
«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 5
— ¡Arriba!— salté de la cama repentinamente al oír un grito que resonó en mi mente durante largos segundos— Ya amaneció, niño — me senté en la cama y bostecé, calmándome al saber que solo se trataba de mi amo una vez más—, ¿piensas dormir todo el día?— Se sentó junto a mí.
Me hubiera alejado, pero aun no terminaba de quitarme la pereza así que no lo hice. Además, me había acostumbrado a su cercanía. En estos pasados días, me había acostumbrado a sus roces, a su aroma y sus tiernas palabras.
Habían sido casi dos semana repletas de momentos incómodos, pero cada vez que me tocaba, yo perdía la cabeza y me olvidaba de algo que se llama «vergüenza»; algo que a él le faltaba y necesitaba con urgencia.
—Buenos días, amo— Saludé con una sonrisa.
—Eres un desastre en la mañana, pequeño— Susurró en tono juguetón— ¿No tuviste pesadillas? dejó una suave caricia en mi cabello y me besó la mejilla.
—No, para nada. He dormido muy cómodo aquí.
No pude evitar soltar una leve risa. Habían pasado cerca de dos semana desde que estaba allí y él siempre venía a despertarme haciéndome la misma pregunta. Creo que el hecho de que no haya vuelto a sacar el arma me había bastado para entregarle mi confianza. Sí, así de fácil me había ganado. Unas lindas palabras, una intensa mirada y unas cuantas caricias. Me sentía una puta muy barata.
—Déjame ver esos brazos, pequeño— me tomó las muñecas con delicadeza y comenzó a deshacer las vendas—. Has mejorado— me dedicó una leve sonrisa de la cual me contagié—. Sanas demasiado rápido para ser humano.
—Eso creo…— él me acarició el rostro como siempre solía hacerlo.
Últimamente me había tratado con delicadeza. Tanta había sido la delicadeza que tuvo conmigo que cada día deseaba estar cerca de él para sentir sus caricias.
—Debes cuidarte un poco más, ¿está bien?— asentí y él acarició mi cabello— ¿Qué haría yo sin mi pequeño?— Reía de una tierna manera, casi murmurando— ¿Qué haré si no puedo verte despertar cada mañana?— bajé la mirada, con las mejillas ardiendo y olvidé cuanto le molestaba aquello— No hagas eso, quiero verte.
Sus halagos me parecían de lo más hermoso y como me gustaban…
Con ambas manos tomó mi rostro y levantó mi rostro con total suavidad. Los dos nos quedamos admirándonos un momento. Fue algo poético. Me atrevería a decir que hasta era romántico, si él no pareciera un loco asesino despiadado.
Me acarició la mejilla con su pulgar y de pronto acercó su rostro peligrosamente al mío. Cada vez que hacía eso, el corazón se me iba a salir por la boca. Era simplemente la sensación más hermosa que había sentido en mi vida. Cerré mis ojos al notar como se acercaba muy lentamente y posaba, finalmente, sus labios sobre los míos con delicadeza, mientras me acariciaba el cabello con una ternura con la que ni siquiera mi madre me había tratado.
Cada vez que él me besaba me sentía un completo idiota. Jamás había besado a nadie en mi vida y no sabía qué hacer cuando él comenzaba a mover sus labios sobre los míos. Él me dominaba completamente y, no es que no me gustara, pero yo no podía seguir su ritmo y eso me hacía sentir un completo imbécil.
Sus brazos me rodearon la cintura repentinamente y yo le rodeé el cuello con mis brazos cuando nuestros cuerpos se pegaron.
No parecía creíble, pero era la primera vez que me sentía cómodo cuando alguien me tocaba tan descaradamente.
Este hombre parecía un verdadero monstruo al principio, pero luego de unos días comenzó a tratarme delicadamente, como si alguien más se llevara su lado violento y dejara en su lugar a un hombre comprensivo el cual no me disgustaba para nada.
Mi cuerpo cayó boca arriba sobre la cama y él continuó devorándome los labios con desesperación, tal como a mí me gustaba. Se colocó entre mis piernas y me acarició los muslos, apretándolos con suavidad.
Su cuerpo se restregaba sobre el mío y yo ya estaba empezando a sentir mi miembro endurecerse mientras me deshacía en gemidos. Joder, me volvía loco que hiciera eso y deseaba que nunca se detuviera.
— ¿Te gusta, pequeño?— preguntó al separar sus labios de los míos.
Su cuerpo se volvió a restregare sobre el mío al notar que no había respuesta. Gemí ante tal brusco movimiento. Era simplemente la sensación más maravillosa que había sentido en mi vida.
—¡Ah! ¡Sí!— Respondí de inmediato.
—¡Me muero por hacerte mío!— me mordió el labio inferior mientras sus manos acariciaban mi trasero— ¡No puedo creer que me esté conteniendo!—y se levantó dejándome completamente derretido ante su mirada.
—¿Qué pasa?— cerré mis piernas rápidamente en cuanto él se alejó de mí.
Me había dejado demasiado duro. Siempre quise saber qué sucedía si iba un poco más lejos, pero él lo dejaba todo así, como si a mí no me importara en lo absoluto el tener semejante erección frente a sus ojos. No solo me moría de vergüenza, me moría por que él me tocara.
—Nada. Simplemente, no puedo.
— ¿Por qué no?
—Porque no— fue todo lo que me respondió, volviendo a ese tono serio que tanto intimidaba—. Date una ducha, maquilla esos preciosos ojos y ponte tu mejor ropa. Te has portado bien estos días, he decidido que saldremos juntos.
— ¿De verdad?— No pude evitar emocionarme. Vería la luz del sol luego de dos semanas encerrado.
—Es tu premio. Así que ve y arréglate. Esta noche tienes mucho trabajo que hacer, pequeño. Date prisa.
—Sí, amo— en cuanto él se alejó a una distancia prudente, me levanté de la cama cubriéndome la entrepierna. Aún no me acostumbraba a que él me viera así, seguía dándome pudor.
—Me encantas, pequeño— me acarició el rostro de nuevo y dejó un beso en mi mejilla en cuanto me posé frente a él—. Anda—me dio un fuerte azote en el trasero y avancé hasta introducirme en el baño, echándole una última mirada antes de entrar.
Él siempre me pedía que estuviera bien arreglado. Me había comprado maquillajes y incontable cantidad de cremas, productos para el cabello y demás cosméticos. A él le gustaba que me tomara el tiempo de arreglarme, aunque después terminaba hecho un verdadero desastre a causa de todo lo que tenía que limpiar. Bueno, a veces era por eso y otras veces era simplemente porque se comportaba como un animal y me hacía volver loco de placer. Me acariciaba, me besaba y me mordía. Siempre me dejaba con las ganas, como ahora, y acababa con el maquillaje corrido y despeinado.
Me metí debajo de la lluvia y me lavé tan rápido como pude, tratando de encargarme de ese vergonzoso «problema» que mi amo había dejado entre mis piernas.
No puedo creer lo que voy a confesar a continuación, pero desde que él me trata como un príncipe, no puedo quitarme su imagen de la mente.
Es cierto que a veces se comportaba como una jodida bestia sin sentimientos, pero cuando aquello no pasaba, era una persona completamente distinta. Hasta me atrevo a decir que era tierno. Sí, era muy tierno conmigo y aquello me encantaba.
