Pretty Bill 12

Fic TOLL de lyra

Capítulo 12

No podía creer que estuviera escuchando eso, David ofreciéndole dinero por una sola noche de sexo. Era mucho, la verdad. Con esa cantidad pagaría la factura del hospital y no le haría falta trabajar la semana que Andreas estuviera convaleciente.

Pero…era David…

Un ser repugnante, como ya le demostró en el baño al meterle mano. Le había engañado, le habló con un tono suave preocupándose por su amigo cuando en realidad le importaba una mierda, todo era una tapadera para alcanzar su verdadero objetivo: él mismo.

—Vamos Bill, di que sí. Tom no se ha de enterar, yo no pienso decir nada—dijo David sonriendo.

Estaba mintiendo, sabía que en cuanto saliera de su cuerpo correría a gritarlo a los 4 vientos. Que se habían acostado juntos, y lo mucho que había disfrutado. Pero… no dejaba de ser una buena cantidad de dinero…

Se maldijo por lo bajo y asintió en silencio. Escuchó como David rompía a reír y hasta aplaudía. Sintió que le cogía del brazo y le llevaba a rastras al coche.

—Espera… ¿qué le digo a Tom? —preguntó tirando en dirección contraria.

—Dile la verdad…quiero decir, que tu amigo está en el hospital y te quedas a hacerle compañía—contestó David con rapidez—Además, no será toda la noche. Podrás regresar con él y te dará tiempo a tirártelo antes del amanecer.

En ese momento le odió con toda su alma. Que usara esa palabra…él no se tiraba a Tom, con él hacía el amor…

Entró en el coche de David al tiempo que cogía su móvil y miraba a David con una ceja alzada.

—Si, tengo su número—dijo David sacando su móvil del bolsillo.

Se odiaba en esos momentos, pedirle el número de teléfono para poder mandarle un mensaje en el que le mentiría diciendo que se quedaba a hacerle compañía a su amigo enfermo, cuando en realidad iba a echar un polvo con un ser que despreciaba con toda su alma…por unos míseros euros…

Cogió el móvil que David le pasaba en donde ya le había dejado el número de Tom en la pantalla. Lo grabó en el suyo y le mandó un mensaje mientras David arrancaba. Sentía los ojos escocerle por las lágrimas con cada tecla que pulsaba, con cada mentira que escribía en la pantalla…

No quería llamarle, notaría que le pasaba algo por la voz…que le estaba mintiendo con descaro.

Mandó el mensaje y apagó el móvil, no quería que nada ni nadie les interrumpiera, escuchar que Tom le llamaba mientras que David le…

.

David le llevó a su piso, en otro de los lujosos barrios berlineses. Bajó del coche y entró en el ascensor que le llevaría desde el parking subterráneo hasta la última planta, que era donde David vivía.

—Pasa, pasa…—dijo David abriendo la puerta.

Se le veía ansioso, nervioso…Bill pasó delante de él y echó un leve vistazo a su alrededor. Al igual que el piso de Tom, estaba muy bien decorado y se veía que nadaba en dinero.

Enfrente de él había una gran terraza y se dirigió a ella mientras se metía las manos en los bolsillos de la cazadora por el camino. Se asomó y vio con sorpresa que daba al parque Humboldthain por el que paseó un lejano día con Tom…

— ¿Te apetece beber algo? —preguntó David sacándole de sus pensamientos.

—Agua, por favor—susurró.

Sentía la garganta reseca. Esperó mirando al parque hasta que David se puso a su lado y le ofreció un vaso de agua que cogió con manos temblorosas. Bebió unos sorbos, incómodo porque David estaba a su lado esperando….

Vio atardecer, como el sol se ponía tras el parque y lo teñía todo de naranja. Entonces soltó un profundo suspiro que David entendió. Sintió que le cogía del brazo y se dejó llevar al dormitorio resignado.

Dejó el vaso ya vacío en la primera mesa que vio y se fue desabrochando la cazadora por el camino. Se deshizo de ella y la dejó sobre el respaldo de una silla. Iba a llevarse las manos a la camiseta cuando David se le adelantó.

Dejó que se la quitara él mismo y terminara de desnudarle. Se sentó en la cama no pudiendo evitar poner las manos en su regazo, gesto que a David no le gustó. Quería observarle en toda su desnudez y le hizo recostarse. Le apartó las manos con brusquedad y se pasó la lengua por los labios satisfecho de lo que tenía ante sus ojos.

Se desnudó ante Bill sin apartar los ojos de su cuerpo, entendiendo que había visto Tom en él. Era perfecto, tan pálido y suave al tacto…

Lo supo de inmediato cuando una vez desnudo del todo le pasó la mano por el muslo, sintiendo que se ponía tenso. Sonrió y se tumbó a su lado, ignorando que hubiera girado la cabeza para no verlo.

