Jóvenes Rebeldes 23

Fanfic TWC / TOLL de lyra

Capítulo 23

Esa mañana, Tom no podía evitar sentirse la persona más feliz del planeta. Se había levantado con una amplia sonrisa en los labios y sin borrarla de ellos había ido a ducharse antes de bajar a desayunar con el resto de sus compañeros.

Encerrado en su cabina escuchaba las conversaciones de sus amigos, todas ellas centradas en la fiesta que había tenido lugar la noche anterior y que había sido maravillosa.

Y él no podía estar más de acuerdo, a pesar de lo triste que había comenzado el final fue inesperado e inolvidable.

Con los ojos cerrados lavaba su cuerpo mientras en su memoria traía una y otra vez el recuerdo del apasionado beso que Bill y él se habían dado. No pudo evitarlo, o más bien no quiso y llevando su mano abajo empezó a masajearse sin dejar de pensar en Bill en ningún momento.

No tuvo que esforzarse mucho, su cuerpo reaccionó de inmediato y minutos después se derramaba bajo la ducha preso de un gran orgasmo mientras que el nombre de Bill salía entre jadeos por sus temblorosos labios.

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Por otro lado, el estado de Bill era todo lo contrario. Sentía que había traicionado a Markus, y no se lo merecía. Tras el baile había puesto la patética excusa de que le dolía mucho la cabeza, que se había empezado a sentir mal de repente y que prefería pasar esa noche en su casa y no en la suya como habían planeado.

No podía hacerlo, no después de haberse besado con Tom como si no se hubieran visto en años. Pero no pudo contenerse, en el fondo llevaba tiempo deseándolo y al estar a solas y tan cerca le hizo dar rienda suelta a toda esa pasión que sentía golpearle el pecho cada día que sus miradas se cruzaban.

Y desde entonces ignoraba a Markus, le había enviado un mensaje para ver qué tal se encontraba esa mañana y Bill sólo lo había leído por encima sin dignarse a contestarle.

Necesitaba tiempo, y hablarlo con alguien que le aconsejara qué elección tomar.

Por suerte esa mañana Clarisse les llevaría en coche antes de entrar a trabajar, tras la fiesta de la noche anterior Nolan había tenido la gentileza de dejarles dormir y se habían suspendido las clases de la primera hora.

Sentado en el coche a su lado esperaba a que Alex saliera de su casa donde había entrado tras acordarse de que se dejaba uno de sus libros.

— ¿Te divertiste mucho ayer?—quiso saber Clarisse.

Bill asintió con la cabeza mientras cogía aire para confesar su pecado.

—Besé a Tom—soltó de carrerilla.

— ¿Cómo?—casi gritó Clarisse.

—Fue antes de la actuación del coro—empezó a relatar Bill—Le vi salir fuera a tomar el aire y quise ir a hablar con él. Habíamos estado minutos antes charlando con Markus, y al final había comprendido que me había perdido. Le vi tan derrotado que sólo quise saber si estaba bien y…

—Y una cosa llevó a la otra—terminó Clarisse el relato por él—Pero pensaba que lo tuyo con Markus era ya oficial. ¿Por qué lo hiciste?

—Porque soy un idiota—murmuró Bill resoplando.

Se giró en el asiento y vio que Clarisse seguía esperando una respuesta más convincente.

—Porque quería hacerlo—susurró esa vez suspirando—Soy una persona horrible, llevaba tiempo deseándolo hacer y no he parado hasta lograrlo.

—Lo tuyo con Tom aún es muy fuerte, es normal que haya pasado—dijo Clarisse apretando su mano con cariño—No deberías culparte por eso, deberías hablar con Tom y sincerarte de una vez con él.

—Tendrías que decirme que me olvide de él y me quede con Markus—murmuró Bill—Que Tom no me conviene, que lo nuestro jamás podrá ser por todos los motivos que ya te he dicho. En cambio Markus es un buen chico y no se merece lo que le he hecho.

—Pero no estás enamorado de él—apuntó Clarisse—No puedes controlar tus sentimientos, debes escuchar tu corazón y hacer lo que realmente sientas.

El sonido del móvil hizo que Bill pegara un bote. Lo cogió y arrugó la frente al ver otro mensaje de Markus.

«Que pena que ayer no te pudieras quedar, ¿qué tal el fin de semana?»

