N/A: No me hago cargo de lo que este cap pueda producir.
«Wünschen». Temporada III
Capítulo 3: Sobre nosotros
Llovía, llovía como nunca, perfecto para quedarnos en la cama este martes. Y todo era mucho mejor, sabiendo que no había que ir al estudio.
Me aferré a Tom, estábamos tumbados en la cama mirando series, Pumba dormía entre mis piernas, daba unos ronquidos que eran muy graciosos, más eso era en parte por su problema. Antes de que se diera esa operación primero había que hacerle estudios, así que solo debía tener paciencia.
Estar así era una de las más anheladas sensaciones; teniendo un día normal, sin letras que cantar, sin presentaciones, tan solo teniendo un día de relajo. Claro que me gustaba hacer música, pero me refería a que mi voz debía cobrar fuerzas y me alegraba tener estos días libres.
Y obvio que lo que destacaba de este descanso era la presencia de Tom.
—No puedes ser tan idiota, Mateo —dijo como si el personaje le escuchara. Sonreí con picardía.
Mis piernas y las suyas estaban entrelazadas bajo unas frazadas, no quería levantarme ni para ir al baño. Nos habíamos despertado en la mañana para desayunar y luego regresamos a la cama, y acá seguíamos.
Había olvidado la última vez que logramos disfrutar de un día así, extrañaba compartir este tipo de momentos; jamás pensé que, después de pasar por tantos desamores, llegaría esa persona que me hacía sentir bonito por las mañanas, fuerte en momentos decisivos, completo al final del día. Tom era el amor de mi vida, y nunca me iba a cansar de repetirlo.
Su mano acariciaba de vez en cuando mi brazo, mis dedos presionaban su pecho, sentía su respiración, sus latidos. Cerré los ojos para que su cuerpo me deleitara esas lindas sensaciones, mi sonrisa se expandió, y por un segundo creí que estaba en un maravilloso sueño.
Esto iba a sonar muy extraño pero podía sentir su amor, las ganas con la que lo hacía, percibía sus sentimientos, cada caricia o roce que teníamos me devolvía tantos hermosos recuerdos.
—Mi amor… —dijo él y abrí lentamente los ojos.
— ¿Hmm?
—Necesito ir al baño, no quiero despegarme pero ya no aguanto —dijo con dificultad y me senté en la cama, él se fue casi corriendo y yo me reí.
Pumba alzó la cabeza y me observó, le acaricié la cabeza y volvió a acomodarse, le gustaba mucho que le hicieran eso.
Se me antojó comer fresas así que me levanté de la cama y fui a la cocina, sentí una corriente de aire rozarse por mis pies y aceleré el paso, teníamos la puerta de la habitación cerrada y habíamos dejado la puerta corrediza del balcón abierta porque Pumba había defecado en el suelo del living, y no nos dio tiempo a llevarlo afuera.
Al llegar a la nevera, tomé lo necesario, puse las fresas en un pote de vidrio y regresé a la habitación, Tom recién salía del baño. Se secó las manos con la toalla que descansaba en la silla que tenía en el cuarto y luego me ganó para meterse de nuevo a la cama, esta vez se quedó sentado con la espalda pegada al espaldar de la misma. Me subí y me senté a horcajadas sobre él mientras comenzaba a morder una fresa.
—Están muy ricas —comenté, observaba el pote y él parecía cambiar la programación con el control remoto. — ¿No quieres?
Alcé una y se la puse entre los ojos, él me miró y la atrapó con los dientes, con mis mejillas infladas por masticar elevé la curva de los labios, él puso cara de un niño contento. Los ojos se le pusieron pequeños y se le notaron esas preciosas arrugas, me sentí muy afortunado al ser el único en poder admirar esos maravillosos detalles de su rostro.
—No están tan ácidas como las que compramos el otro día, ¿verdad? —dijo con algo de dificultad. —Tal vez porque no es época y las traen con químicos encima.
—Puede ser —dije sin importar que me estaba por meter otra a la boca.
El motivo de estar así era que necesitaba hablar con él sobre su cumpleaños, más allá de que deseaba que fuera una de esas fiestas sorpresa, temiera porque alguna cosa saliera mal y todo se fuera al carajo, así que tenía que avisarle cuanto antes.
