«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 50
No supe de dónde saqué el valor o la fuerza, pero al momento en que la puerta se abrió pateé con ambos pies amarrados el pecho de uno de ellos. Ni siquiera observé cuál de los dos era, solo lo golpeé con la fuerza suficiente para hacerlo caer. Inmediatamente me las ingenié para salir del auto, pero no pude ir muy lejos. Mis pies atados no me permitieron caminar y el otro sujeto, me dejó inmóvil al rodear mi cuello con su brazo.
— ¡Auxilio! — comencé a gritar— ¡Ayúdenme, por favor! ¡Intentan asesinarme! — ese fue mi último grito hasta sentir que su brazo apretaba con tal fuerza mi garganta que no pude ni siquiera respirar.
—Nadie te va a oír, nadie te va a ayudar, pero cerrarás esa puta boca porque me fastidia oírte, ¿¡comprendes!?— Habló este tipo a mi oído, aflojando su abrazo mortal—. No hagas esto más difícil, tu amo no está aquí para protegerte, nadie te va a proteger.
El otro sujeto me encintó la boca y no pude pronunciar palabra alguna. Entre los dos tuvieron que sostenerme, estaba casi seguro de que les costaba moverme del lugar. Si hubiera tenido mis pies libres podría haber escapado con toda la facilidad del mundo, haciendo a estos dos imbéciles lamentarse por haberme perdido.
Cundo alcé la mirada, me crucé con un lugar casi insulso. Cuatro paredes amarillas con la pintura rasgada, las puertas oxidadas y un espantoso patio cercado por ladrillos, alambre de púas, vidrios y otros objetos punzantes. Parecía una simple casa en mal estado, casi parecía abandonada. El recordar la casa que mi amo usaba para sus «negocios» no se parecía en nada a lo que tenía ahora frente a mis ojos.
Me arrastraron a la fuerza hasta ese diminuto lugar. Las paredes ni siquiera estaban terminadas. Había sábanas en las puertas, las usaban como cortinas y estas estaban ennegrecidas de tanta suciedad y humedad. El techo era solo lata oxidada, casi parecía un insulto estar allí. Había cucarachas en el suelo, podía jurar que casi las piso cuando mis pies tocaron el mismo en medio del arrastre. El lugar apestaba a humo de cigarrillo y había mujeres, pero no mujeres precisamente atractivas como las que mi amo comerciaba, estas eran un poco más pasadas de edad y mal arregladas. Este lugar no se parecía en lo más mínimo al que mi amo me había mostrado y era de su propiedad. Este lugar era simplemente una pesadilla.
De pronto, tuve ante mis ojos al hombre más enorme y asqueroso que pude haber cruzado en mi corta existencia. Era un tipo calvo, gordo y vestía con una musculosa blanca, manchada mientras fumaba un habano y sostenía en su mano un enorme vaso cargado de cerveza. Tenía una barba de fin de semana y los labios grasientos, probablemente a causa de la pizza que reposaba a su lado, en una simple mesa de madera.
—Ah… ustedes dos— habló con voz rasposa, poniéndose de pie con dificultad mientras se limpiaba la boca con su propia mano. Al parecer le costaba respirar y moverse muy rápido a causa de su excedido sobrepeso—. Les dije que no quiero más penes en este lugar, nadie paga lo suficiente por ellos— entonces posó sus ojos en mí—. Pueden llevárselo, no compraré esta mierda— Me sentí aliviado por un momento, no les quedaría más opción que soltarme y dejarme ir, o matarme. Bien, cualquiera de las dos era mejor que quedarme aquí.
—Gordo, lo que te traemos aquí no es un simple pene, ¿acaso no reconoces esta cara? — William tomó mi rostro y alzó mi cabeza—. Míralo bien. Todo lo que hemos oído ha sido verdad. Este es el tesoro de «El amo». Este es el muchacho que cualquiera se moriría por tener— la expresión del tipo gordo cambió de repente y me miró con más detenimiento, como si analizara cada facción de mi rostro— ¿Ahora sí te interesa el trato?
