Temporada II. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 11
Nada salió bien ese día. Al volver sentí la necesidad de decir todas aquellas palabras que ya habían pasado por mi mente, pero frente a él se borraron. Como no pude soportarlo un segundo más, exploté, convirtiéndome en un desastre.
No voy a mentir, sentí que dejaba de existir.
Dolía de mil maneras diferentes tanto como me hacía sentir aliviado por el encuentro; por tenerle de nuevo frente a mí, por poder decir su nombre al mirarle a los ojos y notar como la piel se me erizaba por el contacto.
Sé que le tomé por sorpresa y su reacción fue distinta a cuando le vi en la reunión; sus ojos me revelaban su total rabia y temor por querer mirarme o siquiera el soportar escuchar lo que yo le decía, e incluso lo cerca que llegué a estar. Al verle y, por fracciones de segundos, el tomar su rostro y mirarle directamente, me hizo ver que no había cambiado mucho. Más allá de lo físico, él sigue siendo el mismo Bill. Sigue siendo el mismo chiquillo inocentón que tanto me condicionaba. Seguía siendo aquel que gusta de mí…
Mi Conejito. Mi Precioso.
Pasaron ya tres meses desde que le vi la última vez, al menos de cerca, y al darle el anillo ni siquiera le dije feliz cumpleaños. En realidad, lamenté eso. Lamenté también el no haber demostrado que no me dejaría vencer tan rápido, pero ante sus palabras y su mirada, sabía que sería mejor alejarme de momento. El tono de su voz me revelaba su temor a seguir hablando y, finalmente, dijo lo que creyó que yo quería oír. Pero no hay cosa que lamente más que no haberle besado o decirle que le amo.
Ni hablar…
Sé que Bill no dirá nada a Leo hasta que en verdad ya no pueda guardar el secreto. Él es así, la conciencia le puede. En el fondo sé que se limitó bastante cuando nos encontramos, aunque claro, no iba a recibirme precisamente con los brazos abiertos y dispuesto a perdonarme todo, así como si nada. Si estuviese en su lugar, me sentiría más que engañado. Quizás estaría confundido y enfadado al mismo tiempo. Decepcionado o incluso sentiría lástima. Tal vez ni prestaría atención por temor a que todo lo que quise una vez, me duela con la misma intensidad con la que amé. Lo evitaría para no volver a ser lastimado. Le entiendo en verdad, pero necesito saber qué fue precisamente lo sintió al verme. Necesito saber si ha vuelto a pensar en esa noche, si ha pensado en mí o si conserva el anillo que le di, porque yo tengo el otro.
Me mudé temporalmente a Londres. Dejé a Steve a cargo en el hotel. Día y noche me mantenía al tanto de todo, así como el que nadie me haya visto por un tiempo. Aproveché hasta el último recurso que me brindó Oliver Ejiofor para buscar la oportunidad de aparecerme frente a Bill y charlar de todo lo que fue de ambos. Me aparecí en todos los sitios a los que solía asistir, pero ni así conseguí ni un minuto con él. Una ocasión estuve muy cerca de ser descubierto, pero en realidad no pude resistirme.
Creo que perdí la razón. Llegar al extremo de acosarle como un vil obseso no era algo que yo tuviese en mente, pero mi necesidad por tenerle cerca era tanta que cada día me mataba el hecho de estar lejos.
¡Estaba enloqueciendo!
De hecho, también lo estoy haciendo ahora.
No soporto ver lo cerca que está de Leo y que éste le abrace, tome su mano y le plante de besos ante todos cuando Bill se ve más que incómodo.
¿Acaso no ve que no le quiere? ¡Bill no le corresponde, joder! Que será ciego por no notar lo y yo un estúpido enfermo de celos.
No tiene ningún derecho a ponerle las manos en cima.
¡Estoy muerto de celos!
¡Qué no puedo!
Algo quema en mi pecho y soy incapaz de controlarme.
Torturarme al ver la manera tan cínica de Leo para besar a Bill frente a todo mundo, me tiene bajo tierra.
No puedo…
¡Ahg! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Y no puedo!
Que me bulle la sangre y me enciendo cual fosforo ¡Que le parto la cara!
Los puños me tiemblan y no voy hacerlos esperar, pero debo soportarlo unos momentos más, estoy seguro que se acerca el momento.
Aun no entiendo cómo es que me deje convencer por Amara sobre venir a la celebración de su aniversario. Hace que recuerde como conocí a Alina y como estoy ahora a punto de encontrarme con Bill gracias a esa idea suya. Es raro, esta situación me tiene incómodo. Después de muchísimo tiempo sin haber cruzado palabras con Amara, después de cómo intentó hacerme ver en el aniversario de hotel, es hasta hace unos días que llama más que afectada y dudosa sobre darme el paradero de Bill. Supongo que lo supo antes que yo, no lo sé, no me detuve a preguntar eso. Realmente su llamada me desconcertó cuando dijo que Leo y Bill asistirían y quería ayudar. No sé si necesito la ayuda de un doctor corazón, pero la verdad es que apenas me va bien pues mis intentos fallidos por buscar un momento de privacidad con Bill por mis propios medios, eran lo que más me tenía frustrado. Así que Amara en verdad hace tanto bien como mal.
