«Wünschen». Temporada I

Capítulo 23: Un nuevo comienzo

—Iré a descansar—Sara se levantó con cuidado mientras ponía una mano sobre su vientre y la otra sostenía su espalda. Seguramente ya empezaría con esos dolores de cintura y cansancio en los pies; pero era tan lindo saber que el pequeño hermanito de Tom iba a nacer en Julio. Se despidió de nosotros y Jörg decidió acompañarla también.

—Más vale que no se queden hasta tarde—dijo a modo de broma papá y yo me eché una pequeña risita. Nos guiñó el ojo y Sara le dio un leve golpe en la nuca, se disculpó con nosotros y se perdieron en las escaleras.

Tom estaba desparramado por el sofá, estábamos viendo una película de comedia y parecía que no le gustaban demasiado. A Sara le desagradaban las de zombies y esas cosas, decía que era obra del diablo. Más ahora no se encontraba, así que me levanté y empecé a buscar en la caja alguna que tuviera sangre y tripas. Me puse de rodillas frente a la mesita de café y saqué cada cajita mientras fijaba las portadas.

— ¿Qué haces?—volteé a ver a Tom y se fregaba los ojos, estaba dormitando en el sofá y yo sonreí. Encontré lo que quería y se lo enseñé, asintió una sola vez y fui a poner el dvd. Al voltear, bebía su refresco con ansias, y yo me senté a su lado, él elevó el brazo y lo puso en el respaldo del sofá entonces me acurruqué sobre su pecho; aunque luego sabía que iba a andar mordiéndome las uñas por las escenas sangrientas que íbamos a presenciar.

Como era de esperarse, me ponía en alerta con las películas, siempre me hacía la idea de que podría ocurrir, entonces por momentos actuaba de forma paranoica y otras me decía que eso jamás sucedería. Daba pequeños brincos y Tom se reía, me frotaba el brazo con suavidad para calmarme y lo conseguía. La emoción interna que tenía al mirar a esos zombies era indescriptible, seguramente él también andaba de la misma forma, a los dos nos atraía este tipo de cosas, así que toda la película fue perfecta.

—Tom, creo que se me adormeció el brazo—dije con algo de timidez, él se apartó con cuidado de mí y frotó el antebrazo, sentía cosquillas y empecé a reírme bajito por eso.

Luego de aquello, apagamos la tele y despacio fuimos a la habitación. Él dijo que iba a darse una ducha y yo mientras aproveché para acomodar la cama, luego cambiamos el turno y al cabo de diez minutos los dos estábamos acostados en la cama. Yo tenía la cabeza apoyada en su pecho, cerré los párpados para oír los armoniosos latidos de su corazón; sin pensarlo se me dibujó una sonrisa en el rostro y quise que este momento fuera atesorado lo más que se podía.

— ¿Estás dormido?—preguntó casi en un susurro.

—Por desgracia, sí—me aguanté la sonrisa mientras no abría los ojos. Él se movió y eso obligó a que le observara. Apoyé el mentón sobre su pecho y él bajo un poco la mirada, tenía su brazo por detrás de la nuca y mis piernas estaban entrelazadas con las suyas.— ¿No puedes dormir?

—Creo que estoy demasiado acelerado, y tengo ganas de matar zombies—dijo bromista, se rasco la barbilla y fijó el techo. A decir verdad, tampoco tenía sueño, solo quería quedarme así con él hasta que amaneciera.

—Estuve pensando —me acomodé y me quedé sentado, volteé a verle—Podríamos ir a visitar a mi madre el día de mi cumpleaños, no falta mucho.

— ¿Tu cumpleaños es en un mes y medio?—frunció el ceño pensativo. Asentí con media sonrisa, cumpliría veinte, ya no tendría más el número uno adelante a partir de Mayo. —Puedo hacer un lugar para ti, la banda comenzará con presentaciones nuevamente, y luego se internaran en el estudio para continuar con el nuevo material.

—No quiero presionar tu agenda —dije preocupado, el trabajo era trabajo; si él no podía asistir, celebraría un día que él lo tuviera libre. Él se sentó y flexionó sus rodillas, le seguí con la mirada y crucé una pierna sobre otra.

—No lo harás, tú dime qué día lo celebrarás y yo estaré allí—me acarició la mejilla con el dorso de su mano. Me incliné como un gatito y elevé un poco la curva de mis labios, su otra mano se acomodó en mi cuello y con mi vista delineaba el contorno de sus facciones, subiendo hasta dar con sus hermosos ojos color miel.

