«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 9
Me derretí al ver como movía el piercing que tenía en el labio, empujándolo con su lengua.
Tuve la tentación de tocarme como ya lo había hecho él miles de veces cuando pensaba en él.
Pero ahora es diferente, ahora estaba delante mío, acariciando ese enorme bulto en sus pantalones mientras me miraba con todo el morbo.
Sus manos se aferraron a la cintura de mis pantalones y los bajó sin necesidad de desabrocharlos. El fuerte jalón me dejó aún más deseoso de sentir sus besos esparcidos en mi cuerpo.
Al estar expuesto ante su mirada, solo pensaba en ser tomado por él. Quería que se apoderara de todos y cada uno de mis sentidos, que me hiciera vivir un momento glorioso, que me hiciera tocar el cielo.
Él se quedó mirándome con expresión de superioridad y se relamió los labios un par de veces mientras desabrochaba su pantalón. Estos cayeron al suelo ante mi atenta mirada y noté su miembro marcarse en su bóxer. Su pícara sonrisa me encendió.
Dejé de verlo a los ojos, solo para admirar el movimiento de su mano dentro su bóxer. Ante mis ojos dejó salir su enorme miembro endurecido.
—Siéntate, pequeño— obedecí.
Su miembro quedó frente a mí rostro. Lo miré a él esta vez, con algo de desconfianza. Su mano acarició mi mentón con toda suavidad para luego sonreír.
Saboreé su miembro sin culpa alguna, tan solo por verlo disfrutar. El escuchar sus suspiros al sentir placer, me volvía loco. Me lo metí a la boca dejando que mis labios se deslizaran por toda su longitud lentamente.
Sus jadeos eran como una dulce melodía para mis oídos. Algo que yo hacía le causaba placer y eso era tan satisfactorio para mí…
—Eso es, pequeño— Hablaba entre jadeos.
Sentí su miembro rozarme la garganta en cuanto él comenzó a controlar mi cabeza y a provocar bruscos movimientos. Mi rostro ardía con solo ver esa sonrisa en sus labios. Le gustaba, lo disfrutaba y y podría hacer cualquier cualquier cosa con tal de tener esa mueca de gusto ante mis ojos.
En un momento quise sacarlo de mi boca, me sentí ahogado, pero él no permitió eso. Sus manos me obligaron a meterlo de nuevo. Volví a hacerlo solo por sentir esos suaves gemidos recorrer la habitación.
Cuando, por fin, su miembro se retiró de mi boca, me proporcionó un leve empujón que me dejó boca arriba de nuevo en aquella inmensa cama. Viendo mi imagen en el enorme espejo pegado al techo.
Sentí mi bóxer bajarse de pronto y me encogí sobre la cama ocultando mi erección. Él se quitó la única prenda que le quedaba y de una fuerte palmada en el trasero me dejó boca abajo sobre la cama.
Aquel momento parecía el indicado para ir más allá y fue cuando comencé a sentir una enorme inseguridad. Algo parecido al miedo, pero no llegaba a serlo solo porque supe quién estaba detrás de mí.
—A-amo, e-espere— Titubeé con nerviosismo.
— ¿Aún te duele?—sus manos se aferraron a mi cintura y alzó mi cuerpo hasta que mis rodillas quedaron sobre las sábanas— No te preocupes, niño, yo seré cuidadoso.
Una de sus manos se paseó entre mis nalgas, acariciándome lentamente. Cerré los ojos con fuerza, intentando juntar fuerzas de cada rincón de mi ser para enfrentarme y decirle que no.
— A-amo—susurré con voz temblorosa—, aún me duele.
Mi cuerpo tembló al sentir algo húmedo rozar mi entrada aún dolorida. Gemí suavemente ante aquella sensación que resultaba placentera, pero el miedo seguía allí.
Levanté la mirada y lo vi con sus labios sobre mi cavidad. El cuerpo se me prendió fuego ante lo sensación que provocaba su lengua recorriendo aquel lugar. El miedo se retiró solo un instante para permitirme disfrutarlo. No fue como anoche, aquello no era doloroso.
Mi cuerpo tembló y apreté la sábana de seda entre mis dedos cuando su lengua penetró mi entrada. Mordí mi labio inferior, conteniendo mis lágrimas en cuanto aquellas imágenes de esos dos hijos de puta sobre mi cuerpo chocaron en mi mente.
