«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 16

Terminé de aplicar algo de maquillaje y abrí la puerta de la habitación, listo para irme. Me quedé prácticamente helado cuando vi su enorme cuerpo ante mí. Comencé a maquinar mil millones de cosas en mi mente.

Estoy seguro de que fue un error haberlo insultado y ahora viene a fastidiarme por eso, o peor aún, viene a matarme a golpes.

Bueno, fue eso lo que pensé hasta que vi su mirada perdida y triste. No, definitivamente no tuve razón alguna para tener miedo.

Su enorme cuerpo no se movía de la entrada y yo no podía dar ni un solo paso ante su presencia. Estaba esperando que me dijera algo, pero no hizo absolutamente nada. Tan solo me miraba fijo, como si intentara decirme algo y no se animara. Estuvo unos cuantos segundos, observándome hasta que se acercó y me abrazó. Me abrazó exactamente como Agatha solía hacerlo. Esos abrazos que uno quiere recibir todos los días.

—No puedo creer que se haya ido— susurró—. Ella no lo merecía, pequeño.

Abracé su cintura fuertemente, sintiendo una fuerte sacudida en mi interior ante aquellas palabras.

—Tranquilo— Le susurré.

—Esta puta vida es injusta. Hay millones de personas que merecen ese destino, incluso yo lo merezco, pero no ella.

—No, no diga eso. Nadie lo merece.

Intentaba tranquilizarlo, pero sabía que sería un patético e inútil intento, sabiendo que él rechaza cualquier muestra de afecto o cariño por mi parte.

—Ella merecía ser libre. Debí haberla obligado a irse cuando pude— abrí los ojos con sorpresa ante aquellas palabras—. Le pedí que volviera con su familia y no lo hizo. Se quedó a mi lado y me apoyó hasta su último aliento. Ella dedicó su vida a un monstruo, siendo un ángel.

—Usted no es un monstruo. Ella lo adoraba, lo adoraba tanto como yo lo hago.

—Tú me temes.

—No, no lo hago.

—Soy un monstruo y voy a destruirte. No debes permitir que eso pase.

—Usted es todo lo que tengo. No me importa nada más.

—Tu futuro será el mismo que le tocó vivir a ella. Morirás defendiendo al peor de los seres.

—Ya he conocido al peor de los seres— Arreglé la corbata de su traje con suavidad—. Usted no se parece en nada a él.

—Algún día serás libre.

—Entonces podré decidir quedarme aquí. No me importa si me cuesta la vida, no me iré.

— ¿Realmente lo vale?

—Completamente.

Sus labios se posaron sobre los míos rápidamente y luego de esto, mi mente comenzó a extinguir cada pizca de miedo o tristeza en mi interior. Este era uno de los pocos momentos en los cuales veía a una persona frágil en él.

—Debemos irnos— Susurró luego de dejar un beso sonoro en mis labios.

Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí para luego seguirlo.

Salimos juntos de la mansión, pero a mí se me indicó subir antes al auto y así lo hice. Desde la ventanilla observé como él cargaba un arma y la guardaba en su cintura, mientras charlaba con los múltiples guardias que había contratado como personal de seguridad luego de aquella tragedia.

Si yo fuese Downey no hubiese vuelto a pisar esta casa, estando de guardia semejantes bestias. Pero, claro, yo no soy Robert y ese tipo haría hasta lo imposible por atacar a mi amo.

Aún seguía pensando en hablarle sobre lo que había pasado ayer. Cuando este tipo me atrapó creí que iba a matarme. Iba despidiéndome mentalmente de todos los buenos momentos que pensaba pasar junto a mi amo en un futuro, pero no sucedió.

El tipo no me golpeó ni me asesinó a pesar de tenerme comiendo de sus manos en ese momento. Lo que él buscaba era asustarme y pretendía que mi amo se arrodillara ante él y le pidiera por favor que no me hiciera daño, como si eso llegase a pasar alguna vez. Yo creía ser ingenuo, pero este tipo me gana por mucho.

—Hazme un favor y espérame en las puertas de la sala, iré con mi pequeño y necesito que lo vigilen. No puedo estar en todos lados— Oí su voz y lo vi entrar con el teléfono pegado al oído—. Dile a ese imbécil que voy en camino, que cuide su asquerosa boca porque sino tendrá el mismo destino que su madre— cortó la llamada y me miró. Al momento en que su mirada intentó cruzarse con la mía, fijé mi vista hacia otro lado.

