«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 7

Cerré la puerta de mi habitación y caminé por el pasillo. Bajé las escaleras cabizbajo y me detuve en el principio de ellas al ver a mi amo en la entrada, junto con ese aterrador hombre y sus dos hijos.

Una voz en mi cabeza me rogaba que volviera a subir las escaleras y me encerrara de nuevo en cualquier maldito lugar de esa casa.

No avances, no vayas hasta él. No lo hagas, repetía en mi mente.

¿Qué importó? Avancé hasta él, intentando ignorar que tenía la mirada de todos sobre mí. Me pegué al cuerpo de mi amo con fuerza y él me abrazó dejando salir una leve risa. Era la última oportunidad de convencerlo, de rogarle que lo piense.

— ¿Cómo lograste eso?—Preguntó el hombre, examinándome de pies a cabeza— ¿Castigo o premio?— ambos rieron, pero mi amo no me dejó ir en ningún momento, era como si planeara no soltarme nunca y eso me daba confianza.

—Castigo— Respondió mi amo para luego dejar un beso en mi frente—. Estoy dudando en venderlo. Aún es un niño y estaba pensando en esperar unos meses más. No sé si quiero dejarlo ir ahora.

—Si temes por no recuperarlo, no te preocupes, volverá con vida.

—Imagino que así será.

—Mis muchachos y yo cuidaremos de él si así lo deseas. Nada de golpes— Este hombre en serio estaba interesado en sacarme de aquí.

—Jamás impediría que alguien lo golpee, eso le enseñará a comportarse y apoyo eso.

—¿Entonces cuál es el problema?

—Ni siquiera tiene dieciocho años, Robert. Aún es un niño y es puro. No sé si quiero vender algo tan valioso— Levanté la mirada hacia él—. Es mi pequeño después de todo— Había algo que no encajaba allí. No había comprensión alguna en sus ojos.

—Le prometí a mi muchacho que esta belleza sería su regalo. No se cumplen veintiún años todos los días— Insistía el hombre.

—Creo que quiero pensarlo un poco más. Puedes cumplir muchos años más, pero alguien como mi pequeño sería muy difícil de encontrar y no sé si quiero desperdiciarlo.

—Estoy dispuesto a pagar el doble de lo que pides.

—Amo, no— le susurré—. Por favor…— Me amo me alejó de su cuerpo.

Eso era todo lo que quería, más dinero. No le importó lo que pudiese llegar a pasarme en manos de estas personas, solo le importaban los sucios billetes.

—Por el doble no lo pensaría tanto— Sentenció mi amo finalmente.

—Es un trato.

Ambos se dieron un apretón de manos y yo sentí como todo lo que había dentro de mí se derrumbaba en un abrir y cerrar de ojos.

Charlie avanzó y rodeó mis hombros con su brazo, sin importar que mi amo estuviese junto a mí y me guió para salir de la casa, mientras ellos nos seguían.

Volví a mirar a mi amo con la esperanza de que se apiadara de mí, pero él estaba concentrado en hablar con el padre de este engendro.

—Por fin puedo verte otra vez— Me susurró el tipo al oído—. Estuve esperando ansioso este momento, pequeño.

—Mi nombre es Bill.

— ¿Qué importa? Soy tu amo ahora. Puedo llamarte como se me dé la gana.

—Nunca serás mi amo.

Ese fue el fin de nuestra conversación, pues él guardó su ira. Cruzamos el enorme jardín hasta la entrada, donde se encontraba una camioneta de vidrios polarizados y unos cuantos tipos a su alrededor. Al fin, este hombre y mi amo se dieron otro apretón de manos.

—Sube, pequeño— Me ordenó Charlie.

Yo lo miré a mi amo, esperando que él notara mi existencia. Daba lo que sea porque se acercara, que cancelara todo y me dejara quedarme allí con él.

¿Por qué te quedas allí con esa cara de imbécil? ¡Ven por mí, sácame de esto en lo que me has metido y no dejes que estos hijos de puta me lleven! ¡Ayúdame, por favor! ¡Daría cualquier cosa con tal de importarte al menos un poco!

—Será mejor que subas— Habló por primera vez el otro joven que se mantuvo en silencio—. No querrás verlo enojado.

