Fic TOLL de Sira483

Capítulo 9

»Alguien dio aviso a la policía ¡Hora de irnos!»

—¡Demonios! — en menos de cinco segundos el baño quedo solo con dos personas adentro.

Dos personas que estaban al tanto de que se habían quedado solos, pero que aun así no se separaron ni detuvieron el ritmo del beso del que ambos estaban siendo partícipes.

Tom sabia que debía detenerse.

Bill sabia que debía detenerse.

La pregunta es; ¿¡por que, demonios, ninguno se estaba deteniendo!?

Y la respuesta era la más simple y sencilla:

No querían.

Pero la conciencia y la maldita culpa los obligó a separarse, luego de algunos segundos más.

Tom, que ya había dejado de besar a Bill pero aun así conservaba la cercanía de sus cuerpos, ni siquiera miro a los ojos a su hermano y es que no podía hacerlo sin sentír vergüenza.
Y aunque lo hubiera hecho, si hubiera levantado la cara para mirar a su gemelo, de todos modos no serviría de nada, porque Bill no dejaba de ver algún punto imaginario en el espacio de el lugar, él también moría de vergüenza, estaba más que sorprendido y no sabia donde mierda meterse para desaparecer y no tener que ver a su hermano.

Ninguno de los dos estaba arrepentido. Y ese era justo el problema. Porque en vez de estar arrepentidos solo deseaban volver a repetirlo, una y otra y otra vez, hasta el cansancio.

Querían..

Pero no podían..

Tom abrió la boca intentando decir algo — Bill.. Yo.. Bueno..— ¿que se suponía que debia decir? — C-creo que.. deberiamos irnos..

El de trenzas salió del cubículo, mirando, incómodamente, el aspecto del baño.
Bill salió con la mirada clavada en el piso, sin atreverse a mirar al ser humano que tenía al frente.

—¿Te.. parece si nós vamos sin dar declaraciones a la policía? De todos modos nosotros no hemos visto nada..

—Si, eso será lo…mejor…— el menor frotaba sus manos contra su pantalón en un gesto de nerviosismo —.. debemos ir junto a Alice.

Tom asintió con la cabeza, a pesar de que Bill jamás lo miro y viceversa. Ambos chicos salieron del baño y observaron que el local estaba vacío, las personas estaban afuera viendo y cotilleando lo acontecido. El de trenzas al avanzar y observar mejor el lugar se dio cuenta que el disparo que habían escuchado se había dirigido a la caja registradora, la parte del seguro para ser exactos. Por suerte no había ningún herido o peor aún; un muerto..

Salieron y se subieron en el vehículo, pasando desapercibidos. Todos estaban muy entretenidos escuchando los detalles del asalto que le brindaba el gerente, que estaba más blanco que el papel.

&

—Gracias, Señora Matthieu.

—Cuando quieras, Tom. Sabes que adoro a tu hija. — la mujer se despidió del muchacho, dejándolo solo en la entrada.

El chico observo las escaleras, por donde Bill había subido después de saludar, cortésmente, a la mujer. Sabia lo que debía hacer.

—Vamos, Tom. Solo debes mentirle un poco.. — nuevamente, se encontraba hablando consigo mismo — un simple; no quise hacerlo bastará.. — pensó unos segundos, dirigindose hacia las escaleras — Bill no quise hacerlo y creeme que no lo disfrute, esto no se volverá a repetir, excepto si tu quieres…si tu quieres yo no tengo ningún probl.. ¡Oh, vamos, Tom! Bill jamas va a querer eso. No seas tonto..

Sacudió la cabeza y subió con determinación las escaleras directo al cuarto de Bill, donde éste se encontraba liadiando con sus propios pensamientos a la vez.

—¡Bill, debo decirte..! ¿¡Eso es un tatuaje!? — se había adentrado de lleno en la habitación de su hermano — ¡Es enorme!

—¡Diablos, Tom! — el chico enseguida intento alcanzar la remera que se encontraba sobre la cama, la cual usaba como parte de un pijama — ¿que no sabes que debes tocar antes de entrar a una habitación?

Tom como auto-reflejo se dio la vuelta cubriéndose los ojos — ¡lo siento! No vi nada, te lo juro.. ¡No vi.. nada…! — se destapo los ojos dándose cuenta de algo muy importante — Un segundo… también eres hombre no hay nada que ver — se volvio a girar hacia él, quien ahora ya tenía su remera puesta. Menos mal que Tom no habia entrado segundos antes, cuando recién se estaba poniendo el pantalón de dormir.

