«Wünschen». Temporada III

Capítulo 18: Complot

— ¿Qué sucede? —preguntó mi mejor amigo en cuanto entró a la habitación, nos miramos y él se mostraba entre preocupado y curioso, se acercó despacio y yo negué la cabeza con total desconcierto —Vamos, nena. Algo te sucede, conozco esa cara.

Inspiré hondo hasta poder llenar mis pulmones y lo exhalé inflando mis mejillas, volví a bloquear el teléfono y lo dejé en la mesita, me senté en la cama y me quedé mirando a la nada por unos instantes, realmente estaba muy confundido y necesitaba respuestas de inmediato.

—He llamado a Tom estos últimos días, pero no hay registro de ello en su teléfono. —dije sin más, mi voz no tenía un determinado tono pero Andy se puso serio y se sentó a mi lado con cuidado, como si tuviera miedo que de un momento a otro estallara sin avisar, aunque eso podía suceder muy pronto.

—Bill, deja las tonterías —me dio un golpecito en el brazo y no reaccioné. —A ver, te preparó un desayuno bonito, ¿Y quieres armar escándalo? No te conformas con nada, querido amigo.

—No, Andy —dije suave y le miré, él hizo lo mismo y yo no estaba jugando, se dio cuenta enseguida —Te fuiste y no pudiste verme pegado al teléfono todos estos días, llamándolo, enviándole mensajes que jamás fueron contestados, hablé con mi suegro y me dijo que él estaba con Devon.

—Ya, ¿Y? —le miré con cara de culo, el cambio fue repentino —Bill, acepta de una vez por todas que tienes un problema serio con ese tipo. Sí, era cierto que le acertamos esa vez, que dijimos que había algo raro y toda la cosa, pero ya vimos que está con Erica y que ellos son mejores amigos desde pequeños. Tú y yo también nos conocemos desde que somos unos mocosos, y a pesar de que hemos crecido no cambiamos nuestro comportamiento al estar juntos.

—De verdad que no eres mi mejor amigo en este momento —dije sin poder creerlo, tomé nuevamente el celular de Tom —Si fueras mi Andy estarías chillando, gritándole a ése, ambos estaríamos buscando alguna magia negra para echarle a ese desgraciado.

Mi mejor amigo cambió drásticamente su expresión y se mandó una carcajada que seguramente se escuchó en todo el edificio. Ése sí era mi mejor amigo.

— ¡Aaay! ¡En verdad tienes que calmarte! —dijo enjuagándose la lágrima imaginaria — ¡Basta Bill! Te estás comportando como un niño.

— ¿Tú crees que soy un niño? —me levanté de manera repentina y fui a buscar mi teléfono a grandes zancadas. De fondo escuchaba a Andreas diciendo que dejara de ser patético pero yo no iba a quedarme callado, nadie podía decirme que estaba loco o peor. Regresé y le tendí el teléfono — ¿Crees que un niño mentiría?

Buscó en el registro de llamadas luego de bufar, enseguida le puse frente a sus ojos el teléfono de Tom, sujetó ambos celulares a la par y pudo observar que yo tenía razón. Estaban todas mis llamadas, todos mis mensajes pero él no tenía nada. Andreas se quedó un instante verificando y yo conservaba la calma.

—Sabes… —alzó la vista luego de un rato —todo esto puede solucionarse con una pregunta, ¿Estás seguro de hacerlo? Tal vez no había señal donde estaban, tal vez se le averío el teléfono.

—Pff, no me vengas con esas porquerías, Andreas —me crucé de brazos y me mordí el labio. —Estoy seguro que su amigo tiene que ver en esto.

— ¿Desde cuándo somos detectives? —enarcó una ceja —Ya pareces una esposa desconfiada.

Dejó ambos teléfonos en la cama, se puso de pie y me sujetó por los hombros.

—Bill, ¿Puedes dejar todo eso por un instante? ¿Cuántas veces tengo que decirte que Tom te ama muchísimo? ¿Cuántas veces quieres que te haga entender eso? Si sigues desconfiando vas a terminar muy mal, y esto —señaló simbólicamente el corazón —se va a enfermar, y no quiero que eso suceda. Me gusta ver al Bill feliz, ¿Dónde está?

— ¿Y dónde está mi mejor amigo? Tú no eres Andy —pregunté entre confusión y gracia —, quiero que vuelva, por favor.

—Eres un idiota —dicho eso me dio un abrazo, frotó mi espalda de forma relajada —Estás muy paranoico y no sé si es por la resaca que tienes o porque estás en abstinencia. Espero que Tom te dé duro esta noche así vuelves a ser feliz.

—Qué imbécil —dije aguantando la risa.

—Bueno, ahora ve a desayunar tranquilo, aún tengo una misión qué realizar —dijo liberándome y le quedé mirando.

—Espera… —me miró expectante — ¿Qué demonios está pasando aquí? Estás raro, ¿Qué misión tienes que hacer?

—Ve a desayunar, tonto —me sonrió.

— ¿¡Me puedo comer el lemon pie!? —escuchamos a Matt gritar desde la cocina.

