III Wünschen 9

«Wünschen». Temporada III

Capítulo 9: Tú y yo

Dejé a Pumba corretear libremente por el pasillo del estudio, sus ladridos advirtieron a todos de mi llegada; suponía que era el último en llegar a la reunión que Tom convocó desde muy temprano. Por la mañana le dije que vendría con él pero me dijo que descansara un rato más, no recordé que le dije pero lo que sí fue que me tiré a la cama otra vez y me quedé dormido hasta hace un rato. Ni siquiera desayuné, esperaba hacerlo aquí porque ya casi iban a ser las once y no quería llegar tarde.

Me encontré con el otro productor y le saludé, me dijo que ya estaba camino a la sala de reuniones y que todos estaban allí. Me dejó entrar primero y me di cuenta que las luces estaban apagadas, y que las cortinas obstruían la luz del exterior. Estaba confundido, así que caminé un poco para encender los interruptores pero una mano se posó sobre la mía y las encendió por mí. Al ver con más claridad, me encontré con Tom que estaba frente a mí, y en sus manos sostenía algo maravilloso.

– ¡Al fin llegó! –Dijo con una sonrisa, miré por un instante detrás de él, mis compañeros tenían uno en sus manos y detrás de ellos habían cajas y cajas con nuestro logo impreso en los mismos.

¡Maldita sea! ¡Ya llegaron los cds!

Eché un gritó y se lo arrebaté de las manos, como un desesperado comencé a retirarle el envoltorio y pude apreciar la portada. Lo abrí y leí cada canción, las imágenes, la temática del cd. Todo era como lo había visto en la laptop de Gustav, ¡Tan hermoso! No podía describir la emoción que estaba sintiendo en este momento, el estómago se me revolvía, mi sonrisa no quería irse y mis ojos pronto se aguaron de felicidad.

– ¡Ay, Tom! ¡Es muy hermoso! –me tiré sobre él y lo abracé, él me correspondió. Me frotó la espalda y disfruté de su abrazo, estaba desbordando de felicidad, tenía ganas de tirar todo por la ventana.

Me separé pero antes le di un beso y fue ahí que comenzaron a molestarnos. No solíamos ser melosos cuando estábamos en el estudio, bueno, ¿Para qué mentir? A veces cuando no había tanta gente nos poníamos en plan romántico, pero esta vez estaba tan feliz que necesitaba abrazar a la primera razón de ello.

Pronto empezamos a husmear las demás cajas, Tom quería verificar que ninguna tuviera fallas o algo por el estilo. Hoy por la noche teníamos nuestro segundo show en Berlín. El tour consistía en dos presentaciones por ciudad; primero estaba Berlín, luego Magdeburgo, Hamburgo, Munich, Frankfurt y Leipzig, que no podía faltar. También teníamos presentaciones en radio, y Tom había comentado algo de que ya había un director para el vídeo de alguna de nuestras canciones. Ese era un tema pendiente, él quería que lo hiciéramos antes de que el tour pequeño se acabe, y era que entre fecha y fecha teníamos varios días libres.

Nos embobamos con los discos, nos tomamos fotos y el guitarrista se encargó de difundirlo por las redes. Al menos no alargaron más la espera, ya me carcomían los nervios de tantas veces que decían que aún no estaba listo, y esto en verdad me sorprendió. O tal vez solo querían hacerme sufrir.

Busqué mi teléfono y le tomé una foto para enviársela a Andy, seguramente apenas lo viera me llamaría y pegaría el grito también. Sentí que me vigilaban constantemente, y en cuanto alcé la vista me encontré con que uno de los asistentes de Tom sostenía una cámara.

– ¿Para qué es eso? – Pregunté confundido mirando como esa cámara me seguía, señalé la misma y miré a Tom. Él se rió y se acercó.

–No lo sé, tal vez cuando seas viejo quieras ver la reacción de tu primer disco. –Dijo a modo de broma y le di un golpe suave en el hombro. Él me tiró un beso en el aire y siguió inspeccionando las cajas.

Al mediodía ya debíamos comer algo y partir a la reunión sobre el primer vídeo de la banda. Tengo que admitir que estaba ansioso, yo para esas cosas no era muy bueno, me dijeron que llevara algunas ideas pero con todo lo que estaba viviendo era casi imposible pensar en algo coherente.

