
«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 10
Entré a la cocina, cargando los productos de limpieza para guardarlos. Agatha se encontraba cocinando algo que olía delicioso y me recibió con una enorme sonrisa, como era habitual en ella.
Luego de un largo día de limpiar tan enorme casa, no había nada mejor que dejar todo en su lugar para, finalmente, pegarme una ducha antes de cenar junto a él. Creo que en lo único que pensé fue en sentarme un momento a su lado y no hacer más que abrazarlo.
Era casi la misma rutina de todos los días. Despertar a su lado, desayunar observando su bellísimo rostro. Ducharme y vestirme como él quisiera, y aquello incluía trajes que dejaban poco y nada a la imaginación. Limpiar, cenar con él y luego abrazarnos hasta conciliar el sueño.
— ¿Ya terminaste?— Preguntó Agatha, incluso algo sorprendida.
—Sí, por suerte— Le respondí con una enorme sonrisa—. Necesito una ducha, un bocadillo y dormir unos dos días seguidos— Ella rió.
—Haría todo ese trabajo por ti, si pudiera.
—No te preocupes. Hace mucho tiempo que el trabajo dejó de ser duro aquí. Creo que ya hasta me agrada pasar tiempo en este lugar.
—Ayer saliste sin él, ¿cómo te hace sentir eso?— Comencé a lavarme las manos, con una enorme sonrisa.
—Creo que confía en mí. No tuvo miedo de que yo me fuera y eso me hace sentir cómodo. Creí que las calles serían un infierno, pero todos se quedaban mirando y nadie se acercaba. Es la primera vez que me siento tan seguro en mi vida.
—Es una de las ventajas de estar aquí: nadie se atreverá a hacerte daño.
— ¿Por qué le tienen tanto miedo?
—No puedo darte tanta información, Bill, lo siento— Hice un gesto de disgusto, resignado al saber que nunca me daría más detalles.
Ella era tan amable como respetuosa con él. Su mente estaba llena de secretos que yo moría por descubrir. Todos y cada uno de esos importantes datos que me llevarían a saber algo más sobre mi amo, se encontraban en ella, pero era inútil intentar descubrirlos. Esta mujer era una tumba cuando se trataba de él.
—Eso huele delicioso— Cambié de tema— ¿Qué es lo que tiene?— Me acerqué para husmear y ella me acercó el cucharón cargado con un poco de salsa de tomate— ¿Le pusiste carne?— Pregunté con desconfianza.
—No, niño. No te lo habría ofrecido de ser así— Reímos y, finalmente, decidí probar.
— ¡Absolutamente delicioso!— Exclamé— ¿Qué es lo que le pones a tus salsas?
—Eso es otra cosa que tú nunca sabrás— Reía.
—Es una lástima que no seamos solo nosotros esta noche— Mencioné con cierta molestia.
Mi expresión de alegría cambió por una más seria, luego de un largo suspiro. Dejé mi alegría a un lado y me apoyé en la mesa, dispuesto a descargar todas mis penas con ella.
— ¿Thomas ya te lo dijo?
—No quiero ver a esas personas, Agatha. Siempre que los recuerdo, no puedo evitar odiarlo y desear que cosas horribles le pasen.
— ¿Y crees que eso es malo?
— ¡Claro que lo es! Sé que no debo defenderlo, pero no toda la culpa es suya, ¿verdad?—Su largo silencio solo me incomodó— ¿Verdad?— Insistí en preguntar.
—Solo puedo asegurarte que no lo va a hacer de nuevo. Eres su favorito.
— ¿Y si se aburre de mí?
—Lo dices como si eso fuera fácil— La miré con cierta desconfianza, no muy convencido de aquello—. Eres algo que siempre le ha faltado, Bill. Nunca olvides eso.
—Eso es tierno porque, en algunas ocasiones, siento que él ha llenado ese vacío que mi familia dejó. A veces me siento completo cuando estoy a su lado.
—Entonces aprecia los momentos que puedes vivir en paz junto a él. Mientras estés aquí, tendrás protección y afecto.
—Gracias— Sentencié con toda sinceridad.
—Eres un muchachito muy especial— Se acercó y dejó un beso en mi frente—. Vigila esto por mí, ¿sí? Volveré en un momento.
—Claro—Procedí a revolver el contenido de la olla en cuanto ella se alejó de la sala.
Recordé con nostalgia aquellos días en que era muy pequeño y ayudaba a mi madre en la cocina. En esos momentos ella no trabajaba tan duro ni se sentía tan triste, como en sus últimos años. Desde la mañana nos metíamos en la cocina y preparábamos los pasteles más deliciosos del mundo. Cuando Samy nació, mi madre ya estaba trabajando duro por nosotros y recordaba mis ansias porque ella viviera una infancia lejos de la tristeza así que cada que ella volvía de la escuela, la llevaba a la cocina y cocinábamos sus postres favoritos. Claro que, cuando yo empecé a trabajar esas cosas dejaron de suceder.
En esos tiempos de mi niñez, no recordaba a un padre violento y abusivo, pero tampoco recordaba a un padre atento y dedicado. Él jamás fue una buena persona conmigo, creo que por eso fui tan apegado a mi madre desde un principio.
En estos últimos tres meses, las cosas habían estado más calmadas de lo normal.
Luego de mi primera y última llamada a Bob, él se convirtió en un completo monstruo.
Simplemente lo más aterrador a lo que he visto. Algo que ruego no tener que ver de nuevo en mi vida.
A medida que los días pasaban, logró calmarse y yo pude dejar de tener miedo a despertar herido o atado a su cama y con el cuerpo lleno de moretones o quemaduras. Sí, corría ese riesgo cada noche, al punto de perder por completo el sueño.
Era una tortura que pareció durar semanas, pero fueron solo días. Días largos y llenos de dolor.
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Sus innecesarios caprichos y castigos me habían dejado agotado una vez más. Sé que iba a volverme loco en cualquier momento. El miedo se había abalanzado sobre mí y me empujaba hacia un abismo en donde la peor tortura era su profunda mirada.
Esa tarde, él me ordenó que me tirara al suelo, me arrastrara y le rogara piedad solo para que no me matara a golpes. sin tener más opción, lo hice, sabiendo que la humillación estaba comiéndose el poquito orgullo que quedaba dentro de mí. Luego de eso, besé sus pies, y me abracé a ellos para llorar desconsoladamente hasta que me dejó ir, con el pretexto de que yo daba lástima.