Bill resopló al leerlo, Markus era de lo más insistente y no sabía como decirle que no sin hacerle daño.

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Después de su placentera ducha Tom bajó de lo más relajado a desayunar. Se paró ante la mesa donde había platos repletos de tostadas, tortitas y a su lado mermeladas de todas clases.

Con una sonrisa en los labios cogió un par de tostadas y untó de mermelada, recordando aquella lejana noche que Bill y él compartieron y le llevó el desayuno al día siguiente ya que se quedó a pasar la noche con él en Hillerska.

Envolvió el sándwich en un par de servilletas y se lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Luego cogió su propio desayuno y se dirigió a su mesa, encontrándose con Gustav por el camino.

— ¿Qué tal ayer?—preguntó sin dejar de sonreír.

Pero Gustav no le contestó, sólo le dirigió un fría mirada y dando media vuelta le dejó plantado en mitad del comedor.

Tom no entendía qué le podía pasar, pero en esos momentos nada iba a empañar la felicidad que sentía tras lo pasado la noche anterior.

Tomó asiento y empezó a desayunar, hasta que notó vibrar su móvil. Por un momento pensó que era un mensaje de Bill deseándole buenos días y se apresuró a cogerlo. Pero estaba muy equivocado, el mensaje era de David.

«Aquí tienes el discurso, empieza a practicarlo. Debes aprendértelo de memoria, recuerda que será retransmitido en riguroso directo y parte de la familia real estará presente. No debes dejar en mal lugar a tu padre»

Tom maldijo por lo bajo, se le había olvidado el maldito discurso por completo. Y David no tenía tacto, gracias a ese mensaje enviado justo en ese momento en que tan feliz se sentía Tom empezó a encontrarse mal. David habían conseguido era que su estómago se revolviera y sintiera que estaba a punto de echar el desayuno de un momento a otro.

Pero no era el único en haber recibido ese mensaje, sentado en su mesa Andreas sonreía ampliamente al leer el mensaje de David. También le había enviado una copia del mensaje, si Tom decidiera no estar en condiciones de darlo ese día sería él el elegido para tal ocasión.

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Esa mañana además de la primera clase Bill tuvo que saltarse también la segunda. Tras el éxito de la actuación del coro la noche anterior Nolan había quedado impresionado y había decidido que sería la canción elegida para la ceremonia del centenario.

Pero no era él quien tenía que dar el visto bueno a tal decisión. Estando tan cerca la ceremonia David en persona se había acercado esa mañana a Hillerska para ultimar detalles y el coro se había reunido para una actuación de última hora, y de paso recibir las instrucciones necesarias.

—El coro estará situado en la escalinata central de Hillerska—empezó a explicar David—Después de la actuación del coro será el momento del discurso, Thomas ocupará su puesto en el atril que estará situado justo delante del coro. Quiero que todos prestéis atención a sus palabras, nada de sonrisas o muecas. Vuestra imagen debe ser impecable, como sabéis habrán cámaras y en el momento del discurso os estarán enfocando, recordad que os estarán viendo millones de personas.

Tras sus palabras le hizo una señal a Müller para que comenzara el ensayo. El coro comenzó a cantar y Bill lo hizo con todas sus ganas tratando de ignorar la fulminante mirada que David le dirigía.

Porque David no era tonto, y no se le escapaba ni una. No habían terminado de cantar y ya estaba hablando con Müller de los cambios que quería que se hicieran.

—Chicos, un poco de atención—pidió Müller tras terminar la actuación—Ha habido un cambio de última hora, al final se cantará el himno tradicional de Hillerska durante la ceremonia.

—Pero…al director Nolan le gustó la canción—saltó Bill sin poderse contener—Ayer en el baile dio su aprobación, y llevamos semanas ensayándola.

—Es importante seguir con las tradiciones—intervino David tomando la palabra—Hillerska celebra su centenario y lo lógico es cantar su himno en un día tan especial, es su símbolo.

—Pensé que se quería mostrar una faceta más moderna—insistió Bill para sorpresa de David—Que los tiempos cambian y Hillerska debe cambiar también.

Le había tomado por un chiquillo sin carácter y en ese momento estaba dispuesto a luchar por su canción con uñas y dientes, no se iba a dar por vencido a la primera.

—El señor Jost tiene razón—intervino Müller—Hillerska es un símbolo de continuidad y tradición.