Subí al auto sin quitar mi mirada de ese muchacho. Charlie y él subieron uno a cada lado y yo quedé en medio. El hombre que hablaba con mi amo se sentó en el asiento del acompañante.

Una vez, arriba, miré por la ventanilla como estaba él allí parado, observando con una expresión que variaba entre tristeza y preocupación. Una expresión que hubiese querido ver en él minutos atrás. Una sincera mueca que me demostrara que yo le importaba en algo.

Sé que él no podía verme, pero rogué en mi mente que hiciera algo al respecto. Al final, su imagen desapareció cuando el auto se puso en marcha.

—Me encargaré de que no vuelvas a extrañarlo— Habló Charlie antes de encender un cigarrillo—. Estás en buenas manos— Agregó para luego posar una de sus manos en mi pierna.

Charlie y su padre compartieron una risa, solo ellos. El único que no decía palabra alguna era el otro joven. Éste estaba serio mirando hacia el frente, desde lejos se notaban sus ojos azules. Enormes y brillantes como el cielo, casi tan lindos como los de su hermano.

—Podrías aprovechar para usar la piscina, la cancha de tenis y la sala de proyección. Será una noche muy larga, Charlie, aprovéchala.

—Patético— Susurré sin esperanzas de ser escuchado.

— ¿Hay algo que quieras compartir en voz alta, pequeño?— Preguntó Charlie.

—Ustedes son patéticos, ¿qué quieren compensar con tantos lujos?

—¿Compensar algo como qué?— Sentí su voz cada vez más cerca de mi oído.

—El tamaño de tu pene, por ejemplo.

El corazón se me salió del pecho al sentir repentinamente su mano enredarse en mi cabello. Su rostro se acercó al mío y solo le bastó una mirada para dejarme en silencio, tragándome mi valentía en un instante.

—Estoy aquí, Charlie— Habló el otro muchacho—, teníamos un trato— Aflojó el agarre y se calmó un poco.

Me la pasé en silencio todo el viaje hasta llegar a la gran mansión, acorralado entre ellos dos. Uno de ellos estaba en silencio, el otro se la pasaba tocándome con descaro.

Al bajar del auto, Charlie me rodeó la cintura, aprisionando mi cuerpo contra el suyo. Parecía no querer soltarme nunca. Y pensar que podría haber escapado de un solo golpe…

Era demasiado peligroso intentar huir de ese lugar. La entrada estaba llena de guardias armados y si trataba de irme, no dudaba en que me cortarían la garganta o me dispararían.

Entramos en la mansión y mis ojos se perdieron en las dos grandes escaleras que daban hacia el piso de arriba. Era una mansión hermosa, los sirvientes iban y venían desesperados, limpiando todo lo que tenían a su paso. Era enorme y majestuosa, pero no tanto como la de mi amo.

— ¡Al fin! Cariño, creí que nunca llegarías— una bellísima mujer se acercó al hombre mayor y lo besó en los labios—. Tengo grandes noticias para ti— Antes de terminar su frase me dedicó una mirada. Su sonrisa se expandió— ¿Es él?

—Sí, es él— Respondió él—. El pequeño está con nosotros.

—No puedo creerlo. Es todo lo que tú me habías dicho— Ella me acarició el rostro—. Se ve tan dulce y tan hermoso.

— Lo es. Es hermoso.

— ¿Cómo es que fue a parar a sus manos? Él es muy cruel como para tener algo tan valioso.

—Simplemente cayó del cielo un día. Como un angelito.

—Eres un milagro viviente, pequeño. Eres una mina de oro— Me apretó la mejilla y yo alejé mi rostro de sus manos.

—Lamentablemente no podemos hacer dinero con él. Solo por esta noche le pertenece a Charlie. Pronto será tuyo, lo prometo, preciosa— Dijo Robert antes de dejar un beso en los labios de ella.

—Dime algo, preciosura, ¿cuál es tu verdadero nombre?— Me preguntó, a lo cual guardé en silencio— Vamos, no seas tímido. Puedes confiar en mí.

Ella puso una expresión seria ante mi silencio. No le agradó en lo absoluto que yo no contestara. Se notaba que no estaba acostumbrada a ser ignorada.

—No te preocupes, amor— Habló Downey—, necesita un poco de disciplina. Se ha acostumbrado a su amo y no quería venir con nosotros.