Su mirada se mantuvo sobre mí todo el día. Sabía que estaba esperando a que yo me equivocara para volver a golpearme y escupirme. Finalmente, él terminaba penetrándome como una maldita bestia y yo solo me resignaba, con una horrible molestia en mis entrañas que me hacía desear estar muerto.
La noche anterior, me atrapó hablando con Bob por teléfono y volvió a humillarme, arrastrando mi cuerpo por todo el pasillo para luego encerrarme. Me pasé toda la noche llorando como un imbécil, rogando que en cualquier momento entrara y me sacara de allí y, como si mis plegarias hubieran sido escuchadas, él me dejó ir. Ni siquiera pasó un día completo. Creí que había comprendido lo mal que me sentía, pero no. Solo me dejó salir para terminar de destrozarme él mismo.
Miré mi reflejo en ese espejo del techo y pensé en sus palabras. En todas esas veces en que me juró que yo daba lástima y que no era más que un objeto que le daba placer. Comenzaba a creerle y eso era lo peor. Sus palabras me convencían. Maldito hijo de puta, tenía tanta pero tanta razón.
Sin ir más lejos, tuve que arrodillarme y rogarle que me dejara subir para ducharme y dormir al menos cinco minutos. Aún me duele el cuerpo a causa de sus roces y golpes mientras me tomó sobre esa alfombra que tanto le gusta. Él sabía cuando yo no sentía placer, sabía cuando en verdad no quería hacerlo y eso le molestaba. Al no poder darme placer, solo me golpeaba y procuraba correrse en mi rostro para luego abofetearme. Al final me quedaba sucio, solo y dolorido en el suelo. Agradeciendo mentalmente como un imbécil el que se haya retirado.
Ahora no podía hacer más que llorar, sin poder creer en lo que me había convertido.
Tomé la única foto que pude conservar desde que me fui de casa y la observé con suma tristeza, sin poder contener mis lágrimas. Era una foto que mamá, Samy y yo nos tomamos en una de las ferias del pueblo. Éramos realmente felices a pesar de todo. Las extraño más que nunca.
Mi madre debe estar decepcionada. Desaproveché la única oportunidad de ser libre y la ayuda que me estaba dando la única persona en la que confiaba desde que llegué aquí. Bob debió estar furioso por mi estúpida actitud. Estaré arrepentido toda mi vida por ello.
No comprendo qué fue lo que me hizo quedarme, ni siquiera recuerdo qué estupidéz me llevó a tomar esa decisión.
¿Qué haría ahora de ahora en adelante? Las oportunidades no me caerían del cielo. Lo de Bob había sido un milagro y no debí negarme. Ahora solo deseo que él se encuentre bien.
Abracé aquella foto y solo lloré. Hubiera jurado que nunca lloré de esa manera. Ya no tenía por qué demostrar valentía frente a nadie. Creo que ya nada importa.
La puerta de la habitación se abrió y yo escondí rápidamente la foto debajo de las sábanas. Levanté la mirada y lo vi él entrar. Mi peor pesadilla. Como en una película de horror, él se acercó a paso lento mientras yo bajé la mirada.
—¿Qué tienes ahí?— Preguntó mientras se sentaba en la cama cerca mío— ¿Tienes otro teléfono?
—No tengo nada malo, se lo juro.
Extendió su mano y yo dudé, pero sabía que iba a cometer un error al desobedecer. Saqué la foto con cuidado y se la entregué. Él observó la imagen con cuidado y luego me miró a mí.
— ¿Quiénes son?— Preguntó, casi con curiosidad.
—Eran mi madre y mi hermana— Respondí.
Él se recostó cómodamente en el espaldar de la cama y yo me quedé inmóvil, mirándolo.
— ¿Piensas quedarte ahí? Ven aquí, niño— Me acerqué y me recosté junto a él. Su brazo me rodeó los hombros— ¿Cómo se llamaban?
—Mi madre era Simone y Samantha mi hermana.
— ¿Samantha? ¿A quién se le ocurre ese nombre para un niño en estas épocas?
— Mamá me pidió que lo eligiera. Quise que su nombre comenzara con la misma letra que el de mi madre— Me mordí el labio, reprimiendo mis ganas de volver a llorar.
—Debes extrañarlas mucho, ¿no?— Esa frase fue todo lo que necesitaba para volver a echarme a llorar—. Ya no llores, pequeño.
—Eran todo para mí y las he perdido para siempre.
—Lo lamento tanto, pequeño— Aquello había sonado tan hipócrita…—, pero ellas ya no están aquí y nunca volverán— Alcé la vista hacia a él.
Mi corazón se rompió en mil pedazos cuando rompió en dos el único recuerdo que tenía de ellas. A los gritos me lancé sobre él e intenté quitársela. De un simple empujón, me tiró al suelo y rompió la foto en mil pedazos más. Luego de tirar los trozos de papel al suelo, los pisó y se rió de mí.
—¿!Qué ha hecho!?— Grité, con la furia atorada en mi garganta.
Perdí los estribos en ese mismo momento. Me lancé sobre él y comencé a tirar golpes a lo primero que encontré. Sé que no llegué a golpear su cara porque él me lo impidió, pero estaba seguro de que alguna patada o algún golpe en su pecho había recibido.
—¡Quédate quieto!— Él me golpeó, pero eso no me detuvo— ¡Pequeño!
Quería matarlo. Lo haría pagar por haber hecho lo que hizo. Al final, me controlé cuando él me jaló del pelo y me tiró contra una pared. Haciendo que mi frente rebotara y, por un momento, me mareé.
Caí al suelo, intentando recuperar la visión normal, pero no fue posible hasta que él mismo me alzó para tirarme sobre la cama.
Intenté levantarme nuevamente, pero antes de que pudiera reaccionar él me penetró con fuerza y aferró su mano en mi nuca, impidiendo que yo me defendiera.
—Esto es lo que eres. Acostúmbrate— Me susurró al oído, mientras me embestía.
— ¿Por qué?— Logré susurrar entre lágrimas.
—No tengo que darte explicaciones— dijo con toda la frialdad del mundo, envolviendo mis cabellos en su mano para alzar mi cabeza—. Olvídate de esas perras. Nunca volverán.
—Esa foto, vale más que usted— Lo enfrenté.
