Fanfic de lyra. Parte III
Capítulo 38
Terminada al fin la recepción Bill se excusó yendo un momento al baño para poder refrescarse. De repente empezaba a sentirse muy nervioso, iba a comer con los padres de Tom a los que no veía desde aquella lejana reunión donde gracias a Andreas habían salido a la luz ciertos detalles que no querían que se hubieran sabido.
Cogió aire tratando de calmarse mientras comprobaba ante el espejo que su aspecto era impecable.
Minutos después se reunió de nuevo con Tom quien con gesto serio le cogió de la mano guiándole hasta el gran comedor donde iba a tener lugar la comida.
Nada más entrar en el gesto de Tom cambió al ver con sus propios ojos al fin a su madre. Llevaba semanas recibiendo noticias suyas a través de Dunja y verla de pie y esbozando una amplia sonrisa fue un gran alivio, el mejor regalo que podía recibir ese día.
Fue a su encuentro soltándose de Bill y la estrechó con fuerza en sus brazos.
— ¡Felicidades, cariño!—susurró Simone.
— ¿Estás bien?—quiso saber Tom.
Su madre asintió con la cabeza y Tom pudo respirar más aliviado.
—Felicidades Thomas—dijo Jörg tendiéndole la mano.
Tom se la estrechó con firmeza, mientras que Bill lo observaba sin poder evitar pensar que era una celebración de lo más fría para ser en familia.
—Bill, no te quedes atrás—llamó Simone dedicándole una sonrisa.
Bill se adelantó y se colocó al lado de Tom para saludar a sus padres. Por suerte la comida empezó a servirse y todos ocuparon sus asientos. Mientras comían charlaban de temas triviales y Bill desconectó un poco de la conversación para pasear la mirada por el gran comedor en el que estaban, observando una mesa en un rincón sobre la que había una montaña de regalos que seguramente serían para Tom.
—Tengo entendido que eres el mejor solista que han tenido nunca en Hillerska—dijo Jörg de repente.
Bill no pudo evitar ruborizarse al escucharle y dirigió la mirada al padre de Tom, quien de fijo habría notado que se había distraído.
—Gracias a mi voz logré una beca para estudiar en Hillerska—comentó Bill carraspeando.
— ¿De dónde viene tu afición al canto? ¿De alguno de tus padre quizás?—se interesó Jörg.
Bill no pudo evitar sonrojarse, era algo que nunca le había contado a nadie. Ni siquiera a Tom.
—Lo he heredado de mi madre—confesó en voz baja—Yo apenas la recuerdo, pero mi padre me ha contado que tenía una voz muy bonita casi como la mía, y que de bebé me dormía cantándome nanas.
—Debes echarla mucho de menos—intervino con tristeza Simone.
Bill asintió con la cabeza, era normal que quisieran saber algo más de él, en otras circunstancias le habrían preguntado directamente a Tom para saber más sobre su familia y poder conocerle mejor. Entonces Tom les habría contado que perdió a su madre en un accidente de coche y de saberlo no se lo hubieran preguntado tan directamente para no tocar ese tema tan triste en esos momentos.
— ¿Y cuáles son tus planes tras terminar tus estudios en Hillerska?—preguntó de nuevo Jörg.
— ¿Mis planes?—repitió Bill con torpeza.
—Thomas irá a la Universidad de Humboldt, en Berlín—explicó con orgullo Jörg—Yo estudié allí, es una de las mejores de Alemania. Allí han estudiado 29 ganadores de un premio Nobel.
—Yo aún no lo sé, la verdad—confesó Bill—Todo depende de las notas y si puedo lograr una beca, o eso era antes claro…
No hacía falta que explicara nada más, todos sabían que gracias a la «generosidad» de Andreas podría estudiar en Hillerska o en la universidad que quisiera sin ningún problema. Podía decirse que tenía la vida resuelta.
—Tengo entendido que eres uno de los mejores alumnos de Hillerska—dijo Jörg para su asombro—Eres un chico muy trabajador y eso me gusta mucho, que te esfuerces en lograr los mejores resultados. Sigue así, vas por buen camino.
Bill no sabía que decir, no tenía ni idea de que el padre de Jörg estuviera enterado de sus logros académicos y que encima tuviera el detalle de darle la enhorabuena por ellos.
