«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 28

—¿Necesitas ayuda con eso?— Lindemann se acercó y tomó la cubeta que me estaba costando cargar. Me sentí un inútil escuálido en cuanto la levantó fácilmente con un tirón— No hagas estas cosas, no es tu trabajo. Thomas va a matarte si te ve haciendo esto. Además, estás muy delgado, tanto esfuerzo puede hacerte daño, ¿no has pensado eso?

—Ahora resulta que eres doctor, ¿no, Lindemann?

—Llámame Till, ¿cuántas veces debo decírtelo, Kaulitz?— se burló de mí y yo puse los ojos en blanco. Me costaba llamar a una persona mayor por su primer nombre.

—¿Qué diferencia hay?

—Mucha. Ahora deja de hacer esfuerzos por nada. A Thomas no le agradan estas cosas, te dije que te va a asesinar.

—¿Asesinarme a mí? A ti es a quien va a matar si sigues llamándolo por su nombre en frente mío. No lo hagas de nuevo, por favor— llevó la cubeta hasta la cocina y la dejó allí, permitiendo que yo pudiera pasar el trapeador— y te cortará los huevos si sigues hablando conmigo. No sé si lo sabes, pero tampoco le agrada que yo hable con el resto del personal.

—Bueno, lo comprendo. Sé que Thomas debe cuidar lo que es de su propiedad, pero yo no tengo malas intenciones con nadie y menos contigo. Eres un niño y yo soy un hombre.

—Un hombre con mentalidad de niño de once años.

—Pero un hombre al fin y al cabo— rió— No deberías intentar hacerlo enojar y menos en un momento así— se cruzó de brazos, mirándome atentamente— Te aseguro que se va a irritar mucho. No quiero que se ponga violento contigo.

—Ya lo ha hecho más de una vez. Es más una costumbre que un castigo. Se le pasará pronto, no siempre es así.

—Dejando de lado el mal humor de Thomas, ¿por qué estás tú haciendo esto?— preguntó, apoyando en el marco de la puerta.

—Porque no hay nadie más que lo haga. Solo estamos Kate y yo y sé que Kate no va a hacer absolutamente nada por mi amo. Debo encargarme yo de que él no viva en un maldito chiquero. Odio la suciedad, no puedo vivir entre polvo.

—Vaya, que delicado resultaste ser— alzó una ceja— ¿Y esta chica Kate?— Lo miré fijamente, esperando ver alguna expresión extraña en su rostro. Solo lo vi sonreír de lado, como si fuese un adolescente rebelde intentando llamar la atención de una muchacha— ¿Habas de la muchacha pelirroja que a veces se pasea por la casa?

—Sí, esa es Kate— volví a mi labor de limpiar los suelos— Pero no te entusiasmes. Se fija en aquella persona que tenga una gran billetera llena y tú no la tienes. Además, no es lo suficientemente mayor como para ti. No es una mujer, es una muchacha.

—¿Qué has dicho? ¿Que no es lo suficientemente mayor para mí?— se acercó y me miró con ambas cejas arriba— ¿Es una broma lo que acabas de decir? ¿Se asusta el muerto de degollado o he entendido mal?— solté un bufido, sabiendo que había cometido un error al decir aquello. Tomando en cuenta de que mi amo era casi veinte años mayor que yo, lo que dije no tenía ningún valor.

—Déjame tranquilo, Till, estoy limpiando— él rió, sin quitarse de mi camino. Exigía una explicación y tendría que dársela— bien, tal vez si puedan estar juntos, pero eres mayor de edad. Creo que una mujer madura sería mejor para ti. Ya sabes, una verdadera mujer. Ya estás en tus años, no tienes tiempo para aventuras con sirvientas jóvenes.

—Querido Bill, nunca se es lo suficientemente mayor como para tener aventuras con muchachas jóvenes y bonitas. Además, no me gustan las mujeres maduras. Tu amo y yo tenemos gustos muy parecidos ya que a ambos nos gustan…

—¿Los chicos?

—¡No, joder!— respondió inmediatamente, casi ofendido. No pude evitar reír ante aquella actitud tan infantil— Hablo de que nos apasionan las mujeres jóvenes y bellas. Las aventuras rápidas, la adrenalina de pasar una noche con alguien que no conoces— puse los ojos en blanco y continué con mi tarea, pensando en lo absurdo que aquello se oía— ¿A caso a ti no te gustan las muchachas? ¿O prefieres los hombres mayores?

—No prefiero a nada ni a nadie, Till. Realmente eso no me importa— pasé a propósito el trapeador sobre sus zapatos y él se alejó unos pasos.

—¿¡Qué haces!? ¡Joder, cálmate! No es mi culpa que no quieras aceptar que sientes una gran debilidad por los hombres maduros.

