
«Wünschen». Temporada I
Capítulo 28: Promesas
La cena se estaba llevando a cabo de la mejor manera; mi madre, Gordon, su pareja, y Tom se llevaban de maravilla. Habían entablado conversación con el novio de mamá apenas los presenté, ya que Gordon tuvo una época en la que también hacia música. Mi madre y yo no nos dejábamos de abrazar a cada rato, en serio era un regalo tan valioso el que estuviera aquí.
Estaban todos los invitados, los de KillYa incluidos. Mare estaba emocionada con el lanzamiento del CD, el mes próximo ya estarían lanzando el primer sencillo, luego vendrían las promociones y conciertos. Aún no quería tener hijos, decía que primero necesitaba terminar de cumplir su sueño, tal vez después de este disco empezarían a planearlo.
— ¡Miren para este lado!—los dos nos giramos y un flash me dejó al borde de la ceguera.
—Ay, la puta madre, Andy —Me tapé los ojos con la mano, Mare se rió por mi insulto repentino. — ¡Quita el maldito flash!
—Lo siento, tu madre dice que es mejor con flash y esto es para ella así que… ¡Ahí va otro!—apretó el botón y justo aparté la mano, entonces volví a ver todo blanco.
— ¡Idiota!—me reí, le miré y me sacó la lengua divertido.
Andreas siempre animaba a todos, sin importar si los conocía o no, eso me agradaba de él; era demasiado molesto pero no podías enojarte con él. Se encargaba de recordar este día con la cámara, así que andaba de un lado para otro, le sacaba foto a todo, y con todo me refería a TODO, hasta a la comida. Él era muy fotogénico, creía que hasta tenía un club de fans atrás de él por salir con Blas, una vez me dijo que escribían historias de ellos, ay, ¿Cómo era el nombre? ¿Fanfics? Algo así. La verdad que se sintió raro escuchar eso, que unas personas escribieran historias con uno como protagonista, era demasiado loco.
Estábamos en el intermedio antes de que trajeran el pastel, la cena fue deliciosa, todo salió de maravilla. Mi cumpleaños se estaba yendo pero no lo olvidaría, era el primer cumpleaños que podía festejar con las personas que quería después de un tiempo. El número diecinueve fue un desastre, fue el día anterior a que Benjamín me dejara, ya sospechaba que algo iba mal y al llegar a casa, me puse a llorar muy feo. Luego él me mandó un mensaje diciendo que nos teníamos que encontrar después de clases y bueno… el resto ya se conocía.
— ¿Estarás bien?—preguntó Mare, le miré.—Digo, por lo de la banda de la chica esa.
Dijo con algo de indiferencia, tal vez no le agradaba la banda o vaya uno a saber cual era el motivo.
—Si… Solo será por unos meses—intenté no decaer ante los tres meses que nos iban a separar. Dios, iba a ser muy difícil. —Cuando quiera darme cuenta, ya estará de regreso.
Sonreí, intentando estar aliviado. La verdad era que me abrumaba la idea de que él estuviera lejos, apenas estábamos juntos y él ya debía irse de mi lado; por un momento me había entrado el pánico y quería gritarle que se quedara, pero eso sería egoísta de mi parte y yo no era así. Esta faceta que intentaba ocultar cada vez se hacía difícil retenerlo, sentía que en cualquier momento dejaría de censurarlo, y no quisiera que Tom estuviera cerca para ese entonces.
—Si quieres despejarte, no dudes en llamarme, iremos por ahí a hacer unas cosillas —se rió divertida; era muy graciosa cuando quería.
Nos juntamos con la banda, empezamos a bromear y a contar anécdotas, miraba de reojo a mi madre que estaba al tanto con Dieter y los de la cocina, que por este día no estaban en esa sección, habíamos contratado a otras personas porque… por dios, eran mis invitados.
—Eh, Bill… Tienes que sacarte una foto conmigo, me lo prometiste —habló el guitarrista, tenía una línea de barba sobre su mentón y un piercing en la nariz, era muy gracioso; también lo tildaban de mujeriego y eso, tantos rumores había escuchado por parte de Andy. Me abrazó por el cuello y me atrajo a él, era muy confianzudo y siempre tenía una sonrisa en la cara.