Una parte de mí quería provocarlo. Quería que me golpeara hasta ya no sentir nada. Una parte de mí, quería que él me asesinara. Prefería estar muerto a sentir semejante dolor.
—Pero tú no vales más que unos cuantos euros, ¿quieres que te lo recuerde?
—No…— Susurré con temor.
—Lo dices como si no te hubiese gustado. Puedo llamarlos y dejar que te follen para dejarte en claro lo poco que vales. De hecho, tengo muchas ganas de verte llorar en brazos de alguien más. Quiero que alguien más te haga daño, quiero verte sufrir. Me encanta hacerte daño.
— ¡Basta!— Grité entre un desgarrador llanto.
—Si tu madre te viera así, estoy seguro de que le encantará ver como me follo a su niño. Le encantará ver como te he marcado.
— ¡Suélteme!—las lágrimas caían sin siquiera darme cuenta— ¡Me disculparé, lo juro! ¿Lo siento!
Él sabía exactamente por dónde atacar. Destrozaba la parte más frágil de mi corazón y luego se encargaba de que mi cuerpo sufriera de igual forma. No solo era más fuerte que yo, era más inteligente y sabía cómo hacerme daño.
Luego de un momento, se detuvo. Me soltó el pelo y dejó reposar sus puños frente a mí, para luego inclinarse hacia mi oído.
— ¿Qué se siente saber que no tendrás más opción que ser follado toda tu vida?— Preguntó.
—Quisiera morir.
—Tú no irás a ningún lado. Pierde tus esperanzas porque yo no dejaré ir a mi porquería favorita y no te dejaré ir tan fácilmente.
Me quedé temblando sobre la cama en cuanto él se alejó. Su miembro se deslizó con lentitud hasta salir de mí y, volviendo a subir sus pantalones, se retiró para dejarme a solas y con esa horrible sensación en mi estómago.
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— Si cocinas tan bien como ella, me veré obligado a pagarte el doble— giré mi cabeza y me encontré con la sonrisa de mi amo—. Cocinar no estaba entre tus tareas, si mi memoria no me traiciona.
—No, no estoy cocinando. Solo vigilo hasta que ella regrese.
Él se acercó a paso lento y me rodeó la cintura con fuerza. Sus enormes brazos presionaron mi abdomen, mientras aspiraba el aroma de mi cuello.
—Déjame saborear eso— serví un poco el cucharón y él la probó— ¿Tú qué le agregarías, mi pequeño?
—Nada. Huele y sabe muy bien.
Las piernas me temblaron de pronto, su mano se coló por debajo de mi falda y me acarició el muslo, quizás buscando algo más.
—¿Sabes que más huele y sabe bien?
— ¿Qué?— Susurré con voz temblorosa.
Giré mi cabeza de costado y atrapó mis labios salvajemente dejándome completamente imbécil, como siempre. Su mano subió por mi pierna hasta llegar a mi pelvis y allí presionó con suavidad. Ese hermosísimo hormigueo comenzaba a hacerse presente del solo imaginar las cosas que podía hacer con su mano en ese lugar.
— ¿Estás provocándome, pequeño?— Gruñó en mi oído.
—L-le juro que no— Intenté retroceder, pero solo logré encontrar si miembro endurecido, chocando contra mí.
—Lo estás haciendo de nuevo. Sabes que no puedo contenerme— Sus dedos se deslizaban por mi miembro ahora, obligándome a soltar un leve suspiro.
—A-aquí no, amo, por favor— Me aferré a su brazo, con la esperanza de que se detuviera.
Sus caricias ansiosas me volvían loco, él lo sabía y se aprovechaba de ello. Le encantaba verme humillado y con miedo. La cordura que a él le faltaba, a mí me sobraba en gran cantidad.
— !Oh, sí! ¡Aquí mismo!— Apretó mi miembro casi con saña y me sobresalté—. No te he tocado en todo el puto día, pequeño. Ya me estaba volviendo loco.
Era cierto. Durante todo el día me había salvado de sus caricias, de sus besos, de esas palabras suyas que me hacían poner como una maldita puta. De las veces innecesarias que he tenido que «disculparme» por nada.
Con un rápido giro, me posicionó boca abajo en la mesa. Mi torso quedó sobre ella, dejando expuesto ante él mi trasero. No traía ropa interior, era un poco humillante, pero la falda cubría bastante si me mantenía de pie. Solo si me mantenía de pie.
Cuando me incliné, sentí su mano chocar contra mi trasero con fuerza. Me dolió. A él le gustaba golpearme y le encantaba que yo me quejara. Quisiera decir que me quejaba solo para darle el gusto, pero no era así. En serio dolía.
—¡Au!— me quejé.
—¡Tonterías!— volvió a pegarme con más fuerza— No querrás que en serio te duela.
Oí la cremallera de su pantalón bajar y mordí mi labio del solo imaginar cada pequeña situación. Ya casi podía sentirlo de nuevo dentro de mí, de nuevo haciéndome girar de placer.
— ¡Alguien puede entrar!—Gemí levemente al sentir su miembro acariciar mi entrada.
— ¿Y qué?— Sentenció con frialdad para luego penetrarme en una sola embestida feroz.
— ¡Ah! ¡No!— Gemí ante la fuerte estocada.
Aferré mis manos a los bordes de la mesa, mordiendo mi labio para no dejar salir un fuerte gemido que llamara la atención de alguna que otra presencia indeseada.
Sabía lo mucho que él disfrutaba verme humillado. Disfrutaba como una bestia el verme gritar y temblar entre sus brazos como un animalito indefenso. A pesar de haber pasado tanto tiempo dejando que él me tomara y me hiciera suyo de mil maneras, no podía evitar sentirme incómodo cuando me miraba con malicia y, a veces, hasta con odio. Aún sentía miedo cada vez que acercaba sus manos a mi cuerpo. Aún me sentía intimidado ante su presencia, aún temblaba cuando me miraba con superioridad. Yo le temía. Sí, le tenía miedo, pero eso no significaba que no me gustara su manera de apoderarse de mi cuerpo.
Comenzó a moverse de pronto, aferrándose a mis cabellos sin cuidado alguno, hasta obligarme a alzar la cabeza. Aún dolía su forma de tratarme pero, en algún lugar de mi atormentada cabeza, me gustaba
¿Cómo era que algo así podía gustarme tanto? Hasta el día de hoy sigo pensando en cómo es que me puede excitar la idea que él me trate así.
