III Wünschen 4

«Wünschen». Temporada III

Capítulo 4: Pequeños inconvenientes

Le había insistido en que se pusiera abrigo, que se cambiara de ropa cuando llegó todo empapado al departamento, que se llevara un paraguas, que se colocara un sweater. Pero no, el señor de casi veintisiete quería hacerse el rebelde y salió a comprar solo en camisa manga larga.

Y eso no fue lo peor sino que el local de comida vegetariana estaba cerrado y tuvo que ir al que estaba a diez cuadras.

Conclusión… Tom estaba con fiebre y mocos en la cama, a sus pies Pumba dormía con su frazada. Yo estaba sentado a su lado, él me abrazaba por la cintura, le acariciaba el cabello y de vez en cuando le tocaba la frente para medir su temperatura. Ayer era un día soleado, pensaba que iba a seguir así pero esta mañana de Jueves amaneció lloviendo y con viento frío.

Fui a conseguir medicamento y un poco de verduras para hacerle una sopa. Claro que el niño se rehusaba a tomarla, pero en cuanto vio el berrinche que estaba por armar accedió, yo quería que se curara, y tenía que hacerlo pronto antes de su día.

Faltaba como media hora para que sean las doce, él se quedó dormido a las siete de la tarde, desde entonces la fiebre comenzó a bajarle. Por mientras yo miraba documentales de alienígenas ancestrales, otra cosa no había a esta hora; más eso no me importaba porque estaba sumergido en el regalo de Tom.

Sería realmente vergonzoso darle frente a todos los invitados ese álbum, y que vieran las frases que coloqué debajo de cada foto que pegué. No quiero que Andreas se ponga de fastidioso con la situación, y que Eike le siguiera el cuento, aunque sería muy gracioso pero no, no quiero.

Lentamente me separé de Tom y él se quitó la venda que ya estaba algo seca, la tomé y fui a la habitación de al lado. Abrí la puerta y el regalo estaba sobre el sofá, lo preparé con moño y todo. Sabía que él no entraría aquí en todo el día, y mañana iba a estar ocupado ya que había planeado salir con sus amigos, pero si seguía con el malestar no creo que vaya.

Fui al dormitorio con el regalo, Pumba apenas se percató de que me había ido y estiró su cuerpito para husmear la sorpresa que había dentro del envoltorio de papel plastificado rojo y dorado. Me senté con una pierna cruzada sobre otra al lado de Tom, y esperé. ¿A qué? A que fueran las doce, y no planeaba despertarlo, si él no lo hacía aguardaría hasta mañana.

Nuestra semana pasó volando, nos la pasábamos de la cama a la cocina y así, salimos las veces necesarias por Pumba, y fuimos al cine, y al mercado, pero solo esas salidas. Ambos queríamos aprovechar la compañía del otro y qué mejor idea que quedarse en casa.

Tom se volvió a mover, esta vez estiró su mano como buscando algo, sonreí enternecido y estiré el brazo, tanteó mis dedos y los juntó con los suyos, luego lo atrajo a su pecho y siguió durmiendo. Genial, parecía un idiota con el brazo estirado.

Poco a poco me fui acercando para tener mejor comodidad, con la mano restante rocé su frente y tenía un calor normal, de todas formas cuando se despertara le tomaría la temperatura. Me preocupé mucho cuando su fiebre no descendía, así que le di muchos mimos, sopas, y un buen baño caliente. Si eso no lo ayudaba, lo llevaría corriendo a la Guardia del Hospital.

Ahora me soltó el agarre para ponerse de frente al techo, movió sus labios y yo suspiré.

—Y ahora… Nuestro himno Nacional Alemán… —habló una señora, luego la canción hizo a Tom despertar y me quedó mirando.

—… Hmmm, ¿Qué hora es? —dijo con los ojos entrecerrados y la voz ronca, elevó la cabeza y se frotó el cabello con una mano. Más se quedó somnoliento, fijando a su lado lo que había. — ¿Y eso?