Juraría que me hizo sentir especial.
Por otra parte, esa tal Kate siempre estaba mirándome con desprecio a causa de la forma tan dulce en la que él me trataba.
Una noche, mientras limpiaba la cocina, se me acercó y me dijo que la sonrisa de mi rostro no me iba a durar más de tres días. Me dijo que él solo me usaba y que se iba a aburrir de mí muy pronto.
Él era amable si yo lo obedecía. Me daba una habitación preciosa, me compraba ropa e incluso me permitía comer con él en la mesa. Kate no tenía esos privilegios y yo tan solo pensé en que me envidiaba por tener la atención de su amo. Mi amo.
No había vuelto a hablar con ella, ni tampoco con la otra mujer que trabaja todo el tiempo en la cocina. Mi amo no me permitía hablarles y yo no iba a correr ningún riesgo. El juego parecía sencillo. Obedecerlo y esperar que las cosas salgan bien. Yo ganaba, él también. Todo parecía así de simple.
Terminé de ducharme y salí del baño con una bata rodeándome el cuerpo. Procedí a secarme el cabello y a plancharlo. Terminé de arreglarme maquillándome como a él tanto le gustaba. Para finalizar, me puse la ropa más linda que encontré en mi camino. La ropa más cara, la que a él más le entusiasmó que yo viera.
No podía esperar el momento en que me permitiera usar un poco más de ropa porque aún había muchas ocasiones (para no decir todas) en las que me apenaba que las otras dos muchachas de la casa me vieran en ese estado. Era humillante.
Sus empleadas y sus visitas, que mayormente eran hombres, me apreciaban como a algo normal y eso era un motivo más que justificado para tener miedo de aquella persona con la que convivía.
Me levanté de la cama y fui hasta la cocina con la esperanza de encontrar algo para comer. Una de las empleadas se encontraba cocinando algo que apestaba a carne y no me atreví a preguntar qué era. Habían pasado años desde la última vez que comí carne y dudo que eso vuelva a suceder.
En la nevera, buscando quién sabe qué, estaba Kate. Tuve la tentación de aplicar la famosa ley del hielo tal como ella lo hacía conmigo, pero no pude. Mi amabilidad me obligó a interactuar con ella, por simple educación.
—Buenos días— La saludé, tratando de sonar amable.
—Hola— Ella me miró de reojo y volvió a pegar su mirada dentro de la nevera—.
El amo ha dicho que fueras al patio, te está esperando ahí.
—Suena bien— Sentencié, orgulloso. Sabía que a ella le molestaba y no había nada mejor que fastidiar a quien te detesta.
—Será mejor que te apures. Te está esperando hace media hora.
¡Mierda! ¡Él odiaba esperar!
Estaba ansioso por sentir la luz del sol de nuevo. Había estado días enteros encerrado en esa casa. En cualquier momento me volvería loco al estar entre cuatro paredes, incluso en este enorme lugar. Comenzaba a pensar en la libertad que estaba perdiendo de a poco. En la libertad que él me estaba quitando.
Crucé el comedor y el living hasta llegar al cuarto principal, apurado y ansioso por estar a fuera. Vi la puerta con algo de temor y me acerqué para abrirla, hasta que sentí una mano jalar mi brazo con fuerza hacia atrás. Ni siquiera tuve tiempo para reaccionar.
— ¿¡Qué crees que estás haciendo!?— Habló mi amo a los gritos.
Me sostenía el brazo con fuerza mientras me miraba con la peor cara que le había visto hasta ahora.
— ¡No, esto no es lo que parece!— Salté en mi defensa— Yo creí que usted… —¿¡Qué!?— Gritó, interrumpiéndome de golpe.
—Creí que usted me esperaba afuera, amo— él se aferró a mis brazos y con un fuerte empujón pegó mi espalda a la pared. Le importó una mierda cuan fuerte podría haber golpeado el cemento en mi cuerpo. Fue doloroso.
—Aún así, ¿tenías mi permiso para salir de aquí?
—No, amo. Lo lamento— Susurré con voz temblorosa.
— ¿Lo lamentas?— La ira en sus ojos no desaparecía—Hoy iba a ser la excepción, pero veo que tendré que castigarte para que entiendas del todo.
—No, es que…
— ¿Qué?— Me interrumpió.
Pensé con mi lado cobarde. Iba a decirle que todo fue culpa de Kate, que ella había querido molestarme, pero no iba a soportar que le levante la mano a una mujer.
Prefería que me golpeara a mí, no me importaba.
—Lo siento— Agaché la mirada.
—¿Sientes qué?
—Lamento haberlo desobedecido, amo. Prometo que no va a pasar otra vez— Deseé con todas mis fuerzas que entendiera que todo fue solo una confusión.
—Me has decepcionado— me apretó contra la pared con el peso de su cuerpo—.
La próxima vez que intentes hacer algo así ni siquiera tendrás tiempo de abrir la puerta porque te habré dado un disparo en la cabeza, ¿comprendes eso?
—Sí, amo— nuevamente, como en mi antiguo trabajo, yo terminaba cargando con las consecuencias de alguien más y él se había convertido en un monstruo.
—Una más y estarás en serios problemas— asentí y él se alejó de mí—. Olvídate de salir de esta casa. Quiero cada habitación impecable para cuando regrese.
No sabía que me daba más rabia en ese momento, si el hecho de que Kate me haya tomado por idiota o el tener que aceptar que ese sería un día más en el que no estaría afuera de esta jaula. Había estado tan cerca de salir, de tener su confianza y ahora… ahora estaba donde había empezado.
Ni siquiera debí haber dejado que la culpa cayera en mí, pero no sería capaz de permitir que le haga algo a ella, aunque se haya comportado como una completa perra conmigo. No querría ver a la persona que más odié toda mi vida reflejada en él, ni siquiera sabiendo que él es mucho peor. Sabía que estaría allí un buen tiempo y no quería convivir con un monstruo, quería un buen amo. Ese amo que me mimaba como a un niño.
Así fue como pasé la tarde, limpiando la casa en su totalidad, tal como él me lo había ordenado. La habitación que él me había asignado siempre la mantenía ordenada porque allí tenía privacidad, era como mi lugar sagrado y yo detestaba el desorden.
El baño fue el que más me costaba limpiar, siempre. Mi casa era muchísimo más pequeña y no tardaba casi nada en acabar de limpiar todo. Después de limpiar esa inmensa mansión, sentía que las manos se me iban a caer.
Dejé impecable toda habitación que se haya cruzado en mi camino, excepto aquella en la que él me impedía que entrara. Tuve mucha curiosidad por saber lo que había allí adentro, pero no quería más problemas.
Si es que debía ganarme su confianza, haría todo lo que él me pidiera.
Yo esperaba que, en un futuro, confiara plenamente en mí. Sé que en algún momento bajaría la guardia y me permitiera salir. En cuanto yo consiguiera dinero y su confianza, me escaparía lo más lejos posible y nunca más volvería.
Él podía ser un buen amo a veces, pero yo no era un esclavo. Yo quería ganar mi dinero honestamente, trabajar para un buen jefe y sin necesidad de tirar al suelo mi orgullo y escupirlo. Quería trabajar como una persona normal, no quería ser observado mientras limpiaba una casa y desnudo. La humillación no debería ser parte un trabajo y esto no era una excepción. Esto no era trabajo, era algo enfermizo.
