Fic TWC de Khira
Capítulo 5: Confesiones
El sonido insistente del teléfono no parecía tener intención de cesar. David Jost suspiró y, tras dejar sobre su mesa los contratos que había estado revisando, alargó un brazo para cogerlo sin ni siquiera mirar el nombre que aparecía en la pantalla del auricular.
-¿Diga?
-…
-Ah, hola, Patrick… -suspiró de nuevo.
-…
-He estado mejor, pero gracias -David se pasó una mano por el alborotado cabello; aquella mañana ni siquiera se había molestado en peinarse.
-…
-No es tan fácil, Patrick. Y por favor, no hables de lo que no sabes.
-…
-Ya, ya sé que era lo mejor para él… -«¿Y qué hay de lo mejor para mí?», pensó amargamente.
-…
-No, no he ido a verle. Necesita tranquilidad y una visita mía no creo que ayude. Además, así pensará que no me importa y le será más fácil olvidarse de mí.
-…
-Ya, ya lo sé… -Patrick cambió por fin de tema y David lo agradeció-. ¿Los contratos? Sí, ahora mismo los estaba revisando. Cuando acabe te mandaré las copias.
-…
-De acuerdo. Vale, nos vemos. Cuídate.
David colgó sin darle tiempo a Patrick de despedirse. Pero en lugar de colgar el aparato se quedó mirando el auricular, indeciso.
«¿Y si le llamara?»
Pero desechó la idea de inmediato. En lugar de eso, marcó el número de Silke. Ella estaba en contacto permanente con los chicos y podría contarle sobre el estado de Bill.
Mientras esperaba a que Silke respondiera, el productor se repitió mentalmente lo que le había dicho a su colega y amigo.
«Es lo mejor para él… »
&
Tom tiró la revista a un lado de la cama en cuanto la terminó de leer. Cruzó los brazos detrás de la cabeza y se quedó mirando al techo por largos minutos. Los rayos de sol se filtraban a través de las cortinas de su habitación y de vez en cuando le incidían en los ojos. El silencio era casi absoluto, roto únicamente por algún que otro ladrido de Scotty desde el exterior y el sonido del televisor que llegaba desde el piso de abajo.
Se aburría.
Loitsche nunca había sido un lugar del agrado de los gemelos. Demasiado pequeño y tranquilo para dos jóvenes que adoraban el bullicio de las grandes ciudades. Pero, lamentablemente para Bill, su médico personal en Alemania fue de la misma opinión que el médico que le había atendido en el hospital, y tras reconocerle y hablar con él le recomendó un mes de reposo absoluto en casa para recuperarse y desestresarse. Bill había protestado enérgicamente, pero no le había servido de nada.
Además, su médico personal trabajaba a la vez para la discográfica, por lo que el cantante no había podido evitar que la recomendación no llegara inmediatamente a oídos de sus productores. Así pues, se habían cancelado todo tipo de actuaciones, entrevistas y sesiones de fotos programadas para el mes siguiente, alegando únicamente motivos de salud de uno de los integrantes de Tokio Hotel, y Bill y Tom Kaulitz habían regresado a su casa familiar en Loitsche para disfrutar de esas semanas de descanso forzado.
Los primeros días varios periodistas se apalancaron en la puerta de la casa, ávidos de noticias y, sobre todo, de una explicación más concreta para el parón de la banda, pero Gordon los echó a todos y cada uno bajo amenazas de denuncia por invadir su privacidad, y la tranquilidad se adueñó nuevamente del pueblo.
Sin embargo, al haberse acostumbrado en los últimos meses al continuo movimiento que implicaba una gira, el cambio de ritmo había sido muy brusco. Además, como la discográfica había prácticamente prohibido a Bill salir de casa excepto para acudir a revisiones médicas, no le parecía correcto irse él de parranda y dejar a su hermano solo. Y en el hospital se había prometido cuidar de su hermano. Y con el buen tiempo que hacía ya por aquella época, estaba resultando un gran sacrificio.
Pero Tom estaba seguro de que, aunque la discográfica no hubiera sido tan estricta, su hermano igualmente no habría salido de la casa.
El estado de ánimo de Bill no había mejorado nada en los casi seis días que llevaban en Loitsche.
El vocalista se pasaba las mañanas durmiendo hasta casi la hora de comer -aunque eso no era novedad-, y, a pesar de que Simone, a quien nunca le había entusiasmado cocinar, se esforzaba en prepararle deliciosa comida casera, no conseguía que a su hijo menor le volviera el apetito; no lo suficiente. A veces incluso discutían por ese tema. Y por las noches a la hora de cenar, más de lo mismo.
