«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
13. Nada es lo que parece
No podía moverse de donde estaba, en la acera de enfrente medio escondido tras un coche viendo como el chico con el que se había acostado la noche anterior se besaba con alguien que decía ser solo su amigo…
Fueron solo unos segundos, los suficiente para hacer que le hirviera la sangre y deseara matar a alguien. Vio como se separaban y Bill entraba en la casa mientras que Andreas tomaba la dirección contraria.
Esperó a que se cerrase la puerta y entonces se movió. Fue hacia Andreas con paso decidido. Le vio entrar en el jardín de al lado, dando por supuesto que eran encima vecinos.
Aceleró el paso y antes de que pusiera un pie en el porche de su casa, le cogió por el brazo haciéndole girar con brusquedad.
—Sabía que entre vosotros había algo—estalló sin poder evitarlo— ¿Qué era yo? ¿Una clase de apuesta? ¿O es que te da igual que tu novio se acueste con otros?
—No te pases, Tom—dijo Andreas soltándose—Te estás equivocando.
— ¡Le has besado! —gritó Tom agitando las manos.
—En la mejilla—aclaró Andreas procurando no sonreír—Esa parte no la has visto desde dónde estabas escondido, ¿verdad?
— ¿En la mejilla?—repitió Tom sin podérselo aún creer.
—Bill te ama con locura, Tom—confesó Andreas con dolor—Le has hecho mucho daño, no se lo vuelvas a hacer por favor.
Tom asintió en silencio, prometiéndoselo y echó a correr a la casa de al lado. Llamó a la puerta con suavidad mientras trataba de recuperar el aliento.
— ¡Tom!—susurró Bill al abrir la puerta.
— ¿Puedo pasar, por favor?—pidió Tom procurando no mostrarse impaciente.
Bill no se lo pensó dos veces. Dio un paso atrás y le dejó entrar, pensando en cómo sacar tan delicado tema, pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo. Tom se apoderó de sus labios antes de que pudiera reaccionar, besándole e profundidad…haciéndole suspirar…
—Oh…Tom…—gimió contra sus labios.
—Lo siento—murmuró Tom contra ellos.
Sin dejar de besarlo, le recorrió el cuerpo con las manos, bajándolas de la nuca por la que le atrajo con suavidad hasta sus caderas, por donde le cogió con fuerza y le levantó un palmo del suelo.
Bill se dejó hacer. Apoyó las manos en sus hombros y levantó las piernas, rodeando con ellas sus caderas sin separar los labios en ningún momento.
Tom sonrió contra ellos y tras cogerle con más firmeza, poniendo con toda naturalidad las manos en su trasero, caminó con él entre sus brazos hasta llegar al salón, tumbándole de espaldas con él encima en el sofá.
—Tom…no, espera…—logró decir Bill.
Estaban en su casa, su madre podría regresar en cualquier momento y serían pillados de nuevo. Además, aún quedaba un tema pendiente por hablar…
—Lo siento—susurró Tom contra sus labios de nuevo, como si le hubiera leído el pensamiento.
—Siento mucho no haberte dicho quien era mi madre antes de que nos acostásemos juntos—se disculpó Bill a su vez.
Tom se le quedó mirando desde arriba, retirándole con la mano el pelo hacia un lado.
—Bill, eres lo mejor que me ha pasado—confesó en voz baja—Ayer reaccioné muy mal al saber la verdad. Sé que tu madre hizo todo lo posible por salvar a la mía, pero yo me empeñaba en echar la culpa a alguien y tenía más a mano a tu madre.
—Debí decírtelo nada más conocerte—insistió Bill, acomodándose mejor bajo su cuerpo—Mi idea era conocerte mejor, saber más de ti y tu familia.
— ¿Por qué?—preguntó Tom una ceja.
—Mi madre tuvo problemas en el hospital por el caso de la tuya—contestó Bill omitiendo parte de la historia—Quería saber si tú y tu padre también la culpabais a ella…
—Mi padre le llamó porque gracias a mí empezó a pensar así—explicó Tom—Luego me contó la verdad, que yo me equivocaba al culparla, y a ti de paso…
Se quedaron mirando en silencio, con la respiración entre cortada, empezando de nuevo a acortar la distancia…cuando el sonido de la puerta de la calle les hizo detenerse en seco.