Estoy nervioso. Más que la ocasión en la que esperaba una respuesta por parte de Bill cuando le regalé su estrella. Estoy más nervioso que cuando esperaba a que fuera mi cumpleaños y el día en que quedaría frente al hotel, esperando a que esa noche nos vieran como lo que realmente éramos. Estoy más nervioso que cuando estuve a punto de no entrar al despacho de la mansión y enfrentarme a Oliver Ejiofor y la información que había conseguido de Bill para mí. Y estoy aún más nervioso a como me sentía aquella noche de su cumpleaños…
Siento que no puedo.
Tal vez debería buscarlo por mí mismo en otra ocasión y desaparecer ahora que puedo. Debería esperar más tiempo. Quizás hasta que deje de odiarme.
—No, Bill no puede…
Sí. No debo engañarme. Sé bien que me odia ¿Qué me hizo creer que no? Ni siquiera sé porque dije aquello. Se me salió sin pensar o es que en realidad espero que sienta algo por mí. Lo que sea, pero que lo sienta.
—Bill lo sabe. Sabe que no importa lo que uno sienta hacia una persona, porque lo va a sentir siempre— intento convencerme. Yo sé que aún me quiere—. Lo sabe…, y Alina también lo sabía.
¡Que la mierda!
Aún sigo siendo incapaz de dejar las comparaciones de lado. Aunque claro, Bill me marcó más de lo que Alina lo había hecho.
Sé que así será siempre si es que no encuentro una solución a esto.
Suelto la respiración y me muevo hasta la otra esquina del antepecho que da hacia el jardín y con cuidado miro hacia dentro. Bill levanta la mirada cuando Amara se le acerca para saludarlo y le dice algo en el oído. Algo que yo le pedí le dijera. Veo que se muerde los labios y deja de prestarle atención a Leo cuando éste le llama.
—Te estuve esperando— me preparo para decir frente a él esas palabras. No quiero enmudecer al estar cerca. Él sigue allá sentado junto a Leo, aceptando su cercanía pese a la cara que tiene frente a Jace y Amara.
Me duele ver aquello y nada me costaría plantarle una escena y reclamarlo como mío, pero algo me jode reconocer y es que Leo tenía razón; Bill no es un objeto. Tampoco voy a pelear por él de esa manera.
Quiero demostrarle a Bill que me retracto por todo lo que le dije. Quiero que sepa que le quiero. Que aun pienso en él. Que le necesito y que sé casi toda la verdad. Quiero que sepa que estoy dispuesto a cumplir sus condiciones si me acepta justo ahora.
Vuelvo la vista hasta él, Leo parece intentar que no se ponga de pie y esta ocasión es él quien le besa.
¡Me jode!
Me cae de peso porque él me besaba así. Me dirigía la misma mirada y la misma sonrisa.
Retrocedo. Si sigo viéndole hacer aquello, podría en verdad importarme una mierda que éste sea el evento de Jace y Amara y en serio romperle más que la cara a Leo.
Jodidas sean mis expectativas de esta noche. Siento que nada saldrá bien después de esto. No quiero decepcionarme. Estoy a punto de saltar el antepecho y rodear el lugar por el jardín para irme, pero justo veo que Amara se acerca con Bill.
¡Le ha convencido de venir hasta acá!
No sé qué le haya dicho Amara, sé que no fue lo que acordamos porque de haber sido así, él no hubiese accedido.
¡Mierda!
Me oculto en la misma esquina, esperando escuchar la puerta corrediza hasta que ellos se acercan a la puertilla que da al jardín y andan a paso lento hasta la fuente.
—Sinceramente es extraño estar aquí después de todo. No te ofendas, pero sólo estoy aquí porque Leo es muy cercano a Jace— escucho a Bill decir y pone distancia cuando Amara intenta tomarle del brazo.
Sigiloso, camino detrás de ellos.
—Me lo dijiste con la mirada una vez llegaron ustedes— a ella le tiembla la voz.
Sé que esto no es fácil. No quería hacer que ella tomara parte de un bando al apoyarme con esto.
—¿Entonces entiendes que no me parece tener que hablarnos? Mucho menos cuando…
—¿Creías que me quedaría de brazos cruzados? —le interrumpe—. No soy nadie para decir esto, pero…
—Entonces no lo hagas— la corta de repente y se detiene a unos pasos de la fuente.
