«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 17
—Tal vez yo quería a Agatha como si fuese mi verdadera madre porque ella estuvo a mi lado cuando nadie más lo hizo. Hablar de estas cosas en este momento me resulta una porquería. La extraño y nada será lo mismo sin ella.
—Ella se fue sabiendo que usted era un buen hombre. Usted ha hecho todo lo que pudo por protegerla y ella no podía pensar de otra manera.
—Ella merecía ser protegida. Era una persona muy especial y su ausencia se hará notar en esta casa. Debo admitir que ha hecho todo por mí y el no tenerla aquí me hace sentir un completo inútil.
Escuchar aquellas palabras saliendo de su boca era como oír una melodía extraña, una melodía que no se escuchaba más de una vez en toda la vida. Era como si él me abriera su corazón y me dejara saber cuán vulnerable era, aunque tenía que admitir no lo era demasiado. Para mí, era uno de esos momentos en los que me sentía importante para alguien que aprecio.
—¿Cuál fue su relación con ella?— Pregunté.
Lo miré atentamente, deseoso por oír cada sílaba que escapara de sus labios. Él se tomó un momento para pensarlo y finalmente respondió, luego de un largo suspiro.
—Simplemente, Agatha fue quien me acompañó durante toda mi vida. Era una de las pocas personas que estaba allí y, al final, fue la última cuando me quedé solo. Es por eso que me cuesta aceptar que se ha ido. No sé si lo entiendes, pero cuando eres un joven y te aferras tanto a algo o a alguien, decirle adiós es como si te arrebataran por completo tu razón de vivir y eso fue ella para mí. No era una empleada más, era una buena amiga, una gran persona y es como perder una segunda madre.
—¿Usted la quería demasiado, no es verdad? La quería tanto como a su verdadera madre.
Él soltó una leve risa y acarició mi mejilla con suavidad, dejándome ver en sus ojos a un ser que nunca antes había visto. Un alma sensible de la cual me enamoré en un instante.
—La apreciaba incluso más que a mi propia madre— Afirmó—. No sé si «querer» es la palabra exacta, pero sí le tuve y le tendré por siempre un profundo respeto a esa mujer. No cualquiera se gana mi respeto y ella lo hizo, dedicándome toda su vida. Sé que desearé que regrese hasta el fin de mis días.
—Es la mujer más afortunada del mundo. Se ha ganado cada parte del respeto que siente por ella.
Me acurruqué en su pecho desnudo mientras él cubría mi cuerpo con las delicadas sábanas de seda blanca.
En ese momento, sentía una mezcla entre tristeza y orgullo. Orgullo por haber logrado que él hablara y me dijera cosas de las que nunca creí que me hablaría, y tristeza por ponerme en su lugar un momento y sentir el mismo dolor que él sentía al hablarme de la pérdida de alguien que fue tan importante para él. No éramos tan diferentes. Ambos tuvimos algo por lo que vivir y nos lo han arrebatado injustamente.
—Se lo merecía más que cualquier otra persona, te lo aseguro. No recuerdo cuando me ha fallado, creo que tendría que escarbar hasta en el último de mis recuerdos para saber cuándo fue que ella me traicionó porque, ahora mismo, no recuerdo ninguno de esos momentos y dudo de su existencia.
—¿Puedo decirle una cosa?— Bajé la mirada y suspiré al sentir sus caricias sobre mi espalda— Siento… celos de ella— Confesé con pavor.
—¿Celos? ¿Tú?— hasta a mí me costaba creer eso de mí mismo, pero si es que él era sincero conmigo…— ¿El muchacho al que nada le importa? ¿Celos de Agatha?— Preguntó en tono divertido, como si no pudiera creer lo que yo decía.
—Sí, bueno, ya los sentía desde hace bastante pero no dije nada porque me parecía ridículo.
—¿Vas a seguir negándome que hasta darías tu culo por mí? Acéptalo, eres un idiota y te has enamorado de mí.
—No me he enamorado, usted mismo dijo que eso es una idiotez y yo no soy ningún idiota— rió—. Solo sentí celos porque me interesaba saber de usted, me interesaba saber de su vida y me frustraba no poder preguntar nada, ya que usted me lo prohibía. Ella tenía toda su confianza mientras yo vivía con dudas.
