
Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 40
Salió de su trabajo saludando a todas sus compañeras, cuando la puerta de cristal se cerró tras su espalda se quedó parado al ver el vehículo de Thomas estacionado frente al Café, y a él apoyado en el mismo. Tragó saliva y se amarró el bolso al hombro, su sonrisa se había desvanecido y una presión se le avecinó al pecho. Exhaló el aire y decidió caminar a él. La noche anterior se había quedado en casa de Shannon, y aunque no había sucedido nada, a Thomas le molestaba que no le atendiera los llamados durante todo el jodido día. Cuando los dos estuvieron cara a cara, el de rastas se subió al auto y el pelinegro fue a dar toda la vuelta para poder sentarse en el asiento del copiloto, al estar los dos adentro, Trümper apretó el acelerador.
El camino a casa fue tan incómodo que el pelinegro quería hablarle, pero cuando miraba la expresión seria y dura, dura porque tenía el entrecejo fruncido y pareciera que apretaba sus dientes detrás de sus labios, sabía que no debía decirle algo o, tal vez, lo mandaría al demonio.
Lo peor de todo fue el ascensor, recordar que había estado con la rubia zorra que le había arrebatado a su chico era lo peor, y volver al mismo lugar le ponía nervioso. Sacó su móvil para verificar sus mensajes, tenía varios de su amiga Lissa dándole un consejo que lo animara y de Shannon preguntándole si todo marchaba bien, bloqueó la pantalla y lo volvió a guardar, miró de reojo a su chico y él le observaba fijamente.
Las puertas se abrieron, eso fue un alivio para Bill, primero salió su novio y luego él. Ambos ingresaron al departamento y el chico de rastas fue veloz a la cocina, el otro le quedó viendo y decidió dejar su abrigo y bolso en sus lugares de siempre. Se aflojó la bufanda y comenzó a doblarla, aunque ni él sabía por qué lo hacía. Sintió unos pasos que se aproximaban y alzó la mirada, vio que Thomas se acercaba a él con la misma mirada de hacía unos momentos.
— ¿Dónde estabas anoche? ¡Me tenías como a un estúpido llamándote todo el tiempo! ¡Estaba preocupado! Volví a casa y tú no estabas, ¿Dónde te habías metido, ah? —le gritaba molesto, y tenía sus motivos. Había llegado la noche anterior muy cansado y solo quería dormir al lado de su chico, pero cuando vio que todo estaba oscuro y silencioso se fue a fijar si estaba durmiendo, pero no, no estaba. Comenzó a buscarlo por todas partes y no estaba, lo llamaba como un desesperado y no le contestaba, llamaba a la mejor amiga para saber si tenía algún dato pero no, tampoco contestaba. Y no había podido dormir bien; y así, echando humo y con un sueño terrible se fue a trabajar, le llamaba desde su oficina al móvil y seguía sin contestarle, entonces optó por ir a buscarle al horario de salida que tenía los fines de semana, y allí estaba, parado y mirándole sorprendido. Y así hasta ahora.
—Solo… Fui a visitar a un amigo, no tenía sueño y necesitaba hablar con alguien. —decía el pelinegro a medida que avanzaba para ir a la cocina, cuando pasó por al lado del chico de rastas, sintió que le tomó del brazo y lo hizo girar para observarle. Los dos se quedaron observando a los ojos, había sido un movimiento tan repentino que el pelinegro respiró agitado. — ¿Qué haces?
— ¿A qué fuiste? —ese lado posesivo por no dejar que su novio fuera a donde se le daba la gana era algo nuevo en él, y eso sorprendía un poco al pelinegro. Bill se zafó del agarre y se fue a la cocina a paso rápido, atrás le seguía el chico de rastas. Quería saber por qué lo había tenido preocupado todo un día, se había ido a quién sabía donde sin avisar y eso era más que suficiente para andar como un paranoico por la vida.
—Bill, dime a donde te fuiste —decía en un tono firme, estaba claro que se encontraba molesto y necesitaba saber dónde mierda se había metido o sino iba a ocurrir una masacre. Cuando Thomas se ponía loco era mejor no estar cerca de él.
A la mierda, tenía que decirle todo ahora o se lamentaría luego. No sabía como hacerlo, no sabía como empezar a decirle las cosas que revoloteaban en su cabeza, sabía que por más que le doliera recordarlo tenía que sacarlo de encima, era lo mejor. Como decía Shannon, hablar era lo correcto, decir las cosas era mucho mejor a lamentarse en silencio.
—He visto a… Gema, el día de ayer. —Soltó y se giró para observarle, el chico de rastas detuvo sus pasos cuando escuchó aquel nombre. —Mira, Thomas, yo pensé que hablabas en serio cuando me decías de estar juntos. Ahora no sé que mierda somos.