—Tiene sentido.. — dijo Bill, ahora un tanto incomodo.

—Oye, no sabia que tenías más tatuajes que el del brazo y el de la nuca — el de trenzas se acercó a su hermano — una estrella y… ¿una frase?

—Si, eh.. Nunca vamos a dejar de gritar. Volvemos a nuestros orígenes.. tarde mucho… tiempo en decidirme.. — el menor estaba incomodo de todas las formas posibles, y evitaba a toda costa mirarle los labios y la cara a su hermano, pero principalmente, los labios — y… ¿que es lo que quieres?

—Ahmm.. Bueno, pues yo..— Tom lo siguió con la mirada cuando Bill se comenzó a mover en la habitación —..queria explicarte que… en el baño.. yo no quería pero tú ibas a gritar, así que yo tuve que hacerlo… para que no gritaras… no me quedo de otra.. lo único en lo que pensé ¡no de forma rara! yo solo pensé que lo mejor, relativamente, seria… Besarte..

El trenzado ni siquiera entendía como se le fue a enredar la lengua, con un simple no quise besarte (a pesar de ser la más grande mentira que jamás hubiera dicho) bastaba.

—Si, si, si. Lo entiendo y, de cierta manera, te lo agradezco.. — Bill se detuvo, sentándose en la cama y mirando a Tom. Ambos estaban, demasiados, nerviosos — Fue una.. buena distracción. Yo estaba en pánico, técnicamente, no sabia lo que estaba haciendo… Así que, supongo, que.. gracias.

Se sonrieron con el nerviosismo y la incomodidad reflejada en la cara.

—Pero estas bien, ¿verdad?

—Si, el susto ya paso.

—Bien, entonces creo que.. Me voy.

—Aja.

Tom asintió y abandono la habitación, con el corazón a mil.
Dejando a su gemelo de la misma manera.

&

—¡Esto es el colmo, Tom Kaulitz!

Y ahí estaba Tom, debajo de la ducha, quejándose de su desgracia. Ya van tres noches continuas con el mismo sueño, las mismas acciones y el mismo mísero resultado. Desde que beso los labios de su gemelo los sueños subidos de tonos aumentaron, el chico ya no podía ni cerrar los ojos sin traer a su mente la imagen de Bill.

Si, así de complicado.

—¡Tom! ¡Tom! — el de rastas golpeaba la puerta del baño, en donde se encontraba su hermano — ¡Tom! ¡Debo mostrarte algo! Es sobre Alice. ¡Vamos, sal! ¡Rapido, Tom!

El susodicho medio asustado y preocupado salió del baño con solo una toalla rodeando su cintura.

—¿Que paso? ¿Que tiene Alice?

Bill coloco a la niña sobre la cama destendida de la habitación, ante la atenta mirada de Tom.

—Bill, responde.

—Solo mírala…

Tom con toda la confusión del mundo obedeció a su hermano y miro a su hija, la cual jugaba, inquietamente, con las manos de Bill.

La niña hipo y comenzó a reír y aplaudir con furor.

—¿Lo viste? — el menor puso una enorme sonrisa.

—¿El que?

—Mira..

Alice repitió la acción, solo que con una risa más prolongada.

—¿Ves? ¿No te parece gracioso? Alice tiene hipo — el moreno riendo se acostó en la cama jugando más, cómodamente, con Alice.

—¿En serio me fuiste a molestar en el baño, solo para que vea como Alice tiene hipo y se ríe de eso?

—Si.

—Sali con nada más que una toalla cubriéndome, pensando que a Alice le pasaba algo grave y que necesitabas mi ayuda, urgentemente, pero…

Bill dejo de escucharle al percatarse de la casi desnudes de su hermano. Su cuerpo aun estaba empapado y gotas de agua se deslizaban por el, su cabello humedecido y la toalla de color blanca colgando, peligrosamente, de la cintura del trenzado.
Bill rogaba a todos los dioses que esa bendita toalla se cayera y dejara todo a la vista, a su vista.
Subió, observando los abdominales y el pecho del chico.
Todo de él se veía bastante..

—Duro.. — ¡mierda!

—…¿Que? — Tom se preguntaba si había escuchado bien o no. De inmediato se miró la entrepierna pensado que, a pesar de haber lidiado con un pequeño problema al despertarse, nuevamente tenía otro. Para su suerte su amigo seguía satisfecho y agotado.

