
Temporada II. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 29
«Finalmente hemos llegado al sado»
—Este es un buen momento para decirte que estoy dispuesto a todo lo que quieras hacer de mí.
Tom, sin dejar de mirarme o apartar su mano y menciona con determinación:— Tu disposición está por volverme loco— se aclara la garganta tras una breve pausa y añade:— Aquí no mencionarás los colores que indican que estás en tu límite y si algo te gusta o no, en esta práctica se dicen números del uno al diez, pero a ti te lo dejaré hasta el cinco.
—¿Por qué? —cuestiono de inmediato.
No me va en lo absoluto, ha de creer que soy débil y eso vaya que me ofende cuando ya he dicho que estoy dispuesto a todo.
—No me interesa lastimarte, Precioso. Entiendo esa tendencia masoquista que te cargas, pero estamos aquí por placer mutuo, no para que te entregues totalmente a la dominación como si fueses un vulgar objeto. ¿Lo entiendes? —su tono cambia sutilmente por uno más comprensivo. Cuando esa mirada encendida vuelve a él tras mirarme de arriba a abajo, repone:— Del uno al cinco está bien para ti, así que «Uno» significa algo suave y «Cinco» es eso en lo que estás pensando— una sonrisa medio burlona y morbosa se dibuja en sus labios—. Ansío escuchar muchos «Cinco» en la próxima hora.
—¿Una hora?
—Suficiente para probarte y lograr el clímax.
Humedezco mis labios y bajo la mirada, procesando las nuevas reglas algo viene a mí de manera fugaz. Ya que estoy en verdadero rol de sumiso, lo más obvio es que… debo preguntárselo.
—Supongo que como todas las reglas cambian, también lo hace la manera en que debo dirigirme a ti, ¿cierto?
Levanto la mirada, viéndole sobre las pestañas y esperando una respuesta, pero no dice nada, se acerca tomándome de la mejilla.
—Sé que puedes deducirlo por ti mismo.
—Claro que sí, amo…
Tom me sostiene la mirada mientras pone distancia y me mira desde arriba. Quiere ocultar cuán complacido está por la manera en la que le he llamado, hasta a mí me hizo sentir un fuerte subidón el mencionarlo y me dejó con la garganta seca.
—Sírveme champán— dice con voz demandante. Me levanto y le doy la espalda, soy capaz de dar dos pasos cuando ya me ha dado un guantazo y el picor me hace detenerme por unos instantes
Acalorado y con la cara ardiendo, ubico la botella en la hielera y la veo sobre el tocador. Con la nalga picándome por el guantazo, me dirijo ahí y mi sorpresa es ver el plug de rabito de conejo, la punta se encuentra enterrada entre los hielos y el pompón de pelito blanco sobresale.
«¡Oh, porfavor…!» trago saliva con pesadez entendiendo de inmediato por qué lo dejó aquí.
—No pierdas tiempo— menciona nuevamente con voz demandante.
Saco la botella cuidando que el plug no se mueva lo más mínimo —seguro que si la saco o se hunde, a él no le gustará— y acerco la única copa que está al alcance, ésta tiene algo en el borde: son las pinzas para los pezones haciendo de adorno en la copa y dejando colgar su cadenilla.
—¿Obedecerás a todo? —cuestiona de repente. Levanto la mirada para verle por el espejo, no se ha movido de su lugar.
—Cada cosa que me pidas— atino a decir antes de bajar la mirada y de servir el champán.
—Y si te pido que guardes silencio, que grites o que te resistas… ¿seguro que podrás hacerlo?
—Haría lo que fuera— en estos momentos sólo hay determinación en mi voz. Dejo la botella en su lugar y vuelvo sobre mis pasos.
—Bueno, entonces moja una de las puntas y póntelo— señala a las pinzas adornando la copa—. Vamos, no te demores.
En serio quiere verme hacerlo, pero yo jamás he usado estos, además solo me ha pedido que use uno, lo que me deja pensando qué hará con el otro.