—El pequeño— sentenció el tipo, esbozando una gran sonrisa que dejaba ver sus amarronados y deformes dientes—. Entonces era real. Claro que lo reconozco. El chico delgado de blanca piel y largos cabellos negros. Apariencia femenina y delicada mirada, como la de un niño inocente. Definitivamente sé quién eres, todos aquí saben quién eres. Te hemos buscado durante mucho tiempo, eres deseado por todo aquel al que tu amo ha arruinado, incluyéndome— William arrancó de mi rostro la cinta, dejándome inhalar una gran bocanada de aire.
—No sé de qué me está hablando, no sé de qué rayos hablan ustedes. No sé quién mierda sea ese tal «amo» que ustedes buscan, pero yo no tengo nada que ver— hablé con seriedad, intentando escapar de aquella situación—. No sé qué rayos buscan, pero no tengo ni un solo centavo encima tampoco. Están cometiendo un error.
—Buen intento, Bill— él conocía mi nombre—. Tengo clientes que estarán orgullosos de verte, pagarán mucho por ti. ¿Sabes lo que van a hacer contigo? Te van a golpear, te van a humillar y te van a violar hasta que les parezca justo tu sufrimiento. Desquitarán contigo todo el daño que tu amo ha hecho, empezando por mí— el tipo arremangó su pantalón y dejó a la vista una prótesis que tenía en lugar de su pierna derecha—. Hay muchas deudas que tu amo no ha pagado y es hora de que cobremos lo que nos pertenece.
Enmudecí en ese momento. Me asusté como nunca en mi vida, pero más que nada me sorprendí. Imaginé a mi amo, observando a este hombre mientras perdía su pierna, tal vez sonriendo por dentro al ver caer a uno de sus enemigos. No quería ver una realidad que era obvia y ahora me estaba golpeando en la cara. Era doloroso saber que las personas tenían razón al llamarlo monstruo.
—Pero antes de eso, debemos hablar de negocios, Gordo. Mientras tanto, ¿por qué no te encargas de que esté bien encerrado hasta que cerremos un trato? — habló William—. Ten especial cuidado. Así como vale una fortuna, es un maldito escurridizo.
— ¡Karen! — Gritó el tipo gordo, sin temor a destrozarle los tímpanos a alguien. Ante el llamado una mujer anciana, con el cabello pelirrojo enmarañado, intentando controlarlo con un pañuelo verde, y grandes ojos azules rodeados por sombra celeste mal aplicada, apareció— . Llévate al muchacho con el resto de la mercancía y tráenos un whiskey para mí y mis invitados.
—Por supuesto, señor— la mujer tomó mis muñecas sin delicadeza alguna y me empujó hasta una habitación—. Pórtate bien, niño, no querrás vértelas con él— me advirtió.
—Señorita, le juro que no sé a quién buscan, pero no soy yo. Por favor, tiene que creerme— le rogué a la mujer, pero ella ni siquiera me miró. Solo se limitaba a empujarme.
—Nadie te va a creer, cariño, ni siquiera te esfuerces. Guarda tus plegarias para más tarde, las vas a necesitar en exceso.
Abrió una puerta con una llave que tenía colgada al cuello y me empujó dentro. A penas entré pude ver muchos cuerpos en el suelo, alejándose hacia la pared, con todo temor. La habitación lucía como una verdadera trampa mortal. Aquellas personas atemorizadas me dieron la peor de las impresiones.
Una vez dentro, la mujer se alejó rápidamente y cerró la puerta detrás de mí. No logré alcanzarla. Cuanto miré al frente ya era demasiado tarde. La puerta se cerró detrás de mí sin darme tiempo a nada. Ni siquiera podía tocar el picaporte, mis manos se encontraban aún amarradas a mi espalda.
— ¡No sé a quién mierda están buscando, pero les juro que yo no tengo nada que ver con eso! ¡Déjenme salir de aquí de una maldita vez, por favor! — Grité, golpeando la puerta con mi hombro, no pude hacer más que eso para poder llamar la atención de alguna manera— ¡Por favor, tienen que creerme, no sé de lo que están hablando, solo quiero irme!
—Es lo que todos dijimos al llegar aquí. No te molestes, no escucharán nada de lo que digas a menos que sea un insulto. De esa manera, lo tomarán como una simple excusa para castigarte— giré la mirada a una de las muchachas. Delgada hasta los huesos y rasgos asiáticos. Cabello negro y enmarañado, como un vagabundo. Aquello parecía irónico, ya que era una muchacha sumamente hermosa—. Ven, siéntate con nosotros, no lucimos lo suficientemente bien pero sí te escucharemos.
