió me hizo estremecer de repente, me abracé e intenté buscar con la vista a la responsable del grito.

Riza estaba un poco lejos del refugio, me miraba con ojos preocupantes, algo asustada. Empecé a correr con todo lo que podía, sintiéndome torpe al caer de rodilla en rodilla debido a la nieve acumulada en una noche. No comprendía demasiado pero estaba seguro de que algo bueno no era; pronto caí en la cuenta de que había estado solo en el refugio, ni siquiera el vampiro estaba a mi lado cuando desperté. ¿A dónde había ido?

Cuando llegué, Riza parecía estar más aliviada pero me encontraba agotado de tanto esfuerzo empeñado. Ella dejó que me recuperara de la maratón más difícil de mi vida y al poder componerme, le pregunté qué había sucedido.

—Bill se ha ido, ¡Se fue muy rápido! —Estaba muy alterada, parecía que eso había sucedido recientemente, ya que ella se encontraba también un poco agitada al igual que yo. —Estábamos tranquilos y yo…

Miró de forma repentina hacia adelante, por donde no se diferenciaba el horizonte del cielo. Todo era blanco y la nieve hacía más difícil que pudiera ver con claridad en su dirección, se quedó callada, siendo interrumpida por su olfato. La alteración había desaparecido, ahora se mostraba más sumergida en aquel rastro que otra cosa, eso me estaba advirtiendo de algo, así que yo también puse en práctica el don. Pero a diferencia de ella, lo único que podía percibir era el olor a agua estancada, a hojas y a una leve pizca de… Sangre.

—Un mundano se está acercando —Decía ella mientras husmeaba, caminando unos cortos pasitos adelante, sintiéndose un animal al acecho. —No, no es un mundano… Es un brujo.

— ¿Un brujo? —Le pregunté, ella cerró sus párpados para tener más precisión, parecía esforzarse. Yo no tenía la capacidad de detectar brujas, solo vampiros. Ese era el defecto, pero para eso siempre estaba Riza, su instinto animal nunca fallaba. — ¿Estás segura?

Un viento hacía que nos pusiéramos más cerca, ella se acurrucó sobre mi brazo y yo la protegí. Algo venía con dicho viento, pronto percibí que Bill estaba cerca, comencé a mirar por todas partes, tratando de conseguir el lugar por donde iba a regresar. Riza me golpeó el pecho y lo pudimos ver a lo lejos. Venía en mi camioneta, atrás, en la sección de carga como todo un rebelde desafiando las bajas temperaturas. Aunque los vampiros no tenían ningún problema con los días congelados, para ellos el invierno era un manjar.

El vehículo iba a velocidad media por la cantidad de nieve, mi camioneta siempre aguantaba todo tipo de terreno, por eso era mi preferida. Georg debía estar en la cabina conduciendo, tal vez Bill solo quería asegurarse de que no fuera un intruso quien se atreviera a invadir el refugio; de haber sucedido eso, él hubiera aplicado sus métodos para que no llegara a meterse conmigo. Otra vez el sentimiento de intolerancia me invadía, no me gustaba ser el niño indefenso, yo tenía con qué defenderme, eso era bastante certero.

— ¿Y si quiere matarte? —Preguntó Riza separándose de mí, yo negué con la cabeza. Era totalmente absurdo que Georg hiciera eso, siempre fuimos buenos compañeros y no creía que viniera a por mí por una recompensa que duraría lo mismo que agua escurriéndose por las manos. —Voy a estar preparada para lo que sea.

—Riza, no va a suceder nada —le susurré y ella se mostró enfadada, parecía que esa idea de la traición comenzaba a tomar lugar en ella.

Instantes después, la camioneta estuvo cerca de nosotros. El vampiro descendió de un increíble salto, sin miedo a romperse alguna uña, y aterrizó como solo los vampiros podían hacerlo: dejando una impecable impresión. Todos se reunieron, la mundana se dejó ver, y con ella, una extensa sonrisa se asomó a su rostro apenas me vio. Por otra parte, Moritz iba serio como de costumbre, cerró la puerta y guardó las llaves en su bolsillo.

— ¿Quieres café? —preguntó la mundana. Comencé a pensar que, tal vez, ella acompañó a Hagen a todos los trabajos acordados para cada cazador; eso podría explicar la seriedad de mi compañero y el entrecejo fruncido permanente que siempre llevaba.