— ¿Qué podemos hacer el fin de semana? —preguntó de repente, le miré con atención y él se rascó la barbilla. — ¿Quieres que vayamos a algún lado?
Su cumpleaños en realidad era el viernes, y lo festejábamos el sábado porque era un día que más o menos a todos nos convenía. Más que nada porque todos trabajaban y sabía que de un viernes a sábado resultaría, no sé si complicado, pero no se podría disfrutar del todo.
— ¿Qué tienes en mente? —quise saber. —Porque… pensaba que si… te quedas… yo podría llevarte a algún lado.
— ¿En qué estarás pensando? —me dio golpecitos suaves con sus nudillos sobre mi cabeza y se mordió el labio, carajo, era tan hermoso.
Bien, era la hora.
— ¿Tu cumpleaños es el viernes, no? —él asintió. —… Y yo estaba pensando que, no lo sé, estaría bien que lo celebraras en algún lugar. Digo, yo me he encargado de todo y… eso.
Le miré como si fuera un gatito con mucho miedo, es que no sabía qué iba a decir, tal vez no quería festejar su cumpleaños, capaz solo quería irse de viaje y descansar.
Pero no vi que se emocionara o algo, hasta que enarqué ambas cejas entonces reaccionó. Eso se me hizo extraño porque lo conocía y no era de ponerse tan…
— ¿En serio? —ahora si pude notar que se estaba emocionando — ¿Montaste la organización tú solo?
—No te noto emocionado —introduje una fresa —Dime, ¿Quién te lo dijo?
— ¿Cómo que no estoy emocionado? ¡Lo estoy! —sonrió pero mi cara de serio no cambió. — ¿¡En serio lo estoy!?
—Hm, no lo dices muy convencido —intenté hacer notar que estaba molesto.
Aunque sospechaba de quien había sido, y que era obvio que le iba a ir con el chisme en algún momento, no estaba enojado. Bueno, un poco molesto estaba porque yo quería ser quien le dijera sobre su sorpresa no tan sorpresa.
—Fue Devon.
Lo sabía.
—Ah… no me lo había imaginado —dejé el pote sobre la mesita de luz y comencé a golpear su pecho con los dedos. —Igual… planeaba decírtelo, no quería que hubiera algún evento de por medio y que todo se fuera al carajo.
—Solo quería saber si decías otra cosa —sostuvo mis manos, evitando que siguiera molestándole. —Se le escapó, le escuché hablar contigo el otro día y sin querer entré al estudio y bueno…
—Entonces inconscientemente te lo dije —me mostré pensativo.
— ¿Estás enojado? —preguntó en un tono que me hizo estremecer, negué con la cabeza. — ¿Seguro?
Asentí, me quedé mirando sus manos. Solo quería saber hasta qué punto iba a aguantar mi seriedad, y entonces…
— ¡Tom, no! —sus manos se aferraron con fuerza a mi cintura y me tumbó en la cama, rebotó mi cuerpo y mis rastas se esparcieron, parte en mi rostro, y parte en la almohada, él se puso sobre mí mientras comenzaba a tocar mis costillas y a llevarse mis carcajadas.
— ¿Sigues enojado? —dijo también riéndose y yo me retorcía, Pumba comenzó a ladrar y a saltar por la cama también — ¡Ayúdame, tu papá quiere matarme!
Pumba se arrimó a Tom y comenzó a morderle de la parte inferior de su playera, tiraba de ella como si pudiera detenerlo, ambos le miramos, él sacudía su cabeza con fuerza y gruñía. Tom y yo nos observamos y entramos a reírnos otra vez. Él lo sujetó entre sus brazos y comenzó a llenarlo de besos, yo recuperé el aire y me acomodé las rastas.
— ¿Quién es el bonito de papá? —dijo él y comenzó a hacerle mimos. Aproveché ese momento y tomé su teléfono, puse el patrón y les saqué una foto.
Lo bajó de la cama y se fue corriendo, pero no pudo salir ya que la puerta estaba cerrada, Tom le abrió la puerta y supimos que iría a hacer sus asuntos.
—Pumba te salvó —le dije y me miró, estaba con las piernas cruzadas y señalándolo con el dedo índice.
