«Wünschen». Temporada I

Capítulo 10: Moneda

No estábamos en nuestros puestos de trabajo, no teníamos el uniforme encima, todo el personal de la taberna se encontraba en una fiesta de bienvenida al año nuevo. Dieter invitó a todos los clientes y amigos más cercanos, yo había invitado a Andy pero él no podía asistir, ya que se había ido de vacaciones por una semana junto con Blas a España. Me llamaba a cada rato para decirme que la próxima iríamos a España los dos porque era un buen lugar para vacacionar.

Me daba algo de pena que nosotros disfrutáramos del evento, y que los mozos trabajaran; era como una empatía, sentía el cansancio entre mis hombros o la forzada sonrisa que debían lanzarle a los desconocidos. Quería ayudarles, sin embargo, Sylvia me decía que no, que intentara disfrutar de la noche.

— ¿Qué se siente salir con un productor? —me preguntó ella, fruncí el entrecejo y le miré, dejé la copa en la mesita que estaba cerca de nosotros.

—No me fijo en eso —mojé mis labios y tragué saliva. —Es como salir con una persona normal.

— ¿No te fijaste en el guitarrista o el manager? —me miró con mala cara. —Escuché que ganan mucho.

— ¡Ay, Sylvia! —exclamé con fastidio. —Eres una interesada.

Ella elevó sus hombros, ofendida, y se limitó a beber su cocktail. Parecíamos el grupo de perdedores situados en la esquina del lugar, Zira aún no había llegado y Dieter andaba saludando a las personas junto a su mujer. El personal de cocina se encerraba en su pequeño círculo, todo porque no soportábamos los chistes de cocina… Y era que ellos se reían de uno que tenía que ver con la cuchara y un listón negro, ¿Qué era gracioso? Solo los cocineros lo entenderían. Pero quitando eso, eran unas buenas personas y estaban a pasos de distancia de nosotros.

El lugar era demasiado elegante, y yo con mis fachas de rockstar parecía un pequeño leoncito queriendo revelarse contra sus superiores. No me podía vestir normal, no estaba en mi naturaleza, ya lo llevaba en la sangre; bueno, ya andaba exagerando. La música era un poco melancólica, me recordaba a las tardes invernales que pasaba con Benjamín, después de haberlo hecho, mirando el techo como si no hubiera otra cosa qué hacer, y era verdad, no había otra cosa. Logró sacarme un suspiro y decidí beber un poco más para ahogar esa memoria, no debía acordarme más de él, sin embargo, cada música o momento hacía retornar esos recuerdos como fantasmas.

— ¡Mira, al fin llega Zira! —me codeó con entusiasmo, miré en la entrada del lugar y me atraganté un poco al ver quién lo acompañaba.

Sylvia me palmeó la espalda para que me compusiera pronto. Me había olvidado el detalle de que Zira y Alex eran como los mejores amigos de la historia, maldita sea la hora en la que no me había dado cuenta de ello. Eché otro suspiro al encontrarme bien, me agarraron unos nervios al ver que Alex sonreía y saludaba a todos con esa simpatía de siempre. Había pasado tiempo desde que le dije que no me buscara, pero ¿Por qué seguía en Alemania? Bueno, no iba a meter la idea en la cabeza que era por mí, yo no era de esos que se sentían el centro de todas las personas, así que rápidamente tomé la idea de que era por trabajo que permanecía en el país. Muy bien, Bill, esto tenía que ser otro desafío de la vida.

Sylvia sabía que mi relación con Alex había terminado, y cuando la miré me sonrió con picardía, ¡Maldita! Ya sabía que había confabulado con Zira para armar este reencuentro, ¿Por qué me hacían esto? ¿Qué iban a ganar? Aclaré mi garganta y tenía esa presión que lograba ponerme bastante ansioso. Yo que quería estar tranquilo y pacífico, y justo él miró para nuestro lado. Acababa de desatarse el infierno, en el sentido de que tenía calor por los nervios. Mi compañera le saludó con la mano, toda contenta, pero sabíamos que se estaba poniendo borracha, porque la muy blanda se ponía ebria con dos copitas nada más.