—No debes hacer eso— le susurró otra muchacha. Una bonita rubia con unos envidiables ojazos azules, vistiendo un vestido blando demasiado grande para su delgado cuerpo—. No sabes quién es, puede ser peligroso— Aun así, la otra muchacha no me quitó la vista de encima. Solo me sonrió, como si realmente confiara en mí.
—Siéntate con nosotros, sé que no eres peligroso— Al no tener reacción por mi parte, la muchacha se levantó y caminó hasta ponerse detrás de mí— Te ayudaré a quitarte esa basura de las muñecas, así podrás estar más tranquilo— Me quedé con la mirada en blanco un momento. La muchacha estaba realmente delgada, más que cualquier persona que haya conocido en mi vida. Sus costillas sobresalían de su pecho, como si una criatura viviera dentro de ella e intentara salir. Podía notar los huesos de su diminuta cadera a través de la pequeña falda rosada que llevaba puesta. Casi no parecía humana—. Ven, está bien, no te haremos daño— posó su mano en mi espalda y me animé a caminar—. Vamos, siéntate, no tengas miedo.
— ¿Cómo te llamas, niño? — Preguntó otra muchacha, recostada y sin siquiera mirarme—. No te asustes, todos pasamos por este interrogatorio alguna vez, estarás aquí un largo tiempo, como nosotros. No debemos vivir en guerra entre putas— a pesar de ser sumamente bella, tenía in vocabulario espantoso.
—No soy ninguna puta y no estaré aquí ni un segundo más. Me iré en cuanto tenga la oportunidad— un muchacho comenzó a reírse levemente.
— ¿Ah sí? — preguntó, dedicándome una mirada—. Hace tanto tiempo que estoy aquí que ya no recuerdo cuanto es exactamente. ¿Crees que por no ser mujer te van a sacar de aquí a patadas? Créeme, no es así. Hombre o mujer, a nadie le importa lo que tengas ahí abajo mientras seas más débil que alguien más. Les importa hacerte daño, no solo tener sexo. ¿Nadie te lo ha explicado jamás? La mente humana es un lugar lleno de porquería y nosotros somos el basurero.
—No estaré aquí ni un día más porque no soy la persona que ellos buscan. Tienen que dejarme ir, no les serviré de nada.
—Nosotros tampoco fuimos las personas a quienes buscaban, pero aquí estamos, ¿no? — habló otra de las muchachas, exactamente aquella que le había susurrado a la primera—. Es mejor que comencemos a llevarnos bien porque ellos no buscan a alguien particular, sino a cualquiera y tú eres un cualquiera como todos nosotros. Aun así, debes tener algún nombre, ¿no?
—Yo soy Aiko, la muchacha que parecía asiática me extendió la mano, yo la tomé en un gesto de amabilidad—. Lamento que tengamos que conocernos en estas circunstancias, pero es un placer conocerte de todos modos.
—No le hagas caso, cree que hay que ser optimista a pesar de todo— habló la otra muchacha, quién me consideró peligroso—. Soy Gretchen y no soy optimista, estarás aquí un largo tiempo, así que estaría genial llevarnos medianamente bien.
—Frieda, un placer— habló otra muchacha, alzando la mano.
— ¿Y tú? ¿Cómo te llamas? — me atreví a preguntarle al único muchacho entre ellas. Él me miró y sonrió irónicamente. Su mala actitud descompensaba su linda apariencia. Cabello rubio, casi blanco, dueño de una piel tan clara como la luz del sol y una sonrisa digna de dioses.
— ¿Ahora quieres conocernos? No te diré mi nombre si no me dices el tuyo— por un momento me sentí intimidado cuando sus ojos verdes chocaron con los míos, como si me estuviera desafiando.
—Tú primero— lo desafié yo.
— ¿No mentirás si te pregunto tu nombre real? — Moví mi cabeza negativamente y él me extendió su mano— ¿Es un trato? — estreché su mano, finalmente—. Tom, me llamo Tom— se llamaba igual que él, se llamaba igual que mi amo—. Te mostraría mi identificación, pero dudo que exista. Ellos me la robaron cuando llegué aquí.