Sin decir nada, se acercó hasta inclinarse ante mí, se recargó con sus manos en la cama y me besó. Tenía un sabor dulce por las fresas y lo sujeté de la nuca, atrayéndolo a mí; me deslicé por debajo de él, esparciendo mis rastas por la almohada, él colocó sus piernas entre las mías y continuó besándome mientras se sostenía con sus manos.
—…No creas que te vas a salvar —le dije mientras tironeaba de su playera hacia arriba —Aún sigo molesto.
— ¿Estabas molesto? —me miró y asentí, antes de que pudiera responder, volvió a atrapar mis labios con unas ganas tremendas que ahogué un suspiro.
Me levanté y me siguió, se sentó tras sus tobillos y le retiré la playera. Juntamos nuestros labios nuevamente y ahora me deshacía de su pantalón, le bajé la cremallera y deslicé su jogging tanto como pude, él pudo sacárselos con las piernas.
—Aún lo estoy —tomé una bocanada de aire y era mi turno de quitarme lo que traía encima, al liberarme de la prenda Tom besó mi cuello y cerré los ojos.
Comencé a sentir calor de repente y fue peor cuando la mano de Tom fue más abajo de ombligo. Arqueé la espalda al sentir su mano y no me resistí, por lo que lo tomé con mis manos por su rostro y lo besé de manera intensa, dejando que su lengua entrara en mi boca, pronto su cuerpo y el mío comenzaron a juntarse y la fricción dio lugar.
Me estremecí por completo al notar que la excitación abordaba en mí, así que obligué a Tom a que cambiáramos de lugar, quedando yo encima de él. El roce de su bóxer contra mi pantalón me hacía desearlo más, tocarlo más, amarlo más.
Logré sentarme a horcajadas sobre él, besándolo mientras acariciaba su rostro con los dedos, sintiendo como los suyos se paseaban por mi espalda, rozando la piel, sintiendo lo fríos que eran, más cada lugar que recorría le devolvía su calor.
Movía mi cuerpo contra el suyo, sintiendo su miembro por debajo del bóxer, su excitación y la mía cobraban vida con cada vaivén. Nuevamente sus labios decidieron abandonar mi boca para comenzar un camino de besos por mi cuello, pasando por mi pecho hasta llegar a uno de los pezones, lo besó con ansias y yo gemí.
Nuestra actividad sexual había descendido cuando empezamos a trabajar juntos, más cuando había un tiempo libre se aprovechaba como podía, tampoco éramos unos adictos al sexo, una parte de mí quería estar junto a él todo el tiempo posible, no tenía importancia si era en un acto sexual, comiendo, o hablando. Sin embargo, había días en los que me despertaba con esas ideas locas de solo tenerlo para mí.
Suponía que era porque Tom estaba buenísimo… Y lo amaba mucho, claro.
En cuanto tuvimos la oportunidad de estar desnudos, dejé que él me dilatara la entrada, mis mejillas andaban acaloradas y mi respiración se alteraba un poco. Me mordí el labio en todo el proceso y me aferré a la almohada, le pedí casi a gemidos que ya estaba listo después de un rato.
Él estando sobre mí me penetró, abracé su espalda y cerré los ojos disfrutando de cada sensación que él me transmitía. Sus embestidas comenzaron y yo lo sostenía de la nuca al tiempo que sus labios chocaban contra mi cuello, y no resistiendo a la tentación, fueron en busca de los míos y nos besamos lentamente.
Sostuve entre mis dientes su labio y eso aumentó las embestidas, llevándose gemidos y cortas respiraciones. Quise disfrutarlo mucho más, y en un movimiento que ni yo mismo pude explicar, me encontré sobre él, sintiendo todo su miembro dentro de mí. Tom me sostenía de las caderas y oía sus gemidos, eso me prendía más y me movía sobre él en constantes vaivenes.
Mis ojos siempre estaban cerrados, disfrutando del momento, sus embestidas comenzaron a acelerar el ritmo y yo me recargaba en su torso, apoyando las manos. Levantó su cuerpo como pudo y enterró sus labios en mi cuello, sujeté mis manos alrededor de su cuello; continuaba moviéndome contra él, mi miembro rozaba su ingle y eso me hacía excitar más.