«Así no avanzamos nada…», pensaba Tom.
El guitarrista se dio la vuelta en la cama, y luego lo mismo al otro lado, quedando de cara a la gran estantería que ocupaba toda una pared de su cuarto. Sus ojos se posaron en un álbum de fotos que sobresalía junto a unos cuantos libros, la mayoría novelas de lectura obligada de su época escolar. Se trataba de un álbum que había hecho Gustav con fotos de todas sus giras hasta el momento, y que había regalado a todos los miembros de la banda poco después que saliera su álbum en inglés.
Tom se incorporó poco a poco en la cama sin dejar de mirar el álbum. Desde que se enterara de la relación de Bill y David, que no había dejado de pensar en cómo podía habérselo pasado algo así por alto. Rememoraba una y otra vez ocasiones en las que les había visto juntos, y si bien siempre había notado una positiva complicidad, nunca se le había pasado por la cabeza que pudiera haber algo más.
Quizá en ese álbum de fotos encontraría algunas respuestas.
Se levantó y se dirigió a la estantería; cogió el álbum y regresó a la cama, sentándose con la espalda apoyada en el cabecero. Abrió el álbum y empezó a pasar las hojas.
La mayoría eran fotos realizadas en la zona de backstage, pero también había muchas otras hechas durante fiestas privadas, algunas de las cuales seguramente serían muy bien pagadas si se vendieran a alguna revista. Por ejemplo, una en la que Georg le estaba comiendo los morros a una fan en plena pista de baile…
Tom siguió pasando las hojas del álbum. Bill salía en casi todas las fotos, y David en algunas, pero en ninguna juntos. Hasta que al llegar al final, Tom abrió un sobre en el que restaban las fotografías que no habían cabido en el álbum.
Sacó las fotos del sobre y empezó a ojearlas una por una.
Al poco, encontró por fin lo que buscaba.
En la fotografía estaban únicamente Bill y David. Ambos sonrientes, mirando con simpatía a la cámara. Bill llevaba una camiseta negra y varios collares de plata, incluido su preferido, el de la calavera, y su pelo lucía completamente negro, pues en aquella época aún no se había hecho las mechas rubias. David llevaba una camiseta roja y una gargantilla que Tom le había visto en varias ocasiones.
Tom se quedó contemplando la fotografía largo rato. En especial los ojos de su hermano.
Alegres. Vivos. Brillantes.
Y esa sonrisa…
Tom recordó de pronto que Bill le había dicho que él y David estaban juntos desde poco después del lanzamiento de «Zimmer 483». Eso significaba que en la época en la que fue tomada esa fotografía, aún no estaban «oficialmente» juntos, pero viendo esas sonrisas radiantes estaba claro que ya tonteaban.
Sí, ahora lo veía claro.
¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Había sido un estúpido por acusar a Bill de engañarle. Si él le hubiera prestado un poco más de atención a su hermano, en lugar de andar por ahí follándose media población femenina, se hubiera dado cuenta perfectamente de lo que sucedía, o como mínimo lo habría sospechado.
Bill había hecho bien en ocultárselo. Él no se merecía conocer ese secreto.
«Soy gilipollas…»
Suspiró y siguió pasando fotos. Encontró otra de ambos juntos. No reconocía el lugar donde había sido tomada, pero sabía que era más reciente por el peinado de Bill, ya con las mechas. Su hermano llevaba una cazadora blanca y unos pantalones grises, y David vestía sencillo con camiseta y vaqueros. El brazo del productor estaba sobre el hombro de Bill, y Bill… pues parecía encantado con ello.
Tom frunció el ceño. La imagen de Bill y David semidesnudos en la cama del primero regresó a su mente con fuerza. Afortunadamente cuando entró en la habitación de sopetón les halló aún con los pantalones puestos, pero ahora no podía dejar de imaginarse la posible «continuación»… y no le resultaba agradable.
Sólo de pensar en su hermano siendo tocado por un hombre le hacía sentir enfermo. ¿Pero por qué? Él nunca se había considerado homófobo… ¿Y si lo era?
¿O había otra razón para que le molestara tanto la idea de que su hermano estuviera con un hombre…?
¿Podría ser que…?
-Tom…
Tom dio un respingo y se le cayeron las fotografías de la mano. En el umbral de la puerta de su habitación estaba Bill, mirándole curioso.
Iba vestido con una camiseta gris y unos pantalones de chándal, también grises. El cabello liso pero perfectamente acicalado. La herida del labio ya había prácticamente desaparecido, al igual que a Tom ya no se le notaba el golpe de la nariz.