Trümper le quedó mirando, él comenzó a recordar el día en que los había visto, a él y a Jared, en la habitación del hospital. Claramente estaba tan molesto ese día, que no tuvo mejor idea que ir al Bar a relajarse un poco pero eso salió mal. Él había bebido más de la cuenta, y Gema apareció allí porque era una de las camareras que trabajaba en ese lugar por medio tiempo, entonces los dos comenzaron a hacerse amigos hasta el punto en el que Thomas se había olvidado de su nombre y de lo que hacía allí; decidió volver al pasado gatero de siempre. El desenlace de esa noche no hacía falta escribirla.
—Ah… —Balbuceaba el chico de rastas, el pelinegro tragó saliva, todo volvía a su mente de nuevo. El nudo en la garganta volvía a presentarse. —Puedo explicarlo, solo déjame explicarlo.
— ¡Hijo de puta! —Tomó lo primero que encontró y se lo aventó en la cara, el chico de rastas se cubrió con sus brazos y pudo evitar que un vaso de vidrio se le incrustara en su hermoso rostro. — ¡Prometiendo amor y unión para toda la vida, y así me lo demuestras, infeliz! ¡Soy un idiota al creer en tus estúpidas palabras!
El pelinegro apretaba sus dientes mirándole enfurecido, Thomas le observó estupefacto ante su acción realizada. Pero también estaba así por haberle descubierto, pero solo había sido esa vez, bueno, dos veces: la otra fue cuando ella le llevó las cajas y allí tuvieron otro encuentro acaramelado en el baño del departamento.
— ¿Por qué me pediste estar contigo, eh? ¿Porque te doy lástima? ¿¡Porque no querías verme sufrir y lo hiciste solo por compromiso!? —Se le caían las lágrimas pero se las secaba al instante, estaba loco, loco de la rabia, de la impotencia, de no poder estar más pendiente en la relación. Tal vez todo había sucedido porque él no le daba un poco de sexo, ¿Pero y qué? Una relación no se basaba solo en sexo, no todo el tiempo se debía andar fornicando como un par de conejos, no todo era relaciones carnales por todos los lugares públicos y privados, nada de obscenidades en cualquier lugar. Si uno amaba realmente, entonces entendería cuándo y dónde, y en qué momento se podía demostrar ese gesto de amor, pero no como unos animales salvajes en celo apareándose en cualquier lugar. No, eso no era para Bill cuando estaba enamorado, claro que admitía haber cometido aquello en su adolescencia, pero con el tiempo había aprendido los valores y el respeto por y hacía los demás.
—No, no es así —Le dijo para intentar calmarlo, se había sorprendido, y hasta asustado un poco de la actitud del pelinegro. —Déjame explicarte, lo que pasó allí fue porque te había visto con Jared así, muy cerca… Y… Bebí más de la cuenta, y no sé porqué justo me encontré con ella en el Bar y, yo, en verdad lo lamento Bill. Pero eso ya pasó.
—Ah, claro, y después te la tiraste en el baño. —decía con sarcasmo. — ¿Cómo pretendes que no huya sabiendo algo así? Yo no quiero volver al pasado, pero veo que el pasado no puede dejarme en paz.
—En verdad lo lamento, yo no quería… pero estaba… Lo siento. —Ladeó la cabeza y frunció el entrecejo.
El pelinegro negó con la cabeza mientras le miraba con decepción, eso sentía, decepción; porque no podía cumplir con su palabra, le había pedido ser su novio, y al otro día andaba revolcándose con una zorra mientras él se recuperaba de aquella horrible situación de personas homofóbicas. Bill pensaba que, tal vez, esa relación no funcionaría; claro que le dolía pensar en ello pero ya no podía soportar más estar sufriendo de esa manera.
—Mira… Déjalo así —Tomó aire y lo exhaló segundos después. —Creo que lo mejor sería que pienses bien las cosas, y decidas que es lo que en verdad quieres. Yo no voy a salir corriendo de aquí, pero espero que de ahora en adelante sepas que es lo que quieres y lo que no, cuando estés listo, puedes decirme tu veredicto.
Dicho eso, salió de la cocina pasando por su lado, le rozó el brazo y el chico de rastas se quedó mirando el lugar donde el pelinegro había estado segundos antes. No podía estarle diciendo con esas palabras que se tomarían un tiempo, no podía estar diciéndole eso, pero así era. El pelinegro no iba a dejar que todo fuera como siempre, Shannon le había dicho que hablar era lo correcto, y si eso implicaba nuevas reglas, entonces solo quedaba seguirlas para poder tener el mar en calma.
Continúa…
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Tom tampoco se lo merece 🤨