Con el pasar del tiempo me sentía cada vez más elevado, y los gemidos de Tom me ponían más duro. Aceleré el movimiento cuando ya notaba que su respiración se iba entrecortando y alcanzábamos el clímax juntos. Noté mi entrada húmeda y fue en ese instante que algo caliente bajaba por mi ingle hasta desprenderse de mí, ensuciando todo el cuerpo de Tom y el mío.
Di unos cuantos espasmos, jadeando, sintiendo como los labios de Tom se postraban sobre mi hombro, segundos después me relajé y salió de mí.
Suspiré y miré a Tom.
— ¿Aún sigues enojado? —me sonrió el muy idiota, le di un golpe en el pecho al tiempo que me mordía el labio, él se quejó.
—No lo estaba, tú me arrastraste a la cama a la fuerza.
—En ningún momento dijiste que no —se acercó y me besó la frente, pasó por encima de mí desnudo y pude ver como esas nalgas hermosas se movían hacia el baño — ¿Quieres venir conmigo? Me daré una ducha.
—No puedo decirle que no a ese pan dulce —me levanté y ambos fuimos al baño.
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— ¡Pumba! —aplaudí para que volviera con su osito de felpa. Corrió hacia mí y le di muchos besos. Tom estaba tumbado en el sofá mirando las noticias como un anciano.
No paró de llover en todo el día, y como no pudimos sacar a Pumba a pasear, al menos tenía que distraerle un poco. Pero tampoco podía hacer que se agitara mucho pues andaba con medicación.
— ¿Y a quién invitaste? —preguntó Tom y giré la cabeza, mi cuerpo estaba apoyado en el sofá, cerca de sus piernas.
—A todos —decía mientras zamarreaba el osito de felpa y el cachorro lo movía bruscamente con sus dientes. —… A tus padres, los del estudio, nuestros amigos, los de tu junta… Me encargué de invitar a todos los que pude.
— ¿En serio lo hiciste tú solo? —tiró el control remoto y se sentó, se inclinó ante mí, sus codos estaban apoyados en sus rodillas y sus dedos se entrelazaban. —Porque si es así, te voy a deber una boda muy cara.
Me reí por su cara graciosa.
—Yo quise hacerlo pero me insistieron tanto en ayudarme que no pude decir que no —me rasqué la barbilla.
—No puedo creerlo —me sujetó del rostro con ambas manos —No puedo creer que hagas esto por mí, creo que la última vez que tuve una fiesta casi sorpresa fue a los doce años.
—Bueno, aún puedo pedir un castillo inflable y esas chucherías por si quieres recuperar el tiempo perdido —dije divertido y sonrió. Era tan bonito cuando sonreía.
—No tenías que hacerlo —susurró y tragué saliva —Me bastaba con ir a ver a mis padres, tenerte conmigo en la cama, jugar con Pumba, eso me bastaba.
Presioné mis labios y sujeté sus manos, él logró que nuestras frentes se chocaran, permanecimos en silencio por un rato.
Hablando en serio podría pasar mi vida encerrado en este departamento con Tom, Pumba y comida claro. No podía pedir nada más, solo el amor de estos dos que me llenaba tanto el corazón que lograban que me echara suspiros enamorados.
—Pero no sabía qué regalarte, así que pensé… ¿Qué tal una fiesta de cumpleaños?
—Tu amor es el único regalo que quiero. —dijo y acarició mis mejillas, me sonrojé al instante y sonreí de estúpido que era.
Me arrastró hasta él, logrando que yo quedara arrodillado entre sus piernas y me abrazó con mucha fuerza. Mi cabeza se hundió en su cuello, observando ese chupón que le hice hace un rato, sintiendo como nuestros latidos iban al mismo ritmo y como nuestras respiraciones calmas pasaban sobre nosotros.
— ¿Por qué eres tan lindo? —susurré, sus manos frotaban mi espalda con suavidad.
—Tú eres lindo.
—Oh, sí. Te gusto aún cuando estoy todo ojeroso y usando solo bóxer y tu sudadera.
—Me gustas más cuando estás desnudo.
Nos reímos y me levanté ya que Pumba empezaba a ladrar para salir al balcón, fui a abrirle la puerta y salió a hacer sus necesidades. Tom siguió mirando la televisión y dejó en unos avances del cine, esta semana se estrenaban películas buenísimas.
