Fic Toll de BitchUnleashed
Capítulo 8
• Día 72 •
—Scotty, Scotty…— Le llamaba Bill a su perrito, ya estaba bastante más grande.
El can ladró desde la piscina del jardín trasero, era un nadador innato, salió de ella y corrió a su dueño sacudiéndose ante él.
—¡Ewww! ¡Scott!— Le riñó riendo. –Eres un asco.— Le empujó agachándose y el perro cayó de lado colocándose panza arriba para que su amo le acariciara. –Lindo, lindo…— Sonrió haciendo lo que Scotty quería. –Te quiero, tonto.— Le dijo agudizando un poco la voz como cuando se le habla a un niño, mientras le acariciaba la cabeza, entre las orejas.
—No me digas tonto.— Bromeó Tom llegando junto a Bill y acariciando al perro también.
—No…— Rió y se lanzó encima logrando que el mayor perdiera el equilibrio y cayera al césped.
—¡Hey!— Rió sosteniéndole sobre su cuerpo por la cintura.
—Te amo maldito gay.— Murmuró sonriendo y le besó suavemente en los labios.
No solían mostrarse así en público demasiadas veces, al menos no con los empleados de la casa, porque los guardaespaldas eran otra cosa… Así que solo fue un casto beso y el menor se recostó a su lado deshaciendo esa íntima posición. Enseguida Scotty fue donde Bill y quiso lamer su rostro. Este iba permitírselo pero…
—Oh no…— Rió Tom. –No querrás hacer eso si en verdad deseas volver a besarme.— Negó. Bill infló las mejillas.
—Lo siento Scotty.— Se disculpó con el can acariciándole el hocico. –Yo también tengo un dueño ¿sabes?— Le sonrió al perro y este sacó la lengua jadeando mientras intentaba trepar por encima del pelilacio.
Tom sonrió al oírle y rió viendo al perro. Era muy juguetón y se hacía querer con facilidad. Justo como su dueño…
—Señor Kaulitz, un sobre ha llegado para usted.— Informó una de las mucamas, parada con el sobre de papel madera en manos a unos tres metros de ellos.
Tom la miró y se levantó de inmediato acercándose a ella. Tomó el sobre y la muchacha se fue enseguida, observó que el sobre en marcador negro rezaba “Kaulitz”. Él era el único Kaulitz que quedaba, al menos en esa casa…
—¿Qué es?— Preguntó Bill parado a su lado.
—No lo se.— Contestó serio comenzando a abrirlo.
—¿Quién lo manda?
—No dice.— Negó echando un vistazo dentro sin que Bill pudiera ver.
No sabe por qué lo hizo, pero nunca se arrepentirá de haberlo hecho.
Frunció el ceño viendo algunas fotos y papeles.
—¿Qué es?— Repitió el menor, curioso como él solo.
—Nada.— Negó caminando hacia la casa.
—¿Tom?— Frunció el ceño siguiéndole.
—Ya vengo.— Volteó a verle con una mirada determinada. Bill se detuvo mirándole con una ceja en alto. –No me tardo.— Murmuró girando y apurándose a ingresar.
Le oyó bufar pero no le importó. Tan pronto como llegó a la oficina sacó todo del sobre y comenzó a verlo.
Eran fotos… Frunció el ceño dolorosamente. Eran fotos de su madre y… ¿Gordon Trümper? ¿Ese realmente era el padre de Bill?
—¿Qué carajo…?
Estaban besándose. Su madre y el padre de Bill estaban besándose… Y no lucía como si su madre estuviera siendo forzada…
Eran fotos viejas, de cuando su madre vivía claro. Eran fotos tomadas desde lejos, obviamente les habían estado espiando para poder tomar esas fotos.
Entonces eso quería decir… que su madre había estado viéndose a escondidas con Gordon Trümper.
—¿Mamá?— Musitó sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.