— ¡Lo llegas a tocar y no volverás a follarte una groupie! —chilló Andreas y yo salí para desayunar.

Definitivamente había algo sospechoso, pero sabía que Andreas no era tan estúpido como para decirlo, o tal vez podía sacarle la información de a poco.

¿Y dónde estaba Tom?

Una vez que terminamos de desayunar a las doce del mediodía, porque nos habíamos quedado dormidos con Matt, Andreas dijo que tenía que llevarme de compras por Navidad. Pronto recordé que hoy era Nochebuena y que en unas horas debíamos ir con Tom a la casa de mis suegros.

Matt se fue después de que salí de ducharme, había estaba hablando con Andreas pero no pude entender exactamente qué. Me cambié, metí en el bolso lo necesario y el celular de Tom ya que mi mejor amigo me dijo que lo necesitaríamos luego, busqué un abrigo para Pumba y esperamos a que terminara sus croquetas. Más tarde salimos en su coche, Blas se lo había dado de regalo de bodas, entre otras cosas.

Mientras Pumba descansaba entre mis piernas yo buscaba algo qué poner, pero mi mejor amigo empezó a hablar.

—Me dijo Matt que te encontraste a Nek anoche —le quedé mirando antes de encender el estéreo.

—Maldita sea, ¿Qué no estaba ebrio? —él alzó los hombros e hizo una mueca —Sí, lo vi, también me dijo que te encontró pero tú nunca me lo mencionaste.

— ¿Y por qué tenía que hacerlo? —me miró de reojo, frunció el ceño.

—Bueno, fuimos compañeros y éramos bastante unidos.

—Ustedes eran demasiado unidos —dijo en doble sentido y yo me reí por su tono. —Y… ¿De qué hablaron?

— ¿Ahora sí te interesa saber? —dije pícaro y él me dio un golpe en el hombro que me hizo doler. — ¡Idiota!

—No te hagas el gracioso conmigo —dijo fingiendo seriedad. —Cuéntale a mamá Andy.

— ¡Ahhh, ahora sí eres mi mejor amigo! —Nos reímos.

Le conté sobre lo que sucedió, también la anécdota de Matt y nos morimos de la risa, recordamos también nuestra adolescencia y fue un momento bastante nostálgico. El tiempo pasaba rápido, un día estabas haciendo amigos en la secundaria, y al otro día los encontrabas con sus vidas ya realizadas y la mitad de sus sueños cumplidos.

Andreas se estacionó cerca de la tienda de Georg y no entendí una mierda, me dijo que bajara sin protestar así que le hice caso. Abracé a Pumba ya que hacía frío, aunque tenía su ponchito pero de todas formas yo sentía que tenía frío.

—Entraremos y no dirás nada, ¿de acuerdo? —me dijo en un tono pícaro y me sonrió divertido.

—Estoy empezando a asustarme —confesé mirándole serio, ¿Qué tenía en mente?

Cuando ingresamos, Georg nos recibió con alegría, me abrazó tan fuerte que Pumba le mordió el brazo, celoso de esa reacción. Andreas me lo arrebató de las manos y yo no entendí porque el de ojos claros me llevó casi a rastras al vestidor.

— ¿Qué demonios está pasando? —pregunté mientras veía algunos compañeros de Georg que me fijaban con una sonrisa, ¿Qué les parecía gracioso?

—Quédate aquí, no te muevas —fue lo único que dijo él, cerró la cortina y yo me quedé mirando la misma.

Me giré fijando el espejo, mi cara estaba desorientada, en verdad no comprendía nada. De pronto reconocí la música que se escuchaba de fondo, se trataba de una de las canciones de la banda, quise asomarme pero mi mejor amigo me golpeó tras la cortina.

—No se vale espiar —me dijo y yo me sobé la mejilla, ya que había dado justo ahí.

Esto me estaba poniendo paranoico, quise buscar mi teléfono pero en ese entonces la cortina se corrió de golpe y dejó ver a Georg con Andreas y un chico, tenía varias prendas en sus manos y les miré raro.

—Hice esto para ti, tienes que probártelos —me ordenó mientras me pasaba las piezas, mi confusión no se apartaba ni por un segundo.

— ¿Al menos pueden decirme qué es todo esto?

—Ropa —contestó seguro Andreas, le miré con cara de culo y él me sonrió bonito —Ahora cámbiate y no saldrás hasta que estés listo.

Nuevamente cerró la cortina. Suspiré y dejé las prendas en la banca de madera que estaba a mi lado, les di un vistazo. Me enamoré perdidamente de la chaqueta de cuero, tenía lentejuelas y cierres por todos lados, luego vi la camiseta con un hermoso estampado, y también la camisa manga larga roja y negra. ¡Y el pantalón! ¡Qué hermoso era!

Logré vestirme, y me miré al espejo, realmente me gustaba. Tomé lo que me había sacado y corrí la cortina, Andreas me miró con una sonrisa y silbó en señal de aprobación, Georg asintió mirándome de pies a cabeza.