—Es una lástima que otras personas se piensen que por el hecho de tener dinero tienen las puertas abiertas de cualquier universidad sin necesidad de aplicarse en sus estudios…—siguió diciendo Jörg.
— ¿Podemos cambiar de tema?—intervino incómodo Tom—Es mi cumpleaños, quisiera olvidarme por un día de mis estudios y obligaciones.
Jörg asintió con la cabeza e hizo lo que le pedía su hijo.
— ¿Y cómo celebráis los cumpleaños en tu casa, Bill?—quiso saber.
Bill cogió aire antes de hablar, se sentía incómodo de ser el centro de la conversación aunque sabía que el padre lo hacía porque quería saber más cosas del que era el novio formal de su hijo.
—Pues…nada fuera de lo normal—contestó Bill poniéndose recto en su asiento—Mi padre es el primero en felicitarme y luego pues tenemos tarta y regalos. Y por la tarde quedo con mis amigos y vamos al cine y luego a comer pizza o a la bolera.
—Hace años que no jugamos a los bolos—dijo Jörg dirigiéndose a su mujer— ¿Te acuerdas, cariño?
Simone asintió con la cabeza mientras seguía comiendo. Apenas había hablado durante la comida y Tom lo había notado. Estaba como ausente, y en su cara se veía que no se sentía bien del todo y estaba haciendo un gran esfuerzo para poder celebrar con él ese día.
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Terminada la comida llegó la hora del postre y pasaron a otro salón contiguo a disfrutar de la deliciosa tarta que tenía una pinta magnífica. La pusieron en una mesa baja cerca de Tom para que pudiera apagar las velas y una vez hecho Simone se puso con dificultad en pie.
—Yo ya me retiro—murmuró Simone sin atreverse a mirar a su hijo.
Jörg también se levantó y corrió a ayudar a caminar a su mujer.
—Vosotros disfrutad de la tarta—dijo Jörg sonriendo con esfuerzo—Y mañana podemos desayunar juntos antes de que os vayáis.
— ¿Tanto os cuesta quedaros a comer con nosotros un trozo de tarta?—saltó Tom de repente.
—Tu madre no se siente bien, entiéndelo—dijo Jörg mirando a su hijo.
—Yo tampoco me siento bien—estalló sin poder contenerse Tom—Llevo semanas preocupado por mamá, no recibo noticias suyas si no es a través de Dunja porque os llamo y no queréis hablar conmigo. ¿He hecho algo que os haya molestado? ¿Es porque os he obligado a aceptar a Bill como mi novio?
Bill escuchaba con la respiración agitada, era la primera vez que veía estallar a Tom de esa manera, y encima delante de sus padres.
—Thomas, tu madre…—empezó a decir Jörg.
—No se encuentra bien, lo sé—terminó Tom por su padre la frase—Pero podría decírmelo ella. No quiere hablar conmigo, ni mirarme siquiera.
Simone alzó la mirada y la fijó por primera vez en su hijo, se le quedó mirando con los ojos llenos de lágrimas.
—Sabes que te he estado apoyando desde el principio—dijo Simone tratando de contener las lágrimas—Que he luchado para que tu padre te acepte, a ti y a Bill. Pero tenías que dar ese discurso cuando estaba todo ya calmado, removiste un asunto muy doloroso solo para dejar bien claro que eras tú el que salía con Bill en el video, nos dejaste a tu padre y a mi en una situación muy embarazosa con nuestros amigos y eso ha hecho mella en mi. El honor de la familia ha quedado tirado por el suelo.
—Siento mucho que por querer ser honesto con la persona que amo os haya defraudado, una vez más—siguió Tom con su enfado—Pero tenía que hacerlo, siento mucho que no lo entendáis. Y qué más da ya el honor de la familia, como si fuéramos los únicos en tener un oscuro secreto. Solo os importan las apariencias de cara a vuestros amigos, que son igual de hipócritas que vosotros.
— ¡Thomas!—riñó Jörg a su hijo.
— ¡Es la verdad!—dijo Tom dando un puñetazo en la mesa—Todos vuestros amigos son unos falsos a los que solo les preocupa las apariencias, y no les importa mentir a quien sea para ocultar quienes son de verdad. Como Eric…
—No nombres a Eric ni insultes su memoria—pidió Simone entre lágrimas.