—Mientras no la subas a esa cosa que se llama Insta no sé que mierda, todo bien. —Siempre metía esa excusa, odiaba las redes sociales, no me gustaba exponer mi vida privada.
—Tranquilo… Irá a mi fondo de pantalla—se burló y sacó su teléfono, primero nos sacamos con todo el grupo, mostrando la lengua, luego otra con diferente pose y otra más. Después ellos se desparramaron y me quedé hablando con él. Fijé de reojo a mi madre, estaba con Tom y él me miraba, le sonreí pero él parecía no efectuar ninguna expresión, estaba con la vista clavada en el guitarrista.
Suspiré y dejé de sonreír, ¿Por qué estaba así?
—Vamos, me debes mi foto.—sacó el teléfono y yo me puse a su lado. Juntamos mejilla con mejilla, los dos sonreímos y un segundo después me mostró la foto. Pero la curiosidad me ganó y giré la vista un poco para ver a Tom, seguía ahí, escuchando a mi madre pero mirándome de forma fija.
Decidí alejarme y seguir con los demás invitados, no me gustaba la manera en la que nos observaba, era como si hubiera hecho algo malo. Podrían ser celos pero, ¿De qué? Ellos eran amigos, él era su productor, trabajaban juntos a diario.
Y menos mal que no había invitado a Georg, bueno sí lo había hecho pero él dijo que no quería ocasionar problemas, también quería invitar a Gustav pero él me dijo que no estaba en la ciudad. Eso me hizo sentir un poco triste, el que los amigos de Tom no estuvieran este día, sobre todo Georg que me había ayudado en un momento difícil, era decepcionante, y solo porque habían sucedido cosas en el pasado.
Otra vez, sentía que algo desconocido escalaba por mi espalda clavando sus uñas, haciéndome dar escalofrío, cerré los ojos mientras movía los hombros para desvanecer esa sensación mala, no tenía que dejarme llevar por esa actitud que odiaba, debía reprimir todo tipo de molestia. Era mi cumpleaños después de todo, tenía que pasarla bien.
— ¿En serio organizaste esto tú solo?—preguntó mamá y yo asentí mientras la abrazaba por el hombro.—No puedo creer que hayas podido lograrlo… ¡Estos aperitivos están riquísimos!
Se llevó un bocadillo a la boca y masticaba entusiasmada, le di un beso en la mejilla y Gordon se rió. Tom no paraba de mirarme, parecía un psicópata, mi madre y su novio se fueron, entonces yo me hice de mirar a otro lado mientras notaba, por el rabillo del ojo, que el barbudo no se movía de su lugar. Tragué saliva y clavé la vista al techo.
— ¿Estás esperando a que te den las alas? —me giré y le miré, él bebió de su vaso mientras no apartaba los ojos de mí. Negué una sola vez, sin entender a qué se refería.—para ti no es necesario.
—No sé de que estás hablando—dije un poco nervioso.
—De lo que dijo tu madre, que pareces un ángel —Miró a las personas—Creo que en eso coincidimos bastante.
Sonrió y la tensión que había hace unos momentos comenzó a irse al recordar algo:
—Si los ángeles tienen alas, ¿Por qué tomarían el autobús?
Me giré para la izquierda, el sujeto que estaba en el pasillo me obligó a que levantara la vista para encontrarme con su rostro; al cometerlo, el flashback de la taberna venía a mí. Recordar la manera en la que habíamos hecho contacto visual, y su constante seguimiento con respecto a mí, me hicieron sentir un escalofrío que me obligó a mover los hombros de forma ridícula. Su mano estaba apoyada en el asiento de adelante, la otra cargaba una campera de cuero marrón. Regresé a su rostro, él enarcó ambas cejas, esperando a mi respuesta; más no me salía palabra alguna, mis labios emitían un leve temblor y no sabía su razón. Me acurruqué en mi lugar y miré el asiento de al lado, él no esperó más y se sentó. Una ola de calor y adrenalina se expandió con lentitud, no lo comprendía, no sabía si era el temor de lo que me había dicho ese día en la taberna.
