Promesas rotas 13

Fic Slash de lyra

Capítulo 13: Aprendiendo a sobrevivir

Dos días después le dieron el alta al cantante. Las pruebas no indicaban nada fuera de lo normal, pero los médicos estaban muy preocupados por su estando emocional. Cada vez que le iban a visitar, se lo encontraban con la mirada perdida y a punto de echarse a llorar.

Calmaron a la madre, que sentada al lado de su hijo pequeño, le cogía con fuerza una mano entre las suyas y les miraba asustada, preguntándose si era debido a la caída o al golpe recibido.

Le explicaron que su hijo se encontraba bajo mucha tensión emocional y que tras unos días de descanso volvería a ser el mismo que antes.

Simone se llevó a su hijo a casa, prometiendo cuidar muy bien de él y no dejarle regresar a los escenarios hasta ver una sonrisa iluminar su apagada cara. Por el camino, se mostró muy preocupada al ver el comportamiento de sus dos hijos.

El pequeño no alzaba la mirada y el mayor miraba por la ventanilla del coche como si nada, como si no le importara que su hermano se encontrara mal y le necesitara a su lado.

Pasaron una semana en casa de sus padres. Durante ese tiempo, el cantante no abandonó la cama y apenas comió nada.

Su madre se preocupaba más cada día, incluso le había escuchar llorar por las noches, y cuando conseguía que cerrara los ojos y durmiera un poco, se despertaba a los minutos sollozando el nombre de su hermano y con la respiración agitada.

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— ¿Por qué no me quieres contar que es lo que ha pasado entre tú y Bill?—suplicó Simone a su otro hijo al cabo de la semana.

—No ha pasado nada—contestó Tom con firmeza.

— ¿Cómo puedes estar así de tranquilo? Ves que tu hermano se encuentra mal, que te llama entre sollozos por la noche y no acudes ni a consolarle—estalló Simone llorando—Te necesita a su lado, y tú miras a otra parte.

Se maldijo por lo bajo al ver llorar a su madre, mientras le pedía algo que era imposible. Claro que escuchaba todas las noches a su hermano, llorando…suplicando que acudiera a su lado. Se moría por hacerlo, acudir a su lado y estrecharlo entre sus brazos hasta que cesara el llanto.

Pero se había prometido a sí mismo no volver a abrazarle nunca, a mirarle…a pensar en él en otro sentido que no fuera el de buenos hermanos…

Era duro, pero necesario. Solo así lograría que se olvidara de él, viendo como le trataba de esa manera tan cruel. Le obligaría a buscar el consuelo y cariño que necesitaba en otra persona, en los brazos de su amigo.

Le obligaría a olvidar esa loca fantasía de que estaba enamorado de su propio hermano…

—Al menos, hazlo por el grupo—continuó Simone sacándole de sus pensamientos.

Pestañeó como si saliera de un sueño. ¿Qué lo hiciera por el grupo? ¿Con lo “bien” que se habían portado con Bill?

—Piensa que cuanto antes se recupere tu hermano, antes volverás a irte de gira con el grupo, así podrás pasar todo tu tiempo libre con esas dichosas chicas que suspiran por ti—dijo Simone con dureza—Ya que el estado de tu hermano ya no es de tu incumbencia, hazlo por la maldita fama, que tanta ilusión te hace.

—Mamá, no es eso…—comenzó a decir Tom a punto de llorar él también.

—Has cambiado, ya no te reconozco. Ya no eres ese hermano atento y dulce que cuidaba de que nada ni nadie hicieran daño a su hermano pequeño—dijo Simone negando con la cabeza.

—Lo haré—prometió Tom con firmeza—Hablaré con él, haré que vuelva a ser ese hermano que tanto me necesitaba a su lado solo para darle un fuerte abrazo cuando lo necesitaba.

Simone suspiró aliviada. Sentía mucho haber sido tan dura con su hijo mayor, pero era la única manera de hacerle reaccionar y ver que Bill lo estaba pasando realmente mal.

Puso en sus manos la bandeja que había preparado con la comida de su hijo pequeño y le dio un suave empujón para que se la subiera y tratara de hacerle comer.

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Parado ante la puerta de la habitación de Bill, no se atrevía a entrar. Le había estado evitando toda la semana, y tenía miedo del estado en que le iba a encontrar. Cogió aire y tratando de no derramar la sopa que le llevaba, abrió la puerta con una mano y entró con paso decidido.