—Nosotros hubiéramos hecho grandes cosas con esta belleza en nuestras manos. Es una lástima que viva con él.

—Lo mejor es que es puro, por eso vale tanto dinero.

—Me lo imaginaba. Para nada se ve contento de estar aquí.

—A penas es un niño, pero va a comprender por las buenas o las malas que debe crecer muy pronto.

—Me hubiese encantado acompañarte aquel día. Estoy segura de que el amo lo cuida como si fuese oro.

—Ciertamente lo es. Ha costado el doble de lo planeado, pero no hay nada suyo que yo no pueda tener.

—Tienes suerte, Charlie— La mujer se dirigió a su hijo y le besó la frente—. Disfrútalo, hijo, no siempre se puede tener una belleza así.

—Tengo un padre más que generoso— Rápidamente plasmó un beso en mi cuello, a lo que ladeé la cabeza, intentando evitarlo—. Quisiera que se comportara para tener que evitar destruir algo tan hermoso.

—Bob, puedes llevártelo— Sentenció el hombre mayor.

El muchacho más silencioso tomó mi muñeca y comenzó a caminar hasta las escaleras. Sin protesta alguna, lo seguí mientras las subía. Cualquier cosa era mejor que estar cerca del psicópata de su hermano.

Este tal Bob, no me dirigió la palabra en ningún momento ni tampoco me dedicó una mirada.

Caminamos por los pasillos de la lujosa planta superior y él abrió una de las tantísimas puertas. Me dio el paso para dejarme entrar primero y así lo hice.

Entré a la habitación en silencio y un fuerte golpe me hizo girarme de pronto. El tipo había cerrado la puerta a lo bruto. Se apoyó en la misma y se quedó cruzado de brazos, mirando al suelo.

Hubo un largo rato de silencio entre los dos, hasta que él logró levantar la mirada. Tenía unos ojos encantadores y solo me limité a observarlo hasta encontrar aquello que tanto pensaba.

Era un muchacho de prominente altura, mucho más alto que su hermano. Tenía el cabello largo y negro, hasta los hombros. Era tan delgado y su piel era tan blanca que hasta daba la impresión de estar enfermo. Al ser tan pálido, sus ojeras resaltaban en su fino rostro.

— ¿Estás bien?— Me atreví a preguntar.

—No— Sentenció, molesto— ¡No, no estoy bien!— Le dio un puñetazo a la pared y retrocedí, asustado— ¿¡Por qué!?

—O- oye, tranquilízate— Titubeé, al sentirme nervioso.

— ¿Sabes lo que van a hacerte?— Se volteó a verme— ¿Tienes idea de lo que mi hermano planea hacer contigo?

—Algo puedo imaginarme.

—Tú no deberías estar aquí.

—Lo sé.

—Perdóname, por favor— Fue como una patada al pecho verlo a los ojos—. Te juro que no tengo nada que ver en esto, yo no quiero esto para ti— Algunas lágrimas parecían agolparse en su mirada al intentar hablar.

—Tú no eres como ellos, ¿verdad?— pregunté al acercarme con lentitud.

Él no parecía peligroso. Había logrado conmoverme con unas pocas palabras y una mirada cargada de buenas intenciones.

—Por supuesto que no— suspiró y bajó la mirada—. Lo lamento, en serio. De verdad no quiero esto para ti, ni para nadie.

—Está bien, te creo—Intenté tranquilizarlo.

Una vez que pareció calmarse, sonrió de lado. Tal vez, comprendiendo que yo no le tenía miedo.

Era la primera vez que lo veía sonreír y era encantador. Me hubiera quedado mirándolo así todo el tiempo que sea necesario hasta darme cuenta de que era una persona real porque era inmensamente bello.

— ¿Cuál es tu nombre?— Preguntó.

—Soy Bill— Me atreví a sonreír— ¿Tú eres Bob?

—Así es— Compartió mi sonrisa.

—¿Qué edad tienes?

—Veintidós—Era increíble la forma en que su mirada lograba cautivarme en un instante—. Creí haber oído que tenías diecisiete.

—Es cierto.

—Aún eres menor de edad— Soltó con cierta molestia— ¿Qué haces con él?

— ¿Con quién?