— ¡Chicos! —sonrió y yo me crucé de brazos aún sosteniendo la copa en una de mis manos. Ellos vinieron mientras saludaban algunos, Alex no despegaba los ojos de mí y yo a duras penas le sostenía la mirada, me ponía inquieto. El transcurso hasta nosotros fue eterno, yo retrocedía pero maldecí cuando mi cuerpo chocó contra la pared, no había marcha atrás, esto me decía que debía enfrentar la realidad.

¿Pero por qué me ponía así? Yo le había terminado de cortar, yo le puse punto final a la relación, ¿Por qué me ponía nervioso? Sylvia me echó una mirada e hizo señas con sus ojos por la presencia de Alex, le miré de mala gana, deduciendo el jueguito de esos dos. Pronto me las pagarían.

— ¡Aaaalex! —se emocionó la zorra de Sylvia y yo sentía que mis manos temblaban, las presioné contra la campera para que no se notara. Ellos se dieron un abrazo y yo saludé a Zira, pero el abrazo que nos dimos tardó más.

—Te voy arrancar la yugular con los dientes por esto. —mascullé, y froté su espalda. Nos separamos y… El momento había llegado.

—Ah… Sylvia, ¿Por qué no me acompañas? Te voy a presentar a alguien —habló Zira con dobles intenciones, miré a otro lado queriendo hacerme el tonto pero no podía, había algo dentro de mí que obligaba la vista a que observara a Alex.

—Espero que tenga dinero. —dijo mientras él le tomaba de la muñeca y se la llevaba, tanto Alex como yo fijábamos como se iban los dos. Y en un coordinado movimiento, los dos nos miramos a los ojos.

Retrocedí un poco y bebí de la copa, estos nervios ya me estaban matando. Para colmo, nos encontrábamos en una esquina y no podría escaparme tan fácil si quería salir con prisa, ¡A la mierda! Estaba condenado.

— ¿Y cómo estás? —habló él, era muy raro cómo nos veíamos para el mundo. Él era un poco más alto que yo, por lo que siempre le observaba desde abajo y me sentía pequeño. Estaba como siempre, su barba afeitada al punto exacto donde lo quería, tenía sus gafas de marco oscuro y el cabello un poco revuelto. Llevaba vestimenta acorde al evento, en eso éramos diferentes; yo tenía mi propio estilo y él el suyo, sin embargo, eso no nos importaba a la hora de amarnos.

Amarnos.

—Eh, muy bien —hasta mi voz sonaba sumisa ante él, me incomodaba. — ¿Y tú?

—Un poco estresado, ya sabes, la campaña no tuvo tanto éxito.

Cierto, la campaña. No me había llamado tampoco para eso, suponía que no quería molestarme; y seguramente creía que iba a ser incómodo para los dos hacer aquello. Me sentí culpable entonces, algo no había logrado en mi lista de tareas, y cuando eso sucedía, me entraba una desesperación tremenda. Bajé la mirada, fijando el suelo, no era nada bueno eso. No me gustaba cuando no cumplía, era frustrante y me hacía sentir el más miserable de la tierra.

—Lo siento. —solté en un susurro. —Me hubieras llamado de todas formas.

—No, Bill —me dijo en el mismo tono que yo. —No iba a soportarlo, y tú tampoco.

La escena en la que le cortaba la relación en el auto se hacía presente, volver a ese instante me hizo sentir un poco débil. Mis labios comenzaron a temblar por la angustia y mis ojos me picaban un poco, no debía llorar. ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Cómo era capaz de retomar una conversación, haciendo hincapié en el motivo de nuestra separación? Alex seguramente le contó a Zira sobre lo nuestro y por eso lo trajo, para que pudiéramos hablar de lo sucedido, pero no podía enfrentarlo, no era que no tenía valor, sino que era volver al pasado y yo… y Tom… Esto no tenía que estar pasando.

