Secretos de la mafia 9

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 9

—Mírame.— Le ordenó Bill al mayor. Este volteó su rostro lentamente. —Dímelo.— Exigió. Tom bajó la mirada. —Tom, dime.— Frunció el ceño.

—Bill…— Musitó y resopló.

El aludido le miró con una ceja alzada, enojado. Tomó las manos del mayor y las alejó de su cuerpo mientras volteaba y trataba de irse, pero una vez más le tuvo pegado a su espalda en cuestión de segundos.

—Déjame.— Se quejó forcejeando contra los brazos del trenzado que apretaban hasta sus propios brazos. —Tom, suéltame.— Gimoteó sintiendo un nudo en la garganta.

—Bill.— Murmuró escondiendo el rostro en su cuello.

—¿Qué?— Preguntó de mala manera.

Tom no respondió. ¿Qué iba a decirle? “Lo siento amor, pero no he podido besarte porque ahora se que eres mi hermano…” Era una locura…

—Suéltame.— Sollozó Bill de repente, hundiendo el rostro en la almohada.

—Bill…— Le llamó preocupado. —Hey, espera…— Frunció el ceño.

¿Por qué lloraba si aun no sabía nada? Le acarició la cintura suavemente mientras se inclinaba y le besaba la mejilla al mismo tiempo que el menor volteaba el rostro y trataba de besarle, pero nuevamente no se atrevió y se alejó. Bill gruñó.

—¡Déjame!— Resopló el mismo logrando deshacerse de los brazos del mayor. —Eres un idiota.— Bufó levantándose de la cama con furia, Tom le siguió. —¿Qué quieres?— Preguntó molesto cuando el trenzado se paró frente a él sin dejarle pasar al baño.

—Bill…— Le miró de pies a cabeza. Solo tenía puesta la ropa interior y una camiseta oscura tan pequeña como todo el guardarropa del menor.

—¿Qué?— Murmuró esperanzado.

—Yo… yo no…

—¿Tú no…?— Asintió esperando que continuara.

—Lo siento.— Susurró cabizbajo.

—¿Qué sientes?— Preguntó angustiado.

—Todo esto…— Suspiró sin mirarle.

—¿Qué es todo esto?— Preguntó acercándose.

—Es que yo… ya no puedo…

—¿Besarme?— Dudó con miedo.

—No…— Susurró Tom negando. —Lo siento pero…

—¿Ya no te gusto?— Le interrumpió con los ajos aguados. Tom finalmente le miró, con el ceño fruncido. —¿Es eso?

—¿Qué?— Murmuró desconcertado.

—¿Por eso actúas así?— Derramó una lágrima sin poderlo evitar. —¿Ya no me quieres?— Susurró mirando el suelo.

—Bill, no.— Frunció el ceño.

—¿No?— Gimoteó mirándole mientras más lágrimas caían. Retrocedió unos pasos y cayó sentado a la cama. —hmm….— Agachó el rostro.

—Bill yo si te quiero.— Aseguró arrodillándose frente a él. —Yo te amo…— Susurró tomándole las manos.

—¿Si?— Frunció el ceño.

—Claro que si.— Sonrió suavemente y alzó una mano para secarle las lágrimas con suaves caricias. —Te amo.

—Yo también te amo.— Sonrió Bill suavemente, inclinándose para besarle pero solo pudo rozar sus labios porque Tom volvió a alejarse. —¿Me amas?— Preguntó frunciendo el ceño.

—Si.— Murmuró bajando la mirada.

—¿Entonces por qué actúas así?— Preguntó presionando la mano que aun tenía unida a la del trenzado.

—No lo entenderías…— Negó levantándose, alejándose.

—Ni siquiera has intentado decírmelo.— Casi exclamó, pero se contuvo porque no quería que Tom se enojara con él. Se levantó y le siguió en lo que el mayor caminaba por la habitación. —Tom…

—No voy a decírtelo.— Prometió este, negando firmemente. —No insistas porque…

—¿Y entonces qué pretendes?— Bufó enojado. —¿Qué me quede callado y acepte toda tu mierda?

—Bill…— Volteó a mirarle con el ceño fruncido, el menor lucía muy enojado.

—Bill nada.— Resopló. —¿Qué carajo te pasa?— Tom negó. —Dímelo.— Ordenó dando un paso. Tom bajó la mirada. —Estás comportándote como un crío. ¡Solo dime que carajo sucede!— Exclamó al fin y empujó al trenzado que le sujetó por las muñecas bruscamente.

—Es tu culpa.— Murmuró mirándole a los ojos con el dolor brillando en los propios.

—¿Qué hice?— Susurró acercándose, pegando sus cuerpos sin miedo mientras Tom presionaba sus muñecas con fuerza.

—Prometiste que todo iba a salir bien…— Siseó entre dientes, caminando hacia la cama, haciendo retroceder al menor.

—¿Qué ha fallado?— Preguntó este suavemente, entonces Tom le alejó de su cuerpo.