Intentando desaparecer la ligera duda que debe reflejarse en mi rostro, llevo una mano a su hombro echándole para atrás y me mira sin entender hasta que subo a sus piernas. Una vez cómodo con la posición, bajo la mirada desprendo las pinzas y la cadenilla hace tintinear la copa, introduzco las puntas de una en la bebida y las saco escurriendo. Las manos me tiemblan ligeramente, no veo el como ponérmelas porque necesito ambas manos, con un ademán le pido que sostenga la copa, pero se niega y me dice que lo resuelva porque ahora él sólo está para ser espectador. Vuelvo a introducir las puntas de las pinzas en la bebida, la acerco a mi pezón y, mirándole a los ojos, lo pongo a tientas. Me aguanto la respiración cuando siento un pellizco caliente. Tom me mira apreciando cada detalle, le ha de parecer un verdadero espectáculo ver que mi pezón no solo es pellizcado, sino que también es jalado por el peso de la otra pinza y la cadenita la hace balancear, y sumándole que luce húmedo por el champán.
Se lame los labios, imaginándose el sabor de mi piel, tal vez quiera acercarse a degustarlo o terminar el trabajo de las pinzas y aprisionarlo entre sus dientes aunque creo que yo no podría aguantarlo. La presión es soportable ahora, la pinza tiene un anillo para recorrer y poner más presión, pero lo dejo donde está. Le miro esperando su aprobación, pero antes de que me dé cuenta, lleva la diestra hacia mi pezón, ajustando más la pinza. Aprieto los dientes, cierro los ojos con fuerza y vuelvo a aguantarme la respiración, es como si éste me hubiese dado una descarga eléctrica, siento un escozor punzante*, pero evito llevarme la mano a éste e impedirle que vuelva a tocarlo. Se dedica a separar la otra pinza de la cadenilla y ésta la engancha hábilmente al aretillo en mi pezón, tira de ella y vuelvo a sentir aquel escozor.
—A que se ve bonito, ¿no? —vuelve a jalonear la cadenilla y me trago las sensaciones que eso me produce para poder responderle.
—Sí, Amo.
Las mejillas me arden, el, rubor se extiende por el cuello y mi pecho sube y baja un tanto acelerado, dejo escapar un suspiro por lo bajo como si me hubiese mandado a no ser ruidoso. Toma la copa de mi mano, pero la alcanzo y, mirándole provocativo, pregunto:
—¿Te apetece el champán?
—Por supuesto que me apetece, ¿me darás a probarlo de una manera peculiar?
No respondo, mantengo el contacto visual con él, llevo la copa a sus labios para que le de un pequeño trago, pero la retiro antes de lo debido derramando el champán por las comisuras de sus labios. Me reclama mediante una mirada e intento reparar mi error, deslizando el pulgar sobre su piel llevo las gotas derramadas a sus labios y me sorprende ver que acepta. La punta de su lengua lame mi dedo, me invade un calor que es capaz de sensibilizar más mi piel, ésta demanda ser tocada por Tom, pero verle lamer mi dedo me excita toda vía más, es como si le viera hacerme una felación.
¡Sí! Quiero que lo haga. Me apetece una felación y quiero mirarle mientras lo hace.
Alucinado con esa idea, retiro la mano, acerco la copa e introduzco dos dedos en la bebida. Cuando tengo los dedos escurriendo, siento como él me aprieta contra su cuerpo y baja mis calzoncillos, dándome pellizcos con la pinza que tiene y estrujando mi carne con la otra mano. Vuelvo a unir nuestro contacto visual, algo en el interior me retiene lo suficiente como para apenas ser consciente de que mis dedos se acercan a su boca. Me siento hipnotizado. Tom separa los labios e introduzco mis dedos impregnados con el sabor del champán, su boca está caliente y me hace pensar en la felación. Los chupa y mueve la lengua debajo de ellos.
Trago con pesadez al ver la manera tan ávida con la que lame y chupa. Mantengo la copa alzada, no pienso derramarla por los movimientos con los que me atrae a su cuerpo, aunque en algún momento no me importará en lo absoluto, pues me fascina la manera en la que me hace friccionarme contra él.
Tom cierra los ojos, disfruta hacer esto y se deleita con el sabor que aún debe permanecer en su boca, pero quiero darle más. Intento sacar mis dedos de su boca y al hacerlo me da un mordisquito, pero no quiere que me aparte, con su mano libre toma de mi muñeca, alcanza mi meñique y le da un lametón, atrayéndolo a su boca y juntando su cuerpo al mío con la brusquedad que le es posible provocar con un solo brazo, nos friccionamos nuevamente y me hace derramar sobre él mismo algo de champán, entonces me quita la copa. Inmediatamente suelta su agarre y me mira fugazmente a los ojos.