Pero, aunque quisiera negarlo una y mil veces, él me agradaba. Era estúpido pensarlo, pero en el fondo él me caía muy bien. Por momentos era un ser cruel y despiadado como ninguno, pero cuando se disponía a bajar su temperamento era cariñoso y comprensivo.
Cada vez que me dedicaba una caricia en el rostro, yo me sentía cómodo con su presencia. Nadie nunca fue así conmigo, nadie nunca me hizo sentir deseado como él lo hizo.
Él me hizo notar esas cosas que yo creí que nunca tendría dentro de mí y, si yo me iba, no sabría si podía olvidar esas sensaciones. Yo creía que esas cosas simplemente iba a ignorarlas en un futuro, pero ahora me doy cuenta de que no puedo pasar por alto algo que me hace sentir tan bien.
Terminé de limpiar toda la maldita casa en unas cuantas horas. Estaba tan cansado que solo quería echarme en el suelo y dormir como un perro. Mi amo se había ido por la mañana y no lo había visto desde entonces. Quería sorprenderlo, que viera que en serio me esfuerzo por obedecerlo. Si llegara a decirme que un sector de la casa estaba sucio le escupiría, no me importa que me muela a golpes luego. Me pasé toda la tarde esforzándome por complacerlo y había aspirado hasta la última partícula de polvo de todas las putas alfombras. No podía quejarse, todo estaba más que impecable.
Al terminar, me metí en mi habitación y me dirigí a la ducha. Estaba sudado, despeinado, sucio y mi amo dijo que debía estar listo a las ocho. Tenía tiempo para arreglarme, pero me preocupaba el hecho de que alguien más entrara en la casa porque el episodio sucedido semanas atrás, me dejó en claro que nadie puede joder con él. Casi asesina a aquella muchacha la primera vez y, aunque eso no volvió a repetirse, sí daba miedo.
Esa pobre muchacha… nunca más supe qué fue de ella. Tampoco debería preguntar, pero a veces muero de curiosidad.
Mientras me daba una ducha me había quedado pensando en lo de esta mañana. Él dijo que quería sacarme de la casa y aún tengo curiosidad por saber a dónde me hubiera llevado.
Me emocionaba el pensar que tal vez quería darme una sorpresa y querría llevarme a algún lugar divertido. No sé, un parque de diversiones, tal vez.
Solo esperaba que pueda sacarme de aquí algún día.
— ¡Sorpresa!—mi corazón se aceleró repentinamente al oír ese grito y de no ser por la pared me habría caído al suelo del susto que me di—. Lo siento, ¿te asusté?— al abrirse la cortina del baño, me encontré con mi amo. Con esa pícara sonrisa que hacía que mis mejillas ardieran.
—A-amo, ¿c-cuándo ha llegado?— pregunté con una mano en el pecho, intentando calmar los latidos de mi corazón.
— ¿Eso qué importa? Estoy aquí— ¿A caso no pensaba moverse de ahí?—. Te felicito, la casa ha quedado radiante— lo que esperaba escuchar—. Disculpas aceptadas.
—Gracias— al ver cómo él se deshacía de su ropa mi corazón volvió a acelerarse el doble— ¿Q-qué está haciendo?— Pregunté inmediatamente.
—¿Qué parece que hago? Voy a darme una ducha— Di unos cuantos pasos para salir de la ducha, pero el me detuvo—. No, no, no, pequeño, tú te quedas aquí.
—Es que tengo que…
—Te quedas aquí— me interrumpió, dedicándome una mirada seria que me hizo retroceder al instante.
Bajé la mirada hacia mis pies cuando la última prenda de ropa se desprendió de su cuerpo. Intenté olvidar de el hecho de que él estaba desnudo frente a mí.
Bueno, no contaba en que en algún momento tendría que alzar la vista.
Vi sus pies enfrente de los míos y alcé la cabeza con toda la lentitud posible.
Lo observé por completo, intentando no olvidar detalle de tan maravilloso cuerpo.
No podía creer que me gustaba lo que veía. Un cuerpo perfectamente marcado, grandes brazos y su mirada tan llena de lujuria.
—¿Ya habías terminado de ducharte?— preguntó con una sonrisa maliciosa.
—S-sí, amo— Titubeé.
—Tendrás que hacerlo de nuevo—sus brazos me rodearon la cintura repentinamente y dejé salir un leve jadeo al sentir su miembro chocar contra el mí.
Al mismo momento bajé la mirada, abochornado—. Pequeño, no voy a comerte— lo miré a los ojos, pero no por mucho tiempo, bajé la mirada en cuanto vi su sonrisa burlona—. No seas tímido, relájate.
¿Relajarme? ¿En serio? Estábamos desnudos, ¡desnudos! Desnudos debajo de la lluvia. Aún no me acostumbraba a esto y él solo me pedía que me relajara.
Sus manos subían por mi espalda y bajaban hasta mi cintura muy lentamente. Él se me acercó al oído y yo pegué mis manos a su pecho, casi sin darme cuenta.
—Tu amo está aquí, pequeño— me susurró— ¿A qué le tienes tanto miedo?
—A usted— Hablé con vos temblorosa.
De pronto se acercó a mis labios y me besó. Fue un beso suave esta vez, dulce.
Había ternura en sus manos al tocarme con tanta delicadeza. Me perdí en esa sensación, no me había besado así nunca. Él parecía ser tan tierno cuando se lo disponía…
Sentí mi espalda tocar la fría pared humedecida y sus manos bajar hasta mi trasero. Me manoseó como se le dio la gana, sin ningún pudor. Aquello me volvía loco. Su brusquedad, su pasión, su calor…
—Tócame—Me ordenó y yo obedecí.
Recorrí su piel con la yema de mis dedos, desde su pecho hasta su endurecido torso, pero no me atreví a bajar mucho más que eso hasta que él volvió de devorarme los labios como solo él solía hacerlo.
No pude creer que aquella persona entre sus brazos era yo. Logré llegar a su miembro y lo acaricié con suavidad. Se sentía enorme y duro entre mis dedos. Él gruñó, dejando una mordida en mi labio inferior.
—Lo siento— Solo me atreví a decir con temor.
—Niño, muero por probarte.
—No, amo…— Intenté evitar que me dejara.
—Será mejor que te vayas.
Luego de esa estúpida frase, me dejaba desnudo y excitado, avergonzado por mis actos. Era como estar viviendo el mejor momento de tu vida y, de un momento a otro, te das cuenta de que todo fue un estúpido sueño.
Como lo suponía, él se alejó de mí casi inmediatamente.
— ¿Qué he hecho?— Me atreví a preguntar, decepcionado.
—Tú, nada. Pero debo controlarme— Depositó un leve beso sonoro en mis labios—. Espero poder algún día porque realmente te deseo, pequeño.
— ¿Por qué?— Sabía que era inútil esperar una respuesta por su parte, pero debía aprovechar a preguntar siempre que lo viera con una sonrisa.
—Ve a arreglarte, ya es tarde— asentí y bajé la mirada, dispuesto a obedecer.
Iba a salir de la ducha, pero él me detuvo de nuevo. No podía evitar sentirme enojado, él estaba loco. Lo miré y él volvió a dejar un beso en mis labios. Uno corto, pero lo suficientemente dulce como para convencerme de cualquier tontería.