—Soy Bill.
— ¿Bill? ¿Te apellidas Kaulitz, por casualidad? — maldita sea, él sabía de mí.
—Sí, ese es mi apellido— respondí finalmente, creyendo que no habría peligro.
—Entonces lamento decirte que sí eres el tipo que ellos están buscando, pero no te preocupes no le diré a nadie que eres el pequeño— mi corazón se detuvo, no pude creer que ellos sabían de mí, era algo que no me hubiera esperado ni en un millón de años.
— ¿El pequeño? — esta vez todos, sin excepción, posaron sus miradas en mí— ¿En serio eres tú? — preguntó Frieda, quién por primera vez me dedicaba una atenta mirada— ¿Conociste al amo?
— ¿En verdad lo viste? ¿Cómo es él? ¿Es tan atractivo como dicen? — preguntó Aiko, entusiasmada. Casi me asustaba el hecho de que se estuviera tomando de esa forma la situación— ¿Es cierto que se enamoró de ti?
—No seas tonta— habló Tom—. El amo no se enamoraría jamás y menos de un muchacho. Es un monstruo y los monstruos no saben amar.
—Tal vez fue una excepción. Yo también me hubiera enamorado de él, es muy lindo. Si tan solo supiera si el amo es guapo, podría decir que hasta harían una buena pareja.
— ¡Te dije que podía ser peligroso hablar con él! — Habló Gretchen— ¿Tu amo nos va a asesinar si seguimos hablándote? ¿Tú piensas asesinarnos?
—Yo no soy un maldito asesino— dije, indignado—. ¿Cómo saben sobre mí y yo no sé nada de ustedes?
—Así es cuando eres famoso, pequeño— Habló él, sonriendo como en una burla—. Cuando te haces conocido, es natural que gente de la cual nunca has escuchado se entere de tu existencia. Agradécele a tu amo, su fama de asesino despiadado hace que algunos te teman.
No todos te temen, pero debes preocuparte más por los que te odian. Se harán un enorme festín contigo en este lugar. Tendrás suerte si el gordo no puede pagar por ti.
—El gordo no se perdería una oportunidad como esta— respondió la más callada de ellas tres, Frieda—. ¿Cuánto ha sido lo máximo que han pagado por ti?
—No soy un prostituto, ¿de qué rayos están hablando?
— ¿Fueron doscientos mil? Sabemos que tu amo te vendió a Downey y luego Downey murió— ¿también sabían de Downey? ¿Cómo mierda es que esto era posible? —. Incluso sabemos que eras menor de edad cuando eso pasó. Un pobre huérfano. En algunos lugares te conocen como el ángel que cayó en manos de un asesino. Te han cortado las alas tan pronto él te dejó ir.
— ¿Cómo saben todo eso?
— ¿Por qué crees que tu amo es tan temido? — Tom tuvo la palabra esta vez—. Tu amo fue capaz de cortarle la cabeza a alguien como Downey, es capaz de matar a quién desee, todos tenemos razones para temerle. Si fue capaz de matar a alguien tan poderoso como Downey, imagínate lo que haría con nosotros. Él es Dios aquí, nosotros solo somos los mortales a los que aplastaría con un dedo.
—Creo que exageras. No es tan malo como dicen, no lo fue conmigo. Estoy aquí porque me lo merezco. Podría estar muerto ahora. Él pudo haberme matado, pero no lo hizo.
—Debió hacerlo, pero no te preocupes, querrás estarlo muy pronto. Aiko está esperando su muerte segura, sabe que morirá de hambre en cualquier momento. Jennie murió hace dos
días, se cortó las venas y se desangró frente a nosotros. Yo tengo esperanzas de irme, es por eso por lo que aún no he intentado acabar con mi vida. Gretchen tiene una familia en la cual pensar y Frieda no sé qué mierda piensa hacer de su vida, pero definitivamente quiere escaparse de este lugar porque nadie sale vivo de aquí. Escapas o mueres.
— ¿Cuánto hacen que están aquí?
—Mucho antes de que todos supiéramos quién eres, pequeño— habló Aiko—. Pero cuéntanos más, queremos saber sobre el amo. Hay tantas cosas que se han hablado y tú eres exactamente lo que todos describen.
