«As the lights go down» Temporada 2
Capítulo 23
Sin oportunidad de oponerse o explorar otras alternativas, Bill siguió la orden que le dio el doctor. Sin embargo, antes de irse quiso ofrecer una conferencia de prensa para anunciar la cancelación definitiva de la gira, donde muy apenado se disculpó por la situación. Bill comenzó la conferencia con gratitud hacia los fans por su apoyo constante y explicó la razón detrás de la cancelación de la gira. Habló abiertamente sobre su salud y la de los bebés, enfatizando que la salud de su familia era su prioridad número uno en este momento.
– Ayer, tuve una experiencia aterradora en el hospital. Mi salud y la salud de mis bebés se vieron amenazadas debido a la tensión extrema que he enfrentado durante el tour – dijo Bill, su voz reflejando su sinceridad y emoción – El médico nos aconsejó que necesito descansar y cuidar de mí mismo y de los bebés. No es una decisión fácil, pero es la correcta, sé que ustedes comprenderán como siempre y les prometo que pronto tendrán nueva música de nosotros – finalizó con una sonrisa genuina
La conferencia de prensa continuó con preguntas de los medios, que Bill y los miembros de la banda respondieron con paciencia y honestidad. Aunque no podían evitar la tristeza de cancelar la gira y decepcionar a sus fans, la pareja sabía que la salud de su familia era lo más importante.
Después de ello, volvieron al hotel donde se hospedaban. Allí, el equipo tenía todo listo para que los chicos pudieran volver a sus hogares. Georg, Gustav y Tom a Alemania, Bill a Inglaterra. Por supuesto que anhelaba ir a su país, para permanecer con su hermano en esta situación tan abrumadora; sin embargo, para no levantar sospechas innecesarias, los gemelos acordaron que lo más conveniente es que el pelinegro fuera a Londres, al menos por un tiempo, sobre todo porque John ya había vuelto y no había pretexto para que Bill no fuera. Luego inventarían algo para que tuviera que irse a Alemania.
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Completamente en silencio, sumido en sus pensamientos, Bill viajaba en el auto de John, quien lo llevaba por las transitadas calles de Londres. Agradeció el gesto de su “esposo” de ir a recogerlo en el aeropuerto, pero en realidad, su corazón anhelaba estar en otro lugar, junto a Tom. Con él se sentía seguro, protegido; sabía que si surgía alguna complicación con él o sus bebés, su hermano estaría allí para cuidar de ellos, tomar decisiones y brindarle apoyo incondicional. Ahora, en Londres, se sentía completamente inseguro, indefenso y sumamente preocupado.
La incertidumbre del futuro, la distancia de su gemelo y la preocupación por la salud de sus bebés pesaban sobre sus hombros. El amor y la ilusión que compartía con Tom eran su fuente de fortaleza, y ahora, separados, esos sentimientos eran más necesarios que nunca. A medida que el auto avanzaba, el pelinegro buscaba en su mente la forma de superar la distancia y las preocupaciones que lo acosaban, ansiando el momento en que pudiera reunirse nuevamente con su hermano.
Observaba fijamente por la ventana, sus ojos recorrían el paisaje con una expresión pensativa. A través del cristal, veía la incesante lluvia caer, empapando las calles y los árboles cuyas hojas estaban teñidas del típico naranja de otoño. Casas y comercios lucían decoraciones de Halloween, desde calabazas iluminadas hasta figuras espeluznantes. La escena que se desplegaba ante sus ojos era tan diversa como su propia mezcla de emociones en ese momento. Así continuó hasta que la voz de John le hizo salir de sus pensamientos.
– ¿Y eso? – preguntó John intentando hacer tema de conversación
Bill volteó hacia él y el inglés le señaló con la mirada el peluche de jirafa que sujetaba fuertemente sobre su regazo.
– Oh, fue un regalo para los bebés – contestó con voz suave, apagada – Tom me lo dio cuando le conté del embarazo – agregó mirando nuevamente por la ventana
– Ya veo – dijo el inglés haciendo una mueca con la boca – Tu y Tom se están llevando mejor, ¿verdad?
Bill frunció levemente el ceño, ligeramente sorprendido por la observación de John. Mantuvo el peluche apretado en su regazo, como si fuera un escudo protector.