— ¡No! ¡No quiero!—Me negué, intentando alejarme— ¡Suélteme! ¡No quiero!— pero él me apretó las caderas entre sus dedos— ¡Por favor! ¡Por favor, no!
Arañé las sábanas tratando de huir pero sus manos aferradas a mi cadera no me permitían moverme. Su lengua entraba y salía, pero aquella sensación que era casi exquisita, se convirtió en una enorme desconfianza. No quería volver a sentir lo de anoche. El solo recordarlo era doloroso.
— ¡Cierra la boca!— Me dio una fuerte nalgada que me dejó ardiendo— ¡Aquí tampoco tienes opción!— Me dio un fuerte empujón que me dejó boca arriba.
—Por favor, no — Volví a rogar, esta vez entre lágrimas.
— ¿Cuál es tu problema?— Se posó rápidamente sobre mi cuerpo, sujetándome, dejándome inmóvil— ¿Te estás arrepintiendo?— En su rostro había una gran sonrisa que me paralizó.
No era la misma sensación, era algo peor esta vez. No era el mismo hombre que me había dicho que me deseaba a su lado, ahora veía unos ojos perversos que dejaban a la vista crueles intenciones. Me sentí asqueado y atemorizado al mismo tiempo. Quería que me soltara. quería irme.
—Ya no quiero—su mano se pegó a mi rostro y limpió las lágrimas que rodaban por mi sien—. Tengo miedo— Repetí aquella frase tan humillante, solo deseando que ablandara su corazón.
—Deberías tener miedo—Se acercó a mi oído—, ahora eres mío— Mis lágrimas no dejaron de brotar—. Abre las piernas, hermoso. No querrás que te obligue a la fuerza.
¿Cuál era la opción? No había forma en que pudiese elegir. Todo aquello que me había dicho fue solo por ilusionarme y hacerme creer que me encontraba a salvo. Le creí. Como un tonto niño, fui capaz de creerle y caer en el tonto juego de que alguien me iba a proteger.
Mi cuerpo temblaba debajo del suyo, pero decidí abrir las piernas, temiendo a que se pusiera violento de pronto.
—Ahora vamos a jugar algo, ¿te gustaría?— Susurró al meterse entre mis piernas— Responde en voz alta.
—S-sí, amo— Hablé.
—Ese es mi pequeño— Depositó un beso en mi mejilla—. El juego consiste en quedarte en silencio, ¿llega tu pequeña mente a comprender eso?
—Sí, amo.
—El juego es el siguiente: si guardas silencio, seré bueno y paciente contigo. Te trataré con cuidado y seré el mejor amo que puedas tener— Acarició mis labios temblorosos—, pero si haces sonido alguno, te haré todo el daño que pueda y desearás morir antes que seguir sufriendo. Soy capaz de eso y mucho más— Dejó escapar una escalofriante risa— ¿Quieres que te haga daño?
—No, amo.
—Entonces comenzaré— Fijó su mirada en la mía—. Abre esa hermosa boca— Obedecí y él introdujo sus dedos allí—. Tendrás que humedecerlos o vas a gritar y seré peor—Lamí aquellos dedos tanto como me fue posible, ante su mirada—. Eres jodidamente apetecible.
Su mano se retiró, dejando un hilo de saliva en mi barbilla, que luego él mismo lamió hasta dejar un beso en mis labios. No pude ver sus movimientos, pero sentí su mano bajar por mi vientre hasta llegar hasta mi entrada.
Allí me penetró con un dedo con dolorosa lentitud. Yo me tapé la boca para no soltar un fuerte grito que amenazaba a salir junto con lágrimas. Aún dolía.
—Si gritas tendré que tratarte mal— volvió a amenazar.
Cerré los ojos con fuerza al sentir su dedo moverse en mi interior. Mis fuerzas por no gritar eran casi inhumanas. Él no dudaba dos veces en moverse con rapidez, no le importaba que yo estuviera dolorido.
— ¡Maldita sea! ¡Estás estrecho! ¡Parece que nunca hubieras perdido la puta virginidad! —Aquellos movimientos se tornaron violentos, como si quisiera desquitarse de algo o alguien.