— ¡Feliz Cumpleaños, mi amor! —me tiré encima, me reí y me sujetó por la cintura, lo abracé y nos quedamos en silencio por un buen rato.

Yo cubría su cabeza que daba contra mi pecho, su respiración cálida chocaba sobre mi sweater y sus manos se iban cerrando más para sostener mi cuerpo. Comenzó a mecer nuestros cuerpos y le canté el feliz cumpleaños en voz baja y con todo lo que pude, al final, nos miramos y le di un beso en la frente.

—Ya tienes veintisiete —le dije, me levanté de él para sentarme y él hizo lo mismo quedando enfrentados. —Y sigues estando bueno, ¿Cómo le haces?

—Eso es porque te tengo —buscó mi mano y entrelazó nuestros dedos. Con la mano restante le pasé el regalo, me observó con gran entusiasmo.

Los nervios me dominaron, impaciente fijaba como examinaba con detenimiento el envoltorio, varias veces me miraba con curiosidad y esa sonrisa coqueta suya que me volvía loco. Tragué saliva, debía conservar la calma y evitar saltar sobre él; por el color de sus mejillas diría que ya estaba más que bien, eso me alegró el doble.

Sus dedos rasgaban el envoltorio hasta descubrir la parte superior del álbum, su mirada no dejaba de contemplar mi reacción a cada instante, y yo solo mantenía la vista en su regalo, deseando que le gustara. Lo retiró por completo y se quedó inmóvil. Noté que su sonrisa se extendía cada vez más al tiempo que pasaba las yemas de sus dedos por la textura del álbum, resaltando esas letras impresas en la tapa.

Abrió dicho álbum, leyendo la frase que sentía que nos identificaba tanto porque había sido una de las primeras que, si bien en aquel entonces mucho no entendía su significado, ahora creía firmemente en ella. Lo susurró, aún sonriente, aún con ese entusiasmo, tal si fuera un niño realmente emocionado.

—Espero que te guste —solté, él pasaba página, sus ojos brillaban ante cada fotografía. Los tocaba, y yo creía que por hacer esa acción, lograba revivir las sensaciones de aquellos momentos.

—No recuerdo esta —la señaló y me acerqué para verla.

—Estabas muy dormido ese día —sonreí —En verdad que no cambiaste nada, sigues igual.

—Tú pareces un niño aquí —se burló y le saqué la lengua. Continuó mirando, fui paciente, al menos lo intentaba; yo quería saber cada reacción suya con respecto al álbum. —Oh… Me sacaste fotos con todo el mundo.

—Es que —suspiré —se trata de todos los que forman parte de tu vida, tu deseo. Sé que no soy el único que te hace bien, en cierta forma, y quería hacerte este obsequio para que cuando seas viejo, y yo esté a tu lado sosteniéndote el brazo, recuerdes a todas estas personas que pudieron hacerte sonreír en momentos difíciles.

—Eres un tonto —dejó el álbum a un lado y me jaló para que pudiera caer sobre su pecho, me abrazó fuerte —Quien me pudo salvar, quien me hizo ver la realidad. Esa persona que con una sola palabra me devuelve a la tierra, aquella que con un solo gesto me tiene rendido, la que me enseñó a perdurar en tiempos malos… Esa persona eres tú, y siempre seguirá siendo así.

Apreté mis labios, el nudo en la garganta se presentó de forma repentina. Tom siempre decía palabras maravillosas, de esas que lograban conmoverte hasta enjuagar una lágrima; era una buena y honesta persona.

—Y es un bonito regalo, el que hicieras todo esto ¡Y desde que nos conocimos! —me sacudió levemente y traté de reír pero fallé, unas gotitas saladas iban descendiendo y perdiéndose por la ropa de Tom. —Joder, me imagino lo difícil que fue cuando no estábamos juntos.

—Dormía con las fotos a mi lado —contesté, él me liberó y nos miramos —Nunca dejé de pensar en ti ni aunque me planteara hacerlo.

—Yo tampoco, ¿Y sabes por qué? —me preguntó.