—Dejen de llamarme pequeño, mi nombre es Bill. Escuchen, sé que no debería hablar pronto, pero si es que me quedo en este lugar, los ayudaré a salir de aquí. No importa lo que cueste, no pienso estar encerrado en esta mierda por mucho tiempo.
— ¿Qué será lo primero que harás cuando salgas de aquí? — preguntó Tom— ¿Tienes un lugar a dónde ir? ¿Alguna comida que desees comer? ¿Alguna película que anheles ver?
¿Realmente había pensado en hacer algo más que no sea verlo a él? Lo dudaba. Pasé tanto tiempo imaginando estar en los brazos de mi amo, que ni siquiera se me había pasado por la mente el disfrutar de alguna actividad que me gustara. ¿Qué sucedió con todas esas cosas que me gustaban? ¿Por qué ahora no podía recordarlas o desearlas?
Detestaba que su imagen estuviera presente en cada maldita idea por más absurda que parezca. Mientras más evitaba pensar en él, peor era. Su ausencia era el dolor que más me torturaba y me molestaba el saber que había cosas peores por las cuales sufrir, pero yo no toleraba ninguna ni la mitad de lo que se sentía estar sin él. A veces pienso en lo patético que soy y día a día estoy más de acuerdo conmigo mismo.
—Lo único que deseo es volver con él, así que eso haré o moriré en el intento— todos se dedicaron una mirada, como si compartieran un mismo pensamiento que no supe leer con claridad—. ¿Qué sucede? —pregunté con suma preocupación.
—Si es que tienes un plan, te escucharemos. Solo dime que funcionará porque en serio estoy hambrienta y lo primero que haga al salir de aquí será comer el pastel de chocolate más grande del mundo— habló Aiko, sonriendo, como deseando evitar la conversación.
—No tengas tantas esperanzas, Aiko, no vamos a poder salir de esta cuadra con vida— se oyó la voz de Frieda, devastando la emoción de la pequeña asiática en unas simples palabras.
Luego, decidió que sus ilusiones no estaban lo suficientemente destruidas y prosiguió—. Hay pandilleros en cada maldita esquina, si se enteran de que nos fuimos de aquí harán lo posible por complacer al Gordo y eso significa que nos cortarán el cuello. Es mejor suicidarnos, no tenemos otra escapatoria. ¿O acaso quieres que el gordo te meta al cuarto?
—No, no quiero que me metan al cuarto. Huele a orina, dos obreros orinaron en la pared el otro día, Gretchen me contó anoche— Frieda miro a Gretchen con una expresión acusadora y ésta solo se encogió de hombros.
— ¿Por qué me miras así? — preguntó Gretchen—. Vamos, no seremos niños para siempre, tiene que saber lo que pasa ahí adentro. Todos ya hemos estado menos ella. Tiene suerte de ser la favorita del Gordo. Si no fueras asiática ya conocerías cada milímetro de ese hueco infernal.
— ¡Deja de asustarla, Gretch! — Habló Tom, antes de que la delgadísima muchacha comenzara a inundar sus manos en lágrimas de horror— ¡Mira lo que hiciste! ¿No te das cuenta de que no puede asustarse? Entrará en una maldita crisis.
—Como si estar en un prostíbulo, rodeado de tipos que te violarán sin piedad no fuera suficiente presión, ¿no? Merece saber lo que hay al otro lado de esa puerta, tendrá suerte si no la encierran una semana. ¿Sabes las cosas que hacen ahí?
— ¡Claro que lo sé por eso te pido que cierres el hocico, perra! — El único muchacho entre ellas se acercó a Aiko, quien no dejaba de llorar con desconsuelo y le dio un cálido abrazo. Actuaba casi como un hermano mayor para ella.
— ¿Qué es ese cuarto? — me atreví a preguntar.
—El puto tema del cuarto está cerrado. Se callarán la boca, ambos— Puedo jurar que su grave tono de voz autoritario me hizo dar un escalofrío, pero a Gretchen solo le hizo alzar una ceja junto con su dedo medio.