—Anda, ve— Dijo antes de dejar una caricia en mi mejilla.
Al salir, me rodeé el cuerpo con una bata mientras envolvía una toalla en mi cabello.
Nuevamente me había dejado con las ganas. Si esa era su forma de molestarme, lo había logrado.
Me entusiasmaba mucho la idea de que él podía hacer conmigo cualquier cosa y yo estaba dispuesto a dejarme llevar. Creo que el hecho de desconocer aquello de lo que es capaz de hacerme, me excita y me anima a desear más cercanía con él. En serio su tacto me hacía sentir bien. Repetiré hasta el fin de mis días que hacer eso conmigo no era fácil. Nadie nunca logró lo que él con tan solo unos días y un roce en la mejilla.
Me senté frente al espejo y procedí a secar mi cabello para luego plancharlo tal como él me lo pedía siempre. Por alguna razón, que no me explico, mi amo adoraba mi cabello lacio y sin vida.
Creo que mi aspecto le importaba más que a mí, pues ya que me había comprado muchísimos maquillajes, esmaltes de uñas, ropa, zapatos, collares y brazaletes.
Cada vez que volvía a casa, siempre me traía algo hermoso dentro de una bolsa con un símbolo de una marca que yo no podría pagar ni en un millón de años. Pero lo que más le importaba era mi aroma. En solo dos semanas había comprado infinidad de perfumes con fragancias dulces. No había día en que no me pidiera que los usara. Eran su adicción.
— ¿Ya terminas?— En unos minutos él estaba afuera de la ducha con una toalla rodeando su cintura.
—En un minuto, amo— de hecho ni siquiera había terminado de secar correctamente mi cabello.
— ¿Estás seguro?— soltó una leve risa y se acercó a mí. Sus manos se posaron en mi hombro— Será mejor que te apures un poco, pequeño.
—Sí, amo, no se preocupe.
Levanté un momento la mirada hacia el espejo y vi nuestra imagen reflejada. Él me acariciaba los hombros lentamente con una expresión parecida a preocupación.
Era la primera vez que lo veía así. Por momentos sentí algo de miedo.
—Luces encantador, pequeño— habló mientras fijaba su vista en la mía, a través del espejo.
— ¿Puedo preguntar algo?
—No, no puedes— me dio un beso en la mejilla—. Apresúrate—Moví mi cabeza positivamente y continué planchando mi cabello—. A propósito, te compré algo para que uses esta noche— mis ojos brillaron y un enorme alivio se hizo presente en mí.
— ¿Estaré vestido?
— ¡Claro que sí! No soy un ogro— Podía notarse el obvio sarcasmo en sus palabras.
Él se acercó a la cama y luego volvió a mí con una bolsa de color rojo con un moño de color celeste. Como si fuese un regalo.
Con una leve sonrisa tomé la bolsa y la abrí. Mi mueca de total satisfacción desapareció al ver tan solo una falda negra con bordes rosados. Una de esas faldas de tul y era exageradamente corta.
— ¿Una falda?— Alcé una ceja— ¿Solo usaré esto?
—No seas imbécil, pequeño. Esto también— Me entregó una caja y otra bolsa del mismo color, pero mucho más pequeña.
En la pequeña bolsa rosada había tiradores y un par de medias de red. Estaba comenzando a detestar esas mierdas como nunca antes. Mientras que, en la caja, había un par de zapatos de taco aguja. Unos hermosos zapatos de prostituta. La verdadera sorpresa era que no había ropa interior en ninguna de las mugrosas bolsas.
—¿Y? ¿Qué opinas?— lo miré con toda la seriedad posible. No había ánimos ni razones para agradecerle por esto— No te gustó, ¿verdad?
—Me esperaba otra cosa.
—Quisiera decir que me decepciona, pero no. Esto no es para ti, solo debes usarlo y punto— Sonrió—. Tú eres el regalo esta noche.
— ¿Qué?
—Sin preguntas. Pruébatelo, quiero verte— Mencionó antes de recostarse en la cama con total comodidad.
Me levanté de la silla y procedí a ponerle el diminuto disfraz. Él me miraba atentamente, sin borrar la sonrisa babosa de sus labios. De no ser porque su mirada me gustaba, en cierto modo, sé que habría intentado detener esa humillante situación. Bueno, es una posibilidad.
Al terminar de colocarme el traje, me miré en el espejo para acomodarlo un poco.
Luego lo miré a él y juro que casi comenzó a incomodarme que me viera tanto. No era su mirada lujuriosa, era una mirada cargada de decepción.
— ¿Hay algo malo?— Pregunté con cierta desconfianza.
—No. Luces maravilloso, pequeño— volvió a sonreír—. Maquíllate y ponte ese perfume con aroma a rosas que te compré el otro día.
—Quisiera preguntar algo, por favor.
— ¿Por qué sigues insistiendo?
—Prometo que no preguntaré nada personal— Él pareció pensarlo—. Por favor, amo— Insistí.
—Está bien, pregunta.
— ¿A usted le gusta?
— ¿Estás bromeando?— Alzó una ceja y rió.
—Solo quiero saber.
—Dios mío, pequeño— Se levantó de la cama y se acercó para apretar mi trasero con ambas manos—, dime que esa pregunta no fue en serio.
—Solo es curiosidad.
—Tu pregunta me sorprende. Eres precioso, niño y ya deberías estar enterado de eso— Me soltó—. Solo te pido que te perfumes y termines de arreglarte.
Volví a sentarme en la silla y a maquillarme. Él se me acercó una última vez y dejó un pequeño beso en mi cuello antes de salir de la habitación.
No supe exactamente lo que pretendía, pero por momentos tuve la sensación de que no era nada bueno. Esa molestia fuerte en el estómago que me daba a entender que las cosas iban a terminar mal.
Aún así, terminé de planchar mi cabello y maquillarme. Me levanté de la silla y me miré al espejo de nuevo, tratando de encontrar algún defecto que a él pudiese llegar a incomodarle.
Hace días hubiera estado abochornado, llorando al verme, pero con él no había necesidad de eso. Me hacía sentir bien conmigo mismo, me hacía sentir que era bello de alguna manera. Apreciaba aquello.
Como último toque, me coloqué esos hermosos zapatos que me daban miedo. Sí, me iba a joder los pies, pero debo admitir que no podían lucir mejor con ese traje.
Me avergonzaba admitir que todo lo que me importaba era gustarle a él. Ya ni siquiera me veía a mí mismo en el espejo, veía algo que yo debía pulir porque él quería. Eso sí que era decepcionante.
Finalmente, me eché un poco de perfume y coloqué un poco de brillo en los labios antes de salir de la habitación.
Me crucé con Kate en el pasillo. La vergüenza volvió a azotar mi mente de nuevo.
Ella me miró de pies a cabeza como siempre solía hacerlo y movió su cabeza negativamente. Había decepción en su rostro y eso me recordó a mi madre, y lo decepcionada que podría sentirse de mí si me viera de esa manera. Sentí como un gran golpe en el pecho… era como culpa.
— ¿Esto es en serio?—dijo luego de un suspiro— ¿Así de rápido dejas que te use?— no supe a lo que se refería, pero no me di tiempo de analizar sus palabras.
La ignoré tanto como pude y bajé las escaleras a toda velocidad.