—Con Thomas ¿Qué haces en su casa?

—Hago lo que él me pida.

— ¿Te ha golpeado?

—Sí, la última vez— Recordé aquello con amargura y suspiré—. Me encerró en un sótano sucio durante días— Él seguía mirándome, como esperando que dijera algo más, así que continué—. Desde esa noche en que ustedes fueron, estuve encerrado. Solo hoy pude salir.

—Si yo fuera él, juro que todo sería muy diferente.

— ¿Cómo que diferente?

—Te trataría mejor, por ejemplo. Dejaría de ser tan imbécil y comprendería que todos somos iguales— Sé que no es correcto, pero por un instante me molestó que hablara mal de mi amo.

—Tú en serio no eres como ellos— Sentencié.

—Consideraré eso como un halago— Se sentó en la cama y volvió a sonreír—. Desearía poder sacarte de aquí, ¿sabes?

—¿No puedes?

—No puedo enfrentar a mi familia yo solo. Morirías antes de cruzar la puerta.

—Al menos lo intentas— Me atreví a sentarme a su lado—. Eres el único que, al menos, ha hecho eso por mí.

— ¿Puedo preguntar cómo es que llegaste a parar en manos de alguien como él?

—Mi padre asesinó a mi madre y a mi hermanita menor mientras yo no estaba en casa. Estoy seguro de que él me está buscando y necesitaba escapar. Un amigo de mi madre me trajo hasta aquí y planeaba escapar pero me atacaron. Él me encontró, me ofreció trabajo y yo como un idiota le creí— Bajé la mirada, avergonzado—. No sé qué mierda estoy haciendo con mi vida.

— ¿De verdad no tienes a nadie?— Moví negativamente mi cabeza y sentí su mano fría tomar la mía— Bueno, me tienes a mí ahora— Retiré mi mano lentamente, sin poder evitar sentirme incómodo.

—Ni siquiera te conozco.

—Yo tampoco te conozco a ti, pero en verdad quiero ayudarte— No puedo creer lo mucho que su sonrisa me inspiraba confianza—. Pero pienso: ¿Es realmente necesario que sufras tanto?

—No lo creo.

—¡Claro que no!— Él volvió a tomar mi mano— Créeme, solo quiero ayudar.

—No creo que haya forma de ayudarme.

—Dame una oportunidad. Yo puedo ser diferente al resto— Se puso de pie—. Detesto interrumpir este momento, pero me matarán si no bajas pronto— Se dirigió hasta el armario y lo abrió, dejando a la vista una incontable cantidad de trajes—. Tienes que elegir uno.

— ¿Tengo qué?

—Nos cortaran los huevos si no te dejo ir y créeme que no quiero que te vayas.

—¿Cuál es más difícil de quitar?— Incluso en esas circunstancias, pudimos reír juntos.

—Están hechos para que no sean necesario quitarlos ¿Recuerdas este?— Sacó un traje que consistía en una diminuta falda con tirantes— Usaste uno idéntico en la cena— claro que lo recordaba—. Lucías muy bien con él.

—Estas cosas son el sueño de un degenerado ¿Coleccionas esos trajes?

— ¿Coleccionarlos? Yo los hago— Dijo, orgulloso—. Puede que te parezca extraño, sobre todo por la «profesión» de mis padres, pero esto es lo único que sé hacer bien. Alimento sus más inmundas fantasías. Envuelvo a sus presas como regalos.

—Ignorando el hecho de que tengo que usarlos en contra de mi voluntad, creo que son lindos.

Era cierto, en verdad eran unos trajes preciosos. Comenzando con un simple corsé, podía crear muchos estilos diferentes. Definitivamente, este muchacho tenía creatividad. Sí admito que no deseaba probarme ninguno de ellos, pero en cualquier otra persona podrían haber quedado maravillosos.

—¿Por qué no te pruebas algunos?— tomó unos cuantos y los depositó sobre la cama— Puedo retirarme, si quieres.

— ¿Para qué? No verás nada que no hayas visto en esa cena— Él entonces rió y yo me deshice de mi chaqueta.

—Puedo voltearme si quieres.

—Puedes voltearte si quieres— Nos mantuvimos con la mirada fija uno con el otro. Él solo sonreía.