—Alex, no creo que sea el momento correcto para hablar sobre eso —le dije mientras volvía a verlo a la cara.

—No había otra forma de que pudiera dar contigo —me dijo seguro de sí. —Necesitamos hablar, lo sabes.

—Yo no necesito hablar contigo, la relación se terminó —Mis cejas se fruncieron y tomé el bolso que estaba a mis pies, lo coloqué sobre mi hombro, preparándome para salir, más Alex no me dejaba pasar. —Quítate.

—Bill, tú fuiste quién cortó la relación —se interpuso en mi camino, por suerte nadie estaba sospechando de nuestra actitud, nos conservábamos bien. —Yo te pedí un tiempo.

—No puedo seguir con esto. —lo empujé y salí a todo lo que mis pies daban pidiendo permiso y tratando de sonreír. Al cabo de unos minutos, abandonaba el local y el frío me envolvió de golpe, me detuve y saqué la bufanda del bolso, mientras me lo ponía, unos nervios me atormentaban el estómago y la impotencia me ganaba.

— ¡Bill! —la voz de Alex me provocó escalofríos, me di la vuelta y él venía trotando a por mí. —Quiero que me escuches, que me des otra oportunidad.

—Alex —el nudo en la garganta tomaba terreno, contenía las lágrimas. —No hagas esto más duro.

—Te extraño. —soltó y le quedé mirando, al tiempo que una lágrima bajaba por la mejilla, delatando mis sentimientos que pensaba que habían sido enterrados. —Te extraño demasiado. Me costó tanto soportar estar lejos de ti, aún cuando ya tenía clara la decisión.

Ya no lo aguantaba, barrí esa lágrima y reprimí todas las que querían salir. No debía llorar frente a él, tenía que ser fuerte pero esas ganas estaban ahí, sintiéndome cohibido y atormentado. ¿Por qué tenías que aparecer ahora? ¿Por qué justo en este momento? Yo que pensaba que podía seguir adelante, cumpliendo con la felicidad de alguien más. Intenté sonreír por cinismo mientras pasaba la mano sobre la frente, intentando borrar mi lado vulnerable, más no lo lograba; su mirar estaba presionándome, haciéndome sentir peor.

—Quiero que vuelvas conmigo. —Me tapé la boca con el dorso de la mano, reservando las palabras, queriendo salir corriendo otra vez. —Solo tienes que decir una palabra para arreglar esto.

Le quedé mirando incomprendido, con esa presión en el pecho que me advertía de algo. Las lágrimas eran muy bien contenidas, no tenía que mostrar la debilidad ante él, la desesperación me cubría y no podía pensar en otra cosa que no fueran los recuerdos. Tragaba saliva para que el nudo desapareciera pero era imposible, no se alejaba, me molestaba mucho y aclaraba la garganta, dejando que Alex me quedara mirando con algo de pena e impaciencia.

Tenía que armarme de valor, debía ser fuerte porque para eso estaban esos obstáculos en la vida, pero el que viniera y me dijera estas cosas me podían demasiado, lograban desequilibrar mis emociones, dejando que fuera un niño por un rato y lograra comportarme como un niño. Debía aguantar este malestar y decirle mi respuesta, que estaba más que clara, no iba a cambiar de opinión.

—N-No… —titubeé y me sentí un imbécil. Fruncí el entrecejo para demostrar mi seriedad, pero la realidad era que algo en mí se estaba rompiendo por dentro, lo que provocaba dolor. —No voy a volver contigo.

— ¿Por qué? —dijo sorprendido, parecía que mis palabras lo hubieran acribillado contra la pared. — ¿Qué hay de malo? Aclaré todo en mi cabeza, quiero estar contigo.