—Tírate en la cama boca arriba.
«¿Que me qué?»
Reparo en sus palabras cuando me sujeta con fuerza, alzándome en sus brazos para que baje de sus piernas. Subo a la cama y me recuesto mirando el techo, dice que lleve mis manos sobre mi cabeza y lo hago, cierro los puños en las esquinas de diferentes cojines, esperando por él.
—Me gustaría reiterarte esa regla que te prohíbe llevar ropa.
Le dirijo una mirada fugaz, una de sus manos va a la cinturilla de mi prenda y en la otra sostiene la copa, jala de la ropa interior ahora solo dejándola abierta para echar un vistazo. Me muerdo el labio mirando sus manos y mi creciente erección en el interior de los calzoncillos, él también la ve, su mirada se enciende al igual que él, ha de estar deshaciéndose por dentro. Tom suelta un ligazo justo en la punta de mi miembro con la cinturilla de la prenda, me arqueo inevitablemente y él me la quita de un tirón, le ayudo a sacarla por mis piernas, él las separa y se coloca de rodillas en el espacio libre.
—No hables y tampoco te muevas en los próximos cinco minutos, si lo haces, estarás obligado a decir «Diez».
Su advertencia me deja sin palabras. No respondo, solo le dedico un asentimiento. Tom, complacido, levanta mi pierna derecha y se inclina un poco para poder dar un beso húmedo en la cara interna del muslo. A los pocos instantes, su agarre se vuelve fuerte, muerde mi piel y succiona con tal ímpetu* que aquella parte comienza a hormiguear. Me contengo lo más que puedo, cuando me suelta, veo una marca rojiza. Se incorpora, inclina la copa y deja caer el líquido desde el chupetón, el champán está frío, intento no encogerme o llevar las manos delante para frenarlo y tener al menos unos segundos para aceptar lo que pretende, pero me limito a solo mirarle y entreabrir los labios. Ha derramado la bebida incluso sobre mi erección, subiendo por mi abdomen y mi pecho, deteniéndose para dejar caer el champán de un hombro al otro. Se me eriza la piel por la frialdad del champán y echo* la cabeza para atrás, pero él deja caer lo último que hay en la copa directamente en mi boca, volteo el rostro hacia un lado, tosiendo y respirando aceleradamente para calmar el ahogo. El champán se desliza por mis mejillas cuando él se encuentra tomándome de la quijada para que levante el rostro.
—No quiero que te muevas, sólo quiero que me mires— su lengua se desliza por mi barbilla y mis labios, luego pone distancia para verme—. Eso… Ah, ojalá pudieras ver lo intensa que luce tu mirada bajo ese antifaz, Conejito.
Vuelve a mis labios, muerde y jalonea mi labio superior, permitiendo que mis jadeos choquen en su barbilla. Me da un mordisco fuerte, haciéndome chillar y él se dirige entre lengüetazos y chupetones a mi cuello; probando el sabor de mi piel, yendo a mis clavículas, mis hombros, descendiendo entre besos a mi pecho, deteniéndose en mis pezones, no dejando atrás la oportunidad de morder las puntas de las pinzas.
—¡Tom! —su nombre se me sale en un gemido. No debí.
Vuelve a mis labios y advierte:— A este paso, llegarás a «Diez» antes de que se acabe el tiempo.
Hace que me dé un subidón tremendo, haciendo que el deseo crezca y me consuma con lentitud. Ese número está muy lejos de la escala que me impuso.
Tom lleva una mano debajo de los cojines que están arriba de mi cabeza y toma algo, ocultándolo en el puño cerrado y entonces desciende desde mi pecho, acariciando mi piel y lamiendo el rastro del champán en mi abdomen, acaparando cada centímetro de piel, hundiendo la lengua en mi ombligo donde encuentra un charquito de champán y lo chupa hasta morderlo. Se dirige a mi estrella, encajándole los dientes. De pronto siento unos ligeros pellizcos sobre el tatuaje que va de mis costillas a la cadera y reparo en las pinzas que aún lleva en la mano. Se ha pasado con un pellizco y levanto las rodillas al encogerme.