– ¿Por qué lo dices? – cuestionó el pelinegro, curioso pero también cauteloso.
– Llevas una de sus antiguas playeras, ¿no? – señaló John, observando la camiseta de Bill, que en efecto llevaba una vieja camiseta de Tom
– Me regaló algunas cuando estuvimos en su casa, son muy cómodas para andar, sobre todo para dormir, ya casi nada me queda – contestó el menor
– Es curioso, a inicios de año se odiaban y ahora hasta comparten ropa – rio sarcásticamente el cantante inglés
Bill exhaló, sintiendo cómo la tensión crecía gradualmente.
– Estamos intentando llevarnos bien, John… Deberías intentarlo un poco también – le instó
Obviamente, John no estaba dispuesto a seguir el consejo de su esposo – No deberías confiar tanto en él… Tom… No es tan bueno como crees
Las palabras de John llevaron un destello de enojo a los ojos de Bill.
– ¿Cómo te atreves a decir eso? – le espetó con una mezcla de enojo e indignación – Después de cómo nos ha cuidado, de lo mucho que se ha preocupado por mí y los bebés… Deberías estarle agradeciendo de rodillas
John lo miró fijamente, con una expresión que Bill no podía descifrar. Era una mezcla de desafío, escepticismo y algo más que el pelinegro no podía precisar, pero definitivamente no era una expresión de gratitud.
Sabía que esta temporada en Londres, sería muy, muy larga.
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Cuando finalmente llegaron a casa, Bill se sintió aliviado, pero también inquieto. Volver a su hogar en Inglaterra, que solía ser su refugio, se volvía una experiencia llena de emociones contradictorias debido a la situación actual. Después de saludar a Corine con cierta efusividad, el pelinegro se dirigió directamente a su habitación, sin prestarle mucha atención a John.
Este, tratando de superar la pequeña discusión que habían tenido en el auto, siguió a Bill. Al entrar en la habitación, pudo notar en el rostro del menor una expresión que combinaba nostalgia e incomodidad. La habitación seguía cuidadosamente decorada, llena de recuerdos y objetos que contaban la historia de su matrimonio, desde fotos de su etapa de noviazgo hasta momentos de su vida matrimonial, incluyendo la última Navidad, cuando aún vivían su cuento de hadas.
Bill intentó ignorar la molestia que todo eso le causaba y se dejó caer pesadamente en la cama, sin soltar el peluche de jirafa que Tom le había regalado. El embarazo estaba pasando factura tanto a su cuerpo como a su mente, y se sentía agotado. Además, la presión de regresar a Inglaterra y la preocupación por su bebita llenaban su mente de incertidumbre.
John se sentó a su lado, buscando ofrecer apoyo emocional. Sin embargo, Bill no mostraba interés en su presencia, y la conversación que comenzaron sobre qué harían durante el tiempo que permaneciera allí parecía ir y venir sin conexión real. Finalmente, el pelinegro le pidió a su esposo que le dejara solo por un tiempo, ya que sentía que necesitaba descansar y recuperar fuerzas después del viaje.
Cuando el inglés dejó la habitación, lo primero que hizo Bill fue tomar su celular y escribirle un mensaje a Tom, diciéndole que lo extrañaba y que su estadía en Londres sería un completo infierno. Realmente se arrepentía de haber venido, no sabía cuanto tiempo aguantaría antes de explotar contra John.
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Después de un par de horas de sueño, Bill se despertó y, a juzgar por la oscuridad que veía a través de la ventana, supo que ya era de noche. Se estiró pesadamente, y luego se encaminó fuera de su habitación. Aunque aún llevaba el peso de sus preocupaciones, se sentía un poco más aliviado.
Decidió buscar a John para mantener una conversación más civilizada. Sabía que no podía permitirse olvidar su papel de esposo amoroso y tenía que evitar cualquier mención de su hermano en estas conversaciones. Sus recientes enfrentamientos con John habían tocado un punto peligroso, y no quería seguir provocándolo. Sabía que las cosas podrían desembocar en un desastre si no tenía cuidado.
¿Realmente John sospecharía algo? Rogaba al cielo que no, pero sabía que su esposo era realmente astuto y sabía leerlo como un libro abierto.