Dejó la bandeja en la mesilla y se cruzó de brazos. Bill se encontraba acurrucado en mitad de la cama, echado de costado y con la cabeza metida bajo las almohadas.

Agudizó el oído y frunció el ceño. Unos ligeros sollozos se le escapaban por sus temblorosos labios.

Maldijo por lo bajo y cogiendo una de las almohadas la levantó y la arrojó a los pies de la cama.

—Deja de portarte como un niño pequeño—ordenó con dureza—Mírate, llorando porque las cosas no te salen como quieres. Vamos Bill… ¡reacciona de una maldita vez! Tienes a mamá muy preocupada…y sabes que lo nuestro no puede ser…

Esperó conteniendo el aliento. Había sido muy duro con él, pero era mejor hacerle ver que estaba llorando por algo imposible. Casi gritó aliviado cuando le vio asentir con la cabeza.

Le cogió del brazo con suavidad y le ayudó a incorporarse, cogiendo de nuevo la almohada que arrojó con furia y colocándosela tras su espalda. Se sentó en el borde de la cama y puso la bandeja sobre sus rodillas mientras que Bill se frotaba la cara con ambas manos, tratando en vano de expulsar de ella toda la tristeza acumulada.

Esperó con paciencia mientras le observaba morderse los labios. Tenía el pelo lacio, pegado a su demacrada cara, en la que destacaban sus grandes ojeras en su ya clásica palidez. Se fijó también en sus manos. Sus uñas estaban a medio pintar, el esmalte que con tanto esmero se aplicaba se había caído a pedazos a lo largo de la semana.

Bill nunca había sido tan descuidado. Siempre estaba atento a su aspecto, y en cuanto creía que un solo mechón de su sedoso pelo estaba fuera de su sitio, corría de inmediato para arreglarlo.

—Tienes un aspecto horrible—no pudo evitar comentar.

Vio que se descubría la cara y se le quedaba mirando con sus apagados ojos, dando un toque más triste si se podía a su cara.

—Cuando termines de comer te vas a levantar de la cama, y mientras yo te cambio las sábanas te darás una buena ducha—dijo Tom poniendo en su pecho una servilleta—Y si tienes fuerzas, saldremos a dar un paseo, si no, nos sentamos a ver una película en el salón.

Se puso tenso esperando su respuesta, pero solo le vio asentir con la cabeza en silencio, inclinando la mirada como si tuviera miedo de mirarle a la cara.

Suspiró aliviado y hundiendo la cuchara en la sopa que su madre le había preparado, se la dio con cuidado de no mancharle. Esperó pacientemente a que terminara de comer y entonces le ayudó a salir de la cama.

Mientras entraba en el baño y se duchaba, le cambió la cama tal y como lo había planeado, cogiendo las sábanas sucias que bajó a la cocina.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Simone al verle entrar.

—Todo solucionado—dijo Tom logrando esbozar una sonrisa—Se está duchando y luego bajará un rato. Daremos un paseo o veremos una peli, lo que él quiera.

— ¿Habéis solucionado los problemas?—preguntó Simone, sin poder respirar aún aliviada.

—No—contestó Tom con firmeza.

— ¿No? ¿Y qué vais a hacer? —insistió Simone.

—Aprender a vivir con ellos—susurró Tom suspirando.

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Mientras se daba la ducha que le habían ordenado, no pudo evitar romper a llorar. Tom tenía razón, debía dejar de hacerse falsas ilusiones y aceptar de una vez la cruel realidad. Nunca iban a estar de esa manera que él solo deseaba. Nunca estaría entre sus brazos, suspirando…gimiendo tras haber hecho el amor con él…

No pudo evitar gemir de frustración al pensarlo. Llevaba tiempo sin hacerlo, y sentía crecer el deseo. Siempre era igual, Tom decía o hacía algo que le incomodaba, y buscaba refugio en otros brazos.

Pero en esos momentos se encontraba solo, y nadie podía satisfacerle. Porque él no se atrevía, porque le parecía patético…como toda su vida…

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Dos semanas después, volvían a estar metidos de lleno en la gira. El cantante logró recuperarse, pero solo físicamente. Todavía lloraba algunas noches, pero al menos ya no llamaba en sueños a Tom.

Su relación con él volvía a ser la misma que antes, o eso daban a entender al mundo entero, que les observaba muy atento. Posaban juntos cuando se lo pedían, y cantaba solo para él en cada actuación o concierto que daban.