Fui de un lado a otro, sintiendo la calidez de sus manos en mi piel; me sentía protegido, acobijado y feliz. Noté que las mejillas empezaban a arder, seguramente por lo que él estaba provocando en mí, inspiré profundamente y bajé la vista a sus labios. Estaban húmedos, rojizos, se los veía tan suaves que me daban ganas de comprobarlo; me cubrió esa lujuriosa idea de poseerlos hasta que amanezca y eso me provocó un cosquilleo en el estómago.

Pero Tom me ganó de antemano y me besó de forma sorpresiva; rápidamente acepté el beso y le tomé de su remera blanca de tela delgada y lo atraje más a mí. Abrí la boca y su lengua se paseó por el interior, logrando que mi cuerpo empezara a sentirse locamente atraído por sus acciones. La intención se detectó enseguida y no me opuse a ello, una mano descendió hasta dar con mi costilla y, lentamente, dejó que mi cuerpo quedara bajo el suyo. Mis dedos fueron a su cabello y se enredaron con el mismo, presionando más para que el beso fuera más duradero.

Poco a poco la respiración se iba agitando, debido a que el beso se iba encaminando a la locura. Con cada segundo que transcurría, con cada beso que me daba, algunos recuerdos se iban borrando; era como si las escenas más dolorosas se rompían, desaparecían de la memoria. Aquel primer encuentro con Benjamín se iba distorsionando, también cuando lo veía seguido y hasta la última vez que logré dar con él.

Tom había hecho lo mismo con respecto a Reira, entregó todo lo que le pertenecía para dejarlo atrás, para no tener que vivir atado a los recuerdos; yo debía hacer lo mismo, a pesar de que no tenía nada material, los acontecimientos se presentaban cada que pasaba un mal momento. Y ahora tenía que hacerlos desaparecer.

Sentí los labios de Tom sobre mi cuello y me estremecí por dentro, segundos después, su mano se introdujo debajo de mi pijama y la levantó, dejando al descubierto el torso. Lo acariciaba con suavidad, lograba erizarme la piel. Siguió bajando hasta dar con el pezón que estaba a la intemperie, y fue ahí que el calor empezó a sentirse en la habitación. Le dio un lento lameton, y luego, lo succionó por completo. Dios mío, yo no podía estar quieto.

Mis piernas se flexionaron, una de las suyas estaba en el medio de las mías; el simple roce de su piel contra mi bóxer me estremecía nuevamente, mis movimientos fueron acorde a lo que él emitía. Sentía que mi rostro estaba de por más sonrojado y la emoción que me envolvía hacía que mis ojos se aguaran un poco. Entrecerré los mismos y bajé la vista para ver a Tom, él tenía los suyos cerrados y contemplé su lengua dando vuelta por ese lugar, me mordí el labio inferior y suspiré de forma pesada.

Se separó de inmediato y se quitó la remera, al parecer ya no lo estaba aguantando; hice lo mismo quedando sentado y él arrodillado en la cama. Al estar con los torsos desnudos, me besó con tanta pasión que creí que iba a morir por falta de aire, y si lo hacía iba a valer la pena. Volví a recostarme, dejando que su cadera se acomodara entre mis piernas, haciendo un esfuerzo para retraer esa calentura que cada vez era más evidente. Debajo del bóxer el asunto comenzaba a ponerse incómodo, y sabía que no era el único en esto, ya que Tom empezó a balancearse contra mí chocando nuestras prendas, haciendo que soltara gemidos contra su boca al rozarnos.

Nuestra anatomía comenzaba a encenderse, los besos cada vez se hacían más extensos y libidinosos, cada tanto nos separábamos para cobrar aire y seguíamos devorándonos como si no hubiera un mañana, deseándonos más y más, olvidando todo lo malo que había sucedido. No teníamos porqué pensar en eso tampoco, era nuestro momento, solo éramos él y yo, nadie más.

Se separó de mis labios y yo volteé, dándole la espalda, él corrió mi cabello a un costado. Con sus dedos dibujaba una línea en mi piel cubierta de lunares, abrí la boca dejando escapar el aire, encorvé la espalda hasta sentir sus dedos sobre el bóxer, me provocó un escalofrío placentero y elevé el trasero. Dos dedos acariciaban la entrada mientras giré el rostro para encontrarme con sus labios, todo dentro de mí se estaba desmoronando y la temperatura aumentó. Mi miembro se estaba poniendo duro cada que rozaba mi entrada sobre la tela, y con el beso de lengua que me estaba dando sentía que todo se iba a ir a la mierda en un segundo. Tom succionó mi labio inferior y lo mordió con ansías.

