Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 9
El delantal a cuadros azul y blanco se meneaba en el trasero de la tipa, lo sacudía suavemente con su andar. El mismo recorría desde la parte baja delantera hasta su abdomen, siguiendo por sus pechos. Rodó sus ojos hacia la pareja que hablaba cómodamente mientras esperaban el pedido. Caminó hacia ellos cuando obtuvo las bebidas. Movía el trasero como si estuviera en un club nocturno, masticaba chicle de menta tal si fuera un camello con su alimento balanceado. Enarcó una de sus cejas al encontrar guapo a una de las personas a las cuales debía servir. Esbozó una sonrisa y no lo pensó dos veces, se puso en modo seductor, o para que lo entiendan mejor, en modo zorra.
—Hola, cariño. —Se inclinó mientras con su cabello y parte del cuerpo, tapaba a su acompañante. —Te traje el pedido.
Bill frunció el ceño mirando la parte de la espalda y el cabello teñido de la tipa. Entendía el coqueteo, cualquiera lo haría si se encontraban con Tom, hasta él lo hubiera hecho si fuera la tipa.
—Am, gracias. —Esbozó una sonrisa amable. La rubia se giró a ver a Bill y casi le arrojaba el plato por la cara.
Los dos se quedaron viendo la mala actitud que había tenido para con el pelinegro, la tipa se marchó. Pero eso no hizo sentir mal a Kaulitz, al contrario, se sentía orgulloso porque había detectado que, para la tipa, él era una amenaza.
—Qué perra. —Masculló entre dientes el de rastas.
Los dos empezaron a comer de manera tranquila, algo extraño en Bill, recordó que cuando salió con su segundo novio estaba más nervioso que una puberta.
—Entonces… —Habló su acompañante. —Cómo… ah, ¿Cómo conociste a tu actual novio?
El de melena bicolor le quedó mirando a medio comer la hamburguesa, bajó y lo depositó en su cajita de llamativos colores y le miró.
—Am, bueno. —Carraspeó. —Yo salía con su hermano.
Bill no se sentía seguro de contarle muy bien todo o darle aunque sea unos indicios de ello; sabiendo que Tom era heterosexual, era mejor guardarse algunas cosas. Empezó a balbucear pensando en continuar con su argumento o callarse haciéndose el que le daba una mordida a su hamburguesa.
—Tranquilo, si no quieres contar no lo hagas. —Le sonrió.
El otro se quedó mirándole, anhelando esa sonrisa tan espontanea, admirando cada hoyuelo que se le formaba cerca de sus mejillas. Tom comenzó a notar que le fijaba más de la cuenta, así que empezó a tensarse un poco. No era que no pensara que no era correcto ese tipo de atracciones, sus padres le criaron con total libertinaje, si no que con todo lo que había sucedido, las ganas de que fuera una mujer ya se le esfumaron.
—Oh, lo siento. Me quedé pensando. —Metió de excusa Bill. El otro asintió.
Comenzaron a hablar de otras cosas, como por ejemplo los gustos en común y lo que los distinguían, charla típica de primera cita, pero esta no era oficial. Hablaron de sus padres, Tom había vivido con ellos hasta que se recibió, después de estar tres años en la universidad; ahora vivía en su departamento, solo y a la espera de dinero. Por otra parte, Bill le había contado que sus padres lo echaron de su casa cuando se enteraron de que patinaba para el mismo lado que las chicas, su novio Jared le había dado asilo hasta que terminaron, luego fue su hermano, Shannon, quién le dio el permiso para vivir con él en el departamento actual.
No se sabía cuanto tiempo pasó, pero ya no había tanta gente como cuando ingresaron. Se reían, imitaban, o contaban anécdotas que quedaron marcadas en sus mentes. La estaban pasando bien, el pelinegro se dio cuenta de que ya no existía ningún sentimiento que lo condujera a llevarlo contra la pared y partirle la boca de un beso; se mostraba relajado, sus hormonas aceptaron que con Tom, las cosas solo podían ir por buen camino, y así tenía que ser.