El motor del auto estuvo en marcha en pocos segundos y yo me quedé apreciando en el paisaje que se presentaba a través de la ventanilla. No había una vista muy interesante, pero prefería perderme en la nada a meterme con él justo ahora. Cada que tomaba ese maldito teléfono yo acababa lastimado. No quisiera que pierda los estribos justo ahora, solamente quería darle una despedida a Agatha como se debía.

Los minutos fueron pasando lentamente, dejando mil pensamientos en mi cabeza. Decirle lo que había pasado o no, eso es lo que estaba matándome. Claro, lo obvio sería decirle que ese tipo estaba detrás de él para que pudiera cuidar sus espaldas. Por otro lado, eso me resultaba peligroso, temía que él se pusiera paranoico y fuera detrás de las personas cercanas a Downey y con esto me refiero a Bob.

Bob es una gran persona de la cual lamentaría realmente una pérdida. No quería ver a una buena persona sufriendo por mi culpa, no podía cargar otra cruz sobre mi espalda.

Cuando el auto se detuvo, finalmente, me desabroché el cinturón y bajé. Mi amo tardó un poco más en bajar, ya que se tomó el tiempo de ir al asiento trasero y cargar el enorme ramo de rosas que ahora tenía en sus manos. Me quedé parado hasta que se me acercó y volvió a rodear mis hombros con su brazo.

El lugar no se veía grande ni muy lujoso. Al entrar solo pude bajar la mirada. Había mucha gente, tanta que comencé a sentirme realmente incómodo. No conocía a nadie en ese lugar, pero mi amo sí. Comenzó a estrechar su mano a cada hombre con traje que se le cruzaba en su camino, dando sus condolencias por el fallecimiento de Agatha.

—Ten—me acercó el ramo de flores y yo lo tomé—. Ve a verla, pequeño— Besó mi frente con suavidad.

Giré mi mirada hasta la sala donde se encontraba el féretro. Allí se oían algunos llantos que me partieron el alma.

Mi amo se quedó hablando con estos hombres y yo me dirigí hacia aquella sala, donde se hallaba su cuerpo. Al verla, sentí una fuerte presión en el pecho y el llanto se agolpó en mis ojos rápidamente.

Lo primero que hice, fue acercarme y verla. Su piel pálida y los ojos cerrados, aquella vez en que vi a mi pequeña hermana sin vida en mis brazos se veía de la misma forma. Ahora quien me abandonaba era otra gran mujer. Una de las pocas personas que ha sabido apoyarme como lo hace una madre a un hijo. Una verdadera mujer.

—Ella está en un mejor lugar ahora— oí una voz masculina, pero suave cerca de mi oído y giré la cabeza al mismo tiempo en que secaba mis lágrimas—. Ella luchó por darle a sus hijos lo mejor, se sacrificó por los seres a los que amaba y era capaz de cualquier cosa con tal de ayudar. Este mundo era demasiada mierda como para una persona así.

Aquellas palabras sonaban tan… tan a mí. Era exactamente la forma en la que yo pensaba.

—Sigo lamentando el hecho de que quien está aquí es ella y no yo. Por mí nadie lloraría, pero ella tenía mucha gente que la amaba.

—La vida es un precioso regalo y es humano cometer errores. A veces es tu destino seguir luchando y otras veces es mejor marcharnos y descansar en paz— miró el cuerpo de Agatha y suspiró—. Tal vez ya era momento de su descanso eterno.

— ¿Y si quería seguir luchando? ¿Y si la vida fue injusta con ella?

—La muerte es un misterio y la vida simplemente se vive. Ella ya ha tenido una buena vida, aunque sea duro decir adiós es lo correcto. Debemos vivir cada segundo y ella así lo hizo.

—Sigo pensando en que es injusto.

—No dije que no lo fuera— sacó una de las rosas del ramo y me la entregó—, pero las cosas suceden por alguna razón. Quizás ella ya había sufrido demasiado.

Lo miré atentamente y tomé la rosa que me había entregado. Bajé la mirada, intentando asumir lo que aquel hombre decía, pero cuando alcé la cabeza para contestarle él ya se había ido.

