«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
18. Un momento de paz
Abrió los ojos cuando sintió que se abría la puerta de la habitación. Alzó la cabeza y sonrió con timidez al padre de Tom. Asintió en silencio viendo que le llamaba y cuando se giró para regresar al piso inferior, aprovechó para besar en los labios a un dormido Tom.
Sonrió al verle hacerlo a él en sueños. Suspiró y abandonó esos brazos en los que se había quedado dormido sin poder evitarlo. Le dejó bien tapado y bajó a la cocina, en donde Gordon le esperaba con una taza de té recién preparado.
—Gracias—murmuró sentándose.
Sentía frío. Se abrochó mejor la cazadora de chándal que llevaba y apoyó las manos en la taza, bostezando sin poder evitarlo.
—Se te nota cansado. Acuéstate después de haber cenado algo—dijo Gordon sonriéndole.
Le preparó algo ligero, un bocadillo que Bill se tomó lentamente, no pudiendo evitar hacer un gesto de dolor con cada punzada que sentía en el labio inferior.
—He estado hablando con tu madre—informó Gordon—Mañana no iréis ninguno de los dos a clase, y cuando ella venga tomaremos cartas en el asunto. Sabemos que han sido unos compañeros vuestros…
—Gordon por favor, si intervenís solo empeorareis las cosas—suplicó Bill.
—Tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados—dijo Gordon desesperado—¿Qué les habéis hecho para que os tratasen así?
—Solo amarnos—murmuró su respuesta.
Gordon asintió frunciendo el ceño. Simone y él les habían prohibido amarse en casa, y tenían que buscar un rincón solitario donde hacerlo, siendo atacados por un par de chicos que no entendían que era amar a la persona elegida para pasar con ella el resto de la vida.
—¿Quién es David?—preguntó Bill de repente.
Aprovecharía esa oportunidad. Gordon le conocería mejor que Tom, le podría dar alguna respuesta más clara.
—¿David Jost?—repitió Gordon sonriendo—Le conocí cuando tenía casi vuestra edad, Lacey y yo llevaríamos unos 6 meses casados y era el hijo de unos vecinos. Iba mal en matemáticas y Lacey se ofreció para darle unas clases particulares….
Dejó de hablar, Bill se había atragantado con el té que estaba bebiendo en esos momentos. Así era como habían empezado él y Tom, pero David era casi un niño y la madre de Tom estaba recién casada…
—¿Estás bien?—preguntó Gordon preocupado.
—Si, sigue por favor—pidió en voz baja.
—No hay mucho que contar—siguió contando Gordon— Lacey le dio clases y David aprobó con buenas notas. Decía que estaba en deuda con ella y se ofreció a ayudarla en lo que fuera. Empezó cortándonos el césped hasta que se fue a la universidad. Cada vez que venía a casa por vacaciones, ayudaba a Lacey con lo que fuera esa vez. Cuando decidió ayudar en el centro de mujeres maltratadas, David también se apuntó…
Bill maldijo por lo bajo, el padre de Tom estaba a punto de venirse abajo por su maldita curiosidad.
—Siento haber preguntado—murmuró avergonzado.
—No te preocupes—dijo Gordon levantándose—Termina de cenar y vete a la cama. Subiré a ver si Tom quiere comer algo también.
Se dio prisa en obedecerle. Sentía que la cabeza le iba a estallar de un momento a otro. Recogió la mesa y subió a acostarse, pasando primero por la habitación de Tom. Se quedó en la puerta sonriéndole. Estaba recostado en las almohadas bebiendo el té que le había subido su padre.
—Como ya le he dicho a Bill abajo—empezó a decir Gordon—Mañana no iréis a clase, así podréis descansar todo el día.
—No es nada, papá—aseguró Tom, sin mucha convicción.
Cada vez que respiraba hondo veía las estrellas. Le habían hecho unas radiografías pero no vieron nada roto en ellas.
—Son casi las 9, iros a dormir y ya veremos que tal mañana—dijo Gordon inclinándose.
