Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 6

Sentado en las escaleras de la entrada del departamento, Tom fumaba tranquilamente. No había fumado desde la noche de promoción, y luego de un tiempo volvía a poner esa arma en su boca. Había pasado una semana desde que había estado en el café y la tal Lina se le acercó solo porque su amigo quería el café. No volvió a pasar por esa vereda, cuando iba a la empresa pasaba por la que estaba en frente. Tampoco se puso a pensar en concreto por qué había dejado de ir allí, si en ese lugar servían los más deliciosos cupcakes y el mejor café que la vida le había dado.

Liberó el humo, observando las ventanas del edificio que estaban enfrentándolo, el atardecer se iba alejando de a poco, el frío se empezó a sentir. Sus dedos estaban congelados pero no le importaba porque sostenía su cigarrillo, y eso, por lo menos, lo mantenía un poco caliente. Ni siquiera la parca caminaba para buscar a su próxima víctima, era domingo, y los domingos eran para que las calles anduvieran más desiertas que el día del juicio final.

Se sintió a gusto de estar así, en contacto con el silencio, sin los arranques de los autos o el motor de las motocicletas, sin personas hablando por el celular como unos locos, sin las bocinas insistiendo para que avanzaran. Le gustaba estar así, solo, escuchando el canto de los pájaros, las copas de los árboles meciéndose contra el viento de otoño, el crujido de las hojas al golpearse contra el suelo. Todo era para recordar, para meditar, para auto cuestionarse. El panorama era perfecto, si no fuera por un individuo que se obstaculizaba en su vista.

Allí, en la vereda de en frente, con sus cabellos que se desenredaban con el viento seco, con unas gotitas que corrían aquel delineado perfecto, aquella sombra oscura que transitaba con prisa; allí iba Bill.

Tom tiró el cigarrillo al suelo entrecerrando los ojos. Al principio dudó que fuera la tipa, pero luego de que ésta se intentó atar el pelo y no lo logró, se dio cuenta que era ella. No sabía si fue por impulso, por intuición masculina, o por mera curiosidad, que se levantó de su lugar y se atrevió a cruzar la calle, no sin antes ver si algún vehículo se aproximaba para no arrollarlo en el intento por saber qué le sucedía a la tipa. Puso un pie en la vereda contraria a la cual estaba, y se acercó como si fuera un paparazzi pidiéndole un autógrafo o permiso para tomarle una foto.

Bill en ese momento pensó que iban a robarle, así que amarró muy bien el bolso a su hombro y no quería mirar al futuro ladrón.

— ¿estás bien? —Escuchó esa voz.

Se detuvo, clavando sus ojos aguados y borrosos hacia el suelo. Inspiró por la nariz y la misma contenía agua. Él negó con la cabeza, claramente no le podías decir a alguien que estaba bien cuando éste veía que estabas derramando lágrimas como si alguien hubiera muerto. Aunque técnicamente alguien había muerto para él.

El de melena bicolor desvió sus hinchados y ojos rojos, pero ocultos tras el maquillaje que se le estaba corriendo, hacia la persona y se asombró de verlo a él ahí, a su lado, mirándole con cierto grado de preocupación.

—Te conozco —Dijo con la voz susurrante, el otro le escuchó. De pronto cayó en la cuenta de que estaba en esas fachas, así que empezó a secarse las lágrimas rápido, y mientras más rápido lo hacía, más se desparramaba todo el maquillaje por el rostro, luciendo así como un mapache.

—Sí. —Confirmó el comentario Tom. — ¿no quieres pasar y tomar algo? ¡Cielos, estás temblando!

Podía sentir como todo el cuerpo de la tipa hacia constantes movimientos vibratorios. El de melena bicolor sintió un leve mareo, y se agarró del hombro del sujeto. Cerró sus parpados, había vivido tanto ese día, y con ese momento, fue lo único que le bastó para sentirse así.

—Te llevaré para que tomes algo. —Pasó su mano por la espalda y la afirmó a la cintura de Lina. Con su otra mano tomó la de su contrario y la llevó por encima de su cabeza hasta que pudo hacer contacto con la parte trasera de su hombro, donde se encontraba el omoplato derecho.

Bill empezó a mover su cabeza de un lado a otro, sentía que todo le daba vueltas, que alguien intentaba presionarle contra el suelo para que no se pudiera levantar más, estaba por desmayarse o algo peor. Podía escuchar las respiraciones entre cortadas de Tom, y que le daba indicaciones para que las siguiera. Minutos después, Bill abrió los ojos. Volvió a cerrarlos al sentir un dolor fuerte de cabeza, y un mareo terrible vino con eso. Luchó por abrir los parpados, al lograrlo, observó que alguien estaba parado cerca de él.

—Aquí tienes agua —Dijo él.

Lo vio con suma claridad, tenía el rostro sembrado de incertidumbre. El de melena bicolor se dio cuenta que estaba recostado, por lo que se inclinó hacia adelante y quedó sentado. Alzó sus manos y agarró el vaso de agua.

—Gracias —Dio media sonrisa y bebió con gran entusiasmo.

El de rastas se sentó en otro sofá, mirándole como si fuera celebridad. No creía que Lina estuviera allí con él.

— ¿quieres que llame a una ambulancia? —Cortó con el silencio.

Bill frunció las cejas y negó, bajó el vaso de sus labios y tragó el contenido. Todavía no recordaba por qué había terminado allí, luego de meditar la situación lo recordó.

—Estoy bien, gracias. —Apretó sus labios, dejó el vaso sobre el suelo y se puso de pie. —Tengo que irme, gracias por el agua.