—No quiero— Respondió finalmente, sin borrar su sonrisa.

Miré los trajes uno por uno. No podía imaginar ninguno de ellos sobre mí, pero no tenía más opción que elegir uno.

Había uno que no se veía tan terrible. Este era un pequeño bóxer de cuero negro y tenía cremalleras en las peores partes. Había un corsé del mismo color, con un decorado de rosas rojas por todo el torso.

A pesar de no haberlo pedido, él se dio la vuelta para evitar verme. Yo procedí a cambiarme de ropa. Su presencia no me importaba para nada. Su acto de buena persona era inútil, pues me observaba a través del espejo.

Repasé mi imagen en el espejo una vez que terminé de cambiarme de ropa. El corsé no estaba amarrado, así que decidí recurrir a él para eso.

—¿Te molestaría darme una mano con esto?— Él se levantó y se paró detrás de mí y ajustó la prenda.

—Te queda perfecto— Lo miré a través de el espejo—. Imaginaba a alguien como tú cuando lo diseñé.

Se paró frente a mí y me miró de pies a cabeza. Su mirada no me ponía para nada incómodo. Por momentos lo sentí agradable.

— ¿Hay algo malo?— Pregunté ante su silencio.

—No, para nada, luces muy bien. Solo creo que faltan algunos detalles para que no se vea tan sencillo.

Sin dar más explicación, sacó unas cuantas cajas del armario y empezó a revisarlas apresuradamente. El solo ver unas largas botas con unos tacos que daban miedo retrocedí.

—No querrás que use eso.

— ¿Por qué no?— Continuó buscando y se levantó por fin, con otra caja más pequeña en sus manos— Esto será suficiente.

—Son demasiado altas.

— ¿Y qué? Vas a lucir bien con ellas— Me las entregó con una sonrisa. De no ser por su dulce expresión, creo que las habría rechazado.

Me senté en la cama y me las coloqué como pude. Nunca había usado algo así y jamás creí que lo haría. Mientras pensaba en una forma sencilla de ponerme de pie sin caer, él se posicionó detrás de mí y colocó en mi cuello un collar.

— ¿Debería preocuparme por esta situación?— Toqué el collar una vez en mi cuello y volví a verme al espejo. Era un collar de cuero con algunas cadenas colgando.

—Sí, deberías.

Bob caminó hasta posarse nuevamente frente a mí. Seguía observando cada detalle en el traje, como buscando alguna falla.

Dio un par de pasos hacia atrás y dejó salir una extensa sonrisa. Parecía estar conforme. En serio me agradaba su mirada. En serio no parecía alguien a quien le interese hacerme daño y aquello era suficiente como para inspirarme confianza.

—Ponte de pie, déjame verte mejor— Accedí a aquello.

Avancé, dejé que él diera vueltas a mi alrededor para admirarme un poco más. Todo parecía más que normal, hasta que dejó de observar el traje para centrarse en mis ojos. Por momentos me estremeció su sonrisa. Me recordaba a otra mirada que había visto antes. Una mirada que minutos atrás me aterraba.

— ¿Cómo luzco?— Pregunté, intentando borrar esa expresión de su rostro que comenzaba a incomodar.

—Perfecto— Sentenció, acariciando las cadenas del collar que había puesto en mi cuello minutos atrás—. Es increíble. Eres exactamente lo que imaginaba.

— ¿Lo que imaginabas?— Nuevamente se fijó en mis ojos.

—Hay algo en ti que no encontraría en nadie más.

—¿Qué?

—Pureza. Eso es algo en ti que intentarán robarte siempre y nunca podrán— Sus dedos recorrieron mi hombro y mi brazo hasta tomar mi mano con delicadeza—. Sé que te costará lo que voy a pedirte, pero debes hacerlo— Posó su mano en mi mejilla con toda confianza— : Cuando estés allí adentro, haz todo lo que Charlie te pida. Sé que será difícil, pero si no lo haces van a hacerte mucho daño.

— ¿Por qué me dices esto?

—Es todo lo que puedo hacer por ti. Me avergüenza ser parte de toda esto, pero no existe otra forma en que pueda ayudarte. Créeme que lo lamento.

—Sé que no será tu culpa, está bien.