—¡Pequeño!— mi amo me esperaba al final de las escaleras—. Luces encantador, mi pequeño— Esa sonrisa de oreja a oreja quitó toda pena de mi interior.
— ¿En serio?— Me extendió su mano y yo la tomé.
—De verdad— Respondió simplemente, luego de besar mi mejilla—. Sígueme— Él comenzó a caminar y yo lo seguía, bajando esa incómoda falda para ocultar mi propia vergüenza.
— Bien, escucha— Habló cuando entramos a la cocina—, hoy vendrá gente importante, así que necesito que seas lo más eficiente posible— Se sentó en una silla y palmeó sus piernas para que yo me sentara, así lo hice—. Cuando digo que seas eficiente, quiero decir que debes hacer todo lo que te pidan. No importa lo que sea, solo hazlo— Él me acarició el cabello con delicadeza. Junto a aquellas palabras, todo lucía aterrador—. Mi pequeño, luces precioso esta noche…
—Sí, amo— Dije sin más remedio.
Desvié mi mirada de la suya para observar a la mujer que se encontraba cocinando.
Ella parecía no notar que estábamos allí. Jamás le dirigí la palabra, ni ella a mí, pero me incomodaba el que fuera una mujer mayor.
— ¿Alguien que no soy yo llama tu atención?— Tomó mi rostro con brusquedad y volvió a buscar mi mirada.
—No, amo— Respondí de inmediato ante su mirada seria.
—Cuando mis invitados lleguen y estén en la mesa, quiero que lleves la cena y sirvas a todos y cada uno de ellos. Vas a quedarte allí y hacer todo lo que te pidan, ¿entendido?
—Sí, amo— Él no volvió a sonreír.
— Puedes levantarte— Obedecí—. Quédate aquí, llegarán muy pronto.
Mi amo se puso de pie y dejó una caricia en mi mejilla antes de salir de la cocina.
Allí me quedé, sentado en su lugar, en un completo silencio.
La mujer allí se volteó a verme en cuanto él se retiró. Ella era mayor, mucho mayor que cualquiera en esta casa. Se volvía incómodo el hecho de que nunca hayamos cruzado palabras o miradas.
Ella preparaba las exquisitas cenas que complacían tanto a mi amo como a mí.
Cocinaba de maravilla y sus postres hacían volar de placer a cualquiera.
Nunca supe su nombre, él no me permitía hablar con el resto de los empleados y tampoco me permitía preguntarle nada, así que me quedaba con la duda.
—¿Puedo preguntar que edad tienes?— Preguntó ella mientras apagaba el horno.
Yo no contesté, temía que mi amo entrara y me atrapara hablando con otro empleado. No temía por mí, sino por ella.
—¿Eres tímido o Thomas te ha prohibido hablar con los demás?— Prosiguió.
—Lo siento, él no me lo permite— Me moví para poder ver la puerta. Temí que él estuviera cerca.
—¿Le tienes miedo?— Ella soltó una leve risa.
—¿Usted no?
—Claro que no— Ella rió—. No tengas miedo, mientras más miedo le tengas más duro será contigo. La pobre Kate estuvo aterrada los primeros días. Tú te acostumbraste más rápido.
—¿Cómo que más rápido?
—Tú no pareces tenerle miedo. En serio parece que disfrutas de su cercanía— me moría de vergüenza en ese momento—. Eres adorable y él pudo notarlo. Le gusta estar contigo.
— ¿Usted cree?— No pude creer que sonreí, pero lo hice.
—Conozco a Thomas, sé lo que digo. El problema es que le cuesta ser demostrativo, pero no tardará en hacerlo.
— ¿Quién es usted?— Me sorprendió la forma en la que hablaba de él.
—Mi nombre es Agatha. Es un gusto conocerte al fin.
—Yo soy Bill— Ella me dedicó una sonrisa y yo se la devolví.
—Lo sé, Thomas me ha hablado de ti— Algo extraño pero hermoso se hizo presente en mi pecho.
—¿De verdad?— Pregunté, casi emocionado.
—Sí, de verdad, pero no puedo darte detalles— Mientras hablaba dejó una fuente de carne sobre la mesa—. Al final no me dijiste que edad tenías. Es lo único que no sé de ti.
—Tengo diecisiete. Cumpliré dieciocho en pocos meses.
—¿En serio?— Me miró sorprendida— ¡Eres apenas un niño! Creí que tenías tus buenos años.
—¿Usted trabaja aquí desde hace mucho tiempo?
—Desde que tú estabas en pañales, seguramente— Reímos— y puedo asegurar que, en todos estos años, nunca había visto a alguien como tú. Eres un muchacho más que especial.
—Gracias por eso, Agatha.
En aquel silencio, pudimos oír el timbre. Nos dedicamos una mirada fija. Ella volvió a sus tareas y yo me quedé paralizado. Me asustaba lo que sea que vaya a entrar por esa puerta.
—Ve a ver, creo que han llegado.
Me asomé por la puerta de la cocina y logré ver a dos personas ingresando al living.
Varias personas entraron, ninguna que yo haya visto anteriormente. Mi amo los recibió a todos con un fuerte abrazo y una gran sonrisa. Casi no parecía él.
Todos caminaron directamente hasta el comedor. Uno de ellos se veía mayor de edad, los otros tres parecían mucho más jóvenes.
—¿Y?— preguntó Agatha.
— Al parecer sí, ¿quienes son?
—Downey y sus hijos.
— ¿Y qué hacen aquí?
—El hombre mayor es Downey, es el socio de Thomas. No encontrarás un hombre más ambicioso que él. Es capaz de matar por unos euros, un completo desquiciado.
—No lo parece.
—No dejes que te engañe su apariencia. Parece un hombre de negocios, pero sus manos están manchadas de sangre— Tragué saliva con nerviosismo.
— ¿Y los muchachos?
—Bob y Charlie. Son como el agua y el aceite. Mientras Bob es reservado y tranquilo, el otro es un completo degenerado. Se ha aprovechado de Kate muchas veces cuando su padre lo trajo.
— ¿Y él lo permitió?
—Aún te queda mucho por conocer. Thomas no te ha mostrado su peor lado.
—¡Pequeño!— iba a preguntarle miles de cosas más, pero mi amo me reclamó.
Me acerqué a la mesa y tomé la perfecta bandeja con comida, listo para dirigirme hacia el comedor.
—Suerte, pequeño— me dijo ella con una sonrisa, antes de que yo saliera de la cocina.
Así caminé hacia mi amo, tan rápido como esos incómodos zapatos me lo permitieron. Al entrar al enorme comedor, me quedé paralizado. Tres pares de ojos clavados sobre mí, examinándome con detenimiento.
Un hombre bastante mayor, de cabellos cortos y castaños, acompañado de dos jóvenes bastante atractivos. Ambos muchachos tenían ojos claros, aunque no pude divisar con exactitud el color. Delgados, altos y de traje elegante. Ninguno de los tres parecía pasar hambre, pero sus miradas eran simplemente espeluznantes.
—Es toda una preciosura, ¿no crees?— Habló mi amo, dejando una caricia en mi cintura— Les presento a mi pequeño.
—Es mejor de lo que creía—Decía aquel hombre mayor, que no dejaba de mirarme—. Cuando me lo describiste lo creí casi irreal, no voy a mentirte. Me has sorprendido, Thomas. Es maravilloso.