Tampoco sabía qué canción tendría vídeo, era una decisión que no podía tomarla solo, aunque Tom ya se había adelantado con ese detalle.

No creí que esto fuera tan difícil, desde una perspectiva lo veía fácil pero, cuando le tocaba a uno ser cantante, las cosas se volvían densas y me sentía inútil por momentos. Gracias al cielo que tenía un novio paciente y que me explicaba todo más de dos veces de ser necesario. Estaba aprendiendo muchas cosas, y todavía faltaban más por venir.

–Después del show tenemos una cita –habló Tom mientras cargaba a Pumba entre sus brazos, yo le miré confundido y él alzó la cabeza para verme. – ¿Qué es esa cara?

– ¿Una cita? –sonreí tratando de deducir esa mirada pícara suya. – ¿Y ahora qué hice?

–Enamorarme –dijo seguro y no pude evitar ponerme rojo. Carajo, ¿Por qué mi novio era tan tierno? Negué con la cabeza y me acerqué para darle un beso. Estábamos alistándonos para marchar a esa reunión, pensé que sería aquí pero Tom acordó hacerlo directamente en el lugar donde daríamos el concierto.

–Más te vale que no sea lo del barco porque te mato –le advertí. Siempre andaba con esa idea de llevarme en un barco y darme una luna de miel adelantada, a veces le oía cuando le hablaba a Pumba, diciéndole que iríamos los tres por el Caribe; le hacía caras graciosas e imitaba una voz chillona horrible para nuestro bebé.

–Si te digo de qué va no es una cita –sujetó mi bolso al ver que casi me voy a la mierda. –Lo llevaré por ti.

–Pero estás cargando a Pumba –se detuvo en el pasillo, ya cargaba con su mochila en la espalda.

–Tú encárgate de él –Me lo pasó con cuidado, Pumba me dio un beso en el mentón y él agarró mi bolso, estaba pesado porque tenía muda de ropa y mis demás porquerías, como ya nos quedaríamos en el lugar donde se iba a hacer el concierto, teníamos que llevar nuestras cosas.

Como siempre, éramos los últimos en salir. Acomodó todo en el asiento de atrás mientras yo me sentaba en el copiloto con Pumba, unos segundos después Tom entraba con su teléfono pegado a la oreja. Chistó la lengua y miró la pantalla, le observé atento y no pude evitar ignorar eso.

–¿Pasa algo?

–Devon no me contesta, ya le llamé un par de veces –Sonaba algo molesto. Ahora que lo pensaba mejor, no lo había visto en toda la mañana.

Ayer se comportó extraño y se fue temprano, no sé porque en mí había alguna parte que me daba comezón de solo pensar que había sido por lo que le dije. De todas formas, un poco de su culpa era porque logró desbordarme, yo no era una persona fácil de estallar. A pesar de lo que había vivido, y de que había sido un idiota en ese sentido, aprendí a enfrentar mejor las cosas; y que era mejor hablar que callar y aceptar el destino.

– ¿Y no llamaste a Erica? –traté de buscar alguna otra alternativa. Pumba se acomodó en mis piernas y enseguida se quedó dormido. Tom encendió el motor y marchó.

–Sí, pero tampoco contesta.

–Seguramente habrán tenido alguna emergencia –dije dudando, era extraño eso. –Bueno, tal vez se les dio por hacer una escapada a alguna parte.

–Devon no es de hacer esas cosas –frunció el ceño. –… aunque ahora que me recuerdo, actuaba extraño.

Le miré con el ceño fruncido, ¿Podría haber sido por mi culpa? Era algo estúpido, bien podría hacerme frente o… bien no podría hacerlo. Bueno, si me sucediera yo lo haría, soy bastante persuasivo en ese sentido; digo, hice lo que la gente me pedía aún sin que ellos supieran si eso me agradaba o no.

No se habló más del tema durante el viaje, y yo trataba de no pensar mucho en eso. El remordimiento me hacía sentir incómodo; era extraño porque no le dije algo fuerte, apenas un intercambio de palabras, lo que yo pensaba. Eso no era nada malo, ¿O sí?