—Deberíamos ir al cine, hace mucho que no voy —comentó y yo me senté a su lado mientras miraba la pantalla.
—Podríamos ir con Andy y Blas, como en los viejos tiempos.
Andy, mi buen amigo, ¿Dónde carajos estabas? Lo extrañaba horrores y el muy hijo de su buena madre se desaparecía, claro, ahora tenía vida fabulosa y se olvidaba de mí. Pero igual lo seguía queriendo, y las pocas veces que podíamos vernos me la pasaba genial; él decía que iba a estar para el cumpleaños de Tom, sin embargo, conociendo su tan apretada agenda ya comenzaba a no ilusionarme.
—También podríamos invitar a Devon y su novia. —le miré.
— ¿Devon tiene novia? —Tom se mostró confundido ante mi pregunta —… Es que yo pensé que él… bueno, ¿Tiene novia?
—Sí, de hecho me dijo que la conocía pero ahora que lo mencionas no me dijo su nombre —se quedó pensando.
Una luz brillante se coló por el ventanal, y luego el estruendo se apoderó de toda la ciudad. Nos pareció lo más normal, pero alguien entró corriendo y comenzó a ir en círculos mientras ladraba, me puse de pie y me dirigí para cerrar la puerta, de paso observé que el aguacero no dejaba ver con claridad el exterior. La tormenta eléctrica se prolongó y admiré la vista.
—Pumba, bebé, solo es una tormenta —escuché decir a Tom y volteé a verle, el pequeño corría de un lado a otro, golpeándose y ladrando a cada segundo. —Seguro está asustado.
Fui a buscarlo ya que desapareció por el pasillo y oímos como si unas cosas se cayeran, los dos fuimos corriendo a ver de qué trataba. Al entrar a la habitación notamos que Pumba tenía una bolsa en su cabeza y se iba hacia atrás, tratando de quitársela. Lo ayudé y estaba asustado.
—Llévalo al living, ya regreso —me dijo Tom, le di una mirada y fue al dormitorio, le hice caso y fui al lugar.
Pumba estaba inquieto, se ponía peor cuando los truenos se escuchaban y no eran de esos suaves si no de aquellos que parecían darte un vuelco la corazón.
—Tranquilo pequeño, aquí estoy yo —le acaricié la cabecita pero trataba de buscar consuelo escondiéndose muy debajo de mis brazos —No pasa nada.
Me senté en el sofá, Tom vino con su guitarra acústica y no entendía nada. Cerró las persianas y las cortinas antes de sentarse a mi lado, le dio un beso a Pumba y comenzó a afinar la guitarra.
— ¿Vas a tocar una canción? —pregunté y él asintió, sostenía una púa de color negra entre sus labios al tiempo que ajustaba las cuerdas.
—Cuando me trajeron a mi primer cachorro, Scotty, le temía a las tormentas —contó. —Lo mismo le pasó a mi chico cuando también era un crío, yo solía cantarles y lograban tranquilizarse.
Observé a Pumba, gruñía e intentaba zafarse de mí, pero en cuanto Tom tocó unas notas toda su atención se postró en él. Sonreí ante sus ojitos pequeños que le observaban como buscando un milagro.
Una melodía hermosa puso en segundo plano la lluvia, Tom puso una cara de concentración tremenda y yo solo trataba de arrullar a Pumba, este le observaba aún con curiosidad.
La voz de Tom comenzó a escucharse y me quedé muy callado, me sentía muy afortunado de ser una de las pocas personas que podía escucharle cantar, a veces solía cantar a dúo cuando bromeaba con los chicos del estudio, pero esas oportunidades en las que él se ponía serio y cantaba, esas oportunidades valían realmente la pena. Alzó la vista para fijarse en mí y esbocé una sonrisa.
Tanto Pumba como yo le poníamos atención, escuchaba la letra y Tom no dejaba de mirarme mientras la cantaba, yo me preguntaba el por qué no estar con la vista en lo que tocaba, más al parecer lo sabía perfectamente de memoria.