Su madre, su adorada madre y que Dios la tuviera en la gloria… pero ¿la muy desgraciada había engañado a su padre?
Lo más doloroso era ver que su madre llevaba el vientre algo abultado en esas fotografías. ¿Entonces aquel hermano que él jamás conoció… no era completamente su hermano?
Furioso arrojó las fotografías al suelo y echó un vistazo rápido a los demás papeles del sobre, deteniéndose a ver que eran certificados médicos.
“Certifico que las muestras de ‘A’ y ‘B’ tienen un 49,9 % de coincidencia genética.”
Esa fue la parte que llamó su atención. ¿Qué mierda era ‘A’ y ‘B’? Volteó la hoja en un intento desesperado de hallar una respuesta y se quedó sin respiración al ver pegadas al dorso de la hoja una foto carnet suya con una gran A en rojo encima y otra de Bill con una B.
—¿Qué…?— Susurró sintiendo que se mareaba.
Trastabilló un poco y acabó por caer sentado en el suelo. Repasó con la mirada las fotos esparcidas, la prueba genética, el sobre anónimo… Una lágrima se le escapó finalmente.
No tenía idea de quien lo había mandado; pero por Dios, todo encajaba…
Su madre engañaba a su padre, el embarazo fue en el año 1995, año en que su madre murió, año en que su hermanito murió, año en que Bill nació…
—Dios…— Murmuró apoyando sus codos en sus rodillas y escondiendo su rostro tras sus manos mientras más lágrimas caían. –No es cierto…— Suplicó. –No puede serlo…
—¿Tom?— Preguntó Bill en voz baja, abriendo la puerta suavemente. –Dijiste que no tardabas…
—Bill vete.— Ordenó serio levantándose del suelo y dándole la espalda para secarse las vergonzosas lágrimas.
—¿Qué eso?— Preguntó viendo los papeles en el suelo, sin tomarlo en cuenta.
Luego de lo sucedido hace semanas Tom no podía demandarle mucho más que no besar al perro o dejarse lamer por él…
—¡Vete!— Gritó girando, haciendo pegar un bote al menor. –Vete ahora.— Señaló la puerta.
—¿Qué sucede?— Susurró mirándole preocupado. —¿Estuviste…?— Frunció el ceño al ver sus ojos enrojecidos y sus mejillas húmedas.
—¡No! No estuve nada.— Le miró amargamente. —¡Lárgate ahora mismo!— Gritó caminando hacia él y tomándole bruscamente de un brazo.
—Tom me estás lastimando…— Se quejó casi tropezando mientras el otro le sacaba violentamente de la oficina. –¡Tom!— Exclamó cuando le lanzó fuera y se estrelló contra la pared contraria.
—Vete a tu habitación.— Ordenó serio. –Y no salgas hasta que yo te lo ordene.— Dijo con una ceja en alto y se encerró nuevamente dando un fuerte portazo.
Bill se quedó mirando a la puerta jadeando. ¿Qué mierda le pasaba a Tom?
—¿Estás bien?— Le preguntó Saki que venía pasando y llegó justo para ver como su jefe maltrataba a su novio, si así podía llamarle…
—No…— Murmuró volteando a ver al hombre. —¿Qué le pasa?
—No lo se.— Negó.
—¿Qué tenía ese jodido sobre?— Preguntó molesto. El hombre negó. —¿Quién lo trajo?— Insistió.
—No lo se Bill, lo han dejando en el buzón y cuando recogieron el correo ahí estaba…— Alzó los hombros.
—¡Saki, no puedes no saber!— Exclamó acercándose al hombre.
—Pues no se.— Se quejó este.
—Entonces averigua.— Ordenó pasando por su lado y corrió escaleras arriba, bufando.
Se metió en su habitación y resoplando salió a la terraza, no podía creerlo. ¿Ese de allá abajo era Tom? ¿El mismo que le había hecho el amor la noche anterior?