Sé que no me costaría nada volverlo a encontrar. Su rostro y manos estaban llena de tatuajes, tenía una leve barba y un cabello lacio y castaño. Era una persona muy llamativa como para olvidarla fácilmente. No iba a negar que era muy atractivo y no solo físicamente. Solo me interesaba saber quién era y cómo es que tenía tanta confianza conmigo.

Antes de retirarme por completo, metí mi mano en mi bolsillo y saqué la única foto que me quedaba de mamá y mi hermana. Las observé, sintiendo otra lágrima recorrer mi mejilla.

—Tú eres y serás igual de importante para mí que ellas. Nunca te irás, seguirás en mi corazón hasta que sea yo quien deje este mundo— Susurré.

Coloqué la foto cuidadosamente junto a su cuerpo sin vida y limpié mis lágrimas una vez más antes de alejarme con lentitud.

Dejé mis lágrimas caer y salí de aquella habitación. Mi mirada volvió a cruzarse con la de mi amo y él dejó de hablar con sus colegas para acercarse a mí. Me acarició el rostro y me abrazó fuertemente, dejándome recargar mi tristeza en él.

—Está bien, tranquilo— me susurró, esta vez, intentando calmarme él a mí—. Son cosas que deben pasar.

—Todo esto ha sido mi culpa.

—No, pequeño.

—Debí quedarme ese día. Ella seguiría aquí.

—Sabes que eso es mentira. Te habría perdido a ti también.

Besó mi frente, logrando que la tranquilidad me invadiera tan solo un momento. Me alejé de su cuerpo en cuanto me tomó la mano para seguirlo hasta salir del lugar.

Eran pocas las veces en las que podía respirar aire fresco sin sentirme mal, pero esta no era una de esas veces. Mi corazón estaba destrozado, me dolía no poder hacer nada al respecto.

Era la vida que a todos nos tocaba vivir y era una mierda. Era una mierda que las personas buenas se fueran y las que deberían haberse ido sigan aquí, haciendo de este mundo un peor lugar.

Sé que él es una de esas personas. Él ha robado vidas, ha matado, ha hecho cosas que no se deben hacer, pero si algo estuviese a punto de pasarle, estoy seguro que haría hasta lo imposible por dar mi vida por él

¿Eso es acaso contradictorio? ¿Dar la vida por alguien que no debería estar disfrutando de este mundo?

—¿Quieres?— Me extendió un cigarrillo y yo moví mi cabeza negativamente—. Te ayudará a calmarte— Insistió.

Al final, lo tomé y fumé un poco, pero acabé tosiendo a causa del humo. Se lo devolví y él decidió terminarlo.

—Gracias— dije de todas formas.

—¿Estás más tranquilo?— acarició mi mejilla y yo asentí— ¿Qué tienes?— tomó mi mentón y levantó levemente mi cabeza— ¿Hay algo que quieras contarme?

—No, amo. S-solo es por Agatha.

Le mentí y él odiaba que le mintieran, pero no pareció darse cuenta de ello, o no le importó.

—A todos nos espera el mismo destino en algún momento.

—No debió ser así para ella— suspiré.

Se me acercó y me abrazó, permitiéndome apoyar mi cabeza en su pecho.

— ¿No te hace ni un poco feliz que hayamos sobrevivido?— Alcé inmediatamente la mirada— Al menos te tengo a ti y tú me tienes a mí.

—Es verdad— Abracé su cintura, pensando en nunca dejarlo ir—. No sé qué haría si le pasara algo a usted. No quiero perderlo.

—Es lo más bonito que has dicho hoy—rió levemente.

Pasaron más o menos dos horas desde que estuvimos allí adentro. A cada momento entraban más personas. Entraban familias enteras y muchos lo hacían llorando. Lloraban abrazados, recordando a Agatha.

Aquel muchacho tatuado no había vuelto a hablarme, pero sí lo veía ir y venir. No derramó ni una sola lágrima, pero en su mirada se notaba la tristeza de haber perdido a alguien importante en su vida. Supuse que algo tenían en común él y mi amo: los dos se sentían vacíos luego de que ella se fue de este mundo.

Mi amo, increíblemente, hablaba con todas las personas allí. Hablaba con aquellas personas libremente, pero a mí no me permitió dirigirle la palabra a ninguno. Yo solo me quedé en un rincón, llorando e ignorando a cada persona que se me acercaba para ofrecerme su ayuda.