—… So maybe It’s true… That I can’t live without you… —Cantó sonriendo, joder, que no podía con su voz ni con su mirada. Me quería morir en ese momento. —…Well maybe two… Is better than one…
Mi piel se erizó de inmediato y mis ojos se pusieron brillosos, no supe en qué momento todo mi mundo se convirtió en él. Mi pulso se aceleró y mis mejillas se ponían cálidas, mi sonrisa se expandía aún más y me valía muy poco si estaba a cara lavada.
El pequeño ya no protestaba, se acomodó entre mis piernas, su rostro estaba apoyado entre sus patitas delanteras y fijaba a Tom que continuaba cantando para ambos.
Por la cabeza se me pasaron sucesos, de aquellos que en realidad eran lejanos, más en mi mente transcurrían como si fuera ayer. Este hombre quería matarme, quería lograr que me enamorara de nuevo y lo estaba haciendo.
Amaba mucho a Tom, y saber que con pequeñas acciones o gestos suyos podía tenerme, era prueba de que los dos somos uno, ahora… Y siempre.
El que me cantara me hacía sentir tan vivo, me recordaba a todas esas mañanas en las que despertaba y me quedaba viéndolo por un rato, a veces bonito y otras horrible, pero estaba a mi lado al fin. Ese momento de la mañana era sagrado pues me daba a entender que todo había valido la pena, que cada cosa que había sucedido tenía un propósito. Que… A pesar de nuestros errores, de todo el rencor, algún mal pensamiento que tuvimos del otro se pudiera disipar en cuestión de segundos, y todo gracias a la intensidad que él tenía para amarme.
Era cursi pensar en esto, reflexionar cuando me estaba cantando, más él lograba despertar en mí todo un cuestionamiento positivo sobre nosotros.
Algo cálido cayó por mi mejilla, lo barrí con el dorso de la mano y se trataba de una lágrima.
—…’Cause, baby, two is better tan one….
Basta Tom, ibas a lograr que te abrazara y no te soltara jamás en la vida.
El ritmo ya empezaba a hacerse lento, y supuse que pronto iba a terminar. No quería, su voz y la melodía eran tan perfectas que sentí que el tiempo pasó realmente lento. Y cuando llegó al final, todo quedó en silencio.
—Se durmió —susurró y bajé la mirada, pero mi vista se nubló debido a las lágrimas y vi que un par se cayeron sobre Pumba, se los limpié enseguida. Eso lo despertó. — ¿Ya estás mejor, campeón?
Dejó la guitarra a un lado y lo tomó entre sus manos al ver que se quería lanzar sobre él, yo tan solo podía verlo y admirarlo, darme cuenta de lo mucho que me gustaba. Me mordí el labio.
— ¿Qué sucede? —me miró y yo negué con la cabeza, me sequé las lágrimas; con su mano libre me ayudo y se acercó a darme un beso.
—Siempre eres tan romántico, y yo soy puro drama —dije entre dientes, me froté un ojo después. — ¿Por qué estás conmigo?
En el estudio solía ponerme a discutir con él cuando algo no salía bien, hasta a veces no nos hablábamos sino hasta llegar al apartamento, los chicos ya sabían sobre eso y no se metían en el asunto. Claro, al otro día ya estábamos más que bien, y luego volvía a repetirse la situación.
—Porque eres feo —bromeó, puso una mala cara y yo le golpeé el hombro — ¿Hace falta que te diga por qué?
—No lo digas porque vas a hacer que te ame más de la cuenta. —bufé y fruncí la nariz porque comenzaba a picarme.
— ¿Quieres saber la aterradora verdad? —insistió y dejó de acariciar a Pumba que ya se había dormido. Me reí bajito por el tono que había utilizado.
—Tonto.
—… Es porque te amo —contestó y me puse rojo. Carajo, convivía con él y me ponía en plan de idiota.
—Yo también te amo —bajé la vista, no podía más.
—Mírame, y dilo —me desafió, mojé mis labios. Tomé una gran respiración y pude hacerlo. —… Dilo…
—Te amo —solté —Te amo mucho, no sabes cuánto… Así como mucho, muchísimo, mi amor es más grande que todo el universo.
— ¿Ves? Por eso te amo.
Nos acercamos y nos dimos un beso.
— ¿Quieres casarte conmigo? —dijo entre risas y yo asentí, sonriendo.
Continúa…
La canción se llama Two is better than one de Boys like Girls.
Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.