Administración: A BethyAlien le eliminaron todas las historias de Wattpad. En un principio sólo me conseguí «Mentiras en la red», pues lo confundí con el fic (del mismo nombre) que pedían en el chat, pero resultó que Bethy es una escritora maravillosa, así que están invitados a disfrutar de esta obra.

«Sólo abrázame» Fic Toll de Bethy

Introducción

30 de Junio, 2013

7:45 PM

— ¿Quieres un té o algo? –pregunté asomándome por el marco de la cocina a Tom, quien estaba sentado frente a la TV. Desde que llegó del trabajo estaba serio, incluso note cierta molestia cada vez que hablaba.

Su dedo se levantó frente a mí y con un movimiento dio a entender que no. Suspire derrotado, era la quinta vez que le ofrecía algo. Me encogí de hombros y serví mi taza de café, esta sería una noche larga, así que lo cargue muy bien. No quería estar tan cuerdo, había gato encerrado. Y pronto sabré que es.

Apague la luz y caminé hasta la mesita de centro, coloque mi taza y me acurruque a su lado, haciendo que su brazo me protegiera, cosa que no fue así. Esta vez dejo caer su largo por mis hombros, ni siquiera me roso. No le di importancia y bebí de mi café, el paladar y garganta se relajaron con el suave calor que tenía. Mis labios se suavizaron y disfrute del delicioso sabor.

Ignore la TV y mire a la ventana, la lluvia aún continuaba. No se había detenido desde que amaneció. Eso era raro, jamás había llovido así, mucho menos en temporada de huracanes.

— ¿Quieres probar? –insistí mostrando mi taza, el me miro sin profundidad y volvió a la TV. Parecía incluso que solo veía la pantalla para no pensar en mí. Le mire rogando que aceptara, pero no fue así. El continuaba ignorándome, baje las manos un tanto herido. Parpadee varias veces evitando llorar. No podía llorar solo por una tontería. No podía.

— Mira que está muy rico… –solté para molestarlo pero se ofendió de más y con un movimiento casi bestial me derramo el café sobre mi camisa nueva– ¡Joder…! Tom, ¿Por qué no me avisaste? –deje la taza y rápidamente me separe la tela caliente de mi piel. El siguió sin hacerme caso.

— No es para tanto… –por fin respondió y apago la TV, yo seguía sin comprender su actitud. Intente recostarlo sobre los almohadones pero antes de hacerlo se levantó rápido posándose frente al televisor, dándomela espalda.

Le mire esperando algún sonido, gesto, incluso ademan. No quise presionarlo, le di su tiempo.

Su espalda se movía al ritmo de su respiración, un tanto rígida pero pausada. Me recargue olvidándome por completo de mi taza sobre los almohadones, suspire pesado y cruce mis piernas frente a mí, él continuaba sin hacer nada.

— ¿Quieres hablar? –comencé ladeando mi cabeza un poco, su actitud no era normal. No hubo respuesta verbal, solo se dio vuelta y camino hasta el comedor principal. Le seguí con la vista y tomo asiento ahí. Me quede esperando invitación alguna, algo para que me indicase que llegara con él.

— Sí… –respondió sin verme y con un ligero meneo de cabeza señalo el asiento frente a él.

Me mordí el labio nervioso, contemple las fotografías que decoraban la parte superior de la chimenea, tantos recuerdos vividos con él. Con Tom…

— ¿Qué sucede? –pregunte sentándome a su altura y el bajo la mirada. No por estar nervioso, apenado. No. Simplemente no me quería ver.

Tamboree los dedos sobre el cristal de la mesa esperando que respondiera.

De nueva cuenta, no respondió de inmediato, estaba callado, muy serio. Era como sí intentaba hablar pero discutía consigo mismo en su mente. Como sí no quisiera decirme la verdad.

Unió nuestras miradas y yo asentí instándole a continuar, acerque mi mano a la suya para tranquilizarlo, para hacerle saber que no importaba lo que venía. Solo quería que él estuviera bien.

— Quiero el divorcio… –soltó separando nuestras manos.

No me moví por varios segundos, le mire atentamente, detalle su rostro esperando que algún gesto delatara que no hablaba enserio. Uní nuestras miradas rogándole que se dejara de bromas…pero no fue así.

— ¿Qué quieres decir?… –logré articular sin tartamudear.

— Quiero el divorcio –repitió haciendo que un horripilante eco sonara en mi cabeza.

Divorcio.

Mis ojos se aguadaron y mi labio inferior temblaba involuntariamente. Note como su mano se deslizaba hacia la derecha y detrás del jarrón floral saco un folder amarillo.

Ya lo tenía listo.

Suspire mirando hacia las escaleras, las mismas que Tom subió cargándome en brazos el día de nuestra Noche de Bodas.

Abrió dicho folder y lo miro unos segundos para posarlo frente a mí. Ahí estaba el estúpido documento, ahí estaba en mis narices un estúpido papel color blanco con letras negras que recalcaban cada palabra, y lo peor, lucia la firma de él, de mi Tom al final de la hoja.