—Jamás comprendí cómo es que sacas agua caliente para un termo con café. —le decía con total confianza. Bueno, al menos había podido establecer algún tipo de relación con la mundana, y no la había ignorado como suponía. —Qué bueno verte vivo, amigo.

Extendió su mano y sonrió forzosamente, estrechamos nuestras manos y la mundana me tendió la tapa del termo, que servía como taza, y veía como un aromático café me saludaba con calidez. Lo recibí amablemente, como si fuera un saludo y ella solo se acomodó el cabello debajo de esa gorra de lana color rosa, que resaltaba el color de sus mejillas y la piel pálida que poseía. Observé de reojo a Riza y ella no tenía buena cara, inspeccionaba con la mirada a la nueva mujer que se entrometía en su vida. Ella siempre veía a las mujeres como competencia, no quería que ninguna otra tomara su lugar, y parecía que la mundana había ganado uno en la tabla de posiciones de Hagen, lo que me llevaba a recordar que yo, antes, pensaba que se gustaban, o que a ella le gustaba. Debía agregar, que la mundana solo miró de reojo también a Riza, evitando el saludo. Aunque mi amiga tampoco se le había movido el dedo para ser amable; todo esto traería consecuencias después, pero Riza solo quería poner a prueba a la mundana, siempre era así.

Comenzamos a hablar mientras ingresábamos al refugio, Riza avivaba el fuego dentro de la chimenea que había dentro de esa antigua casita. Bill estaba apoyado cerca de la ventana, concentrado en el exterior, alerta a cualquier cosa que se presentara. Georg me comentaba el movimiento que estaban haciendo los cazadores, él había dejado rastros falsos para que no lo siguieran, porque ellos sabían que él vendría a buscarme. La mundana parecía acoplarse a las ideas de Moritz, yo más veía una fascinación por tener de compañero a un verdadero cazador.

— Todos se han vuelto en tu contra, Tom. —decía él mientras fumaba tranquilamente. —Realmente me sorprende la cantidad de personas, porque no solo los cazadores y vampiros han creado lazos para encontrarte, sino que, además, tu captura ha llegado a manos de los mundanos. Así que… como decirlo: todo el mundo quiere tu cabeza.

No me gustaba la idea de ser el centro de la tierra, yo no había elegido ser el pilar principal, no quería que todos supieran de mi existencia. Pero, seguramente, mis antepasados habrían pasado por algo similar: recordaba momentos en los que era perseguido por caballeros andantes, una turba furiosa de campesinos, una horda de policías de Londres, un grupo pequeño de sujetos con barbas largas, trenzas y ropas que les aplastaban las barrigas, infestados de alcohol y aperitivos. Mi destino era el mismo, y eso solo podía significar el único y repetitivo desenlace: mi muerte. Una jodida muerte anunciada.

Bill tenía razón, todos se volverían contra mí. No quedarían amigos, me quedaría sin nada, solo y con la poca esperanza de sobrevivir. Sin embargo, no tenía miedo a morir; estaba esa parte de mí que me decía que era costumbre hacerlo, ya que volvería en otro cuerpo, Bill me buscaría y tendríamos que atravesar lo mismo, para volver a repetirlo. Eso, eso era intolerable. Ahora comprendía a Bill, él no quería volver a buscarme, no porque no quisiera, sino porque todo terminaría de la misma manera; él estaba cansado de advertirme, y aún tomando esa precaución, yo moría.

Una sensación apesadumbrada se instaló en mi espalda, tensando todos mis músculos, haciendo que me doliera y me molestara. Debía hacer algo para evitar ese caos, ya no quería que Bill sufriera mi muerte, y que tuviera que esperar otra generación para poder amarme y corresponderle. Tenía que buscar a Bart, y ponerle punto final.

&

La tarde corría sin prisa, dentro del pequeño refugio se encontraban las personas a las que les podía confiar mi vida y lo que estaba sucediendo, el vampiro les contó todo lo que él sabía y lo que los otros desconocían. Ahora todo dependía de su confianza y de mí; Georg había escuchado que Bart también andaba tras de ellos para llegar a mí. Y todo porque ya debía concluir el ciclo de mi vida.