Cuando llegamos al lugar había un grupo de personas con sonrisas en sus caras. Reconocí al asistente de Devon y al de la banda, nos ayudaron a bajar las cosas, mejor dicho, se llevaron todas las mías. Tom cargó su mochila y me dijo que le entregara a Pumba porque ya sabía lo que estaba por venir, así que le hice caso. Se acercaron para unas fotos y algunos autógrafos, acepté amablemente y me sentía en un sueño, cada vez que vivía este tipo de situación me sentía dentro de una burbuja de fantasía.

Unos minutos después ingresé al lugar, en donde me recibieron los dueños del mismo, y allí también se presentó el director. Era un tipo de barba, cabello rubio con ondas, fornido y de la altura de Tom. El trato fue bueno, me cayó muy bien.

–Oh, ¿Qué es esto? –preguntó con una sonrisa a la cámara. Joder, había olvidado esa parte. Le comenté sobre la idea loca de Tom de documentar todo para el futuro y le gustó, dijo que era bueno guardarse momentos que pasan una sola vez en la vida.

Nos sentamos en una de las mesas que pusieron para nosotros cerca de la barra y nos pusimos a discutir sobre el asunto. Mis ideas eran muy básicas, pero el director dijo que no eran tan malas, así que trató de tomar las suyas y las mías; nos dijo que había escuchado todas las canciones y las que más le gustaron fueron Down on You y Human connect to human. Sin embargo, si queríamos atrapar al público primero debíamos tomar el camino suave, ir probando tonalidades. Esas dos canciones eran muy opuestas, pero el director dijo que era preferible la de Down on You. Siguiendo su idea nos convenció hacerla, y Tom dijo que no habría problema si quisiera grabarlo en los baches que teníamos con respecto a las fechas del Tour. No se necesitaría ir muy lejos, según la idea.

El día se pasó volando contando más sobre el escenario del vídeo, bebimos y comimos algunos bocadillos. Mi bebé andaba correteando libremente por el lugar y todos se encariñaban con él. Sé que era muy repetitivo pero a cada tanto les preguntaba si no les molestaba que Pumba estuviera en el lugar, porque sé que hay gente a la que no le gusta, pero estos tipos eran muy buena onda.

Una vez concluida la reunión de casi dos horas, nos propusimos a ensayar un poco antes de que empezaran a acomodar todo y abrir las puertas para dar otro show. Y esta vez habría mercancía qué vender, estaba muy ansioso por la venta de discos, en este show lo estaríamos estrenando.

Salí del escenario con la toalla sobre mi hombro, estaba algo empapado y demasiado aturdido por lo que había vivido. Era el segundo show y en verdad que no podía creer que lo estuviera cumpliendo, se sentía un sueño. Esta vez sentí adrenalina y tanta felicidad porque mis padres habían podido llegar a tiempo para presenciar el concierto desde el comienzo; también vino Andy, Ria y Zira, y todos los que conocía. Los reconocí aún cuando estaban entre la multitud gritando y saltando.

Yo realmente los desconocía, en el sentido de verlos tan alterados y gritando mi nombre, se sentía extraño pero bonito.

Nos dimos un abrazo con mis compañeros, todos estábamos sudados, sucios y contentos. Tom me esperaba con una botella de refresco, ya me conocía, sabía que después del show necesitaba algo dulce para la garganta.

– Te felicito fue un show increíble –dijo con sus ojos brillosos. Bebí un poco y luego le di un beso corto en los labios. –No puedo creer que mi novio tenga la voz más hermosa del mundo.

–Aww, mi amor –lo abracé y me correspondió, estaba hecho un asco pero Tom ya me conocía en todas mis facetas. –Y yo no puedo creer que tenga al novio más sexy del mundo.

Nos metimos por el pasillo mientras veíamos como los del staff comenzaban a moverse para empacar todo a medida que se retiraba el público. Tom me dijo que Pumba estaba durmiendo cómodo en el camarín, así que me sentí algo tranquilo, claro que él lo iba a ver a cada rato por si se despertaba y se sentía solo.

Al entrar al camarín, Pumba estaba durmiendo panza arriba, roncaba como si hubiera tenido un día muy duro y estaba acobijado por la manta que le compramos de color celeste con nubes blancas, era muy bonito. Me acerqué a él, no quise despertarlo pero en cuanto me incliné solo para observarle más de cerca abrió sus ojitos y empezó a estirarse. Lo tomé entre mis brazos y lo llené de besos, lo había extrañado tanto al gordito.