Acercó su rostro al mío cuando procedió a introducir otros dedos y moverlos con fuerza, casi haciendo vibrar mi cuerpo sobre las sábanas. Cerré mis ojos y ahogué el fuerte grito que amenazó en salir de mi garganta. El dolor se volvió tan insoportable que no pude contener mis gemidos de dolor.
— ¡Ya basta!—Terminé gritando con fuerza—¡Ya no!— Me tomó las muñecas y las pegó a los costados de mi cabeza rápidamente, clavando sus ojos furiosos en los míos.
— ¡Te ha gustado! ¡Te ha gustado que te penetraran y te destrozaran por dentro!—me gritó al momento en que su pelvis se pegó a mi entrada— ¡Te ha encantado que abusen de tu preciosa inocencia!— Cuando sentí su miembro rozar mi entrada, me desesperé y comencé a resistirme. Solo quería salir corriendo.
— ¡No!— Grité como un loco desesperado mientras intenté quedar libre— ¡No quiero, ya no puedo soportarlo más!
Como si lo que yo dijera le hubiera afectado, me soltó las muñecas y yo me cubrí el rostro. Creí que se había terminado, creí que se rendiría, creí que me dejaría ir, creí que él se había dado cuenta de que ya era suficiente.
Creí que todo había llegado al final, pero me equivoqué. Como siempre, me equivoqué. Sin apuro, su miembro entró. Desgarré mi garganta en un estruendoso grito.
—Sí que estás estrecho—me susurró al oído, cuando su cuerpo cayó nuevamente sobre el mío—. Ahora sí puedes gritar, ya has perdido— y me dio una fuerte embestida que me dejó sin aliento en un grito.
— ¡Ya basta, por favor!— Grité inútilmente.
Su cuerpo se movió sobre el mío de repente dejándome sin aliento una vez más. Sus movimientos se volvieron rápidos, tan rápidos que apenas pude moverme debajo de él. Terminé quedando flácido, solo rogando mentalmente por ayuda.
— ¡Eres una puta tan hermosa!—Gemía en mi oído—¡Eres delicioso!— Me apretó la cintura con sus fuertes brazos, logrando penetrarme con más profundidad.
Me desgarré la garganta gritando, le gritaba a él, le gritaba que me soltara, le rogaba que se detuviera pero no me escuchó. Sentía miedo, pero lo peor era que ya no solo sentía dolor. Una espantosa sensación parecida al placer se había presentado en mi cuerpo. Aquello me asustó como nunca antes. Aquello no debía gustarme y solo me asustaba más y más.
Él me controlaba como un muñeco de trapo, haciendo mi cuerpo rebotar sobre la cama, dominándome por completo. Su miembro entraba y salía de mí bruscamente, como si yo fuera una gran nada, sin importarle si yo sufría.
La sensación fue horrible por un momento, pero poco a poco mis gritos de dolor se convirtieron en alaridos de placer y él no tardó en notarlo. Sus labios comenzaron a recorrer mi cuello hasta mi pecho. Me lamió un pezón y lo mordió con brusquedad, haciéndome provocar un fuerte espasmo de placer que cada vez era más difícil de controlar.
— ¡Has perdido! ¡Ahora grita para tu amo!— Me abofeteó, empujando mi cuerpo con el suyo en una profunda penetración casi bestial— ¡Di que te gusta!
— ¡Me gusta, amo!— Logré gritar entre jadeos.
Arqueaba mi espalda tras cada fuerte movimiento. Algo en aquella violencia me gustaba y sé que no debía ser así. Debería desear que se detuviera, pero aquellas fuertes embestidas me volvían loco de placer, aunque el dolor aún siguiera allí.
En un momento, su mano se rodeó sobre mi miembro y me lo apretó de una manera horrible y dolorosa. Volví a gritar fuertemente a causa de eso. Abrir mis ojos por un momento para observar lo que sucedía. Aquella imagen hizo que una oleada de calor me recorriera por completo el cuerpo y gimiera, hundido en un enorme placer.