Desde su oficina el trenzado trataba de calmarse, sentado en el sofá de la oficina jadeaba para no gritar. Veía en el suelo todas las pruebas…
No sabía con quien enfurecerse, ¿a quién golpear? ¿A quién matar?
Su madre los había engañado a él y su padre.
Gordon se había burlado de ellos.
El maldito idiota que había mandado todo también lo hacía.
Y definitivamente algo había fallado, a pesar de que Bill había prometido que eso no sucedería…
—Yo lo sabía…— Susurró levantándose y comenzando a dar vueltas por la habitación.
Por eso no se enamoraba, siempre había algo que salía mal y terminaba destrozando el corazón de todos. El suyo.
¿Bill su…? ¿Su hermano?
—No… No, no, no…— Gimoteó sintiendo un horrible nudo en la garganta.
No quería llorar, lo hombres no lo hacen… Pero la situación le superaba. Bill no podía tener su misma sangre, o la mitad de ella… Bill solo era el crío que le había robado el corazón. Solo eso, nada más.
—Nada más…— Susurró agachándose y tomando la fotografía de su madre con las manos de Gordon sobre su abultado vientre. –Malditos…— Susurró enfurecido. –Maldita tú Simone…— Negó amargado. –No mereces nada.— Dijo volteando a ver el cuadro que había de ella en la oficina, justo junto a la puerta de entrada. –Mi padre te amó… Yo lo hice…— Entrecerró los ojos viéndola tan hermosa y delicada en la foto.
Notando por primera vez que a esa nariz ya la conocía… Esos ojos, esos labios…
Esa nariz esa suya. Esos ojos de Bill… Sollozó tapándose la boca. Y esos labios también eran del menor.
—¿Por qué…?— Se rindió ante las lágrimas y el retrato de su madre. –Mamá ¿por qué?
No obtuvo respuestas y tampoco siguió llorando. Se secó las lágrimas respirando agitadamente y recogió del suelo todas las fotos y papeles guardándolos nuevamente en el sobre. Suspirando se acercó al escritorio y del primer cajón sacó unas gafas oscuras con las que cubrió sus inyectados e hinchados ojos antes de salir de la oficina.
En silencio caminó a paso apurado al control de cámaras de seguridad de la casa que estaba antes de llegar a la cocina.
—Tobi…— Musitó al entrar y ver al hombre sentado frente a los monitores, supervisando. –Estás aquí.
—¿Todo bien?— Preguntó frunciendo el ceño al oír su voz como… tomada. ¿Y por qué llevaba gafas dentro de la casa?
—Pesqué un resfriado.— Mintió. –Necesito revisar una cinta.
—Claro.
—De la entrada, me ha llegado un sobre anónimo y quiero saber quien lo ha dejado.— Explicó y el hombre asintió poniéndose manos a la obra.
No tardaron demasiado en saber que lo había dejado un simple mensajero a primera hora de la mañana.
—¿Puedes averiguar?— Preguntó Tom.
—Seguro.— Asintió Tobi.
Y entonces Tom se fue sin decir nada. Subió a su habitación y se echó a la cama, necesitaba descansar un poco…
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Esa noche durante la cena todo fue un completo silencio. Ahora comían en el comedor y gracias a eso todo parecía mucho más siniestro y solitario.
Bill había estado acribillando a Tom con la mirada durante un buen rato, pero este solo permanecía con la vista fija en su plato. Cansado de la situación se levantó dejando caer ruidosamente su tenedor sobre el plato y se alejó de allí bufando. Ese no era Tom…
Subió a su habitación y se recostó en la cama de lado, dando la espalda a la puerta. ¿Alguien podía decirle lo que estaba pasando? ¿Qué mierda tenía ese condenado sobre? ¿Una nota médica que decía que a Tom le quedaban tres días de vida?
—Oh Dios…— Susurró asustado ¿Y si era eso? –Tomi…— Gimoteó sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas.