—¿Y de qué te iba a servir saber de mí? ¿Qué pretendías conseguir con eso?
Me quedé en silencio unos momentos, analizando aquello y la verdad es que no sabía si era pura curiosidad o en serio él me importaba lo suficiente como para entrometerme en sus asuntos.
—No lo sé, tal vez solo sentía curiosidad por saber a qué clase de persona me estaría enfrentando de ahora en más.
Esta vez fue él quien mantuvo silencio un largo momento, hasta que soltó un suspiro con pesadez.
— Estamos bien así, el pasado es irrelevante, ¿no te parece?
Tomó mi mentón y levantó mi mirada. Yo moví mi cabeza positivamente y suspiré ante sus preciosos ojos brillantes. Por fin lo veía sonreír cual niño pequeño, con la luz del sol alumbrando en su perfecto rostro. Aquella imagen duraría para siempre en mi memoria.
—Estamos bien así— sentencié, devolviéndole la misma sonrisa que me había regalado hace un momento.
Las sonrisas quedaron en el pasado cuando sus labios rozaron los míos tiernamente, todo parecía tan perfecto en ese momento, aunque las cosas no estuviesen del todo bien.
—Te voy a confesar algo, pequeño: Yo sé que has perdido mucho en tu vida, pero yo no te dejaré solo.
Cuando él quería, podía ser tan tierno como un oso de peluche. Agradecí esas palabras como nunca antes en mi vida, pero no quería ilusionarme demasiado, sabiendo cómo terminaron las cosas con mi familia. La historia podía repetirse y aquello me aterraba.
—Eso no es una promesa, ¿verdad?
—No lo es, nunca prometo nada a nadie, ni mucho menos a ti. Confía en mis palabras, yo no tengo razón para mentir. Para bien o para mal, no seré yo quien se aleje de ti.
—Está bien, le creo—él levantó una ceja, no muy convencido por mis palabras—. Es en serio, yo creo en lo que me dice.
—¿Y confías en mí?
—Sí, sí confío.
—Entonces podrías decirme cuál es la razón por la cual estás nervioso todo el tiempo, ¿no?
De nuevo con eso. Era detestable la forma en la que leía cada uno de mis movimientos. Desearía que no me conociera en lo absoluto.
—No lo estoy.
—¿De verdad piensas engañarme ahora que estamos tan bien?— nuevamente esa expresión seria que yo tanto odiaba en él.
—No miento, es en serio. Estamos bien, amo— acarició mis cabellos una vez más.
—Supongo que también debo creerte, mi pequeño.
—¿Confía en mí?
—No confío en nadie, simplemente voy a creerte porque así estamos muy bien, tú lo has dicho. Las mentiras tienen consecuencias graves y no quieres un castigo, ¿verdad?
—No.
—Entonces así está bien— besó mi frente—. Estoy con mi pequeño, charlando y todo está como debe estar, ¿no te hace feliz eso?— solté una leve risa, aferrándome a su cuerpo.
—Todo es perfecto así.
—Y este momento no podría ser más perfecto, te lo aseguro.
Sus caricias tan suaves eran como sentirme en el aire, olvidando mi pasado. Solo pensaba en él, en mi amo.
—¿Quiere desayunar algo antes de irse?— pregunté.
—Sí, estoy hambriento. Ve a preparar algo y tráelo a la habitación, quiero desayunar con mi pequeño— Besó mis labios y alejó la sábana de nuestros cuerpos.
—Si, amo— respondí, asintiendo.
Me levanté, sin necesidad de buscar alguna prenda, me dirigí a la puerta, pero él me detuvo inmediatamente con un tono de voz autoritario.
—Pequeño— me habló antes de que pudiese siquiera tocar el picaporte—. Toma— me extendió la sábana—, no andes desnudo por la casa— abrí mis ojos sorpresivamente ante aquellas palabras, ¿tal vez mi amo se fue y este es un tipo completamente diferente? Me sentí realmente confundido—. Vístete.
— ¿Por qué?
—No más preguntas hasta nuevo aviso, solo obedece y cierra la boca o tendré que actuar y castigarte como a un perro— Oh, no, él seguía siendo el mismo— ¿Te apetece un castigo a estas horas de la mañana?— Moví mi cabeza negativamente— Buen chico.
