Fic TWC de Melody Fliegen
Capítulo 22: Suficiente
By Tom
—¿Me estabas siguiendo? —le susurré en broma, a lo que él apretó los dientes.
—Podríamos decir que fue al revés, ¿no? — reí sonoramente mientras asentía.
—Ups, no sabía que no te gustaban los stalker, modelito —hice un puchero. Pero luego me puse serio. Ya bastaban las bromas—. Ahora, me vas a responder, ¿no? —lo observé apretar los puños, pero eso no me provocaba mucho miedo, ni mucho menos—. ¿Mi herma…?
No pude terminar ya que me estampó contra la pared, me inmovilizó los brazos con una mano, y con la otra puso su brazo en mi cuello, presionándolo suavemente, lo suficiente para no dejarme terminar y dejarme ligeramente sin aire ante el golpe. Apreté los dientes, me había descuidado. Nunca pensé que él podría hacer algo así. Parecía tan inocente como Bill, solo con un año más de diferencia, pero su fuerza era impresionante.
Mis intentos de soltarme de su agarre no funcionaron, y cuando intenté golpearlo, solo bastó que me comenzara a dejar sin aire para que me quedara quieto, a su completa merced. Tom Kaulitz no podía aceptar ser vencido por un idiota modelito… el plan ya estaba hecho en mi mente para quitármelo de encima…
—Eres repugnante, Tom Kaulitz.
Pero esas palabras rompieron todos mis planes.
Habían dos personas que me consideraban así: Andreas y mamá. Uno, lo decía de manera totalmente descarada; la otra decidía hacerlo con miradas de odio y últimamente golpes y gritos… pero nunca me lo habían dicho en ese tono y con esa profundidad. William sonaba totalmente deseoso de acabar conmigo. Era como si hubiera plantado mi sentencia de muerte al haberlo seguido. Intenté tragar saliva pero su brazo me dejaba a cada segundo con menos aire. Decidí utilizar mi último recurso de salvación, diciendo:
—Bill… Bill no estaría muy contento si… me muero aquí…
Su agarre fue más suave y sus brazos tiritaron ante mis palabras. Al mirarlo a los ojos supe que había dado en el clavo. Esas palabras habían acabado con toda su rabia y determinación, ya que me miraba directamente a los ojos con una especie de desesperación. Aproveché ese momento para zafarme de su agarre. Lo empujé fuertemente haciéndolo retroceder un par de metros hacia atrás. Él todavía seguía en una especie de estado de shock.
—Al parecer, ya sé en dónde anda metido mi hermanito —susurré mirándolo con una sonrisa. Nada me podía provocar miedo. No a Tom Kaulitz—. William, no deberías enamorarte de él —le hice un gesto de negación con mis dedos y mi sonrisa se tornó casi diabólica debido a su mirada de debilidad. Persuadir a la personas era un don Kaulitz, sobre todo cuando aprendes por las malas—. Él solo puede amarme a mí… y por lo que me doy cuenta… tú ya lo sabes.
—Tú… —volvió a tratar de acercarse a mí. Pero lo detuve por un momento con mi mano.
—No… no intentes decir nada. Por lo que acabo de notar puede que sepas todo lo que hacemos —alcé mis cejas y lo observé. En sus ojos el brillo de la realidad relució, dejándome comprobar mis palabras—. ¡Y es cierto! Soy todo un Sherlock Holmes moderno, William —no podía moverse, se había quedado boquiabierto ante mis palabras.
Entonces decidí reaccionar. En dos zancadas logré tomar la velocidad que necesitaba y empujé a William contra otra pared con la fuerza suficiente para que se golpeara la espalda y se tuviera que reponer. Por un momento lo dejé sentir el dolor al observarlo encorvarse, pero luego de ver su rostro adolorido lo tomé de los hombros y lo empotré contra la pared con fuerza. Hice que un gemido saliera de sus labios, un gemido de dolor que me hizo sonreír.