Me tenía debajo de su cuerpo, me penetraba como una bestia, me masturbaba con rapidez y me miraba relamiéndose los labios. Me volvía loco la forma en la que me me devoraba solo con su mirada. Me poseía entre sus brazos y se aprovechaba de cada centímetro de mi piel y lo disfrutaba sin culpa alguna.
¿Cuál culpa podía sentir él? Era un monstruo, disfrutaba al verme sufrir ante sus ojos, disfrutaba verme más débil, disfrutaba que yo cayera ante él y, por más que deseara, aquello me resultaba tan jodidamente placentero.
Me gustaba. ¡Oh, joder! ¡Como me gustaba que me dominara de esa forma! ¡Como disfruté que me usara para darse placer!
— ¡Vas a correrte como la puta que eres!—Me gritó mientras me masturbaba y me penetraba con la misma intensidad— A tu amo le encantas, dulce niño.
Oír esas palabras, esa manera tan cruel en la que me obligaba a sucumbir ante él fue el clímax del placer. No pude contener ese momento en que mi miembro estalló en su mano, ante su atenta sonrisa. Mi espalda se arqueó y dejé escapar un fuerte grito para luego recibir la embestida más brutal del momento. Se corrió dentro de mí, dejando descansar un fuerte gruñido al morder mi cuello con una fuerza que no logré sentir en ese momento.
Noté su respiración agitada en mi oído y abracé su espalda. Le clavé las uñas, intentando contener los fuertes espasmos de mi cuerpo. Deseé besarlo, deseé que volviera a gemir, deseé tenerlo sobre mí haciéndome sentir deseado, deseé que me llamara pequeño, deseé que me obligara a gritarle que me gustaba ser penetrado de esa forma.
¡Joder! ¡Me gustó y eso no era bueno!
— Mierda, eres una puta encantadora—me susurró al oído volviendo a devorarme el cuello—. Eres delicioso, niño. Me encantas.
Su aroma se había impregnado en mi piel. Nuestros cuerpos sudorosos se frotaban con suavidad, intentando recuperar el aire, casi deseando nunca alejarse. Sus grandes manos acariciaban los costados de mi torso mientras se dirigía a mis labios para apoderarse de ellos con desesperación. Deseaba sus besos y los obtuve.
Nuestras lenguas se juntaron deseosas de encontrarse una con la otra. Le mordí sus labios, aprovechando el piercing que tan bien le quedaba en su labio inferior. Devoramos la boca del otro como si nunca lo hubiéramos hecho.
Me rodeó el torso con sus fuertes brazos y caí sobre su cuerpo cuando él se incorporó boca arriba.
Besé sus labios, por primera vez yo sobre él, controlando ese momento. Al final, sin respiración, caí rendido sobre su pecho. Éste bajaba y subía rápidamente y sentí una de sus manos recorrer mi espalda hasta bajar por mi trasero y recaer sobre uno de mis muslos para apretarlo y acariciarlo con insistencia. Sentí algo húmedo sobre mis piernas y levanté la mirada hacia él.
—Pruébalo—Introdujo los dedos en mi boca y aquella sustancia viscosa bailó en mi lengua hasta que pude tragarla—. Eres una inmunda puta sensible.
—Dolió— Alcancé a susurrar antes de que volviera a introducir sus dedos con más de aquel líquido espeso.
—Te ha gustado. Eres puta y mentirosa.
Detestaba admitirlo, pero sí. Me gustó. Sufrí como una perra, me dejé manipular y me gustó, y mucho. Lo disfruté tanto que me costaba creerlo. Me costaba creer que ahora estaba tranquilo sobre su pecho y me llenaba de orgullo verlo sonreír luego de semejante placer. Me costaba creer que estaba saboreando su semen en mi boca.
—Di que eres mi puta y admite que te ha gustado— Me dio una leve bofetada para mi mentón con fuerza.
—Soy su puta— Susurré.
— ¿Y qué más?
—Y me ha gustado.
— ¿Qué te ha gustado?— Su enorme sonrisa me paralizó, pero me encantaba.
—M-me ha gustado…— Bajé la mirada intentando encontrar palabras exactas, pero él levantó mi cabeza para encontrar mis ojos.
—Está bien, has tenido suficiente por hoy— Se podría decir que una adorable sonrisa se formó en él al dejarme libre.