Besó a su hijo en la mejilla y se levantó de la cama en la que se sentó para ver que tal estaba. Pasó al lado de Bill y le apretó el brazo con cariño, dejando que diera en privado las buena noches a su hijo.
Una vez a solas, Tom sonrió y extendió una mano. Bill corrió a su lado y se sentó en la cama.
—Te habías ido cuando abrí los ojos—riñó Tom haciendo un puchero.
—Me quedé un rato dormido en tus brazos—explicó Bill sonriendo—Desperté en ellos y me sentí a salvo.
—Quiero pasar la noche contigo, solo para dormir—susurró Tom.
—Tu padre ya ha sido muy considerado al dejarme un poco esta tarde, toda la noche sería pedir demasiado—dijo Bill negándose.
Tom suspiró y cogió su mano entre la suya. Fijó la mirada en su labio inferior, ligeramente hinchado y arrugó la frente preocupado.
—¿Te duele?—preguntó levantando la otra mano.
Posó con suavidad la punta de los dedos en su herida, sonriendo cuando Bill dejó un besó en ellos al tiempo que asentía. Le dolía, más por lo que podía haber pasado a continuación.
Suspiró y decidió que era hora de irse a su solitaria cama, antes de que Tom le pidiera de nuevo que se quedara. No sabía si se podría negar otra vez. Se inclinó y le besó con suavidad en los labios.
—Dulces sueños—murmuró contra ellos.
Tom suspiró. Se moría por hacer más profundo ese beso, pero viendo la herida que Bill llevaba en el labio, se tuvo que conformar con rozárselo con suavidad. Vio con pena como se levantaba de la cama y se giraba antes de cerrar la puerta, mandándole un beso desde ella.
Maldijo por lo bajo y se despojó de los vaqueros que aún conservaba. Se quedó en bóxers y se metió en la cama, cerrando los ojos con cansancio. Le dolía todo el cuerpo, esa noche no estaba para hacer nada, sino Bill no se le habría escapado
.
Al día siguiente Gordon pidió el día libre para poder quedarse en casa. No era que no confiara en los chicos, pero su hijo estaba mal y le necesitaba. Y a Bill le consideraba como un hijo también, además de que se lo había prometido a Simone cuando la llamó esa misma noche para asegurarle que los chicos estaban bien.
Tom se levantó con mejor cara y tras disfrutar del desayuno que le preparó su padre en la mejor compañía que podía tener, se acostó en la improvisada cama que entre Bill y su padre le prepararon en el salón.
Bill se sentó a sus pies y se taparon los dos con la misma manta, dispuestos a descansar en ese día libre que les habían dado.
Gordon se había llevado trabajo a casa, y les escuchaba desde la cocina en donde se había instalado para que el ruido del televisor no le molestara. Comentaban lo videos musicales que estaban viendo, riéndose de las pintas de algunos músicos y tomando notas para la preparación de su propio video.
Sonrió al escuchar eso último. No les había escuchado tocar todavía, pero por la ilusión con la que le hablaban del grupo lo debían de hacer muy bien.
Se concentró en los papeles que tenía esparcidos por la mesa, hasta que pasada casi una hora levantó la cabeza. No les escuchaba hablar, ni siquiera estaba la tele puesta, se levantó sin hacer ruido y se asomó a la puerta del salón.
No pudo evitar sonreír ante la escena. Los chicos estaban profundamente dormidos. Su hijo permanecía recostado en el sofá, y Bill se había dejado resbalar encima de él. Lo que más le llamó la atención fueron sus manos, cogidas con fuerza, con los dedos entrelazados sobre el regazo de su hijo.
Se les veía tan enamorados…
.
A la hora de la comida recibieron una visita muy inesperada. Dejando la comida en manos de Bill, Gordon fue a abrir la puerta.
— ¿Puedo pasar? —preguntó David Jost.
— ¿Desde cuándo tienes que pedir permiso?—preguntó Gordon sonriendo.
Estrechó su mano con fuerza y le dejó pasar, señalando la cocina. David entró en ella y se acercó a saludar a Tom, sentado en una silla desde la que observaba como cocinaba con destreza Bill.
— ¿Qué tal lo llevas?—preguntó David señalándole el costado con la mano.