Pero una vez en el backstage, sus caminos se separaban. Sentado en un rincón, veía como Tom se alejaba de su lado llegando incluso a encerrarse en el baño hasta que llegaba la hora de regresar al hotel.

También había cambiado su relación con el resto del grupo.

Georg, como siempre, pasaba del tema pero de tanto en tanto le preguntaba si estaba bien, sonriéndole cuando le mentía y decía que sí.

David solo le hablaba de temas relacionados con el trabajo, y siempre cuando había más gente a su alrededor. Al menos, ya no le dirigía esas miradas con las que le podía estar haciendo una radiografía de su cuerpo por dentro.

No sabía que el productor se había prometido a sí mismo no volver a mirarle de esa manera, y mucho menos a estar a solas con él, no fuera tentar demasiado al diablo….

Y Gustav…mirara donde mirara encontraba sus ojos fijos en él. No decía nada, ni le suplicaba. Simplemente, le observaba.

Y esperaba.

Sabía que tarde o temprano, esa fachada que lucía de “todo me va genial en la vida” cedería y se derrumbaría, y él estaría a su lado cuando sucediera, consolándole tal y como le había prometido al otro hermano.

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Tras dar un concierto más, regresaron al hotel sumido cada uno en sus pensamientos. Sentado en el asiento de atrás de coche que los llevaba, los dos hermanos no se dirigían la mirada.

Cansado de mirar por su ventanilla, viendo solo la fría oscuridad que le rodeaba, el cantante suspiró y desvió la mirada, notando que Tom se revolvía incómodo en su asiento, apretando una mano en un puño para luego relajarla.

Así hasta un par de veces, lo que le resultó extraño.

— ¿Te pasa algo?—no pudo evitar preguntar preocupado.

—He quedado—susurró Tom sin mirarle.

Asintió en silencio y volvió a mirar por su ventanilla de nuevo, sintiendo los ojos llenársele de lágrimas. Metió una mano en el bolsillo de la cazadora y se puso con torpeza las gafas oscuras que siempre llevaba cerca, nunca sabía cuándo se iba a derrumbar y echarse a llorar.

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Llegaron al hotel y todos se pusieron en movimiento. Esperó a que saliera Tom para hacerlo tras él, limpiándose las lágrimas que se le habían escapado antes de que nadie las viera.

Una vez fuera del coche, atendieron con paciencia a las fans que le llamaban emocionadas. Comenzaba a dolerle la cabeza, y solo quería meterse en la cama y no despertar hasta que el amor que sentía hacia Tom se le hubiera pasado.

Escuchó un grito emocionado a su derecha y miró hacia ese lado sin poder evitarlo, viendo como Tom le hacía una seña a una chica que le esperaba cerca de la puerta.

Entonces era verdad que había quedado, aunque no sabía porque dudó de su palabra, porque llegó a pensar que se lo había inventado para hacerle más daño.

Se le quedó observando, viendo como cogía a la afortunada chica por la cintura y entraban en el hotel como si nada.

Dejó de oír como las fans le llaman, logró hacerse paso entre sus compañeros de grupo y entró en el hall del hotel corriendo, a tiempo de ver como se cerraban las puertas de uno de los ascensores y una pareja de besaba dentro.

Solo alcanzó a ver a gorra de Tom, y su larga coleta. Nada más.

Sintió una opresión en el pecho, comenzó a jadear reconociendo los síntomas. Necesitaba estar con alguien, sentirse amado en esos momentos ya que no lo era por su hermano.

Se giró y echó un vistazo a la entrada del hotel. Sus compañeros seguían atendiendo a las fans, y el productor los observaba desde la puerta del hotel. Solo tenía que levantar una mano y llamar su atención, y en unos minutos se sentiría lleno y suspiraría aliviado.

Pero ya no lo deseaba de esa manera, no tenía fuerzas. Se dio la vuelta y echó a correr escaleras arriba mordiéndose los labios, por donde se le escapaba algún sollozo descontrolado.

Se pasó casi media hora escondido en las sombras del hotel, paseando por pasillos sin saber dónde se encontraba exactamente. Dejó que sus pies eligieran el camino, llevándole delante de una puerta cuyo número reconoció de inmediato.

Se tragó las lágrimas y levantando una mano llamó con suavidad.

—Pero Bill, ¿dónde te habías metido?—le saludó una voz asombrada nada más abrirse la puerta.

Pero no pudo contestarle. Dio un paso adelante y entró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí, apoderándose de sus labios mientras se iba quitando la cazadora y la dejaba caer al suelo.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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