«As the lights go down» Temporada 2

Capítulo 22

A medida que pasaban las semanas, la banda continuaba su gira por distintas ciudades. Cada ciudad les traía experiencias únicas y emocionantes, la gira pronto llegaría a su final y eso también indicaba que se acercaba cada vez más al día en que los mini gemelos, como habían decidido llamarles para evitar confusiones, llegarían al mundo. Durante los primeros meses, Bill aún disfrutaba de una buena dosis de energía, actuando con su característico carisma en el escenario, pero ahora con más de 5 meses, sus actuaciones se volvían cada vez más complicadas.

Cada vez le costaba más desplazarse por el escenario, se cansaba muy rápido y a menudo se quedaba sin aire. Eso sin mencionar que los mini gemelos habían comenzado a moverse y en varias ocasiones, seguramente por el ruido estruendoso de cada concierto, se ponían más inquietos y no dudaban en patear unas cuantas costillas del pelinegro, lo cual hacía que tuviera que dejar de cantar para retomar el aire.

Cuando Bill empezó a notar los típicos movimientos de los bebés en su interior, por supuesto que se emocionó. Tom compartía cada uno de esos momentos con él, colocando su mano sobre el vientre de su hermano para sentir a los gemelos patear y moverse. Sin embargo, a veces los minis podían creerse futbolistas y armaban unos tremendos partidos que dejaban al pelinegro jadeando y encogiéndose como si le estuvieran pinchando con un muñeco vudú.

A medida que las luces del escenario se apagaban, y el rugido de la multitud enloquecida se desvanecía, Tom asumía su papel más importante. Detrás del telón, en los bastidores de la gira, su enfoque se centraba en el bienestar de Bill.

Tom se había transformado en el cuidador principal de su amado. No se trataba solo de la inmensa responsabilidad de la gira; ahora tenía que cuidar a Bill y a los dos pequeños seres que se desarrollaban en su interior.

Las noches eran largas, con actuaciones que desafían los límites de la resistencia. Pero Tom estaba decidido a hacerlo todo más fácil. Con un esmero meticuloso, siempre ordenaba comidas nutricionales que satisfacían los antojos cambiantes de Bill y aseguraban que recibiera todos los nutrientes necesarios. Después de cada concierto, cuando el agotamiento y la tensión amenazaban con abrumar al cantante, Tom era el encargado de proporcionar masajes suaves en los pies y la espalda, disipando el cansancio y ayudándolo a encontrar el merecido descanso.

Sin embargo, el apoyo no se limitaba a lo físico. Tom era el confidente de Bill, la voz comprensiva en medio de la montaña rusa emocional que a veces era el embarazo. Discutían sus miedos, sus expectativas y los cambios que la llegada de los bebés significaría para sus vidas.

Juntos, enfrentaban las consultas médicas, con ambos manteniendo un meticuloso registro del progreso del embarazo y consultando con el médico para asegurarse de que todo estuviera marchando bien.

Cada nueva ciudad y cada nuevo espectáculo traían desafíos. El staff había sido bastante comprensivo con esto, pues Bill era su niño consentido. Desde los cambios en el setlist hasta la adaptación de los trajes y vestuarios que lo hacían sentirse cómodo en el escenario y fuera de él, habían intentado que pudieran tener más paradas en hoteles y menos viajes en el tour bus.

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Después de una noche agotadora en el escenario, Bill y Tom finalmente regresaron al hotel. La fatiga se acumulaba, y el menor sentía el peso del embarazo en su cuerpo más que nunca. Había pasado días desde que pudieron disfrutar de una ducha relajante juntos, y finalmente, la oportunidad se presentó.

El agua tibia caía sobre ellos, lavando el sudor y el cansancio. Se ayudaron mutuamente a enjabonarse y enjuagarse, un ritual que se había vuelto una forma especial de reconectar después de las actuaciones agotadoras.

Cuando finalmente salieron de la ducha, Bill se dejó caer en la cama con un suspiro de alivio. Estaba agotado, y su cuerpo lo sabía. El cansancio de la gira y el peso de los mini gemelos en su vientre se habían vuelto una carga considerable. Además, durante los últimos días había presentado una jaqueca que no había querido abandonarlo por más paracetamol que hubiera tomado y sin poder tomar algo más fuerte por su estado.

Tom se sentó a su lado y observó a su hermano, que yacía con los ojos cerrados, tratando de relajar cada músculo de su cuerpo. Tom sabía exactamente lo que necesitaba, y comenzó a acariciar suavemente los pies del cantante.