—Eres perfecto, pequeño— Susurró en mi oído.
Me dio una fuerte nalgada antes de aferrarse a mi cintura para penetrarme con más fuerza. El dolor comenzaba a intensificarse al igual que el placer. Me hubiese encantado que él no notara aquello, pues mi sufrimiento le causaba satisfacción.
— ¡Ah! ¡A-alguien puede entrar!— Insistí entre gemidos.
—Yo estoy dentro de ti ahora, niño.
¡Mierda! Parecía que iba a destrozarme en cualquier momento. El «tener cuidado» nunca era una opción para él. Me dio otra fuerte nalgada antes de aferrarse con ambos brazos a mi cintura para penetrarme con más profundidad. Mi cuerpo tembloroso se elevó en el aire en cuanto presionó mi torso.
— ¡M-maldición!— Gemí en voz alta.
Su miembro estaba tan dentro de mí que temblé con violencia. Mi respiración se agitó de pronto y él no parecía querer soltarme nunca. Una inmensa catarata de sensaciones placenteras me invadió junto a una estruendosa corriente eléctrica que me obligaba a pedirle más.
Mi miembro endurecido, comenzó a humedecerse y no resistí la tentación de tocarme. Sus jodidas embestidas sin piedad me volvían loco, me excitaba, me endurecía y no podía evitarlo.
Cuántas habían sido las veces que me toqué en su ausencia pensando que era él quien me gemía al oído mientras me embestía como la bestia que era.
Su miembro salió de mí repentinamente. Me desesperó no sentirlo.
— ¡No! ¡No se detenga!— Rogué.
—Necesito ver esa hermosa cara de puta mientras me corro dentro de ti— Sentenció.
Me giró rápidamente, me alzó sobre la mesa y volvió a penetrarme con ansias. Esta vez, observándome fijo, casi causando pánico en mí.
No sé si fueron mis ganas de que me destrozara, como él decía, o el hecho de que estaba demasiado excitado, pero me abracé a su cuello y le besé sus labios. A él no le molestó en lo absoluto, de hecho en unos segundos era él quien me devorarme los labios a mí. Era tan fácil para él tomar el control y era aún más fácil que yo lo permitiera.
Al separar nuestros labios él me dio un fuerte empujón, y mi espalda chocó contra la madera fría de la mesa. Él me miró relamiéndose los labios y recargó mis piernas sobre sus hombros.
Unos finos mechones de cabello, caían por su rostro, repleto de sudor. Deseé con toda desesperación arrancar su playera y dejar al descubierto su viril pecho.
Sus manos se aferraron a mis muslos cuando sus movimientos se volvieron cada vez más fuertes. Su pelvis chocaba contra mi trasero fuertemente y yo contuve la respiración un momento.
—¡Más!— Rogué, desesperado— ¡Más fuerte!— él fue quien me obedeció a mí esta vez.
—Mi asquerosa puta. Me encantas— Sentenció entre graves gemidos.
Su mano se aferró a mi cuello a mitad de la penetración y yo arqueé mi espalda. Nuevamente, me encontraba bajo sus órdenes, hundido en un inmenso e insano placer. No pude ni quise evitarlo.
Mis gemidos se fusionaron con los suyos en un momento y el asfixiante calor nos aprisionó a los dos. Mi mano rodeó mi propio miembro y comencé a masturbarme sin importarme de nada.
Como la sucia perra que soy, mordí mi labio inferior mientras miraba sus ojos llenos de deseo posados sobre mí. Aferré una de mis manos a la suya, la que presionaba en mi cuello, y él echó su cabeza hacia atrás soltando un gruñido. Se había corrido dentro de mí.
—Hueles y sabes tan bien…— Me dio una bofetada para luego apoderarse de mis labios.
Una vez que me dejó respirar, se aferró a mi cuello y me besó con lentitud. Su agitada y densa respiración descansaba en mi oído y deseé que nunca me soltara. Me encontraba tan bien entre sus brazos a pesar de que el ardor de sus golpes comenzaba a hacerse presente.
—G-gracias— Susurré, mareado.
—Ve a ducharte, ¿sí? Usa la ropa que se te venga en gana— besó mi mentón.
— ¿En verdad?— Pregunté con sorpresa.
—Sí, ¿qué importa?— Sonrió ampliamente— Luces bien con cualquier mierda encima.
Se alejó de mí para subirse los pantalones de nuevo. Me senté de nuevo en la mesa para observarlo, intentando descubrir por qué tanta alegría el día de hoy.
— ¿Gracias?— Se quedó observándome en vez de irse.
—Podríamos haber estado así un largo rato, pero te tardaste mucho en limpiar— Me acarició la mejilla casi con ternura.
—No es fácil. Soy el único que limpia— me quejé—. Kate no ayuda.
—Ustedes tienen diferentes tareas. Ten huevos para admitir que eres lento.
¿Acaso la estaba defendiendo? De ser así, me molestaría. Ella nunca hacía nada y se supone que también era su empleada. No merecía ser defendida.
— Sí, está bien—susurré entre dientes mientras me bajaba de la mesa.
—Estas celoso de ella— sentenció, dejándome paralizado.
— ¡Claro que no!
—No fue una pregunta— Giré la mirada hacia otro lado— ¿Qué sucede, pequeño? ¿Temes que pueda volver a disfrutar de ella?
—No es algo que deba importarme— Rió ante mi respuesta.
—Pero te importa— Me rodeó la cintura y besó mi cuello—. No me vendría mal pasar una noche con ella. De hecho, podríamos pasarla bien los tres, ¿te lo imaginas?
—¡No!—dije inmediatamente.
No me gustaba la idea de compartirlo con alguien más y menos me agradaba su naturalidad a la hora de mencionar a Kate en esos comentarios tan inapropiados. Sí, tal vez… bueno, definitivamente follaron, pero evitaba pensar en eso. Simplemente, me jodía imaginarlo.
—Lo haremos esta noche— Era un reto. Otra simple excusa para hacerme daño.
—No quiero hacerlo— Nuevamente, una mirada seria por su parte.
Mis cabellos quedaron enredados en su mano y con tan solo un fuerte empujón, mi rostro quedó pegado a una pared.