— ¿Porque nos amamos? ¿Porque, después de todo, tú también eres el deseo que pedí?

Elevó la curva de sus labios, y ahora quien corrió a abrazar fui yo.

También deseaba encontrar a alguien que me quisiera con todas sus fuerzas, que estuviera en los buenos y malos tiempos, que superara toda adversidad y que fuera tan puro.

Era increíble la forma en la que lo había encontrado, todo el proceso que tuvimos que pasar.

—Gracias por esto —me frotó la espalda, yo cerré los ojos disfrutando del contacto. —… Por todo.

No lo soporté, yo sabía que iba a terminar llorando de alguna u otra forma, y aquí estaba, derramando lágrimas de felicidad. Me dolía el pecho, pero era un dolor lindo; no era provocado por una herida, al contrario, fue a causa de los sentimientos encontrados que se iban desbordando por mis lagrimales. Me besó la frente y las mejillas, tratando de calmarme, susurraba que no llorara pero eso forzaba a que siguiera en modo marica.

—Vas a obligar a que tome esa medida que no te gusta —me advirtió, fijaba mi rostro con seriedad entonces presioné mis labios. Al verme también sin expresión empezó a reírse, pronto siguió besando mis mejillas y luego bajó al cuello, fue ahí cuando las lágrimas se transformaron en risas.

—Tu barba me hace cosquillas… Para… —sonaba divertido el tono que me salió, y era que estaba aguantando las ganas de seguir riéndome. — ¡Tom!… Ya…

Frotó su barba contra mi cuello como si fuera un pequeño felino que requería de mucho cariño, mi carcajada se oyó por toda la habitación y lo sujeté del rostro, las lágrimas ya no caían y mi pecho ya no dolía, ahora me estaba doliendo el estómago de tanta risa.

— ¡Tom! ¡Tu teléfono! —dije casi sin aire después de unos largos segundo — ¡Está sonando tu teléfono! ¡JAJAJAJA! ¡TOOOM, BASTA!

Me soltó y yo suspiré, estaba debajo de él, tomó el celular y atendió mientras me miraba. Por lo visto era Georg y me salí debajo de él para quedarme sentado, sujeté el álbum y Tom se fue a la ventana para conversar.

Luego de la llamada, el teléfono comenzó a sonar repetidas veces, algunos eran mensajes y otras llamadas; suponía que iba a ser así durante todo el día, y con razón, si a Tom lo quería mucha gente. Por eso para que yo no le estorbara, me fui a la cocina y Pumba me siguió, las carcajadas de Tom se escuchaban y me agradaba verlo así: feliz.

Pumba tenía hambre, así que le di sus croquetas y su pote de agua, luego tomé mi paquete de cigarrillos y el encendedor, salí al balcón. Caía una ligera llovizna y había un poco de humedad. Encendí el cigarrillo y me recargué en el balcón observando la calle, poca gente transitaba, los vehículos pasaban y las luces brillaban en cada ventana de los edificios.

Hoy tenía que ir al estudio, aunque no estaba planeado ya que estábamos en un receso necesario. Necesitaba un lugar donde reescribir y escribir canciones, me habían dado la posibilidad de agregar una canción más a la lista, así que tenía muy poco tiempo para enseñarla y ponernos a practicar cuanto antes.

Dentro de muy poco empezaríamos con una entrevista para la radio local, y luego andaríamos con presentaciones, ahora eran las oficiales, aquellas que ya decían que una nueva banda estaba pisando Alemania con todo lo que podía; las ventas iban bien dentro de todo. De todas formas el lugar no era tan grande, entraban como cuatrocientas personas, más era un buen comienzo.

Nuestro álbum estaba listo, solo faltaba esa canción que ya la tenía vagando en mi cabeza. Sería algo como Human… o Human connected, ya veré cual quedaría mejor. Se me ocurrió pensando en cuando salía de fiesta, y me comportaba como un loco junto con Andy, éramos un par de críos.