Tomé la sábana y rodeé mi cuerpo inmediatamente. Mi amo se levantó con lentitud, dejando expuesto su perfecto cuerpo, se acercó y me acarició mis mejillas, logrando ponerme rojo tan solo con un roce de sus manos sobre mi piel y sin mencionar su encantadora sonrisa. Tenía una mirada penetrante ya su vez tierna, como la de un cachorro.
—Luces precioso cubierto de semen— Rió y yo bajé la mirada, completamente abochornado— , pero solo con mi semen luces así de hermoso.
Aquello sonaba asqueroso y me molestaba que lo dijera. Comprendía que era esa su personalidad, que le importaba todo una mierda y que le encantaba decirme cosas tan guarras y sucias, pero a mí no me gustaba en lo absoluto oírlas. Por supuesto que, al momento de hacerlas, era algo completamente diferente. En ese caso no me importaba que me tomara y me follara como una bestia, ni mucho menos que dictara tales palabras en mi oído, haciéndome estremecer.
—Iré a preparar el desayuno— me di la vuelta y, sabiendo que sus ojos estaban sobre mí, salí de la habitación.
Había sido otra de esas salvajes noches, pero peor que la anterior. Digo peor porque él bebió mucho alcohol otra vez. No había que ser un genio para darse cuenta de que su ánimo había estado destrozado durante días. Eso, más que molestarme, me entristecía y no dolía solo físicamente, sentía un dolor mucho peor al verlo hacerse daño de esa manera. Debería estar furioso, sí, pero no puedo. El dolor era más grande que la furia y eso solo me sucedía con él.
Había pasado exactamente una semana desde el funeral de Agatha. Fueron días grises y tristes en los que siempre caía alguna lágrima. Ese mismo día, volvimos a casa y él me ordenó que me encerrara en mi habitación y que no saliera por nada en el mundo. Lo hice durante horas, pero por la madrugada, llamó a la puerta y, como imbécil que soy, accedí a abrirle sin saber lo que me esperaba. Cada palabra que arrojaba sobre mi rostro olía a alcohol, no pude mirarlo fijamente a los ojos sin ver a un maldito monstruo dentro de él. Había bebido hasta perder la cordura y en ese momento apostaba mi vida que ni siquiera sabía en dónde estaba parado o a quién estaba golpeando entre sus brazos. Dejó salir lo peor de sí mismo, por mi mala suerte, yo era su único descargo.
Esa noche, no quise acercarme a él. Intenté cerrarle la puerta en la cara, pero todo empeoró.
Se puso violento, mucho más de lo normal. Me golpeó cada vez que intenté resistirme e, increíblemente, lo hice. Me resistí, le gritaba constantemente que no quería hacerlo e intenté golpearlo en más de una ocasión. Lloré hasta que me dejó ir y luego de eso, dormí en la bañera, temiendo que él despertara por más. Mientras su cuerpo descansó sobre mi cama, yo no pude pegar un ojo en toda la maldita noche. Moría de frío, pero no me moví de allí adentro. Temía que reaccionara, cada pequeño sonido que viniera de afuera me volvía paranoico. No recordaba cuándo fue la última vez que sentí tanto miedo.
No estuve al lado de mi amo, esa noche vi a una persona completamente diferente y, no quiero decirlo y sé que me arrepentiré, pero me recordó a Downey y a aquella noche en la que me hizo pasar los momentos más horribles de mi vida.
Él me golpeó y me tiró sobre la cama como si se tratara de cualquier cosa sin valor. Aunque le dije un millón de veces que no quería hacerlo, solo me ignoró y me obligó a hacer algo que no quería. Me usó y luego me escupió, diciéndome que valía menos que un pedazo de basura. Los insultos dolían, dolían más que la tortura física en sí, y ese día lo sentí peor que nunca.
Hace un par de días, le conté lo que había pasado en aquella noche del funeral. Él juró que no lo volvería a hacer, me abrazó y me juró mil veces que no sabía lo que estaba haciendo. Le creí inútilmente, pues al día siguiente sucedió otra vez. Eso me decepcionó mucho.