Le pasó las manos por el cuerpo, subiendo por sus muslos hasta su vientre, acariciando su agitado pecho…sin ver las lágrimas que a Bill le bajaban por sus mejillas sonrosadas…

— ¿Qué sueles hacer? —preguntó David con curiosidad— ¿Para qué te pagan normalmente?

Bill entendió a lo que se refería, y tragándose las lágrimas se incorporó con esfuerzo en la cama.

— ¿Tienes condones? —preguntó con voz cansada.

No llevaba ninguno encima, solo había ido a ver a un amigo al hospital, no pensaba que le iba a tocar trabajar…

David asintió y le señaló el primer cajón de la mesilla. Bill se estiró suspirando y lo abrió. Cogió una caja y de ella un envoltorio plateado que abrió con dedos temblorosos.

Se levantó de la cama evitando mirar la sonrisa que David lucía en sus labios mientras se colocaba mejor de espaldas en la cama y separaba las piernas. Bill se arrodilló entre ellas y puso las manos sobre su miembro, sintiéndole duro y palpitando entre sus dedos.

Lo estuvo masajeando durante un buen rato mientras que David cerraba los ojos y suspiraba. Cuando lo dejó preparado, le puso el preservativo y entonces separó los labios resignados. Cerró los ojos y se lo introdujo en la boca lentamente.

David pegó un bote en la cama, no se esperaba que Bill fuera tan bueno en su trabajo. Las cosas que era capaz de hacer con la lengua, como le estaba empalmando con solo rozarlo…

Dejó escapar un gemido incontrolado, eso era mejor de lo que había pensado. Bien era cierto que a él los chicos no le iban, pero tras ver a Bill se lo estaba replanteando. Además, una mamada era una mamada, daba igual quien se la estuviera haciendo…

Le sintió listo en su boca, a punto de caramelo, por así decirlo. David lo sabía y bajando las manos le acarició el pelo pidiéndole que se estuviera quieto. Bill lo entendió y separando los labios se lo sacó de la boca, no pudiendo evitar pasarse una mano por ella.

David se incorporó en la cama y tiró de Bill hacia ella. Le hizo tumbarse boca abajo, alzando sus caderas con ambas manos, ansioso por correrse dentro de ese cuerpo tan perfecto.

—Dime como lo hago—dijo David con esfuerzo.

—Tienes que prepararme primero—susurró Bill entre lágrimas.

— ¿Cómo? —preguntó David sin entender.

—Usa los dedos…mételos en mi cuerpo—contestó Bill cerrando los ojos.

David dejó escapar una carcajada que extrañó a Bill.

—Pensaba que tras hacerlo a todas horas con Tom, no te hacía falta tanta preparación—rió David por lo alto.

—Haz lo que quieras, tu pagas—murmuró Bill encogiéndose de hombros.

En parte era verdad, su cuerpo se adaptaba bien, pero en esos momentos estaba tenso y sabía que iba a sentir mucho dolor si no conseguía relajarse.

David lo había notado y decidió jugar a incordiarle. Empezó a acariciarle la espalda, bajando hasta sus nalgas y sonriendo al ver cómo reaccionaba, encogiéndose en la cama como si su tacto le quemara.

Se inclinó sobre él y comenzó a besarle la espalda, subiendo hasta su cuello mientras se tumbaba encima de él. Se frotó contra sus nalgas, sintiendo contra su piel cada vez que su cuerpo se tensaba.

No lo podía evitar, le estaba besando de la misma manera que Tom lo había hecho, solo que no era tan dulce ni atento. Sentía sus dientes marcarle la piel, le mordisqueaba al tiempo que se frotaba contra su entrada tratando de entrar en él…

—Haz algo, no te quedes rígido como una estatua—ordenó David—Dime como lo haces con Tom, como te toca para hacerte gemir como una puta…

Esas palabras bastaron para que rompiera a llorar sin poder evitarlo y negara con la cabeza. No podía hacerlo con él, ni con nadie más. Su cuerpo pertenecía solo a Tom…

—Quita, por favor—susurró tratando de volverse.

Pero David se negó dejando caer todo su peso sobre su cuerpo. Trató de levantarse de nuevo, pero David era más fuerte y estaba como ido en esos momentos.

—He pagado por follarte, no pienso dejarte ir hasta que seas mío—decía David contra su oído.

Sintió mucho miedo, estaba solo en esos momentos y David estaba loco. Trató de girarse pero no lo logró. Forcejeó con David hasta que éste le volvió y le dejó bajo su cuerpo.

—De aquí no sales hasta que me haya corrido dentro—murmuró David con una fea sonrisa en los labios.