—Soy un idiota, olvidé los zapatos —masculló y fue a paso apresurado, yo caminé en calcetines por el lugar hasta dejar mi ropa en un futón.

—No sé qué estás tramando, Andy, pero la pagarás caro. —dije quitándole a Pumba.

—No seas llorón, te ves muy bien —volví a acercarme al espejo y sentía que tenía que hacer algo con mi cabello.

— ¿Sabes? Creo que iré a la peluquería —dije convencido, Andreas se acercó rápido y me miró.

— ¿Qué? ¿Qué vas hacer?

— ¡Aquí están! —ambos giramos y grité al ver esas botas.

— ¡Esto es hermoso! —me los tendió con una sonrisa y fui a sentarme para ponérmelos. Al tener los dos en su lugar me fui a ver una vez más, y en verdad sentía que estaba por salir al escenario.

Un momento…

— ¿¡Me van a decir ahora mismo qué está pasando!? —les dije alterado, ellos se miraron.

—Es regalo de cumpleaños —le miré con seriedad — ¡Es la verdad!

—Hasta Pumba sabe que mi cumpleaños es en Mayo.

—Bueno, está bien —Se metió Andy —Prometo decirte la verdad en cuanto salgamos de la peluquería, ¿De acuerdo?

—Necesito a Tom. —Solté de repente —No lo vi en todo el día y resulta que no puedo llamarlo porque traes su celular.

OK, aquí había algo y tenía que ver con ellos, con Tom y con no sé quien más. Ahora el tema era… saber en dónde estaba, y sabía que Andreas tenía esa respuesta pero como todo estaba extraño pues no me lo iba a decir tan fácil.

Le pregunté a Georg si podía pagarle con tarjeta y se echó a reír, me dijo que Tom ya había pagado todo, antes de que pudiera buscar una explicación Andreas me llevó a rastras al auto, no tan literal sino que me había tomado del brazo y nuevamente nos adentramos en su coche.

—Al menos sé amable, ¿Por qué tienes tanto apuro? —le reproché cuando cerré la puerta. —Tengo hambre.

—Hmm —me dio una mirada y verificó su celular —Supongo que tenemos tiempo.

— ¿Para qué? ¿A dónde carajos me vas a llevar después? —me pasó a Pumba y se quedó dormido en mis piernas.

— ¿Quieres dejar de maldecir? —encendió el motor y yo revoleé los ojos — ¿Acaso no querías ir a la peluquería? Primero comerás y luego irás a hacerte… ¿Qué vas a hacer?

—Aún no lo sé, como que las rastas me pesan demasiado. —Me las barría hacia atrás y me quedó mirando.

— ¿Estás seguro?

—Tan seguro como que me vas a decir por qué estás haciendo todo esto —al decir eso él bufó y marchó a un lugar para comer.

— ¿Al menos puedo saber dónde está Tom?

—No —contestó sin mirarme.

—Pero tenemos que ir a lo de mis suegros a las siete, tenemos la celebración de Nochebuena en su casa, ¿Tú no la pasarás con Blas?

—No, nos peleamos. —¿Qué sucede? —preguntó mi mejor amigo en cuanto entró a la habitación, nos miramos y él se mostraba entre preocupado y curioso, se acercó despacio y yo negué con la cabeza con total desconcierto —Vamos, nena. Algo te sucede, conozco esa cara.

Inspiré hondo hasta poder llenar mis pulmones y lo exhalé inflando mis mejillas, volví a bloquear el teléfono y lo dejé en la mesita, me senté en la cama y me quedé mirando a la nada por unos instantes, realmente estaba muy confundido y necesitaba respuestas de inmediato.

—He llamado a Tom estos últimos días, pero no hay registro de ello en su teléfono. —dije sin más, mi voz no tenía un determinado tono pero Andy se puso serio y se sentó a mi lado con cuidado, como si tuviera miedo que de un momento a otro estallara sin avisar, aunque eso podía suceder muy pronto.

—Bill, deja las tonterías —me dio un golpecito en el brazo y no reaccioné. —A ver, te preparó un desayuno bonito, ¿Y quieres armas escándalo? No te conformas con nada, querido amigo.

—No, Andy —dije suave y le miré, él hizo lo mismo y yo no estaba jugando, se dio cuenta enseguida —Te fuiste y no pudiste verme pegado al teléfono todos estos días, llamándolo, enviándole mensajes que as jamás fueron contestados, hablé con mi suegro y me dijo que él estaba con Devon.

—Ya, ¿Y? —le miré con cara de culo, el cambio fue repentino —Bill, acepta de una vez por todas que tienes un problema serio con ese tipo. Sí, era cierto que le acertamos esa vez, que dijimos que había algo raro y toda la cosa, pero ya vimos que está con Erica y que ellos son mejores amigos desde pequeños. Tú y yo también nos conocemos desde que somos unos mocosos, y a pesar de que hemos crecido no cambiamos nuestro comportamiento al estar juntos.