Mientras tanto, el de rastas se maravillaba cada que escuchaba a su oponente hablar, la curiosidad le iluminaban los ojos cuando hablaba de su vida, de la rutina, y de las cosas que le gustaría hacer si tan solo se organizara de vez en cuando. Estaba fascinado, se sintió como una chica que admiraba a su actor favorito de una película de ciencia ficción.
Le gustaba la manera que el pelinegro tenía de hablar, con sus gestos afeminados y su tan peculiar movimiento de ceja que te hacía estremecer y chillar como una loca, también cuando se relamía los labios, dejaba ver poco su lengua, como si aquella fuera tímida y en realidad era la más pecadora de todas las que existían.
—Creo que es hora de irnos. Ya van a cerrar. —Le dijo él luego de terminar de hablar, Tom le había escuchado a tientas, estaba hipnotizado, como todos lo hacían cada vez que se detenían a ver su natural belleza.
Ambos se levantaron, Bill le tomó su bebida, no la había terminado aún. Todo estaba pagado, así que se dispusieron a salir del lugar. Cuando se encontraron con el exterior, divisaron que el transito había cesado y ya no había tanta gente.
Tom tomó la iniciativa.
— ¿Quieres que te acompañe a tu departamento? —Le preguntó.
Bill se llevó el sorbete a los labios, succionó un poco y bebió el contenido, sin dejar de mirarle. Luego asintió con la cabeza y ambos se pusieron en marcha. El de rastas rubias tenía un andar muy… Especial. Caminaba como esos apasionados por la música hip hop, tenía ese caminar tan determinante, que te daba la idea de que, tal vez, podía ser un gangster.
A Bill le gustó tanto ver eso, que dejó que el rubio caminara unos centímetros más adelante que él, solo para verlo andar. Tom notó que el de cabello bicolor no se encontraba a su lado, se detuvo, y giró.
— ¿Estás bien? —Frunció el ceño. Bill asintió con la cabeza y le mostró una sonrisa compradora. Caminó hasta ponerse a su lado y continuaron el transcurso.
—Algún día debemos salir. —Comentó Tom, no supo por qué había dicho eso. —Me refiero a que, como amigos, salgamos por la ciudad.
El pelinegro lo meditó unos segundos, mientras sus dedos jugaban con el tubito de plástico. Salir como amigos implicaba muchas cosas; una de ellas era que Shannon lo aceptara, luego del pequeño pleito entre ellos, debía usar todas sus armas de seducción para poder ablandarlo. Otra de ellas, era la cargada que iba a recibir por parte de sus compañeras; de alguna u otra forma ellas se terminaban enterando y el chisme no tardaría mucho en recorrer la ciudad entera.
—Podría ser —Divagó el pelinegro. —Pero… no es que quiera ocultar las salidas. Creo que es mejor que nos alejemos del café en cuanto nos veamos, mis compañeras son muy chismosas, y no quiero que Shannon…
—Entiendo. —Le interrumpió Tom antes de que continuara. —Temía que dijeras eso, igual, no te preocupes. Si no quieres o no puedes, no tengo ningún problema. Es más, yo mismo puedo hablar con Shannon, disculparme, y decirle que no tengo ninguna intención contigo.
Para ese entonces, hasta su propia conciencia se estaba riendo de él. Estaba claro que no hablaba en serio, pero tampoco era que tenía ganas de tirárselo encima, tan solo le había agarrado simpatía al joven pelinegro y quería seguir sabiendo de su vida y verle cuantas veces pudiera.
—No creo que sea necesario, Tom. —Dijo un poco avergonzado. —Puedo hablar con él.
—Insisto. —Le miró. —No quiero ocasionarte problemas, puedo hacerlo por mí cuenta.
El silencio se abrió lugar entre ellos. El pelinegro notaba que el otro, por poco, le estaba rogando para hablar con su celoso novio. No podía negarle ese acceso, pero tampoco quería que se metiera en problemas. Llegaron al vehículo de Tom, los dos se subieron y el de rastas comenzó a manejar. Encendió su reproductor de música y el rap alemán inundó el ambiente.