–Mira que gordo estás –dije tocándole la pancita. –Vas a reventar en cualquier momento.

Tom se acercó a nosotros y empezó a darle unos mimos, los dos nos pusimos a llenarle de besos y a molestarlo, pero sabíamos que eso a Pumbi le encantaba y hasta nos daba besos también.

La puerta se abrió y vimos a Matt, el guitarrista, mirándonos con expresión confundida.

–Okay, haré de cuenta que no le están haciendo mimos a un perrito como si se tratara de un hijo. –Dijo aguantándose la risa. –Se ven ridículos.

–¡ Cállate, Matt! –chillé haciendo mala cara. –Es mi bebé.

–Nuestro bebé – dijo Tom, le di una mirada e hizo una mueca mirando a mi compañero. Ok, ya veo los celos.

–Si mi amor, nuestro bebé –le di un beso en la mejilla.

Entre que esperábamos a que despejaran el lugar y empezaran a guardar las cosas, la cámara rondaba por todos lados, mis compañeros ya andaban haciendo burradas debido al cansancio y al hambre, Tom andaba haciendo llamados por una entrevista de una revista que ahora no recordaba el nombre.

Nos reunimos con todos en otro camarín más grande, estaban mis padres y los chicos, en cuanto los vi fui corriendo a abrazarlos, mi madre tenía lágrimas en los ojos. No pudieron asistir al primer show por el trabajo de Gordon pero me alegraba muchísimo que hayan venido, con que supieran que estaba cumpliendo uno de mis sueños locos trillados me bastaba.

–Estoy orgullosa de ti, hijo – me dijo mientras me sujetaba de las mejillas y me observaba con una gran sonrisa, yo también estaba por ponerme a llorar de la emoción.

–Maa, no te pongas a llorar. Me harás llorar también –y fue en vano porque ambos nos encontrábamos enjuagando nuestras lágrimas con sonrisas.

– ¿Alguien pudo dar con el maldito Devon? –escuché a uno de los productores mientras miraba su celular, le di una mirada y luego busqué a Tom, todavía seguía en el teléfono.

–De verdad parecías una diva ahí arriba – miré a Andy y él me dio un golpe en el hombro. –Esta es la parte en la que digo te lo dije.

–Pero así no es el chiste. –le miré confundido. Nos empezamos a reír.

–Ya idiota –me dio un abrazo muy fuerte –Hace mucho que no te abrazo, esto se siente raro.

–Deja de hablar y abrázame –protesté y tardamos un rato en separarnos. –Ya, todos están viendo que soy muy marica.

Me limpié las lágrimas, adiós maquillaje, nos veremos en otra vida. En todo lo que duró el post-show me la pasé llorando, tenía un pañuelo a mano y un vaso de agua, de verdad que estaba muy contento, no pensé que todos vendrían a verme, era como si los que estaban aquí eran la mitad del público allá en el escenario. Me ausenté unos minutos para darme una ducha rápida y luego regresé con los demás.

Una vez que comimos pizzas, bebimos cerveza, nos tomamos miles de fotos, estuvimos listos para irnos. Tom le ofreció a mis padres quedarse en el apartamento, y los convencí para que aceptaran porque ya era demasiado tarde para que tomaran un tren. Nos despedimos de los que quedaban y en el auto de Tom nos metimos los cinco, Pumba iba dormido.

Estaba tan emocionado que no tenía sueño, a pesar de que estaba cansado aún no podía asimilar lo que había sucedido, era el segundo show pero los nervios no se iban y la idea de que podía cagarla no me abandonaba. Tom me había dicho queme llevaría tiempo manejar eso pero que, por experiencia, yo lo estaba haciendo muy bien. Antes habíamos participado en otros eventos, pero aquellos eran de escenario compartido, no entendía porque me intimidaba más un grupo pequeño que una multitud como la que enfrentamos en el festival de verano hace unos meses.

Suponía que era porque esas personas ya pertenecían a nuestro mundo y un vínculo se estaba formando de apoco.