Pensando en esto mi cigarrillo ya iba por la mitad, y escuché el timbre, me giré y Tom me hacía señas para que atendiera ya que aún seguía hablando por teléfono, apagué el cigarrillo e ingresé. Fui a la cocina a atender la llamada.

— ¿Sí?

—Hola Bill, soy Devon —al oír eso, oprimí un botón que daba acceso a que pudiera empujar la puerta e ingresar al edificio, corté la llamada y fui a buscar a Tom.

—Es Devon —dije y él asintió.

Regresé a la cocina y puse la cafetera. Ordené un poco la mesada hasta que Devon tocó el timbre del apartamento, fui a abrirle y me sonrió al instante.

—Estaba con unos amigos por aquí cerca y quise venir a saludar a Tom, ¿Está aquí, verdad? —dijo mientras pasaba por mi lado y cerré la puerta. — ¿Cómo estás?

Me dio un beso en la mejilla y sonreí por cortesía.

—Estoy bien, gracias —nos miramos, luego fijé al pasillo —Tom está en el dormitorio… ¡Tom!

Él apareció guardando su móvil en el bolsillo del pantalón y Devon ya le esperaba con los brazos abiertos, se saludaron como los mejores amigos suelen hacerlo y le dio su regalo, yo me alejé en silencio recordando que había puesto la cafetera. Podía escucharlos hablar, la televisión fue encendida y yo me puse manos a la obra para llevar un poco de café.

Tenía que regañar a Devon por lo de abrir la boca, aunque había sido yo quien lo dijo primero él terminó por confirmarlo. Una vez que todo estaba en la bandeja de madera artesanal que compramos en la Feria Artesanal del Tegeler See, coloqué un recipiente con galletitas y lo llevé al living, ellos parecían unos niños, se reían y conversaban animadamente; estaban sentados uno al lado del otro.

—Oh… Café, que buen novio tienes —habló Devon y dejé todo en la mesita de café, me senté en el sillón que estaba de espaldas al ventanal.

—Voy al baño —Tom se fue y nos quedamos solos.

—Ya sé porque tienes esa carita —le miré con atención —Lamento haberle dicho lo de la sorpresa pero tenías que ver como se puso de insistente ese día.

—Está bien, Devon —sonreí —No te voy a pegar por eso.

—Iba a traer Champagne para celebrar —presioné un poco los párpados —Pero luego lo recordé y traje unos bocadillos también… Aquí están, las mejores donas de Berlín.

A veces Devon se me hacía muy misterioso. No digo que era mala persona, pero su actitud no era muy convincente después de todo; en el momento de trabajar sí era dedicado y atento, más cuando se trataba de relaciones sociales se volvía un tanto extraño. Y más cuando yo estaba presente. Comenzaba a sospechar que no le caía bien, sin embargo, había ocasiones en las que era muy amable conmigo y hasta pasábamos bien el rato, no lo sé, tal vez yo estaba volviéndome loco.

—Ya quisiera que mi novia fuera tan atenta como tú. —Logró sacarme de mis pensamientos —… Pero la veo muy poco.

—Oh, debe ser un poco frustrante, ¿Cómo se llama tu novia? —me entró la curiosidad.

—No creo que la conozcas, fue amiga de Tom durante la secundaria —me quedé pensando pero no sé en qué. —… Erica.

— ¿Williams? —parpadeó varias veces, y asintió — La conozco, es hermana de Reira.

—Eh… Sí —parecía confundido. Tal vez no estaba enterado del pasado que tuve con Tom y todo lo que sucedió allí. —Es ella, ¿Cómo lo sabes?

—Tendrías que prestarme todo tu tiempo para saberlo —eso sonó muy exagerado pero era cierto.

— ¿De qué hablan? —intervino Tom y fue a sentarse en su lugar.

—De Erica —dijo Devon —Al parecer Bill ya la conocía.

— ¿Estás saliendo con ella? —preguntó su ex cuñado, Devon se mostró sonriente y asintió como un tonto enamorado. Tom asintió haciendo una mueca —Eso no me lo esperaba, quiero decir, Erica te odiaba porque te comportabas como un idiota.