Le tomé el mentón con fuerza y lo levanté para que me mirara a los ojos, ahora seriamente, y comencé a hablar entre dientes:
—Ahora me vas a escuchar, modelito —no tenía que preocuparme por sus extremidades, ya que el golpe las había atontado, y con sus manos lo único que atinaba a hacer era tratar de tocarse la espalda—. Quiero a Bill esta noche en casa —su mirada se tornó oscura y, a pesar del dolor, me la sostuvo con fuerza.
—No vas a volver a verlo, Tom Kaulitz —susurró ronco. Lo separé de la pared nuevamente y lo empujé con más fuerza contra ella. Esta vez su respiración se cortó por un momento y tuvo que inspirar hondo para tratar de recuperarse.
—No sabes lo que puedo hacer para tenerlo, William —con los dientes casi chirriantes, apreté mis puños—. Soy capaz de dejarte aquí inconsciente si así lo puedo recuperar —seguía tratando de respirar con normalidad—. Así que es mejor que me lo devuelvas por las buenas, ¿no? —aflojé mi agarre para dejarlo respirar, y una pequeña sonrisa se asomó por la comisura de sus labios. Lo había dejado casi sin aire y aún sonreía. Lo había amenazado y seguía sonriendo. ¿Qué mierda le estaba pasando a ese chico por la cabeza? Volví a tomarlo cabreado y acerqué mi rostro al suyo, escrutándolo, tratando de descubrir el porqué de su sonrisa—. ¿Qué mierda te pasa? —los segundos que se mantuvo en silencio, mirándome fijamente, se hicieron absolutamente eternos
—Tú… —tomó aire para terminar de hablar— tú estás celoso. Tú… —además de decirlo con una especie de crueldad, su voz también evocó una sutil desesperación, como si lo que estuviera diciendo fuera perjudicial para él. Abrí mis ojos con saña y le tomé la polera. Yo no estaba celoso. Nunca lo estaría de nadie, menos de mi hermano.
—Era mejor que te hubieras quedado callado… —volvió a sonreír.
Emití un sonido gutural de rabia contenida y no lo soporté más. Su actitud había hecho que lo peor de mi persona se presentara. Sin siquiera pensarlo, un velo a mi alrededor se originó en mi mente y cubrió todos los alrededores con sus sedosos brazos, dejando solo a la vista el cuerpo de William y mi puño.
Acaricié por un momento con mis nudillos la mejilla de William, y, ante la atenta mirada de sus ojos celestes, que por un instante observaron algo detrás de mí. Estiré mi brazo y con fuerza golpeé el rostro del chico antes de que lograra defenderse. El sonido fue seco y duro.
Lo observé caer al suelo y esconder su cara mientras se tocaba la mejilla golpeada. Agité mi mano relajándola y comencé a sonreír…
—¡No!
Mi sonrisa se congeló al escuchar la sedosa voz que apareció rompiendo el escenario negro de mi visión enrabiada y violenta. Todos los velos que cubrían el campus del colegio desaparecieron como si hubieran sido quemados por combustión. Me volteé lentamente y lo pude divisar.
La persona que más esperaba en ese momento, había aparecido sin ser llamado y sin mucho esfuerzo.
Sonreí.
.
By Bill
—¡Andreas!
Abracé a mi amigo con fuerza cuando ingresé a la sala de clases, y él se quedó impactado al observarme. Ya creía que no volvería a aparecer, y su abrazo me hizo sentir como en paz. William era mi escolta en ese instante, y sabía que estaba vigilando todo lo que me rodeaba por si algo me sacaba de mi extraña paz interior, como si nada ni nadie me pudiera sacar de ese extraño sopor.
Pero esa sensación desapareció cuando, al soltar a mi amigo, levanté la vista y me encontré con la mirada de mi hermano. Apreté mis labios en un intento de tranquilidad, pero no pude evitar casi tiritar cuando sus ojos prácticamente me dejaron desnudo. Me estaba comenzando a doler el pecho debido a sus ojos castaños, que me habían engañado, que no me amaban. Y que yo amaba incondicionalmente.
