II Compláceme 8

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 8

Pasaron varios días desde que volvimos a Londres y es como si de nuevo Leo y yo estuviésemos hechos para estar distanciados la mayor parte del tiempo. Bueno, algo así. A decir verdad, anoche salimos a cenar algún lugar y se quedó a dormir, pero esta mañana se fue tan temprano y tan a prisa que olvidó su teléfono en la cama y me ha dicho que a las cuatro regresa para volvernos a vernos y recoger el móvil.

¡Ahg!

Para ser domingo, ha sido un día ajetreado. Es una pena que no pueda disponer ni de un minuto a solas para respirar con tranquilidad. En verdad siento que me asfixio. De hecho, me siento así desde que volvimos de Australia.

¡Mhum…! Joder.

Faltan dos días para mi cumpleaños y, viendo que tan ocupado estaré, me he propuesto a empacar con anticipación. Leo prometió compensar lo mal que terminamos en Sydney para llevarme a New York, aunque sinceramente no me siento de ánimos y esta vez no quiero celebrar mi cumpleaños. Pero Leo se ha esforzado tanto porque lo nuestro vaya bien, que he terminado aceptando y, no lo sé, quizás estando allá pueda volver a la normalidad; cerrar los ojos y dejar todo pasar.

Lanzo un suspiro y tomo asiento a la orilla de la cama, cerca de la valija mediana. Miro toda la ropa que yace colgada en el closet y pienso en qué más llevar. Estaremos allá cerca de una semana.

Al observar los colores de todas las prendas, sé que uno falta. Chasqueo la lengua y niego con la cabeza.

No he vestido de blanco desde hace mucho. ¡No puedo soportarlo! Me hace sentir terriblemente sucio porque a Él le gustaba verme así. En ocasiones, Tom no se cansaba de adularme, pero a estas alturas, tan sólo consigo enfadarme conmigo mismo por haber sido tan estúpido y creerle en todo.

Él era un muy buen mentiroso. Que talento el suyo, en serio.

Es absurdo, pero me siento fatal. Entre enfadado y dolido. Pensar en Tom siempre hiere mi orgullo y no sé por qué no puedo detenerme. Ojalá pudiese sacar todos esos pensamientos.

Desde que Leo me llamó Precioso y aquello me tomó por sorpresa, sentí las detestables ganas de llorar ante los recuerdos. Me dolió de diferentes maneras. Sí, no lo niego. Pero al menos las mías no serían lágrimas de tristeza y con éstas no imploraría que Tom volviera a por mí, sino al contrario. Lloraría de la pura rabia e impotencia que me da el haber sido tan crédulo y por haber mantenido falsas ilusiones ante alguien que no es capaz de tomar en serio a una persona. Si no lo hizo con nadie antes de mí, no sé por qué pensé que mi caso sería diferente.

Esto es la realidad, no ningún cuento de fantasía. Y entonces es ahora cuando vuelve el asqueroso resentimiento a instalarse en mi pecho y no consiento eso.

Desde que volví, además de estarme asfixiando, siento una inquietud horrible. No puedo ver ningún lugar de mi casa sin siquiera sentirme incómodo. No puedo estarme en paz y dormir con tranquilidad sin que él vuelva a mi mente o que esa sensación como una llamarada me esté consumiendo por dentro ante lo frustrante que es para mí el volver a revivir sus humillaciones.

¡No, joder!

¡No!

¡No!

¡Y no!

Leo me lo ha repetido hasta el cansancio; yo no debería estar recordando eso. Ni eso, ni nada. Yo iba a empezar de cero con él.

Leo me ayudó después de que Tom me botó a la basura, donde él pensaba que yo pertenecía. Y aún más, él en verdad me ha apoyado. No me ve como algo que alguna vez estuvo destinado a terminar en una subasta. Él realmente ha comprendido que de dónde vengo, las cosas son difíciles. Y vaya que sí. El hecho de contarle como alguien quien también decía quererme, fue capaz de convencerme y entregarme a un montón de cerdos, me hace sentir un tremendo asco.

Leo ha sido bueno únicamente conmigo y lo aprecio muchísimo.

Leo me ha apoyado como ninguna otra persona. Me reconstruyó. Me hizo fuerte y ver de manera realista toda situación. Me enseñó a no temer de nada o nadie. A poner a prueba la confianza de los que me rodearan.

Yo le quiero a él… Tal vez no tanto como él me quiere a mí, pero sí siento algo por Leo.

Soy todo para él, me lo ha dicho. Y él es lo único que tengo ahora. Me lo ha dado todo, pero no busco su dinero. No estoy a su lado por interés o porque me haya pedido satisfacerlo. No. Y a la mierda lo que pensaba antes respecto a darle esperanzas cuando sólo éramos conocidos. De haber sabido que mi historia con Tom terminaría así, me hubiese ido a con Leo desde mucho antes.