Maldiciendo por lo bajo, Tom se levantó corriendo de encima de su cuerpo al escuchar la voz de la madre de Bill hablando con alguien que por la voz parecía ser su padre. Le tendió una mano y le ayudó a levantarse…tarde…
— ¿Tom?—llamó Gordon al ver como su hijo se giraba cuando ellos entraban en el salón.
—Papá, esto no es lo que parece…o al menos esta vez…—se apresuró a decir Tom sin aliento.
Simone estaba detrás de Gordon mirando a su hijo con la decepción pintada en la cara.
—Tenemos un asunto pendiente—dijo con firmeza señalando el sofá.
Los chicos se sentaron de inmediato sin rechistar, a conocer cuáles eran las consecuencias de sus actos.
—Sabemos que los dos habéis pasado por una mala época y hemos sido bastante comprensivos, pero lo de ayer fue la gota que colmó el vaso—empezó a decir Simone.
—Mamá, no hemos hecho nada malo—se apresuró a decir Bill.
—Podíais haber esperado, los dos sois muy jóvenes—intervino Gordon.
—No era mi primera vez—siguió diciendo Bill.
Simone miró a su hijo, rogándole en silencio que dejase de meter la pata. Gordon aún estaba asimilando que su hijo fuera gay, no tenía porque saber con cuantos chicos había estado antes que su hijo.
—Sé que no os podemos prohibir veros ni nada parecido, solo os pedimos que sepáis controlaros—dijo Gordon, esperando sonar claro.
—Papá—intervino Tom levantándose—Bill y yo hemos hecho el amor, algo que todo el mundo debería probar al menos una vez en la vida. Surgió en el momento, no estaba planeado y tampoco es que vayamos a hacerlo a todas horas.
—Solo queremos empezar a conocernos—dijo Bill imitándole, cogiendo con firmeza la mano de Tom—Empezar una relación basada en la confianza y en nuestro amor.
Simone asintió sonriendo, los chicos les estaban dando una lección a ellos. Vio que Gordon también asentía y pudo suspirar tranquila. Le dolería mucho que pusiera algún impedimento para que sus hijos se vieran, haciendo que actuaran a escondidas y sufriendo por ello.
—Aún así—dijo Gordon antes de ceder del todo—Estáis castigados, los dos.
— ¿Por qué?—preguntaron Bill y Tom a la vez.
—Por pasar la noche fuera de casa sin avisar—dijo Gordon mirando a su hijo.
—Por faltar al examen de esta mañana—dijo Simone mirando al suyo—Más te vale aprobarlo cuando te lo repitan.
—Yo le puedo ayudar a estudiar—intervino Tom, guiñándole un ojo a Bill.
—Gordon, será mejor que te lleves a tu hijo antes de que le dé un buen y merecido tirón de orejas—dijo Simone tratando de no sonreír.
Gordon asintió mordiéndose los labios. Su hijo era un descarado, aunque el de Simone no se quedaba atrás, restregándole por la cara que antes de su hijo había habido por lo menos uno más.
—Se hace tarde, hay que cenar—dijo Gordon haciéndole una señal a su hijo—Mañana os veis en clase.
Tom asintió y soltó con esfuerzo esa mano que aún le aferraba con fuerza. Miró a Bill fijamente a los ojos, mirada que no pasó desapercibida por los mayores, que se escabulleron del salón para dejar que se despidieran sus hijos.
—Te llamo antes de acostarme—dijo Tom poniendo una mano bajo la barbilla de Bill.
—Te estaré esperando—contestó Bill separando los labios.
Se fundieron en un breve beso, del que los dos se quedaron hambrientos y se separaron. Tom se fue a su casa con su padre, y Simone sonrió al ver hacerlo a su hijo. Ese Tom era lo que más necesitaba su hijo en esos momentos, a pesar de que por culpa de su madre ella se encontrara tan sola…
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— ¿Cenamos?—preguntó Simone una vez a solas con su hijo.
Bill asintió sin dejar de sonreír, gesto que su madre no pasó por alto suspirando. Si él era feliz, poco importaba que ella fuera desdichada.