—No son hombres maduros quienes prefieren una relación de una noche a pasar su vida junto a una persona que te amará por siempre.

—Nadie ama por siempre.

—Tal vez tú no lo haces.

—¿Y Thomas es un hombre maduro? Aquí, entre nosotros, admítelo. Tienes una extraña atracción hacia los hombres mayores, ¿no?

—¡No!

—¿Y Thomas es una excepción o es que siempre te han gustado los hombres mayores pero no quieres admitirlo como corresponde?— Suspiré, conteniendo mis ganas de tirarle el trapeador en la frente esta vez. Se quedó mirándome, de brazos cruzados, esperando una respuesta.

—Mira, Till, nunca me ha gustado nadie. Todos me parecen igual de insulsos, nunca he visto a un grupo en particular de persona que me resulte llamativa o atractiva, ¿contento? Ni siquiera sé para qué te lo explico, no tiene que importarte lo que me gusta o no, no vives de eso. Mejor ve a ver a Kate, no se ha despertado aún y ya es tarde.

—¿Dices que la persona que tendría que estar limpiando la casa en tu lugar no se ha levantado aún? Son las doce del mediodía.

—No lo sé. No se ha despertado. Debe dormir hasta tarde porque se le da la regalada gana y como mi amo no la supervisa, hace lo que quiere.

—¿eso no te preocupa ni siquiera un poco?

—¿Por qué debería preocuparme? Ella no se preocupa por mí nunca y la mayor parte del tiempo estoy golpeado o casi muerto.

—¿Por qué no vas a verla, Bill?

—No, no tengo que hacerlo. Oye, yo no le agrado y ella no me agrada. No tengo que preocuparme por cómo se sienta. No tiene cinco años, debe saber lo que hace y lo que no. Mi amo no se encargará de ella si comete un error. Puede hacer lo que se le venga en gana. No hay castigo para la linda Kate— dije con toda la ironía en mis palabras.

—¿No crees que a ella le haya afectado al menos un poco lo que sucedió?— le dediqué una mirada al notar como se ponía serio de pronto. Su tono de voz cambiaba por uno más sereno— Ya sabes… la muerte de Grant. Seguro ellos se frecuentaban bastante.

—Grant la ha rechazado siempre y no creo que haya tenido una especie de lazo especial con él. No creo que le haya afectado en lo absoluto. Ni siquiera sufrió por la muerte de Agatha, ¿por qué le importaría lo que pase con Grant? Es absurdo. A ella no le importaba nada, nunca supo ver lo bueno en él.

—¿y tú?

—¿Yo qué?

—Ya sabes…

—¿Qué?

—¿Has tenido algo con ese muchacho? Lo digo porque se notaba a millas que ese tipo estaba loco por ti. No te juzgaré si eres sincero conmigo, sabes que no diré una palabra. La verdad era que ese tipo te quería mucho y hasta me dolió verlo marcharse de esa forma.

—También a mí me dolió que se fuera. Me siento culpable porque el que debió marcharse no fue él, fui yo. Me arrepiento de no haber recibido esa bala.

—No digas eso, Bill.

—Esa bala era para mí, ¿por qué tuvo que recibirla él? Él no merecía morir, era yo quien estaba destinado a eso.

—Pero no sucedió. Tu destino no es morir, tu destino tal vez es estar aquí y ser feliz con Thomas, ¿no has pensado en eso?

—No. sé que no debía ser así.

—¿Tú amabas a Grant?

—Claro que sí.

—¿Cómo un amante?

—No, nada de eso, Till. Yo no lo amaba de esa forma. Yo no tenía nada con él. Solo una profunda amistad. Lo quería porque era un buen amigo y era hijo de una persona que me ha ayudado mucho. No había más que eso. Solo una amistad.

¿Y el del auto?— desvié mi mirada al suelo. Me rompía el alma saber que Andy fue capaz de hacer eso— ¿Qué hay de él? Estoy seguro de que ese tipo te conocía aún más que Grant.

—No es algo de lo que quiera hablar ahora. Pero te aseguro que no esperaba algo así de él. No es una mala persona, de hecho, fue una de las mejores personas que he conocido. Ha hecho muchas cosas que nunca creí que nadie haría.

—Quiso dispararte, Bill.

—¡Eso no importa, tú no lo conocías!— suspiré, intentando calmarme— E… en serio, no quiero hablar de esto. No me hagas sentir peor de lo que ya estoy.

—Lo siento.

—No, está bien. Solo… déjame terminar esto y más tarde hablamos bien, ¿sí? En serio, no estoy de humor para hablar sobre estas cosas.