No dejaba de lado la posibilidad de que él ni siquiera me escuchara, pero de todas formas tuve esperanzas de que se diera cuenta de cuan grande hacía el daño que me había hecho, mal por mí. No fue tan fuerte como hace un par de días atrás, pero de igual manera, fue horrible.
Anoche se detuvo antes de hacerme más daño y se quedó dormido sobre la cama, casi inconsciente de tanto alcohol que había ingerido. Yo solo me recosté a su lado e intenté convencerme de que no volvería a pasar, no tenía más opción que esa. Por suerte todo mejoró esta mañana. Creo que él intentó redimirse y mantuvo una conversación muy poco común conmigo. Comenzó a contarme algunas cosas de su vida y me permitió conocerlo un poco más, eso fue algo que aprecié mucho.
Me habló de su relación con Agatha y me hizo confiar en él como nunca antes. Me contó que, cuando era niño, le encantaban los caballos y solía dar paseos con su padre en vacaciones de verano. Fue bueno saber lo que le gustaba, pero aquel niño al que yo me imaginaba cada vez que hablaba era muy diferente al hombre que estaba a mi lado. Me atrevería a decir que era casi increíble lo que me estaba contando. Sus relatos sonaban igual a los de un niño entusiasmado, contando sus recuerdos de vacaciones. Lucía tan pacífico…
Me dirigí a mi habitación y me vestí rápidamente con una larga playera y unos jeans que había sobre la cama. Luego de hacerle el desayuno a mi amo, tomaría una larga y relajante ducha. Por ahora, solo me lavé la cara y até mi cabello para no lucir tan espantoso. Tardaría años en desenredarlo o limpiarlo siquiera. Así, simplemente, salí de mi cuarto y bajé las escaleras tan rápido como pude y fui directo a la cocina, pero me quedé parado en el marco de la puerta al ver algo que no me gustó del todo.
—Luces encantador. No te pareces en nada a ella— Esa era la inconfundible voz de Kate—. Si eres tan buen cocinero como atractivo, serás el sueño de toda dama.
Kate le estaba coqueteando al mismísimo Grant. Al mismo insolente hijo de Agatha. A aquel que se enfrentó a mi amo sin miedo a perder la cabeza.
—Eso no va a funcionar conmigo— Respondió sin siquiera mirarla.
Yo estaba demasiado ocupado pensando en qué mierda hacía él aquí como para festejar la manera en la que hablaba a Kate.
—Eres demasiado pesimista para ser tan lindo. No tienes que ser tan amargado con una linda chica.
—Deja de intentar. No me interesas.
Vaya… tenía que admitir que este tipo tenía huevos. Grant no parecía tan malo hasta que metía a mi amo en el medio para insultarlo, allí era cuando perdía todo mi respeto hacia él. — ¡Oh, vamos! ¿Me dirás que no te gustan las chicas lindas?
—No me gustan las chicas, no me gustas tú. No me interesas.
—Niño, eres un desperdicio.
Él soltó una leve risa, al parecer sabía como tocar su punto sensible. Kate detesta ser rechazada.
—Para ti, tal vez.
—Contigo no se puede, niño— Kate se dio media vuelta y se retiró de la cocina, a lo que aproveché a entrar.
Creo que, por un momento, comprendí por qué mi amo no quería que anduviera desnudo por la casa. Grant estaba aquí y eso se me hacía imposible de creer, sabiendo la manera en la que discutieron en el funeral. Claro que lo recordaba, había sido una verdadera locura que podría haber acabado en masacre. Nadie le hablaba a mi amo así y este tipo es el bastardo con más huevos que he visto en mi puta vida. Simplemente se paró frente a él y le escupió en la cara cosas que, aunque me joda admitirlo, era la pura verdad. No entendía como es que fue capaz de mandarse semejante hazaña, tenía un nuevo dios.
—¿Qué haces aquí?— Pregunté al entrar en la cocina. Él se dio la vuelta y dejó escapar una pequeña sonrisa apenas divisó mi mirada— ¿De dónde has salido?
—Tu amo me contrató. Llegué esta mañana y si te interesa saber, me paga más de lo que le pagaba a mi madre. Parece que a algunos les sobra el dinero de a montones y yo, como un pobre diablo, terminé atrapado aquí.