Me recordó sobre la cita, así que solo dejamos a mis padres y a Pumba en casa. Instantes después Tom decidió manejar a una dirección que por el momento yo desconocía. Sin embargo, algo me decía que iríamos a ese lugar que nos había marcado de por vida.

– ¿Qué planeas hacer? –le pregunté. Miré por la ventana y no reconocía las calles. –¿No iremos al Tegeler See?

– ¿Tú quieres que nos pasemos la noche llorando? –le miré y él me sonrió. –Es una sorpresa.

– ¿Acaso es mi cumpleaños? Me llenas de sorpresas todo el tiempo, me estás mal acostumbrando.

–Pero te encanta –Me callé y le miré sonrojado. Sí, tenía razón. Me gustaba que Tom tuviera esas ideas locas de irnos por las noches a quien sabe donde, si tuviera una motocicleta creo que ya hubiéramos dejado Berlín.

Cuando estacionó el coche no supe dónde estábamos, antes de bajar me dijo que aguardara unos segundos. Él salió primero y yo solo el seguí con la vista, abrió la cajuela y sacó algo, luego vino para mi lado y abrió la puerta, me tendió un regalo, lo era porque estaba envuelto en un papel brilloso color rojo con un moñito azul.

–El otro día casi te pones a llorar cuando te dijeron que no habían más ejemplares.

Al oír eso abrí los ojos sorprendido, tomé el regalo predecible y rompí el envoltorio desesperado. Me encontré con el libro, apenas vi el título eché un grito y me tiré sobre él. Lo llené de besos y él solo se reía, me abrazó con fuerza y me levantó por los aires unos segundos.

–A ver si me lo lees por las noches –me dijo una vez que nos separamos y yo miraba embobado la tapa del libro. –… pero antes, quiero saber…

–No, mi amor. No tiene tiburones –le contesté mientras le observaba con una sonrisa, se alivió dando un respiro hondo. –Dice «El misterio de tritón», y tú sabes que no me gusta la violencia en los libros… Bueno, tú me entiendes.

– ¿No eran sirenos? Dijiste eso el otro día –cerró la puerta y le puso el seguro.

–En realidad son tritones, no sirenos –inspeccioné la primera hoja y era una nota de la autora –Pero yo digo sirenos porque queda más bonito.

–Sirenos… –dijo entre risas – Solo a ti se te ocurren esas cosas.

Me dio un beso en la mejilla y me tomó de la mano. Empezamos a caminar pero aún no sabía a dónde me iba a llevar, sujeté el libro como si fuera mi precioso. Tom me dijo que cerrara los ojos, y eso hice. No era de hacer trampa, así que en ningún momento decidí entreabrir un ojo para husmear a donde íbamos, solo escuchaba sus indicaciones, él me sujetaba de la cintura y caminábamos despacio, lo difícil y curioso fue cuando tuvimos que subir escaleras, pero antes me di cuenta que subimos por un ascensor.

Sentí una brisa y Tom me decía que tuviera cuidado, me condujo unos pasos más y me dijo que me quedara quieto.

–No estoy en la cornisa, ¿verdad? –pregunté preocupado. – ¿Por qué siento que estamos muy alto?

–Shhh… Tengo que tomar foto de esto. –escuché y sentí una luz que me cegó un segundo.

– ¿Qué haces? –ya estaba curioso y quería saber en donde mierda estaba. –Tom, ¿Ya puedo abrir los ojos?

–Cuenta hasta tres.

Uno, dos, tres. Abrí los ojos lentamente y me encontré con una vista de Berlín que jamás había tenido la oportunidad de apreciar antes. La ciudad de noche era una maravilla, todas esas luces eran hermosas y me giré para ver a Tom. Él estaba mirándome con una sonrisa, sentado en un taburete bajo un cielo raso, había una barra con bebidas, y del otro lado parecía como una habitación, tenía cama pero también un sofá, una mesita de café. Parecía un monoambiente moderno y bien equipado.

– ¿Qué es esto? –dije sin creerlo, volví a mirar la ciudad y luego a él. –No me digas que compraste esto.

– ¿Estás loco? –frunció el ceño mientras se llevaba una fresa a los labios. – ¿Cómo vamos a vivir los tres en este lugar?

–Entonces… –no comprendía.