—Créeme, me lo imagino. Si te hace sentir mejor, te dejaré trabajar tranquilo lo que resta del día— Bajé la mirada, pensando en aquellas palabras. Creí, por un momento, que mis palabras le habrían ofendido de alguna forma.

—Till, en verdad lo lamento. Yo… —me giré hacia la puerta, pero él ya no estaba. Ni siquiera me dio tiempo a disculparme por mi estúpido comportamiento. No podía negar que a veces me arrepentía de hablarle así a alguien que se había comportado tan bien conmigo— lo siento— susurré en un último suspiro.

Luego de la muerte de Grant las cosas no habían mejorado ni un poco. Habían empeorado, de hecho. Mi amo me culpó de todo, pero yo sé que hice lo correcto al contarle lo sucedido. Me prometí a mí mismo que no volvería a ocultarle nada, ya que eso lo enfurecía aún más. Estaba seguro de que cada palabra que él me había dicho no tendría sentido si los problemas seguían haciéndose presentes entre nosotros. Es más, creo que no tiene sentido tomar en cuenta lo bueno que es conmigo, sé que no lo haré cambiar nunca. Su instinto es algo que no puedo detener por más que así lo desee.

Me desesperaba. Me desesperaba que fuera yo lo único con lo se descargara cada vez que le daba uno de esos ataques de locura. Me desesperaba que me mintiera de esa manera tan cruel e inhumana, pero más me desesperaba el hecho de que yo le creyera ingenuamente, como un niño tonto. Me desesperaba su mal humor, me desesperaba la manera en la que me trataba, me desesperaban sus golpes. Él me desesperaba. Me desesperaba saber que al otro día yo seguiría amándolo por más que no sea lo correcto ni lo más conveniente.

Deseaba no ser tan imbécil. A veces quisiera dejar de sonreír estúpidamente cada vez que me trataba tiernamente. Por momentos me arrepentía de que él supiera las cosas que siento por él. ¿Y qué si él pensaba que podría torturarme cuanto lo desee, creyendo que de todas manera yo jamás dejaría de amarlo? Tal vez eso haría que nunca se detuviera, tal vez aquello lo haría aprovecharse de la situación. ¿Cuánto tiempo más tendría que aguantar todo esto? Tal vez toda mi vida, hasta que mi mente comprenda que debo alejarme de él, que es peligroso.

¿Cuántos golpes más cree que aguantaré? Tal vez todos los necesarios hasta que comprenda que está matándome tras cada puñetazo recibido. ¿Cuánto tiempo más seguiré creyendo que no me miente al decirme que soy importante para él? Tal vez hasta el fin de mis días, eso era lo peor de todo.

—¡Suéltenme!— oí un horrible grito. Por el susto el trapeador cayó al suelo. Me acerqué a la puerta y observé, horrorizado, como dos tipos llevaban a alguien con la cara cubierta por una bolsa de tela color negro— ¡Me las van a pagar, todos ustedes! ¡Tú y tus asquerosos secuaces, hijo de puta, sé que me oyes, sé que estás ahí!— me quedé paralizado, observando a aquella persona que se movía frenéticamente, intentando librarse de los dos enormes guardias que, estaba seguro, de que no iban a soltarlo por más que amenazara cuanto le diera la gana— ¡Van a pagarlo con su vida, todos ustedes!— la imagen desaparecieron cuando estos tipos cruzaron la puerta que llevaba hacia el jardín.

Esos gritos me hicieron reaccionar. No pude evitar pensar lo peor. Mi amo estaba a punto de hacer una de las suyas. Ya sea un secuestro, un asesinato, una extorsión, lo que sea, no era una buena señal. Algo malo iba a suceder y podía presentirlo. Más aún, cuando lo vi, bajar las escaleras con total naturalidad. Al tocar el último escalón, posó sus ojos en mí. El solo verlo, me intimidaba. Decidí meterme de nuevo en la cocina y esconderme a un lado de la puerta. Mi corazón se aceleró, temiendo que me haya visto. Prefería ocultarme y que se alejara. Por favor, que se alejara de mí.

—¿Viste algo interesante?— Oí su voz, muy cerca de mi oído. Estaba hablándome de nuevo con ese tono de voz totalmente espeluznante. Como en una película de horror, en la que el asesino está detrás de ti, esperando a que muevas un solo músculo para matarte.

No, amo— Moví mi cabeza negativamente. Supe que me miraba, pero yo no alcé la miraba. Comenzaba a temblar. De él no se podía esperar solo algo malo, se podía esperar lo peor.

—Estabas espiando.