—Los miembros de la familia real apreciará que ese día se sigan las tradiciones y escuchar el himno que ellos mismos han cantado en su momento—dijo David con firmeza—Además, querrán escuchar a todo el coro, no un simple solo por muy bonita voz que tenga.

No hizo falta que dijera más, Bill ya sabía que dijera lo que dijera la respuesta de David sería un rotundo no.

No pudo reprimirse y aún sabiendo que iba a montar una escena salió del coro y recogiendo su mochila dejó el aula de música donde Müller trataba de pedirle que se quedara.

—Déjele, necesitará tiempo para aceptarlo—dijo David sonriendo ampliamente—Empiecen con los ensayos de la versión clásica del himno, ese día todo debe salir perfecto.

Se despidió de Müller y él también abandonó el aula sin dejar de sonreír en ningún momento. Acababa de destrozar a Bill, y no había nada que le diera más satisfacción. Así aprendería a no meterse con quien no debía, su lugar no estaba en ese internado por mucho que se empeñara en querer estar.

Si por él fuera, hablaría con el director y el próximo curso ese alumno tendría las puertas bien cerradas de Hillerska.

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A pesar de lo disgustado que estaba no podía faltar a clase y se reunió con el resto de sus compañeros. Sentado al lado de un radiante Tom trataba en vano terminarse de leer el libro cuya presentación tendrían dos días después.

Toda la clase estaba en silencio, leyendo el libro que les había tocado pero Tom no podía concentrarse y acordándose del desayuno que le había preparado lo sacó y dejó bien cerca de Bill.

—He pensado que quizás tendrías hambre—susurró con una amplia sonrisa.

Esperó una respuesta de Bill, pero parecía sumergido en su lectura con una expresión muy seria en su cara.

— ¿No te apetece?—preguntó Tom en voz baja.

Bill negó con la cabeza mientras pasaba página y seguía leyendo.

— ¿Pasa algo, Bill?—quiso saber Tom, preocupado por su frío silencio.

—Estoy tratando de leer—murmuró carraspeando Bill.

No hizo falta que dijera más, Tom comprendió al momento que le estaba molestando y le dejó leer en silencio.

Llegada la hora del recreo Bill desapareció tan rápido como pudo, sabía que Tom querría hablar con él y no tenía ganas. Se escabulló al aula de música tratando de buscar algo de paz tocando un poco el piano que allí había.

Pero Tom le había seguido y minutos después le tenía a su lado pidiéndole un poco de atención.

— ¿Qué quieres?—preguntó Bill con cansancio.

—Saber cómo estás—contestó Tom de inmediato—Te noto mal, ¿ha pasado algo?

—Pasa lo de siempre, apareces tú y todo lo que hago se transforma en un problema—estalló Bill sin poderse contener.

Tom no entendía sus palabras, qué podía haber pasado para que estuviera tan molesto con él.

—Yo…pensé que podíamos volver a empezar—murmuró Tom casi suplicándole—Después de lo ocurrido en el baile, pensé que tú y yo… Nos hemos besado Bill, eso quiere decir algo.

—No es por eso—se apresuró a decir Bill—Acaban de arrebatarme lo único que realmente amo y hago bien. No me dejan cantar mi canción en la ceremonia, David ha decidido que es mejor seguir con las malditas tradiciones y cantemos el himno de siempre.

Tom entendió al fin su malestar, la música lo era todo para Bill y en lo que más destacaba. Su sueño era cantar algo propio delante de miles de personas, y se lo acababan de arrebatar con un chasquido de los dedos.

—No quieren que ese día haya nada que te relacione conmigo—siguió Bill con su enfado—Ese día todo tiene que salir perfecto y yo represento un problema, como siempre.

—Bill, pero eso no es culpa mía—apuntó Tom—David ha tomado la decisión, yo no he tenido nada que ver.

Bill resopló y se puso en pie, Tom no había prestado atención a sus palabras. Había transformado su grito de angustia en una bella canción, y el único que se había dado cuenta había sido David. Por eso había actuado con rapidez prohibiendo que ese día abriera su corazón delante de millones de personas.

—Tom, la canción habla de ti—soltó con desesperación.

Fue entonces cuando Tom lo comprendió todo, en su mente resonaba la voz de Bill entonando la canción y todo tomó sentido al fin.