El sol brillaba y brindaba todo el calor que podía, pero el viento ganaba la batalla azotando a todo lo que encontraba a su paso. El cielo completamente azul no daba indicios de que volvería a caer nieve, aunque fuera por un rato. Me encontraba algo lejos del refugio, caminando por la nieve que brillaba como azúcar debido al reflejo del sol, Riza iba unos pasos adelante, juntando lo que fuera necesario para quemar en la chimenea; ya había quemado todo tipo de mueble que encontró en esa casita y ahora debíamos hacer todo a la antigua. Iba a pasos agigantados, como si estuviera molesta, resoplaba a cada tanto y tenía las cejas fruncidas en todo momento. Yo solo la miraba mientras se hacía mala sangre por su cuenta, algo le pasaba y estaba luchando con ella misma por decirlo.

— ¿Será posible encontrar algo decente? —decía a regañadientes. Se quedó de cuclillas frente a un gran árbol desnudo, golpeó el puño contra la corteza y yo seguí sus pasos; tenía que saber lo que sucedía por su cabeza y sabía que ella me iba a contar si tan solo le preguntara. Era como si armara una escena para que uno se preocupara por ella.

— ¿Vas a decirme qué sucede? —le pregunté cuando me encontré detrás de ella, mi sombra la cubría ya que el sol estaba a nuestras espaldas. Ella resopló y bajó la cabeza, el viento no paraba ningún segundo, todo era tan frío pero el sol nos mantenía algo cálidos.

— ¿Qué voy a decir? —me contestó, comenzó a hacer un pozo con sus manos. Tal perro escondiendo un tesoro. —De todas formas nunca me escuchas.

—Bien, ¿Qué tienes para decirme ahora? —me crucé de brazos, sonriendo pero era obvio que ella no podía verme. Siempre se le ocurría suposiciones erradas, o tal vez se molestaba de las personas que se me acercaban, se ponía en plan de celos cuando eso ocurría.

—No tiene caso. —golpeó la nieve con sus manos y se puso de pie, alejándose un poco de mí. Se giró y me observó con un rostro extremo de incertidumbre, se barrió unos mechones que estorbaban su vista y dejé de mostrarme gracioso. —Cuando me creas será demasiado tarde.

—Ya te dije que no me vengas con el misterio —pateé un poco la nieve y puse las manos en el bolsillo de mi pantalón. Ella tomó una gran bocanada de aire, asintió por un instante y se mojó los labios para tomar un poco de valor.

—Te dije que percibí a un brujo, sin embargo, solo apareció el vampiro, Hagen y… esa mundana —decía con indiferencia, la arrogancia al nombrarla me hacia dar cuenta de que tenía celos. —No quiero ser mala ni nada, pero no fue bueno que hayan contado todo a esa persona, ¿Y si es una bruja?

—Claro que no lo es, Bill lo hubiera detectado.

— ¿Y si usó alguna de sus brujerías? ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? ¿¡Y si es una espía y le informa a Bart!? —la histeria comenzaba a surgir en ella, se abalanzaba a mí con el dedo acusador, señalándome como el culpable, yo trataba de frenarle la alteración apoyando mis manos sobre sus hombros. — ¡No estamos seguros a su lado! ¡Tenemos que deshacernos de ella ahora mismo!

—Calma, calma Riza —intentaba detenerla, cuando se ponía en ese plan todo se tornaba feo alrededor. Lograba convertirse y se descontrolaba por un instante. Acariciaba sus hombros para que pudiera ponerse en equilibrio, ella parecía salir de ese rencor que la estaba comiendo con suma rapidez y parpadeó para luego mirarme fijo. —Todo irá bien, ella nos dijo que es pariente de Cuvier; y si no fuera quien es, Hagen nos hubiese avisado.

—No lo entiendes, yo sé que ella no es quien crees que es —resopló y miró a otro lado, aún la sostenía. En otras circunstancias, esto parecía una discusión de pareja, rápidamente me di cuenta de que Riza se podría sentir incómoda con la situación, así que la liberé despacio de mis manos. —Voy a estar pendiente de esa mujer, no le tengo nada de confianza.

—Estás exagerando un poco las cosas.

— ¡No, tú eres el que está exagerando al confiar en alguien como ella! Ni siquiera la conocemos. —Otra vez desataba la alteración. — ¿Acaso crees que por ser pariente del gran Cuvier, ya sabes todo de su vida? ¡Agh, a veces me enfermas de lo ingenuo que eres!