— ¿Crees que me importa lo que quieres?—cerré mis ojos con fuerza cuando él tomó mi brazo y lo puso detrás de mi espalda— Recuérdame la principal regla de esta casa— Jaló de mi brazo hasta hacerme sentir un dolor agudo.
— ¡Nunca desobedecer, nunca desobedecer!— Mencioné, intentando evitar aquello, pero él no me soltaba— ¡Por favor! ¡Me duele!— rogué, finalmente mientras sus labios volvían a pegarse a mi cuello.
—Ya sé que te duele— volvió a jalar mi brazo, provocándome un dolor aún peor—, me encanta— Y me soltó—. Tienes suerte. Hoy estoy de buen humor. Ve a arreglarte.
—Sí, amo— Bajé la mirada para luego retirarme.
Acaricié mi brazo dolorido y me detuve unos segundos ante el sofá, donde Kate se encontraba muy cómoda, leyendo una revista como si fuera su día de descanso.
Kate había agarrado esa maldita costumbre de pasar todo el tiempo detrás de mi amo, coqueteándole e intentando provocarlo. Nunca lo vi tocarla, ni tampoco noté que tuviera intenciones de hacerlo, pero era imposible no enojarse. Ojalá no tuviera que confesar esto, pero no soportaba la idea de que él puede poner su mirada en alguien más. A veces deseaba ser solo yo el único centro de su atención.
Subí las escaleras rápidamente y me metí en la habitación para abrir el clóset y elegir la ropa que usaría en la noche. Saqué unos pantalones negros, una playera gris y busqué entre las chaquetas.
Me quedé un momento en silencio al ver esa chaqueta naranja que me traía tantos malos recuerdos. Lo primero en lo que pensé fue en que tendría a esas personas frente a mí una vez más. Sí, esta vez, las cosas eran bastante diferentes, pero aún tenía horribles flashes golpeando en mi mente.
Mi único recuerdo rescatable, era Bob. No podía evitar pensar en él.
¿Se acordaría de mí? ¿Estará decepcionado por la decisión que tomé?
Sé que él solo intentaba ayudarme, pero las posibilidades de escapar eran muy pocas. Sé que la furia de mi amo saldría a la luz en cuanto supiera que fue él quién me sacó de aquí. No soportaría que algo malo le pase. Justamente a él, que fue tan bueno conmigo.
Bob era un chico encantador. Sorprendía que fuera hijo de ese terrible monstruo. Él quiso ayudarme a toda costa y yo, por momentos, me arrepiento de no haberme ido con él, pero luego recuerdo esos momentos que mi amo me abraza y me mima como si fuera un niño pequeño. Me gusta mucho eso y no creo poder alejarme.
Pasé un largo tiempo debajo de la ducha, intentando relajarme. Aún estaba asustado, pero no debía demostrarlo. Sabía que sería difícil volver a ver a esas personas pero no tenía más opción. Confiaba en que mi amo no iba a permitir que me llevaran otra vez, pero confiar en él no era recomendable.
Comencé a vestirme con rapidez para tener tiempo de arreglar mi cabello y maquillarme. Me miré al espejo una vez vestido y continué con los maquillajes. Me eché un poco de ese perfume a rosas que tanto le gustaba, una vez maquillado, y me coloqué un poco de brillo en los labios.
Salí de la habitación en cuanto me encontré conforme con mi aspecto. Una vez que pisé el último escalón, oí unas risas demasiado familiares. Se me erizó la piel rápidamente y tuve inmensas ganas de retroceder y encerrarme, pero esa sí que sería la peor de las ideas.
Tomé coraje de dónde no tenía y entré en el comedor. Allí estaban todos. Ese horrible hombre, su esposa, su enfermizo hijo y Bob. Ver su rostro luego de tanto tiempo, me resultaba extraño. Lucía incluso más bello que la última vez. Una pequeña pero visible sonrisa se formó en su rostro al levantar la mirada hasta verme.
— ¡Vaya! ¡Luces radiante! ¿Te acuerdas de mí, pequeño?—Mi mirada se plantó en una figura femenina de ojos de color celeste— Soy yo, Katheryn— No me tomé el tiempo de responderle.
Me acerqué a mi amo y me quedé parado junto a él, temiendo cualquier contacto con alguna de esas personas. Él se aferró a mi mano, pero no de una manera cruel, sino suavemente.
—Mi pequeño no tiene deseos de hablar hoy— Habló mi amo—. Él será nuestra compañía esta noche, no nuestro sirviente.
Besó mi mano, dedicándome una tierna sonrisa que me descolocó por completo.
— ¿Podría tomarme el atrevimiento de darle alguna orden?— Preguntó Robert.
—Yo soy su amo y esa es mi responsabilidad. De nadie más—Respondió mi amo, dejando en silencio al otro hombre—. Ponte cómodo, mi pequeño— Me susurró.
—Sí, amo— Respondí antes de sentarme en silencio, junto a Bob.
—Te ves bien—me susurró muy, pero muy despacio.
Bajé la mirada, ocultando una sonrisa que amenazaba a salir. Me sentía feliz por verlo de nuevo y saber que se encontraba bien.
—Tu niño luce hermoso esta noche, Thomas— Habló la mujer suavemente—. No puedo creer lo bien que has cuidado de él.
—Sí, sobre eso, lamentamos las condiciones en las que lo devolvimos. Reconozco que hemos sido muy bruscos con él— Agregó el hombre.
— ¿Hemos?— Preguntó mi amo.
Todos ellos se miraron entre sí. El hombre pareció nervioso.
—Pues, sí, hemos— Habló—. Tenía a esa belleza en mi casa, no creerás que desaproveché la oportunidad.
—Sé directo, Robert, ¿qué es lo que estás buscando?
—Verás, la última vez que llevamos a tu pequeño lo pasamos muy bien, hemos estado pensando en volver a llevarlo y por un muy buen precio. Queremos tenerlo con nosotros el mayor tiempo posible.
—¿Propósito?— Preguntó con seriedad.
—Ganar dinero. Es cierto que la hemos pasado bien con él, pero tienes una mina de oro en tus manos.
—Lo sé— Las frías respuestas de mi amo parecían molestar a este hombre.
—Queremos hacer negocios y tengo gente en el exterior que está interesada. Hay muchas personas interesadas en tu muchacho. He tenido ofertas enormes.
— ¿Quieres apropiarte de él para venderlo?