Me recosté sobre su pecho y lo acaricié con delicadeza. Cerré los ojos al sentir sus caricias sobre mi cabello. Me preguntaba cómo podía acariciarme tan tiernamente después de lo que había hecho. ¿Acaso no sentía ningún remordimiento?
—Eres una criatura sumamente bella y dulce— Me susurró con toda naturalidad—. Hablo en serio cuando digo que quiero que te quedes aquí por siempre— Sentí un beso suyo posarse en mi frente— ¿Quieres quedarte conmigo?— Me abrazó con fuerza, haciéndome sentir su calidez.
—Sí, amo. Sí quiero— Susurré, perdido ante sus caricias.
Pensé en Bob y en la gran oportunidad que tenía de escapar. No podía desaprovechar la ayuda de aquel extraño aunque buen muchacho, pero no sentí deseos de irme de aquí. Hasta llegué a creer que no tenía razones para hacerlo. Por momentos me sentí cómodo a su lado y no me imaginaba lejos de mi amo.
—Confío en ti, pequeño. Eres ala única persona a la que le he comprado obsequios en muchísimo tiempo. Siéntete afortunado. Eres mi protegido y nadie podrá hacerte daño jamás.
— ¿Tengo la opción de escapar?
—Claro que no, niño— Dejó escapar una leve risa—. Pregunté si querías estar aquí solo por simple curiosidad. Me interesa saber lo que tú quieres y es raro porque jamás pregunto este tipo de cosas a nadie.
—¿Por qué le interesa?
— ¿Acaso no quieres quedarte a mi lado? Haces muchas preguntas, pequeño.
—No sé lo que quiero. Detesto cuando me hace daño pero cuando me trata bien, en serio a veces creo que es una buena persona. Algunos momentos a su lado valen la pena.
—¿Qué momentos son esos?— Preguntó, dejándome pensativo unos segundos.
«Son aquellos momentos en los que usted logra hacerme sentir útil, deseado y bello. Ese es el problema, solo usted provoca eso en mí».
—Siempre que usted no es violento— abrazó mi cuerpo con fuerza.
— ¿Cómo ahora?
—Sí. Exactamente. Hasta parece que yo le agrado— él rió.
—A mí me encantas, pequeño. Ten en mente eso, ¿sí?— Susurró antes de acomodarse mejor sobre la cama— No es mi culpa ser violento.
Nunca iba a entenderlo, de eso estaba seguro, pero con él estaba a salvo de todo peligro. Si me iba, las cosas podían acabar de mal en peor. Bob podría salir lastimado si mi amo se entera de nuestros planes por escapar.
Ese muchacho había sido muy considerado al ayudarme sin siquiera conocerme, sin siquiera preguntarme de dónde vine y sin mirar las condiciones en las que me encontraba. Quisiera que fuese tan fácil perder el pudor, quisiera que fuese tan fácil alejarme de él.
Sin darme cuenta, mi amo había dejado de ser un simple extraño. Era mi amo, la única persona frente a la cual me ponía de rodillas y me entregaba por completo. No sé si era por miedo u otro sentimiento perdido en mí, pero sé que me rendiría ante él sin importarme nada.
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—Eres una puta visión divina, niño—Sus manos apretaban mis caderas mientras su pelvis golpeaba mi entrada con fuerza—. Muévete para tu amo, mi pequeño— Mis caderas se movieron torpemente sobre su masculinidad.
—Aún me duele— Jadeaba, intentando seguir su acelerado ritmo.
—Duele o no, sigues gimiendo como una puta— me dio una fuerte nalgada como correctivo.
— ¡Au!— me quejé, apoyando mi frente sobre su pecho.
Él se aferró a mi cintura con sus fuertes brazos, mientras se encontraba debajo de mi cuerpo.
Mis piernas temblaban ansiosas tras cada fuerte estocada que él me proporcionaba al levantar sus caderas.
—Cierra esa puta boca— Se aferró a mi muñeca y la llevó hasta mi miembro—. Tócate para tu amo, niño.
Ante su atenta mirada de lobo hambriento, sacudí mi miembro y me lo acaricié. La vergüenza que pudiera llegar a sentir desapareció como por arte de magia.