—Tápale los putos oídos a la bebé, nadie quiere oírla llorar. Te aseguro que si el gordo paga por él entrará en ese cuarto el primer día. Merece saber a qué atenerse, ¿o no? — Tom, resignado ante la voz de Gretchen, colocó sus manos en los oídos de Aiko, quién no hizo nada por impedir aquello—. Bien, básicamente ese cuarto es un lugar de castigo. No es un cuarto común donde los tipos entran, te follan, le pagan al gordo y se van. Nada de eso. Ese cuarto está hecho para «educar», según ellos. Cuando un rebelde entra en este lugar, ese es el lugar en dónde lo meten durante días para acomodar sus ideas.
—O sea que cuando estés allí adentro, no hay límites para lo que puedan hacer contigo. Si no mueres, tendrás suerte— Agregó Tom—. Pueden violarte, golpearte, lastimarte u orinar en ti. Pueden hacer lo que se les dé la gana contigo y tú solo estarás amarrado e inmóvil, a disposición de lo que ellos quieran hacer contigo.
—Frieda, Tom y yo ya hemos estado allí una vez y, créeme, harás hasta lo imposible por no entrar dos veces. Lamerás las botas del gordo hasta dejarlas brillantes si es necesario, pero nada será peor que entrar ahí.
—Lo digo por experiencia propia, pequeño, no querrás estar metido allí dos veces— Tom alzó su mano, apoyando el oído descubierto de Aiko sobre su pecho—. Realmente no hay límite alguno por las cosas que quieran hacerte ahí dentro— enmudecí por completo al contar solo cuatro dedos en su mano. Tenía amputado el dedo meñique y maldije por un momento al imaginar cómo sucedió aquello o aún peor, por qué sucedió.
— ¿Eso quiere decir que tú…? Quiero decir, ¿estuviste allí adentro dos veces? — pregunté a Tom, luego de tragar el maldito nudo en mi garganta ante su atenta mirada inexpresiva.
— ¿No fueron cuatro? — Preguntó Gretchen, como si aquello no fuese algo impresionante de ver o imaginar.
—No, fueron tres. La segunda fue el tatuaje, ¿lo recuerdas? — No pude evitar sentirme incómodo, hablaban con tal normalidad que comencé a dudar de la veracidad de sus palabras—. La segunda fue el tatuaje y la tercera fue la cicatriz.
— ¡Eso, muéstrale tu cicatriz! — Habló Frieda, dándole un empujón a Tom—. Es rarito igual que tú, de seguro le va a gustar.
—Vomitará. Aiko vomitó la primera vez que la vio y cuando tocó tu dedo casi se desmaya, ¿recuerdas? — Se reían entre ellos como si todo fuera una gran broma, incluso él se reía y aquello era más que perturbador— ¡Muéstrale! — Lo animó Gretchen.
— ¿Quieres verlo?
—No, te lo agradezco. Prefiero mantener en mi estómago lo que comí esta mañana. Siento que no comeré en mucho tiempo— giré mi mirada a la pared y por un minuto reinó el silencio, hasta que mi curiosidad se hizo presente una vez más y temí que fuera la última—. ¿Mi amo les ha hecho algo malo a ustedes?
—Hasta para ser sus víctimas somos muy poca cosa al lado suyo— El primero en responder fue Tom—. Es más, él fue el único capaz de hacer que el gordo caiga, es una lástima que no haya decidido matarlo, sino ninguno de nosotros estaríamos aquí.
—Sé que piensan que es un monstruo, pero…
—Pero al menos castigó a quién se lo merecía más de una vez, ¿no? — Me interrumpió Gretchen— Pequeño, no tienes que preocuparte, nadie te va a juzgar aquí por follarte a un tipo que podría pisar nuestras cabezas ahora.
Casi inmediatamente Frieda contuvo una gran carcajada, pero luego la dejó salir y los tres comenzaron a reírse en mi cara. No había que ser un completo genio para darse cuenta por qué. No pude definir el dolor de mi alma en ese momento, oírlos a ellos reírse de mi amo era extraño, nadie nunca se hubiera atrevido a hablar mal de él y menos frente a mí. Había que estar desquiciado para pensar en burlarte de alguien que está en una silla de ruedas.
Me levanté de aquel sucio colchón y me acerqué a la puerta. Me quedé mirando fijo el picaporte y lo giré muchas veces, con esperanzas de que mágicamente se abriera y me mostrara mi libertad. Eso no pasaría, no por ahora.