—Solo por un tiempo. Te prometo que lo devolveré como nuevo. Si tiene éxito, podría convertirse en tu mejor atracción.
— ¿Alguien más en tu entorno familiar planea disfrutar de él?
—Solo quien sea capaz de pagar— Intervino la mujer—. No dejaríamos que tan dulce criatura cayera en manos equivocadas. Es demasiado inocente aún.
—Es por eso que es tan costoso. Vale más que cualquiera de ustedes.
—No va a venderte— Susurró Bob—. Jamás lo piensa tanto.
Pasaron varios minutos. La cena fue servida por Kate y la comida que Agatha estuvo preparando desde temprano sabía más que deliciosa. Los padres de Bob trataban de convencer a mi amo de comprarme otra vez, pero mi amo no parecía interesado en ninguna oferta.
En la otra punta de la mesa estaba Charlie, quien no me quitaba la mirada de encima. Se relamía los labios de vez en cuando, provocando en mí una terrible incomodidad.
— ¿Podría recordarme dónde está el baño?— Preguntó Bob, dejando a todos en silencio.
—Acompáñalo, pequeño— Ordenó mi amo.
Me levante con lentitud pasé a su lado. Su mano se aferró a mi brazo antes de que me alejara y pensé lo peor. No sería extraño que se enterase que había sido a Bob a quien llamé. Con una sola mirada sabía exactamente lo que yo pensaba. No pude hacer más que asustarme e intentar pretender que no era así.
— ¿S-se le ofrece algo?— Me atreví a romper el silencio.
—Solo quería decirte que no tengas miedo, pequeño— Con una aterradora suavidad, acarició mi mano—. Bob no va a tocarte ni un solo pelo. Aún es virgen e inexperto y no sabría qué hacer contigo.
Ambos cruzaron miradas llenas de odio. Parecían apuñalarse entre ellos solo con observarse y me resultaba aterrador.
Bob estuvo a nada de responderle, pero su padre lo detuvo.
—Seguro tienes urgencia, Bob— y éste se tragó las palabras.
—Pronto crecerás, Bob. No te preocupes.
—Permiso— Sentenció antes de encaminarse hacia la salida.
Caminamos escaleras arriba en un completo silencio.
Una parte de mí estaba feliz por tener la oportunidad de volver a verlo y estar a solas con él.
Había infinidad de cosas de las que debíamos hablar y, aunque no haya el tiempo suficiente para eso, creo que se merecía la mayor disculpa posible.
Una vez en el segundo piso, me dispuse a indicarle por dónde era, ya que en serio Bob no tenía idea por donde quedaba el baño.
Mientras caminábamos, él abrazó mi espalda con fuerza. Me asusté por un momento, pero luego intenté tranquilizarme.
—Bob, no estamos solos aquí. Las paredes escuchan— Le susurré.
— ¿Estás completo?— Preguntó al soltarme.
— ¿Qué?
— ¿En dónde está el baño?— Me descolocó por un segundo y señalé la puerta.
Me tomó de la mano rápidamente y, prácticamente, me arrastró a los apurones por el pasillo para luego meterme en el baño casi contra mi voluntad.
— ¿Qué te pasa?— Le pregunté una vez dentro.
—Te prometo que solo será un momento. Por favor, Bill.
Moví mi cabeza positivamente. Sé que le debía esa charla, así que dejé que él cerrara con seguro.
Sus brazos me rodearon el cuerpo con fuerza y yo solo le correspondí. Ya casi me olvidaba de cuan bien la había pasado tan solo unos minutos a su lado. Con su entusiasmo por querer ayudarme a reconstruir mi vida, se había ganado toda mi confianza. Ahora podía pensar en una gran persona cada vez que lo recordaba. Verlo era maravilloso y saber que no me odiaba, era gloria pura.
—Creí que no volvería a verte— Me susurró al oído—. Aún me lamento por no haber venido sin importar nada, debí enfrentarlo y defenderte.
—Tranquilo, Bob. Te prometo que estoy bien.
—No me digas que no te hizo daño porque no lo creeré. Era él al otro lado del teléfono, queriendo hacernos daño— Acarició mi mejilla.
—Sabes que sí lo hizo, pero estoy bien ahora.
— ¿Qué fue lo que te hizo?
—Bob…
—Lo haré pagar por todo lo que te ha hecho— Me interrumpió, dejándome en silencio—. Aún puedes escapar.
—Tú ya sabes mi respuesta. No iré a ningún lado y si estoy hablando contigo aquí es para agradecer por todo lo que has hecho por mí. Sé que quieres ayudar, pero no lo necesito. Estoy bien.
Él no me respondió, simplemente unió sus labios a los míos, exactamente como aquella vez.
Después de tanto tiempo. volver a sentirlo así de cerca era extraño. No recordaba cuándo fue la última vez que alguien que no era mi amo me había besado. Aquello me resulto incómodo y sólo giré mi rostro para evitarlo.
— ¿Qué tienes? Creí que yo también te importaba.
—No de esa forma.
—Lo amas a él, ¿no es verdad?
— ¡No, Bob!
—No tienes que mentirme. Nadie se quedaría con un ser tan inmundo de no ser por amor.
—Si no me fui fue por miedo, no por eso. Deja de decir estupideces— Hablé enojado.
— ¿Miedo? Nuestro plan era perfecto y ni siquiera fuiste capaz de hacerlo dormir. Parece que te gusta la forma en la que él te trata.
— ¿Que me gusta la forma en la que él me trata?— Pregunté indignado.
—Abusó de ti, ¿no es verdad?— Guardé silencio— ¿Por qué lo quieres a él?
—No me iré. Es mi última palabra— Iba a retirarme, pero él se aferró a mis hombros y me aprisionó contra la pared.
Su mirada cambió por completo. El dulce Bob que alguna vez quiso ayudarme, se había convertido en un ser sin paciencia, casi igual a mi amo cuando estaba enojado.
—Me importas.
—Suéltame. No me iré.
—No permitiré que te haga daño. Si caes en manos de mis padres otra vez, no podré hacer nada por ti. Te van a vender, te van a violar y no tendrás escapatoria.
—Aceptaré el riesgo.
— ¡Déjame ayudarte!— Exclamó en voz alta, provocándome el peor susto de mi vida— Por favor— susurró con más calma.