William fue capaz de salvarme cuando me volteó y me dijo algo que no logré comprender, para luego abrazarme. Si no hubiera sido por ese pequeño acto, habría corrido a los brazos de mi hermano sin importarme mi vida… en ese instante podría haberme destruido. Tomé la camisa de William en mi puños y lo abracé con fuerza. Al soltarnos, tuve que reprimir un sollozo con fuerza para que no se preocupara. No tenía palabras para agradecerle todo lo que estaba haciendo por mí. Me estaba salvando la vida. Me estaba salvando de mi hermano.
Andreas me tomó de la mano y salimos detrás de mi modelo de la sala, lo que agradecí en extremo porque sentía una especie de tensión enorme en el salón. Un suspiro enorme salió de mi boca cuando salimos. Estábamos los tres en profundo silencio los primeros pasos que dimos, pero cuando llegamos relativamente lejos, cerca de los jardines floreados de la escuela, William se volteó y me miró.
—Ya debo irme, Bill. Tengo que ir por lo menos a saludar a mis compañeros —lo miré a los ojos por un momento. Algo me estaba escondiendo, lo noté cuando salió de la sala con las manos en puños—. Nos vemos en un ratito, ¿no?
—Cla… claro —le tomé la mano antes que pudiera avanzar—. ¿Está todo bien? —me volvió a mirar a los ojos, y esas orbes de cielo me sonrieron sutilmente.
—Todo está bien, Bill. No te preocupes…
Dicho eso me soltó dándome un pequeño beso en la mejilla antes de irse rápidamente, desapareciendo en una esquina a unos ciento cincuenta metros de mí.
Mi visión de William fue interrumpida por mi amigo rubio, que me tomó del rostro, obligándome a focalizarlo en mi mente. Suspiré y lo volví a abrazar. Estaba eternamente agradecido por sus palabras, aunque en un principio no las había creído y me había cegado al amor de Tom, al falso amor que mi hermano me entregaba con sus caricias, que en cierto modo habían logrado abrir mis ojos.
—Lo lamento… lamento no haberte creído —por un instante me escondí en su cuello, abrazándolo con fuerza—. De verdad lo siento.
—Jaja, Bill… —mi amigo correspondió mi abrazo y apoyó su mentón en mi hombro—. Lo importante es que tú estás bien…
Reímos juntos durante un largo rato. Un par lágrimas salieron de mis ojos mientras le susurraba mis planes con William. Él asentía sin soltar el abrazo.
—Me voy… me voy —ni siquiera yo lo podía creer aunque me lo repetía miles de veces desde el momento que se lo planteé a William esa misma mañana—. ¿Qué vamos a hacer nosotros?
—Mantenernos en contacto —sus manos me apretaron la polera—. Los Angeles, quién lo diría, Bill.
—Sí, sí… —seguramente Tom estaría feliz si me iba. Pero aún sentía que le tenía que contar, de algún modo se enteraría, y era mejor que se enterara por mi…
—Él no necesita saberlo, amigo —como si me hubiera leído la mente, me tiró todas las ideas de contárselo al piso.
—Tie… tienes razón —susurré con un ademán de terminar el abrazo—. Tengo que superarlo.
Pero él aún gobernaba mi corazón con su puño de hierro, como si me impidiera olvidarlo. Solo lograba pensar en él cada vez que estaba desocupado. En cómo sería que nos volviéramos a encontrar a solas. Qué me haría, ¿se preguntaría por qué no había llegado a casa en una semana? De todos modos, él no tenía idea que yo lo había visto… que lo había visto con Chantelle. No tenía idea el porqué de mi dolor hacia él.
Nos separamos con Andreas y abrí mis ojos. Entonces lo vi.
