II Compláceme 1

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 1

¡Ah…! En estos momentos no estás para reclamos, Bill.

¡¿Qué no?! Pues sí. Si estoy para reclamarte.

Mejor calla y escucha…

¡Pues no me va! me dice. Su actitud comienza a impacientarme—. Después de lo que hiciste… ¡Estuviste con ella!

Bill, en ningún momento te reclamé tus faltas anteriores, pero como veo que lo que es una justificación lo tomas como reclamo, bien. ¡Yo quería que te justificaras!

¡¿Por qué lo involucras?!

Su falsa indignación me la paso por la mierda.

Oh, discúlpame, pero fuiste quien le dejó tocarte aquella noche.

Eso no debió haber sucedido.

Pues te tengo las nuevas, así fue y no puedes borrar aquello. Saliste con él porque querías pagarme con la misma moneda, pero sé cuál es la verdad; eres una persona sin orgullo, dignidad o valor. Eres lo que figurabas a ser cuando te compré en la subasta; un simple objeto— añado. Perdido en la ira, mis manos van a su cuello y uso todas mis fuerzas por ahorcarle—. ¡Fueron 1,65 billones invertidos en mierda! ¡Nada más que en eso!

Sus manos van sobre las mías para intentar alejarme, sus ojos se llenan de lágrimas y me pide en gritos ahogados que le deje.

¡YO TE QUERIA! ¿POR QUÉ LO HICISTE?

Cuando me dice que lo siente suelto el agarre y salgo de ahí, dejándole en el suelo, intentando volver a respirar.

Subo a mi auto y voy tan rápido como puedo. El corazón me late desbocadamente, por momentos dejo de sentirlo. Las lágrimas no me dejan ver. Pierdo el control del auto y me impacto contra algo. Grito, pero no me escucho. Siento que me ahogo y entonces todo se desvanece.

Despierto asustado, sudando y con el corazón al mil.

Estoy desorientado. Nuevamente esa pesadilla me provoca un sobresalto. Quisiera saber por qué es tan recurrente.

Me quedé dormido pensando en él, claro, como en ocasiones anteriores. Pensaba en todo, a decir verdad. Me toma un rato asimilar el sueño, aunque lo conozco de memoria.

Miro al rededor, estoy en el despacho. Los papeles siguen tirados en el escritorio e intento recordar cómo es que llegué hasta el sillón. No he bebido, o más bien, no lo recuerdo.

¡Qué ocurre conmigo!

No puedo calmarme. Mis ojos están que se hacen agua y el corazón aún me late frenéticamente. Es como si quisiera salírseme del pecho. Cierro con fuerza los ojos y me incorporo para sentarme, me cubro el rostro con las manos y me digo a mí mismo que no es real, pero sin importar nada, me vienen todos los recuerdos de ese día y aún más del rostro de Bill. En como el último beso de esa mañana me había parecido tan sincero y después tuve la desgracia de caer en un lugar sin fondo al escuchar sus mentiras.

Aun siento que estoy cayendo.

Llevo meses soñándole de la misma manera y siempre, siempre, termina por clavarme su recuerdo en lo más profundo, como si no fuese suficiente el seguirme hasta en los malos sueños. Él, aun sin estar presente, sigue matándome cada vez un poco más. Su ausencia es más fuerte cada día y me descoloca el no poder controlar lo que suceda. Intenté con todas mis fuerzas acostumbrarme, pero no pude, Bill siempre fue el tema exclusivo al hablar cuando me encontraba con alguien.

Han pasado meses y yo aún intento desesperadamente creerme el desprecio que le tengo. No puedo hacerlo, ni siquiera tengo corazón.

He fracasado porque aún le quiero. Necesito dejar todo a un lado.

Joder… Ahí viene la jaqueca.

Suelto la respiración y por escasos segundos me siento derrotado. Bill, su recuerdo…, ha pasado tanto y yo no puedo. ¡Aun no puedo olvidarle!

El corazón me da un vuelco bruscamente y siento mis ojos más húmedos.

—Contrólate— me exijo—. Contrólate, Tom.

Los sollozos que se me escapan me hacen temblar y rompen al mismo tiempo el silencio que me rodea. Me pongo de pie y voy al mini bar. Necesito un trago urgentemente.

Un tanto mareado por lo rápido que me he movido, me sirvo algo fuerte y bebo de golpe. La garganta me calienta y al carraspear ligeramente me vuelvo a servir la misma cantidad de alcohol. Esto me seca y me deja aún más vacío.

Me doy cuenta de que la botella estaba destapada cuando me serví un trago. Al pasarme la bebida miro nuevamente a mí alrededor y recuerdo algo. Esta mañana tuve una reunión, la gente incompetente con quien me topé, me hizo estallar. Vine al despacho, intenté llevar mis actividades sin decir a nadie y estuve bebiendo. Sí, estuve bebiendo. La botella está a la mitad justo ahora y creo que me quedé dormido al ir al sofá y estirar las piernas.