Dejó una nueva caricia en mi rostro, pero esta vez me resultó aterrador. Solo quería que se alejara, pero él no parecía dispuesto a hacerlo.
—Bob, sé que tu intención es buena, pero debes entender que estoy bien.
—No, tú no estás bien. Estás en el infierno y yo solo que salgas de aquí. Mereces tanto ser feliz…— Besó mi mejilla con suavidad—. Te juro que me es imposible olvidarme de ti. No me lo perdonaría nunca si te abandono aquí.
—Es mi decisión estar aquí.
—Pero no debe ser así. Debes salir de aquí y yo quiero ayudarte.
—Creo que debemos volver a la sala. Nos estamos tardando mucho.
— ¿Cuál es tu problema? ¿Acaso no quieres ser feliz?
—Lo soy, aquí, con él.
—Te va a matar en cuanto se aburra de ti. Yo puedo darte verdadera felicidad. Tú y yo podemos llegar lejos, ¿comprendes eso?
—No es lo que quiero, Bob.
— ¿En serio prefieres vivir con ese monstruo? Te va a golpear hasta el cansancio y vivirás deseando estar muerto.
—Sí— Respondí con firmeza.
Él guardó silencio unos momentos hasta que volvió a besarme, pero con más rudeza, empujando mi cuerpo con el suyo, hasta apresarme contra aquella pared.
Sentí sus labios moviéndose de manera ansiosa y empujé su pecho, intentando liberarme. Me acarició las piernas descaradamente y giré mi rostro para evitar sus labios. Inmediatamente, su boca se pegó a mi cuello y lo empujé tan fuerte como pude, hasta que se alejó de mí. Definitivamente, no sentí más que temor al tenerlo frente a mí.
— ¿Qué pasa contigo? ¿Cuál es tu problema?— Preguntó, casi indignado.
—Tú eres el problema— Susurré antes de salir del baño rápidamente.
Caminé lejos de él y a paso rápido, temiendo que fuese a hacerme algo en el camino, pero por suerte no pasó eso. No me giré a verlo, me sentía incómodo y decepcionado. Aún sentía el tacto de sus manos sobre mí y no podía evitar pensar en su padre y en su hermano, y en todas las cosas horribles que me habían hecho.
Logré verlo cuando llegamos al comedor y él se sentó nuevamente en su lugar. Yo me senté en donde se me había asignado. Mi amo me miró detenidamente, lo cual me asustó bastante hasta que el tal Robert habló, acaparando toda su atención.
—Tus cenas siempre son un placer, Thomas—Mencionó el hombre—, pero creo que es momento de hablar de negocios.
—Habla entonces, Downey— Contestó mi amo.
—Hemos venido por tu pequeño muchacho y toda la noche hemos estado tocando ese tema con la esperanza de que simplemente aceptaras, así que iré directo al grano y espero que tú también lo hagas, Thomas.
—Thomas, cariño— Habló la mujer esta vez—, estamos dispuestos a pagar muchísimo por él.
Puedes darnos una semana de prueba y si todo funciona bien, haremos negocios enormes. Prometemos devolverlo en mejores condiciones que la última vez.
—Aún tiene cicatrices— Mi amo clavó su mirada en mí—. Han marcado algo de mi propiedad y eso me molesta.
—Lo lamento— Oí la voz de Charlie—. Solo quise que fuera un correctivo, pero a veces no controlo mi fuerza.
—Lo he notado— Mi amo se fijó en Charlie, quien enmudeció, borrando la macabra sonrisa de su rostro—, créeme.
—No va a suceder de nuevo— Dijo la mujer—. De verdad estamos interesados en él. Pagaríamos cuanta cantidad sea necesaria.
La mujer se levantó de su asiento y con una caminata elegante y provocativa se acercó a mi amo. Se inclinó hasta apoyar sus brazos sobre la mesa y sus enormes pechos quedaron ante los ojos de éste. En ese momento temí que todo se fuera a la mierda. Es decir, ella era una mujer hermosa y él no parecía alguien que se negara a eso.
—Cualquier cantidad…— Habló mi amo, esbozando una sonrisa—
—Cualquier cantidad de dinero que puedas imaginarte, incluso el doble o el triple. Piénsalo, puedo ser capaz de cumplir todos tus deseos.
— ¿Cualquier deseo?— Él no dejaba de mirarla con descaro.
—Cualquier cosa— Ella le sonrió y le acarició el rostro con sus largas uñas esmaltadas en rojo— . Mi esposo y yo somos muy insistentes cuando deseamos algo y ahora lo deseamos a él y no tenemos más opción que pedírtelo por favor.
—Veamos— Me miró a mí esta vez—: Me están ofreciendo una gran cantidad de dinero y ofertas imposibles de rechazar— miró los pechos de la mujer y luego su rostro—. Creo que no tengo más opción— La mujer sonrió ampliamente—, tendré que rechazarlo—Así como sonrió, se puso seria en un instante.
— ¿Rechazarlo?— Preguntó el hombre, hundido en una furia inmensa.
—Rechazarlo— Repitió, mirándome de nuevo—. Lo siento, pero el pequeño ya no está en venta para nadie. Es mío.
—¿Estás hablando en serio?— el hombre se levantó rápidamente, echando su silla hacia atrás y golpeando la mesa con ambas manos— ¡Dime que esto es una broma!
—No lo es— respondió mi amo, con calma—. Si no tienes más para ofrecer, puedes largarte.
—¡Vengo hasta tu casa con mi familia, te entrego dinero y a mi esposa! ¿Qué crees que tienes entre tus manos? ¿Cuánto puede valer un simple muchacho?— Hablaba, furioso y en voz alta.
—Un simple muchacho, no más que unos Euros. Mi pequeño vale más que eso— me sentí orgulloso al oír eso de sus labios—. Vale más que cualquiera de ustedes y no haré trato alguno.
—No sabes en lo que te estás metiendo.
—¡Tus palabras son las que te van a condenar el día de mañana!— Habló mi amo, poniéndose de pie— ¿Te crees capaz de amenazarme en mi propia casa?
La mujer, completamente aterrada, corrió a esconderse detrás de su esposo y lo abrazó.
—Vamos, se ha terminado. Dijo que no— Susurró la asustada mujer a su esposo.
—Cavaste tu propia tumba— Sentenció el hombre, dedicando una asesina mirada a mi amo—. Lo lamentarás.