«¡Ah, pero no! Bill estaba jodidamente enamorado de Tom. Bill estaba hasta las entrañas cubiertas de él, de su perfecto dominante. Bill se creía perteneciente a un lugar y a una persona. Bill creía que al fin alguien lo había visto a los ojos igual que una persona sin pasado. Como a una persona a quien se le miraría con amor y algo de respeto. Sí… Eso creía Bill. Pobre iluso». Menciona esa voz interna. Aquella que, en ocasiones como esta, suele decir descaradamente todo lo que me callo por miedo a herirme.

Pero no más.

Así fue antes. Y ahora, en los primeros pensamientos relacionados a Tom después de meses, voy a sacarlo de mí, así como hizo conmigo.

Tom no vale lo suficiente para mí. Y volveré a superarlo.

Me doy cuenta de que he fruncido el ceño exageradamente y no puedo cambiar mi gesto. Estaría que me llevara la mierda, pero aún no he perdido la cabeza.

Molesto, me levanto de inmediato y camino por mi habitación, pero me siento claustrofóbico. Voy al living y se me quitan las ganas de estar ahí. Quiero salir, pero sé que afuera voy a sentirme más asfixiado que aquí.

No sé dónde ir. No sé qué hacer o qué pensar. No sé qué sentir.

Necesito…, a alguien a mi lado.

Aprieto los labios y cierro los puños sobre mi camiseta.

No encuentro un lugar en mi propia casa donde pueda sentarme a pensar. Frustrado, termino volviendo a la cama. Tomo uno de los cojines y elevo la cabeza.

Tal vez es hora. Leo lo merece.

Pasados los minutos y las horas, donde he permanecido inmóvil y pensando en lo mismo y divagando también, escucho que el móvil de Leo empieza a sonar. Es Jace. No sé si responder o no. El móvil deja de timbrar por escasos momentos y vuelve a sonar. Si es importante, podría yo pasarle el mensaje a Leo.

Estiro la mano hasta la mesita de noche y contesto:

—¿Sí?

—¿Hola? ¡Ay Dios! ¿Bill? ¿Bill, eres tú?

Me quedo estático. No es Jace, sino Amara.

Es ella. Sé que ya ha atado cabos y capaz que le dice a Tom. ¡Nonono! ¡Mierda! La conozco. Que se me borra el mundo durante segundos eternos.

—Yo…, es decir, ¿tú y Leo? Bill, ¿qué haces en Londres?

Retiro el móvil de mi oído y pretendo colgar, pero el escucho el timbre de casa.

—Lo-Lo siento, Amara.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡No me cuel…!

Me levanto de un salto ante lo insistente que suena el timbre ahora. A que es Leo.

Abro la puerta, casi jadeante de lo rápido que he salido de la habitación y bajado las escaleras para llegar a la puerta.

—¡Hey! Me alegra saber que te emociona verme— me saluda al adentrarse y dejar caer la puerta. Se me sale una sonrisa pequeña, él me devuelve el gesto y me besa durante unos segundos—. ¿Qué hacías arriba? Oye, le he dicho al chofer que esperara afuera. Me gustaría que fuéramos algún lugar— me toma de la mano, pero baja la mirada cuando siente algo más que mis dedos—. ¿Por qué tenías mi móvil?

Su mirada ahora se clava en mí y trago saliva pesadamente. Separo los labios para explicarle, pero dejo salir el aliento y una risa nerviosa.

—Jace te habló, llamaste a la puerta y lo traía para que contestaras. Llegaste cinco minutos antes— atino a decir y me encamino a la cocina—. ¿Te apetece algo?

—¿Jace? Mmm… puedo imaginar que quería. Supongo que era para confirmar nuestra asistencia en la celebración, tú sabes, casi es su aniversario de bodas y nos ha invitado… Hey, Bill— menciona detrás de mí y me alcanza. Tomándome de la mano, me hace girar hasta su cuerpo, casi como en un paso de baile—. ¿Tienes algo? Luces…, nervioso y agitado.

—Te he dicho que bajé cuanto antes para que atendieras la llamada, pero Jace ya ha colgado.

—No. Es otra cosa, lo sé. Tus ojos me lo dicen, Bill, espero que me lo digan tus labios también. Sus brazos rodean mi cuerpo y yo suelto la respiración.

¡No la cagues, Bill!

—Supongo que me atrapaste— me encojo de hombros y aprieto los labios.

—Dime.

—Yo…— bajo la mirada y pongo algo de distancia—. Bien, a decir verdad, estaba arriba empacando anticipadamente para nuestro viaje a New York, pero decidí algo de último minuto. Y me gustaría aprovechar ya que tu chofer está aquí…— levanto la mirada y él permanece expectante. Le lanzo una sonrisa diminuta y me animo a decirle—. Leo, acepto ir a casa contigo.

Continúa…

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