Agarró su bolso. Tom se levantó y le miró.

— ¿te vas? —Dijo como si no hubiera escuchado su anterior comentario. —No puedes irte así, mira si te desmayas o algo.

El de melena bicolor fijó sus ojos por sobre su hombro, el de rastas se ponía más derecho todavía al ver la mirada intimidante, pero dolida, de su oponente. Quería saber por qué estaba así, por qué casi se va para el otro lado, si era que se iba.

—No te preocupes, soy una zorra, y las zorras siempre deben ligar esto. —Sonrió desafiante.

Por un momento, Tom pensó que lo decía por el comentario que él le había dicho a su amiga. Él le había llamado sexta zorra, debido a que era la número seis en lo que iba del año en la lista de Jackson.

—Oh, y para que sepas —El pelinegro ahora se había dado la vuelta para mirarle mejor. —No soy una chica, soy hombre, y soy Bill.

Posó su mano en el picaporte de la puerta y tiró para sí, no se abría, insistió y luego se rindió. Tom no podía evitar ese último comentario, entonces se echó a reír. Se cruzó de brazos y alzó una de ellas sin despegar la acción, tocándose la nariz, ocultando su risa. El pelinegro rodó los ojos, si él no hubiera enfrentado lo que tuvo que enfrentar hacía unos momentos, tal vez le estaría coqueteando y no le hubiera confesado.

— ¿de qué te ríes? —Preguntó molesto. — ¡Ábreme la maldita puerta!

Que se riera de él no le agradaba en lo absoluto. Siempre le había valido poco que le confundieran con una chica, pero al saber la verdad, y más viniendo de Tom, le fastidiaba demasiado.

—Es una broma, ¿verdad? —Dijo mientras se acercaba. La tensión entre ellos dos ya había desaparecido, ahora los dos se sentían más relajados, pero el de melena bicolor estaba volviendo a los nervios e intentaba disiparlos.

—Tranquila, que no voy a propasarme contigo —Mentiroso, se dijo así mismo él. Sabía que mentía, pero aún así le gustaba jugar al papel de idiota, y le salía tan bien.

— ¡Deja de tratarme como si fuera una mujer, mierda! —Chilló, arrojando el bolso al suelo.

Entonces Tom comprendió, no estaba jugando, ni mucho menos aplicaba algo para sacárselo de encima. Le estaba diciendo la pura verdad.

— ¿quieres saber si soy una mujer? —Le preguntó desafiante.

Su móvil empezó a sonar a lo loco, con esa tonada de baile de verano. Bill, aún con los nervios de punta, tomó su bolso y buscó el móvil, atendió y se pasó la mano por el cabello al saber que del otro lado estaba la persona causante de su estado. Por su parte, Tom tenía miles de cosas en la cabeza. Lina no era quién aparentaba ser, Lina no era una mujer, Lina era un hombre. Entonces, ¿por qué su amiga les presentó a todos como si fuera una chica? Era algo que no entendía muy bien, capaz era por vergüenza, o porque no quería decepcionar a ninguno confesando que era uno más del clan de machos.

Se dejó caer de nuevo en el sofá, pensando en esas cuestiones. No solo se sentía mal por caer en eso, sino que se sentía un depravado, un asqueroso, un loco y enfermo por pensar, si llegaba a suceder, un encuentro no común entre ellos dos. Él no era homofóbico, sin embargo, todos en su grupo de amigos lo eran, y más Matt, quién siempre mencionaba una anécdota de una pareja gay que encontró en una de las salas de la secundaria.

Al terminar de hablar por teléfono, escuchó los sollozos de Bill. Se puso de pie mirándole aún más confundido, no entendía por qué estaba así y quería averiguarlo. El de melena bicolor arrojó de nuevo el bolso al suelo y lo mismo hizo con el celular, colocó ambas manos sobre su cabeza y comenzó a caminar de un lado a otro, queriendo calmarse, intentando reaccionar bien ante la noticia que le acababan de dar.

— ¿sucede algo? —Intervino Tom, el otro se dio cuenta que no estaba en su casa, ni mucho menos estaba solo.

—Mi novio está detenido. —Habló Bill, revolvía la taza con la cucharilla, el café estaba listo para ser ingerido, con su rico aroma ya te saciabas, pero no era suficiente, tenías que tomarlo.

El de rastas se acomodó en su silla, además de que descubrió que Lina era hombre, también tenía novio. Los dos estaban sentados en las sillas, con sus cafés para acompañar la amarga situación, se enfrentaban pero no se miraban, uno lo hacía, pero el otro tan solo observaba la infusión.

—Veníamos discutiendo en su departamento por un tema que se suponía ya estaba enterrado, pero cuando lo vi así, en ese estado. —Apretó sus labios Bill, recordando aquella imagen atroz de su novio. —Sabía que esto no funcionaría, así que decidí irme de allí, y ahora, ahora me avisaron que está detenido por conducir así y encima sin licencia.

Llevó la taza a sus labios y bebió tranquilo, como si al ingerir eso le calmada, y era que lo hacía, el café para él era como un tranquilizante.

—Y ahora… —Balbuceó Tom, el otro hablaba con total naturalidad, pero para él todo era nuevo. — ¿qué harás?

El de melena oscura alzó sus ojos y los enfocó en la cálida mirada de su acompañante, el otro no apartó la suya, era como esos juegos desafiantes, en los que él que desvía la mirada perdía.

—Tendré que ir a sacarlo de allí. —Argumentó Bill.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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