— ¿Sabías que el hijo de tus mejores amigos era una mala persona?—soltó Tom sin poderse contener— ¿Qué participó en todo lo que se ha dicho de Hillerska en la prensa sobre los ritos de iniciación? Fue él quien obligó a los alumnos de primer curso a ver una película porno golpeando a quien tuviera una erección. Yo mismo tuve mi ritual de iniciación y ni siquiera me habéis preguntado si me pasó lo mismo. ¡Por que os da igual!
—Tom, para por favor—intervino Bill en voz baja.
—Y suerte ha tenido Bill de que los externos no participen en las iniciaciones porque se hubieran ensañado con él encantados—siguió diciendo Tom sin aliento— ¿Sabéis que desde que puso un pie en Hillerska ha recibido insultos por parte de los hijos de vuestros amigos? Solo por ser quien es y por su apariencia, deberían cerrar para siempre Hillerska ya que es un hervidero de homófobos. Nada bueno puede salir de un sitio así…
Dejó de hablar para tomar aire, no podía evitar mirar con odio a sus padres que le miraban en silencio como si no le conocieran. Era la primera vez que les hablaba en ese tono y decía esas cosas tan crueles que llevaba dentro y que nunca había tenido valor para hacerlo.
—No puedo más—sollozó Simone mirando a su marido.
Jörg asintió con la cabeza y cogiendo con firmeza del brazo a su mujer salió del comedor dejando que su hijo se calmara.
Pero Tom no podía hacerlo, sentía que la sangre le hervía por la rabia y se levantó de golpe echando a andar por la estancia tratando de recuperar el aliento entre jadeos. Salió del salón y entró de nuevo en el que se había servido la tensa comida mientras que Bill le observaba en silencio desde el sofá donde aún permanecía sentado.
Le vio caminar directo a la mesa donde estaban los regalos que no había abierto. Sin poder contenerse vio como los tiraba todos al suelo con rabia, pegando un bote en su asiento al verle estallar como nunca antes lo había hecho.
Pero es que Tom había llegado a su límite, había estallado algo en él y no era capaz de detenerse. No quería nada que viniera de sus padres, solo pedía ser comprendido y en vez de eso recibía caros regalos con los que debía darse por satisfecho ya que era lo único que iba a recibir de ellos.
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Esa noche Bill había tomado una drástica decisión. Estaba en el baño mirándose al espejo pensando que era lo mejor que podía hacer en esos momentos.
Cogió aire y salió del baño. Recorrió el pasillo en silencio y fue hasta la habitación de Tom donde iba a dormir esa noche. O al menos esos habían sido sus planes, pero tras la discusión de ese día se habían ido al traste.
Tumbado en la cama Tom trataba de descansar entre sollozos sin poder contenerse. Toda la tensión acumulada le había pasado factura y había estallado ante sus padres con una rabia desmedida jamás sentida antes. Y le había dejado en ese estado, tras la discusión se había tratado de calmar pero era imposible hacerlo. Sentía que se ahogaba en esa casa y corriendo al baño vomitó todo lo que llevaba dentro.
Se había pasado la tarde acostado tratando de recuperarse en vano, dejando a Bill a solas sumido en sus pensamientos quien no sabía qué hacer o decir para ayudarle. Solo estar a su lado, como en esos silenciosos momentos.
A Bill se le partía el alma verle en ese estado, y se imaginaba que sus padres estarían igual de disgustados. Se acercó a la cama y se tumbó al lado de Tom, justo a su espalda.
—Lo siento mucho Bill—susurró Tom al sentirle cerca—No quería que me vieras así.
—Creo que es bueno que te sinceres con tus padres—empezó a decir Bill—Y yo…quiero estar contigo y apoyarte. Pero veo como te afecta todo, la situación en la que estás y…eso me hace mucho daño. Es como si te convirtieras en otra persona, no te reconozco. El amor no debería ser tan difícil…
Tom se volvió con dificultad al escucharle, se le quedó mirando esperando que continuara hablando. Pero Bill no podía hacerlo, sentía que se iba a echar a llorar y como le temblaban los labios.
— ¿Qué quieres decir?—preguntó Tom en voz baja.
—Que quizás lo nuestro no salga bien—contestó Bill en un susurro—Todo esto me ha superado, ya no puedo más Tom.