—Que excitado estás— le escucho decir.
Bajo la mirada, Tom esta frente a mi erección, haciendo como que la toma entre sus manos. Quiero que se acerque más y que me haga empezar a morirme de placer con el sexo oral, mis ojos se dirigen por fracciones de segundos a él y a mi miembro, pero no hace nada de lo que mi mirada implora, en su lugar pasea las puntas de los dedos por mi entrepierna y con las pinzas atrapa y jalonea un poco la piel de mis testículos.
—¡Por favor…! —digo en un gemido.
Hundo la cabeza en la cama, estrujo los cojines en mis manos y junto las rodillas, negándole el tocarme.
—No hagas eso.
Me hace separar y levantar las piernas al acercarse, apreciando el cómo me veo así de expuesto. Se posiciona de tal manera en que pueda llevar mis piernas a sus hombros y se incorpora, alzándome así. Acaricia mi piel desde la flexión de mis rodillas, dibujando una línea recta que termina en mi hendidura. Quiere prepararme para introducir en mí el plug de conejito.
La cara me arde, no quiero ni imaginar en qué tono se encuentra mi rubor o qué tan encendida luce mi mirada.
—Hagamos esto más interesante ahora que se ha acabado el tiempo— dice con una sonrisa perversa.
Caigo en cuenta que aquello que estaba debajo de los cojines y que ocultó en su puño era un pañuelo rojo, me lo muestra mientras lo desdobla para formar un triángulo, enrollando las esquinas de abajo para hacerlo más corto. Cuando queda solo una punta más corta, lo toma con ambas manos frente a él.
—Este color te va realmente bien y las intenciones de usarlo son mis favoritas. El pañuelo señala las prohibiciones, así qué…
—¡No!
Doy un respingo cuando lleva el pañuelo a mi erección para anudarlo, hago que sus manos se queden en el aire y bajo las piernas de sus hombros.
—Entonces… con que esas tenemos.
Se mueve rápidamente hacia la esquina de la cama, desenrollando aquella cinta negra que, bueno, ahora veo que se trata de dos corbatas. Vuelve a mí y con brusquedad me hace quedar boca abajo y lleva mis brazos a mi espalda, enreda una de mis muñecas dándole dos vueltas, luego siento que ata los extremos arriba del codo contrario y le da otras vueltas hasta apretar un nudo. Repite lo mismo en mi brazo derecho, me hace darme la vuelta y me acomoda las orejitas cuando la diadema se descoloca un poco.
—¿En qué íbamos, Conejito? Ah, el pañuelo.
Lo ubica en la cama, vuelve a doblarlo como hizo anteriormente y lo lleva a mi miembro haciéndole un moño diminuto. Mi pene ha de lucir demasiado tentador para él, pero realmente es una prohibición, tal y como dijo.
—Ahora ten la bondad de no hacer tanto ruido, en realidad, Conejito, no quisiera amordazarte.
—Sí, amo— respondo instintivamente.
Tom palmea mi mejilla con suavidad y luego se pone de pie, yendo a por la caja y lo último que guarda, la deja en la alfombra antes de ir a la mesita de noche, encender las velas y quitar algunos pétalos a un tulipán mientras que al segundo logra trozarle el tallo, dejándolo más corto.
—Esto es algo muy peculiar— señala la botellita mientras la abre—. Entérate por ti mismo.
Deja caer una gotita de aquello en uno de los pétalos y éste lo acerca a mis labios; percibo un aroma muy rico, pero no sé que es, quizás miel y frutillas, o quizás sea canela y algo más. Tom aparta el pétalo y lo adhiere a mi hombro, siento algo tibio en los labios, es agradable hasta que comienza a calentarse más, llegando a un punto en que comienza a arder. Me muerdo el labio para aminorar la sensación, cuando dejo de morderlo, lo chupo, sintiendo ese sabor desconocido y segundos después parece empezar a enfriarse.