—Mejor, gracias—contestó Tom sonriendo.
—Él es Bill—presentó Gordon al otro chico.
—Ayer no tuvimos tiempo de presentarnos—dijo David estrechando la mano del muchacho.
—Gracias de nuevo—susurró Bill con timidez.
—Íbamos a comer, ¿te quedas?—invitó Gordon.
David aceptó y ayudó a poner la mesa. Durante la comida les habló de uno de sus últimos viajes. Había conseguido trabajo en una discográfica, y al escuchar eso los chicos se le quedaron mirando embobados.
—¿He dicho algo malo?—preguntó David sin entender.
—Tom y Bill han formado un grupo—explicó Gordon sonriendo.
—Ya tenemos la primera canción preparada. La ha escrito Bill y canta como los ángeles—se le escapó a un Tom muy emocionado.
Sintió como le ponían una mano en la rodilla y se la apretaban con suavidad para que se callara, pero él la ignoró y puso la suya encima, entre lazando los dedos con los de Bill.
—Haced una maqueta y tal vez pueda hacer que la escuche alguien—dijo David.
—Ya está hecha, está en casa de Georg—se apresuró a explicar Tom—Esta tarde mismo te la puedes llevar.
—Si que están impaciente—sonrió David mirando a Gordon.
—No lo sabes bien—murmuró Gordon.
—Vamos a llamar a Georg—dijo Tom levantándose con rapidez.
Echó a correr escaleras arriba llevando a Bill tras él aún acogido de la mano, sin importarle que les viera David o su padre.
— ¿Están saliendo juntos?—preguntó David una vez a solas.
—Bill es hijo de la doctora que trató a Lacey—explicó Gordon asintiendo.
Vio como cambiaba el gesto de David. Aún no se perdonaba no haber estado en el centro de mujeres maltratadas esa fatal noche. Siempre que venía de visita al pueblo, ayudaba a su mujer con lo que fuera en ese momento, el centro o llevando revistas usadas a la residencia de ancianos.
—Aún no me puedo creer que pasaras cerca cuando Tom y Bill…—empezó a decir Gordon, cambiando de tema.
—Estaba dando una vuelta por el pueblo y escuché ruidos de pelea…y algo más—explicó David en voz baja—Uno de los chicos, un tal Bushido, quería propasarse con Bill delante de Tom, no me extraña que saltara cuando le tocaron…
—No han querido contar nada—murmuró Gordon arrugando la frente.
—Debe de haber sido my duro para Bill, no querrá que nadie lo sepa—dijo David imitándole.
Se quedaron en silencio sin saber de qué más hablar, hasta que desde el piso superior les llegó una melodía tocada por la vieja guitarra que Tom tenía en casa, acompañada por esa dulce voz que Tom había halagado.
A pesar de lo ocurrido, Bill cantaba con mucha fuerza y transmitía muchos sentimientos…
—Es muy bueno—murmuró David cuando se acabó la canción.
Gordon asintió sonriendo. Le habían impresionado, y David les echaría una mano sin duda alguna.
—Ya me tengo que ir—anunció David levantándose.
Gordon le imitó y pasaron por la habitación de su hijo donde estaban ensayando una nueva canción.
—Os dejo mi tarjeta, mandadme el material que tengáis y hablare con mi jeja—dijo David sacando la cartera.
Tom se adelantó a cogerla y la leyó en voz baja…
“David Jost, productor. Universal Estudios”
— ¿De la Universal?—repitió aún sin creérselo.
—Es la mejor, y os querrán escuchar—aseguró David sonriendo.
—No te fallaremos, David. Esta tarde viene el resto del grupo y les contaremos las novedades. Tendrás la maqueta antes de que termine la semana—prometió Tom.
—Primero curad esas heridas y no abandonéis los estudios—dijo David firmemente.
Bill y Tom lo prometieron, y cuando Gordon bajó a despedir a su invitado, se miraron fijamente y se fundieron en un largo y profundo beso. Sus sueños se estaban haciendo realidad, y nada ni nadie los iba a intentar separar…. ¿verdad?
Continúa…