Con sus manos acariciaba mis muslos suavemente, pero incluso esas suaves caricias se sentían como látigos de fuego azotando con brutalidad en mi piel, provocándome un ardor infernal.
Yo comencé a acelerar mis movimientos, dejando que aquel calor casi asfixiante se apodere de mi cuerpo una vez más. Cada que intentaba tranquilizar mis gemidos o mis suspiros agitados, su mirada volvía a encenderme y a hacerme sentir deseado.
La sensación de su miembro entrando y saliendo de mi entrada logró hacer nacer en mí en miles de pensamientos que nunca creí que tendría. Él gemía debajo de mi cuerpo arqueando levemente su espalda y yo sonreía como un idiota cínico porque en verdad me agradaba lo que veía. Gozaba el verlo allí, rendido ante el placer que yo le daba.
Hacerlo con él era diferente a lo que yo me imaginaba. Siempre imaginé cómo se sentiría, pero nunca tuve a la persona ideal en mente ni tampoco del placer que iba a sentir. El resto de las personas que había conocido no se compraban a él. No hubiera permitido nunca a nadie usarme de esta forma. Él hacía que todo se sintiera erótico y yo sí quería hacerlo.
— ¿Te gusta?— Preguntó entre jadeos apurados.
No supe si contestar o no, pero la verdad era que no podía pronunciar palabra alguna. Apenas podía respirar, ahogado entre tantos gemidos descontrolados.
Al no obtener respuesta, se apoderó de mi mandíbula con fuerza y acercó mi rostro al suyo, mientras apuraba aquellos movimientos, robándome aun más gemidos. Me miraba fijo con seriedad, amenazando en apoderarse de mis labios.
—Respóndeme, niño— Ordenó.
—M-me encanta—Sentencié entre jadeos.
De pronto aquella mano en mi rostro se alejó y apretó mi miembro entre sus dedos, para luego bombear con una fuerza inhumana. De pronto aquella fuerte corriente eléctrica me azotó, dándome a entender que muy pronto me correría y sobre él.
—Así me gusta— Susurraba—. Ahora vas a correrte para tu amo, ¿entendido?
Mordí mi labio inferior con fuerza hasta que él me dio una fuerte nalgada y grité de nuevo. Debía responderle o sería capaz de dejarme con semejante placer a punto de explotar entre sus manos.
—¡Sí, sí!— Hablé en voz alta.
— Sí, ¿Qué?— apretó la punta de mi miembro de mala gana, provocándome un punzante dolor.
— ¡Sí, amo!
Mi frente quedó pegada a su pecho nuevamente luego de aquellas palabras, volviendo a mover bruscamente su mano sobre mi masculinidad.
Mientras él me penetraba, subiendo y bajando sus caderas yo me derretía de a poco, extasiado en semejante calor. Dolía un poco, pero me gustaba más de lo que dolía y él lo disfrutaba tanto como yo.
Todo era tan excitante entre nosotros dos… el placer se respiraba en el aire y nunca había experimentado algo así.
Siempre dudaba sobre mi sexualidad ya que nadie nunca me había gustado. Lo extraño era que él no me gustaba, él era un maldito monstruo al que detestaba. En esos momentos me preguntaba cómo es que una persona tan monstruosa puede hacerme sentir tan bien. Tan especial.
Sentí su miembro estallar dentro de mí y mi miembro explotó en su mano, empapando su torso y el mío.
Ronroneé, acomodándome sobre su pecho empapado en sudor. Sus dedos seguían paseándose por mi entrada, aún toqueteándome con ansiedad.
—Buen chico— Susurró.
No estaba bien que él dijera eso. No estaba bien que me tratara como un animal, pero sonreí como si aquello fuera un cumplido.
Su mano me acariciaba mi frente, tirando mis cabellos húmedos hacia atrás. Yo solo sonreía como un idiota, perdido en el inmenso placer que acababa de experimentar.
—Esta noche dormirás conmigo— Sentenció.
—No es necesario, amo— Alcé la mirada.
No sé si fue un buen gesto de su parte el dejarme dormir en su habitación o no (y el hecho de que quisiera volver a hacerme suyo se me hacía muy tentador), pero si planeaba irme de la casa esa no era la mejor opción, aunque estaba dudando entre si irme o no. Realmente quería quedarme a su lado aunque fuera solo una noche más.