—De verdad que no eres mi mejor amigo en este momento —dije sin poder creerlo, tomé nuevamente el celular de Tom —Si fuera smi Andy estarías chillando, gritándole a ése, ambos estaríamos buscando alguna magia negra para echarle a ese desgraciado.

Mi mejor amigo cambió drásticamente su expresión y se mandó una carcajada que seguramente se escuchó en todo el edificio. Ése sí era mi mejor amigo.

—¡Aaay! ¡En verdad tienes que calmarte! —dijo enjuagándose la lágrima imaginaria —¡Basta Bill! Te estás comportando como un niño.

—¿Tú crees que soy un niño? —me levanté de manera repentina y fui a buscar mi teléfono a grandes zancadas. De fondo escuchaba a Andreas diciendo que dejara de ser patético pero yo no iba a quedarme callado, nadie podía decirme que estaba aloco o peor. Regresé y le tendí el teléfono — ¿Crees que un niño mentiría?

Buscó en el registro de llamadas luego de bufar, enseguida le puse frente a sus ojos el teléfono de Tom, sujetó ambos celulares a la par y pudo observar que yo tenía razón. Estaban todas mis llamadas, todos mis mensajes pero él no tenía nada. Andreas se quedó un instante verificando y yo conservaba la calma.

—Sabes… —alzó la vista luego de un rato —todo esto puede solucionarse con una pregunta, ¿Estás seguro de hacerlo? Tal vez no había señal donde estaban, tal vez se le averío el teléfono.

—Pff, no me vengas con esas porquerías, Andreas —me crucé de brazos y me mordí el labio. —Estoy seguro que s amigo tiene que ver en esto.

—¿Desde cuándo somos detectives? —enarcó una ceja —Ya pareces una esposa desconfiada.

Dejó ambos teléfonos en la cama, se puso de pie y me sujetó por los hombros.

—Bill, ¿Puedes dejar todo eso por un instante? ¿Cuántas veces tengo que decirte que Tom te ama muchísimo? ¿Cuántas veces quieres que te haga entender eso? Si sigues desconfiando vas a terminar muy mal, y esto —señaló simbólicamente el corazón —se va a enfermar, y no quiero que eso suceda. Me gusta ver al Bill feliz, ¿Dónde está?

—¿Y dónde está mi mejor amigo? Tú no eres Andy —pregunté entre confusión y gracia —, quiero que vuelva, por favor.

—Eres un idiota —dicho eso me dio un abrazo, frotó mi espalda de forma relajada —Estás muy paranoico y no sé si es por la resaca que tienes o porque estás en abstinencia. Espero que Tom te dé duro esta noche así vuelves a ser feliz.

—Qué imbécil —dije aguantando la risa.

—Bueno, ahora ve a desayunar tranquilo, aún tengo una misión qué realizar —dijo liberándome y le quedé mirando.

—Un momento… —me miró expectante — ¿Qué demonios está pasando aquí? Estás raro, ¿Qué misión tienes que hacer?

—Ve a desayunar, tonto —me sonrió.

—¿¡Me puedo comer el lemon pie!? —escuchamos a Matt gritar desde la cocina.

—¡Lo llegas a tocar y no volverás a follarte a ninguna groupie! —chilló Andreas y yo salí para desayunar.

Definitivamente había algo sospechoso, pero sabía que Andreas no era tan estúpido como para decirlo, o tal vez podía sacarle la información de a poco.

¿Y dónde estaba Tom?

Una vez que terminamos de desayunar a las doce del mediodía, porque nos habíamos quedado dormidos con Matt, Andreas dijo que tenía que llevarme de compras por Navidad. Pronto recordé que hoy era Nochebuena y que en unas horas debíamos ir con Tom a la casa de mis suegros.

Matt se fue después de que salí de ducharme, había estaba hablando con Andreas pero no pude entender exactamente qué. Me cambié y salimos en el auto de Andy, Blas se lo había dado de regalo de bodas, entre otras cosas.

Mientras Pumba descansaba entre mis piernas yo buscaba algo qué poner, pero mi mejor amigo empezó a hablar.

—Me dijo Matt que te encontraste a Nek anoche —le quedé mirando antes de encender el estéreo.

—Maldita sea, ¿Qué no estaba ebrio? —él alzó los hombros e hizo una mueca —Sí, lo vi, también me dijo que te encontró pero tú nunca me lo mencionaste.

—¿Y por qué tenía que hacerlo? —me miró de reojo, frunció el ceño.

—Bueno, fuimos compañeros y éramos bastante unidos.

—Ustedes eran demasiado unidos —dijo en doble sentido y yo me reí por su tono. —Y… ¿De qué hablaron?

—¿Ahora sí te interesa saber? —dije pícaro y él me dio un golpe en el hombro que me hizo doler. —¡Idiota!

—No te hagas el gracioso conmigo —dijo fingiendo seriedad. —Cuéntale a mamá Andy.

—¡Ahhh, ahora sí eres mi mejor amigo! —Nos reímos.

Le conté sobre lo que sucedió, también al anécdota de Matt y nos morimos de la risa, recordamos también nuestra adolescencia y fue un momento bastante nostálgico. El tiempo pasaba rápido, un día estabas haciendo amigos en la secundaria, y al otro día los encontrabas con sus vidas ya realizadas y la mitad de sus sueños cumplidos.