«Lo que vivimos y lo que fuimos

No lo olvidaré, todo lo bueno que compartimos….»

—Yo…no lo sabía…—murmuró Tom.

— ¿Cuánto tiempo más me van a castigar por el maldito video?—estalló Bill sin poderse contener—Tú no lo entiendes, porque no tuviste que soportar las consecuencias.

—Por supuesto que para mí también hubo consecuencias—saltó Tom a su vez.

—Lo entiendo, lo pasarías mal por un tiempo nada más—siguió Bill con su enfado—Pero luego has podio hacer como si nada hubiera pasado y todo el mundo te lo ha puesto fácil. A mí parece que me lo recuerdan cada vez que hago algo que no consideran adecuado.

—No puedes decir eso—estalló Tom—No tienes ni idea por lo que tuve que pasar, y sigo pasando. Me he puesto en contra de mis padres, lo más importante para mi que no entienden mis sentimientos y estoy luchando cada día contra ellos para lograr que me puedan aceptar como soy.

Ahí Bill le tuvo que dar la razón, sabía de su estricta familia y que no iba a ser fácil que aceptaran de un día para otro que su único hijo fuera diferente, y que hiciera cosas que fueran en contra de lo que ellos deseaban.

—La culpa de todo lo que nos ha pasado la tiene la persona que nos grabó y publicó el video—apuntó Tom—Y esa persona no fui yo, no es culpa mía.

—Esa persona se salió con la suya, y yo he pagado todas las consecuencias—insistió Bill dando la conversación por finalizada—Lo de ayer fue un error, y no se volverá a repetir.

Dio media vuelta y recogió su mochila, dispuesto a salir de esa habitación antes de que Tom hiciera o dijera algo más.

Pero Tom no pensaba quedarse de brazos cruzados, estaba muy enfadado por lo que había pasado y antes de que Bill saliera se puso en su camino dispuesto a revelar al fin toda la verdad.

—Con quien tendrías que estar enfadado es con Andreas, no conmigo—soltó al fin.

— ¿Cómo?—susurró Bill.

Antes de contestarle Tom dio media vuelta y cerró la puerta del aula, no quería que nadie más escuchara sus palabras.

—Fue Andreas quien nos grabó en video—confesó sin aliento—Y le odio por eso, ha dejado de ser parte de mi familia. No he parado hasta arrebatarle lo que más quiere, hice que fuera relegado como precepto. El poder le encanta, ya lo sabes. Y yo se lo he arrebatado.

— ¿Desde cuándo lo sabes?—quiso saber Bill.

El silencio de Tom era la respuesta que Bill esperaba.

—Desde el principio, ¿verdad?—gritó Bill sin poderse contener.

—El mismo me lo confesó antes de Navidad—confesó Tom en voz baja.

—Y no querías que yo lo supiera—murmuró Bill resoplando.

—Te lo quería decir pero… estaba protegiéndote—se defendió Tom.

— ¿Protegiéndome?—repitió Bill alzando una ceja—Le estabas protegiendo a él, podrías haberle denunciado pero no has querido.

—Si fueras a la policía Andreas tendrá los mejores abogados de Alemania—trató de explicarle Tom—Es parte de mi familia, y por extensión de la familia real. Le protegerían, se protegen a ellos mismos y tú no puedes hacer nada contra ellos.

—Querrás decir contra ti—apuntó resoplando Bill—Ellos son tu familia.

—Yo no soy como ellos—apuntó a su vez Tom.

— ¡Eres exactamente como ellos!—gritó Bill de nuevo—Y como tu padre, dices que estás enfadado con él pero haces todo lo que te pide sin atreverte a llevarle la contraria. Tienes muchos secretos y dices que lo haces para protegerme y sólo es para protegerte a ti mismo.

—Bill, no es así…—empezó a decir Tom.

Pero Bill ya se había cansado de escuchar sus mentiras. Se colgó al hombro la mochila y abriendo la puerta salió de la habitación mientras a su espalda Tom trataba de hacerle entender en vano que todo lo había hecho por su bien.

Pero no quería escucharle, ni estaba en condiciones de quedarse al resto de las clases. Salió del internado y fue a la parada del autobús a esperar el siguiente que le llevaría de vuelta a casa.