—No…

—Fue una afirmación, no una pregunta— hizo una pausa y se paró frente a mí. Su enorme mano se posó en mi mandíbula y apretó fuertemente, alzando mi cabeza lo suficiente como para herirme interiormente con su filosa mirada— mírame cada vez que te hablo. Te prohíbo estrictamente que bajes la mirada ante mis palabras. ¿Cuántas veces te tendré que decir que no debes mentirme? ¿Debo recordarte las consecuencias de tus actos?

—No, amo. Lo siento.

—Ahora escúchame, no estoy aquí para golpearte, vengo a proponerte algo— lo miré fijamente, con total atención y cierta desconfianza en sus palabras— ¿Quieres redimirte conmigo de una vez por todas? Tienes una oportunidad de cambiar mi humor, si me dices que sí me harás feliz, ¿qué opinas?— ¿Estaba jugando conmigo? Yo no quería jugar, sus juegos eran siniestros. Siempre perdía, perdía mi maldita dignidad. Él ganaba un enorme ego y una mirada altanera, yo solo obtenía dolor.

—¿De qué se trata?

—Sin preguntas. Solo dame una maldita respuesta. Solo tú puedes cambiar mi humor. Ahora responde lo que te he preguntado. ¿Quieres redimirte? ¿Sí o no?

—No sé qué es lo que pretende— suspiré— pero lo haré— Alejó su mano de mi mandíbula y la llevó a mi brazo. Apretó fuertemente y comenzó a guiarme por la casa. Nuevamente me causaba dolor y a él no le importaba. Agradecía que no fuese a golpearme, pero sabía que nada bueno venía tras sus palabras.

—Si llegas a echarte atrás a último momento, las cosas pueden empeorar. Espero que seas inteligente y pienses bien lo que harás. Me has dado un sí y no me puedes desobedecer— las cosas cada vez se ponían peor. No quería ni siquiera imaginarme lo que me obligaría a hacer. Sus palabras no me tranquilizaban en lo absoluto.

—Me está lastimando— susurré con calma, temiendo que todo empeorara— Amo…— abrió la puerta trasera, la misma puerta por la que obligaron a aquella persona a salir de ahí. Si duda, esto no sería una buena idea.

Salimos al jardín, él me llevaba a la fuerza, sin siquiera pensar en mi dolor. Oí golpes, quejidos… aquella persona estaba siendo golpeada con una brutalidad inmensa. El estómago se me revolvió miles de veces ante aquella espantosa escena. Muchos recuerdos vinieron a mi mente. Las innumerables veces que él me golpeó, todo lo que sufrí con mi padre y cómo olvidar los horribles momentos que Downey me hizo pasar. Todo habría resultado más que perturbador para mí.

Alejé mi mirada de aquello, pero mi amo no lo deseaba así. Tomó mi mentón y me obligó a observar cada detalle. Como si intentara meterme en ese mundo de crueldad una vez más. Haciendo abrir cada herida sin cerrar.

¿Por qué? ¿Por qué me obligaba a esto? ¿Por qué quería hacerme tanto daño si tan importante resulto ser para él? ¿Qué sentido tenía hacerme esto ahora? No deseaba ver a alguien sufrir, él bien sabía que yo era incapaz de hacer algo malo.

—Mira— Habló en mi oído— no quiero que despegues ni una puta lágrima por él. ¿Ves esto?

¿Lo ves? Esto es la justicia en este jodido lugar. Así se hacen las cosas a mi manera. Es la justicia que tú no tuviste el valor de tomar nunca en tu miserable vida. ¿Crees que la policía arreglaría cada daño que te han hecho? ¿Crees que eso sirve para algo?— los hombres se alejaron lentamente y logré reconocer el rostro de aquella persona inmediatamente— Estoy seguro de que sabes de lo que estoy hablando, pequeño— mi mandíbula tembló ligeramente. Aquellas lágrimas que él no me permitía derramar estaban haciéndose presentes, listas para rodar por mi rostro.

—Bill…— Habló él.

—Andy…— líneas de sangre caían por su labio. Sus ojos amoratados, con heridas en su ceja.

No pude contener mis lágrimas ni un segundo más. Era realmente espantoso verlo de esa manera. La imagen más cruda que podría haber visto en este lugar. La persona que ayer me había ayudado, hoy estaba aquí, presa de la maldad de mi amo.

—Andrew. Su nombre es Andrew, pequeño. Aquí no existen los diminutivos. No sientas compasión por él, ¿qué ha hecho él por ti? Me ha obligado a golpearte, a herirte…

—¡No es cierto!— Cuando Andy habló, uno de los secuaces golpeó su rostro, haciendo volar por el aire un poco de su saliva, mezclada con su sangre. El estómago se me revolvió en un instante. Hubiese deseado que me sometiera a cualquier cosa, menos a observar aquello.