Yo puse mi mano sobre la suya sin decir ni una palabra y él entendió todo tan solo con mirarme. A los pocos segundos, sus labios se habían pegado a los míos con intensidad. En vez de evitar aquello me abracé a su cuello.

¿Cómo podría explicar lo que pasó conmigo al momento en que él me besó? Mi corazón se aceleró de repente y el deseo de sentir a aquel muchacho cerca de mí se intensificó.

Ya lo sé, con suerte conocía su nombre. No sabía si mentía al decirme que no quería hacerme daño, pero confié ciegamente en él. Algo en mi mente me decía que no tuviera miedo, que aquel chico no era peligroso.

—Espera, van a matarme por esto— susurró al momento en que nuestros labios se separaron.

—También a mí— Susurré entre risas.

Sus brazos rodearon mi cintura y me arrojó, con el peso de su cuerpo, sobre aquella cama antes de volver a besarme con mucha más intensidad que antes.

Creí que no iba a volver a sentir algo como eso nunca más. Llegué a pensar que el único que podría provocar sensaciones como estas en mí, era mi amo. No pude creerlo, había otra persona sobre mí que me besaba, me acariciaba y me volvía completamente loco. No había forma en que me sintiera más cómodo. Deseaba quedarme entre sus brazos una eternidad.

—Nos van a matar, Bill— Repitió en cierto modo divertido mientras repartía besos cortos en mis labios.

—Nunca lo sabrán— acaricié su rostro antes de apoderarme yo de sus labios.

Mis piernas se rodearon a su cintura casi sin darme cuenta. Lo tenía sobre mí, devorándome de una manera salvaje, como si no hubiese nadie más detrás de esa puerta. Como si el peligro no se encontrara a unos metros de distancia. Nada pareció importarle, tampoco a mí.

Quisiera no sentirme culpable por admitir que pensé en mi amo y en esa forma de poseerme que era casi parecida a la de Bob. Dije «casi» por el simple hecho de que había una que me gustaba más que la otra.

Sus besos no eran igual de bruscos, ni tampoco sus caricias, pero había algo en Bob que me hacía querer ir más lejos. Esa misma ansiedad que invadía mi cuerpo cuando estaba a solas con mi amo. Exactamente el mismo sentimiento, el mismo cosquilleo en el estómago, el mismo inmenso placer, el mismo deseo…

Ni siquiera tomé en cuenta quién era Bob o a dónde pertenecía, todo mágicamente despareció cuando su cuerpo se frotó sobre el mío hasta casi arrastrarme por las sábanas.

Me agradaba el ardor de sus besos, el roce de su piel sobre la mía, sus suspiros agitados. Todo de él me gustaba y mucho.

Quisiera que aquello no hubiese terminado ahí, ¿pero qué más opción había? Teníamos que volver al mundo real del cual me olvidé al caer en sus brazos.

Unos golpes en la puerta lo hicieron levantarse de la cama de un salto. Yo intenté imitarlo, asustado, y caí al suelo gracias a mi torpeza. Él iba a girarse para ayudarme, pero en vez de hacerlo, abrió la puerta solo lo suficiente como para ver de quien se trataba.

— ¿Ya está listo?— La voz de su hermano.

—Sí, ¿quieres pasar?— Preguntó Bob.

Luego de varios segundos de silencio, la puerta se abrió por completo. Bob dio un paso hacia el costado y Charlie entró a la habitación. Me puse de pie y retrocedí al cruzar nuevamente con esa mirada que me volvía de una patada a la pesadilla que parecía no tener fin.

—Es perfecto— Sentenció con una espeluznante sonrisa—. Bob, haces maravillas, hermano.

Bob se quedó observándome en silencio, casi con una expresión que denotaba tristeza.

Charlie me rodeó mi cintura con brusquedad y giré mi rostro antes de que pudiese rozarme con sus labios.

—No, Charlie, aquí no— Aflojó el agarre de mi cintura ante la petición de su hermano.

En silencio, me guió hasta salir de la entrada de la habitación, donde su hermano se encontraba cruzado de brazos.

—Algún día crecerás, Bob y te darás cuenta de por qué estamos aquí— Dejó una palmada en la mejilla de éste y me llevó por el pasillo.