Tom me mira, sabe que descubierto para qué pretende utilizar eso. Estoy deshaciéndome de la impaciencia. Acerca el tulipán con el tallo corto y me dice que no lo suelte al ponerlo en mis labios. Acerca los pétalos y aplica algo de ese líquido, va dejándolos sobre mi cuerpo, pellizca mis tatuajes con la pinza y finalmente, sin usar pétalos, deja caer unas gotas en su mano y la lleva a mi erección. Levanto la pelvis* pidiéndole más, el líquido empieza a hacer su efecto; calentando, haciéndome arder con sus movimientos ahora bruscos. Pensé que el moño rojo en mi pene era una prohibición, veo que solo no se me permite disfrutar del sexo oral, la masturbación es placentera, pero quisiera no tener el moño.
Me ofrezco a él, queriendo que aquella sensación jamás se extinga y que disfrute de verme sentir el placer que me brinda.
Empiezo a desvanecerme, siento que voy por la recta final y no quiero, mi cuerpo entero arde, se estremece y al mismo tiempo quiere parar ante lo bien que se siente esto.
Tom suelta de mí. Agitado y encendido, giro el cuerpo sobre mi costado, bajo la mirada y veo el brillo que adorna mi longitud gracias al líquido estimulante que usó y una gota de mí permanece en la punta.
—Quiero decirte que estoy algo decepcionado, no has mencionado ningún número y eso me hace pensar que esto no está funcionando, pero si quieres guardar silencio…
Alcanza una de las almohadas para quitarle la funda, la enrolla y sujeta de mano a mano, cuando se acerca para ponérmela en la boca, giro en la cama hacia el otro lado, dándole la espalda.
—¿Ya me quieres dar la espalda? Que ofrecimiento el tuyo, Precioso. Acepto.
Me pone completamente boca abajo, me da un gusntazo* y se acerca a mi nuca, repartiendo besos cuando digo
«Uno» y se dirige a mis hombros, dándome mordiscos pequeños y me encaja los dientes al hacerme chupetones. Su pecho contra mi espalda incrementa el fuego abrasador que consume mi piel. Es delicioso. Me atrevo a decir
«Tres».
Se fricciona contra mí, sus manos estrujan mis nalgas y usando las pinzas vuelve a darme pellizcos
«Cinco…»
Siento su abdomen sobre mis brazos inmovilizados, estoy tentado en tocarlo, fantaseo con que en realidad lo estoy haciendo e introduzco una mano en su prenda, tomando su miembro en mi mano. ¡Joder! Lo haría de no estar atado.
«Uno»
Tom reparte besos en mi espalda, desciende, vuelve a chupar mis dedos cuando se encuentra con ellos y entonces llega al final de mi espalda. Se separa de mí y me hace alzar el culo. Tengo la mejilla contra la cama y apenas puedo soportar el estar tan agitado. Me siento incómodo, pero quiero y ansío lo que está por venir.
Siento un par de pinchazos entre los muslos, estos suben hasta mis nalgas donde Tom las estruja y separa. Los pinchazos se dirigen a mi hendidura, aprieto los dientes para evitar dejar escapar algún gemido, pero no funciona. Los pinchazos son más intensos después de que Tom me escucha gemir por lo bajo, me muerdo los labios y hago un buen esfuerzo para no dejar escapar sonido alguno.
Algún líquido resbala por mi piel, cuando éste se siente caliente, doy un respingo. Los dedos de Tom llevan aquello a mi entrada, jugando* con ella, yendo por mi hendidura, incluso tocando mis testículos hasta que todo se vuelve realmente caliente. Doy un respingo ante la sensación, pero Tom me mantiene en mi sitio, se acerca, castiga mi impulso y me pide estar quieto los próximos minutos, que luego podré hacer lo que mi cuerpo demande.
Siento algo húmedo al final de mi espalda, las manos de Tom se aferran a mi cadera y vuelvo a sentir aquella humedad; se trata de la saliva que deja al dar lengüetazos. Cuando llega a mi hendidura, me siento más que carbonizado. Da un mordisquito en mi nalga, la estruja, recibo pinchazos y la humedad de su boca incluso en mi entrada hasta que algo realmente frío se introduce en mí de poco a poco, paralizando cualquier sensación experimentada.