Solté un jadeo y fruncí el ceño cuando introdujo uno de sus dedos en mi entrada y me estremecí, llevando mi cuerpo hacia adelante, sintiendo un escalofrío. Empecé a mover el trasero de forma circular mientras él me preparaba, me mordía el labio y el calor que me estaba invadiendo provocaba que mi frente empezar a sudar. Él se acomodó detrás de mí y yo pegué el trasero a su entrepierna, gimiendo, estirando los brazos para mantener el cuerpo horizontal.

Percibí su otra mano deslizarse por mi ropa interior hacia abajo, entonces separé un poco más las piernas. Me tomó desprevenido que sujetara mi miembro y comenzó con esa condenada fricción, arqueé nuevamente la espalda y exhalé el aire. Mi cabello se estaba volviendo húmedo y algunos se pegaban a la frente, no me importaba. Introdujo otro dedo más y yo apreté los dientes e hice la cabeza para adelante, mi cabello se arrastró por la almohada; era doble placer, incontrolable. El vaivén que efectuaba me estaba matando, quería que entrara en mí pero sabía que primero debía dilatarme un poco; y me volvía loco si aún continuaba masturbándome, otorgándome ese placer que por momentos me sacaba una sonrisa y otras arrugaba la frente debido a la satisfacción que quería llegar.

Cada que entraba y salía lograba llevarse una respiración mía, comenzaba a extrañar sus besos, mis labios estaban entre abiertos e hinchados pero aún así quería más de su boca. Me quedé quieto cuando sus dedos abandonaron mi cuerpo, tragué saliva y miré a un costado, no podía verle igual pero sabía que esperaba mi orden. Tomó con una mano mi cadera, yo asentí una sola vez, y fue allí que clavé los dientes en el labio, evitando lanzar un gemido que levantara a los otros dos. Entró con fuerza y se quedó allí un momento, yo moví la cabeza para espabilarme y enseguida comenzó a embestirme.

No podía explicar exactamente como me estaba sintiendo, era una infinidad de emociones; mis manos se aferraron a las sabanas y lo estrujaba cada que volvía a entrar en mí. Sus dos manos sostenían de mi cadera y lo manejaba perfectamente, al principio el vaivén era suave, pero luego las cosas se iban saliendo de control y sus embestidas empezaron a tomar más velocidad. Me contenía de gritar, me mordía constantemente el labio, o apoyaba la cabeza contra la almohada y ahogaba el gemido en ella. Ese placer era tan exquisito que no quería que tuviera fin, sus movimientos me llevaban más allá de lo que podría imaginar, era totalmente un sueño prohibido.

Mi cuerpo ardía de tanto olor a sexo en el ambiente, sus manos empezaban a resbalarse debido a que empezábamos a sudar más de lo normal. Aún así, no quería que se detuviera pero me estaba excitando tanto que iba a terminar en cualquier momento, busqué el miembro con mi mano y me daba atención, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

Al escuchar a Tom jadear me estremecí por completo, era un frenesí que no se podía reprimir; teníamos que llegar hasta el final y quería que fuera al mismo tiempo. Aceleré la manipulación cuando una sensación me invadió por completo, mis piernas comenzaron a temblar y jadeé; del líquido preseminal pasó a salir semen de mí. Detuve mi mano al explotar por completo, tiritaba aunque no hacía frío; no obstante, también sentí que mi entrada se volvía más húmeda y que las embestidas de Tom iban bajando rápidamente. Segundos después, él salió de mí y yo caí hacia adelante, respirando de forma agitada.

Sonreí como un idiota mientras volteaba a un costado, Tom se tumbó y también se encontraba agitado. Me corrí como pude los mechones del rostro y no quería saber cómo estaba el maquillaje. Nos miramos y empezamos a reírnos, yo estaba con el trasero elevado al aire, aún no me había acomodado como Tom lo estaba. Se inclinó sobre mí y me besó de manera tierna, luego nos dimos un baño juntos y yo caí muerto apenas apoyé el cuerpo en la cama.

Al otro día, sentía los párpados pesados y se me dificultaba enfocar bien, bajaba las escaleras de forma lenta. Era como si hubiera corrido una maratón infinita.

— ¡Buen día, dormilón!—me dijo Sara con una cálida sonrisa. Me refregué el ojo y por un momento sentí una sensación familiar. — ¿Quieres té o café?

