«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 12

Lo último que vi antes de salir, fue como él tomaba su teléfono y comenzaba a marcar un número que me hubiera encantado saber a quién pertenecía.

Me apresuré a bajar por las escaleras mientras me arreglaba un poco el cabello con los dedos. Hubo una fuerte «sacudida» antes de poder salir y él no era precisamente delicado. Tuvimos que ducharnos una vez más y él ya parecía molesto ya que llegábamos tarde, pero no fue mi culpa. Puedo jurar que esta vez no fue mi culpa.

Agatha se encontraba pasando la aspiradora en la entrada. Una labor que tendría que estar haciendo yo en ese momento y por lo cual me sentí culpable.

—¡Oh, por dios, mírate!— Exclamó con una gran sonrisa— ¡Luces encantador, Bill!

Extendió sus brazos para recibirme y me arrojé a ellos sin pensarlo. Un abrazo maternal que deseé más que nada en el mundo. Cuando nos separamos, ella acomodó mis cabellos y yo solo reí. Por alguna razón, su expresión me traía completa felicidad.

—No puedo creer que vayan a salir juntos. Serás el primero que sale a su lado.

— ¿En verdad?

—Eres especial, Bill, ya te lo he dicho. Estoy segura de que tiene algo preparado para ti.

— ¿Algo cómo qué?

—No lo sé, algo especial.

—Esto no será una cita— Mis mejillas ardieron de solo pensarlo—, pero si lo fuera, ¿debería sentirme feliz?

—yo lo estaría— Me acarició la frente—. Tendrás mucho para contarme cuando regreses. —Prometo contarte cada detalle.

Le di un abrazo fuerte y ella me dejó ir en cuanto oímos sus pasos sonar al bajar los escalones. Rápidamente continuó con su labor de aspirar el suelo y yo solo me volteé, para esperarlo.

—Deja de distraerme— Me susurró antes de abrazar mis hombros y dejar un beso en mi mejilla.

—Lo siento, amo—Dejó un beso en mis labios.

Casi se me sale el corazón cuando me tomó de la mano delicadamente y me sacó de la casa a paso lento. Casi como una pareja y sé que suena estúpido, pero no estaba tan acostumbrado a tanto cariño de un desconocido y él estaba a nada de dejar de ser solo un desconocido. Él me agradaba mucho.

Al salir, me encontré con un precioso sol que brillaba con intensidad en el cielo. Algo me decía que sería un día precioso. De esos días en los que te gustaría pasear por todos los parques de la ciudad y respirar aire fresco.

Ambos nos dirigimos hacia la entrada del garaje y él se acercó hasta la puerta del copiloto, invitándome a subir, educadamente. Yo, obviamente subí mientras le dedicaba una sonrisa como agradecimiento.

&

Me preguntaba a dónde me llevaría e increíblemente me entusiasmaba saber si lo que Agatha había dicho era cierto. Sí, era cierto que imaginar algo como una cita con él era más que irreal, pero imaginar era gratis. En serio me hubiese encantado que algo así pasara.

Me quedé todo el viaje en silencio viendo el paisaje a través de la ventanilla. De vez en cuando mi amo atendía su teléfono y hablaba sobre que ya estaba en camino y, en un momento mencionó que estaba yo con él. Fue el único momento en que compartimos una mirada porque el resto del viaje el estuvo concentrado en el camino. Cada vez que el pasaje se tornaba más familiar, como si yo ya hubiera estado ahí. Comenzaba a sentirme incómodo.

—Baja, pequeño— Me ordenó, a lo que obedecí—. Ve y pide algo para comer, aún nos queda una hora de viaje.

— ¿Qué quiere usted?

No sé si era idea mía, pero su sonrisa lucía cada vez más hermosa. Se acercó y dejó un beso en mis labios.

—No te preocupes por mí, iré en un momento.

—Está bien— Respondí entre bobas sonrisas.