— ¡Pero yo no! —me froté un ojo con el dedo, a la mierda el orden y la sombra. Esta frustración solo me sofocaba y me picaban los ojos, soportando las lágrimas, más debía ser un sobreviviente de la humillación y el dolor. —Seguro andabas con esa tipa en Los Ángeles, y yo como idiota esperando a que me llamaras.

— ¡Te estoy diciendo que no hay nada! —se exaltó y movió sus manos de manera brusca. —Solo quiero que vuelvas conmigo… ¿O acaso ya tienes a alguien más?

Me quedé callado y miré a otro lado, inflé el pecho y exhalé el aire por la boca. ¿Acaso el metiche de Zira le había contado algo de Tom y yo? No podía descartar esa posibilidad, ¿Tal vez por eso se había presentado? Hubiera bastado con una llamada o aparecer en la taberna, mi reacción iba a ser la misma, pero no hubiera escogido un momento en el cual yo andaba, o trataba, de estar bien.

— ¿Por eso no quieres volver? —dijo con determinación, nos miramos y su seriedad me acorralaba. — ¿Por qué ya estás con otra persona?

— ¡No! —chillé y me sorprendí del tono de voz. Necesitaba juntar el valor. Se suponía que Alex me tendría que hacer feliz, ¿Por qué ahora todo era distinto? —Basta, Alex. Te dije que no volvieras, ahora déjame en paz.

Dicho eso, me alejé rápido para que no me siguiera. Comencé a llorar de la desesperación y la presión que había logrado en mí fue la detonante, me secaba las lágrimas al tiempo que miraba por donde pisaba, temía de caerme y romperme una pierna. El maquillaje a la mierda, no me importaba que todo se me corriera, no podía parar de llorar y eso me motivaba a seguir haciéndolo. Me quedé parado en una esquina, inspirando exageradamente, y repetidas veces por la nariz, buscando en mi bolso algún pañuelo para quitar esos mocos que no eran merecidos a ese idiota.

El teléfono comenzó a sonar dentro del bolso, no quería atender si se trataba de Alex, pero tal vez podría ser Andy queriendo decirme algo, y no era mal amigo para cortarle la llamada. Sin siquiera mirar la pantalla, tomé el teléfono y apreté el botón para atenderlo, lo llevé a mi oreja y suspiré profundo antes de hablar.

—Hola… —dije con voz temblorosa, escuché como si unas voces hablaran en el fondo, y luego…

Bill, ¿Pasó algo? —la voz de Tom me desconcertó y me quedé con la boca abierta.

—Ah… Tom —mi nariz congestionada delataba mi malestar. Me maldije a mí mismo por eso y cerré los párpados, estampado el pañuelo sobre la frente de lo idiota que me sentía. —No, no. Estoy bien.

No creo en lo que dices, ¿Sigues en esa fiesta? —su voz preocupada me ponía más angustiado y lloraba por eso, ¿Por qué era demasiado sensible? ¿Por qué no era mujer directamente? Emití un sonido con la garganta, dando a entender mi negación. — ¿Quieres que pase por ti? No te escucho bien y el ensayo ya terminó.

Siempre tenías con qué aliviarme, Tom. Le dije que sí y le pasé la dirección, al terminar de colgar suspiré como jamás lo había hecho, y me sentí muchísimo mejor. Observé a mí alrededor, los locales seguían abiertos, algunos ya iban cerrando porque ya eran más de las once de la noche, así que no me sentía tan solo. Me senté en la vereda, el cuerpo cayó de forma pesada y por un momento me dolía estampar el trasero por el concreto, pero nada podía superar el dolor del recuerdo junto a Alex. Era realmente un acto inmaduro de su parte, querer arreglar las cosas en un lugar público, pretendiendo que yo aceptaría volver, cuando estaba más que claro que no. No iba a insistir en una relación que ni siquiera era formal, además no sabía si en verdad hubo algo con Katherine o no.