–Es de un amigo, me lo prestó por esta noche.

Caminé hasta él mirándole divertido, me acerqué acomodándome entre sus piernas y lo abracé por la cintura. Él tomó una fresa y me la dejó a la altura de mis labios, la sujeté con los dientes y la mastiqué mientras nos mirábamos. Observé la barra y habían unos bocadillos y una botella de champagne con dos copas esperando a ser servidas.

–Te voy a matar, ¿No me digas que por eso estabas pegado al teléfono? –comí otra fresa.

–Bueno, las dos primeras llamadas sí eran por la revista –se rascó la nuca.

–Tonto, ven aquí –lo sujeté de su camisa y lo atraje hacia mí. Comencé a besarlo y él me tomó de las mejillas, pronto nos veíamos envueltos en un beso que al principio era tierno, luego empezó a tomar otro rumbo, su lengua y la mía jugueteaban y ya sabía que esa cama que vi antes estaría ocupada en unos cuantos minutos.

–Espera –me separé para recuperar el aire. -¿Por qué estamos aquí?

–No lo sé, ¿Para celebrar tu segundo show? – me miró embobado. Me acomodó unas rastas hacia atrás y luego acarició mi mejilla, yo sonreí y también rocé mis dedos por las suyas. –No hay motivo, solo me gusta pasar momentos así contigo.

–Pensé que ibas a pedirme casamiento –me reí, él también lo hizo. –Mi amor, ya sabes que a mí no me gusta que gastes dinero en este tipo de cosas. Con que tomemos cerveza en la cama y veamos películas estoy bien.

–Acabas de joder un buen momento –se rascó la nariz, le mordí la mejilla y se quejó. –Bueno, ahora sí no te pido casamiento.

–Qué tonto –le sobé donde le mordí.

–Quiero que tengas lindos momentos, mi amor –dijo abrazándome por el cuello, hundí mi cabeza en su pecho y escuchaba sus latidos. –Y mientras se me permita darte estos lujos, no me voy a detener.

–Mientras no compres medio país, todo bien. –me burlé y escuché su risa.

–La idea del casamiento no está mal, eh –Habló luego de unos segundos y lentamente retrocedí para mirarle, él aprovechó para besar mi nariz. –Claro que tenemos que comprometernos antes.

–Tom, ¿Estás hablando en serio? –no supe porque mi respiración se agitó y los latidos iban más seguido, todo se puso denso y estaba por caerme.

–No me importaría llevar un compromiso de siete años, o si te lo pido esta noche o en diez años. Tampoco me gusta presionarte, todo a su tiempo. Yo te esperaré –me mostró una sonrisa comprensiva.

–No es que tenga miedo –Bueno, si estaba asustado. – ahh… bueno sí.

–Si piensas que me voy a cansar de ti en algún momento, no va ser así –me tomó del rostro con ambas manos y nos miramos directo a los ojos. –Hemos pasado por mucho, te juro que hay tantas cosas hermosas para decirte, y sé que si las suelto ahora mismo vas a salir corriendo. Pero quiero que sepas que me gustas, que te amo, que me encantas. Quiero celebrar contigo todas las fechas importantes, como la de nuestro primer beso o el día que hicimos el amor por primera vez, hasta ese día en que te vi tras el cristal si eso quieres saber…

Mi labio inferior comenzó a temblar y ya sentía ardor en los ojos, estaba temblando pero sus manos me daban tranquilidad, todo lo que decía me lo daba.

–… Me gusta darte sorpresas de este tipo, me gusta llevarte a mi lado en el coche, dormir juntos, desayunar juntos, bañarnos juntos. Me gusta compartir cualquier cosa contigo, aún así no entienda porque solo así puedo verte sumergido en tu mundo, y que me enseñes a formar parte de ello.

–Tom…

–Y si tienes miedo, yo voy a esperarte. Si quieres salir corriendo yo iré atrás de ti, no importan las veces que sean, yo estaré ahí. –Ya estaba llorando, pero era de felicidad. –Tú sabes que quiero compartir el resto de mi vida contigo, y si es necesario que lo repita lo haré, jamás voy a cansarme de esto. Eres lo más importante que pudo haberme pasado, nunca dudes de eso.