– No sé cuanto más aguantaré esto – suspiró el pelinegro cubriendo sus ojos con su antebrazo – No creí que sería tan complicado

– Estamos en la recta final, solo falta como 5 semanas – trató de animarlo el guitarrista mientras trabaja los pies del menor hábilmente con sus manos

– En 5 semanas estaré de 6 meses, si no es que 7 – resopló el cantante – Y a este ritmo, me tendrán que subir al escenario con grúa – agregó palpando su vientre

Tom rio ante las ocurrencias del menor, luego preguntó – ¿Ya han decidido donde pasarán el fin de año?

– Ugh, no – contestó el pelinegro – Le comenté a John que me gustaría pasarlo en Alemania, pero podrás imaginarte cómo reaccionó – dijo rodando los ojos – Aunque creo que tal vez a finales de noviembre o inicios de diciembre pueda ir a visitarte, Too Late Marlene estará dando unos cuantos conciertos para promocionar el nuevo álbum y con el pretexto de no quedarme solo, John tendrá que aceptar que me vaya

– Bien, creo que durante ese tiempo, podremos coordinar la remodelación de la habitación de los bebés en tu casa de Berlín – sonrió el mayor

– Es una excelente idea – secundó el menor con una enorme sonrisa

El masaje de pies continuó, y con cada movimiento, el cansancio y la tensión se desvanecían. Era un acto de amor y cuidado, una demostración de que estaban juntos en esto, que afrontarían la paternidad como un equipo, hasta donde la situación lo permitiera.

Finalmente, Bill se sintió lo suficientemente relajado como para estirarse y bostezar. Se acurrucó junto a Tom, quien lo rodeó con los brazos. La habitación del hotel se llenó con el suave murmullo de su conversación, y poco a poco, los dos se sumieron en un sueño reparador, listos para enfrentar otro día de gira, música y la maravillosa expectativa de la familia que estaban a punto de formar.

Sabían que estaban viviendo en su cuento de hadas y que pronto ese cuento se acabaría y chocarían con la cruel realidad. Cuando la gira acabara, ya no podrían compartir tanto tiempo juntos, no tendrían excusa. Ante el mundo, John sería el padre de los bebés, él estaría allí cuando nacieran, él sería el que los cuidaría junto con Bill, él sería el “gran papá”, mientras el guitarrista quedaría relegado al “Tío Tom”.

Definitivamente no era lo que les habría gustado y a Bill le entristecía amargamente que Tom tuviera que pasar por eso, pero si de eso dependía que nadie se atreviera a arrebatarles a sus bebés, era un precio que el mayor estaba dispuesto a pagar, sería el “tío más prendido del universo”.

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La tarde del día siguiente, mientras se preparaban para otro show en la gira, Bill comenzó a sentir su dolor de cabeza implacable. Pero hoy, el dolor parecía hendir su cráneo con cada latido de su pulso, como si alguien golpeara con un martillo directamente en su cabeza. Intentó ignorarlo al principio, pensando que quizás era el resultado del estrés y la fatiga acumulados de la gira, pero rápidamente se volvió insoportable. Cada destello de las luces del escenario, cada sonido del equipo de sonido y la multitud que esperaba afuera del escenario solo aumentaban su malestar.

Las náuseas comenzaron a apoderarse de él, una sensación de mareo lo hizo tambalearse. Tom, que estaba cerca, notó de inmediato el cambio en el rostro de su hermano y se acercó a él con preocupación en los ojos. La última vez que sucedió eso, Bill terminó en el hospital con una herida en la cabeza y un brazo casi quebrado.

– Bill, ¿estás bien? – preguntó Tom, apoyando a Bill mientras este se sostenía la cabeza, intentando aliviar el dolor

– La cabeza… me está matando, Tom, no sé qué está pasando – murmuró Bill, luchando contra las náuseas y la punzante presión en su cabeza

El ruido a su alrededor parecía ensordecedor, y la luz del escenario le resultaba insoportable. Se sentía atrapado en medio de un caos de sonidos y luces parpadeantes. La preocupación de Tom se profundizó mientras veía a su hermano sufrir. Sabía que algo no estaba bien.

Rápidamente se llevó al menor a su camerino sentándolo en el sofá más mullido. Salió para pedirle atropelladamente a Gustav que trajeran al paramédico del staff. Las alarmas de Tom se encendieron cuando escuchó como su hermano devolvía violentamente su estómago en el suelo del camerino.

– ¡Bill! – chilló Tom asustado corriendo hacia su lado

– Lo siento – lloriqueó el menor – No pude aguantar… lo siento

– Tranquilo, no es nada – le calmó – Ven vamos a limpiarte

Primero le llevó al baño, allí le ayudó a enjuagar le ayudó a enjuagar su boca y lavarse las manos. La palidez en el rostro del cantante era evidente, y sus piernas parecían tambalearse.