—Yo no sabía que durante este tiempo lo habías pasado con Leo. Me sorprendió demasiado el haberte escuchado responder a su teléfono. Bill, no siento que sea tu lugar estar con él.
—Y según tú, ¿con quién es mi lugar? ¿Con Tom? —su altanería logra dejar callada a Amara—. No quiero hablar de él, ¿te va? Ni siquiera sé porque acepté venir a contigo y charlar si hace tiempo siento que… Bueno, ultimadamente nada es de tu incumbencia.
Que le hable así me pone mal. Acorto la distancia y ella se vuelve, nuestras miradas conectan y entonces se aclara la garganta.
—Pero a mí sí me incumbe— le digo. A penas soy capaz de hacerme escuchar. Temo a como reaccione él.
Bill se vuelve a verme, se inmuta y el contacto visual se rompe cuando él me escanea. Se vuelve hacia Amara y retrocede.
En su rostro se refleja la indignación y no puede con ella.
El corazón me sube hasta la garganta después de tremendo vuelco. Un hormigueo se instala en mi interior y algo arde en mi pecho.
—Entonces me trajiste aquí no para charlar conmigo, sino para que él y yo nos viéramos—se hace el ofendido y me planta una mueca despreciativa—. Me asquea la actitud que has tomado, Amara.
—Escucha…, ella lo hizo porque se lo pedí— intento acercarme más, pero me evade.
—Que hábil eres, Tom. Ni se me había ocurrido pensar en esa posibilidad…— añade con aires sarcásticos.
—No me hables así— recrimino, pero hace caso omiso a mis palabras.
—Ya me doy cuenta, en el fondo fuiste tú quien contó a Tom donde me encontraba. La manera más fácil de dar conmigo era primero ir tras Leo y una vez me tuvieran justo como ahora, te saldrías con la tuya— levanta la voz al dirigirse a Amara, la señala de mala gana y finalmente se dirige a mí—. En verdad es asqueante.
—¡Basta! No tienes porque…
—¡¿La defiendes?! ¡Pero claro! Que estúpido soy… Si fue ella quien te ayudó a llegar hasta mí. Te debo lo peor, gracias Amara.
—Mejor vuelve— le digo al mirarla por unos segundos y asiente de inmediato—. Bill, no grites porque quiero
que entiendas una cosa…
—¡Yo no tengo porque quedarme aquí a escucharte o ver como ella se ha burlado de mí! ¡No! ¡Quita! —se zafa de mi agarre y vuelve a retroceder.
—¡¿Por qué haces esto más difícil?! Mira que yo solo intento…
—¡¿Disculpa?! —ofendido, me corta de inmediato y se detiene cuando le sujeto por los codos—. ¿Intentas? ¿Y qué intentas? ¡Déjame! Creí haberte dicho que no quería volver a verte.
—Eso es lo menos que quieres y lo sabes.
—¿Tan seguro estás? —se mofa de mí.
—Me lo dicen tus ojos…
—¡TUS MENIRAS NO ME VAN! —alza aún más la voz. Su rostro se enciende y su gesto se vuelve duro, demostrando que no podré con él. Jamás le había visto así.
—¿YO? ¡MIRA QUE AQUÍ EL MENTIROSO ERES TÚ! —hasta me raspa la garganta tener que gritarle para poder hacerme escuchar.
—¡PUES NO MEVA!
Me desespera. Bill está sacándome de quicio y no voy a detenerme ni porque sea él.
—¡CLARO! SE TE FACILITA ZAFARTE DE ESTO.
—¡Aff! —con toda su fuerza flacuchenta, me empuja. Que ni crea que puede apartarme de él.
Vuelvo a ir a por él. Se niega. Forcejeamos. Intenta soltarme una patada, pero le esquivo. Sujeto de sus muñecas para impedir que salga corriendo, me duelen las manos por el fuerte agarre y veo como sus muñecas se han enrojecido. Como todo él luce desesperado por evadirme y enfurecido por mi insistencia.
—Haré lo que me venga en gana— un paso más y caería al césped por su propia torpeza—. ¡Que me dejes en paz!
—¡Jamás! ¿Me escuchas?
—Te lo dije aquella vez, Tom…
—Me dijiste, ¡¿qué cosa?!
Le reto con la mirada. Bill bufa y se muerde los labios, desviando la mirada.
—Dime… anda ¡Repítelo!
—¡SOY FELIZ! —grita al mirarme a los ojos, pero no le creo. No puedo hacerlo. No quiero—. ¡SOY JODIDAMENTE FELIZ!
—¡Intenta creerte tus palabras!
Cree que puede alzarme la voz más de lo que yo lo hago.
—¡TÚ NO ERES NADIE PARA MÍ!
—¡QUE TE CALLES!