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Pasó el resto del día encerrado en su habitación tratando de poner en orden sus pensamientos. Ya sabía quien era el autor del maldito video y fijo que también lo había subido a Internet. En el fondo no le sorprendía que fuera Andreas, era algo que iba mucho con él y no le había importado joder a Tom por mucha familia que fueran.

Entre ellos no se llevaban bien pero lo que le había hecho era demasiado fuerte porque afectaba a una poderosa familia emparentada con la casa real.

Sólo salió de su habitación cuando su padre le llamó para cenar y le dijo que había llegado Alex y que cenaría con ellos. Bajó a la cocina y mientras que su padre atendía una llamada pudo hablar a solas con su amigo.

— ¿Dónde te has metido?—preguntó muy preocupado Alex—Desapareciste de repente de clase.

—No me encontraba bien—murmuró Bill sentándose a la mesa—Luego te cuento, que viene mi padre.

Gordon había terminado de hablar por teléfono y miraba muy seriamente a su hijo.

—Era el director de Hillerska, al parecer has faltado a la mitad de tus clases—empezó a decir Gordon—Te has ido del internado sin avisar a nadie, no puedes hacer eso Bill.

—Me encontraba mal, lo siento—soltó Bill la misma mentira que a Alex.

—Debías haber avisado a algún profesor—dijo Gordon con firmeza—Sabes que no puedes dar ningún problema en Hillerska, que estás bajo supervisión.

—No volverá a pasar, lo prometo—susurró Bill.

Gordon asintió con la cabeza y empezó a servir la cena. Empezó a comer en silencio, viendo como su hijo y su amigo no hablaban siquiera entre ellos y jugaban ambos con su cena.

— ¿Va todo bien?—preguntó Gordon dirigiéndose más bien a su hijo—Estás muy callado.

—Ya sé quien es el autor del video—soltó Bill sin poderse contener.

Alex casi se atragantó con el agua que estaba bebiendo, dejó el vaso con suavidad en la mesa y se limpió con la servilleta esperando que Bill se explicara.

—Fue Andreas—murmuró Bill con rabia.

— ¿Es un compañero tuyo de clase?—quiso saber Gordon.

—Va a 3º, y es primo de Tom—explicó Bill.

— ¿Su propio primo ha sido capaz de hacer eso?—estalló Gordon dando un golpe en la mesa—No podemos quedarnos de brazos cruzados, hay que denunciarle.

Bill asintió con la cabeza, estaba cansado que personas como Andreas se salieran con la suya sólo porque eran ricos y se pensaban que podían hacer lo que les diera la gana sin pensar en las consecuencias.

—Pero… ¿estás seguro?—intervino Alex—Quiero decir, tienes que tener alguna prueba. No puedes denunciarle así sin más.

—Tom lo sabía porque Andreas se lo confesó antes de Navidad—explicó Bill.

— ¿Y por qué ha esperado 2 meses a decírtelo?—estalló de nuevo Gordon.

—Porque son familia papá—murmuró Bill, como si no fuera obvio—Para él debe de ser muy duro enfrentarse a un dilema así.

—Si tanto le importas debería haber hecho algo aparte de negar su participación en el video—dijo Gordon con rabia.

—Y no creo que llegado un juicio Tom testifique contra Andreas—apuntó Alex.

—Sé que puedo confiar en él—murmuró Bill.

—Eso te ha dicho ahora, pero verás como llegado el día cambia de idea—insistió Alex—Como con el video, te dijo que no haría ninguna declaración a la prensa y ya ves lo que pasó. No puedes confiar en él.

—Estoy de acuerdo con Alex—dijo con firmeza Gordon—Pero hay que denunciarle, que abran una investigación y si además de él cae alguien más, que así sea.

Bill sabía que se refería a Tom, pero él era otra víctima más. No estaba implicado en la grabación del video y su posterior difusión.

Aunque le había vuelto a fallar, y no sabía si iba a ser capaz de perdonarle. En esos momentos, seguía muy enfadado con él por habérselo ocultado con el pretexto de que le estaba protegiendo cuando en realidad anteponía a su familia a sus sentimientos.

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Al día siguiente Bill acudió a clase con total normalidad. Su padre y él habían decidido esperar al siguiente día para ir a poner la denuncia ya que Gordon le quería acompañar pero trabajaba todo ese día y también quería informarse de algún abogado de oficio que pudiera llevar su caso.