Andreas se estacionó cerca de la tienda de Georg y no entendí una mierda, me dijo que bajara sin protestar así que le hice caso. Abracé a Pumba ya que hacía frío, aunque tenía su ponchito pero de todas formas yo sentía que tenía frío.

—Entraremos y no dirás nada, ¿de acuerdo? —me dijo en un tono pícaro y me sonrió divertido.

—Estoy empezando a asustarme —confesé mirándole serio, ¿Qué tenía en mente?

Cuando ingresamos, Georg nos recibió con alegría, me abrazó tan fuerte que Pumba le mordió el brazo, celoso de esa reacción. Andreas me lo arrebató de las manos y yo no entendí porque el de ojos claros me llevó casi a rastras al vestidor.

—¿Qué demonios está pasando? —pregunté mientras veía algunos compañeros de Georg, que me veían con una sonrisa, ¿Qué les parecía gracioso?

—Quédate aquí, no te muevas —fue lo único que dijo él, cerró la cortina y yo me quedé mirando la misma.

Me giré fijando el espejo, mi cara estaba desorientada, en verdad no comprendía nada. De pronto reconocí la música que se escuchaba de fondo, se trataba de una de las canciones de la banda, quise asomarme pero mi mejor amigo me golpeó tras la cortina.

—No se vale espiar —me dijo y yo me sobé la mejilla, ya que había dado justo ahí.

Esto me estaba poniendo paranoico, quise buscar mi teléfono pero en ese entonces la cortina se corrió de golpe y dejó ver a Georg con Andreas y un chico, tenía varias prendas en sus manos y les miré raro.

—Hice esto para ti, tienes que probártelos —me ordenó mientras me pasaba las piezas, mi confusión no se apartaba ni por un segundo.

—Al menos pueden decirme qué es todo esto?

—Ropa —contestó seguro Andreas, le miré con cara de culo y él me sonrió bonito —Ahora cámbiate y no saldrás hasta que estés listo.

Nuevamente cerró la cortina. Suspiré y dejé las prendas en la banca de madera que estaba a mi lado, les di un vistazo. Me enamoré perdidamente de la chaqueta de cuero, tenía lentejuelas y cierres por todos lados, luego vi la camiseta con un hermoso estampado, y también la camisa manga larga roja y negra. ¡Y el pantalón! ¡Qué hermoso era!

Logré vestirme, y me miré al espejo, realmente me gustaba. Tomé lo que me había sacado y corrí la cortina, Andreas me miró con una sonrisa y Georg asintió mirándome de pies a cabeza.

—Soy un idiota, olvidé los zapatos —masculló y fue a paso apresurado, yo caminé en medias por el lugar hasta dejar mi ropa en un futón.

—No sé qué estás tramando, Andy, pero la pagarás caro. —dije quitándole a Pumba.

—No seas llorón, te ves muy bien —volví a acercarme al espejo y sentía que tenía que hacer algo con mi cabello.

—¿Sabes? Creo que iré a la peluquería —dije convencido, Andreas se acercó rápido y me miró.

—¿Qué? ¿Qué vas hacer?

—¡Aquí están! —ambos giramos y grité al ver esas botas.

—¡Esto es hermoso! —me los tendió con una sonrisa y fui a sentarme para ponérmelos. Al tener los dos en su lugar me fui a ver una vez más, y en verdad sentía que estaba por salir al escenario.

Un momento…

—¿¡Me van a decir ahora mismo qué está pasando!? —les dije alterado, ellos se miraron.

—Es regalo de cumpleaños —le miré con seriedad — ¡Es la verdad!

—Hasta Pumba sabe que mi cumpleaños es en Mayo.

—Bueno, está bien —Se metió Andy —Prometo decirte la verdad en cuanto salgamos de la peluquería, ¿De acuerdo?

—Necesito a Tom. —Solté de repente —No lo vi en todo el día y resulta que no puedo llamarlo porque traes su celular.

OK, aquí había algo y tenía que ver con ellos, con Tom y con no sé quien más. Ahora el tema era… saber en dónde estaba, y sabía que Andreas tenía esa respuesta pero como todo estaba extraño pues no me lo iba a decir tan fácil.

Le pregunté a Georg si podía pagarle con tarjeta y se echó a reír, me dijo que Tom ya había pagado todo, antes de que pudiera buscar una explicación Andreas me llevó a rastras al auto, no tan literal sino que me había tomado del brazo y nuevamente nos adentramos en su coche.

—Al menos sé amable, ¿Por qué tienes tanto apuro? —le reproché cuando cerré la puerta. —Tengo hambre.

—Hmm —me dio una mirada y verificó su celular —Supongo que tenemos tiempo.

—¿Para qué? ¿A dónde carajos me vas a llevar después? —me pasó a Pumba y se quedó dormido en mis piernas.