-¿Qué… qué pasa? -preguntó Tom mientras recogía con rapidez las fotografías esparcidas sobre las sábanas.
-Esta tarde dan en la tele esa película de Bruce Willis que tanto te gusta, por si querías verla… -respondió Bill mientras avanzaba un par de pasos hacia la cama-. ¿Qué estabas haciendo?
-Nada… Miraba unas fotos…
-¿Ah, sí? A ver…
Bill alargó la mano en dirección al montoncito que sostenía su hermano.
-¡No! -Tom retiró las fotografías del alcance de Bill, quien frunció el ceño.
-¿Por qué no? -inquirió malhumorado con la mano en el aire.
Tom no supo qué contestar. Bill aprovechó la ocasión para arrebatarle las fotos con un movimiento rápido.
-¿Qué pasa, son fotos porno de tus encuentros con las groupies? -preguntó con una leve sonrisa justo antes de empezar a ojearlas.
La sonrisa se le borró de inmediato en cuanto vio la primera fotografía, y se quedó viéndola con expresión seria.
Tom quiso decir algo, pero no se le ocurrió el qué. Continuó observando a Bill. Su hermano tenía ojeras.
-Ah, son del álbum que nos regaló Gustav… -dijo finalmente Bill con voz neutra mientras empezaba a pasar las fotos.
-Sí…
Tras echarle un rápido vistazo a todas, Bill le tendió de nuevo el montoncito. Tom las cogió y desvió la mirada.
-¿Por qué no querías que las viera?
Tom suspiró disimuladamente. Por un instante había tenido la esperanza de que Bill no insistiera.
¿Y ahora qué excusa decirle?
Miró a su hermano gemelo a los ojos. Y la mirada de Bill le dijo que él ya intuía de qué iba a aquello, así que no tenía sentido tratar de engañarle saliéndose por la tangente.
-Pensé que te incomodaría ver las fotos en las que sales con David -confesó Tom, y esperó expectante la reacción de su hermano.
Pero Bill se limitó a encogerse de hombros.
-No soy tan sensible -replicó despreocupadamente.
Por un instante Tom pensó en terminar la conversación en ese punto, pero entonces vio que era la oportunidad perfecta para que su hermano se abriera un poco más.
-Claro, por eso sólo se te ha caído el alma a los pies cuando las has visto.
Bill se le quedó mirando. Y Tom se habría dado de cabezazos contra la pared de haber tenido la ocasión. ¿Por qué no podía tener un poco más de tacto? No era el momento de ponerse irónicos…
Creyó que su hermano menor le replicaría de nuevo, pero en lugar de eso Bill se dio media vuelta con la intención de salir de la habitación. Tom reaccionó y se levantó de la cama de un salto para impedirlo.
-¡Espera!
Le agarró de un brazo para detener sus pasos, sin embargo Bill se soltó de su agarre con suavidad pero con decisión.
-Por cierto, la película empieza en media hora… -dijo el cantante mientras reanudaba su camino.
-¡No quiero ver la película!
Tom se interpuso entre Bill y la puerta, y dándose cuenta de que había hablado demasiado alto, aprovechó para cerrarla y así evitar que Simone pudiera oírlos.
-¿Qué haces? -preguntó Bill alzando una ceja.
-Bill, quiero hablar contigo.
-¿De qué?
-De ti y de David.
La ceja de Bill se alzó de forma más exagerada. ¿Qué le había dado ahora a su hermano?
Pero Tom parecía haber hablado muy en serio. Su expresión se relajó y le dirigió una mirada cansada.
-Tom, no me apetece hablar de ese tema…
Aquello decepcionó a Tom. Y Bill se dio cuenta.
-Ok, entiendo… -dijo el guitarrista con clara tristeza en la voz mientras habría de nuevo la puerta.
Pero Bill ya no era capaz de marcharse. Suspiró y se sentó en la cama con un «plof».
-¿Qué quieres saber?
Tom sonrió levemente y cerró de nuevo la puerta. Se dirigió a la cama y se sentó tras Bill, haciendo que éste tuviera que girarse para poder hablar de frente. Pero en esa postura estaba incómodo, así que subió las piernas y se sentó con ellas cruzadas. Tom le imitó.
-¿Y bien? -insistió Bill.
-¿Cómo empezó todo?
Bill se balanceó un poco sobre sí mismo, incómodo.
-La última vez que traté de contártelo me echaste de malas maneras de tu habitación -recordó con amargura.