Prepararon algo ligero y se lo tomaron en silencio. Cuando sintió que el móvil le vibraba en el bolsillo de su pantalón, Bill se levantó con rapidez y tras dejar en la pila los platos usados, el suyo y el de su madre, se despidió de ella hasta el día siguiente, besándola en la mejilla y echando a correr escaleras arriba antes de escuchar su respuesta.
Se encerró en su habitación y se tumbó boca abajo en la cama, atendiendo con una sonrisa esa llamada.
—Hola, mi amor—le saludaron desde el otro lado—¿Me has extrañado?
— ¡Tom…!—suspiró sin poder evitarlo.
Estuvieron hablando de nada en concreto, solo diciéndose lo mucho que se echaban de menos. Sintiendo que llamaban a la puerta, Bill le pidió a Tom que se esperase un momento y tapó el móvil con una mano.
—Ya es tarde cariño, y mañana vas a clase—dijo Simone tras abrir la puerta.
—Solo 5 minutos más, por favor mamá—suplicó Bill haciendo un puchero.
—Ni uno más—dijo Simone sonriendo.
Suspiró y cerró la puerta de nuevo, sintiendo envidia de lo ilusionado que estaba su hijo por haber encontrado el amor verdadero. Porque lo creía con todas sus fuerzas, Tom era muy especial y haría feliz a su hijo.
—Mi madre te manda recuerdos—dijo Bill retomando la conversación.
—¿Ya te tienes que ir a dormir?—preguntó Tom con pena.
—En 5 minutos si, mañana tengo que recuperar las clases a las que no fui y pedir que me repitan un examen—comentó Bill suspirando.
—Ya sabes que si necesitas ayuda para estudiar…—empezó a decir Tom riendo.
—Si, pero lejos de una cama—terminó Bill la frase por él, riendo también—Lo hemos prometido, espera a que pasen los exámenes y cuando las cosas se calmen…
— ¿Si?—inquirió Tom alzando una ceja.
Pero no obtuvo ninguna respuesta, solo un profundo suspiro.
—Se hace tarde, mejor no enfadar a tu madre—dijo Tom poniéndose serio.
—Tom…—llamó Bill en voz baja.
— ¿Si?
— ¿Qué llevas puesto?—preguntó riendo.
—Menos que tú, fijo—contestó Tom entre risas—Encima, me toca dormir en mi cama, toda llena de recuerdos y con tu olor….Bill, no voy a poder…
—Podrás—dijo Bill tumbándose de espaldas en su cama—Solo tienes que cerrar los ojos con fuerza, y antes de que te des cuenta…
—Volveré a tenerte entre mis brazos—dijo Tom suspirando.
Bill le imitó cerrando los ojos. No podía pasar él tampoco esa noche sin pensar en lo que les estaba ocurriendo. Se habían enamorado sin poder remediarlo, se habían acostado juntos y disfrutado del calor del cuerpo se su ser amado… ¿cómo pasar una noche separados?
—Buenas noches, amor mío—susurró Tom al otro lado de la línea.
—Sueña conmigo—se le escapó a Bill.
Obtuvo una risa como respuesta y tras lo que le pareció el sonido de un beso lanzado al aire, la comunicación se cortó. Dejó caer el móvil sobre su pecho y suspiró resignado.
Se levantó con pesadez y tras lavarse los dientes se desnudó quedándose solo en bóxers, pensando sin poder evitarlo que seguiría llevando su amado Tom. Se metió entre las sábanas y cerró los ojos suspirando.
“Una noche más….”—pensó antes de caer en un profundo sueño.
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Los días siguientes fueron los más felices para los dos. Se estaban conociendo, quedaban juntos todas las mañanas para ir a clase, cosa que le tenían que agradecer a Andreas. Bill se sentía mal por dejarle de lado, pero su amigo le convenció de que no pasaba nada, que se verían cuando pudiera y en clase siempre estarían juntos.
Caminaban cogidos de la mano hasta que llegaban cerca, momento en que se separaban con dolor y se despedían hasta la hora de comer. Entraba cada uno en sus clases y atendían como podían, aún así las notas de Bill subieron gracias a las clases particulares que seguía recibiendo y terminada la semana su madre le dio el visto bueno para seguir con lo del grupo.