Tom negaba con la cabeza, sentía las mejillas bañadas en lágrimas y solo pudo tenderle una mano para tratar de tocarle. Pero Bill se alejó de su contacto, se puso en pie y rodeó la cama para recoger la bolsa que había dejado ya preparada cuando tomó la decisión de marcharse esa misma noche a su casa.
Y así lo hizo, salió de la habitación de Tom quien desde la cama solo pudo observarle alejarse de su lado sintiendo que le costaba respirar y como su corazón se rompía en mil pedazos.
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El lunes Tom asistía de nuevo a clase como si nada hubiera pasado. El domingo no vio a sus padres, Dunja fue la encargada de explicarle que ambos no se encontraban en condiciones de despedirse de su hijo y Tom regresó a Hillerska totalmente desolado.
Y llegado el lunes tendría que ver a Bill, o eso era lo que él pensaba. No se presentó a la primera clase y cuando hubo terminado se acercó a hablar con Alex quien por la expresión de su cara estaba ya al tanto de lo que había pasado.
— ¿Dónde está Bill?—preguntó Tom en voz baja.
—No tenía fuerzas para asistir a clase—contestó Alex—Su padre le ha permitido quedarse en casa.
Tom lo comprendía, era normal que no quisiera enfrentarse a él estando tan reciente lo sucedido en su cumpleaños.
— ¿Tú estás bien?—quiso saber Alex.
Tom negó con la cabeza y dando media vuelta echó a andar en dirección contraria. El tampoco estaba con ánimos para asistir a ninguna clase más y salió del internado.
Estuvo paseando por los jardines de Hillerska, hasta que llegó a los establos. Alzó la mirada descubriendo a lo lejos a Markus trabajando, seguro que él también se había sentido de esa manera cuando Bill le dejó por él.
Suspiró y antes de que pudiera dar media vuelta sintió que le tocaban en el hombro.
— ¿Estás bien?
Era Clarisse, la única persona con la que Tom podía sincerarse en esos momentos.
Se alejaron de los establos para poder hablar más cómodos. Estaban a finales de mayo y empezaba a hacer mucho calor, buscaron sitio a la sombra de unos árboles y Tom se tumbó en el suelo con Clarisse sentada a su lado.
—Bill apenas nos ha contado lo sucedido a mi o a Alex—empezó a decir Clarisse—Solo que lo habéis dejado.
—Bill me ha dejado—apuntó Tom con dolor.
—Pero… ¿seguro que es definitivo?—quiso saber Clarisse—Quiero decir, que con vosotros nunca parece que se vaya a acabar del todo. ¿Te dijo que ya no estaba enamorado de ti?
—No, no lo dijo—contestó Tom entre lágrimas—Pero…cuando dijo que lo nuestro no podía ser lo decía completamente seguro de sus palabras. Y tiene razón, te aseguro que le entiendo. Tengo que solucionar mis propios problemas, no puedo arrastrarle conmigo y destruirle a él también.
Clarisse sentía que se le partía el alma al verle en ese estado, llorando sin poderse contener porque Bill le había dejado.
Y la tarde anterior también pudo comprobar que Bill lo estaba pasando igual de mal, había tomado él la decisión pero no porque hubiera dejado de estar enamorado de Tom sino porque estar con él le hacía mucho daño.
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Regresó a Hillerska cuando se hubo calmado lo suficiente, Clarisse le había prometido que iba a cuidar de Bill como lo llevaba haciendo desde siempre.
Entró en el internado y entonces observó el revuelo que se había levantado de repente. Todos sus compañeros estaban en el pasillo y se acercó a su clase a ver qué había pasado.
—Se han suspendido las clases—le informó Charles—Nolan quiere vernos en el salón de actos.
Hacia allí se dirigieron con el resto de sus compañeros y tomaron asiento en silencio esperando que les informara el director.
—Os quiero informar que el consejo de educación ha tomado ya su decisión—empezó a decir Nolan—Hillerska va a cerrar sus puertas para siempre.
Como era lógico todos los alumnos empezaron a hablar negándose a creer en sus palabras.