Respiro. Intento no pensar en que he muerto en un sueño y que he vuelto a verle, pero es casi imposible. Me invade esa sensación de miedo y alivio porque al menos fue irreal y tampoco he lastimado a Bill.

Dejo el vaso sobre la mesita de centro al encaminarme de regreso al sofá, me limpio los labios con la manga y paso los dedos por mi cabello. Suelto la respiración y pestañeo antes de cubrirme el rostro. Vuelvo a sentarme, debatiéndome sobre ir a por la botella y seguir bebiendo o volver a mis actividades.

Estoy en blanco. Estoy cansado. Estoy jodido.

¿Tom? ¡Tom! Te he estado buscando. La reunión es en un par de horas y… ¿Qué ha sucedido aquí? Oye, ¿te ocurre algo?

No, joder… ¡Otra vez ella!

Tan inoportuna como siempre.

—Tom, ¿qué tienes?

Que su timbre de voz se ha vuelto insoportable y.…, un momento. Caigo en cuenta de que ella está aquí. Se me acerca y pone su mano en mi hombro. Retiro mis manos sobre mi rostro, levanto la mirada y la observo medio frunciendo el ceño.

—No estaré totalmente en mis cinco, pero sí sé que nuevamente entraste sin llamar a la puerta, me haz tuteado y estás tocándome el hombro.

Me levanto haciéndola a un lado y de lo rápido que lo he hecho, me he mareado de nuevo. Tropiezo, ella me detiene y la aparto de inmediato al mirarle con desdén.

¡Joder, Hamilton! Tal vez deba recordarte por millonésima vez que el haberme acostado contigo no significa que puedas considerar el tomarte atribuciones que no te corresponden— digo en voz alta mientras voy hasta el escritorio.

—Lo—Lo siento. Sucede que yo…

¡Nada! — me dedico a juntar las hojas en el escritorio para que no vea mis ojos rojizos o las lágrimas en mis pestañas.

¿Qué pasa? ¿Todo bien? — indaga. Escucho sus pasos acercarse.

¿Sabes qué…? No. No, joder, no estoy bien ¡Mira que interrumpirme cuando…! Bueno, ultimadamente yo no tengo porque justificarme contigo. Que no eres nadie a considerar. Ahora, largo de aquí.

—Necesito decirte…

¡Basta! — arrojo las hojas al aire, llevo los puños contra el filo del escritorio y levanto la mirada—. Te vas a dirigir a mí como debes hacerlo; sin tutearme, que tú y yo no somos nada y si no puedes entenderlo…

—Lo lamento. No vuelve a suceder.

¡Cállate y déjame terminar! — sentencio su interrupción—. Si vuelves a hacer lo que te plazca, tú, querida Keana, te quedarás sin nada. De eso me encargo yo.

Me mira. Me mira. Está inmóvil y le he jodido en verdad.

Steve rompe el silencio que se había formado; él se adentra al despacho, me mira con cierta impresión, sabe que algo ha pasado y después dirige su mirada hacia Keana.

—Señor, ¿está usted bien?

—Que oportuno Steve. Enséñale la salida a esta persona y no solo fuera del despacho, llévale fuera de mi hotel— le pido, recobro la compostura y me muevo de lugar.

—E—Espera un momento, Tom. Que yo venía a buscarte porque pronto llegarán los medios a entrevistarte y ni siquiera has leído lo que me pediste escribir. Además, me había preocupado, no te encontraba por ningún lado y…

¿Otra vez? — la corto a media palabra y me vuelvo a verla—. ¿Me haz tuteado otra vez? — la miro detenidamente. Keana se acerca con gesto culpable.

—Señor, ¿ha bebido? Tal vez debería calmarse— Steve se acerca tendiéndome el saco, pero paso de él.

—Tú, levanta eso y después te vas— chasqueo los dedos señalando a Keana—. Mañana espero ver tu renuncia en mi escritorio.

—Pero Tom…

¡Mañana, Hamilton! — insisto y salgo de ahí.

Steve me sigue el paso. Estoy alterado, necesito un momento donde no exista nada, pero él empieza a decirme la cantidad de errores cometidos en mi ausencia. ¡Joder! Que no puedo hacerlo todo yo. Estoy rodeado de gente incompetente.

Le digo que cancele todo porque no me apetece ver a nadie. Necesito un momento para olvidarme por completo de todo…

La jaqueca me está destrozando y Steve lo nota. Le dejo a cargo de todo y yo me dirijo al pent—house.

Necesito una ducha y descansar un poco. He estado vistiendo lo mismo durante dos días. No he dormido nada y esta vez que tuve un par de horas, vuelvo a tener esa pesadilla.