—Todo.— Murmuró frunciendo el ceño. —¡Todo, maldita sea!— Exclamó y le aventó a la cama violentamente.

—Tom…— Susurró mirándole entre jadeos. Este se colocó sobre él, con una rodilla a cada lado de su cuerpo y aprisionándole las muñecas contra la cama.

—Sabía que esto iba a suceder… Porque no existen los cuentos de hadas… No existen los finales felices, Bill.— Negó amargamente.

—Quizás nadie tuvo uno antes, pero podemos tener el primero.— Insistió el pelilacio. —No todo tiene que ser basura…

—Lo es.— Suspiró apoyando su frente en el pecho del menor. —No podemos enmendar los errores de los demás, mucho menos cuando han muerto…

—¿Es por tu padre?— Preguntó moviendo sus manos y logrando que el mayor le soltara y solo le abrazara con fuerza.

—Él es otra victima…— Negó Tom, suspirando en su cuello.

—¿De quién?

—No importa Bill.— Bufó alzando el rostro. —¡Lo han jodido todo y nos han arrastrado con ellos!— Exclamó levantándose de la cama.

—Al menos estamos juntos…— Murmuró siguiéndole y abrazándole por la espalda.

—¡No podemos estarlo!— Volteó y le empujó lejos de su cuerpo. —No lo entiendes…— Murmuró.

—¡Entonces explícame!— Exclamó al borde del llanto nuevamente. ¿Cómo que no podían estar juntos? —¡Te odio!— Se quejó sin pensar. Tom se lo quedó mirando.

—Es mejor así…— Murmuró al cabo de un momento y caminó hacia la puerta.

—Tom…— Susurró y le siguió. —Tom, no es cierto.— Murmuró y corrió a la puerta tratando de detener a Tom.

Pero este fue más rápido y salió de la habitación cerrando la puerta con llave…

—¡Tom!— Gritó Bill. —¡Tom no te odio!— Exclamó desesperado, golpeando la puerta con fuerza, con los puños. —Te amo…— Sollozó rindiéndose y apoyando su frente contra la puerta. —¡Te amo, estúpido!— Gritó enfurecido y volteó tomando una lámpara que había en un aparador junto a la puerta y con bronca la estrelló contra ella. —Te amo…— Jadeó volteando y regresando a la cama.

Llorando se metió bajo las mantas y se quedó dormido luego de un rato, sin poder hacer nada.

&

Despertó cuando sintió que le sacudían suavemente, acariciando su mejilla y meciéndole por la cintura con cuidado.

Abrió los ojos lentamente y se apoyó en los codos de inmediato al ver a Tom allí.

—Tom…— Murmuró abrazándole rápidamente. El trenzado se arrodilló en el suelo y se dejó hacer. —Tomi te amo.— Susurró en su oído.

—Yo también te amo.— Murmuró el mayor acariciándole el cabello, empujándole suavemente. —Vístete ¿si?— Sonrió separándose. —Te espero en el comedor así comes algo…

Bill asintió y se levantó de la cama mientras le veía irse dejando la puerta abierta. Suspirando se metió al baño y se dio una ducha rápida para luego vestirse con lo primero que encontró en el vestidor. Se secó el cabello y apenas si se delineó los ojos antes de bajar al comedor y encontrar a Tom esperándole, sentado en la punta de la mesa, como siempre.

Se sentó en diagonal a él en silencio y entonces ingresó una de las mucamas dejándole un plato de pollo al horno con papas a cada uno y se fue.

—¿Estás mejor?— Le preguntó Bill antes de empezar a comer.

—¿Tú?— Respondió Tom.

—No lo se.— Murmuró bajando la mirada.

Almorzaron en silencio y se retiraron del comedor juntos, Tom le tomó la mano cuando Bill pretendía subir las escaleras y se lo llevó fuera de la casa.

—Te llevaré a un lugar ¿si?— Dijo Tom dirigiéndose al auto que les esperaba en marcha con Saki y Tobi dentro.

—Okay.— Asintió en voz baja.

Se subieron al auto y se sentaron en los asientos traseros mientras el auto arrancaba inmediatamente. Tom le acomodó bien cerca de su cuerpo y suspirando Bill le abrazó apoyando una mejilla en su pecho. El mayor le acarició la espalda suavemente mientras le besaba el cabello. El menor sonrió cerrando los ojos. No conocía nada mejor que eso…
Alzó el rostro un poco y le miró con una dulce sonrisa.

—Te amo.— Dijo en voz baja.

—Te amo.— Sonrió Tom bajando su rostro y, por fin, besándole suavemente en los labios. Bill suspiró contra ellos.

—¿Estás bien?— Murmuró sorprendido.

—No…— Susurró negando y volvió a besarle.

Esta vez lamió sus labios y el menor los separó rápidamente. Ingresó a su boca y lentamente enredó sus lenguas como hace más de 24 horas no hacía. Acarició su cintura solo una vez y eso bastó para que el final de la camiseta se levantara un poco y le hiciera meter una de sus manos bajo ella, acariciándole la piel suavemente.
Le oyó respirar espesamente por la nariz y se separó pausadamente, volviendo a dejarle suaves besos, pellizcando sus labios y acabando por llegar a besar su cuello.