No… no lo hagas Tom.

— Fírmalo… –ordenó posando un bolígrafo de tinta negra a un lado.

¿Tantas ganas tenía de separase de mí? ¿Le urgía tanto?

Tome el papel entre mis manos y leí sin entender completamente todo lo que estaba escrito. Baje la mirada derrotado. Sorbí por la nariz y me enjugue el rostro. Mire el bolígrafo y luego a Tom. Él solo esperaba atento.

No era broma.

Asentí aceptándolo, le daría el divorcio, sí. Pero no lo iba a perder, o más bien, no te voy a perder Tom.

— No esperes a que lo haga en este mismo instante…

— Lo nece… –alce mi dedo callándolo.

— Déjame pensarlo, digerirlo poco a poco –le miré y se molestó un poco más– Dame tiempo para asimilarlo. Dame tiempo para firmarlo pero… con una condición…—

El bufo incrédulo— ¿Condición?… ¿Qué quieres? –pregunto hastiado y baje la mirada.

No te voy a perder, Tom.

.
Por Tom

¿Condición? ¿De cuándo aquí los divorcios se dan con condiciones? Me escurrí en la silla y le mire serio. No estaba para condiciones.

— Mi condición es… es que nos veremos en algunos lugares…

— ¿Para qué? No pierdas tiempo y fírmalo…

— Es mi condición o no te daré nada… –sentenció alzando la voz. No me inmute en lo absoluto.

— Como quieras… –acepté mirando por la ventana.

— Cuando nos veamos quiero que me abraces. Solo así aceptare el divorcio.

— ¿Qué dices? ¿Quieres que te abrace?

¿Qué? ¿Qué lo abrace? Pero que tonterías estaba diciendo, eso solo lo lastimaría más de lo que esperaba. Medite unos segundos, sí así el terminaría firmando, por mí no había problema. Bueno… en cierta forma.

— Sí… sólo abrázame… –nos miramos un par de segundos más y se levantó– Sólo abrázame…

— De acuerdo… –acepté mirando cómo se marchaba por las escaleras. Con paso lento e inclusive forzado. Le contemple ahí en mi lugar y me di un golpe en la frente. Bill se había encerrado en nuestra habitación… o más bien su habitación. Desde hoy dejaría de dormir a su lado.

Por fin.

Necesitaba ropa, necesitaba arreglarme para salir. Tenía que arreglarme pero no tenía ropa fuera de ahí. Subí resignado a topármelo de nuevo, los escalones crujían a cada paso que daba, mis pisadas hacían eco en la planta inferior. Llegue a la puerta de la habitación y eleve mi mano para anunciarme, pero antes de hacerlo su llanto llegó a mis oídos.

Bill estaba llorando frente a mí detrás de la puerta, seguramente en el suelo.

Baje la mirada apenado, no quería que el sufriera, pero era lo mejor. Ya no sentía nada por él. Todos sus secretos, sus juegos, sus trucos, todas sus manías me las había aprendido de memoria. Ya conocía todo de él. Bill soltó todo su jugo en tan pocos años. Ya no había nada atractivo en él, todo se volvió rutinario, monótono.

El amor que le profese hace años se fue consumiendo con su invariable forma de ser; sus gustos poco a poco me fueron aburriendo; sus caricias ya no me encendían. Ya no. Ya no avivaban la pasión dentro de mí. Pasión que no se veía para nada involucrada a la hora de sexo, a pesar de que él decía a toda hora que me amaba, para mi seguía siendo sexo. Sexo sin amor. Solo un momento para satisfacerme sexualmente. Aunque claro, no me quejaba de la calidad, Bill era un especialista, demasiado hábil en la cama. Sabía exactamente cómo moverse, como complacerme, como disfrutar el momento. Pero solo me servía para eso, ya no me excitaba del todo.

Ahora ya tenía alguien que realmente me cautivaba, me hacía disfrutar aún más el goce de la atracción. Ella es muy diferente a Bill, más centrada y eficaz.

— Pero que cara traes… –me adentre al departamento de Ria. Sí, por ella estaba dispuesto a separarme de Bill.

Ella no hostigaba como Bill. Ella no reprochaba a cada rato algo que hice mal. Ella no pedía explicaciones. No lo hacía. No hacía comentarios tontos, casi infantiles. Ella era más centrada, más madura.

— Ya se lo pedí… –informe abrazando su cintura y la acerque posesivo a mi cuerpo.

— ¿Y cómo lo tomo? –beso mi clavícula y lamio mi piel desnuda.

— Nada bien, le deje llorando en casa…

— Se le pasara… ahora… –desabrochó su blusa exponiendo su sostén de encaje negro.

Sonreí y atrape sus labios entre los míos, haciéndole caminara su habitación mientras me desabrochaba la camisa y pantalón.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.

por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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