—Café, por favor — dije mientras me apenaba de solo pensar que, tal vez, habrían escuchado los gritos de anoche. El padre de Tom miraba su teléfono, tal vez algún mensaje de la disquera o algo así.

— ¿Dormiste bien, Bill? —papá me dio una mirada, y yo me sonrojé de inmediato. — ¿Se quedaron hasta tarde mirando películas?

—Sí, de zombies… También nos quedamos hablando… Sí, eso. —titubeé y me sentí un imbécil, no podía sentirme más avergonzado. Aunque no sabía si se estaba refiriendo a eso. — ¿Tom?

—Salió, creo que fue a buscar algo —dijo Sara mientras ponía la taza sobre la mesa, le agradecí.

Desayunamos los tres y luego ayudé a Sara, al mediodía debíamos irnos ya que yo tenía que trabajar en la noche y Tom tenía una reunión en la disquera con el equipo de KillYa. Cuando todo estuvo limpio, fui a la habitación y lo ordené, también me di una ducha y guardé todo en el bolso; miré el teléfono y tenía un mensaje.

«Bill, ¿Cómo estás? «

Se trataba de un mensaje de Georg, miré el mensaje un rato largo. Me había distanciado de él por el bien de Tom, pero sus mensajes me ponían algo nervioso, por lo menos no caía de sorpresa como aquella vez. Al parecer tenía mucho trabajo y esperaba que así fuera durante un extenso período.

Oí ladridos y deduje que Tom ya estaba en casa. Salí de la habitación y descendí las escaleras; miré que le entregaba llaves a su padre. Al verme sonrió y dijo que ya era hora de irnos. Nos despedimos de sus padres y quedamos en volver a vernos para el Baby Shower.

—Cuídate Bill, te estaré esperando—me abrazó Sara y yo lo hice con cuidado por el bebé.

—Aquí estaré —sonreí—Adiós pequeño, nos veremos en unas semanas.

Le acaricié la panza y me enternecí mucho. Luego Jörg me rodeó con sus brazos y me sentía tan afortunado de haber dado con un hombre como él; tal vez, si mi padre estuviera conmigo, pediría que fuera como él. No le molestaba en absoluto que su hijo saliera con un hombre, tenía una mente abierta y eso era lo que me gustaba.

—Fue lindo tenerte en casa —Me frotó sus manos por ambos brazos—Eres bienvenido cuando quieras…

Apretó sus labios y frunció las cejas, yo tragué saliva, no quería que empezara a llorar. Para evitar que lo viera, me abrazó nuevamente y yo cerré los ojos disfrutando el contacto.

—Gracias… — susurró. —Gracias por sacar a mi hijo adelante.

Escuchar esas palabras me conmovieron tanto, que me puse sensible al instante y dejé que unas lágrimas se escaparan. Lloré un poco, no podía contenerlo, todo era tan emotivo y más sabiendo a lo que se refería. No habíamos hablado de eso, no debíamos hacerlo en el primer contacto, seguramente más adelante estaría bien.

Tom tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos, con su mano restante llevaba a Pumba, mi perro de felpa. Yo saludaba con una sonrisa y lágrimas, era una familia tan buena. Al estar en el vehículo, contemplé la felicidad de Tom al sonreírle a su padre. Era bueno verle de esa manera, resplandecía cuando estaba con su familia.

Le tomé de la mano y cruzamos miradas, besó el dorso con afecto y dio marcha rumbo a Berlín. Tendríamos un viaje largo y el día aún no había terminado. El peluche de perro descansaba en mis piernas, deseaba que fuera de verdad, yo quería tener un perro pero Andy era quisquilloso con ese tema, prefería a los gatos. Respeté su decisión porque era mi amigo.

Íbamos hablando del día anterior, omití los detalles de mi encuentro con Alex. No tenía que darle importancia a ese asunto, estaba en el pasado; recordábamos los juegos a los que nos hubiese gustado subir, sino fuera por el miedo que les tenía. La próxima habíamos quedado en desafiar la gravedad, y soportar el vértigo que ellos otorgaban.

Sin embargo, me daba cuenta de que, a partir de ahora, regresaríamos como una pareja oficial. Tenía novio, lo quería y él a mí, no podía describir mi emoción. Tampoco quería saber la reacción de Andy al enterarse de que al fin tenía novio, aunque suponía que ya se lo veía venir, ¡Pero era que se sentía tan bien y raro a la vez! Daba igual, hoy era un nuevo día. Hoy debía pasar la hoja, escribir cosas nuevas y lindas.

De hecho, quería escribirlas junto a Tom.

Continúa… 

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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