—Ya te dije que era una broma sobre lo del loco.
Automáticamente mis mejillas tomaron algo de calor y bajé la mirada. Enfoqué a los pies, recordar ese momento era como volver a vivirlo, porque en serio que había logrado ponerme los pelos de punta, y más porque él me acechaba.
—Parecías un acosador en ese momento—sonreí, escuché su risa y eso me hizo sentir más avergonzado.—Hasta tenía pensado salir por la ventana.
—Lamento si te causé esa impresión—decía divertido.—Quería dar contigo de alguna manera, y no te estaba siguiendo, ese encuentro fue casualidad.
Levanté la vista, nos miramos directo a los ojos y podía notar un brillo en los suyos. Pronto lo que nos rodeaba empezaba a distorsionarse, logró que me olvidara el motivo de haber estado… Un momento, ¿Qué había pasado? Ya ni recordaba. Elevé la curva de mis labios hacia arriba y él hizo lo mismo, al mismo tiempo, buscamos nuestras manos y vimos como entrelazábamos nuestros dedos. Él presumiendo su tatuaje en los nudillos de su fecha de nacimiento, yo jactando mis uñas pintadas y bien arregladas. Presionábamos como si nos fueran a separar, pero en realidad queríamos probar que lo nuestro podía con lo que sea.
A pesar de todo, de lo que pasaba conmigo, de cualquier problema que pudiera intervenir, nosotros tendríamos con qué lidiar.
— ¡Ya es hora!—chilló Andy, nos tomó una foto y reaccioné como siempre, gritándole por el flash. —Pero salieron bonitos, miren.
Nos enseñó la foto. Nos mirábamos las manos con una sonrisa boba en los rostros, con las manos juntas, parecía como si fuera sacada de alguna sesión de campaña para San Valentín. Instantes después, traían esa enorme torta y yo no sabía para donde ir, lo colocaron sobre un extremo de la mesa alargada que estaba contra la pared, entonces todos se reunieron. Andy encendió las velas y esa bengala que casi me provocó un infarto, la peor parte estaba por comenzar.
Mi mejor amigo empezó, entonces todos comenzaron a cantar y aplaudir, yo no sabía qué mierda hacer. Cuando te cantaban el feliz cumpleaños te daban ganas de estar enterrado bajo tierra, no sabía si mirar la torta, a los invitados o simplemente sonreír hasta que llorara de la emoción. Pero para mi buena suerte, esta parte había pasado rápido, y cuando quise darme cuenta, todos los invitados ya se estaban yendo.
Me sentía un poco liviano, tal vez eran por las copas de alcohol que había bebido; no pensaba que era el único, Andy estaba más divertido que de costumbre, hasta los de KillYa ya andaban haciendo un concierto gratis acapella. Era divertido.
Mi novio, al que amaba tanto, estaba mirándonos hacer el ridículo. Solo se reía cuando le miraba, seguramente porque apenas podía pararme derecho. Mi madre ya se había retirado junto con Gordon, menos mal que se fue antes de que el alcohol hiciera efecto en mi; le dije que se quedara en mi departamento, conocía la dirección ya que, cuando me estaba mudando, me ayudó a traer las cosas. Yo iba a dormir en lo de Tom, como era el último día que íbamos a estar juntos, tenía que aprovechar cada minuto.
Ya habíamos, o por lo menos intenté, dejar todo ordenado. Los que contratamos hicieron el trabajo pero, estando en este estado, me dejé llevar por mí papel de mozo; Andy se sumó a nosotros junto con Zira y el guitarrista, en media hora habíamos logrado dejar todo impecable y nos encontrábamos parados en la puerta mientras terminábamos de beber lo último que nos quedaba.
— ¡Salud! ¡Por el cumpleañero! —dijo Andy arrastrando las palabras, todos levantaron sus copas o botellas y al unísono brindamos, nos bebimos lo que quedaba.