—Así hacemos justicia en mi mundo. Los castigos se pagan con sangre. En mi mundo, una vida inocente se paga con la de un culpable. Este tipo ha hecho algo malo y merece sufrir, como todos. Pequeño, aquí las cosas se hacen de esta manera.

—Pero no es la manera que a mí me gusta, si así es la manera, yo no pertenezco a su mundo— hablé con la voz temblorosa.

—Ahora sí. No me digas que sientes compasión por él. Tú mismo me dijiste que intentó matarte, intentó alejarte de mí, ¿no dijiste que me querías? ¿O acaso me has mentido? De ser así, tendrás que pagar el mismo precio que él.

—No, no he mentido, pero…

—¿Pero qué?— me interrumpió, dejándome completamente helado— No me digas que ya te has arrepentido de la propuesta que te hice. Me decepcionas.

—No, no me he arrepentido.

—Siempre lo supe— habló Andy nuevamente— Te enamoraste de esta basura. Millones de personas, mejores que él desearían estar contigo y tú eliges a un asesino. No mereces respirar, no mereces una vida digna ni la tendrás junto a esta bestia. Te enamoraste de él, sabiendo que tu madre murió por gente así, ¿cómo eres capaz, Bill?

—Vaya casualidad. Ahora tú también morirás por gente como yo— Habló mi amo, con el orgullo plasmado en una enorme sonrisa— Es más, Andrew, tus padres murieron por gente como yo— cerré mis ojos fuertemente, intentando no hacer caso a sus palabras. Quería que todo fuese solo una pesadilla— Tus hermanos tuvieron toda la suerte del mundo al escapar, pero no tardaré en encontrarlos. Más que nada, a tu hermano Jake. Es el que más merece sufrir, después de todo.

—Amo, por favor…

—¡Deja de sentir lástima!— Gritó en mi oído— ¿¡Acaso quieres terminar como este imbécil!? ¿¡Acaso tú también quieres morir!?

—No…

—Entonces deja de lloriquear como una niña y entiende las cosas como son realmente— mi amo sacó su arma y me la entregó— tómala y termina el trabajo que he empezado. No sientas lástima por él, no tengas compasión. No sobrevivirás aquí sintiendo eso por estos miserables.

—No lo haré— respondí inmediatamente— no, no voy a hacerlo, no puedo.

—Entonces arrodíllate junto a él, mis guardias se encargarán de golpearte y yo mismo pondré esta puta arma en tu cabeza y dispararé. Esta vez estoy dispuesto a hacerlo y está completamente cargada. No juegues conmigo.

—¿Por qué?— dije entre sollozos— ¡No soy como usted, no puedo hacerlo! ¡No lo mataré, no puedo hacer eso a nadie!

—¿Prefieres morir junto a este asesino? ¡Estuvo a nada de matarte y mató a Grant! ¿¡Cuál mal ha hecho Grant para morir en manos de este infeliz!?

—Su intención no era matar a Grant, no fue culpa suya. Fue mi culpa. Usted lo sabe, se lo he dicho y ya me ha golpeado simplemente por eso. Ya lo ha hecho miles de veces. No me importa que lo haga una vez más, pero no permita que me convierta en esto.

—Te estoy haciendo un favor, mi pequeño. Estoy ayudándote a convertirte en un verdadero hombre, ¿no es eso lo que quieres?

—No. Prefiero ser un marica toda mi puta vida o soportar sus abusos antes que convertirme en un asesino. No permita que me convierta en esto, por favor.

—Toma el arma. No lo voy a repetir dos veces— miré a Andy, suplicaba piedad a través de sus ojos. Desvié la mirada y tomé el arma— apunta— Ordenó— sabes como disparar. Solo jala el gatillo y todo estará perdonado por el resto de tu vida. No más golpes, no más ira. Todo lo que has hecho será perdonado y volveré a ser el mismo de antes, ¿no es eso lo que quieres?

—Bill, no tienes que hacerlo— Habló Andy— intenté ayudarte a escapar de esto una vez.

Recuerda lo bien que la pasábamos juntos. Éramos buenos amigos. Podríamos haber logrado grandes cosas juntos. No lo hagas, Bill.

—¿Vas a creer eso? Es la persona que intentó asesinarte y mató al hijo de la persona que adorábamos. Tú sabes lo que Grant significaba para ella. Era su hijo. Recuerda a tu madre, lo mucho que ella habría sufrido si te viera morir en manos de un infeliz como este.

—Andrew también tenía una madre— Hablé, con las manos temblorosas, apuntando el arma hacia aquella persona que alguna vez consideré un amigo— Usted la mató.

