Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 33
Bufó mientras giraba en su cómoda silla de oficina enfocando sus ojos al exterior, pensaba en todas las cosas que los ex de su chico le habían contado, había compartido momentos especiales con ellos, y uno siempre era más memorable que el otro; incluso discutían por saber cual era el mejor, eso hizo que Tom se retirara de la mesa importándole una mierda sus invitados. Estaba harto de escucharlos parlotear estupideces y que él apenas tuviera la oportunidad de abrazarlo y decirle cuanto lo quería. En eso, él se sentía un inútil, porque todos sus anteriores novios les habían dado días inigualables, con actividades no usuales y momentos mágicos que no se podían borrar ni con quitamanchas.
Colocó sus manos sobre su cabeza adoptando esa típica pose de jugador de basquet presumiendo a unas chicas sus brazos musculosos, mordió su labio inferior tratando de pensar. No quería sentirse amenazado ni presionado, pero que esos tipos pudieran cumplirle los sueños al pelinegro le ponía nervioso, sobre todo porque él apenas podía comprarse porquerías con lo que le quedaba del mes. Estaba que necesitaba un milagro para que algo bueno le ocurriera, y quería sorprender a Bill con un regalo que lo hiciera saltar de alegría.
Cinco días pasaron desde esa cena, el pelinegro se recuperaba con buenos resultados, pronto le darían de alta y podría volver al departamento con el chico de rastas, pero estaba con reposo por un mes así que no podría ir a trabajar por un tiempo.
Decidió entonces seguir con el trabajo, necesitaba despejarse, quería pensar en otra cosa que no fuera la felicidad que el pelinegro tenía con sus ex antes de conocerlo. Estaba claro que los otros querían molestarlo, y lo habían logrado, ahora el chico de rastas sentía que le estaban pisando los talones, que lo iban a perseguir con tal de verificar que el pelinegro encontrara la misma felicidad que había tenido cuando andaba con cada uno de ellos.
El comportamiento que más le había llamado la atención había sido la de Shannon, el último novio del pelinegro. No se mostraba desesperado ni presumido por intentar demostrar toda la felicidad que él le había otorgado en sus años de relación, se mostraba callado, hacía más comentarios que derrochar el cuento amoroso. Tal vez él quería oír a los demás y guardarse sus tesoros con Bill, tal vez no quería entrar en mucho detalle debido a que eso afectaría a Tom, ya que él había sido la última persona con la que había estado.
—Estúpido… —Susurró el chico de rastas mientras fruncía el entrecejo. Chistó y se puso de pie, tomando la carpeta que debía entregarle a su jefe antes de que terminara la jornada. Se acomodó ese traje que le hacía ver ridículo con las rastas, y salió, cuando cerró la puerta se encontró con una persona que no deseaba encontrar, ni aunque fuera la última persona en el mundo.
— ¡Ah! —Se sorprendió Tom al verlo, se asustó debido a que pensaba que había sido algo de magia negra como para haberlo traído hasta dónde se encontraba. Shannon tenía sus gafas de sol puestas y una vestimenta que lo hacía pasar desapercibido, pero que no era usual en la empresa. — ¿Qué haces aquí? —Le preguntó el de rastas con indiferencia mientras miraba para todos lados, fijando si estaban los otros dos pero nada, solo era el ex de Bill, el último.
—Tengo que hablar contigo un momento. —Le dijo Leto con una seriedad incomparable, Tom le quedó mirando durante unos segundos y comenzó a caminar, tenía que llevarle esa carpeta cuanto antes a su jefe.
—Será en otro momento, ahora tengo trabajo que hacer. —Le cortó y emprendió la caminata con una velocidad más alta a la anterior.
—Pero necesito que me escuches ahora, solo es un momento. —Shannon insistía, mantenía esa seriedad pero sus palabras eran insistentes al oído de Tom. El de rastas revoleó los ojos y siguió su rumbo.
—Ya te dije que ahora no puedo, si puedes esperar, te lo agradecería.