Mi hermano se dirigía en la misma dirección, casi trotando con sus ropajes anchos, en la que se había ido William hacía unos minutos. Instintivamente quise correr hacia él, pero esta vez por otras razones. Sabía que iba detrás de mi modelo, lo podía percibir en mi interior, como si algo me dijera que también los siguiera. La desesperación me dominó por un instante y solo atiné a tomar a Andreas de los hombros y mirarlo. Alzó una ceja esperando una explicación para mi mirada, que sabía estaba llena de una desesperación.
—Debo irme. —le dije cortante.
—-¿Qué? —me miró con incertidumbre en sus orbes. Y se volteó para tratar de comprender lo que sucedía. Pero Tom ya no estaba allí, ya había desaparecido de mi visión—. ¿Quién estaba allí atrás, Bill? —tragué saliva. No sabía si decirle la verdad de lo que iba a hacer, o inventar una mentira para que no me reprochara.
—Yo… —las mentiras ya no funcionaban con mi amigo. Pero si lo intentaba…—es que yo quiero ir…
—¿Al baño? No, esa no te la creo, Bill —lo había intentado. Nada podía escapar de las manos de mi rubio. Suspiré y decidí no mentir.
—Tom va detrás de William —sus ojos se abrieron impactados mientras no entendía de donde sacaba mi absoluta resolución en mis palabras. Era como si estuviera percibiendo y recibiendo lo que pensaba mi hermano en el mismo instante—. No sé cómo lo sé. Pero no quiero que le pase nada… a William —y a Tom.
—No. No, Bill, no te puedo dejar ir, ¿y si es una trampa? —No lo era. Necesitaba ver qué pasaba entre ellos dos.
—No lo es. Por favor, déjame ir —me agarró la muñeca fuertemente cuando intenté avanzar por sobre él. A pesar de ser más bajo, su fuerza me superaba. Se me estaba acabando el tiempo—. Andreas, confía en mi —Lo miré a los ojos intensamente. Sabía que no era fácil que me creyera después que le escondí que tenía una especie de relación con mi hermano. Pero era su mejor amigo, tenía que creerme. Tenía que hacerlo o explotaría—. Por favor, tienes que dejarme ir.
Lo miré con desesperación mientras volvía a mirar hacia el lugar en el que había visto a mi hermano desaparecer… y a William antes. Apreté mis dientes y mis ojos comenzaron a brillar. No quería que pasara nada malo. Volví a mirar a mi amigo, que me miró con desaprobación y suspiró fuertemente al momento que me soltó la muñeca para dejarme ir. Lo miré impactado por un segundo, pero luego le sonreí agradeciéndole su entendimiento. Negó con la cabeza cerrando los ojos.
Lo observé meterse la mano en su bolsillo trasero para sacar un cigarrillo y un encendedor plateado. No tuve tiempo para reprenderlo. Comencé a correr pasando de él y, al doblar en la esquina en la que había desaparecido mi hermano, lo pude observar de reojo mientras le daba un larga calda al tubito de papel blanco para luego expulsar todo el humo. Eso fue lo último que vi de mi mejor amigo.
Miré hacia adelante y… nada. Habían desaparecido. Fruncí el ceño con desesperación y una picazón en la nariz causa de las ganas de llorar de impotencia. No podía rendirme, comencé a correr mirando por cada pasillo perpendicular al que yo corría. Pero nada aparecía.
El campus y los salones parecían no tener fin. Mis piernas comenzaban a sentirse cansadas y mis esperanzas de encontrar a alguno de los dos iba decayendo. Comencé a caminar luego de incontables metros que parecieron kilómetros. Cerré mis ojos mientras mis piernas seguían por inercia avanzando hacia adelante, como si fueran tiradas por una fuerza sobrenatural.
Y los escuché. Susurraban, pero eran ellos. Estaban al final del pasillo, a la izquierda, perpendicular al mío. Mis pasos se aceleraron inconscientemente y me detuve cuando llegué al lugar. Fue el peor momento en el que podría haber llegado. No podría haber alcanzado a hacer nada ni aunque lo hubiera intentado.