Lo abracé otra vez y me eché a llorar. ¿Por qué Tom era tan lindo conmigo? ¿Por qué lograba enamorarme una vez más cada que hablaba?

–Te odio –dije llorando. –pero aún así quiero casarme contigo.

Estaba hecho un desastre, se me caían los mocos, ya ni siquiera podía ver de tan hinchados que estaban mis ojos, mi nariz estaba congestionada y mi pecho cargaba con algo que no sabía qué era. No, no era miedo a casarme. Sé que quiero un casamiento con Tom en un futuro, y si hay que esperar años para ese día, pues yo iba a poder con ello. Además, si estuviéramos o no casados, no interferiría en lo que él significa para mí, yo lo amo, lo quiero tanto.

–Solo hay un pequeño problema. –extendió un pañuelo y comencé a limpiarme los mocos, le miré con los ojos brillosos. –No tengo el anillo ahora.

Se rió, él también tenía los ojos aguados. No pudo evitarlo y me reí también.

–Ya compraremos anillos de compromiso –le dije luego de sonarme la nariz. –Y vamos a repetir esto pero frente a todos.

– ¿Puedo cantarlo? Compondré una canción si quieres –dijo divertido.

–Ya veremos. –me di la vuelta y él me abrazó por la cintura, los dos mirábamos el exterior.

¿Algo más podía pasar esta noche? Era todo tan perfecto, y pasarlo junto a Tom lo hacía más perfecto.

Comimos unos cuantos bocadillos, luego tomamos unas almohadas y una frazada para tirarnos en la terraza a ver la noche de Berlín. Nos recostamos y nos quedamos viendo los edificios. Sobre la ciudad yacía un manto brillante color bordo, producto de la harta iluminación que contrastaba con las nubes nocturnas.

Me relajé contra su pecho, él me abrazaba por el hombro y cerré los ojos apreciando esta tranquilidad, la brisa fresca que nos envolvía. Ambos respirábamos con normalidad, sumido en el silencio, en el trance. Percibía un aroma típico, como a tierra mojada pero eso no fue problema, solo quería estar así con Tom.

–Va a llover –escuché y abrí de apoco los ojos, pronto la brisa era más fría y Tom empezó a moverse. – ¿Vamos adentro?

–No creo que llueva ahora. –al decir eso algo cayó sobre mi frente y miré el cielo, pronto unas gotas se presentaron alrededor de nosotros, y en unos segundos la lluvia caía.

– ¿Y ahora? –quiso tener la razón, yo me reí. Nos estábamos mojando pero nos tomábamos el tiempo para entrar, tomados de la mano con las almohadas y la manta atravesamos el ventanal y la cerramos tras nuestros pasos.

–Será mejor quitarnos todo, no quiero que te enfermes –me dijo mientras hacia mis rastas para atrás.

– ¿Acaso es una excusa? –le miré divertido y enarqué una ceja. Entre risas nos quitamos la ropa y las dejamos sobre el sofá, nos metimos ahora sí a la cama y nos tapamos. – ¿Solo dormiremos?

Los dos nos miramos, él sonrió y me besó la mejilla.

–Bueno, si quieres puedo ir abajo… –dijo mientras se metía debajo de las sábanas y yo me eché a reír, pero con mis manos evité que lo hiciera.

–No seas idiota, quiero que me beses y me abraces, nada más.

Se destapó, su rodete estaba desprolijo, entonces con mis manos lo liberé dejando que su cabello cayera por sus hombros. Era tan hermoso verlo así, y me sentía poderoso al saber que solo yo podía verlo de esta manera. Comencé a enredar mis dedos por sus cabellos, barriéndolos con suavidad. Quería estar así con Tom esta noche, quería verlo de cerca y recordar cada facción de su rostro, mirar su lunar en la mejilla hasta que me cansara, sentir su perfume hasta marearme, besarle hasta que me desmayara por la falta del aire.

Se acomodó sobre mí y nos besamos, lo sujeté de sus cabellos con suavidad mientras nos sumergíamos en la unión de nuestros labios, sintiendo la calidez y textura que ya la conocía de memoria, y me encantaba repasarla una y otra vez. Nos separamos luego de un buen rato y nos acomodamos para dormir.