Él había desaparecido entre la gran multitud de gente y yo me sentía un poco perdido, pero aliviado al ver cuanta gente se había reunido para decirle adiós a ese gran ser que era Agatha.

Luego de haber despedido su alma por última vez, nos dirigimos afuera. Mi amo fue uno de los que portó el féretro hasta el coche fúnebre y de allí hasta el cementerio donde sería enterrado.

Al momento de subirme en el auto, a su lado, me quedé observándolo, maravillado por su fuerza de voluntad al no derramar ni una sola lágrima. Simplemente no lo entendía, no tenía idea de cómo hacía para no descargar ese dolor que sentía adentro, hubiese deseado saber cuál era su secreto.

Pasados los minutos, ya nos encontrábamos en la ceremonia. El sacerdote estaba dictando sus palabras y yo solo podía fijar mis ojos en una sola persona, en aquel muchacho tatuado que se encontraba al otro lado del féretro, observándome tanto como yo a él.

Mi amo no parecía percatarse de esto y yo tampoco deseaba que se diera cuenta de que estaba mirando a alguien que definitivamente no es él. Solo sentía su brazo rodearme los hombros, acariciándome lentamente el antebrazo, intentando calmarme o calmarse el mismo.

—Toma— Me entregó dos rosas—, déjalas sobre el ataúd— Obedecí.

El muchacho que no había dejado de mirarme dejó una más, pero de color blanco. Al momento en que se acercó, me miró de nuevo y yo me alejé hasta donde mi amo y él abrazó mis hombros nuevamente.

Levanté la mirada al cielo, una suave y fría brisa chocó contra mi rostro. El cielo se tornó gris y todo se oscureció repentinamente. El féretro fue desapareciendo hasta quedar bajo tierra y las personas comenzaron a dispersarse antes de que la lluvia comenzara a caer. Al bajar la mirada, me di cuenta de que el muchacho al que había estado viendo ya no estaba.

—Despídete una última vez. Volveré en seguida— Habló mi amo.

Besó mi mejilla y se alejó de mí muy lentamente. Ni siquiera me molesté en observarlo o responder.

Me acerqué con el ramo de rosas y lo dejé junto a la tumba de Agatha. Me arrodillé ante ella y bajé la mirada.

—Es duro, ¿no?— levanté la mirada y lo encontré nuevamente, aquel muchacho que no había podido dejar de ver.

—¿Qué?— pregunté, con cierta confusión.

—Perder a alguien especial. Supongo que tú la querías mucho, no has dejado de llorarla en todo el día.

Con toda confianza, se arrodilló a mi lado y miró con suma tristeza la tumba de Agatha. Su mirada estaba cargada de culpa y dolor. Su sufrimiento podía olerse con tanta facilidad que me dolía.

—Era una persona extraordinaria. Tú no tienes ni idea de lo mucho que la extraño en este momento.

—Perder a una madre es duro. El verla tan poco tiempo es muy cruel, pero el enterarte un día que ya jamás la volverás a ver es lo peor que puede sentir una persona.

—Lo sé.

—Por eso estoy hablando contigo— Fijé mi mirada en él y me dedicó una leve sonrisa—. Ella me habló de ti, sé que tú también perdiste a tu madre.

— ¿Ella?

—Ella era mi madre— Solté un largo suspiro.

—Lo siento mucho— La enorme culpa en mi interior creció como nunca antes.

—¿Tú eres Bill?

—Sí, lo soy— Mencioné con cierto miedo esta vez.

—Mi nombre es Grant. Ella solía decir que conoció a un muchacho encantador, un chico que ha tenido una vida difícil, pero aún así conservaba hermosos sentimientos. Supuse que eras tú porque también mencionó que eras hermoso.

No pude evitar reír ante aquel comentario y sonrojarme levemente. Debía reconocer que Grant era encantador y que sus halagos eran como dulces melodías.

— Es un gusto conocerte, Grant. Tu madre era una de las mejores personas que he conocido en mi vida.

—Es una lástima que no pueda decir lo mismo de tu jefe.

Mi expresión cambió por una mucho más seria al oír aquello. Me molestó que lo mencionara ya que sabía que cualquier cosa mala que dijera de él era cierta.

—¿Qué sabes sobre él?

—Que mi madre lo adoraba y lo consideraba parte de la familia. También sé que es un hijo de puta.

—No, no lo es.

—¿Por qué lo defiendes?

—Porque lo conozco.