—Podemos dar por terminado el curso, ya se han hecho todos los exámenes finales y aprovecharemos los últimos días del curso para los exámenes de recuperación para quienes los necesiten—siguió diciendo Nolan—Pero según están las cosas veo imposible que Hillerska abra sus puertas en otoño. Eso significa que todos los internos deben ir vaciando sus habitaciones para llevarse todas sus pertenencias a casa este verano. Por hoy no habrá más clases, que todos los internos hagan lo que les he dicho y el resto puede volver a sus casas. Sus padres recibirán una carta con toda la información y las explicaciones necesarias.
Dicho eso todos se pusieron en pie saliendo del salón. Tom siguió a sus compañeros por el pasillo que llevaba a sus dormitorios, no pudiendo evitar escuchar como Gustav tomaba la palabra muy enfadado dirigiéndose especialmente a él.
—Enhorabuena alteza—estalló Gustav sin poderse contener—Diste un discurso de puta madre y ahora por tu culpa van a cerrar Hillerska.
—No lo cierran por mi, es por lo que ha estado años pasando sin que nadie hiciera nada por evitarlo—apuntó Tom con firmeza.
—Es verdad—apuntó Georg mirando en su móvil—La prensa dice que varios alumnos han confirmado las sospechas al consejo de educación.
— ¿Quién ha sido?—exigió saber Gustav— ¿Quién habló con los inspectores y se fue de la puta lengua?
Pero nadie quería contestar a sus preguntas, quien hubiera sido jamás lo iba a confesar.
— ¿Thomas?—llamó Gustav encarándose otra vez con él—Tú fuiste llamado al despacho de Nolan.
— ¿Y? Ya sabes cómo fue mi iniciación, tú estabas allí amenazándome con una navaja—le recordó Tom.
— ¿Le contaste eso?—quiso saber Gustav.
Tom negó con la cabeza, al único al que delató fue a su primo pero Andreas no había recibido ninguna amonestación por ello porque no era tan grave como lo que había pasado a otros alumnos de primero.
— ¡Qué más da ya!—intervino Andreas—Nada de lo que hagamos o digamos harán que cambien de idea. Hillerska se cierra, no hagamos una tragedia. Solo hay que aceptarlo y seguir con nuestras vidas como si nada hubiera pasado.
Tom se le quedó mirando, era eso mismo lo que había hecho él. Seguir con su vida como si su iniciación nunca hubiera tenido lugar. Tratar de olvidar lo humillado que sintió gracias al que creía su mejor amigo y que le había traicionado de una forma tan cruel.
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Sentado en la cocina de su casa Bill había recibido la visita de Clarisse y Alex con las nuevas noticias que aún le costaba creer. Se había pasado toda la mañana tumbado en la cama con un dolor de cabeza insoportable por tantas lágrimas derramadas, y cuando llamaron a la puerta bajó con pereza a abrirla encontrándose con la pálida cara de sus amigos.
Por un momento llegó a pensar que Tom había hecho alguna locura, cosa que jamás se iba a poder perdonar, pero por suerte era otro el motivo de su angustia.
— ¿Y ahora qué vamos a hacer?—preguntó Alex cruzándose de brazos.
—Pues Bill ya ha terminado el curso en Hillerska y tú tendrás que hacer los exámenes de recuperación que te quedan—explicó Clarisse.
Alex asintió con la cabeza resoplando, los exámenes finales le habían salido de pena y suerte tenía de haber aprobado casi todos menos 3 asignaturas que tendría que recuperar antes de que Hillerska cerrara para siempre.
—Y después, pues buscar un instituto nuevo—murmuró Clarisse suspirando.
—Yo…quizás me mude como mi padre sugirió—soltó de repente Bill.
— ¡No puedes hacerlo!—gritó Alex sin poderse contener.
—Es lo último que quiero pero tal y como están las cosas…podía empezar en un sitio nuevo desde cero—dijo Bill.
— ¿Quieres escapar de Tom?—se atrevió a preguntar Alex—No hace falta que te vayas, él no se va a quedar aquí. Fijo que ya le están buscando otro internado parecido a Hillerska al otro lado del mundo.
—Es que…aquí todo me recuerda a él—murmuró Bill suspirando—Necesito empezar a olvidarlo, y un cambio de aires me hará bien.
Alex y Clarisse se miraron, no podían permitir que se fuera. Era como un hermano para ellos, habían crecido juntos y pasado por muchas cosas como para darse en esos momentos por vencidos.
No si ellos podían hacer algo por impedirlo…
Continúa…
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