Se movió con rapidez, aprovechó que David se había levantado para acomodarse mejor sobre él. Levantó una rodilla y la estampó en su entrepierna con todas sus fuerzas.

— ¡Zorra! —gritó David abofeteándole.

Sintió que le robaba el aire, tuvo que recostarse de nuevo en la cama porque empezó a marearse. A su lado David gemía y le maldecía por lo alto al tiempo que se llevaba las manos a la entrepierna y aullaba.

Tenía que moverse o estaría perdido. Se volvió como pudo para levantarse de la cama, pero David fue más rápido y le agarró del pelo. Gritó por lo alto y levantó una mano en el aire, arañando lo que se le puso delante.

David aulló de nuevo, su mejilla derecha empezó a sangrar mientras que Bill conseguía escapar. Recuperó sus ropas y no le importó salir desnudo al rellano. Corrió al ascensor y una vez dentro se vistió mientras que las lágrimas le bajaban por las mejillas.

Salió a la calle y llamó a un taxi levantando una mano temblorosa. Le dio la dirección de Tom entre sollozos y se recostó en el asiento cerrando los ojos, sin ver la preocupada mirada que le dirigía el taxista a través del retrovisor.

&

Esperó a que terminar de comer para soltar la bomba. Su padre no dejaba de hablar de lo que tenía pensado para la empresa, y su madre de que iba a decorar de nuevo el salón.

Tom los escuchaba con un gesto aburrido en la cara mientras se tomaba un trozo de tarta de postre, recordando lo bien que se lo pasó el día anterior comiendo con Bill en la cama.

—Tom, estás distraído cariño—llamó Simone con suavidad.

Resopló y dejó el tenedor sobre el plato. El momento había llegado, no debía posponerlo por más tiempo.

—Mamá, papá….hay algo que os tengo que decir—dijo Tom carraspeando.

Sus padres dirigieron toda su atención a su único hijo, que se devanaba el cerebro tratando de hallar las palabras adecuadas. Pero antes de que hablara, el móvil le retumbó en el bolsillo de su cazadora de cuero nueva.

—Perdonad—murmuró agradeciendo la interrupción.

Cogió el móvil y vio que era un mensaje de un número desconocido. Arrugó la frente y lo leyó con interés.

<I>“Tom, Andreas ha tenido un accidente. Estoy en el hospital con él, cuando esté mejor volveré a casa. No me llames, apago el móvil para no molestarlo. Tom, lo siento mucho….Bill”</I>

— ¿Pasa algo, cariño? —preguntó Simone tratando de ver el móvil de su hijo.

—Nada, un amigo ha tenido un accidente—murmuró Tom guardándose el móvil. ¿De dónde había sacado Bill su número?

—Vaya, primero uno enferma y ahora otro se accidenta—comentó Simone chasqueando la lengua.

— ¿Qué nos ibas a decir? —preguntó Jörg Kaulitz mirando a su hijo.

Tom alzó la cabeza y miró a sus padres pensativos. Se les veía tan felices y orgullosos de él, lo que les iba a decir les destrozaría…tal vez David no decía nada, o si lo hacía sus padres confiarían en él cuando les dijera que era mentira.

En unos días Bill saldría de su vida, eso era algo que no podía evitar. En esos momentos estaba con Andreas, alguien muy importante en su vida. No le iba a pedir que lo abandonase todo por él, sabría que no lo haría.

Había logrado hacerle creer que estaba enamorado de él, pero eso solo era parte de su trabajo. Le pagaba para que actuara como si le quisiera con toda su alma, para luego desaparecer de su vida por completo.

Él si se había enamorado, pero no era correspondido y no pensaba mandar su vida a la mierda diciendo a sus padres que era gay sin nadie a su lado con el que compartir risas, confesiones en la bañera, una comida en la cama…

— ¿Tom? —llamó Simone poniendo una mano sobre la de su hijo—Te has puesto triste, cariño.

Tom miró a su madre y asintió. Estaba bien, aún era pronto para confesarles que era gay…

—Ve a ver a tu amigo—dijo de pronto Jörg—Te necesitará a su lado.

Tom asintió y tras despedirse de sus padres con un beso, entró en su coche y se dirigió a su piso. Al entrar en el vio la nota que Bill le había escrito con letra temblorosa. La hizo una bola en su mano y paseó por el piso suspirando.

Sus ojos volaron al piano y se dirigió a el con una media sonrisa en los labios. Practicaría un poco mientras le esperaba, no sabía en qué hospital estaba Andreas y no quería molestar. No le había pedido que fuera a hacerle compañía…

&

Entró en el edificio de Tom saludando a Eric por lo bajo. Entró en el ascensor y se miró en el espejo, tenía la mejilla algo sonrosada por la bofetada, pero nada grave que un poco de hielo curara.