Incluso le dijo que le veía comer mejor que antes, y todo lo achacó a que era Tom el que le hacía querer sentirse bien consigo mismo. No sabía de esas vitaminas que se tomaba a escondidas, sin saber si eran lo que le abrían el apetito o ver a Tom llevando solo unos pantalones mientras le explicaba en la cocina más ecuaciones.
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—Chicos, mañana nuestro primer ensayo—dijo Georg el sábado por la tarde.
Estaban en su garaje, habían quedado para concretar unos horarios de ensayos que no interfirieran con sus deberes a la salida de clase.
—Ensayaremos de 5 a 7 todos los días sin excepción—señaló Gustav—¿Todos de acuerdo?
Los demás asintieron y dieron por finalizada la reunión.
— ¿Y qué tocaremos?—preguntó de pronto Tom.
Todos le miraron sin entender, menos Bill, que sonreía ampliamente y se apresuró a contestar por él.
—Escribo canciones desde los 7 años—explicó muy orgulloso—Tal vez haya alguna que os guste y la podéis poner una melodía.
— ¿También escribes?—preguntó Tom sin saber cómo se contenía para no ir a comérselo a besos.
—Sería estupendo, podíamos empezar a tocar en salas pequeñas hasta que un productor nos escuche y nos pida de rodillas que firmemos un contrato—soñó Georg en voz alta.
Los chicos estallaron en carcajadas, pero eso mismo era lo que ellos pensaban.
—Así nos podíamos largar de aquí—susurró Tom.
— ¿Te quieres ir?—preguntó Bill, mirándole con miedo.
—Bueno, antes si….pero ahora…he cambiado de opinión—se apresuró a decir mirándole fijamente.
Georg y Gustav les miraron sin entender, pero no le dieron mayor importancia a sus palabras.
—Tom, ¿te quieres quedar a cenar?—preguntó Georg de repente.
—Gracias, pero ya no es necesario. Las cosas con mi padre se han arreglado—explicó Tom muy orgulloso.
—Eso es estupendo. Bueno, pues entonces nos vemos mañana y os quiero ver con las pilas puestas—exigió Georg sonriendo.
Los chicos se despidieron de él y acompañaron a Gustav gran parte del camino. Cuando se despidieron de él en un cruce, se tomaron de las manos y caminaron hasta sus casas dando un gran rodeo por el pueblo.
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Tras dejar a Bill en su casa, despidiéndose de él con un largo y profundo beso, echó a correr a la suya. Entró por la puerta de la cocina, extrañado de ver a su padre tomando un café con alguien.
—Oh, Tom. Él es Jörg…. —empezó a presentarle Gordon a su hijo.
—Solo Jörg—se apresuró a decir Jörg Kaulitz.
Tenía miedo de que asociaran su apellido con mujer, la doctora que intentó en vano salvar la vida de su ex amante.
—Ah, sí. ¿Ya ha repasado las notas que me dijo?—preguntó Tom recordando la conversación anterior.
—He estado ocupado, pero esta noche me paso por la casa de mi ex mujer y recojo las grabaciones que me dejé allí—explicó Jörg levantándose—Gracias por atenderme, con lo que me ha contado tengo para un buen artículo, por no mencionar las fotos.
—Sabes, quien mejor le puede hablar del faro es la mujer que cuidaba de él. Es algo mayor ya y vive en la residencia de ancianos del pueblo, pero aún conserva una buena memoria—dijo Gordon imitándole.
—No sé. Creo que con esto tengo bastante y no quisiera molestarla—negó Jörg poniéndose a sudar.
—Estoy seguro de que a Mary Poor, que así se llama, le hará mucha ilusión contarle cualquier historia que quiera saber. Su marido nació en ese mismo faro y cuando murió ella se encargó de encenderlo todas las noches hasta que le pusieron electricidad—comenzó a explicar Gordon.
—Vale, me pasaré a hablar con ella una tarde de estas—cedió Jörg.
Se despidió de ellos y entró en su coche maldiciendo por lo bajo. Si esa mujer gozaba de esa buena memoria de la que le hablaba Gordon Trümper, nada más verle le señalaría con el dedo como el amante de su mujer, que le recibía en una de las habitaciones del faro para no levantar las sospechas del soso de su maridito…
Continúa…