—¿Quieres dejar de maldecir? —encendió el motor y yo revoleé los ojos — ¿Acaso no querías ir a la peluquería? Primero comerás y luego irás a hacerte… ¿Qué vas a hacer?

—Aún no lo sé, como que las rastas me pesan demasiado. —Me las barría hacia atrás y me quedó mirando.

—¿Estás seguro?

—Tan seguro como que me vas a decir por qué estás haciendo todo esto —al decir eso él bufó y marchó a un lugar para comer.

—¿Al menos puedo saber dónde está Tom?

—No —contestó sin mirarme.

—Pero tenemos que ir a lo de mis suegros a las siete, tenemos la celebración de Nochebuena en su casa, ¿Tú no la pasarás con Blas?

—No, nos peleamos. —dijo lo más normal.

— ¿¡QUEEEE!? —me exalté y Pumba saltó debido a mi grito —Tranquilo bebé. ¿¡Qué pasó!? ¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Es que por eso estoy aquí, quiero despejar mi mente —automáticamente miré el anillo en su dedo y brillaba. —Ya habrá tiempo para contarte. Le pregunté a Tom si podía ir con ustedes y me dijo que sí, así que YO voy a llevarte con tus suegros. Todavía hay tiempo, sabes que puedo conducir rápido si la situación lo amerita.

—Quisiera que un anciano me llevara antes que tú. —le dije no muy convencido de sus palabras.

En verdad que aquí había algo muy raro.

Me llevó a comer pizza, por suerte también habían del menú vegetariano y nos permitieron entrar con Pumba, de igual forma tenía frío así que no salía de su cobija de elefantitos.

Mientras esperábamos la comida me puse a ver algunas cosas en mi celular, aunque no faltaba esa pequeña voz que me decía que mirara el celular de Tom, ¿Por qué lo había dejado? Extrañaba escucharlo, abrazarlo y verlo. Solo habían sido unos cuantos días pero fueron suficientes para comportarme como un pendejo y llorar.

—Sé lo que estás pensaaando —dijo con ese tonito — ¿Hasta cuándo tendrás ese pensamiento?

—Hasta que Devon se aleje de Tom —sentencié sin más.

— ¡Ya vas de nuevo! —exhaló el aire.

—Fuiste tú quien empezó —dije de mala gana —Además, ¿Por qué no vino él a despertarme?

—Tenía unas cosas que hacer en la discográfica.

— ¡Entonces vamos para allá! —me puse de pie y él me sostuvo del brazo.

—Bill, ya te dije que te diré lo que está sucediendo pero no seas impaciente, por dios.

Bufé y volví a sentarme. Suspiré con pesadez y le hice caso. En cuanto vino lo que habíamos pedido comimos en silencio, Andy sabía que si abría la boca una vez más yo saldría corriendo a la discográfica, así que se mantuvo callado en lo que restó del almuerzo a las dos de la tarde.

Al terminar, me preguntó a dónde quería ir para poder hacerme un cambio. La verdad no tenía la más mínima idea así que tuvimos que buscar en el teléfono un buen lugar que pudiera tratar con rastas, fue en ese entonces que empecé a extrañarlas, las tocaba y las miraba, eran tan bonitas. Dimos con una buena peluquería que también era barbería, pero quedaba al otro lado de la ciudad, miré a Andreas y dijo que aún quedaban unas horas.

Condujo con todo el tiempo del mundo luego de haber revisado un mensaje en su celular, le pregunté si era Tom y me dijo que no fuera idiota, si yo tenía su celular.

—Siento que estoy en mi cumpleaños —dije con sarcasmo.

—Ya, estarás con tu noviecito antes de las doce.

—Eso espero, sino te demando por secuestro —dije a modo de broma.

Me agarró un poco de sueño en el camino, y era que después de almorzar me daba somnolencia, así que dormité en el asiento lo que restó del viaje. Pensaba en ver a Tom, ahora ya me valía poco mis ideas absurdas, yo solo quería abrazarlo y sentir su perfume, que me besara y me sonriera otra vez para así enamorarme de nuevo.

Todos esos malos pensamientos podían irse en cuanto pensaba en nosotros, era como si solo debiera hacer caso a las palabras de mi mejor amigo, diciendo que si confiaba en el amor que Tom me tenía entonces podía seguir sano, sin esas espinas que trataban de subirse a mi garganta.

Estacionó el vehículo y yo abrí los ojos, miré para todos lados, había una ligera llovizna.

—Parece que va a nevar —comentó Andreas apagando el motor, yo me puse una bufanda y ambos salimos.

Ingresamos al lugar y todo tenía una temática de esas barberías de los sesenta, con fotografías de cantantes y famosos de aquella época, entre otras maravillas. Un joven de cabello corto y tatuaje detrás de la oreja nos recibió, con Andy le quedamos viendo porque era un poco más alto que nosotros.

—Wow, qué bonito cabello —me señaló y yo sonreí — ¿Qué se les ofrece?

—Bueno, quisiera sacarme las rastas —me quedó mirando sorprendido —No sé si eso es posible.