El mayor de los Kaulitz se sonrojó levemente.
-Ya lo sé. Lo siento. Creo que no estaba preparado aún para oírlo.
-¿Y ahora sí?
Tom se encogió de hombros. ¿Lo estaba? Quizás no, pero no quería perder esa oportunidad de saber más sobre el secreto que su hermano le había estado ocultando durante tanto tiempo.
-Está bien… -suspiró Bill-. Bueno, como ya te dije, empezamos a salir poco después del lanzamiento de «Zimmer 483». Pero hacía ya tiempo que habíamos estado… ehm…
-¿Tonteando? -aventuró Tom.
-Eh, sí, tonteando…
-¿Desde cuándo?
-Desde el… principio.
Fue el turno de Tom de levantar una ceja.
-¿Desde el principio? -repitió-. ¿Qué quieres decir?
-Desde que… nos conocimos.
La expresión de Tom revelaba claramente lo que estaba pensando.
-Ya sé que yo era muy joven… -murmuró Bill mirando hacia la pared-. Pero… no sé… fue conocerle y… Él también parecía interesado en mí, así que sólo me dejé llevar… y un día todo se precipitó.
Tom advirtió alarmado que los ojos de Bill se estaban aguando. Decidió desviar un poco el tema.
-¿Desde cuándo sabes que eres… eh… homosexual?
Bill se pasó una mano por la cara antes de responder.
-No sé… creo que desde los trece o así.
-Nunca me comentaste nada al respecto…
-No es algo fácil de comentar, Tom. Por favor, entiéndeme. Por esa época ya nos habíamos puesto serios con el grupo. Me daba pánico el pensar que alguien se pudiera enterar y que todos nuestros sueños se fueran al traste. Imagínate, una banda de preadolescentes con un vocalista maricón… Nuestras posibilidades se hubieran reducido drásticamente.
-Yo no se lo hubiera contado a nadie, Bill.
El aludido le miró a los ojos de nuevo.
-Ya lo sé, Tom… ya lo sé…
Y de nuevo los ojos se le aguaron. Bill estaba haciendo verdaderos esfuerzos para no ponerse a llorar. Quizás era él el que no estaba preparado para tener esa conversación.
Tom avanzó un poco sobre la cama y le apretó cariñosamente en un brazo para calmarle. Se quedaron en silencio varios minutos, hasta que Tom habló.
-Sabes, creo que ya sé qué me molestó en realidad cuando me enteré de lo tuyo con David…
-¿Ah, sí? -Bill le miró interesado-. ¿El qué?
-Pero no sé si contártelo, igual te parece «raro»…
-No seas injusto. Yo te he contado todo lo que querías saber.
-Tienes razón… -aceptó el guitarrista-. Bueno, pues lo que me pasó es que… me puse celoso.
-¿Celoso?
-Quiero decir que, antes de descubrir lo de David, creía que yo era la figura masculina más importante en tu vida… Y de pronto me di cuenta de que no era así.
A Bill le costó unos segundos asimilar lo que su gemelo le estaba diciendo.
-Es decir, que si hubiera sido una chica, te habría dado igual… Pero al ser un chico, como tú… ¿te sentiste amenazado?
-Más o menos…
Bill sonrió levemente.
-Sí, es un poco «raro» -afirmó-. Raro, y estúpido. Porque tú siempre serás más importante para mí que cualquier novio.
Tom le devolvió la sonrisa multiplicada por diez.
Bill se levantó de la cama. Por fuera sonreía, pero por dentro aquella conversación le estaba agobiando, tal y como se había temido.
-Me voy a mi habitación a navegar un rato -informó.
-¿No vas a mirar la película?
-¿Una peli de Bruce Willis? Ni de coña.
-¿No te parece atractivo? -bromeó Tom a la vez que le guiñaba un ojo.
-Que te den… -sonrió Bill.
El cantante ya estaba en la puerta cuando oyó de nuevo a Tom.
-¿Puedo hacerte una última pregunta…?
La mano de Bill se quedó apoyada en el pomo. Intuía por el tono cuál era la última pregunta de Tom y no se sentía con fuerzas para responderle a la cara.
-Sí. Dime.
Tom tomó aire, e intentó sonar despreocupado.
-¿Tú y David… habéis llegado hasta el final?
Bill se mordió un labio.
-Sí… -respondió-. No muchas veces, pero sí.
Como no escuchó ninguna cuestión más por parte de su gemelo, Bill salió de la habitación para dirigirse a la suya.
Lo que no sabía era que Tom no había dicho más porque se había quedado sin palabras.
Continúa…
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