Tiempo después, todos salíamos de la taberna, riéndonos como condenados, la brisita de verano nos golpeó intensamente, y eso me despabiló. Estuvimos como una hora entre charlas y risas, fotos y cantos de borrachos; cada uno se fue por su lado después, Tom me abrazaba por la cintura, me dejó caer en el asiento del copiloto y yo, con una vaga sonrisa, le miraba. Cerré los ojos un momento…
Mi cuerpo se sobre exaltó y me desperté, estaba en el auto y la borrachera se me había pasado, bueno, solo un poco. Tom detuvo el vehículo, viré hacia adelante y todo estaba oscuro, a lo lejos se podían ver luces.
— ¿Dónde estamos?—pregunté desconcertado, Tom encendía un cigarrillo y luego bajó la ventanilla para que el humo saliera.
—Estamos en el Tegeler See—habló después de arrojar el humo. ¿Por qué estábamos aquí?—Se me dio por conducir hasta aquí.
Me acerqué a él y le robé el cigarrillo, fumé y sentí el humo mentolado recorrer mis pulmones, segundos después lo liberé por la boca y me quedó mirando. Enarqué una ceja y fumé otra vez, se lo pasé al liberar el humo y me despertó.
— ¿Estabas celoso del guitarrista?—me acordé de inmediato, él ladeó la cabeza y enseñó una pequeña sonrisa. — ¿Por qué nos mirabas como si fueras a asesinarnos?
—No es así, solo me aseguraba de que no se pasara contigo—sonrió nervioso, frunció el ceño al inhalar la nicotina que sostenía entre sus dedos.—Ese tipo es capaz de cualquier cosa.
—Yo no lo iba a permitir de todas formas—dije algo dolido, no podía creer que no confiara en mí.
— ¿Recuerdas ese día?—preguntó, suponía que se refería al que habíamos venido a este lugar. Asentí. Suponía que quería olvidar el tema. —Me hice una promesa.
Postré toda mi atención en él, me miró de reojo y volvió a fumar. Apenas podía verle el rostro, y eso era gracias a los faroles que iluminaban desde afuera; miré el reloj del estéreo e indicaban las dos y media pasada de la mañana.
— ¿Una promesa?
—Una promesa.—dijo serio.—Prometí que cumpliría contigo todos mis sueños, mis deseos.
Él no estaba ebrio, estaba en sus cinco sentidos. Pero yo, yo sentía que estaba en una ilusión, más eso no impidió que la felicidad me cubriera por completo, logrando que sonriera. Él tenía la apariencia de un adolescente en este momento, sus ojos estaban postrados en el parabrisas y fumaba tranquilamente.
—Quiero ser feliz a tu lado, Billy… — hizo una pausa.—Bueno, en realidad ya soy feliz.
Mi labio inferior comenzó a temblar y la sonrisa no me abandonaba. En mi estado de ebriedad media no era bueno ponerme sensible.
Me limité a mirar hacia adelante, enfocándome en la escena romántica que Tom me había brindado hace unas horas; recordé su voz tan linda al cantarme y la manera en la que sentía la música a través de sus dedos, tenía tanta pasión al tocar la guitarra que en serio logró que llorara de la emoción.
Las cosas a veces tomaban un color apagado y se ponía amargo, estaba comprobado, pero otras podíamos encontrar en nosotros una conexión única, ser capaces de disfrutar del otro con tan solo admirar esos pequeños detalles que se nos regalaba. Podíamos complementarnos con una mirada, un roce, la simple frase que te mantenía completo hasta que cerrabas los ojos para despertar al día siguiente, y vivir lo mismo, una y otra vez, sin cansarte.
Sí era cierto que chocábamos en algunas ocasiones, que yo intentaba ocultar alguien que no quería que saliera a la luz, pero era por el bien de los demás y por el mío, porque no me soportaría. Más allá de que, quien se diera cuenta de eso sintiera que era ser hipócrita, en realidad tenía otro significado para mí; simplemente no quería que nadie se preocupara por mí, no me gustaba ser indefenso, o débil, no era digno.
Todo era al revés, yo debía preocuparme por los demás, yo tenía que asegurarme de que las personas se sintieran cómodas con las elecciones que tuvieran que ver conmigo; tal así fuera una amistad, un favor, algún consejo, lo que fuera. Era por eso que mi deber, en este momento, era de hacer feliz a Tom, de cumplirle su deseo.