— ¿Te ofendiste por la broma del amo? — Entre tantas risas de burla, pude oír la dulce voz de Aiko, mirándome desde el suelo, recostada en el pecho de Tom—. Ellos no deberían burlarse de tu amo, tu amo hizo algo bien después de todo.
— ¿Qué?
—Te salvó la vida, ¿no es por eso por lo que está en una silla de ruedas? —todos guardaron silencio ante las palabras de ella—. Solo he oído que recibió una bala por ti y es por eso por lo que casi muere en una sala de operaciones.
— ¿Tú me creerías si te digo que sí? — pregunté, apreciando su tierna sonrisa, como la de una niña pequeña—. Él salvó mi vida, por eso está en una silla de ruedas. Recibió una bala por mí y estoy seguro de que hoy haría mucho más que eso.
—Tu culo debe haber sido lo mejor que probó en su vida, ¿acaso la chupabas tan bien? ¿Cuál fue tu secreto para ganártelo de esa forma? ¿Eres millonario? — preguntó Frieda.
—Eres una porquería sacando teorías sobre mi vida. Tienes suerte de haber nacido con dos tetas pegadas al torso— hablé sin miedo a sonar grosero—. Yo ni siquiera había besado a alguien en mi vida hasta conocerlo, yo no sabía ni siquiera dónde poner mis manos. A él le gustaba dominarme, simplemente era así en ese maldito sentido.
— ¿Entonces cómo lo hiciste? – Preguntó Aiko, completamente atenta a mi relato.
Me resultaba imposible contestar aquello, ni siquiera yo sabía cómo mi amo se enamoró de mí o como yo me enamoré de él. No creo que haya sido algo con lo que un día desperté. Solo sé que jugó con mi mente de tal forma que llegaba momentos en que lo detestaba y otros en que lo amaba con desesperación. Hubo instantes en que lo necesité más que al aire y otros en que deseé estar a un continente de distancia de él. Él fue un maldito manipulador, sí, pero si yo ya sabía eso, ¿por qué lo seguía amando? Oh, claro, él dio su vida por salvar la mía. De nuevo la maldita culpa.
— ¿Cómo hice qué? — pregunté.
— ¿Cómo lograste que te salvara la vida? ¿Había algo importante que debías esconder para él? ¿Te habías tragado algo de valor? — de nuevo Frieda y sus hipótesis extrañas.
—Él solo lo amó— respondió Aiko, sacándome del pozo inundado en dudas en el que acababa de meterme—. El pequeño hizo algo que nadie más pudo hacer por el amo. Todo lo que el amo necesitaba era amor y a su pequeño no le importó cuan mala persona él podía ser, solo lo amó lo suficiente para ablandar su corazón.
Cada que ella abría la boca para decir algo sobre él, parecía que miles de mariposas monarca salieran de su boca para esparcirse por todo el cuarto, llenando cada rincón de encanto colorido. Era como el cuento de hadas que yo siempre imaginé junto a él, ella describía exactamente lo que mi corazón quería gritar y mi cerebro no supo traducir. Agradecí mentalmente a sus palabras y solo le sonreí y comencé a caminar por la pequeña habitación.
— ¿En serio volverás con él cuando salgas de aquí? — Giré la mirada hacia ellos al escuchar la voz de Tom— ¿No le tienes miedo?
—Sí— desvié mi mirada hacia la nada.
Claro que le temía. Temía que me abandonara y no imaginé que lo haría, ¿y ahora? Ahora me encontraba en un espantoso lugar, rodeado de gente que sufría todos los días lo que yo sufrí más de una vez y una de esas veces, fue su culpa.
Maldita sea, sé que nunca podre borrar ese recuerdo de mi memoria. Nunca lo olvidaré, recibiéndome en sus brazos y yo planeando escapar para siempre y en un segundo me hizo cambiar de opinión por completo.
¿Cómo lo logró? ¿Cómo hizo para dar vuelta mi cabeza con tanta facilidad? Ni siquiera puedo explicar por qué lo extraño tanto ahora. Odio no tener otra respuesta que no sea extrañarlo a pesar de todo el mal que me ha hecho. Detesto que mi corazón me ruegue perdonarlo, aunque yo sé que no debo hacerlo. Detesto amarlo, pero no puedo evitarlo.
Continúa…
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