—¿Hablas de la mujer que quería prostituirte? ¿La misma mujer que quiso entregar tu culo a cualquiera que tuviera unos billetes en su bolsillo? ¿De esa santa mujer me hablas, pequeño? Vaya, que poco uso de razón tienes.

—Mi madre no era ninguna proxeneta. Usted, en cambio, lo es. Vende mujeres, las usa y las deshecha como basura y eso hará con él. ¿Piensa que no lo sé? ¿Piensa que no sé que va a deshacerse de él cuando se aburra de ese estúpido juego?— Andy posó sus ojos piadosos en los míos— No lo escuches. Sabes cual es el lado correcto, lo sabes perfectamente. Baja esa arma.

—Si la bajo me costará la vida, Andrew— mis lágrimas no dejaban de caer. Los nervios me estaban matando. Tenía a mi amo de un lado y la muerte del otro.

—¿¡Y qué!? ¿¡Acaso no quieres escapar de este monstruo!? ¿¡De esta vida de torturas!? O será que…— hizo una pausa y frunció el ceño— no me digas que quieres ser igual que él. No me digas que en serio quieres convertirte en un asesino.

—Vaya cobarde…— susurró mi amo, junto a una risa que me dio escalofríos en todo el cuerpo— y pensé que tú eras el más cobarde de los tres, pequeño.

—Un cobarde… un cobarde es la persona que tienes al lado, Bill. Un cobarde fue tu padre también. Recuérdalo, recuerda lo que le hizo a tu familia, recuerda quién era él. Un asesino y ahora estás junto a este tipo. No permitas que te convierta en un asesino a ti también. Tú no eres así. No debes hacer esto, no debes ser igual que él.

—¿Sabes cuál es la diferencia, mi pequeño? Yo no mato personas inocentes, él intentó matarte a ti. Respóndeme una cosa, ¿qué crees haber hecho en tu pasado como para que este tipo disparara esa arma?¿Acaso hiciste algo tan malo como para merecer la muerte?

—Bill, no lo escuches. Escúchame a mí. No lo hagas. No eres un asesino, te conozco. Fue un error y lo lamento profundamente, pero no hagas esto.

—Si no disparas esa arma vas a morir y a este tipo no le importa. ¿Quieres saber cuál es la diferencia entre este infeliz y yo?— habló mi amo, dejando una caricia en mi cabello— que él quiere verte morir con tal de no verte a mi lado y yo moriría si te veo junto a alguien más— observé a mi amo, sin poder creer aquellas palabras— créeme.

—¡Mentira! ¡Eso es una gran mentira! ¿¡Cuándo lo has visto recibir un golpe por ti!? ¿¡Cuándo ha estado allí cuando lo necesitabas!?— desvié la mirada hacia Andy esta vez— Yo te ayudé, yo era capaz de dejarlo todo por ti. Él no, Bill ¡Él solo te golpeaba y te trataba como una maldita basura!

—¿Entonces por qué intentaste asesinarme, Andy?— Cuestioné— Si tantas ganas tenías de ayudarme a salir de esto, ¿por qué lo hiciste?

—Fue un error que lamento. Lo lamento. La única forma de escapar de este infierno es morir.

Este tipo hará tu vida miserable. Te mentirá, te lastimará más de lo que ya lo ha hecho. No tiene sentimientos, nunca sentirá lo mismo que tú sientes por él.

—Dile a Andrew cuan infeliz eres a mi lado. Dile lo mal que te sientes cada vez que te recuerdo lo mucho que me importas, pequeño.

—No es eso lo que me hace daño— Susurré— Es usted, su crueldad, sus golpes y esto. No soy un asesino. Yo nunca seré como mi padre, ni como usted. Sabe que no soy capaz de asesinar, no entiendo por qué me obliga a esto.

—Sin embargo tienes un arma en tu mano— acotó Andrew— estás apuntándome. Me vas a matar solo por hacerle caso a él. Al hombre que te vendió ¿¡Eso es lo que quieres realmente!? ¿¡Quieres matarme!? ¿¡En verdad quieres hacerlo!?

—Recuerda, pequeño, yo no quiero perderte. No me dejarás más opción que hacerlo. Si defiendes a un asesino, dejas de ser una persona libre de culpabilidad. No tendré problema en matarte junto a él y sé que tú no quieres eso. No me obligues a hacer algo que no quiero.

Me imaginaba aquella situación. Sabía que todo se acabaría. La vida era una sola y yo no quería morir, pero tampoco quería asesinar a alguien. No podía quitarle la vida a una persona.

No quería convertirme en aquello a lo que tanto odio. Mi madre no estaría orgullosa de mí. Mi hermana, ¿qué ejemplo hubiera sido para ella ver a su hermano con un arma, apuntándole a un muchacho? No importa lo que me esperara, no podía hacerle eso a Andrew, ni a nadie. Sin importar lo que haya hecho, él no se merecía morir. Nadie lo merece.