—No era una pregunta— soltó en seco, dejándome sin palabra alguna—. Duermes conmigo, en mi cama— sus brazos me rodearon y se movió dejándome boca arriba sobre la cama—. Me vuelves loco, niño— me susurró antes de pegar sus labios a los míos con toda suavidad.
— ¿Debo agradecer?— Susurré entre leves suspiros a lo cual él sonrió.
—Ya no me cuestiones—me acarició el rostro delicadamente—. Tienes tanta puta suerte de haberme puesto de buen humor— dejó un beso sonoro en mi cuello antes de reír—. Estás asqueroso, será mejor que tomes un baño.
Se levantó de la cama permitiéndome apreciar su figura escultural, digna de un dios griego. Era realmente un hombre hermoso y no me cansaba de admirarlo.
—Sí, amo—me quedé un momento recostado observando con suma tristeza cómo se colocaba su ropa interior.
—Te espero abajo para cenar. Tómate tu tiempo— Me dedicó una sonrisa pícara luego de colocarse el resto de su ropa y salió de la habitación, dejándome a solas.
Yo miré al suelo en cuanto pude sentarme en la cama y encontré mi pantalón. Comencé a revisar los bolsillos y saqué el móvil que Bob me había dado. Lo miré detenidamente y observé los números anotados, en el marcado rápido estaba el número «145», aquel que él me pidió específicamente que usara.
Miré a mis costados y noté que no había nadie. Él ya no estaba ahí. Decidí hacerlo y enfrentar la situación, yo no quería irme.
Aproveché y le marqué. Al llevarme el aparato al oído caminé hacia una gran ventana y me paré allí.
Ya era de noche y la luz de la luna me iluminaba el rostro a través del cristal. Esperé con impaciencia oír su voz. Solo quería que aquello termine de una vez por todas.
— ¡Bill!— Oí su dulce voz detrás del parlante— ¿Lo lograste?
—No, Bob—suspiré, intentando juntar fuerzas para decirle la verdad.
— ¿Estás en problemas? ¡Iré por ti ahora!
— ¡No! No, Bob, yo estoy bien— Él guardó completo silencio—. No quiero que vengas por mí. Yo estaré bien.
—Dime que es una broma, Bill.
— Estaré bien aquí, Bob— Enredé las cortinas de seda en mis dedos, buscando tranquilidad—. Creo que él no quiere hacerme daño.
—Bill, puedes ser libre.
—Bob, no tengo nada por lo que vivir. Además, si me largo, irá detrás de ti.
—Aquí solo importas tú, Bill.
—No, Bob, estaré seguro aquí.
—Charlie abusó de ti y él lo permitió— nos quedamos un momento en silencio y bajé la mirada— ¿Te acostaste con él?— Bajé la mirada observando mi cuerpo desnudo— Bill, no puede ser…— Suspiró decepcionado.
—Perdóname, Bob.
—No puedo creer que hayas caído— Ahora sentía la culpa golpeando mi pecho.
—En serio lo siento.
—Déjame ayudarte, por favor.
—Bob, ahí afuera debe haber alguien pasándola peor. No me arriesgaré a que nos pase algo malo.
—Bill, estaremos bien.
—Si él se entera de esto nos va a matar y no dejaré que te haga algo malo.
—Bill, no me importa. Vales la pena para mí. Voy a sacarte de ese lugar y vas a ser feliz. —No me iré.
— ¿Es por él? ¿Lo amas?
—¡No! ¿Qué estás diciendo? Estoy asustado. No dejaré que nadie te haga daño y si eso implica quedarme aquí, así será.
—Déjame hacerte feliz. Me importas.
—Tú también me importas— Observé el paisaje a través de la ventana y solté un leve suspiro —. Sé que soy un idiota, pero si es que en algún momento puedo vivir por alguien, desearía que fuera por ti.
— ¿Confías en mí?
—Claro que confío en ti y te aprecio, es por eso que no quiero arriesgarme. No quiero que, por ayudarme a escapar de esta casa, mi amo vaya a hacerte daño. No soportaría que él te hiciera sufrir.