Los dos comenzaron a reírse. Pronto contaron anécdotas de aquel momento, Devon no se llevaba bien con ella, de hecho, cuando Tom iba a la casa de Reira y lo llevaba era una batalla campal de insultos. Imaginarme eso fue muy gracioso, porque hasta Devon hacía la imitación de voz de Erica y sus reacciones.

Miraba a Tom mientras continuaban hablando, ya no se mostraba dolido o melancólico, y cada que mencionaban a Reira él solo sonreía. En ocasiones es bonito recordar a esas personas que te hicieron bien en determinada etapa de tu vida, puede ser útil cuando te sientes abatido y necesitas rebuscar alguna sonrisa honesta, sin importar de donde provenga.

— ¿Recuerdas ese año nuevo chino? —Tom le miró confundido—… Que Reira nos regañó a todos y luego ayudó a un pequeño a encontrar a su madre…

—Hmm, no recuerdo mucho eso —estaba sumergido en sus pensamientos. Yo sentí como un Deja Vu, como si… Esto ya hubiera pasado…

—Esos días festivos son intensos —me metí en la conversación —También recuerdo que de pequeño me perdía.

—Suele perderse mucha gente —comentó Tom, estaba como algo ido pero mantenía los ojos en mí.

— ¿No quieren más café? —pregunté de repente ya que se habían quedado muy callados. Todo volvió a la normalidad y Tom parecía regresar de los recuerdos.

Esto me recordó a que debía visitar a Reira, ya que por la lluvia no había podido salir.

Por la mañana abandoné a Tom, bueno, él me abandonó primero porque Georg lo fue a buscar para una salida matutina a no sé dónde. Pumba estaba conmigo, bien abrigado dentro de la mochila, yo parecía una mamá canguro teniéndolo cargado contra mi pecho.

Había sol pero la mala suerte era que estaba ventoso y algunas nubes se extendían por todo el cielo. Mi nariz estaba congelada y abracé la mochila mientras me ponía de cuclillas.

—Ni el otoño nos frena la salida —le hablé a Pumba y asomó su cabeza mirando el exterior — ¿Quieres salir?

Lo extraje y lo dejé sobre el césped, se quedó sentado, llevaba un chaleco rompe vientos y se veía muy bonito con eso. También me senté, quedando frente a la placa que tenía unas hojas secas y un poco de tierra, con la mano barrí para poder ver su nombre. Coloqué el ramo de flores a su lado y eché un suspiro.

—Soñé contigo anoche —hablé como si ella estuviera cerca —Pero no podía ver tu cara, ¿Qué me quieres decir?

Yo no era un loco, un poco creía en eso de que las almas o las personas fallecidas trataban de comunicarse con uno. Lo creía, en algo debía creer y era en eso.

Y repentinamente volvía alguna imagen a mí, pero no podía descifrarla.

—…Recuerdo haberme perdido de pequeño… —dije pensando en la conversación de Devon y Tom anoche —Recuerdo… que a mamá le gustaba venir a Berlín para el año nuevo chino…

Fijé los árboles que se mecían por la brisa fresca y emitían un sonido maravilloso, luego observaba a mí alrededor tratando de encontrar algo. Me sentía extraño, como si ya lo hubiera vivido.

—Si… Mucha gente suele perderse en esos eventos… —susurré mirando el cielo.

Mi móvil comenzó a sonar, Pumba empezó a ladrar y después de unos segundos lo tomé, era un mensaje de Georg.

«Si sonríes ahora me debes un helado»

Miré adelante y él se acercaba con una sonrisa, no pude evitarlo y perdí la apuesta. Me levanté mientras Pumba iba corriendo hacia él, llevaba un tapado y una bufanda celeste, tenía sus gafas transparentes y él cabello bien peinado hacia atrás.

—Sabía que ibas a estar aquí —me dijo y nos saludamos con un abrazo.

— ¿No deberías estar con Tom? —pregunté luego de separarnos, él aprovechó para cargar a Pumba.