—Bill, tú no eres un asesino. Tienes que creer en mí. Baja esa arma, ya no puedes seguir junto a alguien que te obliga a ser algo que no eres.

—Haz justicia. Así debió ser cuando tu familia murió, pequeño. Solo es un disparo y todo acabará pronto— susurró mi amo— vamos.

—Bill, escúchame— Tragué saliva y miré a Andy. Ya no supe a quién creerle, no supe que debía hacer realmente— Yo te amo. Él no puede amarte, pero yo sí. Yo te amo, pequeño.

—¡Joder!— mi amo me arrebató el arma y él mismo soltó el disparo que llegó a la frente de Andy. Su cuerpo cayó, flácido, al piso. La sangre caía por su rostro, dejando una imagen más que espantosa ante mis ojos.

—¡No!— Grité al momento en que me lancé sobre su cuerpo— ¡Andy, no!— su cuerpo estaba sin vida, ya no podía responderme, ya no respiraba.

—¡Ven aquí, imbécil!— Sentí dos fuertes agarres en mis brazos junto a la voz de mi amo, sonando entre mis gritos de dolor y rabia.

—¡Suélteme! ¡Suélteme! ¡Aléjese de mí, no me toque!— a la fuerza volvió, prácticamente, a arrastrarme hasta el interior de la casa— ¡Déjeme, por favor! ¡Suélteme!— me tiró al suelo al entrar y me quedé allí, derramando mis lágrimas.

—¡Levántate!— sonó su voz, sobre mis sollozos— ¡Levántate antes de que decida matarte a ti también!— Alcé mi cuerpo y me puse de pie— limpia esas patéticas lágrimas. No valen nada para mí, no mucho menos para él. Está muerto, ya no puede verte llorar.

—Él tenía razón— Hablé, limpiando una a una mis lágrimas— es usted un monstruo. Es un asesino y nadie nunca cambiará eso, usted no cambiará.

—¿Entonces por qué te enamoraste de mí si eso es lo que realmente piensas? ¡Si sufres por un estúpido sentimiento, no es mi culpa!

—¿No cree que si lo supiera ya hubiese intentado repararlo? ¡Si tuviera que elegir, hubiese decidido enamorarme de alguien que valiera la pena! ¡No de usted!

—Pero aquí estás. Estúpidamente enamorado de alguien que jamás te amará. No es mi culpa, es tuya. Que mal por ti.

—¿Qué mal por mí? ¿¡Cree que no sé lo infeliz que se siente!? ¡Está solo y nadie jamás lo querrá! ¡Máteme de una puta vez, hágalo! ¡Si es tan malo como todos dicen que es hágalo! Perderá la única persona que cree en usted. Morirá solo, como lo merece.

—¿Crees que no lo haría?— Avanzó hasta mí, pero no me moví ni un solo centímetro. No iba a dejarlo ganar— ¿Crees que no te mataría ahora mismo?

—No veo que saque su arma para hacerlo. Es usted el asesino aquí. Máteme. No me ama, nunca lo hará, ¿cuál es el punto entonces? Decidiré odiarlo para siempre, dejar de amarlo, ¿es eso lo que usted quiere que haga? Lo haré, pero atrévase a quitarme la vida.

—No me obligues a hacerlo.

—No lo estoy obligando. Lo estoy retando. Si no lo hace usted, tarde o temprano lo hará alguien más, o lo haré yo mismo. ¿Cree que no me atrevería a hacerlo una vez más? ¿Cree que no soy capaz? Lo fui una vez y usted lo recuerda mejor que yo.

—¡Ya basta!

—¡No!— la furia comenzó a crecer dentro de él. Un «no» como respuesta, significaba poner el dedo en la yaga. Sabía que enloquecería en cualquier momento, pero el que había enloquecido era yo y no me importaba. No me importaba que me golpeara, pero quería que me escuchara— ¡Asesino!— golpeé su pecho con ambas manos y él retrocedió un paso— ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Desearía que fuera usted quien esté muerto y no él! ¡Por usted puse un arma en mi cabeza y puedo volver a hacerlo! ¡Lo odio por hacerme esto, lo odio por convertirme en esto!

—¡Tú solo te has hundido en un estúpido mundo de fantasías que no existen! ¡Tú creíste enamorarte de mí, nadie puede enamorarse de alguien como yo!

—Yo lo hice… ¿por qué no quiere comprenderlo? ¡Compréndalo! ¡Comprenda que quiero ser feliz, pero no quiero esto en mi vida!

—¿¡Qué es lo que no quieres!?