—¿Que, de qué? — ¡oh, si! La solución es hacerse el tonto ¿no, Bill?

—Tu dijiste..

—¡Yo no dije nada! — se levantó, cargando a Alice — Me iré a cambiar de ropa. Te espero abajo y veré que hay para desayunar — éste se dirigió hacia la puerta — Ah y no te olvides que hoy debemos almorzar con mamá.

Bill abandono la habitación, llevandose a Alice con él.

De repente Tom se recordó de algo.

—¡Rayos! Se supone que debi llamar al medico de mamá ayer — rebusco su celular dentro de las sabanas de la cama.

Hace, aproximadamente, un mes había ido por los resultados de algunos análisis que le mandaron a hacer a Simone, estos no presentaban nada malo pero aun así algo no estaba bien con la salud de la madre de los gemelos. El doctor le había dicho a Tom que convenza a Simone para que se realice algunos exámenes médicos más elaborados, ya que ella no quería seguir perdiendo el tiempo en ello. Tom había quedado en hablarle al medico e informarle sobre el estado de Simome. Todo lo que sabía y lo que le informaba la enfermara contratada por él.

Hizo la llamada informándole que Simome seguía con los mismo síntomas. El del otro lado de la línea le había insistido, nuevamente, para que la convenciera de hacerse mas exámenes y que siguiera con los antiguos medicamentos. Y, finalmente, Tom había cortado prometiendole al medico hacer todo lo posible por convencer a su madre Solo que si ella no quería no había nadie en el mundo que pudiese contradecirla. Y eso era lo que más le atormentaba a la hora de intentarlo.

Se vistió de forma casual, unos pantalones negros, anchos y una camiseta más o menos de su tamaño color blanco.

Al entrar en la cocina, vio a Alice tomando el biberón en el regazo de Bill, quien ya estaba bien vestido con todas esas ropas ajustadas y maquillado como de costumbre. Éste le hablaba de una forma chistosa a la niña.
Tom no pudo evitar sonreír ante la imagen. Ambos, Bill y Alice, se veían tiernos ante los ojos del trenzado.

—¿Me permites? — pidio Tom.

—Claro, que si. Es tu hija después de todo.. — Acomodo a la niña en los brazos de su hermano mayor, entregándole a éste el biberón — ..con cuidado. No la sujetes de esa forma, no le gusta… Asi.. Mucho mejor..

A Tom le hizo un poco de gracia que Bill le hablase como si él no supiera como cargar a su propia hija.

Cuando Alice ya se encontraba en una posición cómoda, Tom le dio del biberón y no paso mucho tiempo para que Alice apretara, levemente, el brazo de Tom, un gesto de la niña siempre que tomaba del contenido del envase.

&

—¡Oh, por todos los dioses! ¡Sal, de una maldita vez! — el menor de los gemelos aporreaba la puerta del despacho, en donde Tom se había encerrado hace algunos minutos, disque para ordenar algunas cosas — ¡El almuerzo es para hoy, joder! ¿Que mierdas haces ahí adentro, eh? Espero no estés haciendo ninguna cochinada, eh Tom.

—¡Enseguida salgo! Deja de gritar — en definitiva el trenzado estaba ordenando y guardando algunos archivos en la computadora, solo que los gritos de Bill le desconcentraban de a ratos.

—¡Mira que ya parezco la jodida Anna insistiendole a Elsa para que abra la puñetera puerta! ¡Nada más me falta ponerme a cantar! — para el trenzado su hermano era un dramático/infantil de lo peor, que lograba ponerte de los nervios hasta el punto de querer darle un abrazo muy, muy fuerte como para asfixiarlo… pero con cariño — ¡Hijo de puta! ¡Sal de una vez! ¡Estoy aquí gritándote desde hace un siglo! ¡Ten compasión de mi!

— ¡Ahgrg! ¡Nada más espero que Alice no esté contigo ahora, Bill! Porque te juro que te hago tragar algún desinfectante, para ver si no se te limpia la boca — abriendo los ojos como dos platos, el chico miro a la niña, a la que estaba sosteniendo con un solo brazo.

—¡Pfff! ¿Como crees? Ella.. ella no esta aquí, Tom. Pero.. ahora que lo mencionas iré a por ella.. — antes de siquiera terminar de hablar Tom abrió la puerta que los separaba.