—Ya veo porque mi madre tenía tanto afecto por ti. Eres como un niño pequeño, cualquiera quisiera darte protección.

—No necesito protección de nadie. Lo defiendo porque ha sido bueno conmigo en muchas ocasiones.

Bajé la mirada, ofendido. Cualquiera que atacase a mi amo no merecía mi atención. Aunque Grant fuera hijo de esa gran mujer, yo no podía aceptar que hable mal de la única persona que me quedaba.

—Solo digo la verdad. Mi madre trabajó para ese tipo desde que me tenía en su vientre y ahora ha destruido a una familia.

—¿Tienes hermanos?

—Una hermana menor.

Me señaló un grupo de personas a un lado y junto a ellos había una pequeña niña rubia, tenía los mismos ojos que ella. Era muy parecida a su madre.

— ¿Cuál es su nombre?

—Alicia. Yo le prometí que mamá nunca se iría, ¿sabes? No pude mantener mi promesa. No pude alejar a mi madre de ese tipo y él solo atrajo desgracias a nuestra familia.

— ¿Qué pasará con ustedes?

— Mi tía se encargará de ella por un tiempo, yo debo trabajar lo suficiente para llevarla lejos de aquí. Haré todo lo que pueda por estar lejos de esta ciudad y de ese monstruo.

— ¿Por qué Agatha te habló de mí?

—No lo sé, ella te adoraba. No había día en que no hablara de ti. Tan hermosas eran las cosas que me decía sobre ti que casi te creía irreal, como un personaje de cuento de hadas o algo así.

—Ella parecía irreal para mí. No he tenido mucha suerte en mi vida, pero todo lo que me han arrebatado me lo volvió a dar su simple presencia.

—Es bueno oír eso. El saber que tú la quisiste tanto como ella a ti. No voy a mentirte, cuando te vi hoy en la sala te reconocí inmediatamente y me partió el corazón el verte llorar. No puedo creer que una persona como tú esté en esa casa.

—Ya lo he oído antes.

Me levanté del suelo antes de que aquel discurso volviese a presentarse. Él tomó mi brazo, levantándome al mismo tiempo que yo.

— ¿Y por qué no has escuchado?

—Veo que ya se conocieron— giré mi mirada y encontré a mi amo junto a mí—. Eso no te pertenece, Grant.

Grant me dejó libre e inmediatamente me alejé para posarme detrás de mi amo.

—A ti tampoco— Lo desafió Grant.

—Nosotros ya nos conocemos, pero veo que Bill y tú han podido cruzar algunas palabras. Una presentación sería innecesaria.

—Sería una pena que él se entere de toda la mierda que sé de ti— Mencionó Grant de manera grosera.

Ambos parecían matarse con cada mirada. Las palabras de Grant intentaban ser filosas y a mí me asustaban las reacciones de mi amo, pero para mi sorpresa el solo sonreía. Aquellos ataques no parecían afectar su humor.

—No me sorprende que sepas un poco más que el resto. Tu madre era una caja llena de secretos.

—Tampoco me sorprendería que mis hipótesis basadas en tu personalidad sean simples locuras mías. Creo que desperdicias tu vida y la vida de los demás, por eso mi madre ha muerto.

La sonrisa de mi amo desapareció y yo tragué saliva con sumo nerviosismo. Estaba aterrado de que todo terminara en un enorme desastre.

—Pasas mucho tiempo de tu vida diciendo que soy una mierda. Todo ese tiempo en el que te encargaste de contradecir las palabras de tu madre, podrías haberla cuidado y amado como deberías.

—Ella estaba feliz con su vida y su familia, ¿usted le daba el cariño que yo no le daba?

—Le daba un hogar, comida y compañía, ¿qué le dabas tú?—Grant guardó silencio y yo bajé la mirada— Pequeño, hay mucho que hacer en casa, será mejor irnos.

—Sí, amo— Respondí.

Su brazo rodeó mi cintura y me di la vuelta con él. Dejé a Grant atrás, no quería volver a cruzarme con alguien que desafiara a mi amo de esa forma. No iba a superar que alguien más sufriera y menos él. Era lo más cercano que tenía a Agatha.

Por otro lado, Grant tenía unos enormes huevos bien puestos. Era la primera vez que alguien se le plantaba a mi amo de esa forma. A pesar de todo, tenía algo de mi respeto.

Continúa… 

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