Crucé mis brazos y apoyé la cabeza en el hueco, mirando el suelo. Tenía esa horrible sensación en el pecho que me obligaba a sentirme adolorido, queriendo arrancar el corazón para dejar de sentir. Las lágrimas volvieron a salir por voluntad propia, no comprendía porqué lo hacía, suponía que era una descarga del alma. Mojé mis labios con fuerza, borrando todo rastro maligno de mí: poco obtuve. Cerré los ojos un momento, pensando en otras situaciones, ajenas a Alex y a todo ese mal instante; el rostro de Tom se venía a la mente y quería quedarme con ello hasta que él apareciera.

Sus ojos, de color miel y grandes, que me miraban fijamente sin disimulo. Sus labios, aquellos que solo había probado una vez, y que me habían dejado totalmente al borde de perder la cordura, tan enigmáticos y posesivos. Su sonrisa, esa sonrisa tan radiante y auténtica, no era ningún cinismo cuando lo efectuaba, era pura verdad y eso me llenaba de alegría; adoraba y atesoraba cada que me sonreía, me volví un admirador suertudo, un joven lleno de esperanzas. Pensar en eso solo sacaba de mí una emoción tremenda, por lo que sonreía como un estúpido y esa presión ya no me dolía, solo me agradaba, y todo por el simple hecho de que, el responsable de ello, era Tom.

El teléfono volvió a sonar luego de unos minutos, lo llevé a la oreja y tomé un gran respiro antes de hablar.

— ¿Eres tú el que está sentado en la vereda? —la voz de Tom hizo que levantara la cabeza, del lado del frente estaba su vehículo, cruzando la avenida, mirándome con curiosidad. Bloqueé la pantalla y me puse de pie, Tom bajó el celular mientras no dejaba de mirarme.

Con cuidado, y mirando que ningún auto cruzara, me fui hasta su vehículo y subí al asiento del copiloto. Al cerrar la puerta, nos miramos y apreté los labios, me observaba con incertidumbre e inquietud, se quedó tildado y yo no sabía qué decirle. Me acomodé mejor en el asiento y él movió la cabeza, sin decir nada dio marcha hacía no sé donde.

—Estuviste llorando. —me dijo. Mierda, para estas cosas no sabía mentir. Mi maquillaje corrido y los ojos llorosos eran prueba suficiente de mi desgracia eterna.

—Cosas que pasan. —sumiso, me acurruqué en mi lugar, abrazando el bolso como si fuera lo único que me salvaría de otro cuestionario.

— ¿El tal Alex tiene que ver? —le miré con toda sorpresa en la cara, él me miró de reojo. — ¿Te hizo algo? ¿Te golpeó?

— ¡No! Se lo hubiera hecho pagar. —respondí con nervios. —Él fue a la fiesta y bueno… Quería arreglar las cosas de alguna manera.

Sentí como apretó con más firmeza el volante y, medio confundido, quedé mirando esa acción. Volví a su rostro y no llevaba buena pinta, ¿Qué pasaba? Movió su cabeza como si quisiera transformarse en algo malo, bufó con pesadez y chistó con la lengua. En un movimiento rápido encendió la radio y pasó de estación con brusquedad, pero eso pareció frustrarle, al no encontrar lo que andaba buscando, por lo que le dio un sopetón fuerte y yo me quedé estático.

—Lo siento. —no estaba calmado, algo le pasaba. —Cuéntame algo bonito, algo para dejar pasar ese momento.

—Ah… Andy me quiere llevar a España. —le dije con timidez. Me asustaba un poquito su comportamiento, ¿Estuvo bebiendo? — ¿Estás bien?

Frenó el auto de inmediato y yo me agarré de la guantera para evitar un golpe en la frente. Me quedé mirando el parabrisas mientras sentía la adrenalina desatarse, mi corazón golpeaba el pecho con todo lo que podía, la respiración se aceleró entonces y volteé a verlo. Se le notaba acelerado, miraba por la ventana y luego pasó a sus manos, me puse de nuevo en mi lugar y nos miramos, se mojó los labios y, con admiración, los fijé.