Me removí en la cama y no sentía el calor de Tom. Me di la vuelta hasta quedar boca arriba y mis rastas obstruían mi visión, me las corrí para poder encontrarme con la habitación iluminada, elevé la cabeza y había un sol radiante afuera, miré alrededor y no había rastros de Tom.

– ¿Tom? ¿Mi amor? –me senté, miré a la mesita de luz y había una taza de café, había una notita que decía…– Estoy en la ducha, guiño.

Me reí ante eso, bebí el café para poder despertarme del todo, y el dulce del mismo logró hacerlo. Me quedé mirando afuera una instante desde la cama, a medida que bebía el café con tranquilidad, podía escuchar el grifo de la ducha y la televisión que estaba encendida. Fijé la hora y eran las nueve de la mañana, bueno, al menos no nos habíamos quedado dormidos.

–Buen día… –oí y le miré, pero escupí un poco el café. – ¿Qué?

– ¡Pfff!, Tom vas a darme un infarto –estaba desnudo –Cúbrete eso, alguien puede verte desde la ventana.

– ¿Y qué si no quiero? –Negué con la cabeza mientras lanzaba un suspiro, miré su paquete de reojo y me sonrojé. –Ahh pero bien que me estás mirando.

– ¿Estuviste pensando en mí o qué? –pregunté directo, dejé la taza. Le miré conteniendo una carcajada.

–Te saliste con la tuya –dijo a medida que se acercaba a mí, me destapó y se metió a la cama conmigo. Me besó mientras se acomodaba sobre mí, sentí su erección contra mi boxer y pronto sentí las mejillas acaloradas.

– ¿Te quedaste con las ganas de anoche? –pregunté mientras sentía sus labios sobre mí cuello, friccionaba su miembro contra el mío y la excitación no tardaba en llegar. –no me contestó y solo prosiguió a quitarme el boxer, sentí una de sus manos tocar mi miembro y eso me hizo gemir, a continuación empezó a tocarme lentamente, logrando que empezara a calentarme con el pasar de los segundos.

–Mierda, siempre tienes que hacer eso –dije entre dientes, juntamos nuestras frentes y vi como sonreía. – Hazlo de una vez.

–Ah, entonces tú también te quedaste con las ganas.

Nos empezamos a reír como dos idiotas. Tom siguió con el plan y preparó mi entrada, esta vez no tardó demasiado y en unos instantes sentí su miembro entrando en mí, empecé a gemir acorde a sus intensas embestidas. Lo hacía duro, yo me sujetaba de su nuca a pesar de que mi cabeza y hombros daban contra la pared. Podía ver su sonrisa cada que e penetraba y sentía algo de vergüenza cuando veía mi expresión al embestirme.

– ¿Te gusta… verme sufrir? –pregunté con dificultad mientras el ritmo iba cambiando.

–Me gusta verte disfrutándolo. –dicho eso besó mis labios y comenzó a penetrarme más seguido. No me aguanté los jadeos, presionaba mis manos contra sus hombros al sentir su miembro una y otra vez, la excitación nos dominaba y me prendía más escuchar su respiración agitada o su sonrisa bonita.

Entre embestidas me besaba, o nos mirábamos y nos sonreíamos. Cada minutos que pasaba nos hacía llegar cada vez más alto, hasta que le pedí que acelerara el ritmo, mi miembro rozaba su abdomen y esa fricción me hacía sentir placer, tanto que parecía que en cualquier momento iba a explotar. Me sujetó por la espalda y me llevó hasta que pudiera apoyar mi espalda contra las almohadas, fue entonces que aproveché para tocarme en lo que él seguía penetrándome. Ambos aceleramos el ritmo, coordinados. Escuché su gemido y cómo sus embestidas iban descendiendo, sentía mi entrada húmeda y algo caliente desprendió de mi miembro, siguió dándome durante unos segundos más, luego salió de mí y se echó aun costado. Miré su abdomen y estaba manchado de semen, sonreí y le barrí unos cabellos de su frente sudorosa.

– ¿Ahora sí estás contento? –nos miramos y sonrió como niño bueno. Nuestros pechos subían y bajaban, sentía los latidos resonar por todo mi cuerpo y la calentura iba descendiendo.

Una vez más cerré los ojos para disfrutar estos segundos.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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