—Puedes proceder a servir la comida— Sentenció mi amo. Así que procedí a hacerlo.
—Tenías razón. Es mejor de lo que esperaba.
—La calidad de mis productos nunca te decepcionará, Robert.
— Yo pienso que es excelente, pero es Charlie quien debe decidir— Todas las miradas se quedaron vigentes en uno de los muchachos.
El joven de cabellos cortos con facciones siniestras. Esperaban por su respuesta y este solo se dignaba a mirarme como un desquiciado. Era un chico bastante atractivo, pero tenía un rostro muy particular que no te daba confianza en lo absoluto. Era aterrador.
—Es perfecto— Sentenció, finalmente—. El solo verlo, puedo mentalizar cada cosa que haré con él. Muero por tenerlo en mi poder— Y de pronto sonrió. Una mueca de pesadilla.
—Thomas, no voy a cuestionar la calidad de tu producto, pero debo hacerte esta pregunta— Habló el hombre mayor—: ¿Por qué un precio tan elevado solo por una noche?
—Porque lo vale. Su cuerpo, su belleza y su pureza valen cada maldito euro. Nadie nunca lo ha tocado. Tan solo es un niño, un pequeño manojo de esperanza listo para ser pisoteado— Crucé miradas con mi amo, él me sonrió—. Es obediente, hará cualquier cosa que le pidas.
— ¿Te molesta si hago una prueba?
— Me ofendería si no lo hicieras— Sabía que intentaba desafiarme. Su sonrisa lo decía todo.
—Ven aquí, pequeño— tal como mi amo lo había hecho minutos atrás, dio palmadas en su regazo. Supuse que no tenía más opción y me senté en sus piernas—. Buen muchacho— El hombre me examinó con la mirada de pies a cabeza y dejó unas suaves caricias en mis piernas— Es un muchacho magnífico. Si mi hijo no te quiere, yo te tomaré con gusto— Apretó mi mejilla entre risas.
—Pequeño, quiero que le informes a mi invitado tu edad— Me ordenó mi amo.
— Tengo diecisiete— Hablé.
— ¡No lo creo!—rió— Pero si eres solo un niño.
No pude escribir el asco que sentí cuando comenzó a besarme el cuello. Una de sus manos subió por mis muslos hasta posarse en mi trasero. Tuve infinitas ganas de llorar, me esforcé por no mostrarme débil, pero en esta ocasión no deseaba para nada ser manoseado por ninguno de ellos. Era una sensación nauseabunda.
—Tranquilo, Robert no planea hacerte nada— Intentó tranquilizarme inútilmente mi amo.
—¿Acaso estás temblando? ¿Estás asustado?— Se rió de mí— En serio luces tan puro como él te describe.
—Es justo lo que necesito— Habló el mismo joven—. Lo quiero. No importa si es una noche, dos horas o cinco minutos. Quiero que sea mío.
—Será tuyo si tu padre accede al trato— No supe hacia donde desviar la mirada.
Todo me resultaba espantoso.
— Siempre tuviste lo que quisiste, Charlie— el hombre mayor me recorrió la espalda con su mano lentamente—. Si quieres a esta belleza, la tendrás.
El estómago me dio mil vueltas. Tenía ganas de echarme a llorar como un idiota.
Me provocaba un profundo rechazo el que este hombre me tocara, pero cuando mi amo lo hacía, no me sentía de esta forma. No lo entendía.
El hombre cortó un pedazo de carne y me lo acercó a la boca luego de pincharlo con el tenedor. Me quedé mirándolo un momento y luego di vuelta la cara hacia mi amo. EL hombre no se quedó atrás y tomó mi rostro bruscamente para volver a verme.
— ¿Qué pasa? ¿No tienes hambre?— Preguntó con una mueca maliciosa.
—No, ya he comido— traté de excusarme, pero él solo se río.
—Siempre hay espacio para un bocado más. No me obligues a ser malo contigo— los ojos se me llenaron de lágrimas a causa de la desesperación de no saber cómo escapar de esa situación—. Abre la boca, sé un buen chico.
—No quiero— no supe de donde, pero tomé fuerzas para enfrentarlo.
—Soy un hombre razonable, así que te propondré algo. Tú harás lo que te digo y yo seré bueno contigo. Sabes que seré tu amo en unos días y más te vale ir comprendiendo cómo actúo.
Esperaba que mi verdadero amo se levantara, que lo enfrentara, pero solo se quedó mirando la escena como el resto de las personas que estaban allí.
—Por favor, en serio no quiero— Intenté convencerlo.
—Pequeño—mi amo habló esta vez y lo miré—, no te atrevas a desobedecer mis órdenes. Debes hacerle caso a mi invitado.
Que putas ganas de salir corriendo de esa mierda de lugar, encerrarme y llorar hasta quedarme sin lágrimas. Que putas ganas de tener otra opción.
Comí el maldito pedazo de carne que ese tipo me había dado. Me sentía asqueado, sentía que todos mis esfuerzos eran en vano. Más que nunca quise huir de ese lugar, olvidarme de él, olvidarme de esa horrible experiencia. Creí que todo sería más fácil, pero no, él era un monstruo y yo no me daba cuenta.
—No era tan difícil, ¿verdad?—dijo el hombre, dejando una caricia en mi mejilla— Si sigues siendo así de obediente te trataremos bien.
Las lágrimas se me caían en un simple parpadeo. Mis mejillas se empaparon al instante. Quise correr a encerrarme, hacer mi equipaje y saltar por la ventana.
—Es suficiente. Vete de aquí, pequeño— Ordenó mi amo esta vez.
Tan rápido como pude me alejé de ese hombre y de esa habitación. Me introduje en la cocina y me senté en una silla, intentando controlar mis ganas de vomitar. Una arcada y devolví todo lo que había comido esa tarde.
Las lágrimas se me cayeron de inmediato. Me sentía terriblemente avergonzado.
No podía creer la espantosa situación en la que me encontraba.
¿Venderme? ¿Él iba a venderme a esos tipos? Iba a venderme como si fuese un objeto y estos tipos me iban a matar, seguramente.
No me hacía ilusiones, pero no creía que las intenciones de ese hombre fueran mejores que las que mi amo tenía para conmigo. No quería pasarla peor de lo que ya la estaba pasando, no quería sufrir de una peor manera de la que ya estaba sufriendo.
Pasé varios minutos desahogándome en la cocina. Varios minutos recordándome a mí mismo lo imbécil que fui al dejarme caer en sus manos. No deseaba nada más que morir en ese momento.
— ¡Pequeño!— Nuevamente su voz. Sequé mis lágrimas y suspiré profundamente antes de volver al comedor.
— ¿Sí, amo?
—Ahí estás— Tomó mi mano y la besó. Sentí un profundo rechazo—. Dale a Charlie un recorrido por la casa— El terrorífico muchacho se levantó de su silla—. Recuerda hacer todo lo que él te ordene— reprimí un gran «No» que quería salir de mi interior—. No quiero disturbios esta noche.
—Sí, amo— Respondí con desgano.
El joven se me acercó y sin apuros me rodeó la cintura, pegándome incómodamente a su cuerpo.
Sentí la necesidad de alejarlo. Deseé que mi amo fuera quien me aleje de este imbécil, pero ni siquiera prestó atención a la manera en que yo pedía auxilio en silencio. Es más, no le importaba. Yo no le importaba.