— ¿Tom? —ambos nos giramos y veíamos como la mundana me saludaba con la mano en alto y una radiante sonrisa, le devolví el gesto y comenzó a venir hacia nosotros. — ¡Te están buscando allí dentro!

Daba pequeños saltitos por la nieve, temiendo de caerse mientras señalaba atrás, donde estaba la casita que servía de refugio; usaba sus brazos como equilibrio, dejando sus dedos extenderse como si quisiera bailar danza clásica. Riza susurró algo como queriendo irse y me golpeó el pecho con su puño, comenzó a retirarse, la búsqueda de leña para el fuego quedaría en suspenso por el momento. Las dos mujeres iban enfrentadas, Riza caminaba conteniendo la ira; pasó por su lado y le golpeó de forma brusca el hombro de la mundana, ella dio un leve quejido y Riza le gruñó, mostrando una mirada enfurecida. Siguió su camino y la mundana estaba asombrada de aquello.

La mundana se sobó el hombro con una expresión de dolor, todo en ella era adorable. Al principio la había juzgado, ella se mostraba como una poderosa mujer pero, después de conocerla, me daba cuenta de que solo era una primera impresión. Caminé un poco y los dos nos encontramos, ella se acomodó el cabello mientras me sonreía, entrecerraba los ojos debido a los rayos del sol.

—Veo que tendré que ganarme su confianza. —Se colocó las manos en el bolsillo de su campera y miró por donde Riza había desaparecido. —Sé que le caigo mal, a simple vista pude notarlo.

—No, no es eso. —decía mientras intentaba sacarle esa idea acertada, ella tan solo se mostraba simpática. —Es que siempre fuimos los tres. Ya sabes, Hagen, ella y yo; hasta tuvo incomodidad de la presencia de Bill antes de que llegaras al grupo. No está acostumbrada a estar rodeada de muchas personas.

—Tom. —Ella se rió. —No trates de cubrirla, sé que es difícil, como mujer, aceptar que otra invada su territorio… Pero descuida, no quiero hacer eso. Tan solo quiero ayudar, es todo.

Ella parecía detectar las cosas con tal de ver las actitudes de las personas, eso me impresionaba un poco. Yo siempre había tachado a los mundanos de gente que se las daba de saber todo, pero en realidad ni sabían si un vampiro estaba mirándolos a los ojos, saboreando en su interior la sangre que les recorría por las venas. Andaban por la vida queriendo ser mejores, cuando no sabían todo el peligro que les rondaba por las narices.

—Bueno, creo que es mejor que sepa qué quieren —dije para cortar con la conversación, empecé a caminar y ella corrió hasta ponerse frente a mí, me detuvo con una sola mano. Le quedé mirando de forma extraña. — ¿Pasa algo?

—Ah, es que —Carraspeó y sentí sus nervios en la sonrisa que me lanzaba. —Era una broma de que te llamaban, quería que Riza nos dejara solos por un momento. La verdad es que… Quiero practicar contigo una técnica que me ha enseñado Hagen. ¿Puedo?

Me miraba con una sonrisa compradora. Sabía que tenía una clara obsesión por ser cazadora pura, como también sabía que se esforzaba por ser una, aunque solo fuera en las estrategias y la manera de matar vampiros. No podía cortarle el sueño, no podía ser yo quien le arrebatara las alas de la libertad. Accedí a su petición, entonces ella me dijo que me pusiera en posición; cuando los dos estuvimos listos, ella se concentró, me dijo que la atacara y eso hice. La ataqué por el lado derecho, estableciendo un golpe directo, pero ella lo detuvo con su mano izquierda y me dio un rodillazo con la derecha, enviándome para atrás, retrocediendo de forma bruta. Me quejé un poco ya que había sido algo fuerte.

—Vamos, eso fue solo un calentamiento. —decía ella, ahora había dejado aquella actitud de niña tierna y me animaba con sus manos, como si fuera un profesional del ring desafiándome a continuar. —Olvídate que soy mujer, pelea conmigo.

—Si eso es lo que quieres. —le dije con la respiración agitada, me recuperé del golpe y sacudí mi cabeza. Con la nieve era un poco difícil moverme, así que comencé a preparar mi cerebro para poder mandar las señales tan rápido como pudiera, y que reaccionara al instante.

