Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 38

La primera semana de trabajo había pasado volando para el pelinegro, él quería que no fuera así pero estaba tan concentrado en una sola cosa que no le permitía disfrutar verdaderamente de su regreso al trabajo, y eso era la actitud misteriosa que Tom estaba adoptando para con él. Sí, de repente el chico de rastas se había aislado del pelinegro pero pensaba que, tal vez, se trataba del estrés debido al trabajo. Últimamente, cuando el año comenzaba, las empresas trabajaban demasiado y el doble de tiempo, entonces podría ser eso una de las razones por las cuales Trümper había decidido adoptar esa actitud distante con su chico.

Ahora salía de su departamento, había cambiado el turno con una de sus compañeras y tenía el período de la noche, los fines de semana el Café quedaba abierto hasta la medianoche, y también era un buena idea si Bill necesitaba olvidarse de la actitud de su novio.

En el ascensor se encontró a la rubia que él había visto hacía tiempo, cuando él estaba con Shannon en el departamento, y que Tom había visto pero por suerte ella no, así que ni tenía idea de que estaban juntos. Ella le quedó mirando de pies a cabeza. Él ingresó y las puertas se cerraron, se podía notar que la chica observaba con indiferencia las ropas de Bill pero quería ser simpática con él, así que comenzó a entablar una conversación mientras el ascensor lento descendía.

— ¿Así que vives con el chico del 4D? —Preguntó ella mirándolo. — ¿Son hermanos, o primos?

El pelinegro volteó sus ojos y le miraba algo confundido, era su vecina, eso lo sabía, pero lo que no era su nombre. Tragó saliva y extendió su mano a modo de saludo.

—Ah, sí, vivo con él pero somos amigos, nada más. —Le había mentido, si alguien se daba cuenta de la relación, tal vez traería problemas y él ya no quería otro porque Tom traía uno consigo y él quería averiguarlo. —Soy Bill, ¿En qué piso vives?

—Oh, en el 4E, pero he subido al último piso porque mi padre me ha pedido estas canastas de mimbre. Ya sabes, el casero.—Le enseñó las canastas. —Y soy Gema, mucho gusto.

Ambos estrecharon sus manos, de pronto a Bill se le prendió el foco. Su amiga Lissa le había dicho que su chico había visto a Tom con una rubia, y Gema era una. Bueno, hay muchas rubias en el mundo, y tal vez quería encontrarla por eso, porque necesitaba la respuesta a su pregunta.

—Ah, el otro día tu amigo me pidió que le llevara unas cajas. —Comentó Gema mientras deshacían el agarre, el pelinegro frunció el entrecejo, no sabía nada de eso, y ni siquiera había visto las cajas. O tal vez, él las había desempacado. —Tenían unos libros y cosas viejas.

Se echó una tímida sonrisa, se tapó la cara como recordando algo. Ella recordaba cuando le había pedido llevar las cajas, pero en una que otra broma, los dos terminaron besándose en el baño del departamento, tocándose, acariciándose. Tantas cosas habían pasado esa tarde que no podía sacárselo de la cabeza, y cada que intentaba hacerlo lo volvía a recordar.

—Ah, no, no me ha comentado nada. —Dijo sorprendido, sus ojos estaban fijados en los botones de los pisos del ascensor, amarraba más el bolso a su hombro y no quería pensar en eso, no quería pensar en un engaño, no quería. Pero… ¿Y si había sucedido? ¿Por qué había sucedido?

Las puertas se abrieron, y Bill quería salir corriendo de allí. La confusión y la suposición permanecían en su mente, no quería tragarse aquello pero le era imposible. Si esa rubia había estado con Tom, entonces él tenía que averiguarlo, como sea.

—Oh, antes de que te vayas. —Le detuvo el paso. — ¿Sabes si tu amigo tiene novia?

Él le miró estupefacto, sentía el nudo en la garganta, sentía que la respiración se le cortaba. Era una sensación extraña, si ella era con quien la engañaba, eso iba a ser lo peor. Sus labios temblaban y sentía que se iba a desmayar de eso, pero aunque no fuera una confirmación, esperaba que no lo fuera, o sino, todo para él se iba a terminar.

—Ah, no… No lo sé —Le decía algo angustiado, se le había quebrado la voz en la última palabra.

—Entonces… Mándale saludos —Le sonrió y le saludó con la mano en alto, como solo las zorras entrometidas podían hacerlo. Ella salió y se fue al departamento de su padre, el pelinegro quedó mirando el ascensor. No, no podía estar sucediendo. No quería creer que él la estuviera engañando con ella, esperaba que se estuviera confundiendo, quería pensar que no era ella, la hija del casero. ¡Maldita seas, Tom! ¡Con ella no!