Algo grave estaba pasando. Y si le llegaba a suceder algo a Tom no sabría que hacer. Tan solo le amaba… Tanto.
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• Día 73 •
Tom despertó esa mañana con un fuerte dolor de cabeza, así que lo primero que hizo fue tomarse una pastilla para el dolor. Por suerte sus ojos ya lucían normales, así que pudo caminar con tranquilidad por la casa sin que nadie le mirara raro, después de todo no era extraño que estuviera serio…
Desayunó solo en la cocina, bajo la atenta mirada de Nora.
—¿Estás bien Tom?— Le preguntó preocupada, con confianza.
—No te preocupes.— Le sonrió costosamente. –Prepara un desayuno para Bill.— Le ordenó suavemente para mantenerla ocupada y que ya no preguntara.
No tenía el valor de decírselo a nadie, ni siquiera a su madre. Su madre del corazón, porque Simone ya no lo era…
Cuando Nora hubo puesto todo en una bandeja se lo agradeció con una extraña sonrisa y tomó la bandeja para dirigirse a paso lento al segundo piso. Suspiró antes de entrar a la habitación y se le fue el alma al suelo al oír los suaves sollozos de Bill escondido bajo las sábanas.
Frunciendo el ceño dejó la bandeja en la mesa de cristal y con cuidado se sentó en el borde de la cama.
—¿Bill?— Murmuró sin atreverse a tocarlo. –Oye…— Susurró.
—¿Tom?— Se destapó secándose las lágrimas y sentándose de inmediato. —¿Estás bien?— Le preguntó preocupado, mucho más con las especulaciones que ya se había armado.
—El que llora eres tú y ¿me preguntas a mí si estoy bien?— Sonrió sin poderlo evitar. Toda esta mierda no haría que dejase de amarlo…
—Es que ayer estabas tan raro…— Murmuró serio, no era gracioso. —¿Puedes decirme que ha pasado? ¿Es por ese sobre?
—Te he traído el desayuno…— Negó cobardemente. Trató de levantarse e ir a por la fuente pero Bill le tomó con fuerza de un brazo.
—No cambies de tema.— Ordenó en voz baja. –Vas a tener que decírmelo quieras o no.
Tom suspiró y, cerrando los ojos para no volver a quebrarse y menos delante de Bill, se sentó junto a él y sin poderse contener le abrazó con fuerza, buscando algo de confort en ese cuerpo menudo y cálido.
—¿Tom qué sucede?— Preguntó el pelilacio angustiado, acariciándole las trenzas suavemente. –Por favor dime…
—Nada…— Negó alejándose, levantándose de la cama y trayendo el desayuno. –Come.— Murmuró dejando la bandeja sobre el colchón. Bill se lo quedó mirando con una ceja en alto. –Por favor…
—No.— Contestó de inmediato. –No tengo hambre.— Bufó dándose la vuelta y metiéndose bajo la mantas dándole la espalda.
Tom suspiró, no tenía caso. Bill era muy terco y hasta que no le dijera algo, aunque sea una mentira, no pararía.
Devolvió la bandeja a la mesa y se quitó los zapatos antes de meterse bajo las mantas con el menor. Le abrazó por la cintura y apoyó la frente entre sus omóplatos.
—Solo tienes que…
—No puedo.— Le interrumpió suspirando. El menor se giró entre sus brazos y le miró a los ojos.
—¿Es tan grave?— Murmuró asustado. Tom no respondió, solo le devolvió la mirada. –Tom…— Gimoteó cerrando los ojos y tratando de acercarse a sus labios. Pero nada más sus alientos chocaran el mayor volteó el rostro. —¿Tom?— Este solo suspiró ahogadamente sin mirarle.
Entonces Bill lo supo, o eso creyó. No tenía idea de que tenía ese sobre, pero sabía lo que estaba sucediendo.
Tom ya no le quería…
Continúa…
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