—No sabía que te gustaba Samy Deluxe. —Le dijo el pelinegro. El de rastas le quedó mirando.
— ¿Acaso lo conoces? —Una chispa se avecinó a sus ojos color miel.
— ¿Conocerlo? ¡Por supuesto! —Dijo entusiasmado. —Tengo un primo que desde chico me enseñaba sus discos y canciones. Esa es mi favorita.
Señaló el reproductor, se sintonizaba Zurück. Tom quedó entre Bill y su Samy Deluxe, para él, era bastante raro que un chico como Bill, me refiero a que, un chico con cualidades un tanto… Bueno, ya saben, le llegase a agradar un poco ese tipo de música.
Tom pensaba que eso estaba dirigido solo para las personas de sexo masculino definido, para esos machos con mirada intimidante, con los brazos cruzados y ropa ancha a propósito para parecer más majo y entrar en la comunidad de raperos. Lo pensaba, claro, ahora tenía otra teoría en su cabeza.
El trayecto aún seguía siendo largo, pero los dos nuevos amigos sabían cómo pasar el tiempo. Se preguntaban cada cosa extraña que se les cruzara por la cabeza, se reían de alguna broma que se decían, tarareaban Zurück cada vez que lo reproducían nuevamente. Era el típico comportamiento de dos amigos que se conocían desde hace bastante tiempo. La cuenta regresiva comenzaba a tomar lugar, faltaban solo un par de manzanas para que llegaran a destino, pero eso no les importaba, ni siquiera se ponían nerviosos, aunque ninguno de los dos sabría porqué tenían que ponerse nerviosos.
—Oh, es aquí. —Le dijo el de melena bicolor mientras señalaba un lugar para aparcar, Tom le hizo caso y minutos después habían estacionado en aquel lugar. Retiró las llaves y se quedaron en silencio contemplando la entrada del edificio, era como una meditación antes de enfrentarse al orangután de Shannon.
— ¿Él sabe que estamos afuera? —Preguntó el de rastas mirándole de soslayo.
Percibió que los labios de la diva portaban un brillo especial, se había colocado gloss para que los mismos resaltaran, y lo había conseguido. Su acompañante negó con la cabeza y suspiró. Buscó entre su bolso algo, y al encontrarlo, se trataba de un objeto para atarse el cabello. Se llevó toda la melena hacia arriba y lo ató en una cola alta de caballo.
Cuando quería observar a Tom, éste le quedó mirando. Bill poseía esa belleza radiante, unos ojos delineados perfectamente, unas pestañas deslumbrantes, una nariz que era la envidia de todos aquellos aficionados a las cirugías estéticas, y unos labios suaves y hermosos, exquisitos y listos para ser devorados.
—Entonces… —El pelinegro se rascó detrás de la oreja mientras observaba hacia el exterior. — ¿Ingresamos?
El otro asintió y retiró las llaves. Tomaron sus pertenencias y salieron del vehículo. Tom le puso el seguro a las puertas y un pitido pegajoso reinó en la manzana.
Rodeó el auto y se puso al lado de Bill, él le sonrió y los dos fueron a la entrada del edificio. El pelinegro le dio dos vueltas al cerrojo y logró abrirlo, pronto se encontraron en el interior del ascensor, el pelinegro iba mirando los botones de los pisos, que se encendían cada que transcurrían un piso. El de rastas observaba el espejo que tenían atrás, y de paso contempló por unos segundos el trasero de Bill. Se sintió un enfermo al hacerlo.
El ascensor hizo un movimiento brusco y se detuvo. Ambos descendieron y Tom se encargó de sellar la primera puerta del cubículo, ya que eran de esas que se cerraban manualmente. Retomó su lugar y caminaron los dos a la par, había un silencio realmente tenso en el pasillo, era como si hubiera un funeral en el edificio y por respeto tenían que estar en silencio. Cuando llegaron a la puerta indicada, los dos se detuvieron. Bill observó a Tom al percibir unos ruidos bastante extraños, eran como gemidos o algo parecido.
