Notas: Feat. Andy Biersack!
Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 49
El verano era una mierda, el pelinegro solo quería llegar a casa e internarse en el sofá con el aire acondicionado, claro que en su trabajo también lo tenía, pero no era lo mismo estar parado y preparando café o bebidas frías, que estar sentado mirando películas o hablando con su chico. Lo extrañaba, y siempre hablaban por teléfono cuando Bill salía de trabajar, el chico de rastas le enviaba fotos por WriteApp, enseñándole la vida dura de un trabajador novato, lo único que se podían admirar eran los edificios desde un piso treinta, pero no por eso dejaba de ser extraordinario solo porque estaba en otro país.
Centrándonos en la vida de Bill, lo único que pensaba era en el momento el cual salía de trabajar para escuchar la voz de su novio, a veces se pasaban de la hora y se reían de momentos que recordaban, luego terminaban en promesas de vacaciones y noches de amor interminables; lograba que el pelinegro se sonrojara tanto que terminaba riéndose como un completo enamorado mientras se mordía la uña del dedo índice a causa de las palabras pervertidas que Tom le decía.
Eran de esos días acalorados en los que no aparecían ni los autos, entonces todos andaban tranquilos por el Café. Bill salía del sanitario luego de arreglarse el cabello y se le dio un vuelco al corazón cuando vio que por la puerta ingresaba Biersack. Caminaba como todo un chico con lujos lo hacía, se quitó las gafas de sol con una sensualidad que hizo quedar boca abierta al pelinegro, llevaba su típico traje, solo que ahora tenía una camisa blanca con corbata negra y el resto del atuendo era oscuro. Ah, su cabello rebelde le daba el toque final a un muchacho bastante atractivo para los ojos de todos los que se encontraban ahí.
—Puta madre. —susurró para sí Bill y se hizo de tomar el trapeador. Empezó a pasarlo por el pasillo, haciéndose el tonto pero ni él se la creía.
Oyó la voz de su compañera que lo miraba con ojos deseosos, el pelinegro solo observaba de reojo, se hacía el idiota pero estaba al tanto. Además, solo la música de fondo le ponía algo de alegría al asunto, y la voz de su compañera hacía eco en la misma.
—Un frapuccino de caramel, por favor. —dijo Biersack y le sonrió a la tipa.
Kaulitz volvió a llevar sus ojos a él y ya lo estaba mirando, entonces desvió rápido los suyos a otro lugar y comenzó a trapear de manera desesperada, sintió un pinchazo de adrenalina por su pecho y un calorcito de vergüenza se asomó por sus mejillas. Tragó saliva y decidió seguir trapeando, aunque ya lo habían hecho media hora antes, pero él no quería estar adelante, porque no quería que Andrew le pidiera algo. Cuando volvió de dejar el trapeador y el balde en la sala de limpieza, su compañera se le apareció de frente y se llevó un gran susto.
— ¡Ay Tania, me asustaste! —le dijo como si hubiera visto algo horripilante.
—El tipo de adelante me preguntó por ti, quiere verte. —le dijo algo celosa, no podía ser que los hombres guapos siempre pateaban para el mismo lado. Era algo que decepcionaba a sus pobres compañeras.
—No.—preocupado. — ¿Y tú que le dijiste? —sus ojos estaban abiertos de par en par, de pronto sintió calor por lo que le había dicho.
—Le dije que ya venías. —contestó algo molesta. Se fue dejándolo solo, y el pelinegro no podía creer qué tan buena compañera era ella como para decirle una mentirita piadosa y no terminar hablando cara a cara con el chico rico.
Pero tampoco él era de esas personas que dejaba a las otras colgadas, entonces decidió ponerle pie al asunto y caminó por el pasillo hasta salir al exterior. Vio a Biersack esperando por su bebida mientras otra de sus compañeras se lo preparaba al ritmo de la música pegadiza que salía de los parlantes. Tomó un merecido respiro y caminó fuera del mostrador y la vitrina que enseñaba los exquisitos aperitivos y delicias para acompañar el café a gusto.
Cuando quiso poner una mano sobre el hombro para llamarlo, él se le adelantó y se giró para mirarlo a los ojos, el pelinegro se sorprendió de sentir sus pasos y optaba por salir corriendo del Café, asintió con la cabeza a modo de saludo, pues las palabras no le salían.