– Lo siento, Tom – repitió Bill en un murmuro, débil y abrumado por la situación.

– No tienes que sentir nada, amor – respondió Tom, con una mano reconfortante en el hombro de su hermano.

Con mucho cuidado, Tom ayudó a Bill a ir a otro camerino, donde ya habían llamado a un paramédico. El médico de emergencias comenzó a realizar un chequeo al cantante, primero tomando sus signos vitales. En ese momento, sus compañeros de banda y David ya se encontraban también en la habitación.

Tom estaba visiblemente nervioso, su mirada alternaba entre su gemelo y el paramédico, esperando desesperadamente una respuesta. El sujeto finalmente miró a David con una expresión seria en el rostro.

– La tensión arterial de Bill está extremadamente alta, y dado su estado y el embarazo, necesitamos llevarlo al hospital para realizar una evaluación más detallada – dijo con un tono severo – Eso podría ser perjudicial para los bebés.

Bill se sintió completamente aterrado cuando el paramédico le explicó la situación. La noticia de que su tensión arterial estaba peligrosamente alta y que esto podría afectar a los bebés fue devastadora para él.

Milagrosamente, David mostró preocupación genuina y sin perder un solo segundo, se fue junto con Bill, Tom y el paramédico hacia el hospital más cercano.

Una vez allí, el moreno se encontraba inquieto en la habitación del hospital, acompañado por David, quien le pedía a Liz que se encargara de la cancelación del show de esa noche y Tom, quien no se separaba de su lado. El ambiente en el hospital estaba lleno de ruido y movimiento constante, lo que solo añadía a su ansiedad, pero lo tranquilizaba un poco escuchar los latidos de sus bebés provenientes del monitor. Luego de una serie de exámenes y pruebas que se llevaron a cabo de inmediato. Finalmente, el médico confirmó el diagnóstico.

– Bill, estás experimentando una hipertensión severa – le explicó el médico con delicadeza – Y eso está afectando directamente a tu hija – agregó – Su crecimiento está restringido debido a la falta de flujo sanguíneo y nutrientes. Está más pequeña que su hermano y hay riesgo de que no logre sobrevivir hasta el parto o de que nazca prematuramente.

La habitación se llenó de un silencio pesado y ominoso. Bill y Tom compartieron una mirada de temor, la gravedad de la situación pesaba sobre ellos como una losa. La ansiedad y el estrés habían tomado un peaje en el cuerpo del cantante y ahora estaba en juego la salud de sus bebés.

Inmediatamente, una oleada de culpa y miedo lo invadió. Las lágrimas llenaron sus ojos mientras se daba cuenta de las graves consecuencias de su estilo de vida y el estrés del tour. Se culpó injustamente a sí mismo por no haber cuidado lo suficiente de su salud y la de sus bebés. La perspectiva de que sus bebés pudieran sufrir debido a su situación le causó un profundo pesar.

– ¿Qué debemos hacer? – preguntó Tom, claramente desesperado

El médico les explicó que, para mantener la presión arterial de Bill bajo control, necesitaría reposo absoluto. Debían cancelar las fechas restantes de la gira y regresar a casa. Además, sería necesario un monitoreo constante para asegurarse de que los bebés recibieran el oxígeno y los nutrientes necesarios, por lo cual Bill tendría que estar en un solo lugar, para que el médico que fuera a tomar su caso, lo hiciera hasta el final.

El corazón de Bill latía con fuerza mientras asimilaba la noticia. Sabía que su prioridad era la salud de sus hijos, pero también significaba dejar atrás una atropellada gira que habían planeado con tanto esfuerzo. Tendrían que cancelar los conciertos restantes y nuevamente los que reagendaron cuando el pelinegro tuvo su accidente.

– David, no voy a poner en riesgo a mis bebés – dijo Bill con voz temblorosa – Lo siento…

El mánager asintió con resignación. A pesar de las consecuencias y la incertidumbre, sabían que debían hacer lo que fuera necesario para cuidar a los hijos del cantante.

La gira se cancelaba; su familia venía primero.

Continúa…

Creo que ya esto se veía venir ¿no? Era obvio que el estrés del tour y los demás problemas que tiene Bill el iban a pasar factura ahora tendrá que volver a su hogar.

¿Se irá a Londres o Alemania? ¿Lo cuidará John o Tom?

No se pierdan las respuestas en el siguiente capítulo.

Pd. Démosle un aplauso a David, quien por primera vez no se comportó como un patán.

¡Gracias por leer y sus comentarios!

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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