—Te amo.— Susurró en su oído, volviendo a besar su cuello.

Bill cerró los ojos dejándose hacer. Acabando por recostarse en el regazo del trenzado mientras este le besaba el cuello y a veces nuevamente en los labios. Ambos susurrándose incontables veces que se amaban.

El auto se detuvo luego de unos minutos, pero ellos solo siguieron besándose. Aprovechando.

Bill los nuevos besos. Tom los últimos…

—Tom.— Le llamó Tobi al cabo de un rato. —Tenemos que irnos.— Murmuró lamentando interrumpirlos pero viendo que pronto iban a descubrirlos.

El aludido suspiró separándose, miró a Bill a los ojos, sin dejarle incorporarse, sin dejarle ver donde estaban…

Le dedicó una dulce sonrisa acariciándole una mejilla y volvió a besarle. Tan desesperadamente que Bill lo percibió y le devolvió el beso con la misma intensidad, terminando por lastimarse el labio inferior.

—Hey.— Murmuró Tom separándose al sentir ese sabor salado y metálico. —Lo siento.— Sonrió suavemente, lamiéndole el labio y limpiando la sangre.

—Te amo.— Sonrió Bill sin darle importancia a su pequeña herida.

—Yo también te amo.— Sonrió sacando un pañuelo de seda negro de su bolsillo.

—Tom…— Insistió Tobi. Saki que iba al volante comenzó a tamborilear los dedos contra él. No venían preparados para un enfrentamiento…

—Voy.— Murmuró este tapándole los ojos al menor.

—¿Tom qué haces?— Preguntó este, inquietándose.

—Un segundo.— Contestó este. —Es una sorpresa.— Murmuró empujándole suavemente para que se sentara. —Tienes que bajar del auto.— Explicó en voz baja.

—¿Bajarás conmigo?— Preguntó desconfiando.

—Por supuesto. Vamos.— Asintió aunque no podía verle. Seguidamente bajaron del auto y dieron unos pocos pasos, deteniéndose entonces.

—¿Dónde estamos?— Preguntó Bill y recibió un dulce beso en los labios.

—Te amo.— Susurró Tom antes de alejarse.

—¿A dónde vas?— Preguntó en voz alta. —¿Me quito el pañuelo?— Cuestionó y oyó el ruido de la puerta del coche cerrándose. No lo dudo y se descubrió los ojos, viendo como el auto se iba con Tom dentro y sin él.

Frunció el ceño sintiendo que se largaría a llorar en cualquier momento y dio un paso en dirección al Audi que se alejaba…

—¡Bill!— Oyó gritar a una familiar voz. —¡Oh Bill!— Sonrió Bob emocionado, abrazándole con fuerza.

Bill sollozó entre los brazos de su hermano, sin devolverle el abrazo.

Por Dios, Tom le había dejado. ¡Se había ido sin él! Regresándole a su hogar, el que ya no sentía como tal…

Lloró con dolor, refugiándose en el pecho de su hermano mayor. Manteniendo sus brazos caídos a los lados. Pensando en que sería de él a partir de ahora.
Había aprendido a vivir con Tom, de Tom. Se había vuelto un completo idiota dependiente del trenzado. ¿Cómo podía haberle dejado? ¿Cómo había sido él tan estúpido como para no prever los planes del que le había amado por primera vez? Tan sumido en aquella burbuja de miel en la que le había traído el otro no había sido capaz de ver más allá de sus labios y sus hermosos ojos, que le miraban gritándole cuanto le amaba.

—¿Estás bien?— Preguntó Bob tomándole por las mejillas, secando sus lágrimas que siguieron cayendo y mojando sus mejillas. —¿Qué te ha hecho?— Preguntó frunciendo el ceño. —¿Te ha pegado?— Preguntó mirándole los labios rojos e hinchados, más el inferior sangrando.

No… Contestó Bill en su mente, mirando el suelo. El muy maldito me ha besado con tanta pasión que se ha quedado con un pedazo de mis labios. Se ha llevado mi piel, mi amor, mi corazón…Y me ha dejado con mi sangre, mi tristeza, mi dolor.

—¿Bill?— Insistió Bob y entonces corriendo llegó la madre de ambos.

—¡Bill!— Exclamó ella. —¡Mi bebé!— Sonrió emocionada apartando al adolescente de su hermano y apretándole entre sus delgados brazos. —Te eché tanto de menos…

—Ma…— Sollozó Bill abrazándola. A ella no podía negarle nada.

—Entren a la casa por Dios.— Bufó Gordon llegando. —Podría estar por ahí todavía…

—No…— Susurró Bill separándose de su madre. —Se ha ido.— Sollozó devastado. —Se ha ido…

Y pasó junto a su padre sin mirarlo. Caminando directo a su casa y corriendo a encerrarse en su habitación.

Se había ido.

Continúa…

¿Te gustó el capítulo? Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!