A decir verdad, Tom no se lo tragaba ni con agua, no se tragaba a ninguno de los tres por el simple hecho de que alardeaban sus vidas amorosas como si a él le importara. Tan solo había aceptado esa invitación por Bill, por su chico, porque pensaba que tal vez así las cosas se pondrían mejor y todos pudieran entender que ahora el nuevo novio de Kaulitz era el chico de rastas, y que ninguno podía meterse en esa relación o todo se iba a ir a la mierda.
—Es que no sé si lo que tengo para decirte puede esperar. —Continuaba Shannon, Tom se detuvo justo en la puerta de la entrada a la oficina de su jefe, volteó su vista para observarle y se quedaron en silencio durante unos pequeños segundos.
—Espérame en mi oficina en cinco minutos. —Luego de eso, él empujó la puerta y le cerró la misma en la cara a Leto, ocupándose de su asunto de trabajo.
El baterista de Mars caminó por donde venía, miraba a las secretarias y empresarias del piso, algunas le sonreían de forma amable y él se las devolvía; otras, él volteaba a mirarles el trasero y continuaba con su paseo por la empresa. Cuando llegó, ingresó y cerró la puerta. Comenzó a inspeccionar cada cosa que veía a su alrededor, en la mesa del escritorio observó una fotografía en un marco de plata, se trataba de Tom y Bill cuando salieron con Lissa y su chico, se mostraban sonrientes, tenían sus mejillas juntas y unas sonrisas de alegría inmensa. Claramente estaban entonados pero eso no les impedía la felicidad que sentían en ese momento. Leto se quitó las gafas para mirarlo con más precisión, apretó sus labios, debía decirle lo que tenía en su cabeza o iba a estallar. Tampoco quería joderles la vida, simplemente quería ayudarlos, evitar una tragedia que se lamentaría luego. Caminó hasta encontrarse con el gran ventanal que daba al exterior, a una parte de la ciudad, se quedó mirando mientras aguardaba la llegada del chico de rastas.
Pensaba en Bill y su situación, ¿Qué hubiera pasado si hubiera seguido con él? Por empezar, no estaría en el hospital, ni mucho menos andaría con todos esos jodidos golpes y aquellas dos marcas que le quedarían para siempre como recuerdo de una horda de homofóbicos dispuestos a masacrar a cualquier persona homosexual que se les cruzara. Los dos estarían felices, estarían viajando por el mundo, disfrutando de unas merecidas vacaciones. Sonrió al imaginarse esas expectativas y volteó cuando sintió que cerraron la puerta tras sus espaldas, Tom le quedó mirando con una expresión indefinida, parecía estar cansado.
— ¿Sobre qué quieres hablar? —Fue directo al grano el chico de rastas. Shannon miró el suelo un segundo, pensando en la forma que debía decirle esa noticia, pero también quería crear un clima de misterio, porque quería ver la intriga en los ojos de Trümper.
El de rastas no estaba de ánimos para aguantar esas chorradas, necesitaba saber lo que mierda fuera que tenía para decirle y luego continuar con su trabajo, para así retirarse al departamento, darse una ducha e ir al hospital a ver a su chico.
—Ah… No sé como lo vas a tomar, pero esto lo digo porque lo que más quiero es ver a Bill feliz, y volviendo al pasado, no creo que lo pueda lograr.
Tom frunció el entrecejo, no entendía por qué él venía a decirle algo como eso, ¿Acaso planeaba arrebatarle al chico del café? ¿Acaso quería desafiarle a un duelo para saber quién se quedaría con él? Se quedó callado durante un instante, pero antes de decir alguna palabra el otro se le adelantó.
—Jared está reconquistando a Bill en este momento. —Soltó la bomba y el de rastas no sabía qué decirle. Tampoco sabía por qué se ponía en contra de su propio hermano, luego recordó que ambos salieron con el pelinegro y todo eso quedó olvidado. Pero… ¿Por qué justamente él venía a decírselo?
— ¿Qué estás diciendo? —Quiso escucharlo otra vez, quería estar seguro de lo que acababa de oír.
—Lo que escuchaste, sé que él es mi hermano, pero es el pasado y no tiene nada que hacer con Bill. Sin embargo, ahí está en el hospital tratando de conquistarlo. Yo vine aquí con el propósito de que lo sepas, y que también sepas que no tengo nada en contra de ti ni de Bill, lo único que quiero es que él sea feliz.
Continúa…
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