Sentado a su lado en el autobús Alex se mantenía en silencio perdido en sus propios pensamientos. Necesitaba hablar con Andreas, y nada más llegar a Hillerska se saltó la primera clase para ir en su búsqueda.

Sabía que le hallaría en los establos cumpliendo el castigo del nuevo precepto por al parecer haberle hablado en un tono inadecuado. Gustav estaba que se salía en su nuevo cargo, castigando a cualquiera que se cruzara en su camino e hiciera algo que le molestara y esa vez le había tocado a Andreas que tuvo que obedecer sin rechistar. Le había caído una semana limpiando el establos antes de las clases y en esos momentos estaba cumpliendo su castigo.

Alex echó a correr a los establos, por suerte Clarisse ese día trabaja de tarde sino vería que estaba faltando a clase y era muy capaz de cogerle de la oreja y llevarla ella misma.

Localizó a Andreas terminando su tarea y fue a su encuentro.

— ¡Andreas!—le llamó.

—Ahora no puedo, tengo el tiempo justo para quitarme el olor a caballo antes de ir a clase—murmuró sin volverse Andreas.

—Espera, ¡es importante!—insistió Alex.

—Oye, si vas a pedirme que os deje entrar a la fiesta que haremos el domingo ya sabes que no sé si podré—gruñó Andreas—Es Gustav quien manda ahora.

—No, no tiene nada que ver con eso—dijo Alex llegando a su altura—Es por Bill…se ha enterado que tú fuiste el autor del video.

Andreas dejó de caminar y se paró de golpe, sintiendo que le faltaba el aliento.

—Tom se lo ha dicho y su padre y él irán mañana a denunciarte—explicó por encima Alex.

Andreas no pudo reprimir maldecir por lo bajo, parecía que al final iba a recibir su castigo. Su mente trataba de buscar alguna salida, por muy desesperada que fuera.

— ¿Y por qué me lo cuentas?—preguntó de repente Andreas.

—Porque…he pensando que si te adelantas y lo confiesas todo a la policía quizás lo tengan en cuenta y bueno, no sean tan duros con la condena—murmuró Alex.

Era verdad en parte, lo que realmente pensaba era que Andreas podía terminar en la cárcel y ya se podía ir despidiendo de todo lo que le había prometido. Su beca del próximo curso pendía de un hilo, y lo necesitaba con urgencia. Sus notas había bajado mucho en los últimos exámenes y necesitaba un milagro.

—Ya es tarde para que acuda a la policía—dijo Andreas gruñendo—Pase lo que pase, estoy jodido. A no ser…que me hagas un último favor…

Alex se le quedó mirando sin entender, ¿qué podía hacer él? Por muy amigo que fuera de Bill, no se veía capaz de lograr convencerle para que se olvidara de una vez del video y de denunciar al responsable.

—Di que fuiste tú—soltó Andreas de repente—Si lo haces te juro que tienes asegurada no solo la beca del próximo curso sino hasta el fin de tus estudios.

—Pero… ¿cómo voy a decir que fui yo?—quiso saber Alex—Si ni siquiera estaba ese día en la fiesta.

—Pero podemos decir que sí lo estuviste, Tom estaba tan indispuesto que su palabra no tendrá credibilidad—insistió Andreas—Yo lograré convencer a los demás de que digan que te invitamos y que yo…yo perdí el móvil y tú lo encontraste, y al ir a llevármelo al internado pillaste a Tom con alguien en su habitación y lo grabaste por curiosidad. Con mi móvil…

Alex no sabía qué decir, le estaba pidiendo demasiado pero la recompensa que obtendría sería más de lo que se había imaginado. Pero eso significaba traicionar al que era ya no solo su mejor amigo, sino un hermano. Habían crecido juntos y eso sería lo peor que le podía hacer.

— ¿Y qué pasaría conmigo?—quiso saber Alex antes de dar una definitiva respuesta.

—Nada, tranquilo—contestó Andreas con toda la tranquilidad—Eres menor de edad, te caerá una pequeña reprimenda pero nada más. Tú confía en mi, no te dejaré sólo en esto. Pondré a tu disposición al mejor de mis abogados y puedes estar seguro de que no pisarás la cárcel ni nada parecido. Tú sólo piénsalo bien y dame una respuesta antes de mañana.

Alex sólo pudo asentir con la cabeza y salió de los establos pensando si estaba haciendo lo correcto.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del fandom

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