Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 24
Se reía de los chistes que le contaba su padre, la cena se estaba llevando a cabo como se esperaba. Su madre le contaba de un curso de repostería que había amado con toda su vida.
Ahora terminaban la cena navideña, esperaban pacientemente que sean las doce del día veinticinco de Diciembre. Algunos de los niños se quedaron dormidos en el sofá esperando la llegada de Papa Noel con los regalos.
—Hijo, el amor es algo que uno no se da cuenta que ha llegado. —Sostenía la mano de su nieto con firmeza, el de rastas prestaba atención a sus palabras, le agradaba oírla. —Pero en el fondo lo sabes, te das cuenta cuando pasas mucho tiempo con esa persona y no quieres que eso se termine; quieres permanecer junto a ella hasta la hora de dormir, despertar y ver que ella aún sigue ahí. Tommy, el amor está en el aire, si aún no te ha llegado, no desesperes, a veces se presenta con una situación desagradable, con un disparate, con una situación vergonzosa, o tal vez no, pero sucede, y cuando eso ocurra, tienes que saber que esa es la única oportunidad que tienes de amar de verdad. Sí, claro, pueden haber otras personas a las cuales te vas a sentir atraído, pero yo hablo del amor verdadero, del amor para toda la vida. Míranos a tu abuelo y a mí, estamos juntos desde que tenemos quince años, nadie nunca nos quitó el amor que teníamos por el otro.
Trümper asentía y le acariciaba la mejilla en forma de agradecimiento, no sabía porque sentía que era una indirecta con respecto a lo que había estado sucediendo con el pelinegro.
— ¿Tienes novia ahora, pequeño? —Le preguntó sonriente su abuela. Tom negó. — ¿Estás saliendo con alguien?
Su nieto asintió. No podía ser que estaba admitiendo salir con el pelinegro cuando no se lo había pedido.
— ¿Sientes que puede ser para siempre?
—Jamás me sentí tan cómodo con su presencia —Dijo seguro.
—Mira, Tommy. —Su abuela se acercó para sonar más seria. —No importa si ella aún no siente lo mismo por ti, si tú te sientes a gusto con ella, si te hace sentir en el aire como tu abuelo me hacía sentir, entonces creo que es momento de que vayas y le digas que la amas, que la quieres, que te agrada pasar el tiempo junto a ella. Tampoco importa si no te dice una palabra cuando te confieses, eso es una buena señal de que ella siente lo mismo y no se anima a decirlo.
—Pero, ¿Y si no nos correspondemos? —Preguntó Tom, se había dejado llevar por su lado cursi y las palabras de su abuela.
—Lo mismo pregunté a mi madre cuando apenas conocía a tu abuelo.
Le dedicó una sonrisa y le besó la frente, Tom se puso de pie. Había tenido una gran reflexión sobre el amor y no sabía si estaba seguro de decirle eso al pelinegro, pero había quedado mal no hablar seriamente sobre lo que les había pasado en todo ese tiempo que llevaban juntos en el departamento del chico de rastas.
— ¿Por qué no vas a su casa y le dices en Navidad? Uno de los mensajes de Nochebuena y Navidad es que solo se puede decir la verdad, y si esa es tu verdad, entonces debes aprovecharla al máximo.
—Gracias abuela. —Le dio un beso en la mejilla y salió disparando como un rayo.
Corrió a tomar su abrigo, afuera hacía un frío de los mil demonios, algo inaguantable. La madre de Tom le quedó mirando y preguntó:
— ¿A dónde crees que vas jovencito? —Le dijo acercándose. —Faltan veinte minutos para que sean las doce y quieres salir.
—Déjalo, tiene una confesión de amor que hacer —Dijo su abuela detrás de ella, la madre volteó a ver a su hijo y le sonrió.
— ¿Es eso verdad? —Preguntó, su hijo asintió. — ¿Por qué no me dijiste sobre la relación?
—Ahora no es tiempo de preguntas, mamá —Le dio un beso en la mejilla. —No creo que vuelva, así que pasen una noche increíble.
—Tú igual nieto —Le dijo su abuela y el de rastas, ya abrigado hasta los dientes, salió al exterior.
Se encontró con una nevada como era de esperarse en esa época del año. Se acomodó muy bien el abrigo y su nariz se congeló al instante.