El de rastas observó la puerta, imaginándose lo peor, él, siendo el macho activo, podía sentir cuando uno estaba teniendo relaciones, y eso, era el indicio de aquello que destrozaría a la otra persona que sería engañada. Por otro lado, el pelinegro se rehusaba a abrir la puerta, por lo que se quedaba allí parado observando el picaporte, no quería girarlo y encontrarse con algo desagradable porque eso sería algo que lo destrozaría por tercera vez, y decían que la tercera era la vencida de todas.
Tomó aire, y exhaló de forma exagerada, aquellos gemidos le estaban carcomiendo la cabeza. Al principio no entendía con quién podría estar su novio, uno de los jadeos le pertenecía a él pero el otro le confundía, no estaba seguro de si se trataba de una chica o un chico. Aunque si se trataba de una mujer, no se sentiría tan mal del todo, porque podía entender que Shannon anteriormente era heterosexual, lo que sí le iba a joder la vida era que estuviera con otro hombre, eso sí que le rompería las pelotas.
Acumuló todo el valor que pudo sacar, y apoyó la mano sobre el picaporte, intentó empujar y la puerta estaba cerrada. Temblando sus manos introdujeron la llave en la cerradura y le dio las vueltas correspondientes, cuando un click le dio aviso de que pudo abrir el inicio de un infierno, se quedó inmóvil.
— ¿Estás seguro de hacerlo? —Le preguntó en tono bajo su acompañante. Tom apenaba tanto presenciar ese momento, sobre todo porque él había hecho lo mismo a unas cuantas chicas en su departamento, y ver la reacción del pelinegro ante una situación similar, le hacía sentir un poco culpable al respecto.
—Tengo que ver con quién mierda me está engañando. —Dijo enfurecido.
Sin otro porcentaje de cobardía, ni de miedo, el pelinegro abrió del todo la puerta. Pasaron por el pequeño pasillo que conectaba el exterior con el living del departamento, encontraron ropa tirada en el suelo, todo hacía un camino hacia el área de las habitaciones. El pelinegro iba a paso lento, sembrando todo el suspenso, Tom miraba cada detalle de las prendas que estaban en el suelo, no veía alguna señal de un brasier o algo femenino, así que preparó su mente y estómago para presenciar algo que, no sabía, si le iba a agradar o no.
Los gemidos y jadeos eran cada vez más intensos, y ahora Bill podía determinar que el otro sonido le prevenía a un ente masculino. Tragó saliva, sus cejas se fruncieron, en el interior de su cuerpo algo estaba funcionando mal, el estomago se le revolvía de los putos nervios que estaba sintiendo. No quería que fuera cierto, no quería ver que Shannon estuviera gozando de algo que ellos mismos habían compartido centenares de veces. Estaba pensando, estaba rogando que solo fuera una pesadilla en la que le mostraba una mentira que jamás podría ser verdad.
Cuando ambos llegaron a la habitación de Shannon y Bill, el pelinegro vio que la puerta estaba entre abierta, así que asomó su mirada para ver lo que realmente lo terminaría destrozando. Tom no se había equivocado, un tipo estaba con Shannon, lo peor de todo, era que ese tipo era un amigo cercano a ambos y eso terminó por dejar que Bill comenzara a llorar en silencio.
Pero un torbellino de furia se le acumuló en la garganta, y lo que hizo después fue ingresar empujando la puerta a todo dar. El tipo y Shannon se salieron de sus lugares y se posicionaron uno al lado del otro, mirando al individuo que había ingresado, se taparon con lo primero que encontraron y el rostro del novio fue de susto.
—Bill —Decía agitado. —Puedo explicarlo.
Tom se quedó parado en el marco de la entrada a la habitación, Shannon le dio un pequeño vistazo y luego volteó a ver al pelinegro que los observaba resignado, dolido, pero por sobre todo eso, traicionado.
Continúa…
Gracias por la visita, te invitamos a dejar un comentario.
eres un desgraciado Shannon 😡😡😡😡