—Si ese tipo te vuelve a molestar, no dudes en decírmelo. Le haré entrar en razón. —me señaló con el dedo índice, con su voz autoritaria y su mirada seria hizo que yo solo asintiera, obedeciendo sus ordenes. —Tú no debes sufrir, tú debes ser feliz.

Mis labios se entreabrieron un poco por lo último que dijo, quería decir algo pero sus ojos me tenían atrapados. Los míos ardían, sabía que era la emoción que renacía del interior y se transformaban en lágrimas, mi estómago era un torbellino nuevamente, producto de sus comentarios cursis que me ponían en plan ridículo. No permitía que la vista se apartara de la suya, no se debía, quería quedarme viéndolo así por un largo tiempo, mientras que sus palabras hacían eco en mi interior, recordándome su propósito.

—Lo haré —dije en voz baja. —Te avisaré si me molesta.

Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo, el que me observara me hacía perder la noción de la realidad, hundiéndome solo en su mirada y en esos ojos tan bonitos que poseía. Echó un suspiro y todo volvió a su rumbo, aceleró sin más y me sentí un idiota. ¿Por qué pensaba que iba a suceder algo más? Me insulté, me quería reír de mis suposiciones, era bastante claro que no podía hacer lo que pensaba, no sin el consentimiento de la otra persona. Tampoco era tan lanzado, yo solo respondía a los estímulos que se me inculcaban.

Tom se encontraba calmado luego de unos segundos, en silencio yo le miraba el perfil, parecía tararear la canción que pasaban en la estación de radio. El dolor en el pecho ya había desaparecido y me sentía mejor a su lado, oyéndolo cantar, disfrutando de la situación en la que me encontraba. De pronto ya no recordaba porqué lloraba o porqué me sentía mal, era una anestesia que borraba todo rastro de lo que había sucedido instantes antes.

El auto se detuvo un rato después, descendimos y yo miré el lugar, estábamos cerca del centro de la ciudad, creería al otro lado de donde vivía, en la zona sur. El lugar era bastante chick, muy buena iluminación y todo perfecto. Me hizo señas con la cabeza para que le siguiera y eso hice, nos adentramos a un departamento con entrada de lujo y yo comencé a sentir nervios.

— ¿Aquí es donde vives? —me sentí el más imbécil de los imbéciles al hacer esa pregunta, él notó mi actitud y se rió bajito, ingresamos y me dejó pasar.

—Sí, es humilde pero es lo que hay —bromeó y yo negué con la cabeza. El lobby era demasiado fino, con sillones y alfombras, cuadros y un enorme espejo. Me condujo hasta el ascensor que era espacioso y tenía un cuadro al estilo cubismo.

Cuando llegamos al piso, miré que el pasillo era elegante y con paredes beige. No podía creer cuanto lujo tenía este edificio y la buena vida que llevaba. Nos metimos en su departamento y todo parecía sacado de alguna subasta millonaria; además de que era espacioso, los muebles y cuadros resaltaban mucho. Caminé con intriga y timidez por el lugar, me di la vuelta para preguntarle algo y Tom había desaparecido, pronto me veía invadido por un lugar enorme y no sabía donde se había metido el otro.

— ¿Tom? —como un niño que desconocía la vida de un adulto, mi voz pidiendo ayuda se escuchó en todo el departamento.

—Aquí estoy. —apareció detrás de una puerta con una botella de agua y otra de cerveza. Me tendió la botella y yo quedé mirando como observaba el contenido de la suya, ¿Era correcto preguntarle?

—Ah… ¿Cómo estuvo el ensayo? —pregunté antes de que él se metiera el pico de la botella a los labios, me miró y bajó la misma.

—Perfecto, las presentaciones en otras ciudades tendrá lugar en unos meses. ¿Y tú? —llevó la botella y la desesperación me carcomía por dentro.

— ¿Y tú cómo estás? —un impulso me llevó a bajarle la botella y él me quedó mirando. Sostuve ambas y el silencio fue partícipe.