—Amar a un asesino. Eso es lo que no quiero. Quiero ser feliz, quiero que usted sea feliz. Sé que no lo es, ¿por qué?

—Porque no creo en estupideces.

—No son estupideces. Usted es un monstruo, pero supe ver que hay humildad y bondad allí dentro, ¿cómo explica mi felicidad al ver aquel lado suyo? ¿Cómo cree que eso sucede? ¿Qué cree, usted, que me hace feliz?

—No me interesa.

—¿Y qué es lo que le importa? ¿¡Qué es lo que le impide quererme!? ¡Si no me quisiera, habría disparado su arma las veces que pudo.

—¡Ese es el problema! ¡Ese es el puto problema!— me dio un empujón fuerte, que me dejó tumbado sobre el sofá. Alzó su mano en un puño, iba directo a mi rostro, así que lo cubrí con mis brazos, pero el golpe jamás llegó— El problema es que siento que te quiero, pero no estoy seguro. No recuerdo como se quiere a alguien— mi corazón comenzó a acelerarse rápidamente, como un tren a toda velocidad— Te odio por hacerme esto, pero soy incapaz de quitarte la vida. No importa cuanto lo intente, siempre me detengo. Tú haces que me detenga. Tú y tus estúpidos sentimientos por mí.

—Amo…— descubrí mi rostro, esperando alguna otra palabra.

—Olvídalo. No te me acerques, olvida todo lo que he dicho— Lo observé atentamente. Se dio la vuelta y subió las escaleras a la velocidad de la luz. No intenté seguirlo, supe que sería inútil. No podría calmarlo, no podría con él.

«El problema es que siento que te quiero, pero no estoy seguro. No recuerdo como se quiere a alguien». Aquello había sido lo más esperanzador que haya salido de sus labios. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía sentirme? ¿Cómo podría creer que alguien que me había hecho tanto daño sintiera aprecio o cariño por mí? Eso no era posible, aunque… siente que me quiere. Pero cada persona que lo amó, le hizo daño. Tal vez era ese el problema. Nadie nunca le enseñó lo que era el amor realmente, nadie nunca lo amó lo suficiente como para demostrarle que es real.

—Bill…— mi cuerpo tembló de repente, al sentir una mano rozar mi brazo— Tranquilo, soy Till— volví a recostar mi cabeza en el sofá— Quiero que sepas que estoy orgulloso de ti.

—¿Por que?— lo observé. Él sonreía con un enorme y hermoso brillo en sus ojos.

—Eres la persona con más huevos que he visto en mi vida, niño. Te enfrentaste a él como un verdadero hombre y siempre supe que eras especial para él.

—No soy especial para él. Solo está confundido. Lo conozco, esto es cosa de un momento. Se le pasará cuando reflexione lo que ha dicho. Se convertirá en un maldito ogro y volverá a tratarme como un pedazo de basura, como siempre lo hace. Mis esperanzas ya son inexistentes. De nada me sirve creer que de algo le importo.

—¿Tienes que ser tan pesimista siempre? Acaba de decir que cree que te quiere, ¿por qué estás así? ¡Dame una jodida explicación!

—Son mentiras, Till. Siempre me dice mentiras y debo acostumbrarme a no hacer ilusiones por cada cosa que me diga.

—él jamás le ha dicho a alguien «te quiero», ¿acaso tú no lo quieres?— ¡lo amaba, joder! Sería capaz de cualquier cosa por él, pero eso no quitaba el hecho de que me mintiera siempre— ¿nunca has pensado en un futuro entre ustedes?

—¿Cuál futuro? Moriré apenas él tenga un ataque de nervios y decida deshacerse de mí. Ya me rendí hace mucho.

—Cuando sepas que él realmente te quiere, querrás decirme que tuve razón. Bill, acéptalo. Él está asustado, está experimentando algo que jamás sintió por nadie.

—Como si esa estupidez lo asustara— me senté en el sofá y suspiré, mirando el techo— él se ríe de mí por amarlo y aun así, asesina sin remordimiento alguno, y me tortura y… y yo sigo aquí, como si nada hubiera pasado, deseando hacerlo la persona más feliz del mundo, ¿no es eso suficiente demostración de afecto como para enseñarle lo que es querer a alguien?

—Tu negatividad no hará que él lo entienda. No hagas que me ponga nervioso yo también, mocoso caprichoso.

—¿Quieres que me convierta en el idiota enamorado que no debería ser? Till, él jamás se enamoraría de mí. Él es imposible. Está muy lejos de mi alcance.

—Te prometo que retirarás esas palabras muy pronto, Bill. Te haz ganado el corazón de alguien que no sabe que lo tiene.

Continúa… 

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