Le agradeció a la joven y ella le deseó suerte, cortó la llamada y fue a su vehículo. No sabía si iba a llegar a tiempo antes de que dictaran las doce pero tenía esperanzas. Cuando ingresó a su auto encendió la calefacción y la radio para intentar calmarse, comenzó a marchar en dirección a su departamento.
Estaba desesperado, quería llegar tan rápido como pudiera, afuera nevaba fuerte y otras de forma densa, eso hacía que Tom manejara con cuidado si no quería terminar en el hospital en Navidad.
Salió veloz del auto y comenzó a correr.
Sí, era momento de decirle la verdad. Desde que lo había visto en el café, a pesar del pequeño pleito que habían tenido, a él le había llamado la atención. Quería saber sobre él, quería aplicar sus estrategias si tuviera que conquistarlo, y cuando lo volvió a ver en el Boliche no podía dejar pasar esa oportunidad, tenía que buscar la manera de tener contacto.
Los momentos se le presentaban, sabía que cuando estaba cerca de Kaulitz sentía algo realmente distinto a cuando pasaba el rato con diferentes chicas en toda su vida. Con él se sentía a gusto y no necesitaba fingir interés en algo, porque Tom sentía absoluta curiosidad sobre la vida de Bill, porque le había agradado tanto estar a su lado que ahora se le hacía imposible no pensar en él las veinticuatro horas del día.
Bajó a la realidad y tropezó sobre sus pies, cayó de cara al suelo en una pequeña montaña de nieve acumulada en una esquina de la calle. Alzó la vista y reconoció la calle, no estaba tan lejos de su departamento, se felicitó por correr tan rápido como había deseado.
Llegó a la esquina de su departamento y dio con lo último de sus fuerzas una maratón hasta la entrada el edificio, palmeó sus bolsillos y sin descansar ingresó al hall del edificio. Trotó, pasando de largo el departamento del casero, allí estaba él y le saludó.
—El joven Kaulitz ingresó hace unos minutos. —Le comentó. El de rastas le agradeció y se subió al ascensor.
En ese cubículo recuperó un poco el aire y verificó el horario en su celular, faltaban cuatro minutos para que dieran las doce de la noche.
Encontró a Bill sentado en el sofá, con las piernas flexionadas sobre la misma. Miraba la mesita ratona que reflejaba la luz del exterior. Giró a mirarle, en su mano sostenía una copa de vino y estaba vestido con su pijama, listo para ir a dormir.
— ¿Qué haces aquí? —Le preguntó sorprendido. — ¿No estabas con tu familia?
Trümper no dijo nada, tan solo se acercó a él y quedaron frente a frente. Aún se podía notar que intentaba recuperar el aire a grandes bocanadas de aire.
—No sé porque no te lo dije en su momento, pero alguien me dijo que en la noche de Navidad solo se pueden decir verdades. —Empezó, Bill observaba atento, sostenía la copa en su mano. —Bueno, yo…
Se oyó el sonido de un pájaro, proveniente del reloj cucú que la abuela de Tom le había obsequiado como recuerdo de su viaje al exterior. Los dos miraron al culpable de la interrupción de algo realmente importante, el pajarillo les decía que ya era Navidad.
—Feliz Navidad, Tom. —Dijo Bill sonriente, le emocionaba tanto tener a alguien en esa fecha, por más que él dijera que no era importante. —Ahora… ¿Qué ibas a decirme?
El de rastas se relamió los labios, se acercó más a él.
—Solo quiero decirte que me gustas, que me importa una mierda si vienen tus ex novios a reclamarte miles de cosas, yo iré y les patearé el trasero. Quiero que sepas que siento algo por ti y que esa noche después de cenar con Lissa y su novio, fue la mejor noche de mi vida.
Bill se quedó con la boca abierta, tenía las mejillas un poco rosas. No esperaba tal confesión en un día como ese, pero ni siquiera lo había pensado. No sabía qué decirle, qué responder, estaba atónito, estaba muy sorprendido.
—Ah, Tom, yo… —Ni siquiera podía articular bien las palabras, era como estar en shock.
—No hace falta que me respondas —Dijo el de rastas. Se acercó a él y directamente le estampó un beso de Navidad.
El pelinegro le correspondió dándole a entender de que también sentía absolutamente lo mismo. Al separarse, Tom le sonrió y le dijo:
—Feliz Navidad para ti también, Lina.
Los dos se rieron.
Continúa…
Gracias por la visita, te invitamos a dejar un comentario.
que bello es todo esto amo aqui