—Por lo menos ten la decencia de admitirlo, Bill — cargo a su hija, y comenzó a caminar ante la mirada resentida de Bill, la cual bajo hasta la retaguardia del trenzado.

—¿Que decencia? — se interrogo el muchacho así mismo de forma burlona, comenzando a seguir a su hermano sin despegar la vista del trasero de éste.

&

—Adelantate, yo me encargo de Alice.

—Bien, me llevare el bolso..

Bill se dirigió hacia la puerta de entrada, después de bajarse del coche con el bolso en mano, toco el timbre y espero a que alguien atendiera. Se giró a ver interesado, como Tom le desabrochaba el cinturón de seguridad a Alice, del pequeño asiento de bebés, tanto que no se dio cuenta cuando alguien abrió la puerta y se le quedo viendo para luego adoptar una postura en plan de «coqueteo»

—Hasta que por fin le abro la puerta al amor — el moreno se giró con molestia hacia la voz, encontrandose con un muchacho un poco más bajo que él y con el cabello largo hasta alcanzar y rebasar un poco los hombros.

—Me haré gilipollas y fingiré que no escuche esa estupidez ¿okay? — sonrió, para luego poner una verdadera cara de molestia — Ahora déjame pasar a la casa de mi madre, imbécil.

El muchacho abrió, grandemente, los ojos totalmente sorprendido. Se puso firme y abrazo de la nada a Bill.

—¡Oh, por Dios! Eres el boca/sucia de Bill — grito el ahora conocido, porque solo había una persona en todo el mundo que Bill recuerda que le llamaba boca/sucia y esa persona era nada más y nada menos que Georg, un gran amigo de la infancia.

—¡Georg! ¡Tanto tiempo! — correspondio el abrazo.

—Hey, Georg — saludo Tom llegando con Alice en brazos —¿Que haces aquí?

Ambos jovenes se separaron.

—Hola, Tom. Pues Gustav y yo pasábamos por aquí y decidimos pasar a saludar a tu madre..

—¡¿Gustav esta aquí?! — grito Bill, el trenzado frunció, ligeramente, el ceño ante eso.

—Si, esta adentro con… — el menor entro corriendo a la casa —… Simone — termino Georg. Éste se percató de la niña y la cara de alguna manera se le iluminó — ¡Oh, pero que grande esta Alice! Déjame cargarla, por favor, Tom.

—¿Que? — el nombrado aparto la mirada del interior de la casa, por donde Bill se había ido, demasiado emocionado para su gusto.

—Que me dejes cargarla, hombre.

—Oh, claro — la niña paso en los brazos del de ojos verdes.

Y entre mimos y mimos de parte de Georg para Alice y con Tom sonriéndole a ambos, ingresaron en la casa, cerrando la puerta al hacerlo. Se adentraron más encontrandose con un Bill pegado, como garrapata mitad sanguijuela, a Gustav, según la perspectiva de Tom..

—¡Hey, Gustav! ¿Cuanto tiempo, mi buen amigo? — el trenzado se acercó y despego, sutilmente, a Bill de Gustav para brindarle un caluroso abrazo a este último, quien se encontraba bastante confundido.

—Hola, Tom — el chico, medio confundido por la actitud tan impropia de Tom, correspondio el abrazo.

—¿Debería ponerme, de alguna manera, celoso? — inquirió Georg — a mi apenas y el saludo, Tom..

—No te pongas como novia dramática, Georg — se separó de Gustav, dejando su brazo sobre el hombre de éste.

—¡Oh, chicos! Ya llegaron — al oír la voz de su madre, saliendo de la cocina, Bill fue a estrecharla entre sus brazos, segundos después también fue Tom.

—Bueno, creo que Georg y yo ya estamos sobrando aquí. Así que lo mejor será irnos..

—¡Se pueden quedar! ¿Verdad mamá? — dijo el niñero de Alice.

—No queremos molestar.

—¡De eso nada, Georg! Claro que se pueden quedar — setenció la mujer, tomando a la niña en brazos.

Todos pasaron a sentarse en los sofás de la sala, todos excepto Tom, quien solo veía a Bill encaramado al brazo de Gustav.
El trenzado se sorprendió al descubrirse a si mismo fulminando a su amigo con la mirada. Y se maldijo una y otra vez descubriendo el motivo:

Estaba celoso.

Celoso y, completamente, jodido.

Continúa…

Gracias por la visita.

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