&

Llegó a casa a la una de la mañana, ingresó y todo estaba apagado, el día laboral había sido extenso y pesado, tan solo quería llegar, darse una ducha y acostarse a dormir. Cerró la puerta y dejó sus cosas en el respectivo lugar, caminó mirando el living y luego la cocina al fondo, allí estaba el celular de Tom. No sabía porqué, pero tenía curiosidad de averiguar que traía en ese condenado aparato. Se asomó y escuchó la voz de su novio.

— ¿Bill? ¿Ya estás en casa? —Le decía Bill, ya nada de cariño, amor, mi vida, mi todo. Nada. Ahora era solo su nombre, y eso se le hacía aún más raro. —Me estoy dando una ducha.

—Ah, sí, ya estoy aquí. —Intentó disimular la desesperación con una risita. Dejó las llaves en la mesita de café y tomó el celular, sabía la contraseña, así que pudo ingresar al menú sin problemas. De fondo tenía una imagen de ellos dos mirando al espejo del baño haciendo caras graciosas. Él sonrió al ver eso.

Comenzó a buscar en WriteApp, había conversaciones con compañeros de trabajo, con personas que ni él conocía. De a poco iba calmándose, todo había sido una falsa alarma y su mejor amigo se había confundido de persona, exhaló el aire y se apoyó contra el sofá. Sentía una total libertad, un peso menos tenía encima. Volvió al celular y siguió bajando, entonces encontró algo extraño entre lo formal del trabajo.

<< Hola, lindo. ¿No quieres que nos encontremos? >>

<< No, hoy no puedo Gema. Tengo mucho trabajo por hacer. >>

<< Entonces, te veré por el edificio, tengo que llevarte la caja de libros que me pediste el día del bar. Que no se te olvide, 😉 >>

No.

No, no, no podía estar pasando. ¡No podía estar sucediendo que lo que su amiga le había dicho fuera verdad! ¡No, no quería creerlo! Su pecho se contrajo, era como si esa angustia regresara y se almacenaba con total brutalidad. Dejó el celular en su lugar cuando se dio cuenta de que su novio abandonaba la ducha y se escucharon sus pasos por el pasillo.

Se puso de pie, no apartaba ese mensaje de su mente, y las piernas comenzaron a temblarle. Fue a paso rápido a la cocina y se sirvió un poco de agua, buscó el tarro de azúcar y volcó dos cucharadas, sentía que la presión se le estaba bajando y necesitaba un poco de glucosa para componerse. Lo mezcló y lo bebió de un solo tiro, inspiró y exhaló el aire en cuanto lo terminó y decidió que tal vez tenía que hacer algo al respecto.

—Allí estás. —Escuchó la voz de su chico y cerró sus párpados un momento. Sintió sus pasos, él se estaba acercando. Tom le depositó un beso en la mejilla y sintió su perfume, se giró y observó a su novio. ¿Porqué estaba bien vestido?

— ¿A dónde vas? —preguntó el pelinegro en un hilo de voz. No quería mirarle al rostro, así que desvió sus ojos hacía el fregadero. Tragó saliva, ¿Una traición? ¿Un engaño? ¿Tanto había sufrido para que le volvieran a pagar de la misma manera? ¿Pero por qué? Bill tan solo quería ser feliz a su manera, ¿Será que porque era gay merecía esa vida de mierda?

— ¿Lo olvidaste? —le dijo en un tono serio. —Te dije hace unos días que hoy tengo una reunión nocturna, ya sabes, el jefe se toma unas vacaciones y quiere una despedida, pero nada de reventones, lo prometo.

—Oh, si… —Se dio un golpe suave en la cabeza, lo había olvidado. —Lo olvidé por completo, lo siento. —Intentó reírse pero cada segundo que transcurría se le complicaba, apoyó una mano sobre la mesada de mármol mientras que la otra continuaba apoyada sobre su frente y él negaba con la cabeza, lamentándose por dentro.

— ¿Estás bien? —Se acercó pero el pelinegro retrocedió. — ¿Qué sucede?

—Nada, nada —Intentaba contenerse, la voz se le apagaba, quería ocultar el dolor y la traición, quería que todo eso fuera una mala pesadilla, pero no era así, estaba sucediendo en verdad. —Que te vaya bien en la reunión, me iré a dormir.

El de rastas se acercó y lo abrazó, Bill no hizo nada al respecto, lágrimas comenzaron a descender mientras sentía los brazos de su chico, miraba hacía la nada y su pecho le dolía. Estaba destruido, no podía ser que lo que le habían contado fuera verdad, y el muy jodido era tan descarado que seguía con el pelinegro; eso lo hacía peor, mucho peor.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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