Me giré para retirarme, pero él me tomó del brazo antes de que pudiera dar otro paso. Se acercó a mi oído, apretando el agarre casi con furia.

—Ya no estamos en casa. Si alguien quiere hacerte daño, grita tan fuerte como puedas.

Se me erizó la piel con solo aquellas palabras. Me asusté, pero aún así asentí para luego caminar hasta la tienda.

Entré con toda la confianza del mundo, intentando ignorar los comentarios de mi amo. Me senté en una mesa junto a la gran vidriera y desde allí observaba a mi amo, apoyado en una pared lejos de su auto, fumando un cigarrillo con total normalidad.

Pasaron los minutos y yo aún seguía sin probar bocado alguno. Había algo en aquel lugar que me estaba incomodando demasiado y se trataba de dos personas que no dejaban de mirarme descaradamente desde un mesa frente a la mía.

Traté de no mirarlos, de ignorarlos, pero no podía evitar sentirme perseguido después de lo que me había dicho mi amo.

Se trataba de un hombre completamente rubio, un hombre mayor con ojos azules y enormes ojeras, y a su lado, una mujer muy robusta de cabello rojizo. Ambos se fijaban en mí y luego hablaban entre ellos.

Ambos pegaron sus miradas en mí desde que tomé asiento con mi comida en manos. Sabía que no debía juzgarlos, pero algo no olía bien ahí. Mientras el tiempo pasaba, los clientes se iban retirando uno a uno hasta solo quedar nosotros tres.

Empecé a golpear la mesa con las uñas, algo desesperado y rogando mentalmente que mi amo volviera. Las cosas se pusieron mucho peor cuando volteé hacia esa pared en la que él estaba y su imagen desapareció. Simplemente, se esfumó como un fantasma y yo no tenía ni un euro para pagar lo que había consumido.

De todas maneras, eso no era lo peor. Lo peor es que esas tres personas seguían ahí y yo no podía levantarme sin pagar. Me vi obligado a quedarme ahí hasta que mi amo volviera y temí que me abandonara aquí.

El ambiente se volvió aún más tenso cuando la mujer se levantó de su asiento y se sentó en una silla en mi mesa. Se quedó observándome con una sonrisa tan falsa como el color de su cabello.

—Hola, ¿no te molesta si te acompaño?— Preguntó.

—Estoy esperando a alguien— Intenté no sonar grosero.

—Nosotros también. Mi esposo es un poco tímido, pero yo no. Nos dio mucha curiosidad ver a alguien como tú— Guardé silencio—. Tú no eres de por aquí, ¿no?

—Espero que no lo tome a mal, pero en serio estoy esperando a alguien.

—Tranquilo, solo queremos hacerte compañía.

No respondí. Desvié mi mirada hacia la ventana y comencé a buscara mi amo por cualquier rincón que mi mirada llegase a captar. Estaba al borde de la locura pues mi única idea en ese momento era golpearla y salir corriendo.

—Disculpe, tengo que irme.

Me puse de pie y ella lo hizo al mismo tiempo, interrumpiendo mi paso. El hombre de atrás se paró igualmente, con una aterradora expresión.

—Tranquilo, no voy a hacerte daño— siguió hablando— ¿No te han enseñado que es malo no responder a preguntas amables?

— ¿Estás solo, niño?— Preguntó el hombre, acercándose mientras se quitaba el cinturón.

Me giré para retirarme, pero antes de que pudiera avanzar, la mujer se aferró a mi brazo y me tiró sobre la mesa. Esta se movió peligrosamente e intenté levantarme, pero justo en ese momento su puño impactó en mi mejilla y mi frente sobre la gruesa madera.

— ¡Apúrate!—Exclamó la mujer.

Mientras ella sostenía mis brazos cruzados a mi pecho, este tipo me bajó los pantalones y comencé a patear al aire, intentando alejarlo pero fue inútil. Las lágrimas saltaron solas de mis ojos ante la desesperación, pues mis movimientos eran demasiado débiles y ella superaba mi fuerza.