Lo buscó por el segundo piso, en el estudio, en el salón, pero no estaba. Caminó hacia la cocina y allí le vio recostado a la mesada conversando animadamente con Corine mientras esta preparaba la cena.
– Mi niño – sonrió Corine al verlo – ¿Tienes hambre? Te he preparado una ensalada de frutas
– Eso suena excelente, gracias – sonrió abrazando por detrás a su esposo, algo que le requirió un inmenso esfuerzo
El inglés movió su cabeza para verlo, con una expresión de completa sorpresa, pues hacía mucho que el pelinegro no hacía eso. Bill le regaló una tierna sonrisa y luego le besó la mejilla, para proceder a sentarse en uno de los bancos para devorar el tazón con frutas que le servía Corine.
– Después de que comas eso, me gustaría mostrarte algo – dijo el inglés con una sonrisa suave
Bill levantó las cejas en señal de curiosidad mientras masticaba alegremente un puñado de sus frutas. La conversación se mantuvo en tono ligero mientras disfrutaban de la merienda. El pelinegro se esforzaba por actuar de la manera más normal posible y debía admitir que ya no se sentía tan incómodo.
Luego de disfrutar la merienda en la cocina, John decidió llevar al menor al segundo piso para mostrarle una sorpresa que había estado preparando. Le pidió al pelinegro que le permitiera ponerle una venda en los ojos para hacerlo aún más emocionante.
Aunque Bill no estaba seguro de lo que estaba tramando John, accedió. Se dejó vendar los ojos con cuidado, y luego, con el inglés como guía, comenzaron a caminar. John lo llevó con delicadeza y precaución, asegurándose de que no tropezara en el camino.
Luego de unos segundos se detuvieron. El menor podía sentir la anticipación crecer en su interior, y el misterio de la sorpresa lo tenía intrigado. Cuando John finalmente le quitó la venda, Bill se encontró con una vista conmovedora.
Una de las habitaciones de visitas, había sido convertida en un hermoso cuarto de bebé por el mismo John. Las paredes estaban pintadas en tonos pastel, con un suave rosa y celeste que se entrelazaban de manera armoniosa. Dos cunas estaban ubicadas en cada rincón, cada una decorada de acuerdo con el sexo de los bebés. Había algunos peluches adorables, cambiadores, y todo lo necesario para cuidar a los futuros gemelos.
Bill quedó impresionado y emocionado por la dedicación de John. A pesar de todas las tensiones entre ellos, el inglés había invertido tiempo y esfuerzo en preparar el cuarto de los bebés. Fue un gesto conmovedor que le recordó al hombre con el que se casó, siempre tan atento, amoroso y tratándolo como si fuera un tipo de deidad. En lo más profundo de su ser, Bill no podía evitar sentir una punzada de culpa. Cada mueble, cada juguete, y cada rincón del cuarto de los bebés parecían recordarle la engañosa realidad de su situación.
El pelinegro miró con cariño el cuarto, pero no podía evitar pensar en el engaño que había construido a su alrededor, y en el hecho de que los bebés que John estaba esperando con tanto entusiasmo no eran sus hijos biológicos. La contradicción entre la gratitud y la culpa lo dejó en un estado de ánimo confuso y tumultuoso. Por ahora, debía mantener su máscara y seguir adelante, pero en lo más profundo de su corazón, la carga de su engaño pesaba como una losa.
– John… es hermoso – dijo Bill esforzándose por mostrar su gratitud, aunque sus ojos se llenaron de lágrimas – Es realmente…
– No está completa aún, sabía que querrías darle tu toque, así que he dejado cosas pendientes – John le dedicó una sonrisa cálida y afectuosa
Bill se secó una lágrima y sonrió – Gracias, John. Significa mucho para mí
Bill sabía que en otras circunstancias, habría sido muy feliz con él, pero lastimosamente, eso estaba muy lejos de suceder ahora.
Entró a la habitación y con gran emoción se puso a explorar todo lo que se encontraba allí, las cunas, los peluches, incluso había alguna ropita en los armarios.