— ¿Puedo hacer una pregunta? Está fuera de su pedido pero en realidad quisiera saber —yo asentí — ¿Eres el cantante de wünschen?

—Ahhh, sí —respondí mirando a Andreas y él alzó los hombros.

— ¡Gigi, tenías razón! —gritó y miramos en la dirección en la que lo hizo. Salieron dos chicos y una chica sin poder creerlo, se me acercaron como niños y me saludaron muy amablemente.

—Haremos todo lo que quieras —dijo la una mujer, era bajita y traía lentes. Había otra persona que le estaba lavando la barba a un señor de traje pero estaban en su mundo.

—Tenemos trabajo qué hacer —le dijo el que nos recibió —Por favor, siéntate.

Me había explicado el proceso y ya comenzaba ponerme nervioso y ansioso, me ofrecieron café muy amablemente y lo acepté, me quité la chaqueta para estar más cómodo; también pusieron el cd y la de gafas me lo trajo para que se lo firmara. Me causaba mucha ternura.

—Bill, ¿Te molesta si voy a casa un rato a darme una ducha? —me dijo Andy cuando me terminaron de poner ese plástico que nunca me sale el nombre —Si quieres me llevo a Pumba para que no tenga frío.

— ¿Vas a regresar pronto? —le dije y él asintió —Está bien, ¿Podrías cargar mi teléfono?

—Bien, y también te traeré un abrigo ya que de aquí nos iremos a lo de tus suegros, ¿De acuerdo? —Yo asentí y vi por el reflejo como se marchaba.

El tipo, Jeremy, me hablaba mientras peleaba con mi cabello, aunque primero debía cortarlo y luego tratar de desenredar lo que estaba cerca del cuero, me había preguntado qué era lo que quería, me enseñó unas fotos y había elegido un corte que consistía en una pequeña cresta y rapado a los laterales, como ya tenía algo de cabello liso en la parte superior no se hizo tanto problema.

Supongo que habrán tardado una hora o más, no calculé. Les fue todo un desafío pero cuando terminaron de quitarme todo, empezaba solo el corte, les pedí si me podían lavar el cabello, así que hicieron el combo entero conmigo.

Mi mejor amigo llegó cuando ya me lo estaban lavando y se sorprendió de las rastas que descansaban en una bolsa, pero no lo vi con Pumba.

— ¿Dónde está Pumba?

—Ahh, lo dejé con Blas —al oír eso me sentí confundido.

— ¿Qué no habían peleado? —fruncí el ceño y él hizo una mueca.

—Sí pero le dije que me hiciera el favor —se excusó. Le quedé mirando y se fue a esperarme hasta que me secaran el cabello.

Tardamos otro rato más, para cuando estaba listo ya habían pasado casi dos horas. No podía acostumbrarme, me sentía extraño, ahora parecía totalmente masculino y eso me hacía sentir muuuy raro y nuevo.

Suspiré y me giré a ver a Andreas, que se cubría la mitad de su cara con las manos, no podía creer tampoco lo que me había hecho.

—No sé cómo le haces, pero lo que te hagas siempre te queda muy bien —dijo sin apartar sus manos.

—Ahora lo único que falta es maquillarme —me giré a ver a Jeremy — ¿Puedo pedirte un favor?

—Los que quieras —me sonrió. Le pedí si me dejaba maquillarme, realmente quería ver cómo me quedaba aún con el maquillaje.

Menos mal que en mi bolso siempre llevaba maquillaje, así que Andreas fue a buscarlo en lo que me terminaban de limpiar los restos de cabello que quedaban. Al regresar me puse manos a la obra, tardé un rato y cuando terminé me sentí mucho mejor.

Pagué yo la cuenta luego de que Andreas quería hacerlo por mí. Los que trabajaban allí se tomaron una foto conmigo y los despedí con un abrazo antes de irnos, les agradecí por el hermoso trabajo, realmente parecía otro yo.

Al salir me di cuenta de que la llovizna se había transformado en aguanieve, así que Andy se apresuró. Nos metimos al auto y encendió la calefacción, me arrojó un abrigo que parecía ser de Blas ya que era enorme, solo me lo puse sobre las piernas porque era donde más sentía frío.

—Antes de irnos —habló y buscó entre los asientos de atrás, encendió la luz de arriba y le miré —Debes ponerte esto.

— ¿Qué es esto? —lo sujeté, se trataba de un pañuelo de seda oscuro.

—Cúbrete los ojos, te llevaré a un lugar secreto.

—Pero me acabo de maquillar —le comenté y el revoleó los ojos. — ¿Y por qué debo ponérmelos?

—Porque no tienes que ver, es una orden que Tom me encomendó.

—Algo se traen ustedes, seguro me quiere comprar con un barco… —le quedé mirando y él hizo una mueca extraña, eso ya se me hacía familiar así que entrecerré los ojos mirándole de forma sospechosa y él me vio de reojo. —Andy… Dime qué está sucediendo, dijiste que me lo dirías. ¡Venga, dilo de una vez!

— ¡No puedo! —refunfuñó, mostró un comportamiento de niño a punto de chillar —Por más que quiera no puedo, Bill. Solo hazme caso y te aseguro que no te vas a arrepentir.