—Devon pasó a buscarlo y debía irse a no sé dónde, de todas formas nos volveremos a juntar por la tarde.

—Esos dos están juntos mucho tiempo —solté mientras me devolvía a Pumba, lo puse en la mochila de nuevo con sumo cuidado y su cabeza estuvo asomada al exterior, su cuerpo estaba cubierto por la manta.

—Soy yo, ¿O tú estás algo celoso? —me preguntó directamente, yo le observé sorprendido y negué rotundamente la cabeza.

—Para nada, eso debería preguntarte yo a ti ahora que pasan más horas juntos.

Georg se echó una divertida carcajada.

—Yo no soy el celoso —se inclinó frente a la placa y dejó un ramo de flores. —Ella también lo odiaba, de hecho, le armaba escándalo cuando no estaban juntos…. Recuerdo una noche que habíamos salido, los regañó por algo que no me acuerdo y no sé por qué había un niño.

— ¡Oh! De eso estaban hablando anoche.

Permanecimos un rato en silencio después, en memoria de Reira, luego decidimos salirnos e ir a almorzar algo, la panza me rugía y Pumba ya se había terminado sus croquetas.

Me senté en el asiento del copiloto junto con Pumba, nos pusimos el cinturón de seguridad y arrancó en dirección a algún restaurante.

— ¿Estás ansioso por mañana? —preguntó Georg y le di una mirada. Pumba iba acurrucado en mis piernas.

—Mucho —sonreí, dio unos golpecitos sobre la guantera de los nervios. —No puedo creer que ya sea mañana, espero que todo salga bien.

—Si necesitas algo me dices, ¿De acuerdo? —yo asentí. Pronto recordé que debía hacer unas llamadas para confirmar que todo estuviera en orden.

Mientras Georg buscaba un lugar, yo hablaba por teléfono, habré tardado como unos diez minutos y habíamos llegado a un restaurante que servían menú vegetariano, pedimos un lugar afuera ya que Pumba no podía entrar al lugar. Finalicé las llamadas en cuanto el mozo vino para tomar nuestros pedidos, ordenamos y se retiró amablemente.

—Ugh, hace frío aquí —me froté las manos.

—Si quieres podemos llevar la comida a mi apartamento —comentó y negué con la cabeza sin parecer grosero.

—Debo ir al estudio, necesito trabajar en una canción —dije abrazando a Pumba que estaba en una silla a mi lado.

—Entonces vamos a comer ahí, acá está helando —dijo con voz temblorosa y exageró al abrazarse y frotarse los brazos.

Él ingresó al restaurante y yo fui a esperar dentro de su vehículo, encendí la calefacción y mi móvil vibró dentro del bolsillo de mi abrigo, lo tomé luego de acomodar a Pumba que estaba dormitando y miré la pantalla, se trataba de un mensaje de Tom.

«Te extraño, y eso que solo fueron horas. Esta noche soy todo tuyo ;-)»

Me reí ante su mensaje y apoyé mi cuerpo en el asiento, le contesté y se lo envié.

Georg apareció minutos después, entró al auto y condujo hacia el estudio. Hablamos de su tienda de ropa, de los diseños y me enseñó unos bocetos, no era una persona que se metía en los proyectos de los demás pero le di algunas ideas y me pidió que las anotara. Entre risas me dijo que iba a contratarme para que le ayudara con los diseños, yo encantado, me gustaba vestirme bien y me llamaba un poco la atención lo que estaba a la moda.

En diez minutos llegamos al estudio, íbamos tranquilos hablando de Susan, de mis fechas, de la canción pendiente, de Pumba, todo muy entretenido. Al llegar al piso fuimos directo a la cocina, las luces estaban apagadas por las que encendí todas y prendí la calefacción, estaba congelado aquí dentro. Dejó la bolsa de comida sobre la mesa y yo fui a por lo necesario, aunque antes solté a Pumba y salió corriendo para el pasillo. Georg se ofreció para armarle un baño improvisado y fue a buscar el periódico.

