Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 21

— ¡No puede ser, perra! —Chilló Lissa, Bill se desmoronaba de la risa. — ¿En serio te invitó al Carnaval esta noche?

—Te estoy hablando en serio, muy en serio —Le dijo con una mirada pícara.

Estaban sentados en las escaleras de la entrada al edificio de Tom, tenían sus vasos descartables del café donde trabajaba el pelinegro, lo disfrutaban al máximo mientras se ponían al tanto de las noticias.

—Y seguro que después van a tener sexo alocado con este frío del demonio. —Le dio un codazo.

— ¡Ay, pero claro que no! —Dijo en un tono irritante el pelinegro.

La otra solo se reía, se podía ver el vaho de su aliento mezclarse con el aire, hacía tanto frío pero eso no impedía la salida y la oportunidad que el Carnaval estaba presentando. Se trataba de un circo, con sus atracciones, que venían dos veces en las dos estaciones que jamás podrían tocarse: Verano e Invierno.

—Lamento interrumpir su conversación de mejores amigas —Escucharon a sus espaldas y giraron, vieron al casero del departamento que sostenía un aparato para hacer volar las hojas. —Pero tengo que hacer esto antes de que empiece a nevar y luego las hojas se vuelvan monstruos.

—Oh, descuide Mikel —Le dijo Bill amablemente, le conocía, hablaban cada vez que tenían la oportunidad. —Estábamos por levantarnos debido a que tenemos el culo congelado.

—El invierno es una mierda —Dijo el casero, tenía esa sencillez al hablar y no se avergonzaba de tener ese tipo de lenguaje con un inquilino. —Se te enfría el trasero a cada cinco minutos y tienes que ponerlo al fuego en todo momento.

La mejor amiga de Bill se echó a reír, los otros hicieron lo mismo. Se oyó el rugido de un motor, el pelinegro se dio la vuelta y observó que el vehículo de Tom llegaba, y que estaba estacionándolo.

—Ahí llega tu galán —Le dijo Lissa.

Los tres se quedaron a ver el auto de Trümper, cuando él salió de su medio de transporte, alzó la mano en alto para saludar al casero, el otro le correspondió el saludo.

— ¿Estás listo? —Le preguntó el de rastas, el otro asintió. —Déjame pagar el alquiler y nos vamos.

Volvió a asentir como un idiota y el de rastas se fue con el casero a realizar cuentas y pagar lo que debía.

—Ya ves, te pones como una estúpida cuando te mira a los ojos. —le dijo Lissa.

— ¡Cállate! —Se molestó la diva.

—Bien, perra, yo me voy —Le dio un beso en la mejilla. —Después quiero detalles de tu súper cita romántica. Ah, y no te pongas tensa, relaja ese culito.

—Eres una puta —Dijo Bill y le enseñó el dedo mayor, la mejor amiga se fue sonriendo.

—Listo, ¿Nos vamos? —El de rastas se frotaba las manos una con otra, llevaba un abrigo que lo cubría tan bien, al estilo esquimal. Bill tenía una bufanda marrón sobre su cuello, su campera de cuero y abajo de esa tenía un buzo que lo abrigaba demasiado.

Se pusieron en marcha, se metieron al vehículo y el de rastas encendió la calefacción. Puso las llaves y condujo hasta el parque de diversiones.

&

Estaba anocheciendo, los amigos se acercaron a la entrada del parque que se encontraba afuera de la ciudad.

Sacaron los boletos y entraron, escucharon risas, gritos, a niños yendo de un lado a otro. La música de circo, las atracciones, las ferias que había, las demostraciones de talentos de todo el mundo estaban en un solo lugar.

—Te ves como un purrete. —Le dijo el de rastas cuando vio que el pelinegro no cerraba su boca de lo impresionado que estaba.

—Ah, jamás me trajeron aquí —Le dijo y le miró. —En serio tengo que hacerte un altar por esto.

—Mejor vamos a disfrutar.

Le dijo y se rió, tomándole de la mano. Ambos corriendo a la atracción que tenían más cerca, y esa era la de los autos chocadores. Al llegar su turno, se subieron al mismo vehículo, a Bill no le gustaba manejar esas cosas, sobre todo porque se trataba de un juego violento.

Luego se dirigieron a la feria de juegos, dónde Bill se enamoró de un elefante azul de tamaño mediano. Hicieron una apuesta que consistía que si Tom lograba embocar los aros al tercer tiro, el elefante iba a ser para él. embocar

—Aquí tienes. —le dijo el de rastas entregándole el elefante.

Bill lo tomó como un obsequio y le agradeció tiernamente, abrazó a su nuevo compañero de habitación y continuaron con la diversión.

Se sumaron a la función de las nueve y diez, vieron un espectáculo maravilloso de circo. Tom aprovechó ese momento para admirar el rostro del pelinegro, él sostenía a Toko, su nuevo elefante, pero Trümper decía que no era un elefante, parecía una mezcla de animales.

Tom tragó saliva, ¿qué hacía mirando ese lugar? Tomó aire y exhaló despacio. Se acomodó en su asiento y fijó el lunar que su compañero tenía bajo sus labios, le daba ese impresión mágica a su mirada. Se dio cuenta entonces que Bill tenía razones para lucir como una mujer, era extremadamente angelical su mirada, tenía esa delicadeza en su piel, esa sensación de que su rostro iba a romperse con el mínimo roce.

Ambos salieron minutos después, la emoción de Bill no se la quitaba nadie.

— ¿¡Y viste a esa mujer!? —Le decía el pelinegro, Tom tan solo sonreía por las expresiones que el otro usaba. —No sabía la flexibilidad que podían tener las mujeres.

—Oh, de esa me perdí —Se sintió avergonzado, el pelinegro solo negó con la cabeza tocando el cuello de Toko.

— ¿Quieres ir a La vuelta al mundo? —le preguntó Tom. Bill asintió y se pusieron en marcha.

—Su turno chicos. —le dijo el tipo, ellos se metieron al cubículo, atravesando primero una escalera y luego una rampa de metal roja.

—Gracias por invitarme —Le dijo Bill, él no sentía la más mínima tensión por estar solos. Actuaba normal, como si estuviera saliendo con uno de sus amigos gays. —Voy atesorar este día porque es la primera vez que me traen a un lugar como este.

Observó abajo, haciendo un itinerario fugaz de lo que se podía ver a su alcance.

—No tienes que agradecer —Dijo Trümper. —Cuando quieras podemos volver.

—Sí, antes de que se vayan —Le dio un vistazo a Toko.

No dijeron más nada, a Tom se le vino a la mente el recuerdo de la habitación, sus palpitaciones, la unión de sus labios con los del pelinegro, la excitación que se estaba generando entre ellos en ese momento, la adrenalina recorriendo por sus espaldas, el alcohol que estaba a tope en sus organismos.

Inconscientemente volteó a mirar a Bill, él hizo lo mismo, se quedaron fijando el uno al otro. El de rastas bajó sus ojos a los labios del pelinegro, y viceversa, entonces él decidió acercarse.

A centímetros, unos acercamientos más y rozaban sus labios, pero la atracción frenó de golpe, y ellos salieron del trance al cual se habían metido. Observaron abajo y el tipo les hizo señas de que una pareja estaba por bajar.

Tom se insultó por lo bajo, no entendió porque lo había hecho, pero no se sentía mal por eso tampoco. Solo que, con todo lo que había sucedido, ¿qué pensará Bill al respecto?

— ¿Tienes hambre? —Preguntó para cambiar el ambiente. El pelinegro asintió. —Entonces iremos a comer después de bajar de aquí.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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