— ¿Tom estará donde vas a llevarme? —le pregunté, solo me importaba dar con él. — ¿Y Pumba? ¿Lo cuidará Blas? Ni siquiera le compramos su comida.

—Él se las arreglará —hizo un movimiento con la mano. —Tom nos está esperando, lo vamos a buscar y nos iremos los tres.

— ¿Entonces por qué debo ponerme esto como si fueras a secuestrarme?

— ¿Qué problemas tiene con el secuestro hoy? —dijo sin comprender — ¡Sólo hazlo! O en serio me vas a conocer, y sabes muy bien de lo que soy capaz. Te ataré las manos y te voy a someter a algo que no quieres.

—No puedes ponerte serio si me sonríes de esa manera —le desafié y me sacó la lengua. —Está bien, me pondré esto pero no lo haré tan fuerte o me estropeará el smokey.

—Si, esta bien —vaciló y me ayudó a colocarlo.

Al principio del trayecto iba atento, movía la cabeza de un lado a otro para poder ver algo, hacia la cabeza para atrás para lograr observar por el espacio de mi nariz pero Andy me regañaba, luego me acomodé en el asiento y ya sentía nuevamente el sueño, busqué en mi bolso algún caramelo o algo dulce, porque ya comenzaba a ponerme somnoliento y no quería dormirme, quería saber cuánto tardábamos, porque con eso podía darme cuenta de si Tom estaba lejos o cerca.

Pude encontrar una tableta de chicles, de la desesperación ingerí dos y le ofrecí a mi amigo, él se echó a reír porque me veía ridículo con el pañuelo. Me concentré en masticar y Andreas hablaba solo, ni siquiera me dejaba contestarle y se reía de verme así, sin saber a dónde carajos iba a llevarme.

—Ya nos queda poco —me dijo luego de un largo rato. Yo suspiré y noté que empezó a estacionar el coche.

— ¿Ya me puedo quitar esto? —dije mientras lo tocaba, pero él me dio golpes en las manos, negando mi pedido —Está bien, ¿Entonces qué hago?

—Escucharás lo que te voy a decir ahora —aclaró su garganta, apagó el motor y me quitó el abrigo de Blas, después escuché como si sujetara algo y hurgara en el interior, segundos más tarde sentí algo que me mojaba el rostro y el cuello, reaccioné enseguida y sentí mi perfume.

— ¿Qué demonios haces? —me limpié los labios con el dorso de la mano. — ¿Dónde está Tom?

—Debemos ir a buscarlo —oí sus llaves —Y te estoy poniendo bonito; ahora sí, espérame que voy a salir primero así te guío.

—Si porque la verdad no veo una mierda —confesé y escuché que tomó algunas cosas y luego salió, suspiré y me acomodé para salir.

Abrió la puerta y me ayudó, me dijo que le sujetara del brazo ya que cargaba con mi bolso y su mochila. Le hice caso, oí que le puso el seguro al coche y me dijo que confiara en él, caminé sin entender y me daba las indicaciones, por si había un escalón o algo. Pronto dejé de sentir el frío y sentí un aroma a comida pero no sabía exactamente a qué, lo que si noté es que ya no hacía frío por lo que entendí que ya estábamos adentro de algún lugar.

Caminamos un largo trecho, o lo que fuere, y luego subí escalón por escalón hasta que me dijo que me detuviera, había mucho silencio y no entendía nada, también por el pequeño espacio entre mi nariz y la mejilla no podía ver mucho, al parecer era un lugar oscuro.

—Te quedarás aquí, y no te muevas —me ordenó —Podrás quitarte la venda en cuanto yo te lo diga, ¿Está bien?

—Pe-pero, ¿Vas a dejarme solo? —le sujeté del brazo. Escuché su risa.

—No idiota, solo voy a dejar estas cosas y en cuanto te diga te quitarás el pañuelo, ¿Entendido? —Yo asentí y apartó suavemente su brazo de mi agarre, empecé a tocar al aire, tragué saliva. Escuché los pasos de mi mejor amigo alejarse y no entendía nada, ¿Dónde estaba?

Luego de un rato escuché pasos nuevamente y giré la cabeza hacia donde yo creía que se encontraba, mojé mis labios y suspiré hondo.

— ¿Andy? ¿Eres tú? —extendí las manos pero no pude dar con nadie —Ya me voy a quitar el pañuelo, eh.

Sentí una corriente de aire al sentir esos pasos acercarse, pero si hubiera sido mi amigo ya me habría contestado.

—Hola mi amor —escuché de repente, me di la vuelta. Reconocí la voz y quise quitarme el pañuelo pero sus manos me lo impidieron —Shh, tranquilo, ¿Qué te hiciste en el cabello?

— ¿Tom? —sentí que llevó mis manos a sus labios y las besó. Carajo, sí era él. Sentí su perfume y como sus cálidos labios besaban mi piel, pronto todo en mí se encendía y mi corazón latía muy rápido.

Él estaba aquí.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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