—¿¡Qué!?— abrí mi boca de paren par al oír eso, ¿cómo rayos era que terminó aquí? ¿Recibía dinero? ¿Luego de cómo le habló a mi amo? ¡Joder! ¿¡En qué clase de mundo estoy!?— ¿¡Cómo es que te contrató luego de cómo le hablaste la última vez!?— Pregunté, atónito— ¡Esto es increíble, ni siquiera sé cómo es que sigues vivo!
—Sigo vivo porque ese idiota no me tocaría ni un pelo, no hay que ser un genio para darse cuenta. Ahora, ni siquiera sé por qué me contrató, pero si quieres ir a preguntarle no me opondría— me dedicó una mirada y una sonrisa ladina.
—Prefiero no hacerlo— miré hacia la cocina, pero él la estaba usando. Salía un olor a carne que se me hizo asqueroso inmediatamente, el estómago comenzó a darme mil vueltas— ¿Qué se supone que estás haciendo?
—Cocinando para el imbécil de tu amo. Me pagan para eso, ¿y a ti para qué te pagan, Bill?— se dio la vuelta y me miró.
—Aun no lo tengo en claro, solo sé que me pagan. Él me pidió que le hiciera el desayuno, mejor déjame usar al cocina a mí, solo será un momento.
—Dime que quiere desayunar y lo hago, no tienes que ensuciarte las manos obedeciendo sus ridículas órdenes.
—Me lo pidió a mí específicamente y no estoy bromeando contigo, en verdad necesito usar la cocina. Por favor.
—Vamos, no seas tan amargo, yo cocinaré lo que me pidas. Sé que eres vegetariano y tú amo es un sucio carnívoro.
—¿Acaso crees que estoy bromeando? ¡Maldita sea, solo aléjate de la puta cocina y déjame hacer lo que tengo que hacer!
—¿Tengo cara de creer que estás bromeando? Eres realmente una persona terca, ¿por qué no escuchas a los demás?
—No soy un maldito terco, solo obedezco sus órdenes y es así como debe ser, así que déjame hacer lo que tengo que hacer.
—¿Te golpeará si no lo haces, no? ¿Es por eso que estás como loco constantemente? ¿Le temes tanto como para ni siquiera hablar mal de él? Luego de lo que viviste, creí que por lo menos serías una persona capaz de defender sus principios.
—No le tengo miedo a nadie, es mi deber obedecerlo. Trabajo aquí, él me paga, no estoy de vacaciones, así que muévete.
—¿Y la pasas bien en su cama? Tal vez sí estás de vacaciones aquí, no tienes cara de pasarla del todo mal con tu amo.
—¿¡Y eso que rayos te importa a ti!? ¡Aléjate y déjame hacer mi trabajo o juro que voy a golpearte, maldita sea!— simplemente, me había sacado de mis casillas. Estúpido, imbécil e irrespetuoso, ¿cómo se supone que Agatha aguantara a alguien así?
—¿Vas a golpearme? ¿A mí?— Esa maldita actitud. Actuaba como él, hablaba y maldecía como él y aún así yo lo detestaba— Vamos, te desafío a ponerme un dedo encima. ¿Qué diría mi madre de tu actitud, eh?
—No me hables de ella ahora, no deberías…— suspiré profundamente y apoyé mi mano en mi frente— ¿Por qué no eres como tu madre? ¿Por qué haces que sea tan difícil?
—¿A caso ella no se ofrecía a cocinar para ti y para tu amo? Solo cumplo con mi deber, te dije que para esto me pagan. Déjame darte el gusto, solo una vez.
—Tu madre no lo insultaba ni me levaba la contraria de la manera en la que tú lo haces y, sinceramente, voy a golpearte si sigues así.
—Mientras intentas discutir conmigo he preparado tu desayuno— dejó sobre la mesa el plato con el gran filete para mi amo y un tazón de frutas, seguramente para mí— Deja de ser tan terco y escucha a los demás por una vez en tu vida, eso podría salvarte.
No tienes que decirme lo que tengo que hacer, no eres Agatha ni tampoco eres mi jefe. Mejor acepta lo que tienes y cierra la boca.
—¿Quieres saber por qué no cierro mi boca? ¿Quieres saber porqué insisto tanto en que ese tipo es una mierda? Porque perdí a mi madre por su culpa y ella te amaba como si fueras su hijo, por lo tanto me importas, ¿entiendes? ¡Me importas!