— ¡Suéltenme! ¡Amo!— La mujer calló mis gritos con una fuerte bofetada.

—¡Cierra la puta boca!— Me escupió en la cara para luego volver a golpearme.

— ¡Por favor! ¡No!— Grité entre sollozos.

El tipo logró su cometido. Me encontré expuesto ante ellos de la cintura para abajo pero, por mi suerte, no llegó más lejos. Oí un disparo y el pesado cuerpo de la mujer cayó sobre mí. Su sangre comenzó a empapar mis mejillas y me quedé paralizado.

—Esa no es mercancía— Mi amo se encontraba con su arma en mano.

Un escalofrío me recorrió la espalda al oír su voz y, a su vez, sentí el mayor de los alivios.

El hombre retrocedió rápidamente e intentó huir, pero un disparo lo dejó sin vida en el suelo. Era la primera vez en que veía algo así, simplemente me quedé estático. El saber que él lo había hecho y no poder sentir más que miedo. Solo pude temblar y rogar porque mi destino no fuera el mismo.

— ¡Eres un idiota!.

Empujó el cuerpo sin vida de aquella mujer como si no fuese nada importante y lo dejó caer al suelo. Me puso de pie, tomándome por los hombros y se encargó de acomodar mi ropa una vez más.

A penas pude sentir la bofetada que me dio para que volviera a la realidad. Se quedó mirándome fijo otra vez, de esa misma aterradora manera que me hacía desear estar en otro lado.

—¡Te dije que no quería disturbios!— Me regañó.

Se aferró a mi brazo y me arrastró hacia su auto. Él abrió la puerta y me arrojó allí como si todo hubiese sido mi culpa.

No fui capaz de responderle, ni hice nada más que temblar. Aún tenía sangre de aquella mujer en mi rostro y el aroma asqueroso de ese hombre sobre mi cuerpo. Él los había matado y eso quizás sí fue mi culpa.

No quise verlo a los ojos. No podía creer que el mismo tierno hombre de esta mañana acababa de hacer algo así. Sí, tenía miedo. Sí, estaba asustado y sí, deseaba estar lejos de él.

El auto arrancó en unos segundos. Los minutos en silencio pasaban hasta encontrarnos en la carretera. Él seguía enojado y yo me encontraba asustado. Desearía nunca haberme enterado de quien está a mi lado.

Mis manos aún temblaban y, de no ser porque estaba él allí, me hubiera largado a llorar como un idiota una vez más. Un espantoso hormigueo me recorría el cuerpo, junto a una fuerte presión en el estómago.

— ¿¡No piensas decir nada!?— Gritó, provocándome un escalofrío.

—Los mató— Fue todo lo que atiné a decir.

—Se lo merecen.

— ¡No!

—¡Ese tipo Iba a violarte!

—Como si usted no lo hubiera hecho— Hablé con pura frialdad, con una inmensa rabia atragantada en mi garganta.

—Merecían morir.

—¡Nadie lo merece!

—¿Vas a cuestionarme?— me quedé en silencio recordando lo que podía llegar a pasar si le llevaba la contraria— ¿Acaso quieres ser vendido nuevamente?

—Usted ya lo hizo.

—¡Te he dado todo lo que has pedido!

— ¿¡Y qué!? ¡Nunca lo perdonaré! ¡Púdrete!

Entonces el auto se detuvo a un costado de la carretera. La carretera estaba desierta, podría matarme allí mismo y nadie se daría cuenta de ello.

—Baja del auto.

No moví ni un dedo, el miedo no me permitía. Si fue capaz de matar, era capaz de atropellarme si bajaba.

—Lo siento.

— ¡Baja del puto auto!— Gritó.

—Por favor, lo siento.

