Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 28
Un día por la mañana, a mitad de semana, el de rastas caminaba por el pasillo con una bandeja de desayuno en mano, transitaba descalzo por el estrecho hasta su habitación, llevaba solo sus pantalones, iba desnudo desde la cintura para arriba. Sus rastas estaban recogidas en una coleta e iba sonriendo como si el pelinegro estuviera frente a él. Abrió la puerta y vio la felicidad a unos centímetros. El pelinegro estaba tapado hasta el hombro, de costado, con los ojos cerrados, con el cabello revuelto. Se veía tan adorable así, el de rastas apoyó la bandeja en la mesita de luz y se deslizó por la cama.
Se inclinó para besarle la frente a su chico, el otro se revolvió en su lugar, dándole la espalda. Tom se rió bajito y besó el hombro desnudo del pelinegro.
—Hmmm, sé que eres tú. —Escuchó la voz del pelinegro, se giró y ambos se miraron a los ojos.
—Buen día. Te traje el desayuno.
—Alguien amaneció de buenas —Dijo el pelinegro sentándose en la cama, sobándose los ojos. El de rastas le acercó la bandeja y Bill le dio un sorbo a un café tan rico, sonrió de gusto al sentir ese sabor que lo despertaba.
—Está delicioso. —Se acercó a Tom y le dio un beso corto. —Gracias.
—No traje todo para ti. —Le dijo a modo de broma y los dos comenzaron a desayunar en la cama.
Ver a Bill por las mañanas, con el maquillaje corrido, con el cabello revuelto, semidesnudo, era un regalo muy especial para el chico de rastas. Le traía tanta paz, era como estar en el jodido cielo. Encendió la televisión y vieron juntos las noticias matutinas, era día de trabajo así que no disponían mucho tiempo de pereza. Después de desayunar se levantaron y corrieron al baño, jugando a quién llegaba primero; el de rastas le ganó por ventaja.
El pelinegro fue a dejar la bandeja en la cocina mientras el otro se bañaba, se comió una tostada en el camino y escuchó el teléfono sonar.
— Yo atiendo. —Le dijo a su chico, fue hacía la mesa ratona del living y tomó el teléfono inalámbrico, apretó un botón y se lo llevó al oído. — ¿Hola?
No se escuchaba nada del otro lado, salvo una respiración muy pesada, el pelinegro miró el teléfono y volvió hablar.
— ¿Quién habla por ahí? —Insistió, no pensaba que fuera Shannon o Jared, ninguno de los dos sabía el número del departamento de Tom. Estaba por colgar, pero alguien se le adelantó:
—Cuídate. —Dijo una voz del otro lado de la línea que hizo estremecer al pelinegro de mala manera. Luego de eso, se escuhó que finalizaron la llamada. El pelinegro no entendió nada, además, estaba dormido así que no le prestó mucha atención. Fue al refrigerador a sacar un poco de agua, buscó un vaso y se sirvió.
— ¿Quién era? —Preguntó el de rastas mientras ingresaba a la cocina. Bill terminó de beber y se acercó al de rastas.
—No lo sé, creo que era un estúpido. —Abrazó a Trúmper por el cuello y le sonrió. Tom se acercó y besó sus labios.
El beso se fue alargando más, el pelinegro hacía presión en la nuca de Tom, y el otro lo abrazaba por la cintura. Pronto lo condujo hacia la mesada de la cocina y se rieron, el de rastas bajó sus labios para besar el cuello del pelinegro. Bill cerró los ojos y dejó que su chico tomara el control de la situación. Sintió que tomó sus piernas y lo subió a la mesada, rápidamente el calor en ellos iba aumentando, el pelinegro buscó los labios de Tom y los besó apasionadamente.
Linda manera de decirse buenos días.
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—Solicito ver de inmediato al señor Trümper. —Dijo el muchacho, la asistente de recepción le brindó una sonrisa y llamó para verificar si el joven estaba disponible para recibirlo. Él miraba los lujos del edificio, decía que su amigo era muy afortunado para estar en una empresa como esa.