—Eso ya lo he oído antes, pero aquí sigo y no me harás cambiar de opinión. Agradezco tus buenas intenciones, pero a tu madre no le hubiese gustado que insultaras a mi amo de esa forma, ella lo amaba tanto como a ti.
—Lo amaba más que a mí. Mira que justa fue la vida, ¿no? Dedicó toda su vida a ese tipo, dejando atrás a su familia y murió a causa de tu amo.
—Ella no lo hizo a propósito, intentaba darle lo mejor a su familia, intentaba hacer lo mejor para ti, no fue culpa de mi amo.
—¿Entonces de quién fue la culpa? ¿Fue mía?— me quedé mudo, razonando una respuesta para aquella pregunta.
—La culpa fue mía— tomé la bandeja que él dejó sobre la mesa, ante su mirada seria y llena de tristeza— deja de meter a mi amo en el medio, no fue él el culpable.
—¿Por qué ha sido tu culpa? Ella te adoraba, Bill— él suspiró—No, no has sido tú, eso no es posible, no serías capaz.
—Esos tipos venían a buscarme a mí, yo me fui con mi amo. Si yo hubiese permanecido aquí, Agatha seguiría con vida y hubiese sido yo quien ahora no estuviera aquí.
—No digas eso.
—Es la verdad— me di media vuelta— si vas a insultar a alguien, aquí estoy yo, soy el único culpable— caminé hasta salir de allí, con la bandeja en manos.
Subí las escaleras lentamente, sabiendo que esta tarde sería como aquel trágico día en que perdí a Agatha. Él se iría, compraría o vendería mujeres para usarlas como viejos objetos, pero yo decidí quedarme. La seguridad al rededor de la mansión había aumentado notablemente, había alarmas y guardias por cada lugar, era imposible entrar o salir sin cruzarse con un gigantesco tipo con armas en la cintura. Imagino la gran cantidad de dinero que mi amo tuvo que invertir en tanta gente y pienso que es una cantidad gastada innecesariamente. Esos tipos no iban a descansar hasta encontrarlo y asesinarlo, ojalá hubiese algo que pueda hacer para evitar que le hicieran daño. Lo único que quiero es que lo dejen en paz.
Entré a la habitación y dejé la bandeja sobre la cama. Mi amo aún no había salido del baño, así que me recosté en la misma un momento. Comencé a recorrer su habitación con la mirada, pensando en muchas cosas. Pensaba en que estaba en la misma habitación que un hombre. Yo me había acostado con un hombre y eso no me lo hubiera esperado jamás. Nunca me atrajeron las chichas, pero los hombres tampoco, ¿será que hasta hoy en día ni siquiera sé lo que oculta mi sexualidad? Eso era muy raro, pero luego de conocer a mi amo y a Andy… mis preferencias estaban más que claras. Otra cosa en la que pienso es que, en esta cama, no solo estuve junto a un hombre, ese hombre era un asesino, un psicópata que pisaba cabezas y mataba con tal de conseguir lo que quisiera. ¿No era esa la clase de personas que yo detestaba? ¿No es la clase de persona de la que cualquiera se alejaría? No entendía si era la simple atracción física lo que me ataba tanto a él o algo más. Debo admitir que, mágicamente, olvido cada golpe que me ha dado cuando me llama «pequeño» y me jura que he sido lo más hermoso que ha visto. Esas palabras tan dulces en boca de un monstruo asesino pueden llegar a ser letales para un corazón destruido, pueden llegar a ilusionar.
—Eso no huele nada mal— me sobresalté de pronto al oír su voz. Salía del baño, siempre con esa toalla rodeándole la cintura y sus negras rastas finas cayendo en su pecho, adornándolo. Él lucía realmente hermoso y atractivo.
—No lo he hecho yo— hablé, bajando la mirada— Grant ha cocinado todo— ni siquiera me miró cuando pronuncié su nombre, solo se dispuso a buscar ropa, como si estuviese analizando las palabras adecuadas con las cuales atacarme— No me dijo que él trabajaría aquí.
—No tengo por qué hacerlo, no eres nadie— sacó algunas prendas y las tiró sobre la cama— lo traje aquí por simple respeto y porque es un muerto de hambre que necesita dinero.