Se me escapa la respiración, entreabro los labios y cierro los ojos. Cuando el plug está dentro de mí, una sonrisa satisfactoria se dibuja en mis labios, pues estoy más que seguro de lo que voy a decir:
—Cinco. Cinco. ¡Cinco…!
—Estoy para complacer ese «Cinco», mi Conejito.
Mi piel recibió de todo; desde azotitos a mano alzada, hasta aquellos en los que el cinturón fue el protagonista. Los hielos y la cera me hicieron estremecer, gemir y jadear por lo bajo así como hacerlo escandalosamente — dependiendo la zona en la que Tom los presentaba a mi piel—*. Las caricias fueron profundas, sus manos me brindaron tanto placer que mi piel ya no podía erizarse más. Me desató, jugó conmigo, me permitió tocarle y llevar los labios a su cuerpo y darle placer utilizando mi boca. Cada gesto que le vi hacer, se quedaba grabado en mi mente y me dedicó jadeos y gemidos roncos —dijo mi nombre y dije el suyo—*, incluso la manera en la que se arqueó me pareció delirante, jamás había hecho eso y significaba que yo hacía muy bien mi tarea hasta que sus manos tiraron de mi rostro, obligándome a detener la felación.
Me hizo colocarme en cuatro en el centro de la cama, me retiró el plug y su miembro se deslizó por mi hendidura, me penetró cuando fue suficiente el hacerme esperar por las embestidas. Tom logró incorporarme, sus brazos me rodearon con fuerza para mantenerme erguido y las penetraciones se volvieron más profundas en esa postura. Dirigí las manos a sus nalgas, invitándole a seguir con los movimientos y descansé la nuca en su hombro, con una mano me hizo volverme a él y unió nuestros labios en un beso frenético. Su mano descendió por mi pecho, jaloneando sin querer la cadenilla en mis pezones, yendo a mi estrella y luego a mi erección, aprisionándola en su mano, subiendo y bajando, haciendo círculos en mi punta con su pulgar hasta dirigirse a mis testículos, calentándolos más.
Rompí el beso al estremecerme de placer y llevé las manos a las suyas, entrelazando los dedos y llevando sus brazos a mí para que me abrazara, conteniendo los ligeros espasmos que estaba teniendo.
Me gustaba sentir el calor que emanaba su piel, se fusionaba con la alta temperatura que invadía mi cuerpo, haciéndola más sensible.
Nos estábamos extinguiendo.
Llevé una mano a mi rostro, quitándome el antifaz y lanzándolo por algún lugar, aparté las orejitas de mi cabeza y la dirigí la mano a su nuca, volvió el rostro al mío y asaltó mis labios una vez más. Le atraje con desesperación, me deshice hábilmente de la liga que sujetaba su cabello, luego le entrelacé los dedos.
Algo estalló en mi interior con tanta fuerza que fue capaz de doblegarme, caí en la cama sosteniéndome en las manos y arqueé la espalda, en instantes ya no podía sostenerme en las manos ni en las rodillas y me derretí en la cama.
F I N
Administración: En un principio pensé que el fic estaba abandonado (hiatus), pero hablando con una chica que lo leyó cuando fue originalmente publicado, resulta que este es el final de la temporada II. Como la autora ya no está activa, no sabemos si se publicó la tercera parte, pero si alguien lo sabe, o tiene el archivo, por favor avisar en el chat, para que hablemos al respecto. Y para que no te quedes con las ganas de leer lo que viene con Sado masoquismo, y o te recomiendo la trilogía «Apostemos» (Pincha «aquí»)
Que triste que termine pero asi quede incompleto me voy feliz porque terminaron juntos y con la intencion de quedarse juntos x siempre porque con todo y sus cosas estos dos se amaban .. con tantas cajas y detalles que nombraban y lo del yate jajja crei que era una propuesta de matrimonio jajaj a Bill lo llenaban de detalles a mi ni una mendiga rosa me dan jajjaja
Quiero darle las gracias al quien me deleito rescatando historias y que se da el trabajo de mantener este fandom activo administrando esta pagina que nos hace tan feliz que el universo te pague tu entrega y aunque no te conosco te quiero mucho por estar pendiente de rescatar traducir esta hermosa pagina 😻😻🌻🌻
Aaawww, muchas gracias. Hacemos lo que podemos y con mucho cariño 😉