—¡INTÉNTALO! ¡VAMOS, INTÉNTALO! ¡HAZME CALLAR! —se remueve en mi agarre, pero esta vez lo escurridizo no le es de ayuda y no logra escapar de mí.
—¡Tienes que saber…!
—¡QUE YO DE TI NO QUIERO SABER NADA!
—¡BASTA! ¡YA BASTA! —le atraigo lo suficiente como para juntar las narices—. Tú no eres así…— suelto la respiración. Exhausto de tener que retenerlo y tener que gritarle, me quedo inmóvil como él—. No eres así, Bill. Yo te conozco, aunque me digas que no, yo te conozco. Tú no quieres esto. Tú no quieres pelear…, no quieres que nos estemos gritando ¡Dios! Ninguno de los dos quiere esto. No lo hagas difícil.
—Yo no quiero tener nada que ver contigo, así que déjame.
—Vine a por ti, chiquillo estúpido— poco a poco, aflojo mi agarre.
—¿Chiquillo? —molesto, me clava una mirada inquisitiva y deja que nuestras pesadas respiraciones se escuchen durante segundos.
—Después de cómo has actuado sí, eres un chiquillo bastante estúpido.
—No me va que…
—Sólo quiero que me des una oportunidad Bill— después del coraje que me ha hecho sentir ante sus infantiles maneras de interrumpirme, la voz me tiembla, y no es el nudo que tengo en la garganta que se formó por tanta gritería, sino porque me duele que hayamos llegado a esto. Me duele el tener que hablar y esperar su desprecio, pero supongo que tengo la esperanza de que no lo hará—. Estoy harto de esto y sé que tú también.
—Tú no sabes nada.
—¡Sí que lo sé! —tomando su ostro entre mis manos, junto su frente con la mía y me sorprende ver que no me rechaza—. Lo menos que quiero es un conflicto contigo cuando me la paso discutiendo conmigo mismo a cada momento del día porque sé que fue estúpido el no haberte escuchado. No puedo con la idea de que no te tengo más. Que sueño lo peor que te puedas imaginar y al despertar no estás ahí.
—Me tiene sin cuidado.
—Sabes que no— cierro los ojos con fuerza y trago con pesadez. No quiero hablar en un hilo de voz—. No puedo, Bill. Sin ti no puedo. Te necesito tanto, Precioso…—me esfuerzo por no dejar que las lágrimas se deslicen por mis mejillas—. Te extraño en verdad. Echo tanto de menos el verte dormir y despertar contigo. El hablarnos, el decirte que eras mi secreto. Echo de menos el poder besarte y hacerte llegar al exceso…
—Calla.
—Echo de menos lo nuestro, Bill. Debes saberlo…
—No esperes que te acepte de nuevo— la voz le tiembla, pero intenta hacerse escuchar firme y desinteresado. Intenta hacerse el fuerte cuando yo siento que podría desmoronarme.
—Podemos hacer algo, Bill— digo de inmediato y pongo distancia para volver a verle—. Podemos darnos una oportunidad. Sé que también lo quieres. Sé que lo has estado esperando y que Leo no significa nada. No puedo con la idea que ahora estés con ese sujeto y puede hacer tantas cosas que yo desearía…
—Leo y yo…
—Pasé meses intentado reconocer si lo que sentía por ti era odio o amor, lo sabes— le corto—. Me la pasé hundido hasta que vi que al menos una pizca de esperanza sí tenía para volver a buscarte y hacerte ver que estaba tan equivocado. Para hacerte ver que sólo hay una persona por la que me arriesgaría tanto.
—Ya no soy esa persona.
—¡Sí lo eres! Eres ese Bill. Eres mi Precioso y haría hasta lo imposible para hacerte entender que cambiaría si me lo pidieras y aceptaría tus condiciones si volvemos a estar juntos.
—Ya me había olvidado de ti, ¿por qué volviste?
Sé que decir aquello le duele. Intenta aparentar que esto no le afecta, pero yo sé que sus acciones una vez me aparecí frente a él son solo en defensa propia.
Es ese Bill que conocía, es ese chiquillo indefenso. Lo sigue siento por mucho que demuestre que no.
—¿Sabes por qué? Porque Te amo.
Y sin más, rompo la cercanía y hago lo que sólo en fantasías había querido hacer. Le beso como en todo este tiempo he anhelado hacerlo.
Sus labios son tan suaves a como los recordaba. Su sabor no ha cambiado nada y lo sé porque ese beso, sin importar que él haya puesto distancia antes de dejarse llevar, sabe a nosotros. Sabe a lo nuestro. Sabe a lo que éramos antes y no podrá mentirme ahora pues lo reconoce también.
—Vuelve conmigo, Precioso— menciono cerca de sus labios—. Te amo. Por favor, vuelve.
Continúa…
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