Me giré infinidad de veces para localizar los ojos azules de Bob, pero era inútil porque él ya no estaba allí. Ahora me encontraba en los brazos de ese loco, quien me rozaba el oído con sus labios dejando escapar sobre mí ese aliento que, en ese momento, me dio asco. Deseaba volver a la habitación en la que me encontraba minutos atrás, allí estaba seguro. Bueno, al menos así me sentí entre los brazos del otro chico.

—Entra— Me ordenó luego de abrir una puerta.

Luego de un largo suspiro, decidí obedecer. Quise recordar lo que Bob me había dicho que hiciera y hacerle caso. Él sabía mucho más que yo en lo que me acababa de meter.

Aquella habitación me recordó a la que mi amo me había asignado el primer día. Era enorme, había un espejo en el techo, las sábanas en color rojo, una cama de dos plazas y lámparas finas en las paredes. Era casi idéntica, pero la tensión en el ambiente me hacía desear estar en cualquier otro lugar.

Charlie caminó alrededor mío, me observó de pies a cabeza y se relamió los labios. Sentí unas inmensas ganas de vomitar, las náuseas se hacían presentes con solo verlo. Tuve miedo, pero debía recordar lo que Bob me había dicho.

Se acercó hacia una pequeña mesa en la que descansaba una botella de champán en un bote de hielo. Sin siquiera mirarme, sirvió dos copas y volvió a mí para entregarme una.

Hacer todo lo que él me pida, hacer todo lo que él me pida…

Tomé la fina copa de cristal, evitando contacto visual con él. En serio, su mirada era tan profunda y maligna que era imposible mirarlo por más de dos segundos sin sentir que tu vida corre peligro.

—Te prometo que esta será la noche más divertida de tu vida— Acarició mi mentón—. Hay algo que debes saber, pequeño: si quieres divertirte, tendrás que ser obediente.

—No hay forma en que tú me puedas entretener.

—Cuéntame, ¿qué sería divertido para ti?

—En estos momentos, que algo muy malo te pase.

—Creo que tendré que divertirme solo entonces— Retrocedí en cuanto se acercó. Mi espalda quedó pegada a la pared—. Parece que nunca vas a aprender a obedecer.

Hacer todo lo que él diga…

—No es a ti a quien tengo que obedecer— Lo enfrenté de todas formas.

¿Hacer todo lo que él diga?

—Retirarás tus palabras ahora— Su tono de voz cambió. De pronto, parecía estar enojado.

Lo siento, Bob.

— ¿Por qué debería hacerlo?

—Porque yo soy tu amo y tú eres mi puta ahora, pequeño.

Él no es mi amo.

Aunque sabía que estaba atrapado, sus amenazas no me causaron miedo alguno por eso fue que, en un rápido movimiento, dejé vacía la copa en mi mano y derramé todo el líquido en su rostro.

—¡Tú no eres mi amo!— Aún limpiando el líquido de su cara, me proporcionó una bofetada que me hizo girar la el rostro.

— ¿Qué es lo que más te molesta?— Gruñó al enredar mis cabellos a su mano— ¿Te molesta saber que yo soy tu amo o que eres una puta?— Sacudió su brazo y yo me aferré a él, intentando detenerlo— ¡Discúlpate!

Guardé silencio. Mi orgullo parecía ser más grande que mi miedo.

Al no obtener respuesta, él vació el champán de su copa sobre mi rostro y aferró aquella mano a mi mandíbula con fuerza, casi sentí que iba a salirse de lugar.

—Discúlpate con tu amo— Insistió.

—Tú no eres mi amo— Su mano dejó libre mis cabellos para impactar en mi estómago con un fuerte puñetazo que me sacó todo al aire en un instante.

— ¿Cuál es tu problema, pequeño?— Caí al suelo, agarrándome el estómago e intentando recuperar el aire— Ahora estás en mi casa, eres de mi propiedad— Volvió a jalar mi cabello y alzó mi cabeza—. Supéralo. No tienes más opción que obedecer.

—Nunca voy a obedecerte— Como la bestia que era, me dio un puñetazo en el rostro. Mis labios sangraron de inmediato.

Me arrojó al suelo, zarandeando mis cabellos con violencia. Caí boca arriba y a los pocos segundos el muy hijo de puta ya estaba sobre mí. Quiso besarme, quiso tocarme, pero seguí resistiéndome.