— ¿Cómo has estado? —le preguntó con una sonrisa fresca, Bill no podía actuar frente a él. Tal vez era porque pertenecía a la sección rica de la población, y no sabía cómo tratar a esa gente, sabía que el respeto era una de sus primeras reglas y que lo formal era indispensable a la hora de hablar, pero lo que no sabía tampoco era porqué siempre le buscaba y le hablaba, habiendo tantas personas mucho mejores que él, así lo pensaba, justo daba la casualidad de que quería interactuar con él.
—Ah, muy bien, señor Biersack. —le dijo algo tímido debido a la superioridad con que lo veía cada que lo miraba. — ¿Y usted?
—Andrew. —le llamó su compañera por el nombre y el responsable volteó para agradecerle y lo tomó entre sus manos.
Le dio un sorbo, daba un poco de gracia ver a un empresario con traje y zapatos bien lustrados, tan deslumbrante con esos tatuajes que se veía sobre su cuello, con esos ojos cautivadores y una mano sobre el bolsillo, darle un sorbo a un frappe de caramel mientras observaba fijamente al pelinegro.
—Estoy perfecto. —bajó la bebida. —ahora que puedo verte.
Bill se ahogó con su propia saliva al oír eso y comenzó a toser de manera desesperada, Biersack no pudo evitar ser malo por un momento y sonreír ante eso, Kaulitz se dio suaves palmaditas en el pecho y logró recuperarse. Recompuso su postura y miró a su compañera que se moría de la risa por la situación embarazosa, la asesinó con la mirada y volvió sus ojos hacía los de Andrew.
—Ya que te encuentras bien. —dijo luego de caminar por al lado del pelinegro. — ¿Estaría bien preguntarte si quieres ir a cenar conmigo esta noche?
Kaulitz estaba por abrir la boca, pero una voz bastante particular tomó su lugar.
—Yo no creo que eso sea posible.
Tanto el pelinegro como el empresario se giraron para ver por la entrada a Shannon. Estaba con ambas manos en los bolsillos delanteros de su típico pantalon jodphur oscuro, con esa remera que tenía dos grandes agujeros a los costados de su cuerpo, presumiendo sus fuertes brazos y el tatuaje en uno de ellos, portaba anteojos y una mirada realmente tenebrosa. El chico del café bufó, y el otro le observó indiferente.
—Ah, Shannon. ¿Qué haces aquí? —le preguntó entre dientes acercándose. Se puso frente a Leto e intentó llevárselo a otro lado.
—Te vengo a buscar, como siempre lo hago. —contestó y se retiró los anteojos, los puso sobre el cuello de su remera, cayendo por su pecho. Miró su gran reloj de oro y ya faltaba poco para que su turno terminara, el pelinegro hizo lo mismo tomando la muñeca de Leto, tenía razón, ya venía la hora de irse a casa. Aunque por un lado agradecía la aparición del baterista, no quería ir con Biersack porque ya se hacía una idea de lo que podría suceder si aceptaba esa invitación. —Ahora… Ve a buscar tus cosas y te espero afuera.
Shannon le dio una mirada fría a Biersack, el otro le saludó alzando el mentón. El baterista de Mars pasó la lengua por el interior de su boca de forma provocadora y luego volteó sus ojos al pelinegro para después retirarse del lugar. La tensión había desaparecido, entonces Bill decidió volver para el empresario.
—Lo siento, pero tengo que irme, mi turno terminó.
— ¿Acaso es tu novio? —preguntó directo y de una manera tan descarada, pero era obvio, estaba molesto porque nunca podía encontrar un momento para estar a solas con Kaulitz. Se sentía tan estúpido, y no era de esas personas que se quedaban de brazos cruzados, cuando él se cansaba aplicaba sus métodos brutos, y eso, algunas veces, terminaba sofocando a sus presas.
—Claro que no. —contestó frunciendo el ceño. —Es solo un amigo.
—Pero él no lo tiene muy en claro a eso. —dijo de adrede y Bill le quedó mirando a los ojos. Aún perduraban esos sentimientos hacía él, pero eso era pasado y lo sabía, todos lo sabían, pero el sexy empresario era tan novato en toda su historia que ni se imaginaba eso.
Continúa…
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