—El joven Trümper lo recibirá con gusto, señor…
—Jackson. —Le contestó el muchacho. —Matthew Jackson.
La asistente le sonrió y le indicó a qué piso debía ir para ver al joven empresario. Matt fue casi apresurado al ascensor y subió los pisos indicados, las puertas se abrieron y él salió, fue hacía donde le habían indicado. Buscaba con la mirada a su amigo, quería ver a ese pedazo de no ser humano que vagaba por la tierra pretendiendo amar como quisiera, cuando en realidad no tendría que ser así.
—Ah, busco a Tom Trümper. —Le preguntó a una chica, ella le indicó la oficina y le agradeció. Caminó de forma pacífica, vio la puerta y se abrió, Tom salía de la misma.
— ¡Tom! —Dijo sonriente Matt, el de rastas se giró para verle y también sonrió, gustoso de verle.
—Matt, ¿Qué haces aquí? Pensé que era otra persona que vendría a verme. —Comenzó a caminar con una carpeta en manos, debía llevarla a la oficina para mostrarle a su jefe.
— ¿A quién esperabas? —Se hizo el interesado, quería confirmar lo que había visto esa noche afuera del hospital. Vio como el de rastas sonreía a la carpeta, tal vez recordando al mejor amigo de Matt. Eso hizo que él frunciera el ceño y apretara su labios, controlado la ira. No sabía desde qué tiempo había comenzado a odiar a los homosexuales pero supuso que había sido desde que tenía trece años; tampoco recordaba por qué los odiaba, pero él solo los detestaba por querer amar a otro hombre, por amar más allá de lo permitido, por querer a otra persona que tenía los mismos órganos sexuales que el otro.
—A nadie. —Se hizo el idiota, aún no desaparecía esa sonrisa pícara en su rostro. — ¿A qué viniste, Matt?
Se detuvo y los dos se miraron a los ojos, rápidamente Matt desvió los suyos hacia otro lugar, no quería que Tom intentara seducirlo como seguramente lo había hecho con Bill.
—Solo quería saber qué es de tu vida, jamás volviste a llamarnos o algo por el estilo—Tragó saliva.
—Ah, es que he estado ocupado con el trabajo, son muchas cosas —Se rió.
—Ya veo. —Dijo de adrede Matt. —Bueno, y… ¿Tienes alguna chica por ahí?
Trümper lanzó una risita divertida, su amigo solo lo hizo de la forma cínica, estaba esperando a que le dijera la verdad y así poder pensar en algo para ponerlo a la práctica.
—Nada para comentar. —Le mintió, aún no creía seguro el hecho de contarles a sus amigos sobre Bill. No sin antes hablarlo seriamente con el pelinegro.
— ¿Estás seguro? —Matt se mostraba serio. —Oí que le echaste el ojo a la amiga de Lissa, ¿Cómo es que se llama?
Tom le quedó mirando, serio, no sabía si decirle en ese momento de que Lina era hombre y que en realidad se llamaba Bill.
—Ah, Lina, así se llama —Contestó seguro. —Bueno, Matt, no es por menospreciarte pero tengo que ir a trabajar.
Depositó una mano sobre su hombro como forma de despedida, pero su amigo la apartó de inmediato, como no queriendo tener contacto con él. Tom le observó frunciendo el ceño, el rostro de Matt, en cierto punto, daba miedo pero no para el chico de rastas.
— ¿Qué sucede? —Le preguntó Tom a su amigo.
—Nada, ya debo irme. Cuídate. —Le dio una sonrisa que, para otros denominaba cinismo, pero para Tom… Él solo veía a Matt como si tuviera un día malo como cualquiera.
—Cuídate. —Le dijo a medida que veía como su amigo se alejaba de él para irse hacia el ascensor. Caminaba rápido y empujó a una de las asistentes.
Trümper se quedó pensando en la actitud que tenía, podría ser que tenía un día malo pero lo raro de todo esto era la pequeña visita que le había dado, no sabía por qué de repente aparecía cuando podría haberle llamado, o enviado un mensaje de texto.
Continúa…
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