Entro al pent—house y camino a la ducha voy dejando las prendas en el suelo. Del botiquín tomo algo para la jaqueca, me miro en el espejo y noto las ojeras debajo de mis ojos irritados, tengo los labios deshidratados y todo yo luzco como un muerto. Cansado y harto de haber analizado mi aspecto, voy bajo el chorro. El agua tibia comienza a relajarme, dejo de tensar los músculos y me quedo inmóvil.

Que oportuna ha sido esa pesadilla. Ha pasado mucho. Bill estuvo aquí en el pasado aniversario del hotel y fue cuando confesé algo que me hace sentir impotente. Mañana no quiero ni imaginar cómo voy a ponerme ante esos recuerdos.

Recuerdos… Recuerdos, joder. Me la he vivido en el pasado.

Mi padre falleció una semana después del día en que quedé al frente del hotel. Aquello fue causado por su padecimiento cardíaco. O eso era lo que la mayoría me hizo creer. Yo sabía la respuesta.

La impresión de saber que por tan poco pude haberle presentado a quien erróneamente fue mi pareja, nos llevó a la mayor discusión de todas las que pudimos tener y fue lo que adelantó su partida.

La vergüenza de que su único hijo fuese lo que nadie esperaba, había sido monumental. Y dolió.

Después, me sumergí en la monotonía. En las rutinas y mi vida se tornó más estricta.

Me había centrado totalmente en lo que me correspondía. Durante meses me había negado a ver a cualquiera, ya se tratase de mis colegas o mi propia madre. Aunque ambos enfrentamos el duelo de diferentes maneras, hubiese sido conveniente sobrellevarlo entre los dos, pero no lo permití. El demostrar que algo me dolía era una idea aberrante.

Muy aparte de cuidar la imagen que ahora importaba ante los medios, me mantenía fuerte ante lo que podía destruirme aun sin estar presente en su totalidad.

Bill y su recuerdo seguían extinguiendo mi ser. Mi orgullo herido me recordaba lo que en verdad había detonado. La culpa ante la idea de que fui yo el causante de la muerte de mi padre, se sumaba a la montaña de porquería que había embotellado durante poco más de siete meses. Y así lo creía.

Fingir que no dolía era ridículo, justo como intentar cubrir la luna con un dedo. Pero solo en pocas ocasiones me permitía el sentir todo aquello. Si tendría que esconderme para poder gritar cuan injusto había sido todo, cuan estúpido y arrepentido me sentía por lo que dije y por las advertencias que no tomé en cuenta, lo haría. Pensar en que las cosas a estas alturas serían diferentes ya no era de ayuda.

Como justo ahora. Que, al pensar en ello, no puedo detener las lágrimas. No he visto a Bill. No sé qué sea de él y realmente no quiero saberlo.

¿¡En qué estaba pensando!?

Jamás fui dueño del cariño. No sé qué creía al momento de arriesgar mi dignidad por intentar algo en serio. Pero me jodió una sola cosa y eso, tan bueno como malo, debo admitir: Sí le quería y me enamoré.

Pero al igual que con la mayoría, y aun superando a Alina, fue un jodido error.

Me he cansado de mí mismo. Me he cansado de saber que no hay remedio para lo que hice.

Me la he vivido intentando olvidar todos esos pensamientos, pero la verdad es que aún me hacen rabiar. Me hacen gritar por dentro.

No lo soporto.

Sinceramente estoy harto de todo.

Cansado de sentir toda esa rabia que me puede si es que recuerdo a Bill. Si es que le sueño…, si es que vuelvo a ver su sonrisa en pensamientos porque le quiero ¡Joder! No he dejado de hacerlo y eso me enfurece.

Quiero olvidarle por completo. ¡Lo necesito! Estoy fatigado de tener que vivir así.

Quiero dejar de aferrarme a ello. Siento que he esperado por algo y no sé qué es, pero sí sé que no ha llegado y no creo que lo haga.

Me consume… No lo entiendo. ¿Tengo esperanzas?

Tal parece que es la única pizca que queda en los corazones con telarañas como el mío. Me lo pienso a fondo, quizás no es esperanza. Quizás es otra cosa y no sé cómo definirla. Ha pasado tanto tiempo y debo hacer algo.

No puedo odiarlo más sin odiarme a mí, y no podría sentir eso si nunca le hubiese amado. Tal vez me resigne ahora a dejar ir todo aquello, pero mañana será igual.

Es la rabia que siento lo que de alguna manera hace que se quede en mi vida, y la cuestión es; aun no me siento listo para olvidarlo.

Si sentir cualquier cosa por él lo mantiene aquí, entonces lo haré aun así me mate por dentro.

Continúa…

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