Porque él me había pedido como deseo.
—Entonces —él me miró y yo me sentí seguro de lo que iba a decir—Te ayudaré a cumplirlo.
Se acercó para darme un beso en la frente, yo sonreí. Me dio para que fumara la última calada, lo disfruté y luego arrojé la colilla por mi ventana, me quité el cinturón de seguridad, me acomodé, apoyando la cabeza de un lado en el asiento. Él se inclinó ante el estéreo para buscar alguna estación de radio, lo dejó en una que pasaban música romántica, aunque a esta hora siempre pasaban ese género.
Apoyó su cuerpo en el asiento, echó un suspiro y cerró los ojos, se veía tan hermoso así. Lo admiraba en silencio mientras observaba como su nuez de adán subía y bajaba una sola vez; mi vista ascendía al tiempo que atesoraba cada centímetro de su piel en mi retina. El recorrido se detuvo en sus labios, aquellos estaban algo agrietados debido a la sequedad que le había producido el estar fumando. Se presumía el piercing en el labio inferior del lado izquierdo, ese círculo de metal estaba orgulloso de acompañarlo durante el día; le tenía envidia. Continué con el itinerario mágico, ubicando su puntiaguda, perfecta y hermosa nariz.
Por mi estómago ya alzaban vuelo esas mariposas, también mis mejillas subían de temperatura, sintiendo como el calor azotaba mi espalda y parte de mi nuca, presioné los muslos entre sí, mis manos se convirtieron en puños sobre ellos, ni siquiera nos habíamos besado y ya me estaba haciendo ideas lujuriosas en la cabeza. Me mojé los labios y tomé una intensa respiración, mis ojos se fijaron en los suyos, los mismos se postraron en mí. Apreté levemente los labios, queriendo controlar ese impulso no puro que emergía desde mi más profundo ser.
No sabía de donde salían esas repentinas ganas de que me hiciera suyo de nuevo, lo que sí sabía era que lo necesitaba conmigo lo que restaba de la noche. Tal vez, el hecho de que en unas horas él debía marcharse, despertaron en mí esas ansias de darle un despedida.
No esperé a que él comprendiera mi indirecta, simplemente me eché sobre él, tomándolo del rostro con ambas manos, succionando su labio inferior con un apetito incontrolable. Él jadeó contra mi boca y la abrió más, entonces introduje mi lengua desquiciada, sedienta por encontrarse con la suya, ardiente hasta lo que no se podían imaginar por obtener un poco de atención.
Tom se liberó del cinturón de seguridad y se hizo para adelante, el alcohol en mí demandaba que tuviéramos sexo cuanto antes; mis labios estaban algo adormecidos y apenas podía sentir los suyos, eso lograba que lo besara con más intensidad para poder disfrutarlo mejor. No obstante, todo se sentía ligero para mí, estaba consciente y a la vez no, pensaba que era parte de un sueño, y al segundo siguiente sabía que estaba sucediendo en realidad.
—Estás… ebrio… Bill…—decía entre cortado debido a que le interrumpía con los besos.
—No tanto.—contesté contra su boca.—Estoy más despierto que nunca.
Me reí, pero era una risa muy estúpida, él no dijo más e hizo el asiento para atrás por la desesperación, entonces los dos dimos un pequeño salto al movernos hacia esa dirección por la brusquedad. Otra vez, solté una carcajada y esta vez él me acompañó; pero entonces tuve una mejor idea. Me pasé a los asientos traseros, mi cuerpo cayó pesadamente en uno de ellos, exhalé el aire al hacerlo.
Mi novio me miró desde su lugar, por dios, estaba tan sexy esta noche, o yo estaba más entonado que la mierda. Le observé de manera provocadora, mordiéndome el labio y llamándolo con el dedo índice. Él negó la cabeza mientras intentaba disimular esa encantadora y radiante sonrisa, más no se resistió un segundo; vino a mí y me besó de forma lenta, tan lenta que lograba aumentar los latidos y la temperatura.