Tom sostenía a William de la camisa con una mano, arrugándola. Con la otra ya tenía su brazo estirado hacia atrás. Los ojos de William se encontraron con los míos un milisegundo antes que el puño de mi hermano se estampara contra la mejilla del de ojos celestes. El sonido fue horrible, mis dientes se apretaron nerviosos al observarlo caer al suelo y taparse el rostro instantáneamente.
—¡No!
Inconscientemente mi voz salió a romper la escena.
Mi hermano se volteó y nuestras miradas se encontraron. Por un instante su mirada me hizo desear caer en sus redes y dejarme llevar por todo lo que su cuerpo y alma significaban… dejarme llevar por el demonio que tenía delante de mí. Pero luego mi visión se tornó de rabia al observarlo sonreír con ademán de acercarse. Como si nada más en el mundo existiera además de nosotros dos. Como si no recordara que acaba de golpear a William, y que lo tenía en el suelo.
—William…
Susurré mirando el cuerpo que estaba quieto en el suelo. Corrí hacia él rápidamente y crucé su brazo por mi espalda para ayudarlo a pararse. En ese instante Tom no era mi prioridad. No quería que fuera mi prioridad. Le susurré un verdadero lo siento a William en el oído y traté de sonreírle cuando sus ojos se encontraron con los míos. Sus orbes celestes brillaban como un mar atormentado, como si él fuera el que me pidiera perdón.
Entonces una mano tomó mi muñeca, me levantó, con mi modelo incluido, con fuerza y no me soltó. Sabía de quién era y sabía que no me soltaría hasta que lo mirara a los ojos. Levanté mi vista y lo miré. En ese instante su mirada no me provocaba nada más que desesperación y rabia. Debía proteger a mi salvador a toda costa.
—Suéltame —le dije con determinación
—Nos vamos a casa, Bill —su voz… su voz que tanto extrañaba—. Tenemos…cuentas que saldar –lo miré a los ojos.
—¿Sólo para eso me quieres? —lo escuché tragar saliva mientras fruncía el ceño. Negó con la cabeza y me tiró un poco hacia él. William seguía tocándose el rostro. A fin de cuentas, su rostro era su vida.
—Todos están preocupados por ti —su voz estaba extrañamente dulcificada—. Quieren verte —pero él sólo me quería para sexo, solo quería usarme para luego desecharme—. Y papá… —no quise escuchar más.
—¡¿DESDE CUÁNDO TÚ TE INTERESAS EN MÍ?! —le grité en la cara mientras agitaba mi brazo atrapado.
La vista de mi hermano se bajó al instante ante esas palabras y se hizo una pausa intrigante en todo el campus luego de mi grito. Nunca lo había visto así… como ¿abatido? Su agarre desapareció y mi brazo libre tocó inconscientemente la mejilla de William.
Miré a los ojos a William por otro momento y le susurré que debíamos irnos, que debíamos ir a la enfermería por un poco de hielo. Nuestras respiraciones se encontraron debido a la cercanía, y comenzamos a caminar lentamente lejos de mi hermano, que ni siquiera se me acercó luego de mis palabras. Al llegar a la esquina que nos haría perder de vista a Tom, escuché un susurro que llamaba mi nombre, y no pude evitar voltearme a mirarlo.
Su mirada era intensa y solo iba dirigida a mi persona. Un temblor recorrió todo mi cuerpo y me erizó el cabello. Sentí en ese mismo instante la conexión que nos unía a Tom y a mí como hermanos gemelos, y no pude evitar quedar conmocionado con las palabras que se formaron en mis pensamientos, que venían directamente de la mente de mi hermano para rondar en mi cabeza como si fueran dueñas de mis pensamientos. Negué con la cabeza con desesperación… Eso no podía ser verdad.
Tom… él…
Sí, estoy celoso.
On hiatus
Este es el último capítulo publicado por la autora, muchos años atrás, por tanto pasa a la categoría «On hiatus». Gracias por la visita.