La mujer, junto a sus dos hijos, se retiraron antes que el hombre.
—Quiero ver que lo intentes— el tal Robert dio un paso atrás en cuanto mi amo dejó a la vista su arma.
Robert se dio la media vuelta y fue detrás de su familia sin volver a pronunciar palabra alguna.
Antes de retirarse por completo, me dedicó la peor de las miradas. Me quedé paralizado y en completo silencio. Mi amo se me acercó muy lentamente y besó mi mejilla, dándome un poco de tranquilidad.
—No venderé a mi pequeño— Dejó un suave beso en mis labios—. Ordena un poco todo este desastre.
—Sí, amo— Respondí antes de comenzar a juntar los platos.
Tenía la piel de gallina. No entendía cómo es que podía actuar tan natural luego de una amenaza de ese tipo tan enfermo y abominable. Sé que no podría sacar la imagen de ese tipo de mi cabeza en mucho tiempo.
Él se encaminó hasta el living y allí se quedó. Yo procedí a levantar todo lo que había en la mesa muy lentamente mientras pensaba en lo sucedido.
Él no me había vendido y Bob tuvo razón, pero, ¿qué debía sentir por esto? Quisiera no sentir eso tan parecido al orgullo que trepaba por mi garganta hasta mis labios para, finalmente, convertirse en sonrisa.
.
—Dijo que fueras— Entró sorpresivamente Kate a la cocina—. Ve, yo terminaré de lavar esto.
— ¿Estás segura?— Pregunté.
Su seria mirada no me dio más opción que retirarme de allí antes de que se pusiera violenta y me insultara. Me deshice de mi delantal y de los guantes de goma antes de entrar al living, donde estaba él en el sofá.
—Ahí estás— Me habló con una sonrisa—. Ven aquí, niño, necesito de ti.
Otro de esos momentos en los que nos encontrábamos a solas, disfrutando solo de la compañía del otro. Me encantaba charlar con él y había situaciones en las que su lengua tenía más libertad de la esperada y me contaba cosas muy tiernas. Me hubiese gustado saber si a él le gustaba mi compañía tanto.
Me senté junto a él y él acarició mi pierna, esbozando una tierna sonrisa. No parecía querer algo más que un simple contacto humano.
— ¿Se siente bien?— Me atreví a preguntar.
—No mucho. Me ayudaría si te quitas esa molesta ropa— Acarició mi mentón— ¿Lo harías para tu amo?
Su expresión lucía adorable. No quería admitirlo, pero cumplí con tan humillante orden con una enorme sonrisa. Me quité todas las prendas una por una ante su mirada, hasta que al final quedé desnudo por completo, sentado a su lado.
— ¿Así está bien?
—Vas a destrozar este viejo corazón— Bromeó para luego rodearme la cintura y sentarme sobre sus piernas.
— ¿Está seguro de que se siente bien?— Me atreví a acariciarle el rostro.
—Voy a confesarte algo, angelito— Con ambas manos, acarició mis cabellos muy lentamente— : No quiero venderte nunca más. Te quiero para mí.
— ¿En serio?— Aquello no podía sonar mejor saliendo de sus labios.
—En serio— Sonrió ampliamente—. Pero esto me traerá muchos problemas. Estoy dispuesto a pelear por ti, pero estoy muy cansado. Quisiera tener tu edad.
— ¿No cree que un descanso le vendría bien?— Dije sinceramente, apoyando mi cabeza en su hombro con toda confianza—. Todo esto puede afectar mucho su salud.
—Creo que ya me está afectando— Suspiró profundamente— ¿Qué harías si algo malo me pasa mañana?
No podía creer que me haya preguntado eso. Era absurdo el pensarlo siquiera, y más absurdo era el saber que mi respuesta era tan simple como: «nada. No quedaría nada de mí porque usted lo es todo».
—No lo sé. Tal vez, lo mismo que usted haría si a mí me pasara algo— Guardó silencio un largo momento.
—Eres un degenerado, niño— Reímos.
—Debe cuidarse un poco más— Acarició mi rostro—. No quiero que le pase algo malo.
Alcé la cabeza solo para encontrar una leve y tierna sonrisa que se había formado en sus labios. Lucía encantador.
— ¿Eso es lo que realmente quieres?—decía con ese brillo tan hermoso en sus ojos.
—Es todo lo que me importa por ahora.
—En algún lugar de tu cabeza, debe haber algo malo— Tomó mi rostro con ambas manos. Su tacto áspero y frío solo lograba intimidarme—. Definitivamente hay algo que no está bien contigo. No puede ser que desees quedarte a mi lado.
—No soy perfecto.
—Casi lo eres— Fijó sus ojos en los míos—. Tú único defecto es que eres frágil. Cualquier roce puede destruirte y ahora estás frente a mí y eso parece no importarte.
—No hay razones para lastimarte, ¿verdad?
—Eres una criatura maravillosa— Besó mis labios con suavidad— ¿Qué voy a hacer contigo, niño?
«Dime quién eres. Quiéreme. Cuídame»
—Estoy jodidamente cansado— Volvió a suspirar, dejando libre mi rostro—, pero me agrada pasar tiempo contigo.
No pude evitar sonreír. Por alguna razón, me ponía feliz que quisiera pasar tiempo conmigo. Ya lo sé, era un monstruo y a veces me trataba como a una mierda. Pero esta no era una de aquellas horribles ocasiones las que yo acababa tirado en el suelo, llorando de dolor. Este momento era único y era uno de esos pocos momentos en que yo podía demostrar que había algo más que solo maldad en él.
Me rodeó con sus brazos y así terminé recostado en su hombro nuevamente. Hundido en una cálida y cómoda ola de calor.
—También me agrada pasar tiempo con usted— Acaricié su mejilla con suavidad.
—Ni siquiera merezco tu compañía, pero lo comprendo. Tú eres un niño ingenuo y yo un monstruo manipulador. No es de sorprender que estés confiando tanto en que no te haré daño.
—No está siendo un monstruo ahora.
— ¿Cómo lo sabes?— Volví a mirarlo a los ojos.
—No está siendo un monstruo ahora— Aseguré.
—Aún hay mucha mierda que no puedes comprender y yo soy una de ellas— Tocó la punta de mi nariz con su índice—. Crecerás para odiarme.
— ¿Y si no?
—No imagino otra forma de que puedas vivir en paz.
Continúa…
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