Logré ponerme en posición, caminábamos formando un círculo, estudiaba los pasos que daba y la manera que tenía de poner las manos. Estaba claro que le habían enseñado a pelear, la determinación y la confianza se notaba en la intensidad de su mirada; ella sabía lo que estaba haciendo y lo que podría llegar a hacer. Comencé con amagues, deslizando mis puños de un lado a otro, tratando de confundirla, si ella quería que peleara entonces lo haría. Cada movimiento que efectuaba lo usaba para acercarme más, cuando estuve a la distancia acordada, tomé impulso y establecí un gancho con la izquierda, ella lo evitó saltando para atrás. Lo deduje y avancé rápido para darle con el puño derecho directo en la costilla.

Se cayó a un costado de forma torpe, yo seguí en mi posición de defensa. Antes de que pudiera establecer otro movimiento, la mundana ya se estaba abalanzando sobre mí como si fuera un jugador de rugby profesional. Pronto la idea de práctica se llevaba a otro nivel. Mi cuerpo impactó contra la nieve y ella se sentó sobre mi tomando de mi cuello con ambas manos, las mismas tan frías como el agua de invierno. Comenzó a presionar con dichas manos, tan pequeñas pero potentes sobre mi piel, entonces inició la batalla.

—Pelea conmigo, Tom. —decía entre dientes, tenía una sonrisa difícil de calificar, no sabía si era de diversión o de felicidad. —Quiero ver cómo peleas, así aprendo de ti. Haz de cuenta que soy… Que soy Bart, ¿Cómo pelearías?

En ese momento, todo lo que el malnacido estaba haciendo para terminar con mi vida cruzaba por mi cabeza. Las lágrimas de Bill y las incontables veces que moría en sus brazos se hacían presentes, las centenares de visitas nocturnas que él hacía para decirme que no quería volver a lo mismo, pero al final siempre sucedía.

La garganta comenzaba a picarme, el aire me faltaba y sentía las venas de mi rostro hincharse, sus pequeñas malditas manos me estrujaban tanto como podían, quería decirle que parara pero no me dejaba hacerlo, ya que me cortaba el aliento y no podía respirar. Sentía toda mi cabeza caliente, un sofocante aire que no me dejaba continuar. Reaccioné enseguida y le pegué un puñetazo en el torso del lado izquierdo, ella me soltó y yo me puse de pie de inmediato. Ahora no podía estar tranquilo, toda la ira y la impotencia de no lograr algo en todos estos años venían a mí.

La mundana se levantó y saltó sobre mí, parecía un animal descontrolado. Le grité que frenara, pero cuando lo hice ella se volvió a abalanzar y caímos de nuevo. La posición anterior tomó lugar y sostuvo mi cuello; comenzó a estrujarme de nuevo, y esta vez de forma intensa, por lo que mi cuerpo ya no podía responder. Empecé a tener vagos recuerdos por mi mente, ¿Acaso esto estaba sucediendo? Todo se me volvía algo distorsionado, la mirada de la mundana me recordó a miles de rostros, pero no sabía porqué. No tenía nada que ver con los otros, pero igual me los rememoraba, ¿Qué era esto?

Su rostro desapareció de mi panorama, sentí una alivio tremendo, como si hubiera vuelto a vivir. El aire ingresó a mis pulmones y todo retomaba su lugar. Oía la risa de la mundana y la voz de Bill que demostraba preocupación; giré la cabeza y la pariente de Cuvier se reía mientras golpeaba su pecho, su rostro estaba enrojecido y el vampiro me observaba con suma preocupación. Corrió hacia mi y me ayudó a sentarme. ¿En qué estaba pensando?

— ¡Estás loca mujer! —le regañaba el vampiro. — ¿Qué querías hacer?

—Solo estaba practicando la técnica nueva que Hagen me enseñó. —decía más calmada. —Lamento eso, Tom. Es que todo se salió de control y me lo tomé muy en serio.

Efectué señas con la mano diciendo que todo estaba bien, pero para Bill no. Él le dio uno de esos sermones de madre, mientras tenía su mano apoyada sobre mi pecho, queriendo protegerme. Yo solo sonreía y le decía que todo estaba bien pero eso no le calmaba para nada; comenzamos a ir hacia el refugio y sentía el cuidado que me brindaba. Parecía estar un poco asustado, ahora me sentía algo desorientado debido a la práctica, pero sabía que él se estaba preocupando mucho, tal vez pensaba que me iba a perder por una lección a la mundana.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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