Llegó al piso de Tom y usó la llave que le dejó, no sabía si estaría en casa o al saber que él no iba a estar se habría quedado más tiempo con sus padres. Pero al abrir la puerta le vio tumbado en el sofá y se quedó parado en mitad del camino pensando que podía hacer o decir…

— ¿Bill?

La somnolienta voz de Tom le hizo dar un salto llevándose la mano al pecho, no se esperaba que estuviera despierto. Cerró la puerta suspirando y entró en el piso forzando una sonrisa en los labios.

— ¿Qué tal está Andreas? —preguntó Tom incorporándose en el sofá.

—Bien…se ha quedado dormido y he venido un momento a coger algo de ropa—mintió con descaro.

Tom suspiró y le señaló el sofá para que se sentara a su lado. La habitación estaba en penumbra y dio la luz cuando Bill se acomodó en el sofá. Al momento sus ojos se fijaron en la mejilla, y en el miedo que brillaba en sus ojos.

— ¿Qué te ha pasado? —preguntó muy preocupado.

—Nada—murmuró Bill desviando la cara.

Pero Tom fue más rápido y le cogió de la barbilla para que le mirara. Estudió su cara y bajó más abajo. En su cuello había unas claras señales de lo que había pasado…

— ¿Qué has hecho? —preguntó Tom con miedo.

—Nada—repitió Bill muy asustado.

— ¿Nada? ¿Y esa señal en la mejilla? ¿Y en el cuello? —gritó Tom sin poder evitarlo.

Le soltó la cara con rabia, no podía creerse que le hubiera hecho eso… se levantó del sofá y empezó a pasear por el salón mientras se pasaba las manos por la cara, escuchando los sollozos incontrolados que se le escapaban a Bill.

—No me lo puedo creer Bill….no puedo….—repetía Tom una y otra vez.

—Tom, te lo puedo explicar…—empezó a decir Bill levantándose del sofá.

—No hay nada que explicar, te has acostado con otro en mis narices—estalló Tom todo celoso.

—No, yo no…

— ¡No me mientas! —gritó Tom sin poder evitarlo.

— ¿Y qué esperabas?—gritó Bill a su vez—Soy una puta, ese es mi trabajo. Me acuesto por dinero, nunca por amor.

Tom se le quedó mirando con el odio brillando en sus ojos. Tenía una mano levantada, a punto de descargarla en la cara de Bill que en esos momentos estaba bañada en lágrimas.

— ¿Solo lo has hecho por…dinero? —preguntó Tom con esfuerzo.

—Si, Tom. Por el maldito dinero—contestó Bill con rabia—Algo que a ti te sobra a raudales pero a mí me hace mucha falta.

—Pues entonces cógelo—dijo Tom sacando su cartera y lanzándola a sus pies—Cógelo y vete.

Bill no le obedeció. Si dio media vuelta entrando en el dormitorio de Tom al tiempo que rompía a llorar con más fuerza. Cogió la bolsa que le había llevado Andreas y metió en ella toda su ropa, dejando la nueva colgada en sus perchas. No era suya, solo se la habían prestado para que nadie sospechara que era una rata que se había escapado de su cloaca.

Se colgó la bolsa del hombro y salió del dormitorio. Tom le esperaba con la cartera en una mano y un fajo de billetes en la otra.

—Te dejas tu salario—dijo tendiéndole el dinero.

Bill lo miró, era todo lo que le iba a pagar por la semana entera. Lo cogió y separó una parte, aún le quedaba 3 días para terminar ese maldito trabajo, no pensaba quedarse con lo que no era suyo.

—Quédatelo todo, a ti te hace más falta—dijo Tom con ironía.

—No quiero que me regales nada—murmuró Bill dejando sobre la mesa el dinero restante—No quiero deberte nada, ni volver a verte.

Dio media vuelta y salió del piso de Tom. Echó a correr al ascensor y bajó hasta la calle, saliendo sin despedirse de Eric. Llamó un taxi y le dio la dirección de su antiguo piso.

No podía evitar volver a llorar por el camino. Se había acabado todo, esa vida de ensueño que había llevado creer que alguien le amaba, que era especial…que no era ese niño asustado que su padre echó de casa por ser distinto a los demás….

Continúa…

Si no me falla mi mala memoria, en esta escena la protagonista va llorando en el taxi mientras suena la fantástica canción de Roxette “It must have been love” (“Pudo haber sido amor”), bueno en realidad sucede antes y la pelea entre Bill y Tom es cosa mía…

En este video hay algunos trozos de la peli, en el min 1:36 esta la famosa escena de la bañera y luego la del piano:

https://www.youtube.com/watch?v=npf_0T5W3XI

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Pretty Bill 12»

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