Aún así… me siento un poco incómodo, ¿sabe?— esta vez me miró seriamente. Tragué saliva. Cada vez que me miraba así, me incomodaba— E… es decir… ¿no tendré que limpiar la casa desnudo mientras él esté aquí, no?
—¿y por qué no?
—No quisiera hacerlo estando él rondando por toda la casa, me incomoda que alguien más me mire mientras hago las cosas que usted me ordena.
—¿Temes que él quiera follarte como yo lo hago o es que acaso te ha dicho que lo haría?— Oh, rayos, conocía esa expresión.
—No, claro que no. Simplemente me incomoda tener la mirada de alguien que no es usted encima, solamente es eso— y su sonrisa se expandió ante mis palabras— No va a obligarme a andar desnudo enfrente de alguien más, ¿verdad?
—No me molesta que te observen, que toquen mis cosas es algo muy diferente. Si alguien llega a tocarte, aunque sea Grant, lo mataré con mis propias manos y lamentará siquiera haber posado sus ojos sobre lo que no le pertenece.
—Entiendo…— rápidamente, comenzó a cambiarse de ropa y yo tomé el tazón de frutas para poder desayunar, simplemente hacer algo para evitar posar mis ojos en él, en su cuerpo perfectamente marcado.
—No te preocupes por su presencia, imagina que es Kate— se sentó a mi lado y comenzó a comer su desayuno sin problema alguno— debo admitir que cocina muy bien. No tan bien como Agatha, pero el desgraciado es bueno.
—Me cae muy mal ese tipo— bajé la mirada, recordando la manera en la que insultaba a lo único que me quedaba.
—¿Por qué?
—No es la clase de persona con la que entablaría una amistad. Es terco y grosero, un verdadero idiota— él rió.
—¿No te recuerda a alguien?
—No. Definitivamente no.
—Tienen mucho en común. El tipo mantiene sus ideales e insulta a quien le cae mal sin importarle nada. Recuerdo lo que Jake me contó de ti. Te resistías, lo insultabas y no temías que pudiera matarte, le escupías su mierda en la cara. Este tipo es exactamente igual a ti y es por eso que no le rompí la cara cuando tuve la oportunidad. Agatha era muy diferente, ella atacaba con la indiferencia, este maldito es un rebelde.
—Eso no es cierto, no tenemos nada en común. Él es un idiota y yo no sería capaz de insultarlo a usted de esa forma.
—La diferencia entre ustedes dos es que él no me conoce del todo y no me teme en lo absoluto y tú… bueno, tú estás enamorado de mí y es por eso que no me insultas.
—No estoy enamorado de usted— protesté.
—No, claro que no— habló sarcásticamente, dejando un beso en mi mejilla— tan solo deben conocerse un poco más, pero no mucho porque mis ojos están sobre tu nuca. Sé todo lo que haces y lo que no haces, así que ten mucho cuidado.
—No quiero conocerlo. No hablaré con alguien que se pasa más tiempo insultándolo a usted que hablando de sí mismo, de los errores que comete. Ni mucho menos intentaría algo con él, lo desprecio.
—Eres un buen muchacho— acarició mi mentón— Cada día me sorprendes más, mi pequeño.
Eres una maravilla, ¿cómo es que en mis años de vida no he encontrado otro como tú?— y me sonrojé como un niño idiota ante aquellas cosas tan hermosas. A esto me refería cuando me olvidaba de todas las mierdas que me hacía pasar. Me hacía sentir especial.
—Gracias, supongo— dejó un beso en mis labios y continuó comiendo su desayuno con una leve sonrisa en su rostro, la misma que yo tenía en el mío.
—¿A qué se debe tanta felicidad?— preguntó— te noto más radiante que nunca esta mañana, tienes una sonrisa encantadora.
—No es cierto— no pude evitar reír como un tonto, siempre lograba ponerme así.
—Vamos, no seas modesto. Tienes la sonrisa más bonita de todas, no temas mostrarla.
—Ya, deje eso— nos dedicamos una sonrisa casi interminable, un momento mágico que solo podía ser mágico si estaba él frente a mí, diciéndome tantas cosas hermosas.
Continúa…
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