Aunque él fuera más fuerte que yo, no me asusté. No temí al momento en que me libré una de mis manos y le arañé la cara de lado a lado. Él cayó al suelo, tapándose el rostro, dándome tiempo de levantarme y salir de esa inmunda habitación.

No pude de quitarme esos malditos tacos, pero intenté correr tan lejos como me fuera posible.

Mi torpeza me jugó una mala pasada cuando resbalé casi a mitad de las escaleras y rodé hasta el final. Sentí la peor punzada de mi vida recorrer mi espalda y los insaciables bombeos en mi cabeza que no me permitían más que soltar lágrimas de desesperación. No me alerté de cuanta gente había allí cuando, aún dolorido, me arrastré hacia la puerta de la entrada.

Me detuve y levanté la mirada al encontrarme con unos zapatos de cuero negro. Aquella pesadilla nunca terminaría. Frente a mí, estaba ahora el ser más repugnante que haya podido cruzarme en mi vida. Aquel hombre que no cargaba más que odio en su mirada.

Downey me miraba con superioridad, moviendo su cabeza negativamente. Yo retrocedí como pude hasta que se inclinó levemente y me tomó el mentón. Entonces me detuve, dispuesto a rendirme por completo. No tuve esperanzas ni fuerzas para salir de allí.

—Pequeño, hemos sido más que pacientes contigo, ¿nunca vas a entender?— Habló con toda tranquilidad— Parece que disfrutas ser golpeado.

— ¡Padre!— Los músculos se me tensaron al oír la voz de Charlie, bajando las escaleras detrás de mí— ¡Mira lo que le hizo a mi rostro! ¡Debe pagar!

El hombre mayor se levantó y me dejó tirado en el suelo con mis dolores. Volví a tratar de llegar hasta la puerta de la entrada, estaba a tan solo unos escasos metros de mi rostro, pero jamás lo logré. Sentí unos brazos rodearme la cintura y mi cuerpo elevarse. Sabía que nada bueno se venía, así que volví a insistir y comencé a tirar patadas al aire, intentando liberarme.

— ¡Por favor, déjenme ir!— Terminé rogando entre lágrimas.

Mi cuerpo cayó sobre una superficie suave, noté el rostro de ese hombre mirándome desde arriba y de pronto, sus manos sobre mí, intentando detener mis patadas y puñetazos al aire, hasta que, por fin, pudo darme la vuelta.

Mientras éste me sostuvo firmemente, su hijo se encontraba descargando su furia sobre mi espalda con fuertes patadas que me dejaban sin aire.

Dos contra uno y no pude hacer más que sentirme solo y humillado.

Grité tanto que en un momento el hombre mayor me tapó la boca porque intenté pedir ayuda.

Sabía que nadie iba a socorrerme y lo único que pensé fue en Bob y en las veces en que detuvo a su hermano cuando éste quiso hacerme daño. Quizás esa era la única razón por la cual este hombre quería evitar que yo gritara.

Por un momento pensé en que alguien podría ayudarme. Tal vez Bob o cualquier otra persona que se atreva a levantar una mano por mí y defenderme de estas dos bestias. Las esperanzas dejaban de existir tras cada golpe que me proporcionaban al no quedarme quieto, como ellos me lo pedían.

En ese momento, no deseaba más que volver el tiempo atrás, a donde las cosas no eran perfectas, pero tenía una razón para seguir luchando porque ahora no sentía más que agonía.

No podía pensar en nada más que no sea lo humillado que estaba. Simplemente me sentía una gran nada, tan solo un premio para seres egoístas y malvados.

—Ninguna puta va a burlarse de mí— Sentenció el más joven.

Mis mejillas se empaparon en lágrimas y ahogué un grito desesperado en la mano de su padre al sentir el peor dolor en mi vida. Sus dedos entraron en mí de manera brusca y no dudó en moverlos con violencia. Una gran fiebre comenzaba a atormentarme a causa de el esfuerzo que hacía por intentar evadir semejante dolor.

Sentí la manera dolorosa en la que su miembro ya entraba y salía de mi cuerpo y mi vista se volvió espantosamente borrosa a causa de las lágrimas.

Esa fue la primera vez en que deseé morir.

Continúa… 

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