Junto a este muchacho, salimos del comedor. Él mismo comenzó a guiarme por las habitaciones hasta subir las escaleras. Sabía que su intención no era la de recorrer y conocer la casa. Estaba más que claro que la conocía mejor que yo.
—¿Te has puesto así de bello solo para recibirnos?— me susurró al oído mientras subíamos las escaleras— Me han dicho que eres un completo inexperto— Evité el contacto visual—. Lamento que esta no sea mi casa, pues en estos momentos estoy deseando hacerte mío.
—Tú lo dijiste: esta no es tu casa—me atreví a decir, a lo que él borró la bobalicona sonrisa de su rostro—. Ya puedes calmarte— Agregué.
Me sentí poderoso al dejarlo sin palabras. Me confié demasiado y lo subestimé. Todo parecía haber terminado allí nada más, así que cuando llegamos al segundo piso, me alejé completamente de su cuerpo.
—¿A dónde crees que vas?— Me tomó el brazo con fuerza al instante— ¿Recuerdas lo que tu amo ordenó? Debes hacer lo que yo te digo.
—No sigo órdenes de idiotas—intenté liberarme, pero no me lo permitió sino que apretó aún más fuerte— ¡Suéltame!— Lo enfrenté.
—No querrás que esto se ponga peor, pequeño.
—Mi nombre es Bill y no te tengo miedo— Bajó la cabeza, haciendo su mirada aún más aterradora, pero yo no le temía.
—Tú no eres nadie. Tus aires de grandeza durarán poco, primor. Debes comenzar a obedecer o no lo vas a pasar nada bien.
—Yo soy alguien que no te tiene miedo. Alguien que no te va a obedecer, ¿entendiste?— él pareció enojarse por mi actitud, así que con suma rapidez zarandeó mi cuerpo con fuerza y me aprisionó contra una pared— ¡No te atrevas a tocarme, desquiciado!— Lo amenacé.
—Yo podré ser un desquiciado, pero tú eres la puta que no entenderá nunca que nació para obedecer a otros— Le escupí en plena cara ante esas humillantes palabras—. No debiste hacer eso— me miró fijamente a los ojos, supuse que estaba en problemas.
Casi no logré ver ese momento en el que puso una navaja en mi garganta. Me quedé inmóvil y él lo aprovechó. Su mano tomó mi muñeca con fuerza y la llevó a su entrepierna. Comenzó a frotarse en mí descaradamente. No pude explicar el asco que sentía.
—Tú naciste para esto. Naciste para complacer a otros. Naciste para ser una puta, mi puta.
—Lo siento— Se detuvo para escucharme—. Lo siento, soy nuevo en esto y no estoy acostumbrado. Soy… soy virgen— Tuve su completa atención—. Tú eres muy atractivo y me pones nervioso.
— ¿Qué?— Preguntó, confundido.
—Mi amo me ha enseñado a disculparme, si quieres puedo hacerlo.
Él quedó completamente en silencio. Obviamente, yo solo busqué el momento exacto en distraerlo para salir de allí corriendo y encerrarme. Fue lo único que se me ocurrió para que esa navaja desapareciera.
— ¿Quieres disculparte?— Asentí y él sonrió ampliamente— ¿Por qué el repentino arrepentimiento?
—Porque en serio eres atractivo. Más que él— Logré convencerlo solo con eso. Sus aires de grandeza se elevaron hasta las nubes—. Lo siento… ¿cómo era tu nombre?
—Charlie.
—Charlie, lo siento— La navaja desapareció de mi cuello, pero aún estaba en su mano. No debía confiarme del todo.
—En serio me agradas, pequeño— mis brazos rodearon su cuello—. Deberíamos ser amigos.
— ¿Solo amigos? Hace un momento querías ser mi amo.
—Y lo seré— Sin previo aviso comenzó a besarme.
Se entretuvo con mis labios lo suficiente como para que yo pudiera alzar la pierna y darle un rodillazo. Él se encogió en el suelo y yo aproveché para correr. Poco duró mi estrategia, cuando él alcanzó a jalar mi tobillo y hacerme caer al suelo. En pocos segundos lo tenía sobre mi espalda.
— ¡Aléjate! ¡No!— Fue inútil gritar, mi amo no vendría por mí— ¡Maldito desquiciado!
— ¡Cierra la maldita boca!— Enredó su mano en mis cabellos y jaló con fuerza—
¡Defiéndete, puta! ¡Atrévete a defenderte ahora!— reprimí las lágrimas de dolor— Solo eres una pequeña puta asquerosa, ¿no es verdad?
En un momento me quedé inmóvil en el suelo. Aflojé mis fuerzas por escapar y él se rió de mí, pero me soltó el cabello. Esperaba que creyera que había ganado. Cayó como un imbécil. Yo no me rendiría.
Sus asquerosos labios recorrían mi cuello, lo humedecían sin pudor alguno. Solo esperé un momento, el momento en que mi cabello estuviese libre y cuando vi la oportunidad, alcé mi brazo y logré impactar mi puño en su cara.
Él cayó al suelo y yo me levanté. Corrí hasta encerrarme en una de las habitaciones. Una vez dentro coloqué el cerrojo y rogué porque ese psicópata se largara de una puta vez.
—¡Sal de ahí!— Oí sus gritos al otro lado de la puerta— ¡Vas a pagar esto! ¡Te vas a arrepentir, sucia perra!— suspiré calmando mi respiración.
Retrocedí ante cada insulto, temiendo que en cualquier momento entrara.
Procedí a darme la vuelta cuando me encontré más tranquilo. Con la mente más calma, me di cuenta de que me encontraba en un lugar que no esperaría ver en esa mansión.
Era habitación para niños. Había fotos, miles de fotos de una mujer rubia en las paredes. Aquellas fotos casi las cubrían por completo. Las miré una a una rápidamente.
Era la habitación más sencilla de todas, era simple y pequeña. Tenía una cama de una plaza y había varios trofeos, peluches, libros infantiles y algunos juguetes. Era literalmente una habitación para niños y ese niño me recordaba mucho a mi amo.
Vi una foto de la misma mujer que estaba en toda la pared, junto a ella había un pequeño con rastas doradas. Ese se parecía mucho a mi amo, no dudaba en que fuera él.
Me pasé varios minutos recorriendo aquella habitación, casi sin darme cuenta de que los gritos de Charlie habían cesado por completo.
Cada foto pegada en la pared, cada trofeo e incluso la graciosa imagen de balones de fútbol plasmada en el cubrecamas azul de la cama, todo me sorprendía. Todo era tan diferente al resto de la casa. Millones de interrogantes comenzaron a venir a mi mente rápidamente.
— ¡Se acabó la fiesta, retírense!— reconocí su voz al instante, la voz de mi amo al otro lado de la puerta.
Me acerqué inmediatamente y no dudé en abrirla, busqué estúpidamente su consuelo. Lo primero que me encontré fue su imponente imagen frente a mí. Él no parecía para nada contento y fue allí cuando me di cuenta de lo que acababa de hacer. Había cometido el peor de los errores. Aquella habitación no era solo una habitación, era aquel lugar al que yo nunca jamás debía entrar.
—Amo, yo…— antes de que pudiera decir algo más, me dio vuelta la cara de una tremenda bofetada.