Cuando él regresó nos sentamos en la mesa y comenzamos a almorzar. Ya eran como las dos de la tarde y nosotros recién almorzando.

—Está delicioso, ¿verdad? —preguntó mientras masticaba y yo asentí.

Ahora que me ponía a pensar, hacía mucho que con Georg no me reunía de esta manera, la situación se tornó rara cuando sucedió aquello, más con el tiempo nos habíamos vuelto a hablar de una forma normal. Claro que todo estaba aclarado, que éramos amigos nuevamente pero cuando nos reuníamos era en grupo, y ahora nos encontrábamos solos. Y no sentía incomodidad.

Supongo que es parte de crecer y aceptar todo con tiempo.

El almuerzo transcurrió y nosotros estábamos más llenos de hablar que de comer, nos pusimos al tanto. Con mi nuevo trabajo mucho tiempo de ver a mis amigos no tenía, Georg también desaparecía ya que debía estar todo el tiempo enfocado en su nuevo proyecto.

Una nostalgia me invadió. Antes podía juntarme con quienes quisiera en el horario más conveniente, ahora todos estaban en sus asuntos, en pareja, viviendo en otro país, lleno de objetivos por cumplir. La vida pasaba muy rápido cuando pasabas los veinte años, en verdad que se corría veloz.

Bebí un poco de agua y ambos miramos en la misma dirección, se escuchaban risas y reconocí la voz de ambos. Georg también fijó para el mismo lado y observamos que Tom y Devon ingresaban, él le sostenía de los hombros y parecía estarle haciendo masajes ya que Tom meneaba los hombros y exhaló el aire. Georg tosió y ellos se dieron cuenta que estábamos presentes.

—Wow, no sabía que iban a estar aquí —habló Devon sorprendido, yo bufé y me incorporé en mi asiento.

—Ustedes siguen siendo dos imbéciles —Georg se puso de pie y saludó a Devon con una sonrisa. —No cambian para nada.

—Hay que mantener la esencia —Se señaló Devon y yo presioné mis labios por el meneo de cadera que se mandó, quería reírme.

— ¿Y qué hacían ustedes aquí? —preguntó Tom, le di una mirada e inspiré hondo. Parecía estar algo… celoso.

—Bueno, ya sabes —sonreí y me crucé de piernas mirándole con expresión divertida —También vinimos a divertirnos, ¿No es verdad, Georg?

—Ah… Creo que voy al baño —salió a paso apresurado. Sonreí una vez más y levanté todo de la mesa.

Tom estaba por decirme algo pero Devon se lo llevó al estudio, bien, era su cumpleaños y no debía armar un berrinche, era innecesario. Ni siquiera había un motivo en concreto pero ¿Por qué me sentía un poco molesto? Bueno, ya, sí, estaba celoso. No podía hacer una escena por algo tan pequeño, hasta me estaba odiando por ponerme así cuando no pasó absolutamente nada.

Joder, Bill, no teníamos que empezar otra vez. Yo confiaba en Tom, plenamente pero quien me hacía desconfiar era Devon.

—Bill, ¿Estás bien? —la mano de Georg se depositó en mi hombro y asentí saliendo de mis pensamientos. —Pumba te dejó un regalito en la alfombra del estudio, al parecer no le agradó el baño que le hice.

Se rió y yo me quise esconder, si Tom se enteraba…

— ¡Bill! ¡El cachorro llenó de mierda el estudio!

Oh… Pobre mi bebé.

Vino corriendo, sacudiendo sus orejitas y me miró con esos ojos preciosos. Nadie debía enojarse con él, es que ¡Mírenlo! Es tan bonito y dan ganas de comérselo a besos.

Elevé la vista y Tom pasó por el pasillo con un cigarrillo en sus labios, Georg fue en la misma dirección y pronto sentí el humo de cigarrillo penetrar por la grieta de la ventana de la cocina. No sé si estaba enojado porque Pumba defecó en su territorio pero debía limpiarlo e irme, necesitaba estar solo para poder escribir.

Continúa…

Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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