– John, esto es increíble – dijo emocionado – No puedo creer lo hermoso que es
– Quiero que nuestros bebés tengan un hermoso lugar donde crecer – sonrió de vuelta
El pelinegro le miró y rápidamente su sonrisa se apagó. Su boca se abría y se cerraba como si quisiera decir algo, pero ni una sola palabra salía de ella. John le miró confundido y preocupado, pensando que tal vez algo no le había gustado.
– ¿Qué sucede? – preguntó atentamente el inglés
El pelinegro negó y tomó un peluche que estaba en una de las cunas, mirándolo como si de él fueran a salir las respuestas.
– ¿Bill? – le llamó John
– Yo… – comenzó a decir, sabía que lo que diría, causaría la tercera guerra mundial – Agradezco esto, pero… Quiero tener a los bebés en Alemania – soltó sin más
Como lo imaginó, la reacción de John fue como si le hubieran dicho el insulto más horrendo, su cara pasó de comprensión a una de completa confusión y molestia.
– ¿Por qué eso? ¿Por qué en Alemania? – preguntó tratando de mantenerse calmado
– Es mi hogar, John – Se apresuró a contestar el menor – Siento que estar con mis amigos durante este proceso sería más fácil, Tom y yo pensamos que…
Se maldijo inmediatamente al decir eso…
– ¿Podrías dejar de mencionar a Tom? Estoy harto de estar escuchándote hablar sobre él – dijo John con voz alterada – ¿Por qué él tomaría alguna decisión sobre nuestros hijos?
– ¡YA BASTA, JOHN! – exclamó el pelinegro furioso – Estoy harto de que te comportes así con él. Sí, sé que se equivocó, pero han pasado años, John, él era joven y tonto. Tu rencor es tan absurdo que parece que siguieras enamorado de esa mujer ¿O acaso pasó algo más entre tú y Tom que yo no sepa? – preguntó retadoramente
John apretó los puños y su mandíbula tensa, pero no respondió, Bill se sintió más seguro, como si hubiera ganado una batalla y continuó sin tregua, si todo se iba a ir al carajo, que así fuera.
– Creo que tú, mejor que nadie, sabes que mi relación con Tom es complicada – dijo, mirando a John desafiante – Hemos tenido nuestros altos y bajos. Han pasado… cosas… entre nosotros en el pasado, pero al final somos hermanos. Somos la única familia que tenemos, y tratamos de llevarnos bien por ello. Queremos cuidar nuestra familia. Se lo prometimos a nuestra madre cuando murió
John escuchó perplejo lo que el otro decía, sorprendido y un poco decepcionado por el descaro con el que Bill le estaba recriminando, deseaba escupirle en la cara que sabía todo lo de esa enfermiza relación, pero amaba demasiado al pelinegro y decirle la verdad, solo causaría más conflicto. No podía olvidar que el estado de Bill era delicado, aunque este no estuviera teniendo piedad alguna con él.
– Si tu no querías saber más de él, no debiste buscarme y debiste pensarlo dos veces antes de casarte conmigo – dijo el pelinegro en un tono más calmado pero lleno de amargura – Te guste o no, Tom es mi gemelo y siempre estará presente en mi vida y en la de mis hijos
Tras la intensa discusión, Bill se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. Mientras su corazón latía con fuerza y sus pensamientos se agolpaban en su mente, se retiró de la habitación, temeroso de haber revelado demasiado. Había lanzado un ataque directo y desafiante hacia John, pero no tenía certeza de si había excedido el límite.
Se encerró en su habitación, tratando de controlar su respiración agitada. Las emociones lo invadieron. Por un lado, se sentía aliviado por enfrentar parcialmente a John, pero por otro lado, la ansiedad lo carcomía, temiendo las posibles consecuencias de sus palabras.
Continúa…
Válgame Dios, este Bill cada vez se controla menos. Ahora sí estamos próximos a que explote la bomba.
¿Cuáles son sus opiniones? ¿Si ustedes fueran John qué harían?
¡Gracias por sus lecturas y comentarios!
Por cierto, estaba pensando que cuando finalice esta historia, podríamos hacer una sesión de Preguntas y Respuestas sobre esta historia, como para saber acontecimiento/finales alternativos que tenía planeados y tal vez no fueron, o dudas que tengan ustedes ¿les gustaría?