— ¿¡Qué mierda acabas de hacer!?— Me gritó en la cara—. Te he pedido dos cosas, dos putas cosas, esta noche. ¿Tan pequeña es tu mente como para no entenderlo?— me tomó del cabello y de un simple jalón me tiró al suelo, fuera de la habitación— ¡No te mereces nada de lo que te he dado!— Mientras me encontré en el suelo, pateó mi estómago. Comencé a toser al faltarme el aire.
— ¡Lo siento, lo siento!— Dije, desesperado y entre lágrimas.
— ¿Por qué tienes que ser un pedazo de mierda malagradecido? ¿Por qué no puedes apreciar lo que hice por ti?— Se inclinó y pude ver su rostro con la expresión digna de una bestia—. Vas a sufrir, vas a arrepentirte de cada cosa que hagas.
—Por favor…
—Cierra esa sucia boca antes de que me arrepienta de verte con vida, pedazo de mierda— Ordenó con odio en sus palabras—. Voy a hacerte tanto daño que desearás estar muerto, porquería malagradecida.
Con sus propias manos rasgó la tela de ese diminuto traje hasta no dejar nada. El roce de aquellas telas me quemó la piel y lo peor fue que no hice nada al respecto. Lloré como si no tuviera más opción. No pude, no quise ni tampoco intenté defenderme de él.
Me jaló del cabello y prácticamente me arrastró por el pasillo. No me quejé en ningún momento, pero sí derramé lágrimas. Él abrió una puerta al final del pasillo y me lanzó allí como si fuera una bolsa de basura.
Había unos escalones antes de entrar, volé por el aire sin tocar los mismos y caí, dándome un fuerte golpe en la cabeza que me descolocó por completo.
— ¡Aprenderás por las malas!— Exclamó finalmente, para luego cerrar la puerta con un estruendoso golpe.
Al mirar a mi alrededor no vi más que oscuridad. Mi corazón comenzó a latir demasiado fuerte, odiaba los lugares pequeños y oscuros. Entré en pánico y corrí a la puerta, buscaba empujarla y golpearla como sea, pero no había manera de abrirla.
—¡No! ¡Amo!— me desesperé y comencé a gritar, aterrado— ¡Amo, por favor! ¡No me deje aquí, se lo ruego! ¡Perdóneme, por favor!
Grité toda la maldita noche, pero él jamás apareció. Estuve una hora pegado a la puerta gritándole para que viniera, pero no vino.
Tenía los nudillos y las rodillas destrozadas de tanto golpear la gruesa madera. Las uñas se me habían destrozado de tanto arañar al intentar escapar inútilmente. Al final caí rendido en el único rincón iluminado del lugar. Había una pequeña ventana en la que caía la luz de la luna y allí permanecí. Apenas podía respirar, estaba asustado.
Las horas pasaban y yo solo cerraba los ojos e imaginaba estar en otro lugar. No podía dormirme, temía que algo o alguien saliera de la oscuridad a hacerme daño.
Oía ruidos en algunas cajas que había allí abajo, supuse que eran ratas u otras alimañas. Las odiaba, odiaba la suciedad y ese lugar era un basurero.
La noche se hacía interminable. Estaba aterrado y deseaba salir de allí. Mi corazón se aceleró cuando oí el sonido de la puerta al abrirse.
—Pequeño— era Agatha, ella estaba en frente mío mirándome con todo el dolor del mundo plasmado en sus ojos azules.
No pude creerlo, era la misma mirada de mi madre cuando mi padre me golpeaba.
Esa mirada cargada de dolor. Sus ojos brillantes y tristes.
La abracé en cuanto ella se inclinó para verme mejor. Pude recordar a mi madre… la vi reflejada en ella. Agatha me cubrió la espalda con una manta mientras la abrazaba.
— Ayúdeme, por favor— Le rogué entre sollozos.
—Tranquilo, niño, todo está bien— Me acarició el cabello suavemente, así como mi madre solía hacerlo— ¿Pero qué fue lo que pasó?
—Me hizo daño— calmé mi llanto solo un momento para cubrir mi cuerpo con la manta nuevamente—. Entré en la habitación. No quise hacerlo, ese tipo me perseguía y quería hacerme daño y…— Mis lágrimas no me permitieron continuar.
Ella me acarició el rostro dulcemente.
—Está bien, cálmate— me susurró.
—Quise explicárselo, pero me golpeó y me dijo cosas horribles.
—¿Quién quiso hacerte daño?
—Ese tal Charlie. Le juro que yo no quise entrar ahí, no tuve más opción. No quería que ese idiota se aprovechara de mí, ni siquiera vi a dónde iba. Tenía miedo, fue un accidente.
—Ya estás a salvo, pequeño, tranquilo— Puso una charola frente a mí—. Mira, te traje algo para que comas. Prometo venir tan seguido como pueda y traerte algo de comida.
—¿M-mañana? ¿C-cuánto tiempo estaré aquí?
—No, no te desesperes. Él suele dejar aquí unos días a quien lo desobedece como castigo. Te aseguro que no te dejará tanto tiempo aquí.
—Me quiero ir de aquí, estoy asustado.
—No puedes salir de aquí, pequeño.
—Pero no quiero vivir con él, no es lo que yo creía— ella me abrazó con fuerza, como si en serio sintiera mi dolor—. Déjeme escapar, Agatha, por favor.
—Por más que quisiera, no puedo— Ella tomó mi rostro con ambas manos—. Pequeño, todos saben quién eres. Hay personas que pagarían por tu cabeza. Es muy peligroso allá afuera y no permitiré por nada en el mundo que salgas de aquí.
—¿De qué está hablando?
—Lo lamento, pequeño. Tú estarás aquí por un largo tiempo.
No podría describir la enorme tristeza dentro de mí. Abracé mi propio cuerpo y lloré como nunca antes. Estaba dolorido y asustado. Sé que ella no me mentiría, ella no era mala. Mi libertad había sido arrebatada, quizás para siempre.
—Quiero saberlo— Sentencié al mirarla.
— ¿Qué quieres saber?
—Esa habitación. Quiero saber por qué no puedo estar allí. Quiero saber quién es él, quiero saber qué son esas fotos. Necesito saberlo.
—Ese era su cuarto cuando él era un niño. Si él está en la casa y no lo ves rondar por los pasillos es porque está metido allí. La mujer de las fotos era su madre y ese pequeño cuarto es el corazón de esta casa. Thomas jamás habla sobre su vida privada y alguna vez tuvo mi confianza, así que te pediré que no le digas que yo estuve aquí y mucho menos que te hablé de su vida.
—Confíe en mí, no lo haré.
Ella dejó un beso en mi frente y se levantó sin decir más.
Miré en el suelo un plato con ensalada, un yogur y una botella de agua. Cuando se retiró me abalancé sobre el plato y no dejé absolutamente nada allí. No creía que él vaya a dejarme varios días allí, pero mientras más lejos esté de esa bestia, mejor.
Tenía verdaderas ganas de escapar de ese lugar y sabía que lo haría en cuanto tuviera la oportunidad. A la mierda mi oportunidad de ganarme su confianza, a la mierda su manera de subirme el autoestima, a la mierda todo. Ya no quería pasar ni un solo día de mi vida junto a otro monstruo.
Continúa…
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