No alcancé a terminar la frase. Él mismo se bajó del auto y comencé a desesperarme. Con las manos temblorosas intenté desabrochar mi cinturón de seguridad, pero antes de que pudiera hacerlo la puerta que estaba a mi lado se abrió repentinamente y sus manos se aferraron a cuello de mi playera. Alcancé a desabrochar el cinturón cuando él tiró de mí hacia afuera. Mi espalda chocó contra la puerta trasera del auto y me dio una bofetada en cuanto comencé a llorar.

— ¿¡Con quién mierda crees que estás hablando!?— Gritó en mi rostro.

—Perdón— Hablé entre llantos.

—Perdón no, vas a escucharme, pequeña rata— Enredó mis cabellos en su mano y me habló al oído—. ¿Sabes que haré? Voy a venderte y dejar que hagan con tu culo lo que quieran. Te venderé por dos putos euros, ¿es eso lo que quieres?

—No— Lloré.

—Todo lo que tienes, yo te lo he dado. Todo. Sin mí no serías nada. Toda esta mierda que usas, todo es mío. Tú eres mío, ¿comprendes?

—S-sí— titubeé.

—Todo este puto teatro del niño bueno me hace querer matarte y tienes pruebas de que soy capaz, ¿o no?— Volvió a abofetearme— ¿¡O no!?— Me abofeteó con más fuerza.

—S-sí. Lo siento, lo siento.

—Quítate la ropa— Me dejó libre con un empujón—. Esa ropa no te pertenece, me pertenece a mí y ya no puedes usarla.

Tenía dos opciones: la primera era rogarle que me dejara tranquilo hasta que al final se hartara y accediera, aunque también podía acabar con su paciencia y me mataría. La segunda era obedecerlo y, quizás así, tendría oportunidad de salvarme.

Opté por la segunda opción. Pensé que aquello lo calmaría y efectivamente así fue. Me quité todas las prendas, una por una. Todas. Él solo me miraba y tomó aquello como un desafío. Por un momento se notó sorprendido que de que me haya atrevido a hacer eso en un lugar público.

Sin mencionar palabra alguna, se me acercó a paso rápido, me abrazó la cintura y me besó. Me besó con una enorme intensidad. Me besó como si fuera la última vez en que nuestros labios se rozarían.

—No es tan difícil ser mi puta, ¿verdad?— Me acarició la mejilla con suavidad— ¿Sabes lo peligroso que es hacerme enojar?

—No quise…

—Cállate— Me interrumpió.

Esta vez, con más lentitud, e incluso con algo de ternura, posó sus labios sobre los míos mientras me rodeaba la cintura con esos enormes brazos perfectamente visibles a través de la fina tela de su polera blanca.

—En serio lo siento— Susurré cuando nuestros labios se separaron.

—No vuelvas a hacerme enojar. Sabes que no quiero hacerte daño.

— ¿Usted asesina personas?

—Esas personas querían hacerte daño y alejarte de mí, ¿eso quieres tú?— moví mi cabeza negativamente— Entonces no te quejes.

— Fue mi culpa que murieran.

—Yo moriría por ti—dejó otra caricia en mi rostro, esta vez con ternura.

—No diga eso.

—Sabes que lo haría, mi pequeño. Yo haría lo que sea por ti— Dejó otro suave beso en mis labios al que correspondí sin pensarlo dos veces.

Sus palabras podían ser tanto mentira como verdad, pero esta vez no pude ni quise hacer más que creerle. Nunca me sentí querido por nadie que no sea mi madre o mi pequeña hermana, pero él me hacía sentir así.

Sé que tenerle miedo sería lo que cualquier persona normal haría, pero si yo le tuviera miedo no estará hoy con él, entre sus brazos y recibiendo sus dulces besos.

A veces me preocupaba el hecho de que cada vez me costaba más estar lejos de él. Él era mi amo, mi peor pesadilla, y aún así obedecer sus órdenes ya se había vuelto más un deseo que una obligación para mí.

Continúa… 

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