—Los héroes anónimos de hoy en día me causan nauseas— de pronto, como si una brisa helada me recorriera el cuello, al oír su voz—. Tu amo no es un tonto, pequeño— Me arrebató el teléfono de mi mano temblorosa y abrazó mi cintura— ¿Hola? Vamos, cobarde, dime quién eres o iré por ti y tendré que cortarte las bolas por meterte con lo que es mío— Rió— ¿No vas a hablar?¿Sabes algo? Acabas de meterte con algo que es mío y eso nunca se debe hacer. Si mi pequeño sale de esta casa, soy capaz de buscar hasta debajo de la última maldita roca, encontrarte y matarte con mis propias manos. Considérate hombre muerto.
Nunca sentí tanto miedo en mi vida, sabía lo que pasaría luego. Iba a matarme, me golpearía sin piedad, quedaría en una camilla el resto de mi vida; aunque ni siquiera eso, me arrojaría en un bosque hasta terminar de matarme a golpes.
El teléfono voló por los aires hasta hacerse pedazos en una pared. Mientras él volvió a abrazar mi cintura.
—Te daré la oportunidad de decirme quién era ese idiota— me susurró al oído—. Confiesa y nadie saldrá herido.
—N-no lo sé— Mentí.
—Nadie juega conmigo y si eso es lo que intentas hacer, desde ya espero que sepas que yo nunca pierdo.
—Lo siento— fue todo lo que se me ocurrió decir.
Sentí las lágrimas rodar por mis mejillas lentamente. Estaba asustado, mucho más asustado que nunca antes en mi vida.
—¿Lo sientes? ¿¡Lo sientes!?— me jaló el cabello y tiró de él hasta hacerme caer al suelo.
Me aferré a su muñeca y grité lo más fuerte que pude. Sentía mi cuerpo arrastrarse por el suelo de la habitación. Salimos de ésta y me arrastró por los pasillos.
—¡No! ¡Amo, no!— grité mientras intentaba ponerme de pie.
Fue imposible seguir su paso. Las lágrimas me saltaban de la pura humillación al ver a Agatha en los pasillos, cubriéndose la boca con total impresión. Podía ver cómo sentía el mismo dolor que yo estaba experimentando en ese momento. Me imaginé a mi madre con esa reacción, lo herida que se hubiera sentido al verme así.
Al final me tiró al suelo y noté como descolgaba una llave de la pared. Reconocí la puerta que estaba frente a mí y me levanté del suelo como pude. Intenté escapar, pero él fue mucho más rápido. Se aferró a mi nuca y estampó mi cuerpo contra una de las paredes. El mundo dio mil millones de vueltas, mareándome casi por completo.
—¡No, no, no! ¡Otra vez no!— Susurré, intentando recuperar mi visión.
Volvió a meterme en aquel horrible sótano oscuro en el que me había dejado la última vez.
No me dio tiempo de empujar la puerta, ya la había cerrado ante mis narices. A la mierda mis uñas una vez más. Volví a gritarle y a arañar la puerta como ya lo había hecho anteriormente. Tenía la esperanza de que la puerta cayera a base de golpes y patadas, pero eso no sucedió.
Mi débil cuerpo se estampó, flácido, en el sucio suelo. Me cansé de gritar su nombre y volví a arrastrarme hacia el único rincón iluminado en la habitación. Encontré la manta que había tenido allí durante días y me escondí debajo de esta. Comencé a llorar mientras reflexionaba sobre lo que pasaría una vez que esa puerta se abría.
¿Volvería a venderme? ¿Me golpearía otra vez? ¿Sería peor ahora? ¿Me trataría peor que antes? ¿Qué sería de mí? ¡Maldita sea, debí decirle que sí, debí decirle a Bob que sí quería irme con él! Ya no tendría que mortificarme pensando en lo que él me haría, en la manera en la que me humillaría y en que yo me dejaría torturar por él.
No, no estaba bien, yo no podía seguir así, no podía seguir permitiendo que él hiciera eso conmigo, ¿pero que podía hacer yo al respecto? ¿cómo iba a librarme de él? ¿Cómo iba a escapar de este lugar? Solo podía tener miedo, solamente podía rezar porque el día de mañana sea un día mejor aunque dudaba de que eso pasara.
Un día nunca podrá ser igual o mejor que el anterior mientras yo esté a su merced.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.