Fic Slash de lyra
Capítulo 3: ¿Qué está pasando aquí?
Se llevó una mano a los labios para ahogar sus gemidos, para evitar que se le escapasen los sollozos. Cerró los ojos y enterrando la cabeza en las almohadas trató de no pensar en lo que estaba ocurriendo, en que la persona que embestía su cuerpo era aquella que le robaba el sueño.
Alzando más las caderas de su compañero, Gustav embestía su cuerpo una y otra vez, sintiendo de placer, notando que se ponía tenso bajo él.
—Bill—llamó frenando el ritmo.
Pero el cantante negó con la cabeza y siguió con ella enterrada entre las almohadas. No quería ver nada…no quería sentir nada…
—Estoy a punto de….si quieres te espero—dijo Gustav con esfuerzo.
—No…solo tú—murmuró Bill entre dientes.
Gustav sabía que no podía discutir con él. Ya lo intentó una vez y solo consiguió que se le echara a llorar, suplicándole que jamás volviera a tocar el tema.
Pero no podía evitarlo. No podía quedarse de brazos cruzados viendo como él sentía un gran placer y su amigo era desdichado.
Apretando los dientes le embistió por última vez y derramó dentro de él su simiente. Salió de su cuerpo con cuidado y se quedó de rodillas en la cama, contemplando la espalda de su amigo que se movía de arriba abajo tratando de recuperar el aliento.
No se pudo reprimir y extendió una mano, acariciando con los dedos su columna que tanto se le marcaba en su cuerpo.
Eso hizo reaccionar a Bill. Se levantó con esfuerzo y recogió sus ropas del suelo, comenzando a vestirse de inmediato sin girarse.
— ¿Por qué lo haces?—preguntó Gustav sin poder contenerse.
Pero no obtuvo ninguna respuesta. No le quedaba más remedio que ver como su amigo se terminaba de vestir y mientras se alisaba el pelo con las manos se levantó de la cama y caminó hasta quedar a su lado.
—Sabes que a mí me lo puedes contar—dijo cogiendo un mechón de su pelo.
Pero el cantante negó de nuevo y sacudió la cabeza para que le soltara. Cogió las playeras con una mano y salió de la habitación descalzo, caminando por el pasillo hasta llegar a su habitación y encerrándose en ella con un ligero portazo.
Corrió hasta el baño y se desnudó de nuevo mientras abría el grifo, metiéndose bajo el agua sin esperar a que saliera caliente, rompiendo a llorar por sentirse tan sucio, como si no valiera nada, como si su vida estuviera acabada.
¿Tan bajo había caído por el amor de su propio hermano? Vender su cuerpo de esa manera, dejarse usar por personas ajenas a ese gran dolor que no le dejaba respirar, que le impedía vivir y hallar la felicidad.
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—Lo siento…no es mi noche.
Sentado en el asiento de atrás del coche, Tom se abrochaba los pantalones dando la espalda a esa preciosa chica que le miraba sin entender nada.
Cuando le llamó le dijo que sí sin pensárselo y ella se emocionó pensando en la magnífica noche que le esperaba. Le fue a buscar al hotel con su propio coche, nada más montar en el su mano se perdía bajo su falda, así que aparcaron en una oscura calle y pasaron al asiento de atrás sin despegar sus labios.
Y en esos momentos le salía con lo que no era su noche, dejándola con las ganas, más aún cuando le sintió ponerse duro rozándose contra sus muslos.
—Acabamos de dar un concierto y me encuentro muy cansado…no debí decirte que sí sabiendo que esto podía pasar—continuó disculpándose Tom.
—Lo entiendo…no pasa nada—dijo la chica colocándose bien la falda.
Tom se le quedó mirando con pena. Le puso una mano tras su nuca y la atrajo hacia él, besándola en la mejilla a modo de despedida.
—Eres un cielo. ¿Puedo llamarte otro día y compensarte?—preguntó si dejar de acariciar su nuca.
—No hay nada que compensar, pero me haría mucha ilusión que me volvieras a llamar. ¿Te llevo de vuelta al hotel?
—No, gracias. Prefiero pasear, tomar un poco el aire antes de irme a dormir—dijo Tom suspirando.
Tras besar de nuevo su mejilla, la soltó y salió del coche, echando a andar con las manos metidas en los bolsillos de su cazadora, perdido en un mar de confusos pensamientos.
No entendía lo que le había ocurrido. En cuanto la vio en mitad de la recepción su cuerpo reaccionó de la manera que esperaba….pero una vez en el coche y acomodado entre sus piernas su mente le jugó una mala pasada.
Tocando con los dedos el preservativo que guardaba en su cartera, se vio a sí mismo en su habitación, delante de Bill que desviando la mirada de su cuerpo le ofrecía uno tal y como le había pedido minutos antes.
No sabía porque le contestó de esa manera, como pudo decirle que le había fallado, solo porque estaba enfadado con él por haberle dejado en ridículo en mitad del pasillo. Era su hermano, no debería enfadarse con él por una tontería así.
Decidió que en cuanto regresara al hotel iría a su habitación a pedirle disculpas y tratar de averiguar por qué se sentía de esa manera, triste y distraído a cada momento.
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Entró en el ascensor y pulsó nerviosamente el botón de su piso, como si así subiera más rápido. Llegó a su planta y salió corriendo, frenando en seco al ver salir a Bill de una habitación que no era la suya con las playeras de la mano.
¿Qué estaba pasando allí?
Continúa…
Gracias por la visita.