—En perfectas condiciones, ¿Podrías darme la botella? —la amabilidad de sus palabras me tenía a su merced, la manera en la que me hablaba me provocaba unas ganas tremendas de abrazarlo, decirle que no iba a permitir que cayera en eso y que intentaría hacerlo feliz, tantas veces como pudiera.

La elevé y él me miró confundido, sin decirnos nada comencé a retroceder mientras quería tomar la botella. Comenzó a reírse y yo me concentraba en que no la agarrara tan fácil, no quería que se pusiera a beber, el que Georg me contara me hacía estar más despierto que nunca. No supe en qué momento choqué contra la pared, y ya no podía seguir más con el plan, por lo que me puse de puntitas para que no lo alcanzara. Por desgracia, me tomó de la cintura y eso provocó cosquillas, así que bajé sin querer la botella y me lo arrebató.

— ¿Con que éste era tu juego? —me miró a los ojos, deposité la cabeza sobre la pared y su rostro se acercó un poco. No me había dado cuenta en absoluto, ahora sabía que lo que estaba montando tenía otro significado, mi rostro sorprendido delataba lo que hasta el momento no comprendía. Comencé a negar con la cabeza. —No intentes negarlo, aunque me gusta que lo hagas.

—En realidad yo… —fui interrumpido por sus labios, se estamparon con las míos y le quedé mirando, sin efectuar ningún movimiento pero él parecía dominar los suyos.

Todo mi cuerpo se adormeció y solté la botella, cayó al piso y mis manos quedaron extendidas. Rodeó su brazo libre por mi cintura y me atrajo más a él, por lo que me vi estimulado por su acción; mis manos se depositaron sobre sus hombros con suavidad. Mi corazón se aceleraba al oír como nuestras respiraciones iban cambiando de ritmo, me entregué completamente y nos besábamos con un poco de desesperación. No sabía cómo se había llegado a esto, pero no negaba que comenzaba a agradarme, la simple manera que tenía de besarme me dejaba absorto, como una hoja en blanco. Eran de esos besos apasionados, nada de vulgaridades, pero el estremecimiento que me ocasionaba me iba avisando que algo comenzaba a desatarse, y tenía que controlarlo.

Mis manos subieron a su rostro, todo ya iba por su cuenta y no me importaba, insté en que siguiera besándome, nuestras cabezas tomaban una coordinación, yendo de un lado a otro, succionando con lentitud y otras con desesperación. En mí las cosas tomaban un camino distinto, había algo más que me motivaba a continuar; la calentura no la había experimentado hacía mucho, no sabía si era porque no me daban riendas en ese tema, o porque simplemente con Alex no funcionaba. Sin embargo, aquella misma renacía y debía moderarme para evitar que apareciera. Solo yo sabía lo que era capaz de hacer.

Tomó mi labio inferior con los suyos y abrí los ojos, lo mordió con suavidad y sumo gozo, mi pecho subía y bajaba de la intensidad del beso que habíamos concedido. Soltó mi labio y nos miramos a los ojos. Notaba que se había ahorrado todas las ganas en el trayecto hasta aquí, seguramente estaba esperando una señal mía que lo invitara a besarme. No… No creía necesario que se lo diera, con tal de que regresara a besarme otra vez, si tenía vergüenza de hacerlo, entonces volvería a tomar la botella de nuevo.

— ¿Qué ibas a decir? —preguntó mirándome, no nos habíamos separado. Tenía que controlar la calentura o iba a morir esta noche.

—Ya no recuerdo. —le contesté casi en un susurro.

—Hasta hace un momento estabas llorando —me dijo mientras me soltaba despacio. —Pero ahora me miras como si fuera el regalo más deseado… Eso me hace feliz.

Le quedé mirando, creería que mis ojos brillaban al oír eso. Mis mejillas se sonrojaron y la felicidad explotaba como fuegos artificiales en mi interior.

Tom, estabas despertando en mí lo que una vez creía haber perdido.

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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