Me recosté en el asiento, sus manos acariciaban mi cintura, acomodó sus piernas entre medio de las mías y yo sujetaba su prenda para que no se escapara tan fácilmente. Instantes después, la posición en la que nos encontrábamos no nos favorecía, por lo que él me sujetó con sus fuertes y grandes manos por la cadera, me condujo hasta ponerme a horcajadas sobre él.
Moví mi cabeza para que el cabello cayera a un lado, los dos nos reímos sin sentido y yo me sentía el más poderoso solo por estar arriba. Sus manos se pasearon por debajo de mi remera, estaban frías pero el calor de mi cuerpo las puso a temperatura ambiente en segundos, comenzó el juego de subirla mientras besaba mi torso desnudo. Me la quitó y llevó su boca a uno de mis pezones, lancé un gemido; rodeé su cuello con mis brazos, controlando la locura en mis pantalones que encendió apenas rozó su lengua sobre mi piel.
Comencé con la fricción, busqué sus labios y lo besé con tanta pasión. Las respiraciones se aceleraban, mi cuerpo se calentaba cada vez más, la excitación se aproximaba a pasos agigantados y los besos de Tom me estimulaban demasiado, la erección debajo del bóxer iba elevándose cada vez más. Me separé de inmediato, lo despojé de su camisa, de su remera dejando al descubierto ese torso que solo era mío. Paseé las manos con una sonrisa tonta, él no perdió el tiempo y volvió a besarme, mis dedos descendían por su piel hasta dar contra la hebilla de su cinturón, no dejaba de frotarme sobre él, no dejaba de gemir contra su boca, no apartaba mis labios de los suyos; estaban famélicos, yo estaba famélico, los dos.
La incomodidad debajo de mis pantalones demandaba a rozar mi entrepierna más fuerte contra la de Tom, llevándose jadeos que desaparecían en su boca. La mierda, me estaba poniendo tan caliente que tenía que hacer algo. Me senté al costado, me liberé del pantalón y del bóxer, dejé expuesto mi miembro que ya iba alzando vuelo.
Mis manos fueron directo a la cremallera de Tom, logré bajarle los pantalones y me puse a horcajadas de nuevo. Nos besamos hasta quedarnos sin aire, recuperábamos, y volvíamos a besarnos. La gloria fue cuando empezó a dilatar mi entrada con sus dedos, no podía con tanto calor en mí, me estaba excitando mucho, y el alcohol tenía la culpa también.
Mordía su labio constantemente, lo saboreaba, dejaba mi marca en los suyos. Sus manos sujetaron mi cadera, me levantó un poco y ya sabía lo que iba a suceder a continuación; al sentirlo dentro de mí, arqueé la espalda e hice la cabeza para atrás, fruncí el ceño un momento, me adecué a la situación, y cuando estuve listo, empecé a menear la cadera, buscando ese punto exacto donde el placer no se terminaba nunca.
Cada instante la velocidad aumentaba, el sudor se salía por los poros, los cristales empezaban a empañarse. Deposité una mano sobre la ventanilla cercana, mientras me movía con ímpetu contra él; sus gemidos, más los míos, hacían que perdiera la cordura. Sentí su mano apoyarse contra la mía, entonces entrelazó sus dedos sobre los míos.
Me estremecí al sentir su mano sobre mi miembro, comenzó a darme placer y ya estaba un poco más de llegar a mi límite. Mordí mi labio inferior, gozando de lo lindo; me masturbaba con rapidez, logrando que me doliera del puro placer que estaba sintiendo.
El clímax ya se veía cerca, mi satisfacción estaba a punto de completarse. Llevé mi rostro a la de Tom, junté nuestras frentes, gimiendo, sudando, agitados; apreté los dientes, sintiendo como mis piernas empezaban a temblar, explotando por todas partes, experimentando la más estupenda delicia. Él terminó segundos después, dejando su esencia dentro de mí. Mi cuerpo tiritaba, se me dibujó una sonrisa en la cara y mojé los labios.
Me besó una vez más, luego los dos caímos rendidos en los asientos de atrás, yo encima de él.
Linda manera de sellar una promesa.
—Te amo — susurró contra mi oído. Yo le robé un beso y apoyé mi cabeza sobre su pecho.
—Yo también te amo.
Continúa…
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